Aclaraciones & advertencias (este capítulo): Capítulo con contenido en violencia y gore –sangre y descripciones, aunque no muy gráficas, pero sí y posiblemente perturbadoras-. Vocabulario florido, ustedes saben que eso es el pan de cada actualización xD. ¿Y sí el capítulo 11 fue largo? Mis amores, este lo es más con sus más de 10,000 palabras. (Un record para mí).
¡Disfruta de la lectura!
.:Capítulo 13:.
Juventud dorada
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Parte II: Quiero ser un Yakuza.
Naruto sacaba grandes cantidades de aire por la boca, se preparaba mental y físicamente para esa conversación importante con su madre, así confesándole sus planes de vida. Cuando entró, ella leía lo que parecían unos pergaminos, se rascaba la cabeza, signo que su hijo identificaba como una lectura que seguramente la pelirroja no entendía; era obvio, pues él hacía lo mismo.
— Mamá…— captó sin mucho esfuerzo la atención de su progenitora. Se aclaró la garganta, sin rodeos, pues notaba que su madre con la mirada le ordenaba se apresurara con lo que sea le fuese a decir— yo, he decidió volverme un yakuza.
Kushina guardó compostura, mismo hecho que agradó a Naruto al creerse otra reacción por parte de su escandalosa madre.
— ¡¿Qué?! — Naruto se desinfló, demasiado bueno para ser cierto. Olvidaba que algunas veces su madre era lenta en asimilar las cosas— P-Pero ¡Creí que querías ser ginecólogo, tú sabes!
— ¡No, madre! Eso lo sugeriste tú— evocó Naruto con protesta, luego se ruborizo y miró a un rincón— …Y fue la vez que tú con tu infección…Bueno, tus cosas. Lo que sea, no importa…Lo he decidido.
Kushina se levantó del piso de madera, fue hasta su hijo y colocó sus manos sobre sus hombros.
— Pero, ¿qué te hizo cambiar de opinión tan drásticamente? ¿Estás seguro? De verdad, yo entiendo si no quieres serlo, de hecho, me gustaría que no lo fueras, así que, ¿Seguro?
Naruto le mantuvo la mirada, tenía el ceño arrugado y la boca comprimida, como señal de verdadera determinación. Claro que lo quería, y lo quería en serio. ¿Cuál fue el detonante de todo aquel embrollo? Nada más y nadie menos que Sasuke Uchiha. Se creía capaz de ser mejor yakuza que él, definitivamente está vez le ganaría en algo, confiaba en sus genes. Posó sus manos sobre los antebrazos de su madre, abrió la boca:
— Tan seguro como que no quiero ser ginecólogo y andar viendo vaginas el resto de mi vida…
Kushina torció la boca, mostrando una cara cargante.
— Muy bien, entendí el punto.
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— Escucha Naruto, una vez te dije que eras libre de tomar el camino que quisieses, pero eso no significa que yo no podría intervenir un poco en él— advirtió Kushina, sentada en un kotatsu* junto con su hijo quien se mantenía atento a lo que su madre le decía — . Y como ahora entras a mis territorios, estás son las reglas; más vale que las cumplas si no ten por seguro que te expulsaré valiéndome que seas mi hijo, intervendré si te pasas más allá del mal camino…Por lo qué, si quieres que te deje entrar sin problemas: En primer lugar, terminarás la preparatoria; en segundo lugar, no importa qué, me obedecerás a mí, Bee y a todos tus superiores en cada cosa que se te pida que hagas o digas— se reclinó, le clavo los ojos, serios y cuidadosos; alzó un dedo como señal inminente de advertencia. Naruto tragó en seco—. No drogas. Tabaco, alcohol, apuestas y mujeres, con moderación…Pero mientras este yo presente, que no te vea con ninguna de las tres anteriores porque te corto un meñique, tú sabes. Entonces, eso es todo por ahora, ¿estamos?
El muchacho asintió un par de veces para luego enseñarle una cándida sonrisa a su madre.
— Tan claro como el agua, de veras— garantizó Naruto, buscando algo sobre la mesa, aparte del té que tomaban— ¿Y ahora? ¿No se supone que intercambiemos copas de sake* para que mi integración al clan sea oficial?
Kushina extendió la mano para darle una pequeña trompada en la cabeza.
— Idiota, tú ya eres mi hijo, no necesitamos ese tonto ritual por esta vez.
— Oh…
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Pachinko*. ¿Qué diablos hacía en un Pachinko? Por supuesto, Bee lo trajo allí para que conociera ese pequeño negocio. Que por cierto, tan pequeño no era, debido a las grandes masas de gente que iban a jugar por horas y horas. Aún era menor de edad como para entrar a esos establecimientos, ¿Pero eso importaba siendo su compañero el grandote de Killer Bee, un más que habitual cliente y amigo del dueño? Fue como juego de niños el dejar su admisión. Mucho ruido, el de las maquinas, las pelotitas, las exorbitantes luces, los extravagantes adornos, el aire contaminado de tabaco, la gente bebiendo, parloteando o simplemente, absorto en su juego, así era el ambiente que se inspiraba. Naruto colocó una descompuesta cara, no era lo que se esperaba.
— ¿Qué hacemos en este lugar, Bee?
—Calma chico, te enseñaré un par de cosas este día. Es especial, ¿You know? Oficialmente eres parte de este grupo.
—Ah, pero yo te dije que quería ir a los tatuajes y a inscribirme a la escuela de artes marciales; esa de la esquina, enfrente de la pollería.
—A su tiempo, a su tiempo. Además, ya te dije que yo te iba a enseñar a pelear.
—Ya, pero quiero ser el mejor, tú sabes, doble entrenamiento no me vendría mal.
—Después de esto.
— ¿Está bien que me traigas aquí? Sí mi madre se entera nos pulverizará a ambos.
—Tranquilo, chico. Tarde o temprano tendrías que parar aquí, ¿Y qué mejor que conmigo? Tendrás supervisión y aprendizaje, dos cosas de un sólo gaje.
— ¿Y, qué me quieres enseñar?
—A jugar y apostar.
—Ba, ¿Yo para qué quiero eso? No me llama la atención a pesar de que este tipo de cosas caracterice a los yakuza. No es mi estilo.
—No importa, calla, observa y aprende; independientemente si es tu gusto o no, es bueno que sepas, pues como lo has dicho, esto nunca hace falta en la vida de un yakuza. Te lo digo, es negocio.
—Muy bien. Te haré caso. Sólo muéstrame rápido para poder ir ya a los tatuajes.
—Con que tengas el cuerpo todo pintarrajeado no te hará un yakuza. Sí no conoces bien como van las cosas te van a dar una paliza, y muy buena.
—Lo sé, ¿Por qué crees que quiero ir a esa escuela de artes marciales?
—Vale. Vale… A ver si con el tiempo te entra lo que te digo en esa cabezota tuya. Idiota, tonto.
Bee se sentó en una máquina, y muy a su manera le fue explicando el laborioso y gran arte del pachinko al joven que por sí fuera poco, no tuvo otra opción más que atender a lo que su maestro le decía. Comprendía poco y nada del asunto pues mucho interés no le nacía, bastaron repetir las instrucciones un par de veces más para que el muchacho captara.
—En resumen, sólo tengo que ganar el mayor número de bolitas para cambiarlas por dinero o algún premio especial, ¿no?
—Yeah.
—Y eso lo hago si esas bolitas caen en esos hoyitos, ¿Cierto?
—Cierto.
—Listo, pan comido ¡De veras! Ahora, a los tatuajes.
—Wou, wou, alto allí. Todavía faltan las cartas.
— ¿Qué? ¿Cartas? ¡Pero si has dicho que sería el pachinko y ya!
—Mentí.
— ¡Ah, Killer Bee! ¡Tú, grandísimo hijo de…!—su insultó fue interrumpido por la mano del grandote que le había cubierto la boca y, contra su voluntad lo arrastró a la zona de la baraja.
Las primeras horas fueron las más tediosas. A parte de que, a diferencia del pachinko, las cartas eran más difíciles de procesar y por ello andaba perdido hasta en las charlas; muchas reglas, juegos y estrategia. Y esta última, no era en absoluto su fuerte. Pero Bee le instruyó un par de trucos que para buenos ojos del Uzumaki, le fueron de utilidad. Le presentó, asimismo, a unos cuantos de sus conocidos; otros yakuza y bakuto*, apostadores y gente influyente del estado que concurrían a esos lugares.
—Hazte amigos de ellos. En un futuro pueden ser buenos aliados.
—Pero ya lo son, ¿No? De mi madre y tuyos.
—Ya lo has dicho, de tú madre y míos. No tuyos.
—Entiendo.
Y así lo hizo. Convivir con esa gente no era cosa del otro mundo, fue fácil para Naruto caerles bien, mientras no digiera algo que les resultara ofensivo; aquellos hombres eran agradables y hasta cierto punto educados. Bebían, fumaban, soltaban rebosantes y estrepitosas carcajadas; Naruto solamente se unía a los chistes y tomar una que otra copita de sake.
—Y dime chico, ¿Sigues virgen? —preguntó un hombre calvo y cuarentón, que formaba parte de la compañía. Naruto inclinó sutilmente la cabeza y alzó su par de cejas güeras.
— ¿Eh? ¿A qué viene eso?
—Pregunto, porque de ser así, conozco un buen lugar donde la compañía femenina es bastante buena.
—Ah, lo burdeles —captó el muchacho sin mucha importancia—. Ya he ido, pero nunca me he acostado con una mujer. No es como que no quisiera, solamente que ahora no tengo mucho interés. La verdad es que sonará anticuado y hasta estúpido, pero me gustaría hacerlo, al menos la primera vez, con alguien que al menos quiera.
Por supuesto, dicha respuesta fue objeto de burla. Sonó a oídos de los hombres, estúpido y anticuado; no, mejor dicho, infantil y cursi, había dicho uno. Naruto lo tomó a mal en un inicio, pero se acostumbró entendiendo como eran esa clase de personas, no tuvo más remedio que seguir la corriente y carcajearse a graznidos como los demás. Aunque no sintiera gracia por puñetero lado.
— Ah muchacho, me has caído muy bien. Digno es llamarte el hijo de Kushina Uzumaki, la habanero sangriento—aduló otro viejo, con enorme barriga y prominente papada.
— ¿Por qué le dicen así?
—Vaya, tú propia madre ¿Y no sabes del porqué de su honorífico?
—No. Dime—demandó sin ser grosero. Desde que Sasuke hizo mención de ello, a Naruto le picaba cierto deseo por saberlo. El señor esbozó una sonrisa de lado.
—No es difícil deducir el porqué, bien sabrás que tú madre enojada es muy… intensa. Se puede cargar a veinte hombres ella sola, dejando un desastre de charcos carmesís a sus alrededores. No es bueno hacerla cabrear, la mujeres de carácter son de temer.
—No lo dudo.
Y claro que no lo hacía, más que enterado estaba que podría llegar a ser un demonio. Aunque, todavía no conocía a fondo su faceta como jefa de una mafia, sólo sabía su faceta de madre, por lo que, una curiosidad lo abordó respecto el cómo era su progenitora en ese campo. No hubo más, después de pasar gran tiempo en aquel lugar y ya siendo la entrada de la noche, fue que Bee se decidió en llevar al chico a inscribirse aquel dōjō y luego a los tatuajes.
— ¡Qué bien! Mañana iniciaré a patear traseros—exclamaba más que excitado, andando junto a su robusto amigo de piel oscura. Bee sonría levemente, escuchando. Ya habían pasado a inscribir al muchacho a aquel dōjō. Mañana mismo iniciaría con sus primeras clases.
—Bien chico, si avanzas rápido puede que incluso practique contigo.
—Ah, ojalá, no me gusta que te contengas conmigo a la hora de pelear. ¿Y ahora? ¿A los tatuajes, cierto?
— ¿Seguro los quieres ahora? Eso puede esperar un poco más.
—Seguro. Cuanto antes mejor—contestó certero. Bee no pudo ocultar un sonido parecido a unas palabras compungidas.
—Sabes chico, desde hace rato tenía una duda.
— ¿Cuál?
— ¿Por qué el repentino cambio de opinión? Creí que odiabas todo esto y que no le encontrabas sentido a este oficio.
—Pues… —Naruto no tenía una respuesta concreta para eso. Sí, fue bastante apresurada la decisión, pero creía firmemente que sus razones eran lo suficiente buenas como para justificarlo. Por otro lado, sabía perfectamente que lo que él consideraba suficiente, para otros no lo bastaría—¿Cómo explicarlo? Le he encontrado un propósito.
— ¿Y ese es?
—Ser el mejor en esto.
— ¿Pero, por qué?
—Porque quiero serlo.
— ¿Y por qué quieres serlo?
—Para demostrar que puedo ser el número uno en algo.
— ¿Algo de qué? ¿A quién le quieres demostrar?
—A nadie. Olvídalo, deja de preguntar.
—¿Es ese tal Sasuke del qué me hablaste alguna vez?—Fue darle al clavo con ese comentario. Naruto se desconcertó y sus respuestas fueron una incoherencia producto del girón que dio su cabeza.
—Sí. No. Quiero decir, ¿Qué importa?
—Importa mucho, porque creo que eso no es una verdadera razón.
— ¿Y qué tienen de malo mis razones?
—No es que tengan algo de malo, sólo que para esto se necesita más que quererle ganarle al chico chulo de tú clase. Esto va más allá, pues estamos hablando que jugarás con tú vida y con la vida de tus subordinados. Sí quieres ser jefe algún día, tienes que cargar con un gran peso, ¿No ves a caso a tu madre?
—Sí lo hago, pero…
—Ojalá puedas verlo algún día—cortó Bee la oración de Naruto, con ese tono de voz decepcionado y no muy lejos de esperanzado —, pues ahora, parece que no lo haces, aunque te jactes.
—Venga, no me sermonees viejo—replicó molesto. Definitivamente no quería hablar más del tema, más que fácil fue parlotear de otra cosa y dejar esa conversación en el olvido— ¿Me llevaras a los tatuajes o no? Porque quiero algo cool y genial, sin lugar a dudas. Como los dragones que tiene mi madre en sus brazos, o un enorme e imponente tigre, o quizá una bestia mutante como la que tienes en la espalda.
Bee no pareció oponerse al cambio, sin embargo, todavía expresaba un gesto triste y preocupado.
—Eso no lo decides tú.
— ¿Cómo que no lo decido yo?
—La mayoría de las veces, es el tatuador, ósea el artista, quién diseña y escoge lo que grabará en tú piel.
—Ya. Pues vale, que me haga lo que quiera en cuanto sea fiero—puntualizó el joven con una confianzuda sonrisa, adicionó—: Aunque, quiero esos dragones sí o sí.
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Parecía una casa particular, sin ninguna dote propia o especial. De no ser porque Bee aseguraba estaban en el sitio correcto, Naruto hubiera creído era una sencilla vivienda de alguien normal de por allí. Pero, en palabras de su compañero, la casa pertenecía a uno de los artistas del tatuaje más reconocidos del Estado; y quizá, no sólo del Estado, incluía de igual manera al país. Ser tatuado por la mano y obra de Kentaro Inoue, era todo un privilegio. Pues su arte era considerado el más preciso, el más detallado y el más tradicional.
El clan Uzumaki era cliente desde yacía un tiempo. No fue problema que Inoue los recibiera sin previa cita. Era un hombre de mediana edad, de ojos bastante rasgados, sin mucho pelo en la mollera, una sonrisa afable que ocultaba y suavizaba rasgos duros y cicatrices de años pasados de su alargado y algo arrugado rostro.
—Tiempo sin ver a un Uzumaki por estos lares. ¿Quién ha venido por mis servicios? —interpeló el hombre dando paso al par dentro de la morada.
Era la sala principal más vacía que el joven presenció, no muchos muebles y realmente la luz natural y artificial entraba por doquier.
—Yo viejo—clamó Naruto sin cuidado, se giró al señor Inoue—. ¿Y sabe? Busco algo realmente grande y magnifico. Y más vale que lo sea, si no, olvídese de la paga.
—Pero que boquita tan altanera tiene usted joven amigo. ¿Quién es tú enclenque amigo, Bee?
—Es Naruto Uzumaki, hijo de la jefa, Kushina Uzumaki —contestó Bee con una socarrona sonrisa, pues el comentario de Inoue le causó más que risa, Naruto sólo observó ofendido. Al señor se le dibujó una afable mueca en los labios.
— ¡Ah, Kushina! Debí haberlo adivinado. Mismo palo, misma astilla. O mejor dicho, misma boca suelta.
—Bueno, bueno, menos platica y más acción. ¿Dónde me tatuará? ¿Aquí?
—Tranquilo amiguito. Deja y te guió primero a la habitación.
Y como dijo, los condujo a otra sala, que, si se podía todavía más, estaba el doble de alumbrada. En el centro estaba una mesa baja, pero bastante larga, donde era obvio se acostaba la gente para ser tatuada. Había además, muchos utensilios "raros" vasos para tinta y sin fin de materiales que eran necesarios para el tebori, ubicados tanto en el suelo, como en una repisa especial parecida a un closet donde se guardaban los futones. Naruto fue directo a la mesa larga y se sentó muy placentero, para luego expresar sus preferencias en sus futuros diseños:
—Podríamos comenzar con un dragón, o quizá un tigre, empecemos por la espalda ¿O prefiere los brazos?… ¿Qué me recomienda a todo esto, viejo?
—Recomiendo que cierres la boca unos cinco minutos. Yo soy un artista del tebori, no un vulgar tatuador de la esquina más barata de Osaka—manifestó Inoue, yendo a su repisa donde tenía todo el material, sin dar más explicaciones sobre el elaborado procedimiento de hacer los colores de las tintas que llevaba aproximadamente media hora, continuó con su charla—: Ahora bien, yo siempre inicio con el dorso, dejando al final las extremidades. En cuanto a los diseños,soy yo quien los decide; si yo quiero, puedo hacerte una mariposa.
— ¿Qué? ¿Mariposa? Ni loco, en ese caso no le pago ni un mugriento yen—protestó el muchacho antes que Inoue pudiera decir nada más. El señor rió, sólo un poco, por la reacción del joven y por lo siguiente que diría:
—Para ese entonces ya tendrás al insecto en tu espalda de por vida, me sería tan fácil engañarte y disfrutaría viéndote rabiar, aunque eso significara que no me pagaras por mi trabajo.
—No se quiera pasar de listo, viejo. A mí también me sería sencillo y divertido estrellar su cara en el suelo sí eso llegara a pasar.
—Naruto—reprendió Bee, sabiendo que su comentario se pasó de la raya.
— ¿Qué? El señor empezó.
—No seas idiota y tonto—regañó igualmente Bee y queriendo hacer un elogió, añadió—: Incluso las mariposas en manos de este hombre son estremecedoras y hermosas.
—Pero yo no quiero algo hermoso, sino impactante—objetó Naruto berrinchudo.
—Creo que ya sé que es lo que haré contigo—dijo el señor que miraba desde hace un rato al joven, muy reflexivo—. Sí, lo tengo. Destápate el dorso, rápido, antes de que me arrepienta de hacer esto contigo.
—Pero nada de insectos maricas, ¿Vale?—condicionó, para luego obedecer a lo que le decían.
—Incluso las mariposas "maricas" tienen su significado—empezó a explicar Inoue sin dejar de mezclar y elaborar la tinta—. Todos lo tienen, por ejemplo, el tigre que tanto me pides, es un emblema del Samurái, ferocidad; aleja a los demonios y a la enfermedad. El dragón, diferentes tipos de ellos, pero poderosos y atrayentes de la buena fortuna y el éxito. El tigre y el dragón se complementan entre sí, dos poderíos coexistiendo en un mismo circulo, así como el día y la noche cruzan en un crepúsculo, amanecer u atardecer. En cuanto a mi mariposa, es nada más que mi mariposa del infierno, que, en todo caso sí algún día llegaras a morir y fueras al infierno, la mariposa extendería sus alas y te sacaría de allí.
—Viéndolo bien, ese insecto no pinta mal—admitió Naruto, ahora tomando un nuevo punto de vista después de aquellas explicaciones; pues, siempre creía que los tatuajes eran eso, sólo tatuajes; meros dibujos que llegaban de ser a malos, bizarros, mediocres, buenos y excelentes o geniales. No sabía que tuvieran algún significado en particular, mucho menos que, fueran considerados como "arte". Aunque meditándolo bien, siempre les tuvo admiración, desde los dragones en los brazos de su madre que encanta ver y tocar cuando pequeño, hasta esas fieras que le vio a Sasuke aquella vez en el canal de agua — ¿Y qué más hay? —incitó, ahora curioso y con la atención más que regalada. Inuoe sonrió.
—Hay muchos tipos, tantos y numerosos, con sus variados significados, que no podría decírtelos todos en una sola sesión.
— ¿Cuánto tardará en cubrir todo mi cuerpo con la tinta? Ahora que habla de sesiones.
—Eso dependerá de ti. Cuanto tiempo resistas en cada sesión, establecerá el tiempo que me lleve terminar con mi trabajo.
—Entonces soportaré todo lo necesario con tal de terminar en un año.
— ¿Un año? Imposible—dictaminó burlón—. Muy pocos son capaces de aguantar tanto dolor. A pesar de todo, el tebori sigue siendo uno de los métodos más dolorosos y martirizantes. Podrás escuchar como las agujas penetran en tú piel, como los cinceladas te destrozan los nervios y como tú cuerpo sangra. ¿Podrás aguantar tanto dolor? Lo dudo.
Naruto arrugó el ceño, y como toro sacó aire de las fosas nasales.
—Viejo, no me provoque.
Inoue volvió a reír, dudaba de la fuerza y resistencia de aquel muchacho. Aunque, no gustaba de subestimar a las personas, le daría el beneficio de la duda antes de comenzar a perforar su piel con las agujas. Tardó su tiempo, pero en cuanto finalizó con la pintura, se dedicó a iniciar con sus diseños, que ya tenía grabados en la cabeza cual fotografías. Los primeros minutos, como era de esperarlo, Naruto soltó unos agudos y penetrantes quejidos; después y todavía con la mueca afligida, calló y se inmutó a soportar el terrible dolor que experimentaba. Los minutos se convirtieron en horas, y Naruto jamás pidió ni suplicó que Inoue se detuviera, aunque la idea cruzara todo el tiempo por su cabeza; fue el mismo artista quién puso el limite, pues ya era bastante noche y estaba tan fatigado de ojos y manos como para continuar. Pero al menos, el diseño principal ya lo había avanzado en gran parte.
—Mañana continuaremos. De ahora en adelante, todos los fines de semana, y entre semana por estas horas. Sí un día no puedes venir, avísame.
—Ok, viejo. Gracias—Naruto y Bee ya estaban fuera de la casa, despidiéndose del señor Inoue. El muchacho estaba adolorido hasta las uñas, pero no le fue inconveniente para preguntar sobre su rendimiento —. Y, por cierto, ¿Qué tal lo hice? ¿Terminará en un año?
El señor suspiró cansado, pero igualmente satisfecho por los "resultados".
—Pues, siendo franco...Olvidaba que eras hijo de Kushina Uzumaki. Quizá, siendo hijo de la persona cuya resistencia ha sido de mis elogios y admiración, resulte igual de fuerte que ella. Así que, si así serán las cosas, en un año podre terminar.
Naruto, siendo un muchacho nada modesto y jactándose de sus virtudes y victorias, por supuesto rió orgulloso. Sasuke dos años, ¿Y él? El solamente iba por el año.
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El cuerpo le dolía terriblemente debido a las sesiones de tatuaje y las clases de artes marciales, palizas y tebori no eran una buena combinación; por lo que, ese día no tenía ganas de trabajar, quería relajarse y divertirse un rato, sí, eso quería. Por la mitad de camino, Naruto se detuvo, con ello, parando igualmente a sus compañeros.
— Oigan, estaba pensando, ¿Por qué no vamos al karaoke? — propuso el rubio, colocando sus brazos tras la nuca. A Sakura la idea pareció no agradarle, dado el desaprobador puchero que colocó, Sasuke se mantuvo callado.
— ¿Pero qué dices, Naruto? Tenemos que terminar el trabajo, ya no falta mucho.
— Lo sé, por eso lo digo. Hemos trabajado arduamente, un descanso no hace mal a nadie— persuadió el mismo; Sakura estaba a punto de volver a replicar, de no ser porque el Uchiha se le adelanto.
— Por mí no hay problema. El día de hoy no me apetece hacer el proyecto.
— Pero Sasuke… — musitó extrañada.
— ¡Vamos, Sakura! Relájate— incitó Naruto, rodeando a la mujer con un brazo por la espalda, con las puras intenciones de tener algo de contacto con ella— , vamos a divertimos un rato, sólo por hoy. Mañana trabajaremos el doble, si quieres.
La chica relajó los hombros, curvó un poco los labios y se quitó de mala gana el pesado brazo de Naruto alrededor de su espalda.
— Muy bien, ustedes ganan— cedió, con un tono más que obligado—. Pero mañana le avanzaremos más, ¿Está bien?
Naruto se adelantó con más entusiasmo.
— Sí, sí, lo que ordenes Sakura.
Fueron hasta la zona más urbe de la ciudad; allí done las tiendas, los puestos y edificios eran un hecho innegable y destacable a la vista. Naruto los guió a aquel local, donde en deslumbrantes neones se leía "karaoke". Se adentraron a la recepción, pidieron una habitación privada para tres personas. Fueron guiados entre los pasillos divididos por salas que por supuesto, eran de diferentes formas y tamaños, dependiendo el número de gente.
Su habitación no era grande ni chica, tenía sus sofás, sus mesas, su máquina de karoke; pantalla, micrófonos, audio y los ostentosos catálogos de la música que se disponía. El cuarto alumbraba con luces azules, moradas, rojas y claras; dependiendo el gusto y ambiente que se eligiera.
— ¿Y bien, quién se anima primero? — incitó Naruto, tomando el micrófono.
— Paso— eludió Sasuke. Naruto tornó hacia Sakura, esta le alzó una ceja con total desaprobación.
— Ni me mires.
— Diablos— se quejó el chico— , entonces ¿A qué diantres vinieron si no van a cantar?
— Fue tú idea, canta tú primero si tanto quieres— criticó el Uchiha, cruzándose de brazos. Naruto tomó aquello como un reto, se acomodo la camisa.
— Muy bien, lo haré— aceptó sin mérito. Antes de tomar nuevamente el micrófono, se levantó y encaminó al teléfono el cual estaba pegado sobre una de las paredes para llamar a recepción—. Pero antes, deberíamos pedir algo de bebida, ¿no creen?
— Aún somos menores de edad—recordó Sakura, quién ya tomaba asiento junto a Sasuke.
— Vamos mujer, ¿Se te olvida tratas conmigo? Yo me encargo de eso — garantizó el Uzumaki vanagloriándose así mismo.
Ciertamente, tanto Sakura como Sasuke esperaban que mandaran a Naruto a volar, dudaban de que pudiera engañar a los de la recepción. Minutos más tarde, una empleada fue al cuarto con las bebidas y algo de botana. Las colocaron en el centro de la mesa principal. Los jóvenes quedaron sorprendidos; Sakura boquiabierta y el Uchiha levantando sus negras y finas cejas.
— Vaya Naruto, retiro lo dicho, eres un genio. ¿Cómo lo has hecho? — cuestionó Sakura, observando con antojo lo recién llegado. El rubio rió, se acercó a ellos y cogió un vaso.
— No hay imposibles para el gran Naruto Uzumaki.
— Excepto dejar de ser un idiota—fastidió Sasuke sin mucha conmiseración.
— ¡Imbécil, vuelve a repetirlo!
— Idiota.
— ¡Tú, cabrón…!
— Chicos, chicos, vinimos a divertirnos no a pelear — intervino Sakura justo antes de que ambos estuvieran por tomarse de los cabellos. Naruto exhaló fuertemente y dejó su bebida enojado; agarró otra vez el micrófono y se dirigió, ahora, con afable y galante voz a la joven.
— Cierto, Sakura, toda la razón. Ignoraré a este bodrio sólo por esta noche. ¿Y cuál cantaremos?
— ¿Cantaremos? — Reiteró la Haruno — Me suena a manada. Querrás decir cantarás. No sé, escoge tú.
Naruto liberó un pequeño resoplar desconsolado.
— Muy bien, pásame ese catálogo — pidió el rubio cortésmente a la chica. Abrió la pasta para poder ver la lista, colocó su dedo índice en las pistas, bajando poco a poco —.Veamos, japonesas, extranjeras… ¡Ya sé, una romántica! Especialmente para Sakura.
La joven aludida dejó de comer aquella barrita de chocolate, girando a ver a Naruto extrañada.
— ¿Ah, pero qué dices?
— ¡Sí, esta! — apuntó Naruto emocionado— De Utada Hikaru "firts love". *
— ¿Al menos sabes de qué va? Ni siquiera eres capaz de pronunciar bien el título en inglés— preguntó Sasuke sin mucho afán.
— No— admitió Naruto sin más —. Pero es muy popular hoy en día, y la letra es japonesa, así que no veo problema— se defendió con mucha suficiencia.
Se paró frente al televisor, escogió la canción y esperó su reproducción. Sus compañeros comían y bebían en lo que aguardaban aquel "espectáculo" montado por el escandaloso rubio. Un piano inicio la tonada junto con los tarareos de una mujer. La letra apreció, Naruto empezó a cantar:
El último beso tenía
un olor a tabaco
amargo y triste.
Mañana a esta hora
donde estarás
en quien pensaras
Sakura y Sasuke pusieron cara de espantados, se miraron el uno al otro.
— Canta horrible— dijo la chica.
— Estoy de acuerdo.
Naruto no oyó aquellos comentarios, andaba muy centrado en entonar la melodía como atender a lo que los otros dos decían. Poco a poco fue entrecerrando la vista, al darse cuenta de la letra de la canción.
Tú siempre vas a ser mi primer amor,
aunque me enamore de otra persona
recordaré amar.
Tú me enseñaste como,
tú siempre serás el único, ahora
todavía es una triste canción de amor
hasta cantar otra canción
— ¿Eh? ¡Un momento! — exclamó en cuanto la tonada hizo una pausa— Esta canción es más despechada que mi madre llorando borracha.
— ¿Y hasta ahora te das cuenta? — recriminó el Uchiha— Tonto.
— ¡Y que iba a saber yo!
— Pues ni modo, ahora termínala…— ordenó Sakura.
— Ya que—aceptó berrinchudo.
Sakura comenzó a tararear la misma tonada, a espaldas de Naruto. Sasuke la miró de soslayo.
— ¿Te gusta?
— Ah, bueno— se sonrojó un poco, jugueteando un poco con su cabello —…Sí me gusta.
— Ya veo — Sasuke miró de nuevo al frente—. Es una tonada relajante.
— Sí, lo mismo pienso. Pero también es muy triste, triste y hermosa.
Callaron uno segundos, continuando escuchando los cantos con gallos de Naruto.
— Dime, Sakura ¿No tienes miedo?
— ¿De qué? — la chica le observó, apreciando su perfil en aquellas tonalidades azules y moradas que el cuarto alumbraba.
— De mantener relación con gente como nosotros — aclaró Sasuke tranquilo.
— ¿Yakuza? — interpeló. Bajó la cabeza —Al inicio tenía algo de miedo. Pero ahora, todo es diferente. Ustedes son, son geniales chicos, no son malas personas.
El Uchiha viró hacia su dirección.
— ¿Cómo lo sabes? — Preguntó serio— No llevamos mucho tiempo tratándonos.
— Eso dices, pero lo sé — afirmó segura—. Puedo verlo, ver que no tienen malas intenciones, al menos no conmigo. De ser así, hace tiempo ya me hubieran hecho algo malo, pero no es así, es todo lo contrario. Además, estoy segura que aunque no lo admitamos, los tres pasamos muy buenos ratos juntos…
Los dos se mantuvieron la mirada. Sasuke cerró los ojos y dirigió su atención al rubio que cantaba, al parecer, con mucha pasión.
Tu siempre estarás dentro de mi corazón
siempre tendrás tu lugar
espero tener un lugar en tu corazón
hoy y por siempre
aunque eres el único ahora
todavía es una triste canción de amor
— Eso no significará nada dentro de unos años, quizá hasta meses — contestó el moreno indiferente—. No te conviene fraternizar con gente como yo.
Sakura se acercó más a él, peligrosamente, quedando muy juntos. La chica ladeó la cabeza, buscando los oscuros ojos de Sasuke. Este se los concedió.
— No me importa quienes son, lo que hagan o de donde vengan…— expresó la joven con cierto sentimiento— Sasuke yo…Te tengo un gran aprecio y, pase lo que pase, dudo que este sentimiento que tengo hacia ti desaparezca así como así…Por eso yo, no me gustaría distanciarme de ustedes, no me gustaría dejar de sentir esto cuando estoy junto a ti; me siento feliz con ustedes, contigo. Estos momentos en los que los tres estamos así, los disfruto mucho.
Era como sí, ambos se hubieran perdido en los ojos del otro. Sasuke contemplaba el brillo de aquellos ojos verdes, cierto estremecer recorrió su ser. Cortó el contacto visual.
— Entonces, disfruta mucho este presente— finalizó cortante. Sakura mostró una pequeña sonrisa afligida.
Tu siempre serás mi amor
aunque me enamore de otra persona
yo recordare amarte
tú me enseñaste como
tú serás el único ahora
todavía es una triste canción de amor
hoy y por siempre...
— ¿Qué tal Sakura, te gustó? — preguntó Naruto curioso, una vez terminada la canción, agregó—: No era la letra que esperaba pero…El sentimiento es lo que cuenta.
Sakura le mostró una dulce sonrisa, que provocó el corazón del rubio detenerse por un segundo.
— Ah, sí Naruto…Fue muy bonita— respondió con tono afable. Adicionó igualmente—: Sabes, me han dado ganas de cantar también.
— ¿En serio?
— Sí. Anda, pásame ese catálogo.
Naruto hizo caso y le paso la larga lista de canciones. Sakura no tardó mucho en hallar una la cual interpretar.
— Quiero esta—indicó la chica. Naruto se acercó para leer la seleccionada.
— Ayumi Hamasaki "Trust"* — leyó en voz alta. Dudó unos segundos— No me suena.
— Pero si es muy conocida también— afeó la chica indignada —¿Pues qué música oyes tú?
— Lo que sea está bien, siempre y cuando me agrade.
— Vaya, que gran respuesta—le dijo con tono sardónico—. Como sea, ahora la escucharas.
— Muy bien.
La chica se paró frente a la pantalla. El vídeo se empezó a proyectar; el oleaje de un azul mar, el nombre de la interprete y luego de la canción, la dulce melodía resonando. Las letras aparecieron, Sakura inició:
Nunca he creído en el hilo rojo del destino.
Pensaba que era algo que tenías que conseguir.
El mundo gira a mí alrededor a una velocidad increíble.
Y me cansa,
A pesar de que he buscado amor y una mano que me ayudase.
Tanto Naruto como Sasuke apreciaban el buen cantar de la muchacha; clara y aguda. Era en contraposición de Naruto, una voz mucho más deleitable al oído. Sakura cerraba los ojos mientras seguía baleando. Los chicos bebían y comían sin dejar de prestar atención.
Espero alcanzar mi "yo" ideal algún día
Sentía que podía ser más fuerte
Desde el días que me encontraste
Porque puedo estar orgullosa de mi misma
No quiero abandonar nunca
Y decía adiós con la mano al pasado que me molesta
Tú fuiste la primera persona que me dijo
Qué es lo más importante.
Fue una canción relativamente corta. En cuanto finalizó, ambos hombres le aplaudieron momentáneamente; siendo Naruto el que opacará a Sasuke con sus fuertes y retumbantes ovaciones.
— ¡Excelente Sakura! ¡Cantas hermoso, de veras!
La chica volvió a tomar lugar, sentándose justamente en medio del par, dado el gran espacio bacante. Sakura sonría algo avergonzada y un rubor cubría sus mejillas, no discerniendo sí por la bebida o los elogios.
— ¿Hablas en serio? Pues muchas gracias —respondía modesta. Se mordió lo labios y se tornó hacia Sasuke— ¿Qué tal, Sasuke? ¿Lo he hecho bien?
El Uchiha tuvo que volver a prestar atención a la joven, ya que, en unos segundos se había vuelto a desinteresar por el tema. Arqueó ambas cejas.
—Lo has hecho bien.
Sakura sonrió de oreja a oreja al oír aquella respuesta. Tanta era su emoción y, quizá también el alcohol que había consumido dado que ya empezaba a hacer sus efectos, que con el micrófono todavía en mano, se lo extendió a el Uchiha.
—Ahora tú, Sasuke.
—No, gracias. Paso — dijo con ceño reprobatorio.
— ¡Vamos, imbécil! — Se sumó Naruto — Todos estamos cantando. Deja de comportarte como anciana y diviértete un poco.
—Por favor, Sasuke— insistió Sakura rogona— Aunque sea sólo una. Una, por favor ¿sí?
El Uchiha, por más seco y firme que fuera, no podía negarse ante tanta presión; menos decirle que no a esa cara tan suplicante. Los ojos de Sakura destilaban sino pura ilusión. El moreno emanó resignado.
—De acuerdo.
El muchacho tomó el micrófono que Sakura le tendía. Cogió también el catálogo de las canciones, se puso a rebuscar en la lista a espaldas de los otros dos, quienes por supuesto le observaban con curiosidad. Sasuke al parecer halló lo que buscaba, seleccionó la pista y la puso a reproducir.
— ¿Cuál vas a cantar? Espero no una de los pokemon — se mofó el rubio, estando sentado con las piernas abiertas y bebiendo hasta el fondo lo último de su bebida alcohólica.
—Imbécil — espetó el Uchiha, sin molestarse en mirarlo.
—Silencio, Naruto—amonestó Sakura —. Déjame escuchar.
El joven se encogió de hombros. Si era Sakura quien lo callaba, otra cosa no podía hacer más que hacerle caso. Además le gustará o no, igualmente le entraba curiosidad del como cantaría aquel "soquete". Esperaba que no cantara mejor que él; es más, deseaba el Uchiha entonara igual que una hurraca, incluso ya se lo había imaginado fuese así.
Mientras tanto, el vídeo ya se apreciaba en el televisor. El sonar de los platillos de una batería, un ruido sutil y delicado; un bajo, el rostro de un hombre, cabello largo, negro y ojos oscuros. Sakura ahogó un gritillo emocionada. Sasuke tomó el micrófono con entereza, se lo acercó a la boca, abrió los labios:
Dormí ligeramente contigo enfrente del espejo, con la luz
carmesí en la punta de los dedos.
Tu mano repentinamente me mostró mis debilidades y se cerraron
mis labios.
Ese día nosotros nos hicimos una promesa,
ahora ninguno de nosotros la puede recordar
La chica estaba que hiperventilaba, Naruto expresó cara de espanto. Sasuke, estaba lejos de cantar mal; su voz era varonil, gruesa y clara, quizá hasta un poco ronca, dándole un toque más sugestivo. El rubio se cruzó de brazos, obviamente irritado. Abrió otra bebida alcohólica, para desahogar aquel gran disgusto que se llevó.
— ¡Sasuke, cantas hermoso! — vanagloriaba la chica, igualmente bebiendo a grandes sorbos.
—Ni tanto…— desmoralizó el Uzumaki obstinado—, de cualquier forma, ¿Quién es el marica de labios pintados del vídeo?
—Es Buck Tick*, tonto — contestó la mujer enojada, debido al despectivo comentario de Naruto. El rubio, colocó cara de no entender ni "pe" de lo que Sakura dijo.
— ¿Qué? ¿Bucko tiqui?
¿Por qué no soy como el viento, como las nubes? ¿Por qué no
hay ninguna pluma que flote sobre el cielo?
¿Por qué no soy como las estrellas, como la luna, envuelta
por todo? ¿Porque no hay ninguna pluma que se hunda bajo
la noche?
Sasuke no prestaba atención a nada más que a vocalizar a la perfección esa canción. No era que Buck Tick fuera su preferido, más bien, era de los cantantes cuya voz le salía con más naturalidad. No terminó de cantar la letra, se quedó por el minuto tres, dado que el vídeo en realidad duraba unos seis. No le gustaba cantar, de hecho, lo odiaba; pero esa era una ocasión donde prácticamente se vio obligado. Claro que no iba a terminar de entonarla, su propósito era que ese par que tenía detrás lo dejarán tranquilo, y sí canturreando un momento lo conseguiría, entonces, lo haría.
Retornó a su lugar dejando todavía la pista reproduciéndose.
— ¿Tan pronto terminó? — cuestionó el Uzumaki con una vaso de alcohol en la mano. Sus mejillas habían agarrado color, al igual que las de Sakura, arrastraba sutilmente la lengua y río cual tonto perdido— ¡Qué bueno!
—No le hagas caso, Sasuke—ahora era la chica cuyos gestos y movimientos eran parecidos a los del rubio—. Has cantando hermoso. Pero, ¿Por qué dejaste la canción a la mitad?
Sasuke arqueó una ceja, bastante confundido y meramente sorprendido por el estado de esos dos.
—Los dejo apenas tres minutos y ya están borrachos—comentó el moreno, girando el cuello apenas un poco, con ello revelando un semblante desconcertado.
—Pero que tonterías dices—dijo el Uzumaki, restando importancia a sus palabras con una mano—. Yo no me emborracho con facilidad—aseguró desinteresado.
—Has esto—Sasuke se llevó la mano derecha a su oído y la izquierda a su nariz; intercambió consecutivamente de posición cada mano, cruzando una con la otra tocando los lugares que la anterior había tomado. Naruto frunció levemente el ceño, tomando eso como reto, copió exactamente los movimientos de Sasuke, solamente que a diferencia del Uchiha, este los hacía más lento.
— ¿Ves? Fresco como lechuga.
—Más rápido.
Naruto intentó hacerlo a más velocidad, pero sus manos le fallaron y terminó por hacerse un embrollo el mismo.
—Mierda… —chistó por lo bajo—, eso no demuestra nada, sigo sobrio.
—Sasuke ¿Por qué no tomas un poco más? —ofreció Sakura un vaso de bebida —. Tu garganta necesita hidratarse.
— ¿Y terminar igual que ustedes? No, gracias—rechazó orgulloso. Naruto rió altanero, lo que causo la atención del moreno sobre él.
—Me lo esperaba de ti—soltó Naruto con suficiencia—. Eres un ñoño que de seguro ni sabe tomar. ¿Por qué te haces el santo? Seguro ya has bebido antes siendo lo que eres. O tal vez si tenga razón y en serio no sepas ni beber, que vergüenza. Ñoño, ñoño. Al menos al fin te derroto en una cosa—se jactaba mordazmente y ciertamente muy feliz, cosa que no paso por desapercibido por el moreno; era fácil irritarlo, o más bien, Naruto lo hacía rabiar fácilmente. Tronó la boca y arrugó suave la nariz.
—Imbécil—espetó el Uchiha tomando un tanto brusco la bebida que Sakura le ofrecía. Perder ante un perdedor como Naruto, jamás. Se lo bebió hasta el fondo y, terminado el líquido dirigió una mirada engreída al rubio que por supuesto ya sonreía ante el oficial grito de enfrentamiento que Sasuke le hizo.
Antes de darse cuenta ambos habían terminado en una competencia de a ver quién bebía más; para ello se pidieron tres rondas más. Uno, dos, docenas de vasos terminaban regados por el cuarto. El trío terminó más que mareado y, para cuando cobraron un poco de conciencia se dieron cuenta que estaban cantando frente al televisor del karaoke.
— ¡Mira, esa, ahora pon esa! —señalaba Sakura eufórica, cogida del brazo de Naruto.
— ¿Esa? —se cercioró el Uzumaki que veía la pantalla doble— Se me hace conocida, Ohguro Maki.
—Es la que canta en el ending de Slam Dunk.* —aclaró Sasuke, que para su futura sorpresa, estaba igual de ebrio que los otros dos.
— ¡Oh, cierto! —Exclamó Naruto— Amo ese anime.
— ¡Igual yo, igual yo! —vociferaba Sakura, tambaleándose un poco. Hipeó un par de veces antes de hacer una pequeña observación —… Saben, ahora que lo pienso, ustedes dos son como los protagonistas.
— ¿Qué? ¿A qué te refieres con eso, Sakura? — interpeló Naruto confundido.
—Sí, sí…Piénsenlo, Naruto es como Hanamichi y Sasuke como Rukawa. Ambos se pelean y no se tragan, pero en realidad y muy en el fondo los dos se aprecian, se ayudan mutuamente y finalmente son un gran equipo.
— ¡Ni de broma! — gritó Naruto, separándose brutalmente del lado de Sasuke, los cuales estaban a una distancia que de no ser porque andaban mareados, hubieran tachado como inadecuada y hasta un poco gay —. Yo odio a Sasuke hasta la médula.
—Un sentimiento recíproco—agregó Sasuke petulante.
—De acuerdo, entendí…Con un simple "no" bastaba—se cruzó de brazos un poco ofendida por tan ásperas reacciones, aunque, volvió a reír como loca a los pocos segundos, debido a los efectos del alcohol.
.
Cantaban y bebían, bebían y cantaban. Ya no podían ni sostenerse en pie. Reproducían una tras otra, sin descanso o tregua.
— ¡Ahora una extranjera! — clamó Naruto, cogiendo el libro de las canciones. Sakura se lo arrebató de las manos.
— Yo la busco.
—Pero no en inglés—advirtió el Uzumaki con un ligero siseo.
—Entonces, ¿Cuál? — cuestionó Sasuke con cara aburrida.
—… ¡Esta, esta de aquí! —señaló eufórico, con el dedo sobre la página y la línea de dicha canción. Sakura le retiró el dedo con un manotazo para poder leer.
—"La macarena" —leyó con dificultad.
—No sabemos español —aseveró Sasuke, empezando a cerrar los ojos.
—No importa—Naruto se levantó y buscó la pista en el reproductor—, igual sólo vamos a leer la letra.
Dale a tu cuerpo alegría Macarena
que tu cuerpo es para darle alegría y cosa buena
dale a tu cuerpo alegría Macarena
¡Eh! Macarena ¡Ay!
No era fácil seguir los pasos de las esbeltas chicas que danzaban en el clip. Los tres chocaban los unos con los otros, y todos, inclusive el orgulloso Sasuke Uchiha, estando en estado de ebriedad, movía muy desmañado las caderas. No cantaban, sólo hacían la finta de hacerlo, pues su español era más que terrible. Sus cantos eran más semejantes a los alaridos de hurracas o gente completamente loca.
Dale a tu cuerpo alegría Macarena
que tu cuerpo es para darle alegría y cosa buena
dale a tu cuerpo alegría Macarena
¡Eh! Macarena ¡Ay!
Terminaron por correrlos del karaoke al no tener más dinero para pagar más horas.
.
Tambaleándose por las calles, decidieron parar a descansar en un banquillo, y más que a reposar era para que el mareo sucumbiera un poco estando quietos. Estaba por demás mencionar que era de noche, y el frío estaba presente en el sutil aire que soplaba. Sakura en medio de ambos, y con más conciencia de sus actos que largos minutos atrás, miró su reloj de muñeca:
— ¡Mierda! Mis padres me van a matar—chilló desesperada—. Donde no llegue antes de las diez me van a castigar…Peor, seguro y de una golpe no me salvo. ¡Y sigo ebria! ¿Qué voy a hacer?
Sonaba y se mostraba tan desesperada, tanto, como para incluso soltar unas cuantas lágrimas. Naruto la rodeó con el brazo y le transmitió calor sobándoselo. Sasuke sólo la escuchaba con expresión seria.
—Tranquila Sakura—articuló Naruto con un entrecortado respiro muy profundo—. Nada que un buen café bien cargado no cure.
—Hay una tienda de veinticuatro horas, justo allá—indició el Uchiha que de inmediato se había puesto a buscar algún establecimiento donde se vendiera el dichoso café.
— ¡Perfecto! —exclamó Naruto, poniéndose en pie. Sakura mostró cara aturdida y luego razonante.
—Pero— interrumpió la chica confundida — no tenemos dinero para pagar café, lo gastamos todo en el karaoke.
— ¿No les queda ni un yen? — interpeló Naruto, buscando en sus bolsillos.
—Yo tengo—ratificó Sasuke, sacando de su mochila unos cuantos billetes y monedas. Naruto abrió la boca indignado.
— ¡Mentiroso! — acusó el rubio, señalándolo con el dedo— Habías dicho que ya no tenías para pagar más horas, con eso alcanzaba para un par más.
—Imbécil—escupió el Uchiha despectivo—. Borracho y todo, aún resguardo mi dinero para este tipo de situaciones. No soy tú para despilfarrarlo todo a lo estúpido, estúpido.
Sakura suspiró pesadamente, pues sabía que a continuación vendría la pelea verbal que duraba al menos cinco minutos.
.
Dicho y hecho, pasados los cinco minutos, fue que se decidieron a ir al local a comprar tres vasos de cafés sumamente cargados y calientes.
—Creo…Creo que está funcionando—afirmó Sakura, una vez le había bajado más de la mitad al vaso. El mareo ya no era tan intenso y de estar a tres sentidos, paso a sus cuatro sentidos.
—Muy bien, con otra taza y estaremos como nuevos—aseguró el Uzumaki, yendo por otro.
—No recuerdo haber dicho que te iba a pagar tus cafés—dijo Sasuke que igualmente estaba a punto de terminarse el suyo.
—Me la suda si no lo haces, yo solo me las puedo arreglar.
—Como quieras.
Al final y para evitar una insoportable pelea con el encargado de la tienda de que Naruto no iba a pagar lo consumido y seguro echarse a la fuga, Sasuke pago por todo.
—Muchas gracias, Sasuke—decía Sakura con una infantil sonrisa—. Prometo que te pagaré mañana.
—Igual yo—dijo Naruto a regañadientes y con poses muy discretas.
—Hmph.
Acompañaron a la mujer hasta una parada de autobús, que a pesar de que su casa no estuviera tan lejos, era necesario por ser tan tarde y por la prisa que llevaba.
—Es seguro que no olvidaré está noche—comentaba Sakura sentada en los bancos que ponían para aguardar el carro. Los chicos estaban a su lado, de pie, recargados en los postes del mismo banco, escuchando lo que la chica les decía—. Es la primera vez que tomo tanto alcohol, ¡Y todo fue tú culpa, Naruto! —atribuyó la Haruno alzando la voz. Naruto se encogió de hombros mostrando cara adolorida.
—Perdón, perdón…Prometo que para la próxima nada de alcohol.
— ¿Para la próxima? —repitió Sasuke escéptico. Naruto enarcó una ceja y sonrió pillo.
—Vamos, la pasamos bien después de todo, ¿qué no?
—Hicimos muchas cosas vergonzosas…—recordó Sakura, haciendo alusión a la macarena. Suspiró pesarosa, pero con ello descargando aquellos penosos ratos. Admitió—: Pero sí, confieso que la pase bien. Aunque ahora me duela la cabeza.
—Pasara en unas horas—aseguró Naruto esbozando una sonrisa muy cómplice.
—Ya vine el servicio—anunció Sasuke, advirtiendo al bus que venía desde lo lejos. Sakura se levantó, lista para abordarlo en cualquier instante.
— ¿Qué hay de ustedes? Supongo se irán a su casa también, ¿no? —preguntó la chica segundos antes de que el carro estacionara. Ambos chicos afirmaron con la cabeza, dejándola más tranquila — Entonces, hasta mañana. Vayan con cuidado.
A los pocos minutos después de que Sakura partió, ambos chicos se quedaron solos, callados, esperando que alguno hablara. Se dirigieron la vista mutuamente, destilando aires incómodos.
— ¿Qué rumbos tomas? —se animó a preguntar Naruto finalmente.
—Este—respondió el Uchiha a secas. Sasuke notó como el rubio entrecerraba los ojos y con el puro gesto delataba estar pillando donde diablos estaba el Este. Suspiró abdicado—…Sí no lo sabes, el Este queda por allá—señaló con el dedo, obviamente el Uzumaki tomó eso como una ofensa más que como una pequeña ayuda.
—No me tomes por tonto, se donde queda el mentado Este.
—Como sea, me voy—Sasuke rodó los ojos, dio una media vuelta y marchó; Naruto, para su sorpresa, le siguió el paso.
—Espera, yo también voy por esos lares.
—Nh.
— ¿Vas hacia tú casa?
—Sí.
—Ah.
Caminaron un gran tramo en completo silencio. Naruto, pensaba cual raro era aquella situación; irse en compañía de Sasuke, pasar toda una tarde y parte de la noche con aquella persona que de cierto u otro modo decía no tragar ni con agua. Aunque, también admitía que era la primera vez en muchos años que no se divertía de aquella manera en compañía de ¿Amigos? Con Sakura, puede que no fuera una declaración oficial, pero de que la consideraba su amiga, ya lo hacía y desde hace tiempo —claro que, el buscaba algo más con ella, pero eso pensaba en obtenerlo después—. ¿Y Sasuke? Aquel sujeto poco hablador, que no era tan poco hablador cuando andaba algo pasado de copas. Increíble su actuación de horas atrás, rememoraba el rubio con una guasona sonrisa.
Naruto miró de soslayo al Uchiha, el cual andaba unos pasos por delante, se le erizó el vello de la nuca, un escalofrío de repulsión, inminente signo de desaprobación. No, no podría considerar a ese sujeto su amigo, ¿O sí? Ya lo había dicho, lo odiaba y ni con agua o aceite se lo pasaba. Volvió a enfocar su serena figura. ¿Y en verdad lo hacía? Después de todo, le salvó la vida en una ocasión, estaba en deuda con él; y por supuesto ¿Qué hay de esa tarde? Sasuke solía apoyarlo en sus locuras—muy a su manera, pero lo hacía—. Quién sabe, incluso discutir todos los días con él era ameno y hasta entretenido. Pensó, que ese odio que sentía por el Uchiha no fuera más que una excusa de que verdaderamente y muy en el fondo sólo estaba un poco celoso de él, porque diablos, él era el señor perfección. Un poco de envidia y rivalidad latente era lo que caracterizaba especialmente su extraña relación. Fuera de eso, si las cosas hubieran sido distintas, si él se hubiera acercado desde el principio a él, antes de crearse esa enemistad, probablemente las cosas fueran un poco más distintas de lo que eran ahora, pues sabía de antemano que muy, muy en el interior, Sasuke resultaba ser no tan mala persona. Mierda hasta tan mal ya no le caía. Se dio un par de zapes que su acompañante notó y que catalogó como: "este sujeto está chiflado", sin más tuvo que ignorarlo.
El Uzumaki al ir en sus dilemas mentales, no se percató que ambos transitaba por una calle bastante sola y además, calificada como peligrosa; debido a sus estrechas avenidas, sus cuantiosos callejones pequeños, oscuros y de ambientes aciagos.
—Oye, estos lares son peligrosos, Sasuke, ¿Qué hacemos aquí?
—Es un atajo para mi casa y probablemente la tuya también.
—Ya, pero estos son territorios de otros, ¿Lo sabes, no?
—Sí, y por eso pasaremos rápido.
—No sé, esto no me da buena espina. Qué tal si…
—Deja de lloriquear, miedocito.
— ¿Eh? , ¡Sasuke!
Y antes de que pudiera darle una patada en el culo, un par de enormes y gordas manos lo sujetaron por los hombros. Naruto se viró para encarar al sujeto que se entrometió en la paliza que le iba a dar a su compañero, obviamente para darle el mismo trato. Quedó helado cuando se fijó que era un enorme hombre con toda la pinta de ser un maleante. Robusto, feo y con el ceño fruncido; ropas raídas y sucias, sin mencionar los tatuajes de sus brazos que se admiraban claramente.
— Mocosos, denme todo su dinero—habló el sujeto, tenía toda la seriedad que era irrefutable pensar era una broma. Con todo, ambos chicos no parecían atemorizados. Naruto cerró apenas un ojo y puso cara de no comprender nada.
— ¿Qué?
Entonces, otro hombre salió de las sombras, detrás de Sasuke. Mismas fachas que el primero, sólo que más delgado y chaparro.
—Ya escucharon, objetos de valor, dinero, sáquenlos.
— ¿Y sí no? —retó Naruto bastante gamberro.
—Les cortamos el cuello—el hombre situado aún detrás de Sasuke, sacó una enorme navaja, cuyo filo brillaba bajo la tenue luz pública. Naruto aupó las sobrecejas, más calmado y de entender la indirecta muy directa.
—Oh.
Fue entonces que Naruto y Sasuke, como si lo hubieran planeado y estado de acuerdo, tomaron a sus respectivos agresores por los brazos y los hicieron caer contra su propio peso. Claro, Naruto sabía hacer eso debido a sus clases tomadas de artes marciales y sus prácticas con Killer Bee. Y Sasuke, no era de sorprender que también tuviera su propio entrenamiento personalizado. Los hombres cayeron de lleno al suelo, escuchando como sus carnes estampaban contra el pavimento, se quejaron de dolor y los dos jóvenes salieron disparados huyendo. Toda iba perfecto, ambos reían y sonreían por esa pequeña aventura que habían tenido, la adrenalina recorría su cuerpo como arroyos de río desembocado. La cosa iba perfecta y hasta divertida, de no ser porqué no advirtieron que no eran el único par de maleantes en la zona. No, desgraciadamente aquellos hombres iban a todos lados como manadas y parvadas, como las cucarachas que proliferan en una coladera. No fue nada lindo cuando los rodearon e hicieron meterlos y acorralarlos en un callejón —para colmo e irónicamente — sin salida.
—Tú los tres de la derecha, y yo los dos de la izquierda —propuso Naruto, ocultando sus temores bajo una sonrisa ambigua. Sasuke, aunque no lucía la falsa confianza que el rubio, se mantenía más serio y con las pies más clavados en la tierra. Podría decirse que la repartición de adversarios fue injusta, pero no era la culpa de ninguno que fueran un número impar aquella banda de inadaptados, además, Naruto había escogido a los dos más grandulones; por lo que, tuvo que aceptar el reto.
—Hecho.
Se abalanzaron contra ellos con miedo; más Naruto que no estaba acostumbrado, aún, a ese tipo de problemáticas, y Sasuke apenas había tenido unas pocas peleas serias como para presumir nada. Con todo, pareciese que la suerte andaba de su lado, pues ninguno de los brabucones poseía armas de fuego, aunque si arma blanca. El rubio, después de darle un golpe en los genitales al más gordo, recibir un puñetazo del otro oponente en la cara y luego regresarlo con otro en el bofo estómago del hombre, echo a correr creyendo que Sasuke le estaría pisando también los talones; pues por lo que visualizaba de vez en cuando de reojo, tenía la situación estable. Pegó un chillido atosigado en cuanto notó que Sasuke no estaba ni de lejos siguiéndole. El muy cabrón se había quedado atrás y, sin pensarlo dos veces el joven dio media vuelta y retornó al sitio en auxilio de su camarada. ¿De su camarada? Sí, por ese mismo imbécil.
Casi como escena de película, tenían sujeto a Sasuke por la espalda, y sólo eran dos los que seguían en pie; uno que retenía al Uchiha y el otro que le zampaba fuertes puños en el abdomen. Sasuke ya escupía saliva y hasta un poco de sangre; el que estaba golpeando sacó una navaja dispuesto a acabar con el pelinegro. Naruto corrió en su dirección como perro loco, alcanzó a darle una fuerte patada en la cabeza al del arma, este cayendo y tirando el cuchillo que cayó unos centímetros a los pies de Naruto; lo recogió, y sin duda en el pensar o en alma, fue contra el otro tipo quien se disponía a torcerle el cuello a Sasuke, ni siquiera hizo nada cuando el rubio le clavó la punzante arma en el ojo derecho. Un bestial alarido resonó por el callejón y fue la señal para que ambos chicos huyeran a toda prisa y sin detenerse o mirar atrás a alguna avenida concurrida donde estarían a salvo.
— ¿Tienes una mejor idea? Mi casa está más próxima que la tuya. Allí nos curaremos estas heridas—aseveró el Uchiha, con la respiración entre cortada, tanto por correr varias millas sin descanso, como la paliza recientemente dada. Tan magullado estaba que Naruto tuvo que ayudarlo a apoyar parte de su peso en él. El Rubio chistó, y todavía cargando al moreno y muy disgustado, dijo:
—Muy bien, de otra no me queda.
Estaban, sin exagerar, hechos papilla; los golpes superficiales como hematomas, rasguños hechos por puñal y el ardor en los pies era lo de menos; internamente ambos ya no podían ni respirar, y a Sasuke no se le ocurrió otra cosa más que tomar un taxi —el cual pagaría en casa — y dirigirse a la misma para reponerse y atenderse las heridas.
No estuvo en los planes de Naruto conocer a la familia de Sasuke en ese estado ni por esos medios, pero así fue y así lo hizo. Fugaku Uchiha, el jefe de la mafia por parte de los Uchiha y padre de Sasuke, era tan serio y seco como su propio hijo; sí, ahora comprendía Naruto de donde el hijo sacaba ese genio, pues tenía de donde. En todo caso, aunque el señor se mostró, a su manera, preocupado y también enojado —más con los brabucones agresores que con ellos por descuidados—, no fue sino su hermano, Itachi Uchiha, aquel sujeto que Sakura y él vieron el otro día fuera del instituto con Sasuke, quién se encargó de auxiliar y atenderles las heridas a su hermano y de paso a él.
Naruto sintió un poco de envidia al notar que fuerte lazo fraternal compartían Sasuke e Itachi, pues era obvio que con su hermano, Sasuke era otro; pareciese que cambiara de personalidad y se transformará a un niñato de tres años que admira y ama a su hermano mayor como más nadie en el mundo, que por supuesto, dicho sentimiento era correspondido con el protector y cariñoso trato del mismo. Naruto deseó por unos momentos que su madre le hubiera dado un hermano mayor o de perdida uno menor, así probablemente experimentaría un poco de esos sentimientos puros y fraternos. Después de las terapias para aliviar sus dolores, ambos muchachos fueron por un buen baño caliente; baño que por si fuera poco, era el doble de grande y especioso que el de Sakura.
— Tú familia es rara y también muy seria—comentó un Naruto relajado dentro de las cálidas y humeantes aguas. Sasuke, a un lado con gesto sosegado se delimitó a responder:
— Mi padre puede que sí, nunca fue muy expresivo.
— Bueno, comparado con tú hermano, tú padre es una hielo vivo. ¿Y tú madre? La otra vez pregunté y no respondiste.
—Muerta. La asesinaron unos yakuza.
—Ah. Perdón—el chico había abierto los ojos como una reacción reflejo por preguntar algo que evidentemente no debía.
—No tienes porqué, mi padre ya se los cargó. Su muerte fue vengada. Sin mencionar que fue cuando apenas cumplía el mes, por lo que no recuerdo nada.
—Puedo entender entonces por qué es tan serio, tú padre.
—No tiene mucho que ver, por lo que sé, toda su vida fue así.
Algo que Naruto veía razonable, pues se notaba que esa cara de hastiado de la vida debía ser de nacimiento. Suspiró pesadamente, estaba tan molido en todo sentido. Se sobresaltó un poco cuando Sasuke volvió a hablar.
—Veo que has cambiado de idea.
— ¿Por qué lo dices? —interpeló Naruto confundido.
— El tatuaje que te has empezado a hacer en la espalda, es muy obvio. ¿Tebori?
— Sí —afirmó vanidoso.
— ¿Siempre si te unirás a tu madre?
— Así es.
— ¿Por qué tan repentino cambio? —cuestionó extrañado. Ya que, creyó que Naruto había dejado más que en evidencia su odio y desdén por los yakuza. El rubio rodó los ojos, entre fastidiado y agotado.
— ¿Por qué mierda todos me preguntan lo mismo? — se quejó hostigado. Inhaló profundo por la boca antes de responder sin más preámbulos — Vale, seré sincero y directo. Porque voy a patearte el trasero, Sasuke. Sí, por primera vez seré mejor que tú en algo.
Sasuke guardó silencio y también compostura, después izo una fina ceja y reteniendo una sonrisa puntualizó:
—Pero que estupideces dices. Sabes, eres la persona más extraña y tonta que he conocido en mi vida.
Naruto se indignó, pero no fue un enojo severo, más bien una indignación entre broma y broma que los amigos hacían con frecuencia. Contestó con fingida petulancia:
—Y tú el más imbécil y marica.
Ambos rieron un poco entre sí sin dejar de insultarse mutuamente. Sasuke, con una fina sonrisa marcada en la cara, continuó y desafió:
—Muy bien, si esa es tú elección, quiero verte intentándolo.
—Lo verás. Algún día próximo, de veras—aseguró, con un puño poderoso haciéndole frente. Luego añadió más descarriado—: Y como sea, después de esto me iré a casa, ya es tarde.
— ¿No te quedaras? — preguntó el moreno creyendo que este lo haría, debido a las altas horas de la noche y de que, por dios, estaban hasta las nalgas de magullones. Naruto arqueó ambas cejas.
— ¿Tú, ofreciéndome hospedaje?
— Sí, ¿Qué tiene?
— Nada, sólo que es raro viniendo de tú boca.
— Estoy siendo amable—justificó razonable —. Además, me has salvado hace rato de aquel sujeto con cuchillo, ¿Por qué regrésate por mí?
— Te dije que te debía una, ¿No? Ya estamos a mano—respondió con una sonrisa de lado, a lo que Sasuke sólo le miró sosegado y con una oculta pero agradecida sonrisita. El rubio respiró anhelante, y ahora que Sasuke le ofrecía hospedaje no tenía ganas de negarle la invitación, pues en algo estaban de acuerdo ambos, y es que estaban lo suficientemente derrotados como para apenas ponerse de pie—. Pero, ahora que lo dices, estoy muy cansado y sin ganas siquiera de ponerme a orinar. Le hablaré a mi madre, tengo que avisarle que pasaré la noche aquí.
—Muy bien. Entonces avisaré a mi padre también.
Después de las notificaciones y conversaciones de media hora, fue que finalmente ambos jóvenes cayeron como troncos a los futones. Y después de eso, el inicio de nuevos mañanas, juntos, como el equipo número siete.
.
Cuando fue el fin del proyecto y expusieron el trabajo, aún después del diez y las felicitaciones de la profesora por tan buen y elaborada tarea, todavía entonces de haber quedado absueltos de responsabilidades que los obligaran a estar juntos, incluso así, los tres ya habían convivido y estrechado lazos, tanto, que después de todos esos embrollos y aventuras que vivieron juntos, fue motivo suficiente para que se continuaran juntando. Bastaba con decir que se le había quedado el apodo del "equipo siete" lo que les restaba de ese año; Naruto, por primera vez experimentaba la compañía de amigos, después de muchos años de anhelar aquello, por fin lo obtenía, y lo disfrutaba tanto como disfrutaba comer ramen. Que por cierto, comerlo en compañía y después de clase era más gratificante que hacerlo solo. Gracias a su amistad de Sasuke y Naruto , el clan Uzumaki y Uchiha se aliaron, una alianza provechosa para ambos lados. Todo iba a la perfección, todo marchaba en paz y como debía ser. Pero, algo tan bueno, no podría durar para siempre.
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Porque, era un día como cualquier otro. Sasuke se levantaba temprano ese fin de semana, como muchos otros; normal y de manera cotidiana, desayunó al tiempo en que oía las noticas por radio. Esa mañana estaba solo, ni su padre, ni su hermano que llevaba desaparecido desde el día de ayer se encontraban; pero no era cosa de que alarmarse pues bien sabía que luego y hasta por días faltaban sus presencias en la casa. Pero esa vez no fue uno de "esos" días, y no se enteró de aquello hasta que llamarón a su puerta, tocando ese suave y armónico timbre. El joven se levantó de la mesa y calmo fue a atender al llamado.
Nadie, no había nadie cuando abrió la puerta. Solamente una enorme caja de regalo —y bastante grande, pues le llegaba a la mitad de su ombligo — cuya remitente tenía un símbolo extraño e iba dirigido a su padre, Fugaku Uchiha. A Sasuke le pareció misterioso el caso. No fue hasta advertir un olor desagradable, putrefacto y pesado, proveniente de la caja y, oh, ese raro liquido rojo que iniciaba a trasminarse al final del paquete, que Sasuke se decidió a destapar la caja y encontrarse con el contenido más impactante y turbador que jamás y nunca más volvió a sentir en toda su vida. Era su hermano descuartizado.
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Kotatsu*: Es un marco de mesa bajo hecho de madera y cubierto por un futón o una cobija pesada, sobre el cuál se apoya la superficie de la mesa. Debajo hay un brasero, calentón o estufa, que a veces es parte de la estructura de la mesa misma.
Intercambio de copas de sake*: Ritual típico que se hace cuando se entra a esta mafia. Cuando se intercambian las copas entre el nuevo integrante y el jefe, es un claro contrato que se hace, simbolizando y oficializando la relación "padre-hijo".
Pachinko*: Es un sistema de juegos muy similar al de los pinballs. Estas combinan un moderno sistema de video con el clásico pinball. Se dice que fue inventado alrededor de los años en que Japón se encontraba sumido en la Segunda Guerra Mundial en la ciudad japonesa de Nagoya.
Bakuto*: Era un jugador itinerante japonés, existieron desde comienzos del siglo XVIII hasta mediados del siglo XX. Fueron los antecesores de las modernas bandas criminales japonesas conocidas como yakuza. En todo caso, son las perosonas que se dedican más al juego y las apuestas, y también, llamados "vendedores ambulantes".
Kentaro Inoue: Es un personaje claramente inventado por mí. Combine para ello, los nombres de mis dos mangakas predilectos, Kentaro Miura y Takehiko Inoue, cuyo dibujo y arte son los que más aprecio y admiro. Me pareció excelente la combinación para mi tatuador del estilo tebori xD.
Utada Hikaru "Firts love" & Ayumi Hamasaki "trust"*: Cantante y canción muy populares en los años 90's.
Buck Tick*: Es una banda de Jrock formada en 1983 y han estado continuamente activos desde entonces. La canción que escogí sale en el OP de Trinity blood, anime que no he visto, pero cuya canción me rifó, más para el buen mozo de Sasuke.
Slam dunk*: Es un manga y anime de 31 volúmenes (recopilatorios) obra de Takehiko Inoueque narra la historia de un estudiante de preparatoria llamado Hanamichi Sakuragi, que tiene el record de 50 rechazos amorosos hasta que un buen día conoce a una chica a quien le fascina el baloncesto. A causa de esto Hanamichi fingirá ser un deportista y se inscribirá en el club de baloncesto del colegio con la esperanza de poder impresionarla y salir con ella. Aunque con el tiempo descubrirá en el baloncesto un deporte que lo exigirá y pondrá a prueba sacando lo mejor de él.
El significado de los tatuajes: Eso no fue inventado, lo he sacado de un documental especial sobre yakuza y el tabú de sus tatuajes.
