Aclaraciones & advertencias (este capítulo): Capítulo de 9,600 palabras aprox. Leguaje quizá soez y fuera de ello, nada más a resaltar.


¡Disfruta de la lectura!


.:Capítulo 17:.

El sabio de la montaña.


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Seguían yaciendo en el suelo, pero ahora extendidos y mirando en dirección a la ventana. Admirando a la estrella de la tarde asomarse y apenas titilar con cierta timidez entre un cielo azul oscuro; y más allá, las últimas nubes pintadas de rosa, naranjas y rojas a poco tiempo de volverse grises y negras para confundirse en la profunda noche.

Hinata tenía reposando su cabeza en un brazo extendido de Naruto. Hacían veinte minutos desde aquel beso, quince desde una conversación que más o menos se resumía en esto:

— Naruto… ¿Qué sucederá ahora? —interpeló, porque ya había pasado la emoción de aquel contacto labial y la mente de Hinata ya se había esclarecido y, para su desilusión, vuelto a ser racional. El rubio le sonrió entre confundido, y enarcó una ceja.

— ¿Cómo que, qué sucederá? Pues obviamente que eres mi querida novia—Naruto le cogió su mano y le dio un rápido beso en el dorso, siendo como consecuencia que Hinata contuviera el aliento. Y sin dejar de retenerla y acariciarla entre las suyas, grandes y tibias, agregó con timbre no tan animado—: A menos claro, que quieras tener una relación abierta, en lo cual discrepo rotunda y absolutamente; porque si bien he tenido ése tipo de relaciones con otras mujeres, han sido solamente por diversión y para pasar el rato…Cosa que no te considero y ni quiero hacer contigo, Hinata. Lo que te dije ha sido en serio. Voy contigo muy, muy en serio, que lo sepas desde ya.

La miró fijo a los ojos, y había nada más que seriedad en sus facciones. Hinata al principio quedó sobrecogida por las palabras; pero luego, al ver nada más que pura sinceridad en los ojos de Naruto, sonrió conmovida.

— Lo sé, y te creo—aseguró—. Pero no era eso exactamente a lo que me refería.

— ¿Ah, no? — Reincidió, nuevamente desorientado— ¿Entonces, qué?

Para aquel entonces, la mujer ya había vuelto a reclamar su mano y tenía ambas en forma de puño sobre su regazo. Comprimió los labios.

— ¿Guardaremos esto en secreto?

— ¿Secreto? — Repitió Naruto, casi ofendido— ¿Pero por qué querríamos hacer eso? Si por mi fuera, ahora mismo mandaría una nota a la cadena televisiva de noticias para que difundan y transmitan lo estúpidamente enamorado que estoy de ti. — exclamó, mostrando su honesta alegría. Hinata sonrió por lo bajo, verdaderamente halagada y muy apenada. Naruto disfrutó ver ésa acción por parte de la mujer. Y con tono entre fingida tristeza y con modulación más baja, tomó la cara de ella y le hizo mirarle a la cara—. Pero, si tú te avergüenzas de lo nuestro…

— ¡Jamás! ¡Nunca! — Se apresuró a replicar— ¡Ni en miles de vidas me sentiría avergonzada por eso! Es sólo que, me da un poco de pendiente el qué dirán, lo último que quiero es causarte más problemas…

Hinata hizo que el hombre le soltara, desviando la cara. Por otro lado, Naruto procesó las razones de la Hyūga.

— ¿Y desde cuando tú me supones un problema? Hasta donde sé, nunca lo has sido; tienes la imaginación tan viva, mujer, alucinas cosas. ¿Y qué importa lo que otros digan? Si me place, puedo desposarme con un perico (que no haré, por supuesto, pero por darte el ejemplo) —aclaró a última instancia—, y a ellos les vendría dando igual en lo que respectan mis decisiones personales. Además de ser su jefe, me deben su respeto, claro está. — hubo una racha efímera de silencio, antes de que Naruto terminará por optar adicionar—… Pero si te causa pendiente y quieres llevar las cosas con calma, muy bien…No diremos nada, que ellos se vayan dando cuenta solitos.

— ¿Y si preguntan?

—Pues se dice la verdad y listo—contestó de lo más despreocupado—, ¿qué tiene? Pero si te soy sincero, ahora mismo soy tan feliz, que quiero gritar desde el palco lo mucho que te quiero. Obviamente no lo haré, tranquila—agregó, cuando notó tensarse a la mujer y abrir los ojos sorprendida.

El sosiego se volvió a hacer presente; pero en esa omisión, ambos se quedaron cavilando en muchas cosas, algunas ideas compartidas y otras bastante alejadas la una con la otra. Aunque Naruto se planteaba específicamente a lo que respectaba Hinata y el cómo haría para que saliese de la casa sin ser advertida por su clan, si es que éste los vigilaba, que no dudaba no lo hicieran. Había pensado en algunas cosas, pero nada asegurado.

—Por cierto—le hizo saber—, tenemos que ver la forma en que puedas salir de encubierto de aquí, tengo un par de ideas, pero no sé que tanto te convenzan o si funcionen; porque, ya sabes, no aguanto las ganas de tener muchas, muchas citas contigo y que todas sean dentro de la casona no le veo mucha emoción.

A Hinata la invadió la alegría de poder pasar tiempo con Naruto, aunque le duró poco el gusto dado que bien sabía que por ahora no deberían estar pensando en esas cosas de las citas al tener bastantes problemas azorándolos.

—Pero tienes mucho trabajo—le recordó de inmediato—, no quiero que descuides tus responsabilidades por mí, no es correcto. Mejor ayudo y si sobra tiempo, entonces…

¿Cómo hacía aquella mujer para volverlo loco? Loco en el buen sentido, por supuesto. Con Hinata siempre estaba tranquilo, la paz lo acogía y ni hablar de la dicha que ofuscaba su pecho. Era la forma de ser de ella, sus palabras atentas y gentiles que provocaban el corazón se le templara.

—Entonces creo que eres la mujer más maravillosa que he conocido—dijo, rodeando y acercando el cuello de la mujer con su brazo, atrapándola en su torso y chocando su boca contra su cabeza, juguetón pero amable. La mujer no hizo más que dejarse acariciar y besar, antes de terminar tendidos en el suelo de tablillas.

Ahora el cielo estaba más azul oscuro y a la estrella de la tarde se le unieron otras a hacerle compañía. Poco a poco el cuarto empezaba a refrescar y Naruto sintió un escalofrío recorrerle la espalda; tiritó y teniendo a Hinata un lado se arrimó a ella, atrapándola en sus brazos para darse calor. En aquel instante, percibió el aroma de la mujer, que aunque hubiera sudado, su esencia no era exactamente desagradable o molesta; olía a frescura, combinada con salinidad y un perfume dulce, sutil. Se acordó de la vez que bailaron e inhaló su olor combinado con alcohol y le humo del ambiente; parecido era ese instante, parecido, pero completamente diferente; porque ahora la tenía entre sus brazos y podía disfrutar del estrujar su frágil figura sin remordimiento o temor.

El respirar de Hinata le hacía cosquillas en el pecho y bajó el mentón para poder encarar a la mujer que al instante captó la señal de Naruto el de querer encontrarse con su mirada y ella no desistió. El rubio se perdió en sus grises, casi perlados ojos. Observó apenas perceptible su reflejo en ellos y después le besó la frente. Porque su imagen era demasiado tentadora, y sentir su tersa y tibia piel contra su boca le provocó una especie de alborozo. A ése paso el querer estar con Hinata se convertiría en capricho. Y fue cuando razonó mejor las cosas.

—Sabes, pensando mejor en lo que has dicho; creo que estaría bien guardar discreción—musitó. Hinata lo encaró de nueva cuenta—, al menos en lo que respecta fuera del clan. Confió plenamente en mis subordinados. No me importa si ellos se enteran de esto o no. Pero afuera, tengo muchos enemigos y si se enteran de que tengo ahora, una especie de punto débil…—suspiró—. Jamás he deseado que algo malo te sucediese y jamás, mientras viva, lo desearé. Moriría de locura de ser así. Por eso, tengo claro que quiero protegerte, así que intentaré no ser tan imprudente de aquí en más. —Hinata sonrió tenuemente y rodeó al hombre con más fuerza. No hubo necesidad de palabras, pues con ésa acción, la mujer dejó en claro su gratitud. Naruto sonrió cual pequeño niño al cual consienten con un amoroso abrazo, y con buen humor le propuso—: ¿Qué dices? ¿Nos quedamos aquí hasta ver la constelación de Orión?

A lo que Hinata soltó un gustoso "Sí".

O0O0O

Karui maldecía por lo bajo; hoy no había sido su día, definitivamente. Había estado con Omoi cuidando el prostíbulo, y habían tenido un par de percances con unos clientes. Para resumir y el que más riña le provocó, fue un hombre cuyas copas se le habían pasado y la había confundido con una de las chicas que laboraban allí, queriéndose pasar de listo con ella. Karui le había propinado un puñetazo bien asestado en la boca y una cosa llevó a la otra. Catástrofe. Al final, tuvieron que pagarle al sujeto para que no levantara ninguna demanda, y para fastidiarla aún más, le tuvo que pedir disculpas al hombre que le manoseo sin pudor. Estaba que escupía bilis…Aunque Omoi le consoló diciendo que si lo llegaban a ver cualquier día y que no fuera cerca del negocio, juró que el que se arrepentiría sería otro. No fue de gran ayuda el comentario, pero le apaciguó al menos un poco las aguas. Por ahora, quería ir a la azotea a despejarse un poco, ya que sabía era la parte más tranquila de la casa y donde el aire pega mejor a la cara, sin mencionar que gustaba de la vista desde allí.

Grande fue su sorpresa al ver a su jefe y a Hinata saliendo de lo que llamaban bodega, juntos, con Naruto rodeándole con uno de sus brazos los hombros de la mujer. Parecían mantener una alegre conversación, la que duró tan poco al ver a Karui observándolos con la ceja levantada. Hinata quedó petrificada, pero Naruto, relajado como de costumbre, optó por saludar sin problema alguno. "¿Qué hay, Karui?" fue lo que dijo, para después pasar de largo de lo más casual, sin quitarle el brazo de encima a Hinata (la cual por cierto, cubría su roja cara con la mano, intento vano pues hasta las orejas el color había subido). La pelirroja se delimitó a regresar el ademán levantando la mano, pero mirando con suma extrañeza y curiosidad al par que se alejaba. A fin de cuentas era más su estrés que se terminó por encoger de hombros y por ése instante le restó importancia.

O0O0O

Hinata, luego de aquel bochornoso encuentro, decidió irse a su cuarto y acomodar su ropa, siendo que además dejaría a Naruto trabajando y leyendo lo que le hacía falta de contratos y papeles. Mucho sería el amor, pero de amor no se come y había deberes por cumplir. Y Estaba sola, doblando y acomodando tranquila y alegre, cuando Tenten arribó al lugar con una satisfecha sonrisa. La Hyūga imitó apacible el gesto y saludó.

—Ah, Hola, Tenten.

—Hinata, con que aquí estabas, ¿por qué no cenaste con nosotros? Lee y Omoi preguntaron por ti.

—Oh, lo siento, lo que pasa es que no tenía apetito—claro que mintió. Porque no fue la falta de hambre lo que causó su ausencia, sino más bien, un hombre cuyo nombre era Naruto. Pero Tenten le creyó, aún así.

—Ya. De todos modos, esta noche hubieron muchos ausentes, Karui, Naruto, y bueno, tú. Por cierto, que raro no tener a Konohamaru rondando por aquí—informó ya estando dentro de la habitación y empezando con la tarea de deshacer su peinado de dos chongos anexados a una trenza para dejar caer su cabello sobre la espalda, el cual sedoso pero de lustre opaco le llegaba centímetros por arriba de la cintura. No hubo tiempo para que Hinata respondiera con algo, porque entonces la puerta se volvió a deslizar y alguien más acabó por hacer presencia. Tenten fue quien la nombró—. Ah, Karui, ¿dónde andabas?

Tenía mejor semblante, el viento del tercer piso le había sentado mejor. Giró de soslayo y observó a Hinata con una ceja enarcada. Todavía no olvidaba lo que hace rato vio. Se pensó bien lo que diría.

—Fui a…Tomar un poco de aire. Tú sabes, hoy no fue mi día.

—Lo bueno es que mañana será otro y ojalá mejor—animó la castaña—. No te preocupes, ya verás que el idiota ese tendrá lo que merece. Bueno, voy a bañarme antes de que Karin se adueñe del baño, otra vez.

Había tomado sus sandalias y con prisa salió. Pues bien sabía que Karin una vez dentro del único y exclusivo cuarto de baño para las damas, no saldría de allí pasadas dos horas como mínimo, siendo que el tiempo no sería lo único que se llevará sino que también arrasara con el agua caliente. Motivos sobraban para que Tenten no se fuera, casi corriendo, a apartar su lugar. Una vez en soledad, Karui se acercó a Hinata tan dispuesta a sacarle "la sopa". Ser chismosa no le quedaba, pero tratándose de alguien a quienes después del tiempo y las circunstancias, consideraba cercanos y amigos, jefe incluido, decidió indagar un poco y saciar su curiosidad, más aparte, quizá, con un interesante cotilleo despejarse un poco más. Aunque a Hinata todo aquello le incomodaba hasta las puntas de su pequeño cabello.

—Y dime, Hinata, ¿qué fue eso de hace rato? Y no te quieras hacer la tonta conmigo, no funciona. Haz salido muy acaramelada con Naruto, solos, en esa bodega…Es que acaso, el jefe y tú, ya sabes… ¿Son? —Karui levantó el meñique, con una boquita haciendo una perfecta "o". El silencio de Hinata le otorgó la respuesta. Abrió los ojos de par en par, sorprendida— ¡Estás de broma! ¿En serio?

— ¡Por favor, por favor, Karui…No le digas nadie! —Suplicaba con la cara ardiendo en rojo. En labios ajenos, las cosas le parecían más bochornosas. Y Karui estaba dispuesta a guardar discreción, en cuanto supiera un poco más de detalles cosa que no pudo ser porque entonces no contaron con la repentina aparición de Tenten, otra vez.

— ¿No decir qué? —Fue lo primero que profirió ante las caras desconcertantes de las otras dos—. Perdonen, olvidé mi toalla—aclaró antes que nada, aunque de inmediato pasó a lo que le interesaba—. Pero eso ahora no importa, ¿qué no quieres que Karui diga, Hinata? —pero la aludida no decía ni una mísera sílaba. Tenten se extrañó y ladeó los labios— ¿Qué pasa? ¿Es que acaso no confías en mí?

—En nosotras, dirás—repuso Karui, respaldándose con la pared para estar más cómoda.

Hinata suspiró, un pesaroso suspiro, cabe resaltar. Su deseo era que las cosas se supieran de otra manera; al menos con ellas dos, tenía planeado decírselos con calma. Pero dado que todo fue tan inesperado y que las dos mujeres pedían en silenciosos gritos una réplica, se tuvo que resignar y comerse entera la pena.

—No es eso, es que, es muy vergonzoso decírselos. Quería mantenerlo en secreto por un tiempo y que las cosas se supieran poco a poco…Pero…

—Naruto y Hinata son novios—interrumpió abrupta Karui, cansada de tanto rodeo. Claro que, Tenten quedó estupefacta y no fue ella quién chilló un consternado "¡¿Qué?!". Al instante las tres dirigieron su atención a la otra recién llegada, la reacción fue casi la misma: Pánico.

—Karin—apuntó Tenten—, ¿qué haces aquí?

—Es mi cuarto también, les recuerdo—citó indignada. Se cruzó de brazos y miró severa—. Ahora, espero o bien, haber tenido un tapón enorme de cerilla el cual ha distorsionado lo que acabo de oír o es el día del inocente, porque, no puede ser que Naruto y tú sean…—estaba casi riendo, la sola idea de que aquello fuera verdad le provocaba tremenda burla, pero era un burla para aplacar sus nervios y deseos de que fuera una hórrida mentira. Pero las chicas no decían nada, el silencio y la seriedad del ambiente sólo le confirmaron lo que más se temía. Adoptó solemne e indiferente gesto—…Ya veo.

Lo último que dijo, antes de abandonar el umbral de la puerta e irse a quién sabe dónde a toda prisa. Tenten la quiso detener, pero fue tarde. El temor inundó el pecho de Hinata, pues bien enterada andaba que no era del agrado de Karin y que por supuesto desaprobaba o en todo caso, desaprobaría que Naruto estuviera con ella. Tenten y Karui igualmente lo sabían y quizá no fue mucho, pero intentaron consolar a la Hyūga diciendo que las cosas marcharían bien, aunque fueran blancas mentiras.

O0O0O

Traía unos lentes (raro, porque no era ni miope o astigmático, más bien eran para protegerse la vista; impulsivo e idiota algunas veces, pero igualmente de vez en cuando, precavido). Iba en el artículo treinta y uno de su contrato con su nuevo patrocinador y socio el cual le ayudaría con la plata para poder abrir un local para el futuro pachinko. El silencio era inmutable, era, hasta que su puerta se abrió de golpe y entró una colérica Karin.

— ¡Idiota! —Espetó— ¿Pero qué crees que haces? ¡Tú y esa mujer! ¿Es qué no piensas? ¿Es qué no has aprendido nada?

Estaba frente a él. Naruto, al parecer, no se había alterado o echo el menor movimiento de sorpresa o respingo por la manera tan despótica de su prima de dirigirse a su persona. En vez de eso, se retiró los lentes con calma para dejarlos sobre la mesilla junto con el resto del papeleo. Miró a su prima a los ojos y se puso de pie tan presto para iniciar una conversación. ¿Cómo se había enterado Karin de la noticia? Tenía sus sospechas, pero no le eran de verdadero interés dado que estaba tan al tanto de que ése secreto no dudaría mucho tiempo guardado, al menos no dentro del clan.

—Veo que, te has enterado. Te lo iba a decir de todas maneras.

—No lo hagas—pidió, casi suplicó—, aún puedes remediarlo.

—No quiero, no puedo y no pienso remediar nada, porque sencillamente no hay absolutamente nada a remediar—afirmó, para la congoja de la pelirroja—. Me enamoré, quiero a Hinata ¿Y qué? Déjame ser, déjame vivir, Karin. Sé que te preocupas por mí, pero si me proteges todo el tiempo de esto, me terminarás haciendo un inútil y un infeliz, ¿eso quieres?

Una lágrima resbaló por la mejilla de la mujer.

—Yo sólo quiero lo mejor para ti—susurró.

Naruto tuvo que rodear la mesilla para poder situarse delante de Karin, sin obstáculo alguno para poder levantarle el rostro, retirarle las gafas, limpiarle la cara con los pulgares y después abrazarla.

—Lo sé, te comprendo, porque lo mismo quiero yo para ti. Pero entonces, también sabes que no puedes obligarme a decidir o imponerme ideas o acciones. Me puedes ayudar, me puedes consolar y echar una mano de vez en cuando; justo como me hiciste hacer contigo, en ésa ocasión…

Y sabía a qué se refería. Hace años, con la muerte de su padre, su alianza con Sasuke, el plan, las muertes, Gato, y todo el meollo del problema, incluido el porqué Karin desaprobaba tanto que Naruto estuviera enamorado de aquella Hyūga.

—Es sólo que, no te quiero ver herido, de nuevo, de ningún modo…Te costó mucho lo de Sakura cuando…

—Te prometo que eso no sucederá—interrumpió, aseguró.

Pero Karin no creyó. Porque todavía recordaba a un melancólico Naruto, uno infinitamente triste, dolido, parte de su brillo arrebatado, y todo por una mujer que no superó hasta pasados largos y en verdad largos años. Desde entonces, no volvió a interesarse verdaderamente con ninguna otra, se delimitó a los placeres carnales de cuando en cuando y no había más. Y, sinceramente, Karin lo prefería así, porque sabía perfectamente que cuando Naruto amaba, amaba con mucha pasión y amaba de verdad, amaba en serio, amaba de lleno, profundo, sincero. Y soportar otra ruptura de corazón, simplemente no lo aguantaría, estaba casi segura. Creía que lo entendía, que sabía lo que hacía.

—No hagas ese tipo de promesas—masculló—, porque sabes muy bien que son inciertas.

—Yo no prometo en vano, incierto o no, mi palabra siempre tiene peso, ¿o no?

Karin guardó silencio. Fueron minutos, luego arrebató sus gafas de la mano del hombre. Se las colocó, dio media vuelta y antes de volver por donde entró, articuló:

—…Te creeré, lo intentaré.

O0O0O

En las siguientes semanas ocurrieron innumerables cosas, muchas bastante importantes, por cierto. La primera fue la idea que tuvo Naruto para poder hacer salir a Hinata de la casona encubierto. Había ido con Tenten y Karin a pedir tal favor, personalmente (descartando a Karui que era bastante inexperta en el área). La castaña se prestó (en cuanto se le explicó) gustosa la tarea. Karin muy en su contra y a regañadientes igualmente aceptó, para maravilla de su primo que estaba al menos un noventa por ciento seguro de que se negaría.

¿Y cuál era la tan misteriosa idea? Nada del otro mundo, solamente un disfraz. Pero no cualquiera, uno ingenioso. Si de algo estaba enterado Naruto, eran de las maravillas del maquillaje. Lo aprendió y muy bien aquella terrible vez que casi se acuesta con un travesti, y es que, su maquillaje y ropas eran tan buenos que era imposible distinguir su verdadera naturaleza. No fue hasta que el maquillaje se le corrió y que el relleno se esfumó que se enteró del casi irremediable error que estuvo a punto de cometer. Desde allí aprendió que el maquillaje era un arma poderosa, mucho muy poderosa. Por ello la idea de maquillar a Hinata, ponerle quizá una peluca, cambiarle ropas y así y con suerte transformarla en otra persona completamente diferente podría resultar. Y, hasta donde tenía entendido, tanto Tenten como Karin eran expertas en ello (Karui era una mujer más sencilla, por ende su rápido descarte). Inició entonces la tarea.

Habían diseñado lo que sería el nuevo rostro de la Hyūga, que acentuar, que ocultar, que remarcar, que iluminar, que oscurecer, etc, etc, etc. Hinata al principio estaba hecha un nervio expuesto a la intemperie, decir que se hallaba asustada y escéptica era poco, aunque al final se dejó hacer de todo dado que no tenía nada que perder (esto último hurtado de las mismas palabras del rubio).

Rubor por allí, bases por allá, corrector acá, delineador aquí, rímel para allá, y al menos una docena más de extraños productos cosméticos (sin contar las interminables herramientas como una completa colección de brochas, enchinador y pinceles) arremetieron en su rostro. ¿Peluca? Por obligación, también. Su nuevo cabello era de castaño oscuro, un largo que llegaba hasta debajo de sus clavículas, ni lacio ni chino, ondulado. Y la ropa…Hinata acostumbraba a utilizar ocasionalmente ropa holgada y cubierta, como por ejemplo: Largas faldas de vuelo, playeras de manga larga sin mucho escote, suéteres, chamarras, pantalones (lo más ajustado que utilizaría y ni eran entubados, jamás) sandalias o tenis, tacones rara vez y corridos o bajos, y si sentía con la bastante confianza y atrevimiento, a veces, hasta short. Tampoco la vistieron como prostituta de barrio, tan sólo le dieron ropas más frescas y un poquito más reveladoras y a la moda.

Cuando Hinata salió del cuarto con su nuevo look, nadie que no fueran el par de mujeres que hicieron aquello posible, la reconoció. Inclusive el mismo Naruto que bien enterado estaba, dudó de quien era la mujer que tenía por delante. Era otra. En apariencia no era Hinata, no era su bien amada Hinata. Porque aquella mujer tenía otro aire, distinto, con aquel cabello marrón y ojos haciéndole armonioso juego, los labios remarcados, la cara más alargada y con resaltados pómulos. Con aquellos jeans oscuros, entubados; zapatillas carmesí, una blusita de tirantes roja vino, semi holgada y con escote pronunciado anexada a un muy delgado abrigo oscuro. Se veía hermosa, preciosa, debía admitir el hombre…Pero así quedara embelesado con su nueva y temporal imagen, él a quien realmente quería, era a la Hinata sin tanta cosa encima, a la original, a la sencilla. Entonces el alivio lo asaltó, placentero y bien recibido cuando la chica habló, tímida y entrecortada. Era ella, seguía siendo, a pesar de todo, la dulce y entrañable mujer de la que se enamoró.

—N-No lo sé, Naruto… —decía insegura, apartando la mirada— ¿Crees que esto funcione?

Antes siquiera decir nada, Konohamaru pasaba casualmente por el lugar, deteniéndose en seco en cuanto notó a la mujer con la que hablaba su jefe.

— ¡Wow! —Exclamó, acercándose— ¿Y tú quién eres, preciosa?, no te había visto por aquí, ¿tienes nombre?

Fuera de lo usual de que el joven era bastante impertinente como de costumbre, Hinata quedó perpleja de que no la reconociese. Por otro lado, Naruto sonreía ladino.

—Créeme, funcionará.

Finalmente y luego de darse el tour por la casona para averiguar si era identificada (lo que nunca pasó), Hinata, se sintió lo bastante segura para poder salir a las calles sin ningún temor que la abordase. "No actúes como tú" fueron los últimos consejos que le dio Tenten y Karui. Karin se delimitaba a mirar sin decir más. "¿Cómo que no actúe como yo?" inquirió confundida "Sí, es obvio que en imagen eres otra, pero en personalidad es tan fácil identificarte. Por ello actúa seria, es lo más cercano a ti" "¿Seria?" "Sí, sí, tal como la tipa ésa amargada de Evangelion, ¿Cómo se llamaba? Ah, sí, Rei" aludió Karui "O como Motoko Kusanagi de Ghost in the Shell" se agregó un hombrecito de nombre Eita "¡Ah, aquí está el otaku del clan!" se burló Karin "Anda, como ella si quieres" apoyó Tenten. Hinata, por increíble que pareciese, no conocía ni a una ni a otra, tuvieron que mostrarle (gracias a la colección de DVDs de Eita) los ejemplos más claros.

Así pues y luego de unas horas de ensayo, la mujer salió junto con Naruto hacia las calles, a un departamento donde quedó de verse con gente para la colaboración de la apertura del nuevo negocio.

Todo fue de maravilla. La mayoría de los hombres y hasta mujeres preguntaban por la acompañante de Naruto, el cual se delimitaba a decir era su nueva asistente de nombre "Himawari Ii" (el primer bendito nombre y apellido se le cruzó por la cabeza) para que después, Hinata, adoptando una perfecta cara circunspecta diera una formal reverencia. Actuar como Rei o Motoko no le resultó tan difícil, tan sólo era permanecer seria todo el tiempo y hablar cuando era realmente necesario. La actitud severa también servía de escudo, así y viendo que era laborioso mantener conversación con ella no le prestaban más atención, incluso aquellos interesados en la imagen de la mujer al final se terminaban alejando, ya sea porque Hinata casi no hablaba o porque el mismo Naruto se los impedía indirectamente.

Aunque, el rubio tenía que aceptar que Hinata ejecutaba su papel bastante bien, siendo que ya ni la personalidad era la misma. Naruto sentía estar lado de otra mujer completamente extraña y eso, a veces, le ponía hasta incómodo. No era sino cuando se encontraban a solas que Hinata mostraba nuevamente su verdadera personalidad y era cuando a Naruto le daba un ataque de alegría que incluso la primera vez hasta se lanzó a abrazarla de emoción y cariño.

La mujer de todas manera, independientemente si era mentira, resultó por ser una buena asistente, leía papeles y documentación para Naruto, haciéndole resúmenes del contenido ahorrando así bastante tiempo; igualmente le traía café o alguna cosa a él se le apeteciera (claro que, Naruto no estaba muy de acuerdo que fuera su recadera o le complaciera de tal manera, pero Hinata se mostró de acuerdo y hasta había insistido en que fuera de ése modo argumentando que su papel sería más creíble).

Así fue el transcurso de aquella semana, Hinata se sentía tan contenta de poder salir y ayudar a Naruto y al clan con más cosas que no fueran solamente labores del hogar. En ocasiones no sólo acompañaba al Uzumaki, sino también a Tenten, Karui, Omoi, Lee, Sai y hasta Konohamaru, el cual como había dicho Naruto, fue ascendido y ahora se le mandaba a cuidar el prostíbulo de vez en vez.

Poco a poco, el clan se fue dando cuanta o haciendo teorías y suposiciones de que su jefe y la Hyūga salían, dado que ahora iban juntos a muchas partes y discretamente Naruto le cogía de la mano o se desaparecían a quien sabe dónde y no se les veía hasta la noche (usualmente esto era porque Naruto "secuestraba" a Hinata para llevársela a otro barrio, lejos, donde nadie los reconociera con facilidad y así poder ir al cine, a restaurantes, karaokes y muchas otras actividades que solían hacer las parejas cuando salían). Por ende, el clan comenzó a hacer preguntas y fue cuando Naruto decidió hacerlo público y oficial. Ésa fue la segunda cosa más importante que ocurrió. El Uzumaki reunió a su gente en el patio trasero y parado sobre un taburete anunció lo siguiente (cabía destacar que Hinata era ignorante de lo que Naruto diría, por ello cuando sucedió deseó ser un avestruz para meter la cabeza en la tierra):

—Sé que desde hace días andan rondando ciertos rumores por allí de que he estado saliendo con alguien—empezó, dando una vista panorámica a todos los presentes, quienes estaban atentos a cada movimiento que hacía su locutor—.Hace mucho que su jefe no sale con alguna mujer, al menos no formalmente, desde hace varios años, por ello entiendo tanto cuchicheo de su parte. Bien, creo que ya es la hora de hacérselos saber, después de todo son mis subordinados y confío plenamente en ustedes y que después de decir esto espero igualmente que cesarán los chismes y de todos modos guardarán discreción—los presentes asentían con la cabeza, o sólo estaban allí estáticos, o algunos pocos emocionados—. Sí, estoy saliendo con Hinata, aquella mujer, ésa de allá; bueno, no hace falta señalarla, ustedes ya la conocen y saben lo increíble que es, de veras—no hubo quien no girara a ver a la mujer, Hinata quería desaparecer. Se tapó la cara y miró a los suelos como si eso pudiera hacer algo, pero ante la desesperación ¿qué más podía hacer sino lo primero se le viniera en mente? Hubo vitoreo y felicitaciones para ambos. Konohamaru fue el primero en ir directo con Naruto y después con Hinata para desearles felicidad a su relación, al igual que Omoi, Lee y hasta Sai, entre muchos otros.

Igualmente hubo una nube de comentarios que difícilmente se distinguían de quien exactamente provenían, tales como: "Felicidades, jefe, la señorita Hinata es muy guapa" "qué bueno, ya se veía de lejos" "Era obvio, eso no era ningún rumor. Ya lo sabíamos" "Felicitaciones señorita, haga muy feliz a nuestro jefe" "Oye, eso significa ¿qué tendremos que llamarla jefa también?" "¡Y yo que sé!" "Creo que sería correcto llamarla así de ahora en adelante." "¡Por dios, ni que se hubieran casado! Basta con dirigirse con respeto a Hinata y listo" "¿Tú crees? ¿Y si mejor preguntamos? Tu sabes, por si las dudas" "¡Qué bueno, nos alegramos por ustedes! ¡Enhorabuena!" "Hacen una muy buena pareja, jefe"

— De acuerdo, de acuerdo—silencio Naruto luego de disfrutar un poco del ambiente, aunque para la Hyūga fueron los cuatro minutos más eternos que hubiera experimentado hasta ahora—. Muy bien, eso es todo, ¡pueden retomar lo que sea que estuvieran haciendo antes de que les llamara!

Y como si nada, la gente partió grata a sus anteriores actividades. En aquel barbullo de personas, donde se cruzaban unas con otras, Karin aprovechó la oportunidad viendo que la Hyūga había quedado sola y desconcertada. Se acercó y le dedicó una extraña sonrisita, al parecer se veía amigable.

—Oye, Hinata, pido una disculpa. Al principio no he reaccionado bien por la noticia de que mi primo y tú…—profirió con fastidio— Bueno, en todo caso, quiero empezar de nuevo y esta vez con mis felicitaciones.

Hinata parpadeó un par de veces, sorprendida, no se creía aquello. Porque sabía que Karin no le gustaba ni un poquito que estuviera con Naruto. Pero la mujer a veces, por ser tan ingenua, creía con facilidad en las personas. Estaba dispuesta a creer que un mágico cambio surgió en la pelirroja y antes de decir un gentil "gracias", Karin la interrumpió áspera.

—No hables tan pronto, aún no termino. Sólo una cosa más y te dejo ir, y escúchame con atención, ponme mucha, mucha atención—levantó el dedo índice, se aproximó peligrosamente a la Hyūga—…Si hieres, lastimas o haces sufrir a mi primo de cualquier modo, físico o emocional te doy mi palabra de que lo lamentarás más tú que él, te haré la condena el doble y si es necesario, te haré un daño irremediable—advirtió severa, sus ojos se ensombrecieron y la voz se le engrosó. Hinata sintió un miedo profundo y tal miedo la dejó congelada y sin palabras para replicar o defenderse. Karin, terminada la amenaza, soltó una risita risueña—. Sabiendo esto, espero que gocen de su relación Naruto y tú. Mis mejores deseos. Ahora sí, puedes decir gracias. Adiós.

Se alejó. Hinata, sin palabra en la boca, petrificada. Se sintió entonces desdichada, creyó y la idea fue tan pasajera que quizá, y sólo quizá, le pareció que estar con Naruto no fuera después de todo buena idea. Aunque nunca fue ni sería su intención hacerle un mal, jamás, por nada del mundo… ¿Habría servido de algo decírselo de todos modos a Karin? Sabía la respuesta, y era no. Porque para ella valían más las acciones que vanas promesas y palabras lanzadas al aire; sabía que amaba a su primo, sabía que era su único familiar consanguíneo más cercano, casi un verdadero hermano o al menos eso le habían relatado alguna vez las chicas y los chicos. Que su única intención era defenderlo a capa a espada y respetaba y admiraba eso de Karin, porque sentía exactamente lo mismo. Cuando Naruto le tocó el hombro, fue el final de sus cavilaciones, allí, con una iluminante sonrisa, diciendo su nombre. A la mujer se le encogió el corazón de ternura, de cariño. Toda duda se disipó. Le demostraría a Karin cuan equivocada estaba, le haría saber cuan digna era para Naruto, y que haría todo esfuerzo habido y por haber para que esa sonrisa que ahora le dedicaba, no se esfumara.

O0O0O

Pasó el tiempo, el verano finalizó desde hacía rato, con decir que hasta estaban a mediados de otoño.

Tenten ordenaba sus cosas. No era la única, Hinata hacía lo mismo con las suyas y Karui (que tenía de igual manera un desorden) se delimitaba a estar echada en su futón, refunfuñando y mascullando quejas respecto al poco espacio en el cual debían habitar. La castaña, ordenaba sus pendientes y cosas del cabello que estaba combinados (por extraño o no que pareciese) con armas blancas; tales como navajas, cuchillos y pequeñas agujas senbon. Hinata volvía a reacomodar su ropa, en especial la nueva que debía llevar para salir a la intemperie. De igual manera, su maquillaje (que aumentó sobre manera debido a las mismas razones).

Se escuchó dar a Karui un fatídico suspiro y después resoplar, dar una palmada al suelo y captar la atención de ambas chicas.

— ¿Cuánto llevan saliendo, el jefe y tú? —inquirió la misma.

—Cuatro meses y medio, me parece.

— ¿Te parece? —repitió.

—No—corrigió—, quiero decir, estoy segura.

— ¿No es hora pues, de qué te mudes al cuarto de él?

Le cayó tan de sorpresa aquella propuesta que desconcertada era poco para describir la expresión en el rostro de Hinata.

— ¿Qué…? Esto, no, ¿por qué debería hacer eso?

Y antes de que Karui dijera nada, Tenten se le anticipó, pues ya era un tema que había discutido antes con su compañera. Y es que, era algo complicado estar solamente las tres cuando vivían en Tokio, ahora que se había anexado Karin, era la anarquía total en aquella habitación, ni el suelo de madera se podía distinguir ante tanta chuchería y baratija arrumbada por acá y por allá. Ni porque Hinata escombrara cada tercer día las cosas se solucionaban un poco; primera porque solamente podía tocar ciertas cosas de las pertenencias de las otras y segunda, porque al final del día las cosas volvían a estar patas para arriba. Por ello, y cansadas de la desorganización buscaron soluciones. Y que Hinata se mudara con Naruto era la primera y más factible que se les ocurrió de momento.

— No es nada en contra tuyo, Hinata—aclaró la castaña—, pero estamos muy amontonadas aquí, no hay espacio, eso lo sabes de sobra, y bueno, ahora que Naruto y tú ya son novios, podrías instalarte con él y así habría un poquito más de libertad para nosotras, nos harías ése gran favor.

—Sí, pero…

— ¿Qué hay de malo? — Rezongó Karui, adivinando las inquietudes de Hinata — Estamos en el siglo XXI, a estas alturas no es necesario el matrimonio para que una pareja comparta la cama. Ni siquiera Japón, a pesar de lo tradicionalistas y puritanos que somos no nos salvamos de los tiempos modernos. Además, para estas fechas ya debieron haber compartido más de una vez la cama en una de sus tantas escapadas que se dan de vez en cuando y por eso llegan tan tarde.

—No.

— ¿No? —reiteró Tenten levantado la ceja, gesto que imitó Karui igualmente.

—No, jamás h-hemos…

— ¡No me digas que hasta ahora no han tenido sexo! —Previó Karui con un grito — ¡Oh, por Dios! ¿Es en serio? ¿Y por qué no?

Hinata hacía mucho no jugaba con sus dedos y manos, ese tic que aparecía cuando se encontraba en extremo nerviosa y avergonzada. Y ahora lo hacía, las juntaba, entrelazaba sus dedos, los desenlazaba de nuevo, entre otras maniobras.

—B-Bueno nunca me lo ha propuesto, y yo tampoco. Estamos bien así.

—No por mucho—previó la pelirroja—, de seguro él está siendo paciente contigo dado a que bueno, se trata de ti y quizá influya que cuatro meses no es mucho en un noviazgo, pero ustedes llevan conociéndose más tiempo, lo entendería si apenas se hubieran presentado y ése no es el caso, por eso me extraña…Bueno, les daré un empujoncito.

— ¡N-No, no, no! —profirió y chilló Hinata.

—Vale, vale—tranquilizó Karui con semblante fastidiado—, ¿por qué te pones así? Deberías estar feliz, ¿sabes?

—Es que, no me siento lista aún para eso…

—No me digas—prorrumpió, escéptica— ¿eres virgen? Vaya, ¿por qué no me sorprende? Dada tu personalidad…—suspiró—. Hinata, algún día tendrás que dejar de serlo.

—Pero no te pongas roja—río Tenten—, es normal y, ¿a caso no te gustaría que tu primera vez fuera con alguien a quien amas?

—Aprovecha, algunos no tenemos ésa suerte—musitó Karui, haciendo paréntesis y referencia a su vida pasada, dolida, enojada. Breve fue el silencio, para que luego Hinata asintiera, igualmente, siempre encontraba el "pero" a la conversación.

—Pero, tengo miedo, mucho…

—No hay nada que temer, no es tan malo—espoleó Tenten con tacto—. Bueno, la primera vez puede que sea algo dolorosa, pero ya depende de muchas cosas y si lo que temes son los embarazos y enfermedades, por eso hay algo mágico y útil llamado condón—finalizó inocente.

—O anticonceptivos—agregó Karui.

—De preferencia el condón—puntualizó, de nuevo, Tenten.

—Sí, pero…

La paciencia de la pelirroja llegó a su fin con aquel "pero".

— ¡Ay, al diablo con los peros! —Vociferó y luego señaló— Está claro que jamás le propondrás tal idea a Naruto, así que lo haremos nosotras. ¡Ya no aguanto estar una encima de la otra!

La desesperación de Karui era tan inmensa de tener un poco más de lugar, el volver al menos ver un pedazo de suelo limpio, que no se lo pensó dos veces antes de ir en la búsqueda de Naruto y proponerle la idea, que estaba casi segura tendría que aceptar. Hinata, que estaba a punto de seguirle el paso, no contó que una mano cubriera su boca por detrás y con fuerza la volviera a llevar a los suelos. Hinata forcejeó un poco, sorprendida por la inesperada acción de su amiga.

—Lo siento, Hinata—dijo en su oído, con candorosa sonrisa—, pero estoy tan desesperada como Karui, así que perdóname por esto.

La suplicas quedaron ahogadas en su mano y Tenten hacía todo lo posible para que la mujer no se le zafara y terminara huyendo, arruinando así todo.

Mientras tanto, Karui fue a dar justo al cuarto de su jefe, tocó (sin perder los modales) y pasó en cuanto se le otorgó el permiso al otro lado. Naruto, leyendo como siempre papeles (bastante aburrido y cansino, cabía agregar) viró a ver a la decidida pelirroja.

—Jefe, quiero hablar seriamente con usted.

Naruto bostezó y dejó a un lado la lectura.

—Ah, claro, dime lo que pasa…

—Es sobre nuestra habitación.

— ¿Qué hay con ella?

—Muy pequeña. Muchas chicas. Estamos como sardinas.

—Oh, ya veo—comprendió el hombre. Se llevó la mano a la parte posterior de la cabeza y se rascó, con timbre complicado tuvo que hablar—Lo siento, pero todavía no tenemos ingresos para alquilar o comprar una casa más grande, tendrán que soportar estar así unos meses más en lo que…

De antemano la pelirroja ya se esperaba una réplica así, y no dudó en plantear su dichosa sugerencia.

—Le tengo una mejor propuesta y será una breve solución de aquí hasta que esperamos que la economía se estabilice: ¡Que Hinata se mude con usted! —exclamó, sin rodeos. Naruto abrió los ojos cual platos, redondos y casi querido desorbitar— ¡Si, es su novia! ¿Cuál es el problema? Además, su cuarto es grande, caben dos perfectamente, no sea egoísta. Mire, le haríamos y nos estaría haciendo un favor. Una oportunidad así no se desaprovecha, nosotras tendrías más espacio y usted, bueno, tendría más intimidad con ella…

Naruto procesó la información un par de minutos antes de comenzar a reír como idiota y trabarse con las palabras.

—S-Sí, bueno, y-yo, no es que no quiera, claro que quiero… No, bueno, no es lo que piensas, a lo que me refiero es…Lo que quiero decir es que…—se aclaró la garganta de ése modo deteniendo tanto balbuceó sin sentido. Retomó compostura—.Tú sabes, me encantaría ayudarlas y estaría dispuesto a compartir mi habitación con Hinata, pero no lo haré a menos de que ella esté también de acuerdo en hacerlo, no quiero que se sienta obligada por ustedes. —condicionó de lo más viable.

Karui tenía ganas de soltarle un puñetazo en aquel afable rostro. Tan segura de que no se opondría y entonces, como caída del cielo, apareció una cansada, sudorosa y jadeante Hinata entrando escabrosa por la puerta, detrás de ella una Tenten igual en condiciones que ella. Muy probablemente se le escapó y había ido en su busca.

— ¡Ah, Hinata, justo de ti hablábamos! —Improvisó Karui con fingida risa. Naruto estaba extrañado por tan repentina aparición— Anda, dile al jefe que estás absoluta y completamente de acuerdo en venirte a su habitación, es más, que ha sido tu idea. Él está encantado, por cierto.

Las miradas de ambos novios chocaron. El color de la Hyūga subió. Sintió que olvidaba como respirar, por suerte eso no pasó.

— ¿Es verdad, Hinata? — Preguntó finalmente Naruto— No te avergüences de ello, me parece noble de tu parte éste sacrificio tuyo sólo para complacer a este par. Pero no tienes que hacerlo si no quieres o no estás muy segura, ya buscaremos otra forma más factible…

Las mirada acusadora y fulmínate de Karui, más la suplicante e impetrante de Tenten prácticamente le obligaron a responder de súbito.

—Lo haré, estoy de acuerdo.

— ¿Segura? — repitió Naruto, no muy convencido. Pero de nuevo aquel par de ojos la atormentaron

—S-Sí. Quiero decir, ¡sí, claro! Está bien para mí.

—Bueno, pues entonces, ¡que no se hable más! — Aclamó Tenten, juntado las manos en una palmada, emocionada— ¿Cuándo iniciamos la mudanza?

— ¡Hoy, hoy mismo! — proclamó Karui olvidando por breves segundos que ni era su cuarto y que ni era la jefa, pero esto no molestó al rubio de todas maneras— Le ayudaremos a Hinata a trasladarse.

—Supongo que también tengo trabajo por hacer—agregó Naruto, ocultando tan perfectamente una sonrisa entusiasmada que pedía a gritos pintarse en sus labios aunque, cuyos ojos no disimulaban— moveré mis cosas para que puedas poner la tuyas.

Se dirigió a Hinata la cual temblaba en su interior. Nerviosa, temerosa, excitada por la emoción igualmente. Fue un milagro el que no se desmayara.

—Oh, sí, gracias…—sonrió. O al menos lo intentó.


Cinco meses después…


Transitaba por la acera de una calle, no concurrida pero tampoco tranquila. Pasaba entre los puestos, una zona de comercio donde la clase media iba usualmente en la compra de revistas, libros, periódicos y cosas especializadas en papelería y otras cuestiones parecidas. El lugar no estaba muy alejado de su antiguo hogar y negocio, aquel que el clan Hyūga había hecho cenizas; a unas cinco cuadras, tal vez, de distancia se hallaba. A Naruto le había dado un no sé qué por ir, la nostalgia le hizo acto de presencia en aquella semana, y puede que igualmente el hecho en que en términos financieros no le fuera de maravilla; había perdido muchos patrocinadores de su pachinko, que por ahora estaba en una especie de estancamiento, por ello no se hallaba tan bien de humor.

Ver su viejo negocio no fue de mucha ayuda. Aquel hogar donde habitó por varios años. Admirar como quedaba nada más que la negra sombra del lugar y algunos pedazos de construcción negros e inservibles (con tiras de prohibido acercarse, clausurado y próxima construcción) le pusieron en una situación bastante triste, muy pesarosa.

Lastimosamente había perdido derechos en el terreno, el gobierno se lo (técnicamente), robó justificando tal acto por desaparición y fuga y porque decían que al ser un lugar fuertemente ligado con Yakuzas no estaba en su veredicto ser más el dueño del lugar (y más o menos ése fue el acuerdo para igualmente liberar a Karin y al resto). Suspiró derrotado y decidió mejor alejarse. Caminó sin rumbo y sin importarle distancia o tiempo. Antes de darse cuenta, ya estaba en el barrio aquel.

De haber puesto más atención al no estar tan inerte en el suelo y cavilando en sus propios asuntos y problemas internos, habría advertido que el lugar donde transitaba, era el mismo lugar donde se topó por primera vez con Jiraiya, hace varios ayeres, muchos, la verdad.

Y, como una clase de déjà vu, destino, suerte o como mejor se plazca, Naruto chocó su hombro bruscamente con algún desconocido, pasándolo a traer y que el rubio se girara molesto a reprocharle, ya que el golpe pareció haber sido bastante intencional.

— ¡Ay, oiga, más cuidado, viejo!

El extraño, alto, cuyas ropas eran bastante singulares y familiares, viró a verle. Naruto lo reconoció de inmediato; se quedó helado, faltaba decir que la impresión era tanta, que sus ojos se humedecieron.

—Venga—respondió el hombre—, cuantos años han pasado y sigues siendo un enclenque mal educado. Mira que recibir a viejos amigos con ése tono y más si es el sabio de la montaña, ¿qué acaso no te enseñé a respetar a tus mayores?

El rubio arrugó los labios y se aspiró un apenas naciente moco transparente. Le fue grato pasar de melancólico a feliz, se abalanzó a abrazar al señor sin importarle la demás gente.

— ¡Viejo pervertido, es usted!

El hombre, quien lo recibió con gusto en sus brazos soltó un molesto quejido.

—Y ahí vas con ése título de nuevo—reprendió. Inhaló y exhaló al notar la emoción casi palpable del joven hombre—. Bueno, a estas alturas ya me he acostumbrado viniendo de ti...Mira, que ya has crecido, todo un hombre, ¿eh?

La nostalgia dio lugar, al igual que las preguntas que no se hicieron esperar.

— ¿Dónde se había metido? ¡Tengo mucho por contarle! ¡Y usted también, de veras!

—Lo sé, muchacho, pero este no es el lugar, será mejor ir a otra parte para platicar más a gusto—sugirió, mirando a los alrededores, bastante precavido.

Era un pequeño café, acogedor, a ésa hora poco animado, escondido en una pequeña callejuela cuyo piso era de piedra plana. Afuera del mismo, habían colgadas unas plantas de aire, adornando y dándole un toque grunge y apacible al sitio, allí mismo se encontraba una mesilla para tres y la cual el viejo y Naruto ocuparon.

— ¿Y, entonces, dónde estuvo todo este tiempo y por qué regresó? —inquirió finalmente, en lo que esperaba su café de vainilla y Jiraiya su café clásico.

—Anduve fuera del país, soy famoso también en el extranjero, ¿sabías? Regresé porque había oído rumores por allí: La muerte de tu madre, el tan dichoso y mentado clan Hyūga, entre otras cosas. Un político del estado solicitó mis servicios y aproveché la oportunidad para igualmente indagar por acá.

—Supongo que a estas alturas ya debe estar muy bien enterado lo que le ha pasado al clan Uzumaki en estos últimos años—el viejo asintió y Naruto sin perder tiempo, yendo a lo que le interesaba, se adelantó—. Bueno, ¿y qué sabe del clan Hyūga?

Pero el hombre al parecer adivinó por completo las intenciones del muchacho, pues se apresuró también a contestarle —: Si lo que quieres es venganza contra Hiashi te hago saber que eso sería casi imposible. Es fuerte, demasiado. En este tiempo de ausencia se ha hecho grande, ha alcanzado gran influencia y diría está en su exacto apogeo, una estructura cuyos cimientos están bien puestos, será difícil derribarlos. Te aconsejo que esperes un poco más.

Al rubio pareció no agradarle aquella respuesta, indignado y alzando la voz, replicó.

— ¿Y qué hago entonces? ¿Cuánto es un poco más? ¿Semanas, meses, años? —negó, severo— No creerá que me quedaré de brazos cruzados viendo como se hace en la gloria mientras nosotros apenas y salimos de esta miseria que en gran parte no podemos salir por su culpa. Ellos fueron quienes quemaron nuestro primer negocio, mataron a mucha de mi gente y ahora me hacen la vida imposible intentando arruinar este nuevo proyecto que trato de alzar. Estoy seguro que es Hiashi quien ahuyenta a mis patrocinadores, mis ingresos reducen considerablemente gracias a ello, y las cosas no prosperan. Tengo que deshacerme del clan Hyūga, así que dime, tú debes saber cómo. Dímelo, Jiraiya, porque no esperaré otro ataque suyo, ya he perdido mucho y a muchos por su causa.

Jiraiya no respondió entonces nada. Parecía un poco cansado, se pasó, pesado, la mano por el rostro. Por desgracia, conocía tan bien al joven que sabía de antemano sería imposible llevarle la contraria. En aquel lapso de no decir palabra, llegaron los cafés. Naruto ignoró el suyo, el viejo tomó el propio sin prisa y sorbió, con ello, intentando relajarse y poder responder finalmente.

—Bien…—la tazita de cerámica hizo un sonidito cuando chocó contra le mesita de cristal—Hay manera, pero es muy riesgosa y no muy recomendable—empezó el viejo, serio—, de hecho, no es cien por ciento efectiva…El clan Hyūga es un gran cuerpo, un gran organismo, si tuviera que comparar, lo haría con una tortuga, no esperes hacerle ningún daño externamente, porque apenas y serás capaz de rayar tan duro caparazón, por lo que, ataques directos y de otros movimientos sociales, financieros o políticos externos, no te funcionarán. Así que, el mejor movimiento sería atacándolo...

Naruto comprendió todo, sonrió de lado.

—Internamente.

—Exacto.

— ¿Cómo hago eso?

El viejo volvió a suspirar. Cogió nuevamente su bebida caliente y bebió un poco más.

—Esa es la parte difícil. Un espía—inspiró—. Pero, no cualquiera es contratado ni entra así como así con los Hyūga; para eso, se necesitan varios exámenes de aptitud, más aparte meses rigurosos de prueba para probar la capacidad y confianza del nuevo miembro y aún así los que han probado ser aptos, han de pasar varios años para que dejen de vigilarlos. Sería suicidio seguro intentar infiltrarse sin ser descubierto, ya muchos lo han intentado y ninguno ha logrado el éxito. Tienes que pensarlo muy bien antes de intentar tal movimiento…Habría que ser un Hyūga de nacimiento para tal hazaña.

Hinata cruzó fugazmente por la mente de Naruto. Pero así como pasó así lo descartó. Antes muerto o torturado que enviar a Hinata con los Hyūga. Estaba claro que jamás le pediría algo así, nunca. Y como si Jiraiya pudiera leerle el pensamiento, agregó—: Por cierto, ¿qué paso con Hinata Hyūga? Sí, ya me enteré del secuestro que organizaste, y el tiro te salió por la culata, ¿eh, muchacho?

El anciano rió un poco y daba otros sorbos a la bebida en lo que veía a una muchachita pasar por la calle y mirarle el culo ante la falda tan adherida.

— ¿Qué más sabes de ella? —inquirió Naruto, obteniendo la atención del anciano de nuevo.

—Al principio fue tachada de traidora porque según parece había huido con ustedes en aquel incendio. Pero de lo último que me enteré es que ahora está dada por desparecida y hasta incluso muerta, dado que no se le ha visto más ni con los Uzumaki o algún otro…Dime, ¿qué paso con la muchacha?

—Nada malo, tú sabes que a pesar de todo tenemos ciertos principios, y nunca mataríamos a alguien sólo porque sí.

—Lo sé—consintió—, no dudo de ustedes.

—Ella sigue con nosotros.

Jiraiya no esperaba tal respuesta.

— ¿Qué? ¿Cómo?

—Está bajo el nombre de Himawari Ii—explicó—, mi supuesta asistente…

Jiraiya soltó una carcajada.

— ¿Y cómo ha pasado eso? ¿De qué me he perdido? No me digas que, tú y ésa chica…

Naruto se sonrojó y por primera vez haciéndole caso a su café, lo tomó y lo llevó a sus labios, aunque apenas sorbió nada.

—Larga historia, viejo—matizó apenado—. Otro día se la cuento con más calma y hasta con lujo de detalle—el viejo no insistió más. Naruto por otra parte volvió a tomar compostura seria—; ahora, necesito me resuelva esta duda, ¿cómo sabe tanto respecto al clan Hyūga? Usted no me engaña, sé que podría ayudarme con esto.

—Lo haría, pero ahora no puedo, sólo he venido por información y luego de enterarme de tu situación he decidido ayudarte, pero de otra forma.

— ¿Otra forma? ¿Cómo?

—Te he conseguido un patrocinador.

Los ojos del Uzumaki se iluminaron.

— ¿De verdad? ¡Vaya! ¿Quién?

—Es uno de mis tantos conocidos y clientes italianos, se ha interesado por tu proyecto y quiere hacer una especie de alianza, se volverían socios.

— ¿Y cómo ha sabido de nosotros?

—Te estoy diciendo que yo, ¡tonto! Le he hablado de ti y ha mostrado interés, su seudónimo japonés es Minato, la empresa es Namikaze.

— ¡Namikaze! —Soltó un silbido— Que he oído de ellos, conozco sus billares; aunque, no suena muy Italiano ese nombre.

Jiraiya rió.

—Eso es porque Minato ama Japón, por ende, casi siempre centra seguido su atención por aquí y muchos de sus instalaciones y productos suenan japoneses. ¿Qué dices? ¿Te interesa? Yo sería su medio de comunicación y todo lo demás para poder sellar un trato, por ahora el no puede venir personalmente. Pero lo hará, si es que aceptas, claro está.

— ¡Pero qué dices, viejo, claro que acepto, de veras!

Naruto soltó como un billón de gracia antes de cansar al señor. Y es que, ése tal Minato le caía casi como lluvia fresca en día caluroso, siendo Jiraiya los nubarrones que lo provocaran.

—Bien, entonces le informaré de tu respuesta—puntualizó el viejo. Y, antes de terminar con la conversación, Jiraiya habló más bajo y más delicado provocando la intriga del rubio—. Naruto, otra cosa, igualmente no me he metido de lleno con los Hyūga porque me he enterado de que Hiashi contrató a alguien muy peligroso, ¿para qué fines lo ha llamado? Lo desconozco, pero temo mucho, en especial por ti.

— ¿Quién?

—Zabuza Momochi—era como si el simple nombre fuera suficiente para paralizar los sentidos, provocar un gélido escalofrío y una sensación, breve, pero sobrecogedora—. También conocido como el demonio oculto entre la niebla. Seguro sabes de él.

Lo sabía. Zabuza, el mercenario; Zabuza, el asesino; Zabuza, el traficante; Zabuza, el demonio, el cruel y sin fin de apelativos más y no muy agradables. El mismo hombre que asesinó brutalmente a Itachi Uchiha, el mismo culpable de que Karui y Omoi terminaran huérfanos, con un pasado trágico y un presente ligado a los yakuza. Quién sabe de qué otras falacias y atrocidades era responsable, no estaba seguro de querer saber.

—Créeme, he oído mucho sobre él.

—Entonces, de ahora en adelante tienes que cuidar más de tus espaldas y la de los tuyos. Aunque no sepamos las verdaderas intenciones de ninguno, no bajes la guardia, por ningún motivo—Naruto asintió. Los cafés se terminaron al igual que el inesperado encuentro—. Bueno, por ahora me tengo que ir, ando muy atareado estos días. Volveré, en una semana, probablemente, con la respuesta de Minato. Hasta pronto, chico, un placer haber vuelto a verte…—agregó antes de que Naruto aceptara la mano tendida—, Por cierto, me debes dinero.

— ¿De qué?

—Del libro que te dejé.

—Ah, cierto…—rió, triste—Tendrá que venderme otro, el primero se quemó en aquel incidente.

El viejo le sonrió convaleciente. Consoló.

—Ya, bueno…El siguiente será un regalo.

Naruto sonrió. Abrazó rápido al anciano.

—Hasta pronto, viejo.

O0O0O

Era un parque, ¿cuál? Imposible saberse. Pero era tan poco conocido. Perfecto para el encuentro discreto de dos personas. Hinata, en su papel de Himawari Ii, quedó de verse con alguien allí, a cierta hora, en cierto lugar. Ya estaba sentada, esperando en una banca doble, bajo un árbol. No miraba a ninguna dirección en específico, sólo esperaba, entreteniéndose mirando los medallones dorados (ilusión producto de las sobras de las hojas de los árboles y el sol), dibujados en su piel. Se irguió en cuanto sintió que alguien tomaba lugar detrás de ella. Ya sabía quién era. Lo sabía bastante bien.

—Primo Neji—nombró—, ¿me ayudarás, cierto?

Una efímera pausa sin respuesta.

—Siempre.

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