Advertencias (Este capítulo): Capítulo muy largo. Una que otras palabras vulgares, groseras, obscenas; violencia más o menos gráfica. Menciones de temas que pueden o no dañar sensibilidades (na, no lo creo). OoC. muerte, Etc. (Sobre advertencia no hay engaño).
¡Disfruta de la lectura!
.:Capítulo 11:.
Una llamada
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— Vamos, vístete y vayámonos.
El hombre se adentró a la habitación y cogió un montón de ropa tirada del suelo, pensando que serían las prendas de Hinata, siendo que primeramente, ni le pertenecían a la mujer. Y con todo, se los depositó en su regazo.
Claro que la chica estaba emocionada. El hecho de tener a Naruto frente a ella ya le era motivo suficiente para tener una sonrisa mental, de oreja a oreja; lástima que era lo suficientemente tímida, como para reprimirla en aquella ocasión y no expresarla abiertamente.
Tomó las prendas y las miró con más detalle. Era obvio que no eran suyas. Además, estaba el hecho de que ese día tenía que ir a trabajar. No quería rechazarlo, eso lo tenía claro…Pero tampoco se podía dar el lujo de faltar a sus otras responsabilidades.
— Pero, Naruto…Es que yo— quiso explicar la muchacha, retirando la ropa para colocarla, de nuevo, al suelo.
El ruido que Naruto hacía, fue el suficiente como para molestar a las otras dos mujeres que dormían en la habitación.
— ¡Joder jefe— se quejó Karui, tapando su cara con la almohada—, que escándalo por la mañana! Venga a molestar más al rato ¿Quiere?
Naruto se giró a su dirección poniendo cara indignada. Estando de cuclillas, se las ingenió para mover a la chica con su pie, por la espalda.
— Hago bien en hacerlo; deberían levantarse ya, hay trabajo, par de flojas.
— Lo que sea, en unos minutos —aseguró la misma pelirroja un tanto irritada y somnolienta.
— Lo que sea, a mover el culo. Incluso yo me he levantado temprano— se jactaba el muchacho, colocando las manos sobre sus caderas.
Por otro lado; la otra mujer, Tenten, se imaginaba mutilando la lengua de Naruto con una navaja a corte limpio. No había dormido bien la última noche, y ahora, al jefe se le ocurría venir a despertarlas temprano. Al igual que Karui, se cubrió con sábanas y almohadas, medio escuchaba el resto de lo que parloteaba el rubio.
— Puedes ir en pijama, no hay problema.
— ¿Pi...pijama?
¿Ir en pijama? ¿Quién? ¿Hinata? Conociendo a su jefe, sabía que sí sería capaz de arrastrar a la pobre chica en calzones por la calle; y Hinata, era lo suficientemente amable -o tonta- como para decirle que no…Tendría que intervenir yendo al rescate de la morena; aunque, no le agradaba la idea de tener que levantarse. Suspiró.
Karui le salvó el cuello, sólo vio por encima de su colcha como la pelirroja le lanzaba la almohada a la cabeza del hombre. Claro, seguro Karui también pensaba como ella. Se lo agradeció mentalmente, le ahorró el trabajo de tener que hacerlo por sí misma. Se volvió a tapar.
— ¿Cómo se le ocurre decir eso, jefe? — recriminó la pelirroja, incorporándose sobre su futón. Su roja melena estaba despeinada y, presentaba unas leves ojeras…Con aquel aspecto, era semejante al de un león enfurruñado. La chica estaba en ropa interior, pero le trajo sin cuidado que Naruto la viera en aquellas fachas. Al fin y al cabo, su cuerpo estaba cubierto de tatuajes, como el suyo—. Además, que yo sepa, Hinata trabaja hoy.
Naruto arqueó una ceja, se giró hacia Hinata.
— ¿En serio?
La mujer sonrió apenada.
— S-sí…Pero sólo es un turno en el restaurante Maid; terminaré en cuanto antes, lo juro.
El hombre le regaló una sonrisa comprensiva.
— Perfecto. ¿A qué hora entras a trabajar y a qué hora terminas?
— A las siete, termino como por las diez u o-once.
La mujer ya empezaba a juguetear con su par de dedos indicie. Naruto se dirigió al marco de la puerta.
— Entonces te dejo y diez y media paso por ti, ¿Qué te parece?
La morena asintió, más calma.
— S-sí, está bien…
El hombre volvió reír, una risa bastante cómplice.
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La mujer pensaba, mientras recogía un par de platos y tazas sucias, que Naruto la había visto en pijama. Tanta fue su emoción, que ni siquiera se percató de tan vergonzoso detalle. Claro, quizá no durmiera en ropa interior como Karui, o con blusitas y pequeños shorts como Tenten; más bien, su enorme blusón y pantalón le provocaron cierta pena.
Aunque, bueno, Naruto ni pareció fijarse en semejantes detalles. La chica sonrió, llevó los trastes a lavar. Por supuesto que no, así era él.
¿Y qué hay de ese día? Lo pasaría a lado del rubio. Debía admitir, que la idea le provocaba nervios y a la vez una descontrolada alegría. Alegría que, intentaba contener por todos los medios.
Chocó con una de sus compañeras y casi tira el pedido de un cliente.
— ¡Anda, Hinata! Más cuidado, mujer…— advirtió la chica, levantando su charola por lo alto, con ello intentando mantener equilibrio. Miró a Hinata desaprobatoria — , ¿Qué te pasa el día de hoy? Vienes en las nubes.
La chica se mordió el labio inferior, se disculpó al menos dos veces.
— Es que hoy vino a dejarla su novio, ¿Verdad, Hinata?
Una tercera chica se integró a la conversación, dándole un codazo en las cotillas a la morena. Hinata tomó color.
— ¡Q-que dices! N-no es mi novio… — desmintió rápidamente. Su compañera que la había acusado, sonrió pícara. La otra, por tanto, dejaba la charola en una barra para escuchar aquel cotilleo mejor.
— ¿No? Entonces, ¿Quién es? ¿Un chico que te gusta? Porque te veías bastante feliz hablando con él— insistió la misma, levantando ambas cejas, bastante sugerente.
La mujer volvió a negar.
— N-no, él es sólo un amigo…
— Claro, eso dicen siempre — aseguró la chica con la que había chocado —. ¿Y cómo era, por cierto? El chico que vino a dejar a Hinata…
Preguntó la muchacha a la otra compañera, que molestaba a la morena con sonrisitas cucas.
— Pues te cuento— empezó de alcahueta, pidiendo a la chica que se acercara haciendo un ademán con la mano—, hoy vi llegar a Hinata en un auto junto con un hombre ¡El chico la vino a dejar personalmente hasta la entrada!
Se tapó la boca la que andaba escuchando. Hinata estaba que se moría de vergüenza. Primeramente por el cotilleo sobre su persona justo en su cara y luego, el hecho de que Naruto, sí la había acompañado hasta la entrada, pero no por caballero o considerado, sino porque se le había apetecido una dona, que finalmente desistió de la idea a última hora dejándolo para después.
— Sí, sí ¿Pero cómo era él? Tú sabes ¿Feo o guapo? — volvió a interpelar la joven, entrecerrado los ojos. Vaya que, quería ir al grano de todo ese parloteo.
— Hombre, que Hinata no anda tan perdida…— expresó, abriendo los ojos como plato, para luego soltar una risilla burlona, señaló a Hinata que, por supuesto quería que la tierra la tragara—; así como la ves de calladita y sumisa, se trajo a un rubio, que digo, ¡Parecía extranjero! Se veía un poco desaliñado a pesar que venía de traje negro y tenis, pero…No estaba mal.
La chica que estaba de escucha, hizo una perfecta "o" con su labios. Sonrió maliciosa.
— Eh, hija, a ver sí lo presentas…Sí dices que no es tú novio y sólo un amigo.
La muchacha que le había contado el pequeño chisme, le dio un codazo a su compañera, mostrándose muy recriminatoria. Hinata por tanto, ya estaba jugando con sus manos, quería desviar la charla como sea.
— Venga Marumi, no empieces de zorra; es el hombre de Hinata, puede que ella no lo admita, pero se ve a kilómetros que el chico le mueve el tapete.
Su corazón dio un vuelco. ¿Tan obvia era? No, no era que Naruto le gustara, tal vez no de esa manera. Era cierto que el joven le agradaba y una inexplicable felicidad, determinación, inspiración, fortaleza y otros cientos de sentimientos azotaba su mente y cuerpo cada que él hacía acto de presencia; que va, su tartamudeo y nervios aumentaban…Pero, eso no quería decir que lo viera como un hombre ¿O sí?
— N-no, yo…
Ya no estaba segura de lo que decía.
— Que amargada, Reiko…Pero, una lástima sí es así— interrumpió la mujer, que quiso que le presentaran al rubio—. De acuerdo, respetaré, sólo por esta vez y porque se trata de ti.
Le guiñó el ojo y la morena sólo le regresó el gesto con una pequeña sonrisa cohibida.
— Y, ¿Va a venir por ti? — dijo su otra compañera, bastante ansiosa.
— ¿Quién? — preguntó Hinata, un poco distraída ya que había iniciado a acomodar trastos y charolas.
— ¡Pues tú chico! — exclamó obvia.
— S-sí, dijo que vendría diez y media— respondió la mujer, ahora, apilando unos platos. Cayó en la cuenta de que, indirectamente había admitido que Naruto era "su chico"; las risitas de sus compañeras hacían caer en la cuenta a cualquiera. Hinata se puso roja— …Y, ¡N-no es mi chico!
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Marumi atendía a un par de jóvenes, que por supuesto andaban coqueteando con ella; de costumbre, tenía que tratarlos con respeto y amabilidad, su trabajo, después de todo. Recogía sus platos en lo que seguía manteniendo platica con los caballeros: "Si, amo. No, amo. ¡Amo, que dice, eso es indebido! Con gusto, amo, se lo traeré enseguida"
Diálogos rutinarios; nada extraordinario, aburridos es más. Fue entonces, que lo vio, un hombre rubio, de ojos azules, entrando muy confianzudo al establecimiento, dando miradas furtivas al lugar, buscando a alguien. La chica se emocionó, tenía que ser él, seguro.
Cortó conversación con el par de jóvenes y de inmediato fue a la cocina donde seguro se hallaba Hinata, esperando las ordenes de unos clientes que atendía.
— ¡Hinata! Tu chico ya está aquí— informó excitada, corriendo hacía la morena.
— ¿Qué?
— ¡Tú hombre, mujer! — chilló, quitándole de las manos la bandeja que cargaba— El rubio ese…Anda, ve a atenderlo, yo me encargó de tus clientes.
— P-pero…
— ¡Pero ni pío! Yo me encargó, dije. Tú ve…
— De acuerdo…G-gracias, Marumi.
Otra vez estaba ese molesto temblorcito en las manos, en el cuerpo. Como odiaba ese maldito tiritar. Esta vez no iba en pijama, y deseo mejor estar en ella que en su uniforme de maid; exageradamente corto, con ridículos holanes y un pequeño pero provocador escote. No era algo cómodo de usar, no frente a él.
En cuanto salió de la cocina, pudo identificarlo de inmediato. Estaba allí, sentado cerca de una de las paredes, con las piernas abiertas y mirando el menú despreocupadamente; en una de esas, mientras se acercaba a él, hurgó su nariz con el meñique, miró su dedo, arrojó lo que sea que sacará de allí, con un rápido movimiento de dedos. Bostezo.
— B-bienvenido…
Naruto le giró a ver. Era extraño, muchos hombres; no, no muchos, todos los hombres con los que había tratado, siempre, siempre, la miraban de pieza a cabeza; se detenían en sus pechos y continuaban su recorrido hasta la cara. Pero Naruto, él fue directo a su cara, le sonrió dulce y alegremente. A Hinata una rara, no, lo más correcto que encontró para describir aquello, fue "bonito"; un bonito sentimiento se esparció por su anatomía.
— ¿Ya casi acabas? — inquirió el rubio, cruzando los dedos sobre la mesa.
— S-Sí, sólo unos quince minutos más y acabo.
— Bien. Entonces, tráeme algo para beber en lo que te espero—agarró la carta y la hojeo haciendo una mueca de no saber nada —. No lo sé, ¿Qué es lo que me recomiendas de todas estas cosas del menú rosado? De preferencia que sea económico, hoy no traje conmigo mucha pasta.
Río sacando la lengua. Hinata le mostraba una simpática cara.
— Podría ser… Un hot calpis* y un monaka*.
Naruto agudizo su oído, un poco más y no alcanzaba a escuchar lo que la mujer decía.
— Me gusta esa idea. Agrégale una dona de chocolate, me quede con ganas de una en la mañana, de veras.
La chica río por lo bajo. Era evidente que él sin una dona no se iría satisfecho.
—... Ahora mismo te los traigo.
— Claro. Gracias, Hinata.
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—Hinata ¿Todavía aquí?—cuestionó Reiko, llevándose un par de manos a la cintura.
— ¿Eh?
La morena acababa de dejar los trastos sucios a un lado cuando le puso atención.
—Tú chico ya casi acaba con su aperitivo y tú todavía no terminas—reprochó la muchacha, suspiró—…¡Anda niña, vete ya!…Nosotras dos te cubrimos.
Jaló a Marumi, que venía apenas entrando a la cocina; quedó un poco desconcertada por tan repentinos planes en los que sin su opinión la habían inmiscuido. No le tomó bastante para captarla.
—Pero… ¿Está bien? —interpeló Hinata preocupada.
— ¡Oh, tú tranquila! Nosotras nos ocupamos, así que, deja la modestia a un lado y cámbiate ya.
Reiko la empujó a los vestidores; allí, donde guardaban su ropa de civiles.
—… Pues, G-Gracias.
Alcanzó a decir antes de ser metida al interior del cuarto. Mientras se cambiaba, alcanzaba oír la conversación de sus compañeras.
—Sabes, ahora que lo veo bien, el chico se ve un tanto mafioso, ¿no?
Hinata se detuvo por un minuto en colocarse el pantalón, paró la oreja para escuchar mejor.
Era la voz de Marumi; le mascullaba prejuiciosa a Reiko. La otra chica no decía mucho, Marumi continuaba:
—Podría ser, que debajo de ese traje este cubierto de tatuajes, ¿Te imaginas?—Exclamaba dramatizando un poco —. ¡Eso sí sería de locos! Hinata y un yakuza, ¿Lo creerías?
La morena tragó en seco. ¡No, que no se dieran cuenta! Estaba segura que si sus compañeras se enteraban que Naruto si era un yakuza; que va, que ella misma, era hija de un jefe yakuza y que además, vivía entre ellos, su vida se llenaría de escrúpulo; Marumi y Reiko no la verían y seguro no la tratarían de la misma manera a como hacían. Se subió los pantalones velozmente, queriendo terminar de cambiarse cuanto antes ante el latente nervio y miedo de ser descubierta.
Por otro lado, Reiko sólo reía antes las ideas "fantasiosas" que su amiga expresaba.
—Ya, dejemos de inventarnos tontas historias; es más que obvio que Hinata no es el tipo de gente como para lidiarse con esas personas — aseguraba la chica, tomando de loca a Marumi.
Esta otra resopló, aburrida.
—Sí, ella es más del tipo de juntarse con un buen hombre; dulce, caballeroso, trabajador, serio…Tú sabes, un buen chico, justo como ella.
—Cierto, muy cierto.
La morena sintió alivio. Para buenas, ya había terminado de ponerse su ropa de civil, salió un tanto apresurada. Marumi le miró de pies a cabeza.
— ¿Sigues aquí? ¡Anda, a volar!
Hinata soltó una pequeña sonrisita agradecida.
— ¡S-si, gracias…Otra vez!
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Siendo un área comercial, donde proliferaban los aparatos electrónicos, computadoras, accesorios, gadgets*, anime, manga y videojuegos, pasaban por las calles, donde las pancartas, letreros, publicidad y edificaciones coloridas y llenas de luces resaltaban a la vista.
Hinata intentaba distraerse un poco mirando a centenares de personas circular por las zonas. Tenía la ventanilla abierta, hacía buen tiempo. Miraba al cielo y este apenas y era perceptible, debido a las grandes edificaciones y en los miles de cables de alumbrado público.
De vez en cuando miraba de reojo al rubio, este mantenía los ojos en las calles; manejaba con una mano, mientras que con la otra terminaba su dona de chocolate, que Hinata había pagado y que, el hombre no notó.
Se detuvieron en un denso cruce. La luz estaba roja y la chica observó a una enorme masa de gente cruzar las calles. Se entretuvo divisando a una muchacha de peluca azul y uniforme de colegiada bailar al son de un hombre que tocaba la guitarra. ¿Eso sería cosplay*? se preguntó. Por otro lado, en otra esquina, un trío de muchachos estaban en las afueras de una tienda de manga; los tres en cuclillas, en bolita, charlando entre ellos, riendo. Hinata descubrió el motivo de sus risas, no muy lejos, había una chica muy guapa con pequeña falda. Sí, unos bribones que seguro apostaban a ver quién le levantaba la prenda. Era críos de secundaría, Hinata entendía ese comportamiento, después de todo, ya había pasado esa etapa.
—Vienes muy callada, Hinata —comentó el rubio, con los cachetes llenos de lo que restaba de esa dona de chocolate.
La chica quitó la vista de la ventanilla, dirigió su atención a sus piernas.
—Perdona…Es que, ando un poco distraída.
—Se ve—ratificó, tragando la comida en seco. Soltó un pequeño eructo—…Lo siento, es que esa dona estaba más que buena.
Hinata sonrió, alegre de que le hubiera gustado el pequeño aperitivo. La luz se puso en azul* y Naruto avanzó. La morena aprovechó para preguntar:
—Y… ¿A dónde vamos?
—A cualquier parque a entrenar.
Frunció el ceño levemente, confundida, pues creía que irían a otro sitio dejando el entrenamiento para el final.
—..C-Creí que daríamos la ronda.
—Hoy no hubo mucho trabajo—se encogió de hombros—, de hecho, elegí este día para entrenar contigo, sabía que no tendría muchos deberes.
La chica quiso decir algo, pero las palabras no salían, así que quedo como un pequeño hipeo de su parte. Aclaró su garganta, intentó de nuevo:
—… ¿Y, que haces normalmente? Ya sabes, estando aquí en Tokio, s-supongo no será lo mismo que en Osaka.
Naruto inhaló una gran bocanada de aire. Suspiró pesaroso, giró a la derecha antes de responder.
—Pues, que te digo…No, no es lo mismo, podría ser parecido; pero, está no es mi zona, apenas me estoy volviendo a familiarizar con ella—explicaba el hombre, ahora cambiando de velocidad —. Aunque, ahora ando conociendo gente "influyente" de estos lares, en un futuro planeo sacar provecho de ello. Por ahora, me concentro más en juntar dinero suficiente para el retorno a Osaka.
En cuanto se detuvieron en otro semáforo, Naruto giró a ver a Hinata que le miraba con atención. En cuanto hizo aquello, la chica bajo la cabeza un poco tímida, como de costumbre. Al inicio, a Naruto le extrañaba mucho ese comportamiento, ahora, estaba más que habituado a ese "tic" de ella.
—Como sabes, ahora trabajo para los engreídos de los Uchiha, como guardaespaldas…Aparte de eso, están los trabajos subterráneos… Hacemos sus sucios mandados; traficar con armas, traficar con drogas, deshacernos de uno que otro obstáculo en su camino…No me gusta que me den ordenes ni rebajarme a este grado, pero no me queda de otra, tengo que hacerlo por mi clan— contaba no muy animado. Era una persona optimista, así que de la nada volvía a tener aires alegres—Pero, cuando regresemos a Osaka todo será diferente, iniciaremos un nuevo proyecto y sí todo va de acuerdo a lo planeado, pronto alcanzaremos a los grandes clanes…A los Uchiha y a los Hyūga.
Arrugó el entrecejo, sonrió confiado. A la muchacha no le agradaba escuchar el nombre de su clan tan seguido, la ponía en una posición un tanto incómoda.
—Por cierto—agregó el Uzumaki—, ahora compruebo que tan grande es su clan; he estado relacionándome con gente de aquí y por ello, me he enterado de que tienen muchas influencias en Tokio; tú padre es un monstruo en cuanto a finanzas y tratos se refiere. No me sorprende que hayan llegado tan lejos en tan poco tiempo…Pero eso no importa, porque los Uzumaki también estaremos, muy pronto, en la cima ¡De veras!, tengo un plan para ello, sólo necesito una llamada.
Le echó una fugaz ojeada a su celular, el cual estaba sobre la guantera del automóvil. Hinata no sabía a qué se refería el chico con ello; se delimitó a callar y por el momento, quedarse con la duda.
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—Explícamelo otra vez —el hombre portaba una enorme sudadera gris, la humedad del lugar le hacían sudar y los ladridos de aquel perro lo empezaban a volver loco—. Akamaru no me deja escucharte con claridad.
Su otro acompañante, sacó una bolsa de premios para perro; le dio un par para que su mascota callara. El canino los comió con gusto, meneaba la cola mientras su dueño le acariciaba con cariño la cabeza. Ladeó el cuello para reparar en el sujeto de sudadera.
— ¿Qué? ¿Qué quieres que te explique de nuevo?
Shino se recargó en una pared. Se acomodó las gafas oscuras.
— ¿Por qué estamos en este viejo edificio abandonado?
Kiba sonrió de lado, continuaba acariciando a su perro.
—Ya te lo dije, esperamos la llamada de mi señuelo.
— ¿Estás seguro de qué dará resultado? —Interpeló perspicaz —. Se me hace algo muy improvisado.
—Hombre, llevo planeando esto desde hace un rato—garantizó con actitud segura—, ¿No te lo dije? Incluso llamé al viejo de Hiashi, para avisarle que hoy sería el día.
Mostró sus caninos en una pérfida sonrisa. Le dio otro premio a su perro, que suplicaba por más. Detrás de sus lentes, Shino entrecerró los ojos; algo le decía que el hombre olvidaba cierto detalles.
—Pero…¿No crees que él sospeche algo al mandarlo a este lugar?
—No. Es sencillo, la llamada la hará alguien del que ese sujeto no sospechará; el vendrá aquí, por algo que Izuna, uno de los jefe Uchiha le iba a dar…Y, cuando el venga para acá, despreocupado y campante, tú le darás un par de tiros en la cabeza—finalizó haciendo una pistola con su mano, colocándola cerca de su cara, simulando el acto—, ¿Ves? Pan comido.
Shino dudó unos segundos.
—Umh, suena bastante fácil.
Kiba miró a una de las ventanas, observando unos postes de luz; el terreno era un lugar tranquilo y apartado. Era más que perfecto para ese trabajo. Rascó por atrás de la oreja de su perro.
—Lo es…Sólo necesitamos esperar una llamada.
Minutos más tarde, su celular sonó. Una torcida sonrisa se dibujó en los labios del castaño.
—Diga…
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Allí estaba el palacio del emperador*; grande, majestuoso, elegante, impresionante y, muy cerca, justo al lado, el parque Hibiya*. Un lugar bastante grande, donde los árboles resaltaban por sus diferentes tonalidades de hojas; amarrillas, rojas, rojas claras, rosas, verdes, verdes oscuras, etc. Lugar donde los niños, junto con sus madres y familias, se reunían. Los chiquillos jugando en los juegos y las madres platicando u observándolos sentadas apacibles en un banco, a lo lejos. También, era sitio para celebraciones, como conciertos, festejos de bodas y un poco más. Era increíble como lo moderno contrastaba con lo tradicional, en medio de muchos rascacielos y edificios, el parque y el castillo quedaban perfectos en el centro de toda aquella modernización.
— ¡Hinata! ¿Estás bien? ¡Perdona, yo no quería tirarte con tanta fuerza!
Naruto se acercó a ella preocupado. La morena alzó la cabeza para verle a la cara; la cual, ya estaba sudada y sucia, debido a la actividad física. Cerró los ojos con dolor, con fuerza. Naruto estaba a punto de ayudarla a levantarse.
— ¡N-No…Por favor! — exclamó la mujer, alejando la asistencia del rubio, quién reaccionó extrañado— …No me ayudes…D-Déjame…Déjame levantarme por mi misma.
El joven volvió a acercarse a ella, con nuevas intenciones de apoyarla.
— ¡Pero…!
La mujer volvió a verle con duro trabajo a los ojos, le sonrió dulcemente.
—Está bien, Naruto…No te preocupes por mí…— sonó más a ruego que a comentario. Agregó al instante en el que se puso de pie, a duras penas, debido al cansancio y a los golpes recibidos —. No te contengas, por favor, de otra forma, nunca podré hacerlo bien; tengo que poder, por favor.
La mirada y expresión de Hinata eran suplicantes. El rubio torcía la boca; no le gustaba tener que lastimarla, aunque sea para entrenar. Si bien, no utilizaba toda su fuerza y era flexible con la morena, era también otro hecho que no la tomaba a la ligera.
—De acuerdo…— medio mintió, sabiendo que de todos modos se lo pidiera o no, él se media y mediría con su fuerza— .Sólo no te exijas más de la cuenta. Además, yo creo que lo has hecho bastante bien hasta ahora.
No era mentira eso último que había dicho. El notó en seguida, en cuanto empezaron a entrenar el avance que tuvo la mujer desde la vez que la miró pelear contra Karui. Hinata pareció entusiasmarse.
— ¿En serio?
—Sí— Naruto asintió— , tu defensa personal es bastante buena, tus golpes fuertes y en su mayoría certeros...Y joder, ya me has logrado derribar unas dos veces…No sé qué te vine a enseñar, realmente…Dime, ¿todo esto lo aprendiste en tus clases de Krav?
La chica junto los dedos de ambas manos, sonrió sutilmente. Los halagos de Naruto le hacían sentir realmente grande.
—Gran parte…—confirmó con suave voz—. Aunque; Lee, Tenten, Karui e incluso Omoi me han ayudado y dado consejos con este tipo de cosas.
Naruto río, llevó una mano a su nunca.
— Ya veo…Entonces, al final no te he sido de mucha utilidad —soltó con aires aparentemente desolados.
— ¡No, para nada! — Hinata tuvo la necesidad de protestar al momento—. Yo…quiero decir, tú…Tú me has sido de gran ayuda, en muchos ámbitos…
— ¿De verdad? — Cuestionó el muchacho más congratulado.
—S-Sí, en serio.
—Oye, espera, no…— Naruto entrecerró los ojos por un segundo, vacilando ante las palabras de la morena —…¿No me lo estarás diciendo para hacerme sentir mejor, o sí?
— ¡No! ¡Para nada!
Negó muchas veces con la cabeza. Naruto volvió a abrir los ojos, rió otra vez observando como la chica se acababa negando; pensó, que terminaría mareada en cualquier momento. Esa chica sí que era rara, pero, más que eso, era una gran persona cuya sinceridad desbordaba por doquier.
—Que tonterías digo, claro que no…Tú no eres ese tipo de persona— reafirmó el hombre; después, aprovechando que no tenía a Hinata muy lejos, la rodeó con el brazo por sobre los hombros de ella; así como si se tratara de una buena camarada. Hinata por otra parte, cada músculo, tejido, célula y toda materia que la conformarán, se tenso a un grado de asemejarse a una estatua; ni hablar de su cara, que se había puesto roja— . ¿Qué te parece si descansamos un momento? Llevamos entrenando un largo rato.
Sugirió Naruto sonriente, mangoneándola un poco bajo su agarre; Hinata, apenas y podía moverse, dado los nervios que le provocaba estar tan cerca del hombre. Medio asintió.
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En otro lugar; Shinjuku:
Izuna Uchiha estaba a punto de entrar a una junta de trabajo. Antes de eso, tenía la obligación de hacer una llamada; acción que no podría realizar siendo que en esos instantes tenía que estar en otro sitio donde los celulares no estaban permitidos.
Decidió dejarle el encargo a uno de sus trabajadores. Se lo dejaría a Suigetsu; pero él no estaba en esos minutos con él…Cerca, estaba Juugo. Lo llamó:
—Ten este número y dirección—Le entregó una pequeña hoja de papel doblada a la mitad—dásela a Suigetsu y dile que le informe a Naruto Uzumaki que la entrega de los paquetes será allí, a las cuatro. Todo está en ese papel.
Juugo asintió e Izuna se fue directo a su reunión. El hombre fue a los baños, antes de dirigirse al estacionamiento donde Suigestu andaba. Se aseguró que no hubiera nadie en algún cubículo del servicio. Confirmando aquello, sacó de su bolsillo otra hoja de papel y un bolígrafo; anotó otro número telefónico, aunque la dirección fue la misma. Intentó copiar la caligrafía de Izuna; lo logró perfectamente.
Marcó a él número que originalmente Izuna le dio. Esperó respuesta. Contestaron:
—Hablo de parte de Izuna Uchiha; la entrega del paquete será en la siguiente dirección, a las cuatro…Rápido…La dirección es… De preferencia, tienes que ir solo….Sí…Adiós.
Colgó. Volvió a marcar; esta vez, un número diferente. Volvió a esperar.
— Ya está hecho…Ya va para allá. Quiero mi paga para esta noche.
Juugo apagó el teléfono; un teléfono viejo que ni siquiera era a color. Lo destrozó, partiéndolo a la mitad; lo tiró, junto con la hojita que originalmente le había dado Izuna; guardándose como sustituto el que él había hecho. Se lavó las manos y salió tranquilamente de los baños para ir hacia donde Suigestu.
—Te tardaste—reprochó el albino con un mohín. Juugo sonrió amigable.
—Perdona, fui al servicio.
Suigestu arrugó la nariz, poniendo cara de asco.
—Ya. No quiero detalles.
—Por cierto—adicionó—, el jefe te manda esto; dice que le digas a Naruto Uzumaki que allí, a las cuatro, será la entrega de los paquetes
Suigestu lo cogió con cierto hastió. Sacó su móvil, puchó varios botones para después colocarse el auricular al oído; luego de unos segundos se despegó el aparato, confundido.
—Qué raro, no suena.
— ¿En serio?
—Sí, escucha. Muerto —le acercó el aparato para que igualmente oyera lo que él: Nada.
—Qué extraño—contestó Juugo, fingiendo sorpresa.
—Ni que lo digas. A lo mejor Izuna se equivoco con el número. Bueno, lo intentaré un poco más tarde.
—Será lo mejor.
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Eran enormes peces grises los que nadaban en aquel enorme estanque; y, sobre ellos, los patos se deslizaban sobre la superficie, cloqueando, sumergiendo las cabezas en el agua, algunas con crías nadando en línea recta. Los árboles se reflejaban en el agua; habían ondas que se formaban en ella, debido al ajetreo de los peces, patos y hojas cayendo.
Naruto y Hinata se hallaban sentados cerca de las orillas, admirando el panorama; algunas cigarras hacían aquel peculiar sonido, siendo ahogados por los gritos y risas de los niños jugando, le personas platicando, conversando.
La luz del sol se trasminaba por las copas de los árboles, daba un singular calor, uno agradable.
— ¡Oye! — prorrumpió el hombre, provocándole un pequeño susto a la Hyūga, quién no se veía venir tan repentino vocifero—. Ahora que lo pienso, creo que sí hay algo que te podría enseñar y ser de utilidad. Se llama: Ciega y golpea. Trata de escupirle o picarle a tu adversario los ojos, normalmente eso lo distraerá unos segundos, es cuando aprovechas para asestarle un puñetazo en el rostro. ¿Qué tal? Yo lo he aplicado un par de veces en mi vida, y me ha resultado muy efectivo. No es un movimiento muy limpio que digamos, pero cuando corres peligro no hay de otra.
La chica quedó maravillada. Ciertamente no era un movimiento el cual sería considerado la gran cosa; de hecho, de no ser porque era Hinata, otra persona lo hubiera tomado como algo un poco tonto. Pero, ese no era el caso.
—Y-Ya veo, entonces, intentaré recordarlo. Gracias.
—No hay de qué.
Después de sonreír, Naruto volvió a admirar la vista. Hinata hizo lo mismo. Ambos, tenían ya el sudor seco sobre sus rostros; un poco sucios en sus ropas. El Uzumaki bostezo antes de que la chica hiciera algún comentario, con la intención de hacer un poco de platica, sabiendo que no se le daba muy bien:
—…Es la primera vez que vengo aquí, es un lugar muy tranquilo y bonito ¿No crees?
—Sí, lo es— medio sonrió — .Esta es la segunda vez que visito el parque Hibiya.
— ¿Y-Ya habías venido?
—Hace tiempo, cuando era mucho más joven. No ha cambiado mucho, desde entonces.
La mujer inclinó levemente el cuello, se abrazó a sí misma con un brazo. Esas últimas semanas habían sido duras en varios aspectos; y, continuando con sus dudas existenciales, ¿Qué mejor persona qué él? Después de todo, siempre lograban hacerla sentir más decidida, fuerte, mejor…Probablemente ese día tampoco fuera la excepción.
—Tú siempre… ¿Tú siempre has querido ser un yakuza?
Naruto giró a verla contrayendo la boca confundido. Dudó un poco.
—No siempre…— admitió honesto; respuesta que, definitivamente logró captar toda la atención de Hinata—, De pequeño odiaba ser hijo de una yakuza, ser parte de ellos. En la escuela no tuve amigos debido a ello; fue hasta la preparatoria que entable verdaderas amistades. Mi madre solía decirme: "Tú tienes todo el derecho de escoger y decidir qué es lo que quieres en la vida, y para qué…" Es una larga historia, pero al final, terminé convirtiéndome en jefe de mi clan. Pero, siendo sinceros, tenía gente la cual cuidar y proteger. El imbécil de Sasuke siempre me lo dice, que soy un blando humanitario. Claro que, muy a mí manera.
Río un poco cínico. Hinata se quedó pensando unos instantes: "Tú tienes todo el derecho de escoger, de elegir…" La morena concluyó que el don de la palabra era algo que Naruto ya había heredado desde hace una generación pasada.
—T-Tú madre era una gran persona, entonces.
Naruto enfocó la vista al estanque; específicamente a una pata cuyos patitos le seguían obedientes. Una expresión entre feliz y nostálgica se asomó.
—Lo era— respondió tranquilo. Ahogó una pequeña risa—…Aunque también a su modo. Era muy gritona, mandona, explosiva, solía darme buenos golpes y reñidas; pero también fue cariñosa y comprensiva. No solía pasar mucho tiempo con ella, pero los momentos que estuve a su lado, siempre los disfruté.
— ¿Y tú p-padre?
—Ni idea, mamá decía: "Algún día vendrá, algún día lo conocerás, sólo espera"
—… ¿Te dan ganas de conocerlo?
—Antes sí, moría por haberlo conocido. Ahora, me es algo trivial, tengo otras cosas más importantes en las que preocuparme— suspiró un tanto pesaroso; se recostó sobre el pasto, puso sus brazos como improvisada cabecera. Quiso cambiar de tema—. ¿Qué hay de ti? Supongo no debió ser fácil ser la hija de alguien como Hiashi; ni hablar de la psicópata de tu hermana.
Hinata mordió discretamente sus labios. No se lo había dicho antes, pero se sentía con la suficiente confianza como para decirlo ahora:
—…De hecho, técnicamente es mi media hermana— el rubio pareció sorprenderse pues levantó amabas cejas y colocó cara de no esperárselo— … Mi padre se volvió a juntar y tuvieron a Hanabi; aunque al final la relación no funcionó, mi padre se terminó quedando con ella.
— ¿Y qué paso con tú verdadera madre? ¿La conociste al menos?
—Sí, tengo algunos buenos recuerdos…Pero, por alguna razón, no logro recordar que fue lo que exactamente ocurrió con ella; Mi padre dijo que huyó…Aunque—se quedó con la mirada perdida, pensativa, intentado buscar en sus adentros. Vagos recuerdos de su infancia resurgían rápidos como flashes a su memoria. Siendo ella apenas un pequeña niña, estaba parada frente a un cuarto, su padre salía de ella, cubierto de sangre, con la mirada opaca y un rostro perturbadoramente serio, y a sus espaldas, a penas lograba discernir una mano tendida en el suelo, otra vez esa mano ensangrentada, ¿De quién era esa mano? ¿Era de su madre? Hinata se tapó la cara con amabas manos, intentando parar esas trastornadas imágenes— ….No lo sé….N-No sé qué paso realmente.
Naruto se fijó en que no era buena idea continuar con el tema de su madre; no era su intención hacerla recordar cosas que no quería.
—Bueno, no importa. A veces es mejor así—cortó finalmente con el tema de su madre, prosiguió con otra cosa—. Y, entonces ¿Esa es toda tú familia?
—También tengo un primo.
— ¿Un primo? Vaya ¿Y cómo era él?
—De pequeña solía llevarme muy bien con él. Solíamos jugar juntos muy a menudo…—de repente, la imagen de dos niños jugando a la orilla de un canal de agua, vestidos con yukatas, prendiendo varitas chispeantes de juegos artificiales; mirando cómo se consumían con tan resplandecientes brillos en una noche fría; reían y se miraban entre ellos. Hinata sonrió con nostalgia—… Pero con el tiempo, también se distancio.
Finalmente el rubio optó por no seguir más con el tema de la familia, pues al parecer sólo hacían a Hinata poner cara triste.
—Ya veo, lamento tener hacer que hables de esto, se ve no te pone muy feliz.
—No, e-está bien, no te preocupes.
Otra breve racha de silencio hubo entre los dos. Naruto jugueteaba con su pie, moviéndolo de un lado a otro; fijó de un momento a otro sus ojos al perfil de Hinata, quién absorta seguía contemplando sus alrededores.
— Tenía curiosidad sobre otra cosa—habló sin previo aviso, tan abrupto que nuevamente hacían a la Hyūga dar un pequeño respingo—, cuéntame ¿Qué harás? ¿Qué harás después de que le pruebes al cabrón de tú padre cual valiosa persona eres?, ¿Qué piensas hacer? ¿Seguirás metida con los yakuza?
La chica entre abrió la boca, volvió a cerrarla, tragó un poco de saliva.
—No lo sé…Cuando llegue ese momento, espero haberme decidido.
El rubio se re acomodó, ahora, acostándose lateralmente, de modo que daba el rostro a Hinata más ampliamente. La mujer se inquieto otro poco más de solamente ver al rubio observarla firme.
—Bueno, sólo recuerda, que tú y nadie más que tú eliges.
La muchacha levemente juntó las cejas y respiró profundo. Sí, Naruto siempre tenía ese algo en las palabras para hacerla fortalecer.
—Naruto, muchas gracias.
El hombre agregó, al tiempo en que se colocaba nuevamente boca arriba:
—No te lo había dicho antes, pero, me agradas mucho, Hinata. Creo que, eres una gran amiga.
Hinata estuvo a punto de soltar una risa de felicidad; pero su semblante decía más que un millón de risas o vocablos. Se quedó muda unos segundos.
—Puedo hablar a gusto contigo sin problemas. ¿Tú no?
—…Sí. A mí…A mí me gusta mucho platicar contigo, N-Naruto. Me alegra, me alegra que me consideres de esa forma... Yo, y-yo siento lo mismo.
Quizá fuera lo mismo, pero con una pequeña diferencia que la chica, todavía se negaba a sí misma un poco.
Ambos se sonrieron mutuamente; Naruto jovial y casual, mientras que Hinata un tanto cohibida, con las mejillas encendidas, siendo opacadas por las sobras de las hojas reflejadas por el sol.
Su conversación se vio interrumpida, el celular de Nartuo sonó y vibró en uno de sus bolsillos; lo sacó de inmediato, atendió:
— ¿Hola?… —entrecerró los ojos, quedó con la duda en la cara—, ¡Oye, viejo, espera! ¡Deja y anoto en algo!... — se dirigió velozmente a Hinata, diciéndole con señas y gestos que anotara en lo que sea; la morena al no hallar nada con que apuntar, confió en su memoria; señaló su cabeza con ello diciéndole al hombre que lo memorizaría—. Listo, ahora sí, dime. Ajá, sí… ¿A las cuatro, cierto?...De a cuerdo, gracias, iré para allá en seguida.
— ¿Lo tienes? — dijo Naruto una vez finalizada la llamada.
—Lo tengo…
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El hombre venía muy pensativo en el camino; más de la cuenta. Fueron al menos cuatro veces las que se fijó en Hinata de reojo; la chica ni parecía notarlo, venía admirando lo bonito que eran las calles de Tokio. Ciertamente, no quería que Hinata mirara los paquetes; era estúpido, pues siendo lo que era, normal sería lo más correcto a decir. Pero, no quería, el tema de las drogas era otro asunto; sencillamente odiaba trabajar con ellas, experiencias del pasado hacían que las odiara. Dejarán o no mucho dinero igual las aborrecía, por eso, vergüenza era acceder a traficar con ellas.
Unas cuadras antes de llegar al lugar citado, Naruto se detuvo en una pequeña tienda de auto servicio.
—Perdona, Hinata, espero que no te moleste, pero ¿Podrías comprarme una botella de agua, en lo que yo voy al edificio donde me llamaron? De paso cómprate lo que tú gustes; ahora vengo.
—Sí, está bien…Pero…
—No te preocupes, si ves que tardo, ve al auto y espérame allí; estaré justo estacionado frente a esa construcción—apuntó a lo lejos al susodicho objeto. Hinata lo identificó con facilidad, a pesar de que la distancia no era muy favorable.
—De acuerdo…—aceptó con pesar.
Algo no iba bien, ¿Por qué Naruto no quería que fuera con él? Desde hace rato tenía ligeras sospechas; todo desde esa famosa y misteriosa "llamada". Observó el auto alejarse, dejándola atrás con el dinero en mano.
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Naruto entró al establecimiento sin más preámbulos, quería terminar con ello cuanto antes; no se percató mucho de sus alrededores, pero era obvio que el sitio estaba bastante solitario, sólo unos cuantos cochecitos aparcados a la distancia.
Fue recibido por un sujeto con chamarra, cubierto con una capucha y lentes oscuros; estaba en la entrada, justamente esperando por él.
— ¿Has venido tú solo?
El rubio se encogió de hombros, extendiendo las palmas de las manos a sus costados; con ello, enseñando una cara entre altanera y aburrida.
— ¿Ves a alguien más conmigo?
—Entra, esto será rápido.
—Eso espero.
Sí aquel hombre no hubiera tenido la boca cubierta por aquella enorme chaqueta, Naruto, seguro habría notado la pequeña sonrisa que se curvó en sus labios.
El lugar estaba abandonado; de hecho se notaba que se comenzaba a caer en pedazos; oscuro y con las paredes enmohecidas, húmedas, carcomidas. Cristales rotos; puertas faltantes, pisos rechinantes. El rubio se iniciaba a preguntar por qué Izuna lo citó en un lugar así. ¿Y quién era la persona que lo guiaba? Jamás lo había visto, aunque, Izuna y los Uchiha tenían muchos subordinados, no estaba seguro sí sería bueno sospechar de él.
Llegaron hasta el tercer piso, fue cuando el Uzumaki divisó a un hombre castaño, de traje blanco; el cual tenía a un enorme can con cadena, que por supuesto él sostenía.
— ¿Quién eres tú? — inquirió Naruto serio—, ¿Dónde están los paquetes de Izuna?
El hombre negó despacio con la cabeza, una sonrisa socarrona hizo presencia en su boca.
—Hombre, tú sí que eres tonto.
— ¿Qué diablos dijiste? — replicó el rubio, entornando los ojos molesto.
—Aquí no hay ningún paquete.
Dicho esto, Shino, quién estaba detrás del Uzumaki, sacó sigilosamente un arma; apuntó en la pierna de Naruto. Disparó. El rubio cayó al instante, con una mueca de extremo dolor y un grito ahogado. Él hombre que yacía herido en el suelo, intentó sacar su pistola la cual tenía oculta entre el pantalón. Kiba notó sus intenciones, frunció el seño.
—Ni te atrevas o te saca la mierda de la cabeza antes siquiera vuelvas a respirar—advirtió.
Shino le apuntó a la cabeza. Naruto alejó las manos de su cuerpo y las mostró vacías a los sujetos. El hombre de lentes oscuros le revisó y sacó la pistola sin dejar de apuntarle; lanzó lejos el arma una vez se la había despojado.
— ¿Quién mierda son ustedes? —preguntó Naruto finalmente.
— ¿Importan los nombres? Sólo tienes que saber, que te vamos a matar —respondió Kiba chacotero.
El rubio comenzaba a cabrearse. Sonrió con aires más que encolerizados.
—Entonces, si no hay nombres, me temó que les tendré que decir bastardos; ¿Quién carajo los envió, bastardos?
Kiba tronó los labios.
—Oh, cierto, él dijo que te lo hiciéramos saber antes de que te sacáramos la mierda por completo. No sé qué clase de estupidez habrás hecho tú o tu clan, pero, Hiashi Hyūga nos envió a cortar tú cabeza y, fue bastante lindo, a decir verdad, incluso te dejó un mensaje…Que iba…. Umh—se quedó reflexivo unos segundos, se dirigió a su compañero—, ¿Cómo te dije que iba, Shino?
—"Naruto Uzumaki, tú y tú clan de porquería no se volverán a meter con los Hyūga; irán a donde pertenecen todos y cada uno de ustedes, a la basura…"—finalizó con tono tranquilo.
—Qué lindo, ¿No te parece? —interpeló Kiba a Naruto, una vez escuchado el mensaje.
—Sigue siendo un amor ese hombre—comentó Naruto, aguantándose el insoportable dolor en su muslo; rió irónico—. No, la verdad que incluso sus mensajes son sosos y aburridos, como él.
Kiba soltó una carcajada.
—Lo mismo pensé, yo hubiera agregado algo como: Colgaré tú cabeza en la pared de mi puto baño una vez haya lavado con ella el maldito inodoro.
Ahora fue Nauto quien contuvo una risa.
—Eso suena más divertido—admitió—. Pero te tengo una mala noticia, bastardo; eso no será posible, porque seré yo quien corte sus ridículas cabezas y limpie mi culo con ellas. ¿Qué tal?
La sonrisa del castaño se desvaneció.
— ¿Te crees muy chulo, no? Déjame decirte que el que tiene una maldita bala en la pierna eres tú, no yo—recordó malhumorado—. Y, pronto tendrás otras diez más en tú cabeza, brazos, pecho y por qué no, en tú pequeña dignidad.
Naruto se río abiertamente. Hacía un excelente trabajo ocultando el maldito dolor que estaba experimentando.
—Adelante, quiero verte intentándolo.
La mirada provocativa y penetrante del rubio provocó el descontento del castaño.
—Joder, me das pereza, amigo. Nah, la verdad no te daré el gusto ni el placer de ser yo quién acabe contigo —tronó los dedos—. Shino, hazlo tú, dale un tiro rápido a la cabeza, o si quieres en el pecho u otra pierna, puedes divertirte un poco, si quieres. Pero, quiero acabar con esto cuanto antes e ir a comer; Akamaru y yo ya morimos de hambre.
Shino se reposicionó enfrente del Uzumaki, dirigió la pistola hacía él. Naruto le miró fijo con una pequeña sonrisita artera dibujada en sus labios.
— Fue divertido conversar contigo, adiós.
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La morena compró una par de botellas de agua, salió de la tienda con una bolsa de plástico llevando los envases dentro. Divisó el auto de Naruto a lo lejos; habían pasado unos cinco minutos desde entonces. ¿Esperaría allí afuera? Jugó un poco con sus pies antes de decirse encaminarse hasta el carro. No tenía porque enojarse, después de todo, él dijo que podía esperar dentro del coche si tardaba mucho; además, ¿Cuándo él se había molestado con ella?
A medio camino se detuvo. Escuchó un balazo a la distancia; una enorme ansiedad se apoderó de ella, corrió hasta legar frente al edificio. Su respiración era sumamente agitada.
"¿Naruto?"
Pensó más que preocupada. Pero el silencio hizo presencia, de repente, todo seguía como antes, normal. ¿Habrá sido su imaginación? Intentó calmarse. El vehículo estaba abierto, entró y se sentó a esperar dentro del asiento del copiloto. Se quedó absorta. No, el ruido de hace rato, definitivamente fue el disparo de una pistola, no tenía la menor duda. ¿Habrá sucedido algo malo?
Buscó su bolso, de él saco una pequeña pistola que había decidido guardar por seguridad. Salió nuevamente del vehículo, dirigió sus ojos hacía las plantas altas del edificio, vacilante si a adentrarse o no. Otro disparó. Sus ojos se abrieron de par en par. No había duda, corrió al interior de este.
Su respirar era pesado, no tenía que ser una genio para saber que tenía miedo; pero, su preocupación por Naruto era tan grande como para tragarse ese sentimiento y seguir adelante, subir las escalares, con cuidado de no hacer mucho ruido, sujetar la pistola firmemente.
— ¡Shino! ¿Por qué no le diste directo a la cabeza?
—Dijiste me podía divertir un poco.
—A la mierda con eso, dale ya en el cráneo. Me quiero largar a comer.
Escuchaba una no muy lejana conversación. Subió con más sigilo. Fue cuando finalmente pudo divisar a un hombre castaño y a otro con una enrome chamarra gris, un perro y…Sus pupilas temblaron, entre abrió la boca.
"¡Naruto!"
Se escondió tras una pared con seguridad de no ser vista aún por los sujetos. El corazón de Hinata latía con fuerza. Naruto estaba sangrando, mucho. Permanecía sentado recargado en una de las paredes respirando con dificultad. El sujeto de gris volvió a apuntarle, está vez a la cabeza. Hinata escuchó cargar el arma. Su respiración se hizo el doble de cargada.
"A veces tienes que tomar decisiones, en este mundo matas o te matan… ¿Y qué prefieres? ¿Perdonarle la vida a una persona que atenta contra tú vida o con la de tus seres queridos? ¿O acabarlo antes de que el acabado seas tú mismo?"
Cogió su arma con fuerza, salió corriendo de sus escondite, apuntó a la cabeza del sujeto de gris. Jaló del gatillo. Dos veces.
El hombre cayó muerto; Kiba pareció sorprenderse y luego descontrolarse.
— ¡Tú, puta vieja! ¡¿De dónde has…?!—el castaño sacó una pistola de entre su traje — ¡Te voy a…!
La morena encañonó a la mano donde el castaño portaba la pistola, volvió a disparar, con ello desarmándolo y provocando que su arma saliera despedida por la ventana.
Hinata fue directo hacia Naruto, Kiba se quejaba fuertemente, pues su mano había sido alcanzada por el tiro.
Apenas y a punto de llegar hasta él, el enorme perro que acompañaba al castaño, se abalanzó contra la mujer. Hinata soltó un grito; el perro le mordió fuertemente en uno de sus antebrazos, luchaba para quitarse al animal de encima. Tuvo que patearle intensamente en las costillas para arrojarlo lo bastante lejos, para así, poder volver a recoger su arma.
El canino se levantó con agilidad a segundos de nuevamente atacar a la mujer.
"Perdóname"
Y luego, disparó nuevamente, hiriendo al perro de muerte. Se desplomó a unos centímetros de ella. Hinata no perdió más tiempo, fue hasta Naruto, que ya no se encontraba lejos.
— ¡Naruto! — exclamó la chica, posando una mano tras la espalda del hombre y una a su estómago ensangrentado. Tenía mucho miedo, él perdía mucha sangre, estaba pálido.
—Hinata…— musitó con trabajo; llevó su mano a la cara de la chica, resbaló por ella, dejando huellas de sangre sobre su blanca piel; Naruto posó su mano sobre el antebrazo herido de la mujer; su sangre se combinó. Naruto frunció el entrecejo con fuerza—…Vete, largo de aquí…
Hinata sostuvo la mano de Naruto, apretó su agarre. Kiba por otra parte, fue hasta el cuerpo inerte de Shino, cogió el arma de su compañero caído. Respiraba frenético.
— ¡Hijos de puta! ¡Me los voy a cargar, me los voy a cargar!
La morena observó como el hombre los amenazaba con el arma. Ya no tenía municiones, pues utilizó la última en el perro. Intentó pensar en algo rápidamente, pero nada le venía a la cabeza ahora.
—…Huye…Déjame…
Escuchaba la débil voz del Uzumaki. Sonrió compungida. Lo abrazó y lo cubrió con su cuerpo; así ella recibiría la descarga y no él.
— ¿Por qué? — lo escuchó susurrar por última vez, antes de que se desmayara.
Hinata oprimió sus ojos y boca. ¿Por qué lo hacía? Ahora, no había tiempo para responder esa pregunta; pues, lo que más le interesaba en esos momentos era protegerlo.
Tiritó bruscamente cuando oyó la descarga de la pistola. Pero, no fue ella quien lo recibió; levantó la cara y halló a Kiba tirado en el suelo, muerto. Giró la cabeza, detrás de ella estaba un sujeto de gabardina blanca, cabello largo; castaño oscuro y, ojos perlados.
—… ¿Neji? — Pronunció perpleja—. ¿Qué haces aquí?
— Hiashi me envió a asegurarme de que este par asesinaran a Uzumaki Naruto — contestó, acercándose a ella—; no creí encontrarte aquí. ¿Por qué te quedaste con los Uzumaki? Hinata, tienes que alejarte de ellos, si no lo haces terminaras muerta.
Hinata reaccionó, y antes de seguir escuchando las explicaciones de su primo, recostó el cuerpo de Naruto sobre su regazo; le quitó el saco y lo amarró a su pierna con ello queriendo detener la sangre que fluía de esta. Se despojó de su blusa y la colocó sobre la herida que tenía por el abdomen. Lucía desesperada.
— Por favor, te lo suplico, llama a una ambulancia; necesita ser atendido de inmediato, si no…¡Si no morirá! — imploraba con lágrimas en los ojos. Sostenía con presión para detener el sangrado— Por favor…Por favor… Te lo pido, te lo suplico…
Neji la contempló; mesurado y callado. Sacó su teléfono:
"Hola, ¿Emergencias? Necesito una ambulancia en esta dirección, hay un hombre herido de bala"
Terminada la llamada, volvió con su prima quien seguía haciendo presión en la herida. No paraba de llorar. Neji observó a su alrededor. Aparte del castaño que él había asesinado, había otro sujeto y un perro. Neji había visto entrar a Hinata al edificio con pistola en mano. ¿Ella los habría matado? Había una enorme probabilidad que así fuera. Y luego, el cómo se lamentaba y sollozaba por mantener con vida a ese hombre que tenía bajo la comprensión de sus manos. La observó inmóvil. Con semblante sobrio le cuestionó:
— ¿Tanto te importa este sujeto? Dime, ¿Te has enamorado de él? ¿Es por eso que te has quedado con ellos?
La morena seguía llorando, no respondió al menos por un rato lo que su primo preguntó. Negó lentamente con la cabeza.
— No. Me he quedado porque no tenía a donde más ir; me quede, también, porque quería hacerme más fuerte y tener el reconocimiento de mi padre, por una vez en la vida. Este hombre ha sido muy amable conmigo, me ha ayudado y apoyado, no sólo él, también muchos otros de su clan.
— Hinata, entiende que no puedes quedarte con ellos…Te asesinaran si Hiashi se entera que todavía sigues aquí.
— No puedo, aún no. Entiéndelo, es la única forma en la que yo…
Dejó la oración en el aire, el llanto no le permitía hablar con claridad. Neji no dejaba de contemplarla; se quedaron sin decir nada por al menos un minuto. Después, el hombre volvió a hablar:
— Mantente oculta, entonces…— dijo, captando por unos segundos la atención de su prima— ; intenta no salir mucho a la luz junto con ellos. Así al menos podrás despistar a Hiashi por un rato. Te ayudaré, siempre y cuando me prometas que regresaras.
— Regresaré, tengo que… Pero, ¿Por qué haces esto por mí? Creí que me odiabas también.
Se encararon el uno con el otro.
— Tengo el deber personal de protegerte. No puedo permitir que algo malo te pase, se lo prometí a mi padre.
— Gracias, primo Neji, gracias.
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¡Su pulso y presión arterial es bajo! ¡Rápido, hay que estabilizarlo! ¿Qué tiene? Severa hemorragia, dos balas, una en la pierna y otra entre iliaca y lumbar izquierdos. ¡¿Y la chica?!; Mordida de perro en el antebrazo. ¡Diablos, no tiene pulso! ¡El cardiodisfibrilador!... ¡Rápido, rápido!, colóquenlo, ¡Listo! Uno, dos, tres, ¡Despejen! ¿Respuesta? Ninguna. De nuevo, uno, dos, tres, ¡Despejen!... ¡Nada!...Joder, otra vez; una, dos, tres, ¡Despejen!
¿Respuesta?
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Hot calpis*: Calpis es un refresco japonés no carbonatado, fabricado por Calpis Co., bebida es vendida como un concentrado que es mezclado con agua o en ocasiones leche justo antes del consumo.
Monaka*: es un tipo de wagashi (dulce japonés) hecho con un relleno de judía azuki emparedado entre dos barquillos delgados y crujientes hechos de mochi. Los barquillos pueden ser cuadrados, triangulares o tener formas más elaboradas: flor de cerezo, crisantemo, etcétera. Se sirven con té, y la pasta de azuki también puede incluir semilla de sésamo, nueces y pastel de arroz
Gadgets*: Un gadget o dispositivo electrónico es un dispositivo que tiene un propósito y una función específica, generalmente de pequeñas proporciones, práctico y a la vez novedoso. Los gadgets suelen tener un diseño más ingenioso que el de la tecnología corriente.
Cosplay*: es un tipo de moda representativa, donde los participantes usan disfraces, accesorios y trajes que representan un sujeto específico o una idea.
Semáforo azul*: En Japón, en vez de decir que el semáforo es "verde" dicen azul. Esto es debido que hace tiempo la palabra "verde" no existía como tal; por eso en muchas ocasiones se emplea la palabra "azul" para describir el verde.
Palacio del emperador*: situado en el centro de Tokio. El palacio sólo se puede ver por fuera, pero el día del cumpleaños del emperador (día 23 de diciembre) y el día 2 de enero, se hace una excepción y se abren las puertas para que la gente pueda entrar a las instalaciones.
Parque Hibiya*: El parque Hibiya se encuentra ubicado en el barrio de Chidoya (Barrio donde también se encuentra Akibahara). Situado muy cerca de las salidas de metro de la estación Hibiya, justo al lado del palacio del emperador.
