Aclaraciones & advertencias (este capítulo): Ninguna en especifico. 12,000 palabras.


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.:Capítulo 16:.

Clan Hyūga: Luna amarilla.


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Despertó porque la luz del sol le empezaba a molestarle en la cara; las chicas no habían cerrado la ventana y era a Hinata a quien primero le daba directo en el rostro. Se removió entre las cobijas y se cubrió la cabeza con las mismas; pero el dolor de estómago que sentía le hizo de igual manera dejar de dormir. Con pereza se incorporó; sus cabellos estaban hechos un nido de ave y tenía ojeras y cara pálida; sentía la boca reseca, tenía mucha sed y un dolor de cabeza que nunca en su vida había sentido antes, en resumen: Estaba en plena cruda.

Miró a su alrededor pues, no ubicaba donde se hallaba. Advirtió a las otras dos mujeres, Tenten y Karui, dormir cerca de donde ella y lo primero que se preguntó fue el cómo rayos llegó a la habitación anoche en la fiesta. Tenía borroso muchas partes y algunas ya ni las recordaba con lucidez, así que se dedicó a rememorar los hechos y poco a poco acordarse del cómo terminó en su cuarto muy bien arropadita.

Se acordó estar sola en el rincón, bien; luego Tenten darle sake, excelente; después Omoi, Karui y Lee ofrecerle jugo, más sake y chocolates (no sabía quién le había dado qué respectivamente, pero no le dio mucha importancia)…Luego, luego se sintió muy animada y fue con Naruto…Sus ojos se abrieron como plato; oh, sí, sí que lo recordaba. Todo, absolutamente todo (o al menos lo más importante), aún se hallaba dentro de su memoria: El berrinche que hizo, el vergonzoso baile, Naruto guiándola a su habitación, arropándola, y ella confesándosele.

Literalmente casi se pone a llorar por lo abochornada que ahora mismo se hallaba, hasta la cruda se le olvidó de solamente evocar los sucesos de anoche; aunque las cosas eran confusas y no sabía si en verdad eran reales o sueños locos productos del alcohol. Deseaba fuera la última opción, pero si no lo era y en verdad se le había confesado a Naruto, ¿con qué cara le miraría ahora? No sería capaz y nos sabría cómo actuar.

Hinata pasó por muchas etapas y estados de ánimos: Primero fue la negación, después el arrepentimiento, más tarde la lamentación y finalmente la desesperación; en este punto fue a despertar a Tenten, que no se puso muy feliz por ser despertada a tan tempranas horas del día, en especial si se había ido a acostar a las cuatro y veinte de la mañana.

— ¿Qué sucede, Hinata? Si no es urgente, déjame dormir.

—Ah, yo siento mucho tener que despertarte, Tenten…Pero creo que anoche, le dije a Naruto que me gustaba.

Muy bien, eso fue suficiente para hacer levantar a la castaña de un tirón.

— ¿Qué? — Casi gritó, bastante sorprendida — ¿Estás segura?

—Pues, no lo sé…Anoche estaba tan borracha que en verdad no estoy segura si fue un sueño o en verdad se lo dije…— esclareció torciendo la boca y agachando la mirada. La volvió a levantar de súbito frente a los temores que la asechaban— Pero tengo mucho miedo, si no lo soñé y en serio le confesé aquello, yo…yo… ¡No podré verlo a los ojos nunca más!

Hinata ya estaba que lloraba, de vergüenza, de temor y de nervios. Inclusive hasta tiritaba y Tenten se preocupó mucho por la sensible y torpe mujer; sintió pena por su caso, porque, era un hecho que confesársele a alguien estando ebrio no era exactamente algo de que sentirse orgulloso, todo lo contrario. Aún así, la castaña se decidió a actuar y solucionar o al menos intentar ayudar a la Hyūga; a fin de cuentas la culpabilidad también recaía en sus hombros por ser la de la idea de darle a beber alcohol. La cogió firme de ambos brazos e hizo que le mirara a la cara.

—Venga, venga, tranquilízate, ¿quieres? A ver, respira profundo, sácalo…Ahora bien, si de verdad anoche te le confesaste al jefe, pues ni modo, lo dicho, dicho está—sentenció tanto para Hinata como para ella. Intentó ser optimista y poner a Hinata con los pies nuevamente bien sujetos a la tierra; y al parecer tuvo resultado, pues Hinata comenzó a apaciguarse. Tenten prosiguió hablando con prudencia—: No va a ser el fin del mundo. Y bueno, no puedes huir de tus problemas y menos si en gran parte ha sido tu boca la culpable, hay que aprender a hacerle frente a las metidas de pata.

—Pero…— balbuceó— Temo que las cosas cambien entre nosotros, no quiero distanciarme de él por el hecho de haber abierto la boca de más. Es lo único que me atormenta.

—Ni te preocupes, Naruto no es así, te corresponda o no el te seguirá hablando igual…O eso creo.

Ambas mujeres giraron a ver a Karui que recién se incorporaba y hablaba con voz ronca y que apenas despabilaba. La morena había estado oyendo la discusión desde que los lloriqueos de Hinata y los gritos de Tenten la despertaron de su querido sueño. Tenía cara de pocos amigos, pues odiaba que la despertaran y más si andaba desvelada.

— Es más…— continuó la pelirroja— A lo mejor y ni se lo dijiste y efectivamente solamente lo soñaste. De todos modos tarde o temprano lo tendrás que ver y hablar con él. Acéptalo y dale cara.

— ¿Y qué le diré? —inquirió Hinata intranquila.

—Pues, si lo que te interesa es mantener tu relación intacta, solamente dile que le pides una disculpa si anoche dijiste algo vergonzoso o indebido, que lo has dicho a causa del alcohol y que no se lo tome en serio…Naruto las aceptará y allí se acabara el problema, ¿ves? Sencillo. Ahora, deja dormir—conminó volviéndose a acostar y cubrirse de pieza a cabeza importándole menos si la discusión proseguía o no, aunque con lo que dijo deseaba ponerle fin al parloteo.

—Pero…—volvió a excusar Hinata bastante insegura. Pero Tenten veía la sugerencia de Karui más que correcta.

—De hecho, con cuerdo con Karui, eso sería lo más prudente por hacer. No temas, ya verás que todo saldrá bien.

Hinata no tuvo más opción que confiar en las palabras de las dos mujeres y tomarse las cosas con calma, como mejor pudiera, claro estaba.

No pudo atraer el sueño de nueva cuenta, a pesar de las prominentes ojeras y la cruda; dejó a Tenten y Karui seguir durmiendo, fue por agua y luego a hacer sus necesidades fisiológicas para después darse un baño. Y en todo aquel proceso, solamente un tema le atormentaba la mente y tenía nombre: Naruto.

O0O0O

Ya se empezaba a alistar todo para la partida de regreso a Osaka, Naruto supervisaba a sus muchachos para que en la tarde se pusieran en marcha. Ésta vez fue más misericordioso con su gente en dejarlos dormir hasta las diez de la mañana; una, debido a que la mayoría se había acostado tarde y dos, él apenas había podido conciliar el sueño debido a lo que Hinata le había dicho horas atrás, y tan absorto seguía en el asunto que antes de darse cuenta ya le habían dado las diez en punto.

— Jefe, llevamos mucha ropa y cosas en su mayoría personales; se necesitara un auto especial para transportar todo lo acumulando a lo largo de las semanas—informaba Lee, pero Naruto pareció no hacerle caso, pues no respondió y tenía la mirada perdida en otro sitio—. ¿Jefe? ¿Me escucha?

—Ah, sí, te escucho—entró en razón finalmente el rubio—. Deja hablo con Sasuke si nos presta algo para poder llevarlo todo.

—De acuerdo—aceptó el joven no muy seguro. Pero en vez de acatar la orden de inmediato y proseguir con sus deberes, decidió indagar un poco ante el extraño comportamiento del Uzumaki, habló más como su amigo que como subordinado—. Naruto, si no es mucha indiscreción, ¿Te pasa algo? Me refiero a que, andas muy distraído esta mañana.

El aludido entre abrió la boca un par de veces, no sabiendo en primer lugar que contestar, por lo que finalmente optó por decir las palabras tradicionales ante los problemas personales: —Nada, nada, no es nada, de veras.

—Muy bien—tuvo que conformarse el joven con aquella no muy convincente respuesta.

¿Tan obvio era? Pensó una vez Lee marchó. No creyó el que Hinata se le declarase le resultara tanto lío en la cabeza. Lo que más le asechaba en duda era si ella recordaría todo lo sucedido y de hacerlo, si ella requería una respuesta, respuesta que aún no poseía, para su desgracia. No quería herirla, jamás fue su intención y nunca en su vida lo sería, ver la cara de Hinata entristecida y decaída le partía el corazón; porque él sabía lo que se sentía, no ser correspondido por la persona que gustas; tenía experiencia en el campo, para su desgracia. No quería que ella experimentara algo parecido, el rechazo. Pero ahora no podría sencillamente decirle "sí" porque sería un "sí" forzado, uno inseguro y pusilánime. Hinata no se merecía eso, ella necesitaba de alguien sincero, de sentimientos verdaderos, firmes y seguros, justo como los de ella. Por lo que, en serio no sabía que le diría una vez teniéndola frente a frente. Porque ahora mismo era un hombrecillo en la cuerda floja.

Y una vez terminado de cavilar aquello, la culpable de sus pensares y marañas mentales apareció caminando directo hacia él. Se veía cohibida, insegura, la cabeza gacha y esquiva. Pero Naruto no andaba para menos, su corazón se paralizó y su respiración aceleró.

—Ah…Hinata, buenos días, veo que ya te has levantado—trastabilló un poco Naruto, rascándose la nunca, intentando despernadamente parecer normal y casual—. Hubieras dormido otro poco si así hubieras querido, porque bueno, ya sabes, el alcohol y eso…

A Naruto se le subió un poco el color a las mejillas al recordar la palabra "esposo" salir de los labios de Hinata. Pero ella parecía más triste y apenada que nerviosa o decidida a recibir una respuesta a sus sentimientos, analizó el Uzumaki una vez que la chica tardó en responder.

—Naruto, yo… ¿Puedo hablar contigo? Es respecto sobre lo de anoche.

El joven tosió y se aclaró la garganta —. Eh, ah, p-por supuesto, puedes decirme lo que quieras.

—Pues…Es que, anoche no fue la mejor para mí, bebí de más y terminé en un estado más que reprochable y penoso. Te causé problemas, en verdad lo siento y, si…S-Si anoche dije cosas tontas y sin sentido, discúlpame, no sabía lo que decía o hacía. No es necesario que te tomes en serio nada de lo que dije, sólo eran palabras de una mujer ebria, hablando estupideces al fin y al cabo.

La chica jugaba con sus manos y miraba a los suelos, de tener la cara en alto, Naruto habría advertido el color en su rostro; pero eso sería en todo caso en lo último en que se fijaría, puesto que ahora las palabras de ella lo tenían cautivo. Se creyó más idiota entonces y supo que Hinata era todo menos egoísta; pues ella no esperaba una respuesta de su parte, anoche solamente confesó lo que su corazón y ebriedad le dictaban y tan sólo eso, no había presiones o algo más allá que exigieran de su parte. Naruto se sintió libre, pero igualmente conmovido.

—Hinata, yo creo que…Nada de lo que has dicho fueron estupideces, ser sincero con tus sentimientos no es de tontos, es de valientes y te admiro por eso.

La joven levantó el rostro y las miradas se cruzaron, los ojos de él brillaban y se adentraban a los tímidos, profundos y perlados iris de ella. Naruto sonrió abiertamente y Hinata imitó el gesto de manera más sutil.

— ¡Jefe! —Los interrumpieron— ¡Por favor, venga, lo necesitamos!

Era como cortar algo abruptamente y ambos supieron que aquella plática por ahora, había terminado. Naruto antes de retirarse, revolvió amable pero juguetón el cabello de Hinata.

—Te veo luego.

O0O0O

Hinata se hallaba más tranquila, más serena. Saber que las cosas entre Naruto y ella no cambiarían le aliviaba mucho. Porque preferiría cientos de veces que el rubio jamás le correspondiera o no diera una respuesta, a tener que perderlo como amigo. A pesar de todo, tuvo que concluir que su confesión había sido real y no solamente un sueño; extrañamente se sintió libre, pero también un poco triste, pues al fin (aunque sea pasada de copas), pudo ser capaz de revelar sus sentir y aunque al parecer Naruto no parecía sentir lo mismo (cosa que no le sorprendía) era un alivio a su alma que igualmente Naruto la siguiera tratando con el mismo cariño, ya que ésa sonrisa que le dedicó, con aquellos ojos centellantes eran más que suficientes para su feliz existir.

Le contó a las chicas lo que sucedió antes de poder subir todas sus cosas a las vagonetas (Sasuke había accedido a prestar un par más) y al parecer la decepción que tuvo que sentir Hinata, las sintieron ellas.

—Venga, a veces no se puede tener todo lo que uno quiere en la vida. No estés triste, Hinata—decía Tenten. Pero Hinata en su lugar sonrió y con actitud normal respondió:

—Pero no estoy triste. Al contrario, estoy feliz de que Naruto no me haya tratado diferente.

—Vaya, te conformas con muy poco—opinó Karui. Hinata sólo bajó la cabeza pero con una sonrisa satisfecha, pues al contrario de Karui, ella pensaba era más que suficiente.

—Aunque, la verdad no se ha sentido como un rechazo—caviló en voz alta la castaña—, sencillamente no te ha dicho nada en concreto, aunque él no decir nada también es una respuesta sutil, el que calla otorga…Quizá.

—Bueno, el jefe es medio cabezota si me lo preguntan—agregó Karui—, a lo mejor y se le ha olvidado responderte, puede que más adelante se acuerde el muy burro y te diga que siempre sí.

Las tres se mofaron un rato. Aunque Hinata muy en el interior dudaba que Naruto se le hubiera olvidado darle una respuesta; bueno, de cualquier manera no la necesitaba.

O0O0O

Una vez que todos subieron sus cajas y pertenencias y se aseguraban de no dejar nada importante atrás, empezaron las despedidas. Naruto se dio un fuerte estrechón de manos y luego un rápido abrazo con Sasuke, a Sakura le dio un abrazo igualmente y le acarició el vientre deseándole lo mejor a ella y a su futuro bebé. Entonces, luego de aquello subieron a las camionetas y antes de que Hinata se fuera con el grupo de Tenten, Omoi, Lee y Karui, Naruto la detuvo.

—Sabes, necesito un copiloto, ¿te importaría serlo? —preguntó el rubio directamente a la chica, quien por supuesto la propuesta le cayó desprevenida.

—Eh, pero creí que sería yo su copiloto, jefe—objetó otro muchacho. El rubio se rascó la nunca, a decir verdad había olvidado que ya tenía un copiloto asignado, así que se tuvo que ir por vía fácil y mentir:

—No es nada personal Naoki, pero luego tú te quedas dormido a medio camino, sin mencionar que de lo único que hablas es de tu obsesión con la comida extranjera. Hinata tiene más tema de conversación. —No le costó soltar semejante falsedad, le emocionaba la ida de tener a Hinata como su acompañante en el camino y es que después de aquella breve platica que tuvieron se había pensado mejor las cosas y ahora andaba más fresco como una lechuga en cuanto a la Hyūga. La tomó suave por la muñeca—. Venga, conmigo te quiero.

Ella se sintió entre nerviosa, entre confundida y entre contenta, pero lo acompañó sin mucha oposición y al mirar a sus compañeros por sobre su hombro observó como reían burlones y cómplices, aunque Tenten y Karui parecían más sorprendidas que nada. El pobre Naoki por otra parte, puso cara de tristeza y acompañó al resto.

Abordaron, Naruto encendió y después arrancó; aún algunos se despedían a lo lejos y miraron como dejaban atrás aquella casa, aquellas personas y aquella ciudad.

En el camino ambos platicaron meras trivialidades, de los días que pasaron en Tokio, principalmente. De la fiesta de anoche. Y lo que Hinata dijo, nada se habló ni mencionó más. Pero después de tener unas largas charlas en lo que salían finalmente de la ciudad y se adentraban a la autopista, Naruto le subió volumen a la radio y una canción empezaba a sonar.

—Ey, es Akeboshi, me encanta su música—mencionó el rubio.

—Yo conozco la canción, creo que es "Yellow moon"—replicó Hinata, cerrando los ojos y disfrutando el inicio de la melodía. Naruto se alegró de oír aquello, después de todo y como siempre supo, no fue mala idea tener a Hinata de su copiloto, ¡si hasta disfrutaban de la misma música!

Kinou wa call sign,
Zenbu, keitai de
Norenai fuzz guitar
Hen na kouen de

Todo el día de ayer,

Sonó mi celular.

Una tonada de guitarra

En un parque extraño…

Naruto manejaba con la vista puesta en el camino, con velocidad moderada y por suerte la autopista estaba apacible sin casi nada de tráfico. Hinata por lo mientras se dedicó a ver por la ventanilla, el viento era frío y fresco, se veían unas cuantas montañas y vastos pastizales verdes, bañados por un apenas prematuro atardecer.

Muchuu de motor bike,
Kaze wo oikoshite
Mikazuki wa hisuterii,
Boku no ue de
Chikyuu wa goorurain,
Inu mo raion mo
Kasei ni moving on.
Nanka mendou de

Con mi vieja motocicleta,

Quiero alcanzar el viento

El crecer de la luna

Está sobre mí.

La tierra es mi línea de meta

Los leones, perros y la luna

Se están mudando a Venus

Que se le puede hacer

Yellow moon. Ima mo, mittsu,
Kazoete, me wo akete
Shadow moon
Mada yume wo miteru

Me wo mite, me wo mite,
Se wo mukeainagara
Me wo mite, tell me yes or no?

La luna amarilla.

Sigue contando hasta tres

Y abre tus ojos…

Sombra de luna

Sigue soñando, sigue soñando

Date la vuelta y di "no estoy solo"

Sigue soñando

¿Dime sí o no?

Everyday everynight
Omoi tsuku kotoba de
Kimi e no omoi wo ima sugu tsutaetai
Everyday everynight
Arifureta aizu de
Chirakatta mama no kimochi wo tsutaetai

Cada día y cada noche,

Quiero inventarme palabras

Para transmitirte mis emociones

Y hacer latir tu corazón…

Cada día y cada noche

Me siento bien cuando estoy contigo

Iría a buscarte si tan sólo me dieras una pequeña pista…

En aquellas estrofas, Naruto giró a ver discretamente a Hinata, la cual estaba tan absorta admirando el paisaje que no notaba las fugaces miradas que de cuando en cuando el Uzumaki le destinaba.

Kibun wa kaisei, kondo, issho ni
Karada wo dakishimete, kin no kyoukai de

Mañana que voy a hacer si contigo no estoy.

Abrazaría la esencia dorada que veo en ti…

Naruto admiró el cabello de Hinata ondearse por el viento que se filtraba de su ventanilla, y admiró también su perfil por breves segundos; fino y cuya blanca piel contrastaba con los rayos cálidos del vespertino y menguante sol. Un placentero palpitar en su pecho sonó al darse cuenta de que Hinata era muy bella, no era que no lo fuera o no lo hubiera notado antes, pero ésa vez fue algo diferente, algo inconsciente. No lo advirtió, pero hasta el color en su cara subió un poco.

Yellow moon
Kaketa yozora dewa tsuki wa kyou mo
Shizuka na kao de hikaru no sa

La luna amarilla

Esta menguando ya no refleja su luz

Donde tú no estás. Quiero ver tu sonrisa una vez más…

Me wo mite, me wo mite,
Se wo mukeainagara
Me wo mite, tell me yes or no?

Mira en mis ojos, mira en mis ojos

Date la vuelta y di "no estoy solo/a"

Mira en mis ojos, dime sí o no.

Hinata comenzó a tararear la canción con sutil y gentil melodía, Naruto sonrió complacido, su voz le pareció más que relajante, más que vigorizante y le hizo sentir más que feliz. Así que sin pensárselo mucho empezó a cantar con ella. Al principio Hinata dejó de cantar por vergüenza al percatarse de que lo hacía en voz alta (pues creyó muy confiada lo estaba haciendo sólo en su mente), pero oír y ver a Naruto acompañarla tan vivaz y familiar, la animó a continuar en lo suyo, ahora al unisonó.

Everyday everynight
Omoi tsuku kotoba de
Everyday everynight
Kimi e no omoi wo tsutaeyou
Everyday

Cada día y cada noche

Quiero decírtelo con frases de amor

Cada día y cada noche

Todo está bien si entiendes mis emociones de amor

Cada día

Everyday everynight
Omoi tsuku kotoba de
Kimi e no omoi wo ima sugu tsutaetai
Everyday everynight
Arifureta aizu de
Chirakatta mama no kimochi wo, ima sugu

Cada día y cada noche

Quiero decírtelo con frases de amor.

Todo está bien si recibes estas puras emociones de amor

Cada día y cada noche

Con una humilde y sencilla señal

Quiero decirte que este sentimiento

Está creciendo increíblemente

En aquellas últimas líneas, el hombre apagó su voz poco a poco y giró a ver efímero a Hinata. Un sentimiento que crecía increíblemente, y no sabía que era pero era agradable y era a causa y dirigido a la mujer que se hallaba a su lado. Sonrió y continuó los últimos versos de la canción junto con ella.

Mahou no koodochenji,
Nemure nai machi
Higawari na jazz guitar
Sotto mainaa de

Cambia esta ciudad sin sueños

En un acorde mágico

Un solo de guitarra especial

Con melodías de amor.

Terminada la canción ambos se quedaron sin decir nada, pero ante aquel silencio nadie estaba incomodo, todo lo contrario; era disfrutar la compañía el uno con el otro y ninguno de los dos se atrevía a revelarlo pero si a disfrutarlo. El sol en cualquier momento desaparecería y ellos admiraban el camino por delante.

—Sabes, esto me recordó aquella vez que cantamos cuando andábamos esposados, cuando Bee aún estaba con nosotros; en el auto, fue divertido, justo como ahora—evocó Naruto de repente—. Es extraño, pero siempre paso un rato agradable cuando estoy contigo.

Hinata sonrió halagada y también bastante complacida. Se delimitó a responder con un sólo —: También yo.

No hubo más conversación y prosiguieron escuchando música por lo que quedaba de travesía. Ya era de noche, cuando Naruto pensaba que realmente había otra razón por la cual quiso que Hinata fuera su copiloto; no tanto porque el pobre de Naoki fuera plano para la plática o se quedara dormido a medio camino (pues de hecho, Hinata ya estaba cabeceando de cuando en cuando, pero al percatarse de ello se erguía como tronco y miraba fijamente a la autopista). No, la verdad es que Naruto solamente quería dejar las cosas más en claro, poder decirle a Hinata que le otorgara el tiempo suficiente para poder responderle adecuadamente a su confesión; y no porque tuviera el deber de hacerlo, sino porque quería hacerlo por voluntad propia. Pero pasado un rato ya no le vio mucho sentido decirle lo que cavilaba, Hinata no parecía interesada y las cosas marchaban mejor que nunca. No quería arruinar nada ya, así que decidió mantenerlo en secreto y hablar cuando la situación fuera más oportuna y sus sentimientos finalmente estuvieran seguros y en orden.

Sonrió enternecido una vez que se percató que después de todo Hinata no pudo vencer el sueño y quedó dormida recargada en la ventanilla (que cerró dado el frío que se filtraba). La envidio un poco dado que el también quería dormir pero por obvios motivos no podía; una, porque conducía; y dos, porque se había metido al menos dos tazas de café bien cargadas antes de partir. Naruto se detuvo en una gasolinera que estaba de paso (y lo cual significaba ya estaban cerca de la próxima ciudad o pueblo) para cargar gasolina y de paso orinar. Las otras camionetas y autos que le seguían hicieron los mismo que él y si no, se detenían a esperar a que el jefe se pusiera en marcha. Antes de arrancar, Naruto se despojó de su gabardina negra, no le importó que estuviera haciendo algo de frío, y se la desplegó a Hinata que seguía amodorrada. Le miró otros breves segundos; ése día en especial habría apreciado su perfil y su rostro más de una vez y él ni siquiera reparó en su nuevo "tic". Inmediatamente continuaron su camino hasta la gran Osaka.

O0O0O

Como ya había quedado con Karin por teléfono, llegaron a la gran casona que se había rentado para que los miembros del clan se pudieran alojar. No era la gran arquitectura, de hecho, bastaba hacerse la idea de qué tipo de construcción dado la localización de la misma; alejado del centro, retirada y bastante escondida. Cabía mencionar que tenía sus pros y contras donde estaba situada; más sin embargo, la impresión de Naruto de la casa fue bastante pobre. Era vieja, con el jardín descuidado y aunque no fuera grande (técnicamente no lo era tanto) sería suficiente para alojar a todos allí. Vivirían como sardinas unos encima de otros, claro, pero no les quedaría de otra.

Karin y un grupo de muchachos (que no eran muchos, quince a lo mucho y ordenados en una perfecta fila horizontal detrás de la pelirroja), aguardaban la llegada de Naruto y el resto del clan. El rubio supuso serían los nuevos reclutas y a decir verdad esperaba que fueran más.

Hinata despertó en cuanto el rubio estaba estacionándose. Lo primero que notó fue la gabardina de él cubriéndola y tan rápido como pudo se incorporó y disculpó por haberse quedado dormida. Naruto le restó importancia con la mano y Hinata intentó regresarle el abrigo a su dueño pidiendo perdón nuevamente por las molestias. Pero Naruto rechazó su gabardina y le sugirió a la mujer se la colocara pues afuera estaba bastante fresco.

— ¡P-Pero, Naruto! Yo estoy bien, no tengo frío y además traigo una blusa de manga larga. En cambio, tú solamente esa camisa, lo necesitas más que yo.

—Boberías, he estado en peores circunstancias. Por favor, no me discutas más y póntelo, créeme que te digo que afuera está fresco. Si quieres, una vez dentro de la casa me lo puedes devolver.

Hinata no estaba muy convencida, pero no tuvo otra opción que desistir ante la insistencia de Naruto.

—De acuerdo, muy bien, gracias.

No hubo tiempo de más replicas pues Karin ya estaba casi abriendo la puerta del piloto, sacando casi desesperada a su primo del interior. Lo recibió con un abrazo y como no, también con insultos, muy propio de ella.

— ¡Estúpido e imbécil! ¿Cómo te atreves a preocuparme de ésta manera? Juro que casi tomo el primer bus a Tokio al enterarme del incidente.

Naruto resistió las zangoloteadas y los golpes, seguidos de abrazos y mimos combinados con los insultos. Le acarició los cabellos una vez la mujer estaba más serena.

—Vale, vale, calma, calma…Que ya estoy aquí, vivito y coleando, ¿ves?

Karin se separó de golpe y frunció el ceño espetando a todo lo que daba.

— ¡Suerte la mía, que tendré el gusto de matarte yo misma por ser tan retardado y subnormal!

Así estuvieron unos cinco minutos, dando tiempo a los otros de descargar, estirar las piernas y admirar su nuevo y temporal hogar; a la mayoría pareció disgustarles por lo pequeño pero no tenían el lujo de alquilar un hotel cinco estrellas, así que callaron y se conformaron. Después de los reencuentros, presentaciones y demás, Karin guió a Naruto hasta los nuevos reclutas al tiempo en que le explicaba mejor las cosas respecto a los acontecimientos monetarios, políticos y de interés del rubio.

En un resumen dado por Karin, el clan Hyūga después del incendio no les causó más conflictos (al menos no a Karin y a los suyos que se habían quedado en Osaka, pues al parecer Hiashi decidió irse por el meollo del asunto, el pez gordo, Naruto). Fue una etapa dura, pero al inicio el clan pudo sobrevivir y subsistir gracias al prostíbulo que poseían. Luego de todos los asuntos legales y de que Karin fuera liberada se empezó por comenzar desde cero y al igual que en Tokio, los miembros sobrantes se hicieron de otros trabajos. Una vez estabilizando mejor las cosas, Karin pudo darse el lujo de rentar por fin la casona y contratar más gente. Su prima le comentó que debería de hacerse algo más al respecto pues a ése paso la quiebra estaba a la vuelta de la esquina. Pero Naruto ya tenía un plan, y vaya que lo tenía con respecto a su economía y con respecto a casi todo. Por lo que pasaron a ver de inmediato a los nuevos miembros. Por otra parte, Hinata había sido desplazada (sin intención) de la conversación y se dirigió con Tenten, Omoi, Lee y Karui donde fue mejor acogida. Estos le hicieron burla por su nueva relación íntima con el jefe y aún más fue objeto de mofa porque traía colocada su gabardina. Pero la Hyūga juró y perjuró que entre Naruto y ella no había nada más que amistad y que no había pasado nada entre ellos mientras iban juntos en el auto. Pero Omoi y Lee no le creyeron, en cuanto a las chicas, bueno, ellas andaban escépticas y confundidas, razones sobraban.

Naruto se acercó y examinó con cuidado a los nuevos. La mayoría ya pasaban de los veinte, jóvenes hombres; serios, algunos más que otros con mejores fachas. Quizá no serían la élite, pero por lo que Karin le contó sobre ellos, la mayoría eran recomendados y/o personas con las que solía frecuentar y que ahora se veían en la extrema necesidad de unírseles. Uno destacó especialmente a la vista de Naruto, era el más joven de entre todos ellos, unos dieciocho años, quizá. Se acercó a él y le miró extrañado, interrogante, suspicaz.

— ¿Y éste pequeñito?

—Ah, ése es Konohamaru…—contestó Karin dejando ver un sutil fastidio y desinterés hacia el muchacho—, Vagabundo, lo conocí cuando andaba de reclutamiento. Mira que yo no lo he escogido, el se ha pegado y de hecho, lo acepté porque dijo trabajaría gratis sólo por el mero placer de estar en el clan Uzumaki y claro, poder ser tu subordinado.

— ¿Ah, sí?

— ¡Si, así es, Jefe! —anticipó el joven a Naruto, irguiéndose y tensándose como los soldados — Como le ha dicho la de cabellos rojos cuyo nombre olvido… ¡Mi nombre es Konohamaru y quiero decirle que soy su más ferviente admirador!, ¡en serio!

Naruto se cruzó de brazos y sonrió bellaco. Saber que tenía un fan le inflaban el ego sobremanera—. Así que Konohamaru…Y dime—dijo el hombre con tono superior—, ¿por qué quieres ser parte del clan? Aparte claro, de ser mi fan.

— Bueno, otra razón no la hallo con exactitud—replicó el muchacho con toda sinceridad—. Pero, en las calles he oído hablar mucho de usted…Naruto Uzumaki, nacido entre yakuza, hijo de una de las grandes oyabu de Osaka, uno de los jefes más jóvenes que alcanzó el liderazgo; sacando a indigentes de las callejuelas, cuyo carisma, amabilidad y energía es solamente comparable con su fuerza y voluntad de fuego. ¡Por favor, jefe! Déjeme ser parte del clan Uzumaki, por más de tres años he esperado una oportunidad como ésta y a decir verdad también he venido con la esperanza de ser uno de sus acogidos. No le fallaré, se lo aseguro, seré un excelente subordinado.

—Muy interesante, muy interesante, aunque, te faltó decir que también soy guapo—sonrió el rubio de oreja a oreja centrándose específicamente en los halagos—. Pero, ¡listo, estás dentro!…Al rato haremos las ceremonias para hacerlo oficial.

Los ojos de Konohamaru se habían iluminado de emoción, abrió la boca y expresó con fervor y una gran reverencia—: ¡Muchas gracias, jefe! Desde hoy y hasta siempre Konohamaru a su servicio.

La mayoría venia venir que Naruto aceptaría a Konohamaru, pese a que este fuera bastante joven; pero Karin, tenía mucho que recriminarle a su primo, así que lo apartó en una esquina y le hizo saber su inconformidad.

—Naruto, no puedo creer que te hayas dejado llevar y convencer solamente porque te han hablado bonito. Éste chico será más un estorbo que un beneficio, tenía la esperanza de que fueras tu el que lo corriera formalmente.

Pero el hombre hizo caso omiso y restó importancia con la mano.

— ¿Pero de qué hablas? Si este muchacho tiene toda la actitud, la verdad me recuerda un poco a mí a su edad. Tranquila, sé lo que hago.

Ante las palabras de Naruto, Karin no pudo hacer más. Nuevamente confiaría en el juicio del hombre. Hubo una breve ceremonia para que aquellos hombres se unieran oficialmente al clan, ofreciéndoles su lealtad y vida al que sería su nuevo jefe yakuza. Se les explicó su función dentro de la familia y su estatus jerárquico. Al terminar, iniciaron con su instalación.

Todos (con excepción de Naruto dado a que él era el jefe) compartirían habitación. Las cuatro mujeres: Tenten, Karui, Hinata y Karin dormirían en la misma sala, claro que a ninguna le entusiasmaba la idea en absoluto; en Tokio, siendo tres ya era bastante relajo; ahora que eran cuatro, seguramente las cosas se pondrían más caóticas; ni hablar de que el cuarto y su tamaño no ayudaban a mejorar las cosas. Pero como fuese, lograron ponerse de acuerdo, marcar límites e iniciar a desempacar y arreglar.

Al rato, cuando ya la mayoría terminaba de organizar sus cosas y Karin finalizó con las suyas, se dirigió a la habitación de su primo para poder hablar de lo que se haría a futuro. En cuanto la pelirroja entró al cuarto, envidió el tamaño del mismo; maldijo a Naruto en su mente un par de veces por ser el jefe y no ella, y como no, él tenía un cuarto grande, todo para él solito, mientras que ella tendría que compartir con las otras tres mujeres, que por mucho les simpatizara no le era chiste compartir su espacio personal.

—Eh, Karin, ¿qué sucede?

—Veo que la Hyūga aún está con nosotros—inició como curiosa platica; más para saciar su huroneo, que su principal tema de conversación a tratar. Naruto pareció desorientarse con la pregunta pero continuó acomodando sus ropas.

—Ah, Hinata…Sí, así es. Se quedará todo lo que ella desee, así se lo he permitido—contestó sin gran detalle. Luego de ver el cómo Karin izaba una ceja, agregó—: Espero que no seas grosera con ella, más vale la trates como a alguien más del clan y no como una extraña o enemiga.

Karin rió para sus adentros, aunque una sonrisa burlona igualmente se dibujó en su cara.—Bueno, no veo la diferencia en el trato.

—Cierto, tu eres grosera con todo mundo, pero, en serio, lo pasado quedó en el pasado y las cosas ahora son diferentes, no seas tan pesada con ella—insistió el hombre, dejando su quehacer por un momento y encarando a la pelirroja, dándole a entender que iba de verdad. Y es que Karin, a pesar de quererla mucho, era de igual manera a veces un tanto pesada, necia y cuyos cabales se iban de cuando en cuando. Pero así como era de agresiva, igualmente lo era de lista. Y sonrió malévola porque descubrió las palabras claves del rubio.

— ¿Por qué las cosas son diferentes ahora? ¿Ha sucedido algo entre ella y tú?

Tal como esperaba la mujer, Naruto se turbó y como atrapado en una ratonera, buscó y buscó una respuesta; aunque su mejor arma fue hacerse el desentendido y autoritario.

— ¿Qué? No, nada de eso…Hinata es…Ella sólo…Bueno, a todo esto ¿qué te importa? Yo soy el jefe y si digo que se queda es porque se queda, fin del tema.

—Sabes, ya me lo veía venir—expresó de lo más desinteresada, captando la inmediata atención de Naruto—; oh sí, aquella ves que venían esposados, claramente lo recuerdo, que la sorprendí en el parque observándote como cachorrito, era obvio que sentía cierta atracción por ti. Pero, no pensé que tú te dieras cuenta con lo lento que eres y que además, le hayas seguido el juego, eso sí, para que sepas, jamás me lo veía venir.

Naruto frunció el entrecejo, Karin lo tenía a su merced y eso le fastidió sobremanera. Le cabreó saber que desde hace tiempo lo de Hinata era evidente y él no fue capaz de percatarse; le enojó también que le recalcaran lo que él ya sabía y se culpaba de ser, un lento despistado; pero más le enfurecía que llamará aquello un "juego".

—Yo no le he seguido el juego a nadie, entérate de eso—espetó.

— ¿Ah, no? Pues tus acciones y palabras me dicen todo lo contrario—continuó Karin sin entender lo que Naruto realmente había querido decir, pero éste no hizo nada para replicarle—. Bueno, como quieras, no me respondas, pero solamente te diré que no me parece tan buena idea que te lidies con ella, no sé porqué, pero presiento que esa probable relación te haría sufrir, y mucho. Pero claro, es sólo un presentimiento mío y será decisión tuya, no es realmente de mi incumbencia. —y con ello se dio por zanjado aquel tema. Naruto no dijo nada más, hubo tensión y silencio, pero el hombre se levantó y continuó instalándose en su nuevo cuarto.

—Y—retomó el Uzumaki de nueva cuenta, al percatarse de que Karin aún no se iba—, no has venido solamente a decirme esto, ¿verdad?

—No—afirmó—. Mi verdadera pregunta es, ¿qué tienes en mente para sacarnos de una próxima banca rota?

Naruto sonrió de lado y con ése mismo gesto se giró a su prima.

—Pachinko.

— ¿Pachinko?

—Así es—corroboró—, se me ocurrió luego de jugar con Sasuke a las cartas. Recordé lo mucho que a Killer Bee y Jiraiya les gustaban los juegos de apostar, lo que me enseñaron y a todos los hombres de influencia que me presentaron. Podría funcionar, con la ayuda de aquellos sujetos, el dinero recaudado y el prostíbulo, podemos sacar el negocio adelante y probablemente con ello volver a levantarnos.

Karin había alzado amabas cejas, impresionada por la propuesta. Se encogió de hombros y tomó asiento invitando al rubio a hacerlo igualmente.

—Odio decir esto—dijo con molestia—, pero creo puede ser una excelente idea. Entonces, cuéntame más, ¿qué es lo que haremos primero?

O0O0O

Las primeras semanas para los Uzumaki fueron las más ajetreadas y ocupadas, muchos iban y venían, salían y entraban y Hinata no hacía más que observar. Se había hecho nuevamente (y por voluntad propia), prisionera. No saliendo de la casa, y si lo hacía (que era muy rara vez), no era a más de una cuadra de distancia y bien cubierta. Las razones por la cual eligió aquello fueron las palabras y consejos de su primo: "Mantente oculta, entonces. Intenta no salir mucho a la luz con ellos. Así al menos podrás despistar a Hiashi por un rato. Te ayudaré, siempre y cuando me prometas que regresaras"

De este modo, Hinata estaba dispuesta a hacer caso a las palabras de su primo, que aún no sabía cómo ni cuándo, pero lo tendría que ver y, al igual que Naruto, ella también tenía su plan en mente; plan, que todavía no estaba del todo desarrollado pero que poco a poco iba armando. En todos esos días de voluntaria reclusión, no habló mucho ni con las chicas, los chicos o el mismo Naruto (por razones ya especificadas). Solamente con aquel joven y novato muchacho, Konohamaru, que pasaba mayor parte del tiempo en la casa dada su edad y posición jerárquica era con quien seguido charlaba. Era el que hacía de mensajero y hasta de conserje en la vivienda; pero claro, Hinata igualmente hacia de "ama de casa" (pues ante todo, odiaba estar de ociosa y quería ayudar con algo por mínimo que fuera) de aquella forma conoció y trató más al chico, el cual, desde un inicio pareció mostrar bastante interés por la Hyūga. A Hinata le simpatizó mucho desde que cruzó palabra con él. Le recordaba un poco a Naruto en algunos aspectos, como por ejemplo el tic verbal; Konohamaru decía su seguido "en serio", mientras que Naruto su distinguible "de veras".

Normalmente por las tardes, se ponían a conversar en el rōka* de la casa, mirando hacia el jardín. Ya era la tercera semana desde su regresó a Osaka y las cosas hasta el momento parecían ir marchando bastante bien para el clan Uzumaki. Hinata se hallaba descansando en el rōka luego de un ardua mañana de quehacer domestico, en cuanto el joven Konohamaru se acercó bastante vivaz y con todas las intenciones de ocupar un lugar junto a ella.

—Hola, preciosa—saludó—, ¿admirando la tarde, de nuevo?

—Ah, hola, Konohamaru…Veo que ya has terminado tus deberes.

El chico se había acomodado de lo más campante a su lado y de no ser porque Hinata no le prestaba tanta atención, habría notado que se acercaba más y más a ella.

—Así es, soy rápido, en serio—dijo con superioridad y alardeo. Hinata soltó una pequeña risita y el muchacho le regresó la mueca; pero después se puso más serio—. Aunque, sabes, me estoy cansando de ser sólo el mensajero y barrendero, quiero demostrarle al jefe que puedo ser capaz de más, si me diera la oportunidad.

Los días de convivencia habían provocado que ambos fueran más cercanos; en especial el joven que le tomó una confianza ciega a la mujer desde el primer instante y en muchas ocasiones le contaba detalles respecto a su vida y lo que hacía en el transcurso del día. La función de Hinata, más bien era ser escucha y consejera.

—Te paciencia, pronto se dará la oportunidad. De cualquier manera, yo creo que tu trabajo es importante igualmente, aunque sea pequeño—animó Hinata con tierna sonrisa.

Konohamaru quedó embelesado por aquel gesto suyo e impulsivo había soltado: —Que linda eres…—se percató de su falta cuando la mujer se sonrojó y desvió la mirada a otra dirección, como esquivando su halago. Por supuesto, el muchacho se puso tan nervioso y quiso remendar la ofensa (si es que la había hecho) —, B-Bueno, me refiero a tu comentario de querer hacerme sentir mejor, ¡pero, oye! Igualmente también pienso que eres muy linda, Hinata.

Konohamaru igualmente era un muchacho atrevido, y con ése comentario se dio a saber. Hinata se encogió y con un leve rubor aún atormentándole los mofletes, agradeció los cumplidos—: Oh, gracias, eres muy amable, Konohamaru.

La respuesta de la mujer al parecer le había dado luz verde al chico, pues con toda seguridad, le propuso una cita.

—Por cierto, me estaba preguntando si algún día quisieras dar una vuelta conmigo, tú sabes, ir a tomar un café por allí, yo invito por supuesto.

La sonrisa de Hinata fue apagada y afligida. Pues, aunque era bastante ingenua no era ninguna tonta y sabía cuáles eran las intenciones del muchacho. Si bien, hubiera aceptado su oferta por mera cortesía y porque lo consideraba un buen amigo, tuvo que declinarla dadas a otras razones más importantes.

—Me encantaría, algún día, claro. Pero, ahora no puedo salir de ésta casa.

— ¿Eh? —Exhaló desilusionado — ¿Por qué no? — inquirió con mismo aire, pero luego se quedó taciturno, analizando por su cuenta —. Sabes, ahora que lo mencionas, creo que no te he visto salir mucho, ¿puedo preguntar el por qué?

Por lo que vio, ya le había tocado el turno a Hinata de hablar, y la mujer se vio acorralada por tal pregunta; optó por ser honesta desde el principio antes de inventar cualquier excusa poco creíble.

—La verdad es que, mi padre es Hiashi Hyūga.

— ¿Qué? — casi escupe pasmado— ¡No! ¡Estás de broma y no es divertida, en serio!

—Te estoy siendo completamente sincera.

—Entonces, ¿qué haces con los Uzumaki? ¿No eres entonces un enemigo?

—Es una historia un poco larga…—dijo Hinata, soltando un suspiro lleno de cansancio.

Konohamaru le sonrió y acercando peligrosamente su cabeza al hombro de la mujer, le alentó a hablar—. Adelante, cuéntamela, hemos terminado los deberes y sobra tiempo.

Hinata le sonrió afable y decidió relatarle—.Bueno, ya que insistes…

Naruto llegaba bastante exhausto a la casa; había estado de arriba y abajo por toda la ciudad, contactando gente, andando con abogados y bienes raíces, negociando tratos y trueques que, cuando llegó tan encorvado y sigiloso, nadie lo notó. Tenía planeado ir directo a su cuarto y echarse una buena siesta de unos veinte minutos antes de continuar con su trabajo que consistía en leer un par de papeles relacionados con contratos y demás. Iba tan decidido a echarse sobre algún futon, tan dispuesto a relajarse un poco y dejar de pensar en tantas cosas (pero eso de por sí era casi imposible); cuando notó en las orillas de la rōka a Hinata sentada estando de espaldas; pero más aparte, lo que más le alarmó, es que no estaba sola. Entornó los ojos con recelo. Para su mala suerte, Karin pasaba por allí de pura casualidad y Naruto tan fatigado ni se fijó ni le interesó a quien había interceptado, porque solamente quería una respuesta, y la quería ahora.

—Oye, ¿quién es ése con el que habla Hinata?

Karin observó a donde apuntaba su primo, y con magnánimo gesto volvió a encarar a su primo.

—Konohamaru, tu fan, ¿quién más? —contestó como si fuera lo más obvio del mundo.

Naruto por fin miró a la pelirroja, se sentía bastante confundido, porque había estado más tiempo fuera que dentro, para darse cuenta de quienes hablaban o no con Hinata. Contadas eran las veces que se pararon a charlar desde su llegada allí y por tanto, el Uzumaki seguía ignorante a muchas situaciones al respecto. Y no era su intención, pero los deberes lo tenían consumido. Por otro lado, Karin era la que pasaba un poquito más de tiempo en la casa, siendo igualmente compañera de cuarto de Hinata, ella se enteraba de lo que sucedía a su derredor.

La chica llevó una mano a su cadera y teniendo ganas de fastidiar a Naruto con el tema, porque ahora sabía era un completo inconsciente de las cosas, decidió seguir explicando—: Desde que está aquí no hace más que estar de cachorro faldero contigo y con ella, aunque por supuesto, sus intenciones con Hinata son diferentes. —Naruto la miró con inquietud al oír aquello último. Karin sonrió con sorna— ¿Celoso?

— ¿De qué hablas? —Se defendió frunciendo el ceño—. Sólo he preguntado con quien hablaba.

Las excusas de su primo por intentar evitar ser la burla de la pelirroja fueron en vano, porque la mujer ya tenía sus respuestas claras.

—Lo cual significa que te interesa.

—Pues claro que me interesa, Hinata es mi amiga.

—Una amiga a la cual no le quitas el ojo, y la primera cuyos pretendientes te interesa. Ya te he descubierto, desde que llegamos aquí, el vigilar lo que hace la Hyūga forma parte de tus actividades extracurriculares.

Naruto se avergonzó; pues si bien, no tenía tanto tiempo libre como desearía, la mayoría de las veces usaba esos minutos de respiro para pensar o ver a Hinata. Y no se la podía sacar de la cabeza, no desde aquella noche que la arropó. Pero fue bastante evasivo cuando Karin se lo recalcó en la cara.

—Ba, no sé ni porqué sigo hablando contigo de éstas cosas.

—Porque eres un bruto, claro está—dijo irónica—. Pero, como sea, yo ya te di mi opinión. Y, si te doy una última sugerencia, tu fan pronto logrará conquistar a ésa chica de sentimientos tan endebles.

—Eso quisieras—protestó el hombre enojado—, Hinata tiene buenos gustos, por algo se ha fijado en mí—presumió orgulloso—. Además, ella es todo menos endeble, eso te lo puedo jurar hasta por mi vida.

Karin se mofó y muy segura de sí misma, insistió—: Ya lo veremos. Cuando ella esté beso aquí y allá y de manita sudada con Konohamaru, querré que me repitas eso que me has dicho.

Concluida la oración, la mujer se marchó pasando de largo e ignorando si habría alguna replica por parte de su primo; de todos modos no la hubo, pues Karin logró su cometido: Meterle una profunda inseguridad al hombre, quien ahora no despegaba la vista de donde se hallaban Hinata y Konohamaru.

De repente, el sueño se le fue por arte de magia, estaba más que despierto y por ahora, un único objetivo se centraba en su cabeza: ¿Qué estarían hablando aquellos dos? Pero bien sabía que no podía llegar así como así y sentarse a oír una conversación ajena, aparte de raro, sería tan obvio. Por lo que pensó una rápida y efectiva forma de acercarse a ellos con toda naturalidad y casualidad.

Hinata y Konohamaru proseguían en su conversación, en cuanto notaron que el mismísimo Naruto se acercaba a ellos cargando consigo una regadera para plantas en una mano y en la otra un atomizador; se extrañaron por su repentina aparición y ambos callaron para observar como comenzaba a regar las pocas flores que había en el jardín. Hinata y el subordinado se ofrecieron a ayudarle, pero muy campante, eludió—: ¡Oh, no se preocupen, ustedes sigan conversando!

Claro que, Konohamaru obedeció enseguida y no insistió más, mientras que Hinata, ahora dedicaba parte de su atención a Naruto que seguía echándoles agua a sus preciadas flores. El rubio, por otra parte, además de darles líquidos a los pimpollos, regando y rociando, paraba bien la oreja y probando suerte si con ello lograba escuchar algo de lo que allí se decía: "Ahora entiendo porque no has salido" decía Konohamaru. "Pero, en cuanto solucione esto, me gustaría aceptar tu propuesta de ir por un té o café" respondió Hinata, provocando que el corazón de Naruto latiera más rápido y que un pinchazo frío arremetiera contra su pecho. "¡Eso me encantaría! Adoro pasar tiempo contigo, eres una chica de lo más adorable…Pero, mujer, ¡que no te de pena! Es la verdad" Naruto ya respiraba pesadamente y apretaba el mango de la regadera con fuerza, mascullando maldiciones e improperios tales como: "Estúpido mocoso precoz" o "Pequeño enclenque degenerado. ¿Pero quién demonios contrato a éste imbécil?...Ah, cierto, yo." Pero fue le colmo cuando oyó decir a Konohamaru: "Espera, Hinata, tienes algo en el rostro, quieta, déjame que lo quite". Suficiente, el rubio se irguió y con paso tan decidido fue directo a ambos; fue todo bastante rápido, Konohamaru ni lo notó llegar, aunque Hinata apenas lo había logrado y eso que igualmente vigilaba al rubio. Aún tenía el rociador consigo, y antes siquiera de que el muchacho tocara con delicadeza a Hinata, Naruto le roció agua en la cara.

— ¡Ay, cuánto lo siento, Konohamaru, muchacho! —Fingió arrepentimiento ante la cara de completo desconcierto del joven—. Pero tenías tierra en la cara, de veras.

Konohamaru se limpió el agua del rostro con la manga de su playera y rió restándole importancia a lo que acababa de pasar.

—No se preocupe, jefe. Gracias—pudo articular no muy seguro si era necesario aquel "gracias".

—Sí, sabes—evocó de inmediato Naruto—, ahora que lo recuerdo, necesito que vayas a la tienda, se me ha antojado un ramen instantáneo. ¿Tú quieres algo, Hinata?

Se dirigió a ella con toda la gentileza del mundo, pero la chica solamente negó con la cabeza; destacando, además, que seguía algo sorprendida por lo que acababa de suceder.

—Bueno, entonces ve y si gustas puedes comprarte algo tú también—adicionó apresurado, para luego hacer con la mano ése gesto que se le hacen a los perritos y gatitos que molestan—. Ok, ahora, "shu".

Konohamaru asintió y casi corriendo se alejó del lugar; por último, Hinata le dedicó una miradita de pena al chico que partía. Al principio fue un poco incomodo el haberse quedado solos, pero después, Naruto tomó el lugar que anteriormente ocupaba el muchacho.

—Konohamaru es un buen chico—empezó Hinata, después de que nadie de los dos se decidía a hablar de nada. Su intención de la Hyūga, con aquel comentario, era hacerle saber que el joven era capaz de más, aparte de ser siempre el recadero; brindarle un poco de ayuda a su nuevo amigo, eso era todo. Pero Naruto pareció tomar aquellas palabras en otro concepto y seria fue su réplica.

— ¿Ah, sí? Veo que te has hecho muy amiga de él.

—Pues—se encogió de hombros por el semblante tan taciturno del rubio—, supongo que sí, como dije, es un gran chico.

—Y, ¿te gusta?

— ¿Qué?

—Es sólo curiosidad, tú sabes—ahora fue él quien se encogió de hombros, aparentando desinterés.

—Me gusta, sí.

—Pero, ¿cómo para novio? ¿Quizá hasta esposo?

Las palabras del rubio sonaban débiles, oscilantes. Hinata despegó los labios sutilmente, no reconoció sus propias palabras ahora que las decía Naruto, pero si se le hacían bastante familiares…Bueno, habiendo estado tan ebria era un milagro que recordara la mayoría de las cosas que había hecho y soltado aquella noche.

—…No—contestó finalmente, confundida—. Konohamaru me agrada, y mucho. Pero él no me gusta de ese modo. Naruto, p-puedo, ¿puedo preguntar por qué quieres saber esto?

Y es que, en aquel instante, todo se había tornado tan raro. Hinata estaba tan anonada y desorientada por la actitud de Naruto, que por ahora, no podía concluir nada; muchas cosas cruzaron por su cabeza, pero todos esos pensamientos podían y no podían ser. Le pareció que, el mundo se detuvo cuando Naruto le confesó lo siguiente.

—No lo sé, quizá es porque estoy un poco celoso.

Después, el celular del rubio sonó y éste se retiró para atender la llamada, dejando hasta allí aquella plática que para Hinata fue tan rara y a la vez, tan significativa.

O0O0O

Konohamaru ya regresaba de la tienda, en una bolsa de plástico cargaba el ramen que le pidió Naruto y más aparte un par de barras de chocolate para él (después de todo, el jefe dijo que corrían por su cuenta y decidió ser educado y tomarle la palabra), aún así, estuvo divagando en todo el camino tanto de ida como de vuelta. Era obvio que el comportamiento de su jefe fue más que extraño. Por suerte, se topó con otro sujeto del clan, cuyo nombre recordaba era Sai; quizá el supiera algo y pudiera responder a un par de dudas que le rondaban por la cabeza.

—Oye—le habló, y el hombre de tez pálida atendió el llamado— ¿Hinata es la novia del jefe o algo así?

A Sai le sorprendió lo directo que era aquel niño (pues ante sus ojos era un niño, siendo que no eran muchos los años de diferencia). El hombre sonrió de extraña manera (extraña, pues se veía era un poco forzado el gesto).

—Claro, eso es obvio, ¿Por qué preguntas? —mintió sin remordimiento. La verdad que no solía hacer bromas, pero como leyó un libro referente a humor, le dieron ganas de poner un poco en práctica lo leído. Pero el resultado no fue el esperado, pues el muchacho puso cara de desgraciado y soltó un berrido arrepentido.

— ¡Diablos! Ahora todo cobra sentido…Jo, me he metido en una gorda, será mejor que solucione esto y rápido, en serio.

—Pero, ¿de qué hablas, si se puede saber?

Konohamaru soltó un pesadísimo suspiro y decidió relatar su tan trágica historia—.Es que estos días he estado coqueteando descaradamente con Hinata; y el día hoy, cuando estaba platicando con ella, el jefe apareció de la nada y se portó bastante raro, bueno, más bien un poco agresivo, ¡me roció agua en la cara con un atomizador! Vaya, no sonrías, que no es divertido. Como sea, me extrañé mucho de su reacción, así que mientras iba a la tienda por su ramen fui atando cabos y, llegue a la conclusión que Hinata pudiera ser su novia o algo así.

—La verdad no es nada oficial todavía, te dije que era su novia en broma—admitió Sai para sorpresa de Konohamaru—; desde hace tiempo se rumoreaba entre nosotros que entre el jefe y la Hyūga había algo, pero eran meras suposiciones y chismes. Pero, con lo que me cuentas ahora, ya no puede haber más dudas. Bueno, eso creo, no soy bueno con eso de los sentimientos de las personas.

—Ni tampoco para las bromas—añadió con aburrimiento—. Como sea, eso solamente me deja mal parado. Tendré que disculparme con el jefe por querer seducir a su mujer, no quiero perder éste nuevo empleo, no tengo a donde más ir, y antes de que corran o me maten, yo me disculpo.

—Será lo mejor—apoyó Sai—. Agradece que el jefe Naruto no sea de esos locos posesivos celosos, de ser así, seguramente te hubiera hecho arrancar un meñique y mandado a cortar el pen…

—Muy bien, para, ya entendí.

O0O0O

—Jefe, he aquí su ramen, calientito y todo.

Konohamaru se había tomado la molestia de prepararle la sopa a Naruto, a pesar de que este no se lo había pedido. Lo depositó en la mesilla donde el rubio estaba detrás, leyendo unos papeles; este le dirigió una fugaz mirada antes de continuar con su lectura.

—Oh, gracias, Konohamaru. Ponlo por allí.

Había otras razones para que el muchacho se portara tan acomedido y antes de salir del cuarto, el joven interrumpió nuevamente con la leída del hombre. Y pensó que sería ahora o nunca.

—Disculpe usted, jefe, pero yo, me gustaría pedirle una humilde y muy arrepentida disculpa.

Ante esto, por supuesto que Naruto dejó su lectura a un lado y posó todo interés y desconcierto al joven parado y haciéndole una profunda reverencia frente a él.

— ¿Eh?, ¿pero de qué hablas?

— ¡Lo siento! —Exclamó y lloriqueó —, ¡en verdad que sí! Yo no sabía que la señorita Hinata era su novia, de haberlo sabido, jamás, jamás, jamás me habría siquiera acercado a ella. Le prometo que no vuelve a suceder; pero al ser un ignorante y encontrarla tan linda, no pude evitarlo, en verdad pido mil perdones.

Naruto escuchó aquello con mucho cuidado y luego de que el chico callara, el hombre sonrió amigable.

—Sí que es linda, ¿verdad? —dijo por fin, queriendo con ello relajar las cosas en todo sentido. Pero el muchacho entendió mal a su jefe, creyendo que había sido un error llamar "linda" a Hinata en su presencia.

—Oh, no, perdón, no quise hablar así…Diablos, la he vuelto a cagar, en serio—quiso remendar, y se hallaba tan desesperado que luego chilló—. ¡No me mandé a cortar el pene, por favor!

Naruto soltó una carcajada y esto en vez de tranquilizar al muchacho lo puso más tenso.

—Tranquilo, Konohamaru. No estoy molesto, ni mandaré a cercenar a tu amigo, de veras.

El chico levantó la cara con mucha ilusión—.Oh, ¿de verdad? ¡Qué alivio!

El rubio ya sonreía de oreja a oreja. Le resultó divertida aquella charla con el joven hombre; de todos modos, una duda asaltaba su conciencia y era el cómo el muchacho llegó a la conclusión de que Hinata era su querida (bueno, supuso su comportamiento de hace una hora fue suficiente para justificar algunas cosas).

—Y, bueno, yo te tengo una pregunta, ¿de dónde has sacado que Hinata es mi novia?

Konohamaru elevó su par de cejuelas y apretó los labios, dispuesto a comenzar a explicarle el asunto de todo—. Bueno, ha sido una suposición que sea su novia o tenga sentimientos por ella y disculpe mi atrevimiento por decirlo…Pero, en serio, jefe, dígamelo directamente y con confianza, soy su subordinado después de todo y si a usted no le parece que esté cerca de Hinata, entonces, me alejaré de ella sin rechistar.

Naruto rió levemente, negó con la cabeza un par de veces, ademán que extrañó al chico.

—Hinata tenía razón—eludió el hombre con toda tranquilidad—, eres un gran muchacho, Konohamaru. Pero no, no puedo hacerle esto ni a ti, ni a ella, ustedes dos son buenos amigos y no quiero ser responsable de acabar con una bella amistad que empieza a aflorar—declaró el rubio, una vez comprendiendo que no había nada que temer y que solamente fueron sus inseguridades e imprudencias los que le jugaron una mala pasada. Bajó la mirada y guardó silencio; quizá y dada la ocasión, no estuviera demás (igualmente), dejar las cosas de buena vez resueltas y en claro. Naruto recargó su mejilla en una mano y con expresión agradable, añadió—: Aunque, has acertado en una de tus suposiciones y es que, le tengo un cariño muy especial a Hinata. No me he atrevido a confesarlo aún, porque sigo bastante inseguro sobre ello—Konohamaru puso cara de no comprender mucho lo que su jefe decía, era a su parecer algo contradictorio, por lo que, Naruto decidió ser más específico—. Veras, ella es una de las personas más amables y gentiles que he llegado a conocer, es de ésas personas que se intimidan por todo, pero que en el interior guardan mucho valor y fortaleza; es de aquellas desinteresadas a lo material y que gustan de ayudar a otros, sea quien sea. Ingenua, sensible, rarita, sencilla, un poco torpe en su hablar cuando está avergonzada, dulce, compasiva y podría decirte un centenar de cosas más respecto a ella, Hinata Hyūga.

Konohamaru sonrió levemente hacia su jefe, mirándole a los ojos. Ahora sí que ya lo comprendía todo. Quizá era la intimidad con la que se estaba hablando en aquellos momentos, que al muchacho le dio por ser honesto y conciso respecto a lo que pensaba.

—Si no le parece muy atrevido de mi parte, jefe, le diré que es obvio lo que usted siente por la señorita Hinata, inclusive aunque usted no esté muy seguro de ello, pero lo que es, es.Y, no habré tratado mucho con ella, pero puedo asegurarle, con todo el respeto del mundo, que si usted sigue bastante vacilante, alguien más le vendrá a quitar a esa bella flor…—expuso para su propia osadía, pero antes de que sus palabras sonaran en la dirección equivocada, agregó —, no seré yo, por supuesto, antes de crear malos entendidos; pero si es verdad todo lo que me ha dicho sobre la señorita Hinata, entonces, no veo el porqué seguir dudando, en serio. Bueno, lamento si he hablado de más, con su permiso me retiro.

—Konohamaru—detuvo un sonriente y apacible Naruto, el joven viró a verlo—, creo que te mereces un ascenso.

— ¿En verdad? —Exclamó el muchacho — ¡Gracias, jefe, en serio!

Naruto se quedó un largo, largo rato razonando las palabras de su subordinado una vez había partido. Ya era tiempo, su indecisión había sido ya bastante prolongada y nada más necesitaba un pequeño empujoncito para que todo quedará esclarecido; todas las respuestas que necesitaba, todas aquellas preguntas que alguna vez le afloraron, finalmente, se habían disipado y gran parte gracias a aquel jovencito y sus intrépidos comentarios. No había lugar para más vacilaciones, ahora sí, por fin se sentía tan seguro de sí mismo, volvía a ser él.

Se incorporó y fue en la busca de Hinata.

O0O0O

La encontró (después de buscar por casi toda la casa) en el último piso de la casona, en un cuarto cuya función era ser la bodega. Hinata estaba en medio de él, practicando algunos movimientos de kung fu (que seguramente Lee o Tenten, tal vez ambos, le habían enseñado), y ahora los ponía en práctica. Como pudo notar, el cuarto era amplio; para ello, la mujer se había dado la tarea de escombrar el lugar para hacer el suficiente espacio y poder entrenar; y aunque dejó bastante trecho para moverse, aún así, el sitio seguía siendo un tanto reducido.

— ¿Por qué entrenas aquí? —habló Naruto, provocando que la mujer diera un respingo de susto al tan repentina aparición del rubio. Hinata le encaró con expresión de duda; con todo, el hombre prosiguió como si nada— Ya no eres un rehén, ¿sabes? Puedes ir al parque que está cerca de aquí, si gustas, tendrías más espacio allí.

Hinata agachó la cara y llevó una mano derecha a sobar su brazo izquierdo, seguía un poco intimidada y era obvio, ya que lo que le había dicho Naruto hace horas pasadas la continuaban agobiando. No sabía muy bien, ahora, como debería actuar, las cosas para ella se tornaron un poco comprometedoras.

—P-Por ahora no puedo salir—respondió por fin—, pero pronto lo haré en cuanto halle en donde más quedarme.

— ¿Y por qué no aquí, no te gusta? —inquirió Naruto, preocupado.

— ¡No, no, para nada, para nada!—se apresuró a explicar—. Lo más seguro es que mi padre los esté vigilando en estos momentos, y de ser así, no puedo permitir que me vean con ustedes, es lo que me ha dicho mi primo.

Hizo la boca de lado y volvió a evitar la mirada del rubio, se sentía con mucha vergüenza como para hacerlo.

—Ya—soltó entre aliviado pero también afligido—, tú tienes tus propios asuntos a resolver, ya me lo habías mencionado, lo comprendo.

—Perdona—dijo Hinata, tomando todo el valor que pudo para poder verlo a la cara—, en serio me gustaría ayudarlos en este nuevo proyecto que hacen. Me siento muy inútil estando solamente aquí.

—No te preocupes, Hinata. Eres bastante útil aquí, haciendo los deberes y preparando las comidas que no te corresponden, no te imaginas lo provechosa que resultas—ánimo Naruto diciendo lo que era verdad. Hinata sonrió más concurrida, Naruto de alguna u otra forma, siempre, siempre, le hacía sentir que valía—. Pero, encontraremos una solución para que puedas salir sin ser descubierta, si es lo que te acongoja. Yo mismo me encargaré.

Ante la propuesta del rubio, Hinata sonrió gentilmente. Pero negó con la cabeza —. No quiero ser otra carga para ti, Naruto.

—Nunca lo has sido y ésta tampoco será la ocasión. Te ayudo porque quiero—expresó el hombre, entrando al cuarto y cortando distancia con la mujer. Hinata se sintió de repente bastante nerviosa. Pero el rubio quedó a una longitud prudente con ella. Observó los derredores, adicionó con tono emocionado —. Y, hablando de ayuda, ¿quieres que te ayude a entrenar? —Hinata quedó desconcertada y puso cara de preocupación. No tanto por la idea de entrenar con él (pues ya lo había hecho antes), sino de que bien sabía que el hombre andaba muy ocupado, no podía perder el tiempo con un simple entrenamiento que ella bien podía hacer sola. Y como si leyera sus pensamientos, Naruto añadió —: Tranquila, tengo tiempo.

Así pues, hicieron la reverencia de saludo al contrincante y se posicionaron. Hinata tuvo la iniciativa de hacer la ofensiva, dirigió un golpe para el rostro del rubio, el cual bloqueo rápidamente; después, Hinata se precipitó al suelo para hacer una patada de trompo y con ello hacerle perder equilibro al hombre y derrumbarlo, pero éste saltó a tiempo esquivando rápidamente. La mujer se incorporó velozmente y continuó con puñetazos y palmadas; todos siendo esquivados o bloqueos por el rubio. Finalmente, Hinata se concentró y buscando ágilmente algún punto débil y desprevenido, volvió a atacar, asestó una firme palmada en el estómago del rubio, aquel sonrió adolorido y, con aquel golpe, decidió dejar de ser defensiva e igualmente entrar a la ofensiva. El próximo golpe que le dirigía la mujer lo interceptó por la muñeca para luego abalanzarse sobre ella; Hinata opuso resistencia y por ello se perdió el equilibrio y ambos cayeron. Ante los movimientos y resistencias, la Hyūga había quedado encima del hombre. El cuarto era pequeño, así que Naruto estaba medio recargado sobre la pared. Dispuesta a ponerse de pie, tomó impulso con las manos para incorporarse, pero antes siquiera de alejarse un poco, Naruto rodeo las caderas de Hinata con sus piernas, aprisionándola entre ellas. La chica regresó y se pegó de golpe en el pecho de él, e intentando levantar el rostro, se encontró con el de Naruto a sólo escasos centímetros de distancia. Hinata se sonrojó sobremanera, mientras que el hombre sonreía levemente y, de un momento a otro, Naruto tomó la cara de Hinata entre sus manos y le besó.

Fue un beso que por supuesto Hinata jamás se vio venir, porque fue rápido y sorpresivo. La chica estaba tan consternada que ni siquiera cerró los ojos; pero sentía el calor que tanto ella como él emanaban, el cómo Naruto abría paso entre su boca y la mujer sintió que el alma se le escapaba de su tembloroso cuerpo. Por fin y luego de unos segundos, todavía sin entender ni procesar lo que sucedía, cerró los ojos y se dejó llevar; pues los labios del hombre, moviéndose con los de ella, era una sensación que jamás y nunca creyó experimentar; era placentero, era ameno. Por otro lado, Naruto sintió como el cuerpo de Hinata se estremecía bajo sus piernas, estómago y pecho. En cuanto sintió que la mujer le concedía aquel beso, situó ambas manos en su cintura y despacio comenzó a acariciar y subir una de sus manos por su fina espalda, cuya piel sentía había enchinado bajo aquella fina camisita de tirantes que traía. Se separaron lentamente y se miraron a los ojos. Naruto se sentó, acogiendo una posición más cómoda, atrayendo y haciendo que la mujer permaneciera cerca de él; ella quedó arrodillada entre las piernas del rubio. Nadie dijo nada y ambos estaban serios. Hinata había bajado la cabeza. Estaba tan confundida, ¿Por qué él había hecho todo aquello? Hasta donde tenía entendido, sus sentimientos no eran correspondidos. Pero, ahora, con todo eso que acababa de suceder…

—N-Naruto…—musitó— ¿Por qué? Creí que…

Hinata no pudo terminar la frase, porque Naruto la interrumpió, pegando su frente a la cabeza de ella y con sus manos atraparon los laterales del rostro de la mujer.

—Porque un girasol siempre necesitará del sol. Por eso—respondió quedo. Hinata levantó la cara, ahora topándose con los azules y brillantes ojos del Uzumaki. El hombre, con el dorso de los dedos índice y medio, rozó la mejilla de Hinata y luego continuó con su explicación, pues sabía que ella estaría muy confundida—Es algo que desde hace tiempo ha estado haciendo cosecha en mí, pero no le había dado la importancia que se merecía, hasta ésa noche que me dijiste como te sentías. Y desde entonces, cada que tengo un respiro, he pensado en ello y en ti. Había tenido miedo de volver a querer desde Sakura, me cerré y me cegué completamente, y cuando finalmente llegaste tú y me mostraste de manera desinteresada tu cariño y amor, no hice más que cerrar los ojos y auto engañarme. Pero ya no más. He sido un girasol muy egoísta, mi sol ha estado allí todo el tiempo, brindándome su calor, protegiéndome y ayudándome…Por fin me he dado cuenta, estuvo todo el tiempo allí y me siento muy avergonzado de no haberlo notado antes. Hinata, ¿me perdonas? Si te he hecho daño con mi estupidez y descuidos, no me gustaría perder lo que recién he descubierto.

Naruto cerró los ojos y pegó su frente con la de Hinata para luego bajar hasta su hombro y recargarse en el. Le animó el hecho de que la mujer no le negara ese contacto y de hecho, Hinata llevó sus manos hasta la cabeza del hombre y le abrazó. La mujer ya había comenzado a llorar de felicidad. Con toda la confianza y decisión, hizo que Naruto le encarara nuevamente.

—Nunca perderás lo imperdible—aseguró la mujer—. Porque deberías saber, Naruto, que el sol nunca se va y su ausencia no es más que una ilusión de la tierra, que no para de girar y girar.

Dichas aquellas palabras, Naruto sonrió tanto como ella y se volvieron a unir en otro beso, con la vespertina luz filtrándose por la ventana y haciendo unos bellos colores sepia en el cuarto.

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rōka*: Aquel pasillito de madera (hasta donde tengo entendido) que está a las afueras/orillas de la casa.