¡Disfruta de la lectura!
.:Capítulo 10:.
Pasados no gratos
.
Tercera semana:
Lo días ya se transformaban en rutina; se levantaba antes que el sol se asomara, hacía sus repeticiones de ejercicios, regresaba por un baño, se vestía y arreglaba para el trabajo, partía a las calles, se montaba al transporte público hasta llegar al establecimiento en turno. Dependiendo el día y la hora, era cuando se iba a sus clases de Krav magá.
Las horas que tenía libres, las aprovechaba para ir a comprar ropa y cosas de uso personal, puesto que, todavía tenía poco y nada.
El viernes era un día diferente a otros, ese día partiría con Tenten y Rock Lee, este último de colado, a las afueras de la ciudad. Un viaje de aproximadamente una hora en camión, cuyo destino fue un campo abierto en algún lugar lejos de la carretera.
.
— ¿S-seguro que este lugar es apropiado? — cuestionó Hinata por centésima vez.
— Tranquila, hombre…Que aquí nadie nos molestará o se inmutara a venir…Está desierto—tranquilizaba Tenten, sacando un trío de latas vacías de un bolso que había traído consigo.
Le pidió a Lee colocarlas a tres metros de distancia sobre unas piedras amontonadas que hacían bien como mesa de soporte. Una vez hecho esto, sacó una pistola Glock Mod. 37*. Le colocó un cargador nuevo y haló de la corredera. Hinata tragó un poco de saliva, verdaderamente no se sentía tan segura de poder hacerlo...Otra vez.
Tenten le giró a ver.
—Además, no nos podemos dar el lujo de estar pagando "prácticas de tiro" en lugares especializados; tampoco es que sean muy necesarios si tienes dos instructores como nosotros.
Volvió escuchar la corredera de otra pistola, está vez era Lee quién cargaba la suya.
—P-por cierto, joven Lee… ¿también tenía el día libre? —indagó la Hyūga, ahora que reparaba a más detalle en el chico.
—Dime sólo Lee—pidió el muchacho con una sonrisa—,y sí que tenía trabajo que hacer con el jefe, pero me he escapado por venir a enseñarte.
Hinata se quedó por un momento sin habla.
— ¿En serio? —volvió a preguntar atemorizada. Vaya que no le gustaba meter a otras personas en problemas por simples caprichos como los suyos.
El moreno se río. Tenten le dio un empujón por el brazo, al parecer no con la misma expresión de burla.
—Claro que no—admitió—, ante todo primero están mis responsabilidades. Hoy tengo el día libre igual que Tenten. Casualmente a los dos nos tocó custodiar al mismo sujeto.
La castaña se acercó a Hinata y le tendió una bola de arroz, ya que en la mañana no hubo tiempo de desayunar. Aquella mujer, al parecer iba bien preparada; después se encaminó hasta Lee y le hiso comer el aperitivo. El joven se metió la bola completa de un sólo mordisco y masticó con la boca abierta, asemejándose al triturar de una vaca. Por supuesto, Tenten lo regañó.
La escena era divertida, la chica parecía una madre regañando a su pequeño hijo. Aunque curioso, puesto que Lee se veía un par de años mayor que la castaña.
Hinata sonrió divertida, mientras le daba un pequeño mordisco a su arroz hecho bola.
—Toma, sujétala—pidió Tenten a Hinata, una vez habían terminado de comer.
La morena observó el objeto que ahora le hacía tomar: La pistola. Sintió como la piel se le erizaba en cuanto tomó el arma con aires inseguros.
—Y… ¿Ahora qué debo hacer? —dijo la Hyūga, una vez tomadolo con ambas manos, dejando el cañón de la pistola boca abajo.
—Pues no te la di para que sólo la tengas sostenida de adorno—señaló la castaña, colocando su mano en sus caderas, una curva se plasmó en sus labios—,¿Qué más se hace con un arma sino disparar?
Hinata contuvo los labios.
—Dime, ¿Ya has disparado antes? —inquirió Tenten.
La morena asintió lentamente. Aún recordaba la última vez que sujeto un arma. Las manos le comenzaron a temblar.
—No es fácil la primera vez ¿ah?...Lo que se necesita ante todo es práctica, mucha práctica—aseguraba la castaña, ahora sacando otra pistola oculta dentro de su chaleco de vestir beige. Apuntó a una de las botellas —. Incluso si se tiene talento para ello, sí no hay esfuerzo ni trabajo duro, no obtendrás resultados sólidos.
Un estruendoso ruido se oyó, seguido inmediatamente de otro. Hinata había tapado sus oídos y cerrados los ojos, el eco de los disparos todavía se alcanzaban a distinguir por los aires y en el trinar de los pájaros que huyeron ante el amenazante sonido.
La Hyūga abrió un ojo, después ambos. El cañón del arma de Tenten destilaba un humillo muy peculiar. Hinata se quedó boquiabierta en cuanto notó que una de los envases tenía dos hoyos que obviamente no estaban allí. Ambos se veían estar en una línea recta, uno arriba del otro.
—Tenten es una genio si a puntería se refiere—aludió Rocke Lee, quién estaba en el medio de ambas mujeres.
—Y-ya lo creo…
La castaña bajo la pistola y se giró hacia la Hyūga.
— ¿Has visto a detalle lo que he hecho? —interpeló Tenten sin quitar ese aire afable.
Hinata se avergonzó, había cerrado los ojos y por ello, no pudo apreciar bien la pose o movimientos de la mujer.
—…No—confesó apenada.
—No—repitió la chica con una sonrisa en un tono algo ocurrente—. Que no te de pena ese asunto. Es algo tan y perfectamente normal.
— ¿E-en serio?
—Claro…Una pistola, nos "patea" de cierta manera, nos aturde y nos ciega…En algunos casos más que otros. Nadie está preparado para este tipo de agresiones. Con el tiempo si se trabaja en ello uno se va sencillamente acostumbrando.
Decía la castaña, mientras se giraba hacia Hinata y le señalaba a la misma, pararse donde estaba ella. La morena se tuvo que poner de pie y dirigirse al lugar. Una vez colocada allí, espero órdenes de Tenten.
—Que suerte hagas ejercicio. Eso te será de muchísima utilidad—garantizaba la mujer, agachándose para palpar con fuerza las piernas de Hinata, las cuales empezaban a endurecer por las actividades físicas—. Los errores comunes de un novato son: cerrar los ojos, quiebra la muñeca hacia delante anticipando el retroceso, y para sacarse de una vez este "lío" del disparo, tira del disparador en lugar de presionar suavemente.
Seguía platicando la castaña, ahora separando un poco los pies de la mujer, subiendo hasta sus hombros para reposicionarlos y darle indicaciones a la morena de su postura y respirar.
— ¿Y cómo solucionar esto? Primero, tienes que estar firme; pies, piernas, caderas, abdomen, hombros. Segunda, tienes que tener el blanco bien enfocado…De preferencia, te sugiero disparar dos veces, así se aumentan las probabilidades de dar en el objetivo…—continuaba dando pautas, que Hinata acataba una por una con suma precisión e interés.
Apuntó a la botella del medio, su encañonar vacilaba. Tenten lo notó y agregó seria—.Y lo más importante, nunca dudes, un instante de vacilación y la muerta puedes ser tú.
Hinata no pudo ocultar su expresión de inquietud. Tenten dejó caer su mano sobre el hombro de la chica con la intención de relajarla.
—Tranquila, hay un par de consejos más que puede facilitarte las cosas —agregó —: Esta la famosa "triada" que consiste en mantener el equilibro de tres simples cosas: El consciente, el inconsciente y la autoimagen.
Suspiró y prosiguió:
—El consciente no es más que estar centrado en el objetivo, las cosas que haces bajo tú mando y juicio. Lo inconsciente abarca lo que es respirar, parpadear, latidos del corazón; en fin, todo lo que hacemos simultáneamente a la acción que nos ocupa en particular. Esta zona maneja miles de cosas a la vez y aquí es donde se desarrollan y potencian las destrezas. En resumidas cuentas, lograras manejar esto a base de la práctica. Si tu cerebro va resguardando la información sistematizada que a diario le ofrezcas, te aseguró que pronto lo dominaras con más facilidad, es como aprender a andar en bicicleta. Y por último, está la autoimagen que tengas contigo misma, jamás digas "No, no puedo ó no lo lograré" y no te subestimes. Confía en ti y date algo de mérito ¿Estamos?
Hinata volvió a asentir con la cabeza. Todavía no estaba al cien con ello, pero con todo lo intentaría. Así había prometido y lo haría de ese modo.
Respiró profundamente, exhaló de la misma manera. Ya tenía el blanco en la mira, la botella de en medio igualmente. Se repitió las instrucciones de Tenten mentalmente, era su más confiable guía.
"Puedo hacerlo, puedo hacerlo…"
Colocó el dedo índice en el gatillo.
"Débil"
La cara de su padre apareció. Disparó. Dio un par de pasos hacia atrás, el arma le había aturdido y un gritillo asustado escapó de su garganta.
—Una bala perdida…—musitó con pena, el chico que las acompañaba.
Hinata frunció la nariz, cerró los ojos, a su vez arrugando el entrecejo. Se sentía tan incompetente.
—Perdón…Soy una tonta.
La castaña arqueó una ceja.
—De que hablas…Fue tu primer tiró, nadie, a menos que sea suerte o talento, le sale a la primera—negó con la cabeza—. Para eso estamos aquí, para que aprendas. Entre más fallos tengas, mejor será para la experiencia.
Lee se había acercado a la Hyūga, propinándole unas palmaditas un tanto rudas por la espalda.
—Aquí nos quedamos hasta que anochezca. No hay prisa.
Hinata quiso sonreír. No lo logró, la imagen de su progenitor le quedó grabada en la memoria.
.
.
Las cigarras comenzaban a cantar, la noche ya era un hecho; quedaba poco y nada de luz solar. Hinata por otro lado, seguía apuntando y disparado.
—Creo que ya es suficiente, será hora de irnos o nunca llegaremos a la estación a coger el auto bus—anunció Tenten, deteniendo el siguiente disparo de la Hyūga, posando una mano en los antebrazos tensos de esta.
Hinata sostenía las lágrimas.
—No lo he logrado…No pude darle a ninguna…
La chica se lamentaba, sumamente decepcionada de sí misma.
—Lo he intentado…No entiendo porque…
—Suficiente—riñó Lee a la joven, dejándola callada al momento—Fue tu primer día, quéjate cuando lleves un año con esto y aún así no le des al tino.
Tenten fue y le quitó la pistola de las manos. Le regaló un pañuelo para que se quitara la mugre y el sudor acumulados en el día.
—Lee tiene razón…No puedes volverte una experta de la noche a la mañana.
Ánimo la mujer, guardando todo lo que habían ocupado en la bolsa que había traído.
—Sí…P-pero…
—Pero nada, tendrás que estar con la pistola a diario—sentenció Lee firme.
— ¿A diario? —reiteró la morena con tono incrédulo—, pero venir aquí todos los días…Es que, es muy lejos.
Justificó la mujer no con la intención de sonar como una floja. Tenten se colgó el equipaje a la espalda y se dirigió a la chica.
—No te preocupes por ello, compraremos un arma especial con balas de salva*y con ella practicaras—disipó accesible—. Tal vez, si pedimos permiso, los Uchiha te permitan ocupar su patio para ello.
La idea no sonaba nada mal, era lo más fiable antes de ir a aquel campo abierto todos los días. Hinata aceptó por supuesto gustosa. Luego de eso, el trío de chicos partió, caminando a lado de la carretera sobre la tierra y la hierba, hasta la parada de auto bus más cercana.
.
.
Eran cerca de las ocho cuarenta y cinco de la noche. Los tres jóvenes ya iban en el transporte de regresó a la casa de los Uchiha. Tenten y Hinata se habían sentado juntas, mientras que Lee, justo detrás de ellas. Este último venía más que dormido, cayó rendido en cuanto se sentó. Un día completo bajo el sol, caminar más de cinco kilómetros y no comer nada, habían hecho estragos. Las chicas también venían cansadas, aún así, la plática entre ambas las mantenía despiertas.
—Ustedes dos parecen llevarse muy bien—soltó Hinata, refiriéndose a Tenten y Lee.
La castaña sonrió afable.
—Eso es porque Lee y yo nos conocemos desde hace muchos años atrás—explicó, pasándose los dedos por el cuello, deslizándolos hasta su clavícula para luego colocar las manos sobre sus rodillas. Hinata notó que la chica se había requemado un poco de la cara; pensó que estaría igual o peor dado que su piel era más blanca—, prácticamente, toda la adolescencia.
— ¿T-toda la adolescencia? —reiteró asombrada, dejando de cavilar sobre sus pieles rojizas.
—Sí, yo tenía doce años cuando lo conocí a él. Ambos éramos casi unos niños, yo vivía en las calles prácticamente…Ya te lo había dicho ¿No? —insistió la mujer, volteándole a ver a los ojos—: Para llegar a ser un Yakuza, hay varios caminos para terminar aquí…Entre ellos, ser un indigente muerto de hambre.
— ¿Tanto así…?
Tenten tronó los labios, recordando días pasados.
—comíamos caldo de rocas, sobras que los restaurantes tiraban a los contenedores y dios sabrá que más hacíamos para sobrevivir. Más aún,ni si quera teníamos casa, sino que vivíamos en unas lonas—describía entre risas, no creyendo que en realidad hubieran pasado todo aquello—. De no ser porque Lee conoció a Uzumaki Naruto, sabrá el cielo que habrá sido de nosotros.
— ¿Y cómo se conocieron, por cierto? Lee y tú—inquirió la chica más que curiosa. Se llevó el dorso de un dedo a callar sus labios al descubrir que no estaba bien andar de indiscreta—…Lo siento, no era mi intención meter las narices en asuntos que no son de mi incumbencia.
Tenten negó con la mano, muy despreocupada.
—Conocí a Lee, un día que me había quedado sin refugio—empezó a relatar con nostalgia, dirigiendo su mirada a la ventanilla—. No había comido por tres días y para colmo, llovía. Ese día Lee me encontró, me llevó a su casa con su padre y me ofrecieron de su comida. Lee también era un indigente; padre e hijo igualmente apartados viviendo en las lonas a las que llamaban "hogar".
— ¿Y qué paso con tus padres y con el padre de Lee?
La castaña torció los labios.
—bilógicamente, todo el mundo tiene madre y padre. No me preguntes por los míos, porque no sé nada sobre ellos. Si viven o mueren lo desconozco —declaró indiferente—… Y el padre de Lee…Bueno, un año después de que me fui a quedar con ellos, murió.
—…Perdona…
—Gran hombre—afirmó con seguridad —, Lee lo admiraba como no tienes una idea, incluso se corto el cabello igual que él. Por desgracia, cogió una enfermedad, en pleno invierno y al no tener dinero ni nada para los médicos o medicina, sólo murió.
Hinata se sintió mal por hacerle recordar malos ratos a la castaña.
—…En verdad, no debí preguntar.
—No te aflijas, eso ya pasó—dijo, mostrándole una sonrisita acogedora.
—E-entonces, eso quiere decir…Que Lee y tú…
—El es alguien especial para mí—interrumpió la chica, sin dejar a la otra terminar la oración—. Es como un hermano, a veces el mayor y otras tantas el menor, otras pareciera mi hijo y viceversa…Pero, más que nada, es mi amigo y a la vez también familia. ¿Tú no tienes a alguien así?
Las imágenes de personas se colaron en su mente. Se veía a sí misma, de pequeña, jugando con su primo a las escondidas; con su hermana conversando y por un helado; con su padre y madre, sosteniéndola ambos por las manos, cuando apenas tenía tres años… Luego, a su primo siendo indiferente; a su hermana rechazándole la mirada; la mano ensangrentada de una mujer, dentro de un cuarto, mismamente acompañada por la desaparición de su madre; su padre siendo frío a su existencia, con aquellos ojos de desaprobación, negando con la cabeza.
—No lo sé…
Había soltado apenas audible, gacha…Tenten la contempló unos segundos.
—Vamos, ¿Cómo que no sabes?
—Es que…Es un poco complicado…
—Ya veo. Bueno, tal vez un día me lo puedas decir con seguridad.
—Quizá…Ojalá pueda hacerlo—deseó, en lo más profundo de su corazón.
Tenten optó por cambiar el tema, debido a que para ambas, las cosas se tornaban en un mar de recuerdos poco agradables.
—Por cierto, no te lo había dicho antes…Pero hoy que te he observado con la pistola, no pude evitar notar una enorme inseguridad en ti y es algo más que sólo inseguridad hacia ti misma. Dime, ¿Cómo fue la primera vez que usaste un arma?
Hinata se irguió de repente, los labios le oscilaron.
—…M-mi padre fue el que me enseñó a usarla…—masculló—Bueno, aunque nunca aprendí ciertamente. Ese día, yo tenía que disiparle a un perro; decía que de esa forma era mejor, con ello se me formaría un carácter más fuerte y serio…Disparé, herí al animal; sus lloridos me destrozaban y no pude asesinarlo. Mi padre terminó por dispararle en el cráneo. Lloré por dos días. Me llamó débil e inútil por ese incidente… Luego de eso, ya no he podido usar un arma.
Hinata se sobó así misma con una mano por el brazo. Tomó una pequeña bocanada de aire.
—Quizá el tenga razón después de todo…El simple hecho de arrebatar la vida…Me aterra y me mortifica…Y es ridículo, siendo que quiero aprender a volver a usar esa cosa…Para demostrarle a él—no pudo terminar de hablar, un nudo aprisionaba su garganta—….Pero no puedo matar.
La castaña, después de haber estado atenta al relato, suspiró cansada.
—Pues que te miento…La verdad es algo incoherente tu asunto—expresó sin más —. Pero no creo que matar personas te haga alguien más fuerte, no sé, si esa es la mentalidad de tú padre; pero sí así fuera el caso, creo que el del problema es él, no tú. Hinata, este mundo es muy brutal, cruel, inhumano… desde la primera vez que te conocí supe que no eres del tipo de persona para estos rumbos, pero con el tiempo, también me enteré de lo determinada y terca que eres…Me recuerdas un poco a Naruto e incluso a Lee en ciertos ámbitos. Tú deseo es el reconocimiento de tú padre, ¿No? Pues bien, hazlo a tú manera.
— ¿A mí manera?
—Sí, a tu conveniencia.
—…Sigo sin comprender.
—Ya lo harás.
Tenten agregó luego de un momento:
—Y te comento algo, si vas a seguir por este camino, hazte la idea que eso de matar es inevitable…—Hinata bajo la mirada, Tenten prosiguió—Normalmente siempre hay una razón. Buena o mala, las hay. Un día te tocará e igualmente lo entenderás.
La morena se había quedado pensativa por largos minutos. Más tarde, volvió hablar con su distintivo tartamudear.
— ¿P-puedo…recargarme en tu hombro? —inquirió vacilante.
A Tenten se le figuró a una niña pequeña en busca de protección y consuelo.
—Adelante.
.
.
Había perdido. Esta vez no había tenido suerte con su juego. Kiba rechistó.
—Carajo… No sé cómo diablos lo haces—reprochaba el hombre, soltando un follón de billetes.
Su acompañante se acomodo las gafas.
—Es sólo astucia y un poco de suerte.
— ¿Sí? Pues pasa algo, amigo.
—Por cierto, Kiba, no entiendo porque tienes que traer a Akamaru a todas partes—reprobaba Shino, observando al animal que yacía tendido en el suelo del cuarto, dando un enorme y somnífero bostezo.
El castaño lo señalo con el dedo, amenazante.
—Deja a Akamaru, el es mejor perro que tú, Shino—dijo, con cierta seriedad—. Es más, pongámoslo así: Sí tuviera que salvar a Akamaru o a ti de una muerte segura, te aseguro que escojo a ese perro antes que a ti.
Escupió altanero para luego reír soberbio.
—Bastardo policía—expresó el otro sujeto, con tono bastante normal.
—Ex policía, por favor. Y, Solamente soy sincero contigo ¿Qué, no te agrada?
Shino ignoró aquello, decidió darle sorbo a su cerveza en vez de enfadarse con su castrante compañero. No era la primera vez que decía ese tipo de cosas, bastante normal era ya.
—Por cierto —dijo el hombre una vez terminó de beber—,¿Qué no deberíamos estar vigilando al clan Uuzmaki?
Kiba aspiró un par de veces por la nariz.
— ¡Na! No arruines este tiempo de reposo—respondió desinteresado—. Además, en estas últimas semanas ya recolectamos suficiente información. Es un clan bastante monótono, tú mismo lo has dicho.
Shino continuó con aires serios.
—Sí, pero…
—Pero nada. Nuestro objetivo principal es Uzumaki Naruto, que a base de las observaciones, llegue a la conclusión que no es más que un idiota, presa fácil—dictaminó sonando de lo más profesional —. Bien dijo el viejo de Hiashi, con qué matemos a el líder es más que suficiente.
— ¿Entonces ya no vigilaremos? —replicó con duda, arqueando una ceja.
—Me temó que todavía lo haremos. Aún tengo que investigar un par de cosas más…Quién será el anzuelo, que lugar sería el mejor…—una sonrisa confianzuda se pintó en su rostro—; Detalles, detalles…
—Ya veo…
—Como sea, ¿Otra ronda? —invitó Kiba, tomando las cartas de la mesa e iniciando a revolverlas.
—Claro—aceptó, aprovechando la buena racha.
En cuanto terminó de repartir y después se unas tiradas, el castaño comentó:
—Oye, tengo ganas de un café ¿Vamos mañana por uno?
—Sí tú pagas…—insinuó Shino, planeando a detalle su jugada.
Kiba le mostró el dedo medio.
—Imbécil tacaño, ni porque me has quitado la mitad de mi pasta. El qué debería invitarse el café eres tú.
.
.
Cuarta semana:
— ¿Un café maid? —inquirió Kiba un poco burlón, una vez entrando al sitio con su compañero.
—Sí, yo voy a pagar, así que yo elijo el lugar—contestó Shino a secas, tomando asiento en una de las tantas mesitas redondas que habían, siendo guiados por una de las camareras.
Después de que la chica les ofreciera el menú del día con aquella singular vocecilla aguda y chillona, se alejó, dejando al par nuevamente a solas. Kiba continuó con sus comentarios:
—Joder, no te conocía estos gustos, Shino —decía, viboreando el lugar de techo a suelo—No me digas que eres un otaku de closet… Anda, aparte de matón también friki.
Se mofaba discretamente, recargando codo y antebrazo sobre la mesa. Su amigo frunció el ceño.
—Ya, en serio… ¿Por qué venimos a este lugar? — paró de reír e interpeló más calmado.
—Habías dicho que necesitabas un cebo, entonces…
—A-ah, ¿Qué van a ordenar, amos? —interrumpió otra camarera, con el traje de maid, mostrándose tímida y con una sonrisita afable.
Kiba la examinó de pieza a cabeza, sonrió bellaco.
— ¿Puedo ordenarte a ti para el postre? —bromeó con un tono bastante comprometedor.
La camarera se sonrojó y con la misma actitud agradable contestó:
—Umh, m-me temo que eso no se puede, amo. Sólo puedo ofrecerle cosas del menú…
Kiba hizo una mueca de "lástima", se encogió de hombros.
—Ni modo…Entonces quiero un café americano y una rebanada de pastel de zanahoria.
—Yo sólo quiero un capuchino —dijo Shino sin rodeos.
La mujer hizo una pequeña reverencia y fue por los pedidos. Kiba por otra parte, aprovechaba para mirarle el trasero a la chica que se alejaba de espaldas.
—Ahora entiendo porqué vienes a estos sitios—guiñó el ojo. Shino se acomodo los lentes.
—Ya ves.
—Pero antes, me has dicho algo de un cebo ¿No? —mencionó el hombre, cruzándose de brazos, para luego bostezar despreocupado—...Ni te preocupes por eso, ya lo tengo…
Shino se quedó callado, de hecho, pareció haberle sorprendido la noticia.
— ¿Ya lo tienes? ¿Quién es?
—Un viejo cliente que trabaja para el clan Uchiha.
—Debo suponer que ya está todo planeado.
—Algo así—respondió; rascándose la nariz, añadió después—: Como sea, ¿A quién proponías de cebo? ¿A esa camarera que nos atendió?
Kiba mostró una sonrisita astuta. Shino por otra parte, frunció el entrecejo.
—Entonces lo sabías.
—Por favor, hemos estado vigilando al clan Uzumaki por casi cuatro semanas; nada se me paso por desapercibido, ni siquiera ese bombón.
Terminó con tono picarón.
—Por lo tanto, ¿esa chica no te es útil? —preguntó el hombre mesurado.
—No. De hecho, ni siquiera parece ser un mimbro directo del clan, supongo será algún amante o puta en turno.
—Entiendo.
—Pero gracias por la preocupación—retribuyó. Segundos después, llegó la camarera con las órdenes. Kiba tomó su café y adicionó al instante—: Y también por el café.
.
.
Hinata continuaba con su rutina. Ahora, con la ayuda de Lee y Tenten, había conseguido una pistola de salva, que no fue difícil conseguir. El problema fue encontrar un lugar donde poder practicar con ella. Tuvo que pedirle ayuda a Naruto para ello; debió armarse de valor antes de, puesto que el corazón le palpitaba duramente en el pecho cada que se encontraba o topaba con el hombre. Así que, fueron cinco minutos de preparación mental para ir a su encuentro. En cuanto lo halló, fue directo y sin rodeos hacia él.
Naruto se había desconcertado cuando la Hyūga le llegó tan de repente, necesitó procesar la información un par de veces, (debido a la velocidad al que Hinata había dicho el mensaje) antes de darle una respuesta concreta:
—No será problema Hinata. Le diré al cabrón de Sasuke si te da permiso de utilizar su patio para tú tiro. No creo que sea problema—aseguraba el hombre, regalándole una afable sonrisa.
Hinata como costumbre, miraba a los suelos al serle todo un reto verlo directo a los ojos, con su rubor marcándosele en los pómulos y mejillas.
— ¡M-muchas gracias!
—No es nada mujer. Tú esfuérzate y trabaja duro.
—Lo haré, lo prometo —garantizaba con nerviosismo y a la vez entusiasmo.
El rubio se alejó, no sin antes girarse y decirle algo más a la chica:
—Tal vez un día de estos te lleve conmigo a una de mis rondas—glosó guasón —. Así te adentraras más a este mundo, justo como necesitas.
Hinata observó al hombre alejarse. No sabía, porque de repente, una tristeza se apodero de ella.
Sí, lo que necesitaba…
.
.
Como había dicho el rubio, le fue permitido utilizar el patio trasero de la casa como su sala especial para tiros. Compró dianas para saber con exactitud el progreso que iba teniendo, las colocó en un lugar donde no dañaran la casa.
Después de trabajar o llegar de sus clases de Krav, Hinata se la pasaba hasta el anochecer con la pistola. Algunos de los inquilinos, Uzumaki y Uchiha se detenían de vez en cuando a observarla; por curiosidad o por no tener nada más que hacer. Incluso, en raras ocasiones algunos le soltaban uno que otro consejo o comentario.
La morena se acercó hasta la diana que segundos antes había disparado. Sonrió animada, su bala había dado más cerca del centro. Por fin comenzaba a ver progreso, después de varios días.
Recordó entonces la plática que tuvo con Tenten, su sonrisa se volvió más pequeña.
"Sí vas a seguir por este camino, hazte la idea que eso de matar es inevitable…"
Lo sabía, y lo sabía desde siempre. Tomar la decisión y meta de tener madera para ser una yakuza, para ganarse el reconocimiento de su padre y probarse así misma…Eso de arrebatar vidas, venía con el paquete.
"Normalmente siempre hay una razón. Buena o mala, las hay. Un día te tocará e igualmente lo entenderás."
¿Razón? Acaso, ¿Era correcto matar a la gente por la razón de un sueño, por una meta? No había una respuesta ante lo que ella se cuestionaba.
—Dime, ¿Qué piensas?
Hinata se giró en dirección a la voz que había cuestionado. Era Omoi, que estaba sentado en uno de los bordes de la casa,con un yukata* negro, el cual estaba entre abierto, por lo que se alcanzaba divisar uno que otro tatuaje. El chico además, tomaba un poco de té.
— Umh, nada…Realmente.
— ¿Y ya has avanzado? Con tu tiro—continuó el hombre, volviendo a sorber de su bebida.
—Ah, S-si…Voy despacio, pero voy mejorando.
Respondió, comenzando a jugar con el cuello de su camisa. Omoi alzó una ceja y sonrió de lado.
—Que bueno.
Volvió a tomar del té, esta vez hasta el fondo.
A Hinata le dio por indagar un poco. Omoi era un yakuza, así que, tal vez tener una segunda opinión respecto a sus dilemas le ayudaría a pensar con más claridad.
—Dime, ¿has matado alguna vez?
—Sí —contestó seco.
— ¿A c-cuántos?
Omoi se llevó una mano a la barbilla y miró al techo pensativo. Suspiró mientras hacía cuentas.
—La verdad, no lo sé…Unos cuantos, quizá.
—Entonces… ¿Nunca has sentido nada o algo por haber asesinado? —preguntó pasmada, ante la naturalidad del joven.
—Deje de pensar en eso hace mucho—confesó, encogiéndose de hombros. Se quedó mirando la nada, como rememorando un suceso, añadió—: Aunque, todavía recuerdo al primer hombre que asesine.
— ¿S-si? ¿C-cómo fue, quién fue?
Hinata había colocado más interés en el tema. Omoi caviló un poco más antes de continuar hablando.
—Bueno… No fui sólo yo quién lo mato, para ser precisos. También fue Karui.
— ¿Karui? —repitió asombrada.
El muchacho echó un ademán desinteresado.
—No es algo que contemos a menudo —admitió dejando la taza del té a un lado—. Pero te diré, ya que estamos en confianza.
Hinata se quedó estática, dispuesta a escuchar. Omoi sacó, por otra parte, una paleta de su yukata. Le quitó la envoltura y se la metió de lleno a la boca.
—Tanto Karui como yo, fuimos hijos de padres extranjeros que se vinieron a vivir ilegalmente a Japón—se sacó el caramelo, observando como el dulce brillaba debido a su saliva, así como si fuera la cosa más interesante a ver—; Normalmente para ello, se necesita cierta ayuda con papeles y documentos, así que ocasionalmente algunos para "salvar" sus pellejos acuden a los yakuza para solucionar ese tipo de casos. Por desgracia, algunos no son buenos tratos; la cantidad a pagar es cara y, a veces no se tiene lo suficiente para saldar la deuda, en especial si haces negocios con tipos como Zabuza Momochi.
Omoi arrugó el papel que todavía poseía en la mano, fue un movimiento rápido, pero Hinata pudo percibir odio en esa efímera acción.
—Por lo que, si no pagas lo que debes, te matan—dijo sin preámbulos —. A mis padres los asesinaron y a los de Karui también. Nosotros; hijos de extranjeros, siendo jóvenes, corrimos otra suerte…Trata de personas. Siendo violados a diario por casi dos años.
Hinata frunció el ceño, mostrando temor con el sólo oír aquello. El hombre se volvió a meter la paleta en la boca y se recargó en el marco de la pared.
—Yo la verdad, me hubiera suicidado hace mucho…Pero no sé, aún hoy en día, sigo admirado por la fortaleza de esa chica. A pesar de la sobre explotación, de estar encerrados y vivir prácticamente como esclavos sexuales, Karui continuo fuerte—contaba sosegado—. Siempre me decía que saldríamos de allí, que buscaría una forma para escapar. claro que, yo era racional y sabía que eso era una probabilidad de una en un millón. Pero le creí, le creía porque muy en el fondo mantenía la esperanza que sería así.
Sonrió y miró al techo.
—El último hombre que nos tenía bajo su custodia, por cierto también yakuza y bastardo que nos toqueteaba cada que se le ponía dura—se escuchó como tronó el caramelo dentro de su boca —, sufrió un ataque enemigo… ¿Y quién crees que fue el responsable de dicho ataque?
Le preguntó a la chica, que por supuesto le negó con la cabeza al no darse ni una idea. Al joven se le volvió a dibujar una sutil sonrisa.
—Fue el maestro Killer Bee—reveló con cierto orgullo y admiración—. Ese día fue un caos, tuvimos la oportunidad de escapar, pero entonces…Allí estaba, el cabrón que nos compró a Momochi, el hijo de puta que nos daba a diario…Escondido como la sabandija que era…
Se sacó el palito de la paleta, ya sin el dulce; arrojándolo lejos, cayendo en el césped del otro extremo de la casa. Su tono y expresión se tornaron más serios.
—Yo le llegue por atrás y Karui lo apuñalo por enfrente—masculló, arrugando el entrecejo—; luego de eso yo tome un arma, ve a saber de dónde carajos me la habré encontrado, el caso es que después de que Karui lo apuñalara, yo le metí diez plomazos en la cara mientras que Karui continuaba apuñalándole los genitales…
Una sonrisa, como si estuviera contando algún suceso irrelevante, casi como un chiste se apoderó de los labios de Omoi. De la nada, volvió a mesurarse y soltó con desprecio:
—Así que sí, recuerdo al primer hombre que mate, recuerdo sus aberrantes ojos suplicar por su mísera vida, recuerdo cada bala, cada gota de sangre que salpicaba…Lo recuerdo todo bastante bien.
—Y… ¿Y qué paso después? —habló Hinata, pasado un lapso de silencio.
Omoi resopló, con ello relajándose y volviendo a su estado natural de siempre.
—Nada. Después de eso no teníamos a donde ir. El maestro Bee nos ofreció unirnos al clan Uzumaki, claro que al principio nos negamos y desconfiamos de él; pero luego, comprendimos que él no era como los otros bastardos, el era diferente, que él era una buena persona en lo que a nosotros respectaba. El resto es historia… Perdona, creo que me fui por las ramas.
La Hyūga percibía como el muchacho masticaba el dulce, con una mirada que brillaba con cierta tristeza. La chica fue sincera respecto a su opinión sobre ese relato.
—N-no…Tú historia...Es sólo que me ha parecido, bastante bizarra. Es que…No me lo puedo creer.
—Puede ser, pero es la verdad—afirmó Omoi, apuntando a la chica. Pasó un minuto antes de que el joven volviera a proferir palabra —. Tú tienes ese problema ¿Cierto?
—… ¿El cuál?
—Te da miedo matar…
—Y-yo…No lo sé…Es que, yo siempre he pensado que la vida es preciada y que toda vida vale lo mismo.
—Ojalá todos pensáramos así…Mira cuantas guerras y gente como nosotros y esos sujetos se habría ahorrado el mundo —comentó con bonita ilusión—. Por desgracia, claramente no es, ni será de ese modo. Naturaleza humana, supongo.
El muchacho se puso de pie para luego encarar a la Hyūga, con aires más solventes.
—Te voy a decir lo que yo pienso…Yo no creo que toda vida valga lo mismo; eso me ha quedado claro en estos últimos años. A veces tienes que tomar decisiones, en este mundo matas o te matan… ¿Y qué prefieres? ¿Perdonarle la vida a una persona que atenta contra tú vida o con la de tus seres queridos? ¿O acabarlo antes de que el acabado seas tú mismo? Si quieres llámalo egoísmo, pero te diré que es un egoísmo del bueno. Piénsalo.
Omoi partió dejando a la muchacha con esas palabras; palabras que, penetraron más fuerte en su cabeza, de lo que jamás pudo imaginar.
.
.
.
Casi al término de la cuarta semana, el clan Uchiha le notificó a Naruto, que su prima había sido liberada, cosa que puso más que feliz al joven rubio.
—Sí, ya te lo repetí como cinco veces, Naruto. Tú prima ya es libre e igualmente lo son los otros miembros de tu clan que la habían acompañado—reincidía Sasuke, intentando tolerar el entusiasmo de su amigo.
— ¡No me lo puedo creer, de verdad son una ganga! —exclamaba con un puño cerrado—. Eso significa ¿Qué ya puedo hablar con ella?
Uchiha asintió.
—Es lo recomendable, ella te tiene que decir los detalles de cómo se arreglaran ahora que está libre.
—Ahora mismo iré, espero no te moleste use tú teléfono—mencionó el Uzumaki con un tono de voz ideal y con la intención para fastidiar a su amigo.
—Tsk…Tómalo.
Ni se esperó a una segunda confirmación cuando Naruto se dirigió al teléfono, tomó el aparato y comenzó a marcar números.
—Por cierto, Sasuke —dijo, antes de que le contestaran del otro lado. El Uchiha le volteo ver—…Gracias.
El moreno mostró una tenue sonrisa.
—Ni lo menciones —salió cerrando suavemente el shoji tras de sí.
El rubio por otra parte, esperaba a que su prima atendiera su llamada. Escuchó entonces cuando descolgaron el teléfono del otro lado y oyó una familiar voz responder.
— ¡Karin! ¿Cómo estás? ¿Qué paso? ¿Hace cuanto saliste? ¿Está todo bien por allá?
El Uzumaki gritaba en un extraño estado de emoción y preocupación.
— ¡Naruto, diablos, no grites que me revientas el tímpano! —increpó Karin. Se escuchó un suspiro—. Sí, estoy bien, ¿Por qué tardaste tanto en llamar? ¡Salí desde hace días!
— No es mi culpa, el idiota de Sasuke me ha informado apenas ahorita
— ¿Qué? ¿Has dicho Sasuke? ¿Cómo está él?
La tonalidad de la pelirroja había cambiado a uno más sutil y meloso. Naruto torció los labios, arrepintiéndose por haber dicho la palabra "Sasuke" a oídos de su prima.
— Ya, al rato te tocas pensando en él. Ahora quiero que me digas que es lo que ha pasado allá.
— ¡Imbécil! ¡Yo no me tocó pensando en ese hombre! Es casado y además sólo lo hice por educación y por viejo conocido.
Naruto rodaba los ojos ante las tan dramáticas excusas.
— Lo que sea, no me importa la razón… Tus fetiches con Sasuke me las sudan…Sólo dime lo que te he pedido.
— Idiota…— farfulló—; nada, Sai ha estado a cargo del negocio en nuestra ausencia. Según parece, no vamos tan mal pero tampoco tan bien. Necesitamos reclutar gente nueva…Yo me encargaré especialmente de esa tarea ¿Qué tal vas en Tokio? ¿Piensas volver pronto?
— Sobre eso…Supongo que Sai ya te habrá contado.
— Gran parte. Sí.
Naruto dio un pequeño respiro, recargo su brazo a la pared.
— Volveré tan pronto junte un poco más de dinero y pague algunas deudas…— dudó un poco antes de proseguir—. También, quería comentarte algo.
— ¿Qué?
— Pues…El viejo Izuna me ha propuesto hacer un negocio con él.
Nadie dijo nada por un rato. Fue Karin quién se animo a continuar:
— ¿Drogas?
Naruto abrió los ojos de par en par, maravillado ante los dotes intuitivos de Karin.
— ¿Cómo supiste?
— Recuerda que hablas conmigo—se jactó—… ¿Acepaste?
El hombre se rascó la cabeza y recargó, ahora, la frente al muro.
— Le dije que lo iba pensar…— Respondió incierto—. No sé ¿Qué dices?
— En primer lugar, ¿Qué narcótico es y cuáles son sus términos?
— Cocaína…Se la compraría y nosotros sólo la revenderíamos.
— Vaya, que caritativo está.
— ¿Entonces? — volvió a sugestionar.
Escuchó a su prima dudar.
— …Yo digo que sí, necesitamos más dinero— contestó directa—…Pero al final la decisión es tuya.
— Lo sé. Sólo quería tú consejo. Como sea, haz lo que tengas que hacer; regresaremos en dos semanas más.
— De acuerdo, seguimos en contacto.
— Karin— dijo antes de que ninguno colgara.
— ¿Y ahora qué pasa? —preguntó la chica un tanto fastidiada.
— Me alegro que estés bien…— una pequeña sonrisa surcó sus labios— …Realmente me alegro.
— Ni lo digas— tardó en responder— me andaba pudriendo allí dentro, ¿Sabes? Los baños eran un asco, ni hablar de la comida. Me debes por lo menos cinco tazones de ramen ¿Me oíste?
El hombre rió y acepto el castigo.
— Naruto — ahora era Karin la que lo detenía — , vamos a salir de esta…Te juro que también vengaremos a todos, ando en la búsqueda y forma de infiltrarnos al clan Hyūga…Los destruiremos desde dentro ¿Qué te parece?
— Eso sí anima —replicó, aunque de manera bastante sosegada.
— Oye, tengo que colgar…Ya sabes, mucho trabajo que hacer ahora que no estás.
— Perdona, ya verás que estaré allí pronto.
— Ojalá.
.
.
Quinta semana:
Ese día, Hinata iba de camino hasta el dormitorio donde se había estado quedando las últimas semanas.
Al parecer a esas horas la casa estaba bastante calmada. Casi no había personas.
Por esa vez, tomó un camino distinto al que acostumbraba coger. Más que nada, era porque llevaba más de un mes por allí y en todo ese tiempo, jamás se decidió a ir por aquellos pasillos de la casa, que anteriormente había comprobado que conectaban a los pasillos del cuartodonde se hospedaba. No le fue prohibido irse por esos rumbos, así que ¿Qué había de malo?
Al estar la casa casi vacía, el silencio era presente. Eran varios cuartos los que recorría, todos separados por el shoji y por muros. Un ruido extraño y una puerta entreabierta, captaron su atención.
Oía como "trituraban" algo, era un sonido parecido al cuando cortas con el cuchillo sobre la tablilla; después fueron unas fuertes inhalaciones…Todo eso, proveniente de aquella habitación semi-abierta. Se asomó por la hendidura, abrió los ojos de par en par.
Era aquel fortachón de cabellos naranjas. Era claro lo que hacía, se estaba drogando. Hinata ahogó un gritillo de sorpresa tapándose la boca; al parecer, aún con ello provocó la atención del hombre.
Hinata se hizo hacia atrás antes de que este la viera. Tuvo que esconderse en el primer cuarto que se le atravesó para no ser descubierta por aquel sujeto.
Lo logró a tiempo; emparejó la puerta a buena hora. Dio un suspiro de alivio y decidió esperar antes de volver a salir y huir corriendo hasta su respectiva habitación.
Se fijó en donde se había metido, era una sala vacía, que sólo tenía un enorme marco de fotografía. Tenía el retrato de alguien, Hinata se encaminó hasta este y así observar mejor.
Era la imagen de un joven hombre; a primera vista, creyó que se trataba de Sasuke Uchiha, pero no era él. Aquel, tenía el cabello largo y dos líneas por debajo de los ojos.
"¿Quién es él?", era lo que la chica se cuestionó en voz alta en su momento.
— Ese es Itachi Uchiha, el hermano mayor de Sasuke.
Hinata pegó un brinco. Se volvió velozmente a la persona propietaria de ese comentario a pedirle disculpas por su osadía de andar de fisgona.
Era aquel hombre llamdo Kakashi, quién al parecer estaba sentado en un rincón de la habitación, a oscuras, razón por la cual Hinata no lo notó a primera vista.
— Está muerto, por cierto —agregó el hombre, que leía aquel libro que al parecer nunca dejaba a un lado—. Murió hace años, cuando el jefe iba en la preparatoria. ¿Eso resuelve tú duda?
Las mejillas de la Hyūga se encendieron.
— ¡Y-yo, perdón la intromisión! Lo que pasa, es que…—balbuceaba, intentando hallar una convincente explicación de lo anteriormente ocurrido.
— Viste a Juugo, ¿no? —Dijo Kakashi, dejando muda a la mujer—. Discúlpalo, es sólo un adicto a las drogas…Fue sabio de tu parte huir, no es una persona estable cuando anda en ese estado, el único que puede controlarlo es Sasuke que por desgracia no anda por aquí.
— Perdón… — repitió la morena, bajando la cara apenada.
Kakashi a un abstracto en la lectura, le tomó poca importancia al asunto.
— déjalo ya…Yo también suelo entrar aquí sin permiso, y es que, es el único lugar donde puedo leer a gusto — señaló a su libro.
— Ya veo…Entonces, me retiró, no quiero molestarlo — cortó Hinata, ya estando incomoda con el asunto. Pero antes de partir del cuarto, la duda de si el otro hombre continuaría allí o no la invadían.
— ¿Tienes miedo de salir sola? ¿Quieres que te escolte?— ofreció el señor, adivinando los temores de la chica.
La joven sonrió un poco.
—N-no gracias, puedo sola.
Kakashi se encogió de hombros.
— Uhm, como gustes.
Hinata tragó un poco de saliva antes de abrir y salir de allí; por suerte, no se encontró con Juugo y pudo regresar a su habitación con más calma.
.
.
.
— Te dije que un día te ensañaría una que otra táctica y que, además, daríamos la ronda juntos. Yo siempre cumplo mis promesas, de veras.
Hinata sonrió entusiasmada. La mañana siguiente, Naruto fue directo a verla a su cuarto, soltándole aquellas palabras.
.
.
.
Glock Mod. 37* : Imagen de ella en facebook.
Balas de salva*: Las balas de salva son cartuchos de arma de fuego que no contienen bala, pero sí pólvora e iniciador, por lo que detonan de forma similar a un cartucho real pero no propulsan ninguna bala, por lo que nos son tan letales.
Yukata*: Es una vestimenta típica japonesa hecha de algodón. Se usa principalmente para el verano o estaciones cálidas. Es mucho más ligero que el kimono porque no tiene la capa que cubre normalmente a este y porque no es de seda.
