POR FAVOR, LEER ESTO ANTES DE INICIAR CON EL CAPÍTULO, MUY, MUCHO, MUY IMPORTANTE:
-Este capítulo es exclusivamente Naruhina. Sólo se hablará de lo que fue del noviazgo de Naruto y Hinata en los meses que me comí en el anterior episodio.
-Contiene lemon y lime (sexo escrito y explícito. Vaya y yo que quise hacerlo lo menos gráfico posible e.e, en fin, por allí va). Si no gustas de ello, puedes saltarte las partes que están en cursiva que es el lemon y continuar leyendo las letras normales, no te perderás absolutamente de nada relevante en cuanto a la trama e historia principal.
-Este será el PRIMER y ÚLTIMO capítulo que contenga en su totalidad romance. Disfruten los románticos.
-lemon inspirado gracias a la canciones "Libérame" y "Adam's lubally" de "Jocelyn Pook" y "loving strangers" de "Russian red". Si gustan leer esas partes con aquellas canciones de fondo, adelante. Una recomendación, solamente.
-El siguiente capítulo retomaré la línea temporal del pasado episodio.
Sin más:
¡Disfruta de la lectura!
.:Capítulo 18:.
De Naruto & Hinata.
.
Aperitivo:
De lo que fueron algunos lindos y pequeños momentos.
Le costaba trabajo acostumbrarse a veces, a los cariños y atenciones de Naruto. Hinata era bastante tímida, bastante reservada, bastante cohibida y bastante mojigata para algunas cosas, en especial si de connotaciones románticas se referirían. Y Naruto era todo lo contrario, bastante impulsivo, bastante expresivo, bastante excéntrico y bastante experimentado.
Y a Hinata le costó un poco por su vergüenza. Claro que, no por ello no lo disfrutaba, no por ello no le estremecía el pecho con un agradable cosquilleo que iba desde allí hasta su nuca. No por ello le quería menos, todo lo contrario; más, día con día.
A veces, Naruto llegaba (casi con el sigilo comprable al de un gato) por su espalda, la rodeaba y recargaba su mentón en su cabeza (la diferencia de estatura era tan marcada, por ello el rubio se daba aquél lujo), soltaba un quejido o suspiro y descansaba sobre ella. Al principio esto dejaba a la Hyūga sorprendida, más tarde se acostumbró y finalmente se dejaba rodear con toda confianza y con toda serenidad.
A veces, cuando caminaban, juntos, solos, platicaban de cualquier trivialidad, cualquier tontería servía y se deleitaban y gozaban de la mutua compañía. A veces, Naruto se apenaba con Hinata, y se llevaba la mano a la parte posterior de la cabeza, y reía nervioso.
A veces, cuando nadie los veía, Naruto le pedía un beso en la mejilla a Hinata; quien tan insegura y tímida accedía. Y el hombre haciendo siempre de las suyas, desviaba el rostro, para que los labios de la chica no cayeran en su moflete sino en sus labios. El beso en la mejilla fue un escueto besito de piquito. Ella se coloró de rojo. Él se rió retozón.
A veces, Naruto iba temprano al cuarto de la muchacha, con alguna rosa, margarita, clavel, gardenia, alcatraz y hasta girasol y se la obsequiaba, desinteresado. Su única recompensa era la sonrisa grata y sencilla de Hinata.
A veces, en la soledad, apartados de ojos curiosos, había besos tranquilos, suaves, amables. Él besaba la frente, los parpados, la comisura de los labios, los labios mismos. Ella, con frías manos hacía un agradable contacto en la cálida cara de él y le besaba de parecida manera.
A veces, Naruto llegaba tan emocionado que la abrazaba con fuerza, la zangoloteaba, la cargaba, cogiéndola de la cintura y alzándola en la altura. Atiborraba de muchos besos. Hinata tan sólo se delimitaba a rodearlo con su abrazo y sonreía, a veces nerviosa, a veces asustada, a veces contenta.
Y a veces, sólo se tomaban de las manos y miraban más allá de un agradable paisaje. Con sutil sonrisa, con pacífico mirar.
Entrada:
De lo que fue la primera cita.
— ¿Naruto, a dónde vamos?
Hinata se sentía bastante intrigada ante tanto misterio de su novio. ¿Novio? Aún ahora sentía rara esa palabra. Siempre lo conoció como Naruto y decirle novio de un tiempo para acá le sentaba...Extraño. Aunque podría acostumbrarse, quizá, con el tiempo.
Habían pasado la casona desde hace rato (después de haber estado en una larga junta con un tal Kabuto respecto a información del cómo abrir el local del pachinko y asegurar el éxito). Naruto no respondió a la primera, cosa que de una u otra manera ponía la mujer bastante alerta. Cruzó por su cabeza que a lo mejor algo malo habría pasado en otro lugar.
— Vamos al cine—respondió finalmente—. Te dije que quería tener muchas citas contigo, ¿qué no?
Apenas hubo semáforo en rojo se viró a verla con una confiada sonrisa. Hinata sintió sorpresa. Una cita inesperada. Y la primera que tendría con Naruto. De repente se sintió muy nerviosa, pues hacía tiempo que no salía con algún chico en aquel plan. La última vez que tuvo un novio fue a mediados de la preparatoria con un chico de nombre… ¡Ni siquiera recordaba su nombre, vaya! Pero si que recordaba fue una relación bastante efímera y no muy cercana o pasional…Lo único que hacían eran ir a la heladería, caminar juntos e ir de manita sudada por allí de cuando en cuando, y si bien les iba, unos besitos que no iban más allá de los "piquitos". El que ella fuera tímida y el otro muy conservador no ayudó en nada. Por ello el miedo la asaltó desprevenida porque era toda una amateur en el área.
—Sí, pero, ¿crees que sea éste un buen momento? —intentó excusar refiriéndose al trabajo.
Naruto, antes de que fuera verde de nuevo, revolvió lo cabellos falsos de la mujer (dado que vestía con su disfraz) y replicó:
—Cualquier momento, ahora mismo, es bueno.
Ni modo. Hinata no tuvo más remedio que resignarse. De cualquier manera tarde o temprano tendrían que salir y hacerlo probablemente en ese momento fuera lo más acertado. Quién sabe, una cita inesperada es igual a sucesos inesperados. Sólo deseaba que las cosas resultaran bien y que cualquier Dios en turno, le diera la fuerza y la suerte de no echarlo a perder.
Fueron a un cine no muy concurrido. Hinata pensó probablemente que tan poca gente se debía porque fueron entre semana en una hora algo (aunque pasaran de las doce del día y ya fuera tarde) temprana para la vida de un cinema. Pequeño pero no por ello menos acogedor y lindo el sitio, por cierto; bien alfombrado, limpio, con su dulcería, el sitio de venta de boletos, los carteles y promociones a las películas de los recientes y próximos estrenos; algunas madres con sus niños, grupos de adolecentes que se veían desde secundaría hasta de bachiller y por supuesto jamás faltaban la parejitas (incluyéndose).
Decidir la película fue una cosa complicada. Varios títulos. Pero se fueron por los géneros: Dos películas románticas, tres de acción y una de terror. Naruto era el típico chico que prefería ver golpes, balazos y explosiones a diestra y siniestra, mientras que Hinata era la típica chica que gustaba de ver romances ñoños y cursis. No se les podía de todos modos juzgar o encasillar mucho, así eran y punto. Estaban indecisos y Naruto, por cortesía y no perdiendo la caballerosidad dejó escoger a Hinata, quién, como la amable y considerara mujer que era, dijo sería mejor que él la eligiera. Una pequeña pelea de cordialidad de "no, escoge tú" inició; tardaron allí cinco minutos hasta que el rubio propuso, mejor, que ambos dijeran las películas que se les apetecía ver, los dos, al mismo tiempo.
—Bajo la misma nube*—dijo ella.
—Los indispensables 3*—dijo él.
Se quedaron callados ante tan abismal diferencia. Se miraron y un "diablos, que tonto" cruzó por la cabeza del rubio mientras que "tonta eres" por la de Hinata.
—Está bien si vemos la de los indispensables, Naruto, no me importaría.
—Oh, Hinata…— lloró silenciosamente el hombre— No me hagas sentir más mal de lo que me siento ahora.
Hinata se encogió de hombros, apenada. Pero de inmediato Naruto la rodeó con el brazo, muy cariñoso y con calurosa sonrisa. Realmente no quería, no era su estilo esa clase de películas, pero siempre había una primera vez a todo y el querer hacer feliz a Hinata era una de sus metas principales, por lo que, decidió a fin de cuentas.
—Tú eres una dama y mi novia, nada hace más feliz a un buen hombre que complacer a su mujer, de veras. Veremos ésa la de la nube—no muy convencido se oyó, pero a la Hyūga se le pintó una adorable emoción en sus ojos y boca (más por la amabilidad y consideración de Naruto que por ver aquella película). Eso hizo sentir bien al rubio, ver a su novia feliz. ¡Novia! Como le fascinaba esa palabra y aún mucho más que Hinata fuera la dueña de tal sustantivo.
Compró los boletos. Se fijó comenzaría en media hora, en la sala cinco del lado izquierdo del establecimiento, tiempo suficiente para comprar las palomitas, un par de sodas y quizá uno que otro dulce.
Fueron palomitas mitad dulces y mitad saldas; dos sodas, calpis* y una pepsi, y por último un par de cajitas de pockys de chocolate y fresa. Conversaron unos diez minutos más, antes de partir con cinco minutos de anticipación a la sala asignada, entregando boletos, pasando, entrando y llegando justo tiempo a sus lugares. La sala a pesar de ser ni grande ni chica, estaba casi vacía; al menos otro par de parejas, un grupito de jóvenes chicas de preparatoria y ellos.
Perfecto. Naruto había guiado a la Hyūga hasta la penúltima fila, alejados de la pantalla, muy en la esquina. Tenía el maquiavélico plan de abrazarla, primero con aquél típico y cliché "bostezo y luego pongo mi brazo detrás tuyo". Para más tarde mirarla, hacerla que le regresará el gesto y después pasar a los besos. Sí, excelente, todo bien, para algo tenía que servir las condenadas películas románticas, se jactaba. Quizá y sólo quizá no fue mala idea haber escogido ésa, caviló.
Bueno, decir que el tiro le salió por la culata en cuanto la proyección inició, fue poco. Estaba seguro que todo fue casualidad y de hecho, así fue; pues cada que Naruto quería hacer contacto físico con la mujer, ésta quitaba (sin querer) la mano, el pie, y Dios, ¡hasta la cabeza! (puesto que un estornudo arruinó el probable contacto visual). Ni una vez comiendo palomitas sus manos chocaron, ni cuando Naruto arrimó el pie para encontrarse con el de ella, sabe la oscuridad dónde se hallaría ése piecito, pues jamás lo encontró. Y tuvo que quitar el brazo de su derredor al notar que molestaba a la chica para ver la película. Que por cierto, Hinata estaba tan atenta a la cinta como para reparar en las indirectas e intentos de Naruto por abrazarla o besarla o siquiera para interesarse en su acompañante mismo, cuando estaba tan embelesada por la cinta. Obviamente la Hyūga de haber estado enterada de las intenciones del hombre, a lo mejor habría sucumbido a dejar de prestar atención a los actores y dejarse mimar un poco.
Vaya, al final, Naruto se resignó y terminó por ponerle atención a la mentada película, enfurruñado. Fue cuando se enteró de que trataba de una chica con cáncer llamada Sawako que por asares del destino conoció a otro muchacho con la misma patología y cuyo nombre era Kanda. Entre más avanzaba, más se picaba tanto como Hinata. Con decir que, contra todo pronóstico, terminó llorando junto a ella.
Naruto moqueaba y ahogaba pequeños sollozos, Hinata se percató y bastante sorprendida sonrió de lo más conmovida. Le pareció enternecedor lo sentimental que podía ser Naruto y lo bello que podría ser compartir momentos así. De ése modo y de la forma más repentina, Hinata guió su mano hasta la de Naruto, toco su dorso. El rubio paró de hipear y reparó en el contacto. Sonrió, sonrieron. Entrelazaron sus dedos. La película concluyó.
—Sabes, no estuvo mal, la verdad, ¡hasta me encantó! —Comentaba Naruto a Hinata, una vez saliendo de la sala. La mujer escuchaba atenta y encantada, asintiendo y sonriendo más que complacida— Pobre Sawako, ¡pobre Kanda! Hay que ver más películas de ése tipo, ¿eh, Hinata?
La mujer volvió a asentir. Aunque al segundo, agregó:
—Claro, pero, igual me gustaría ver alguna película del gusto de Naruto—se animó a sugerir; y era la verdad, quería disfrutar igualmente las cosas de él y no sólo delimitarse a los de ella—. La próxima vez que sea tuya la elección.
Caminando lado a lado, saliendo nuevamente al sol vespertino y aprovechando la poca gente alrededor, Naruto se animó a ser expresivo.
—Hinata.
— ¿Umh?
—Te quiero.
La sonrisa calma y amena del rubio y aquel inesperado te quiero, fue suficiente para azorarle el corazón, subirle el color y dejarla dulcemente aturdida. Naruto no necesitó respuesta o réplica, porque sabía cuál sería. Y no estaba equivocado, porque así era. Llevó entonces su mano a encontrarse con la delgada y pequeña de Hinata, quien la recibió más que gustosa, afable y cariñosa.
—Uh, hace hambre—se quejó una vez habían dado marcha—. Las palomitas no han sido suficientes.
Hinata rió quedamente por el hambre tan voraz del hombre. Bueno, quizá ella no quedará atrás, pues sentía un hueco en el estómago a rellenar. Y, haciendo alusión a la película recién vista, Inquirió—: ¿Ramen?
Naruto captó la cita. Una curva juguetona se pintó en su boca—. Ramen.
Plato fuerte:
De lo que fueron las noches compartidas.
Bueno, Hinata no era de improperios o vocabulario soez, mucho menos vulgar…Pero de serlo, seguro hubiera soltado un par de ellas, unas cuantas maldiciones no le venían mal. Lamentablemente, dado a que no pronunciaba ni la palabra que comienza con "e" (e de estúpido), se delimitaba a soltar uno que otro pequeño suspiro y quejido.
En un abrir y cerrar de ojos la instalación al cuarto de Naruto, su nuevo cuarto, dio por terminado. Las cosas ya estaban bien ordenadas, bien marcadas y separadas. En el inmobiliario anexado al mismo cuarto, se hallaban el armario; el cual, ahora contenía tanto las ropas de Naruto como las de Hinata, siendo que ésta última ocupó más de la mitad ya que sus ropajes aumentaron desde que tendría que ser Himawari Ii. No hubo problema en ello, las prendas y zapatos de Naruto no eran muchas, un hombre de lo más simple que bastaba de unas cuantas mudas de ropa a la semana y que mucha de ella eran vestimentas repetidas. Igualmente allí mismo se resguardarían los dos futones (que al ser más económicos y menos espaciosos que las camas occidentales, quedaban de anillo al dedo). Por otro lado, estaba el bañito personal que de ahora en adelanta tenía derecho a utilizar; y que por cierto, estaría a nada de estrenar. Consistía en una pequeña regaderita con su WC negro y un pequeño lavabo que le hacía juego. Tenten llevó allí el champú marca Tsubaki de Hinata, junto con jaboncito y toalla incluidos.
La habitación quedó presentable, y se arregló de manera para que las cosas de ambos convivieran en armonía. Lo bueno, es que el cuarto tenía aquella capacidad como para acogerlos y resguardarlos lo más cómodamente posible.
La desgracia y mala suerte azoraban a Hinata aquel día. Pues igualmente Karin se enteró y cuando la Hyūga fue a ver que hicieron las chicas con el espacio sobrante a su partida, se sorprendió cuando Karin se paró enfrente de ella y tomando su mano sin permiso, le depositó un par de condones. Hinata tenía cara de espanto a diferencia de la pelirroja que la miraba frívola y seca.
—Más vale que no quedes preñada—advirtió y luego partió, sin más. Hinata lloró internamente.
Por supuesto, decidió no contar nada a nadie respecto a lo sucedido con Karin. Así que cuando fue a su antiguo cuarto a ver a Karui y Tenten, envidió lo cómodas y más relajadas que se hallaban, rindiendo fructíferamente hasta el último centímetro cuadrado cedido. La consolaron y se disculparon con la Hyūga por ser algo egoístas y hacerle hacer algo que no quería, aún.
—De verdad lo sentimos, Hinata—eximió Tenten—. Pero bueno, ve el lado positivo, ¡tendrás un baño más personal!
—Y por fin dirás ¡Adiós, virginidad! —bromeó de improviso Karui, para estupor de la Hyūga, que ya bastante acomplejada estaba con el tema.
—Venga, Karui—censuró la castaña—, ¿no ves que la pobre de Hinata de por sí ya está perturbada? No le hagas caso. Si no te sientes lista puedes decirle a Naruto con toda confianza. Él seguro comprenderá y, después de todo, el jefe es muy respetuoso con las chicas, estoy segura que jamás te obligaría a hacer algo que no quieras.
Las consoladoras palabras de Tenten tuvieron buen efecto en Hinata. Pues pareció relajarse un poco más, destensando los hombros y sonriendo tenue.
—Eso es cierto—apoyó la morena pasados un par de minutos—, Mao, la chica que trabaja en el prostíbulo, me dijo que cuando tuvo sexo con él fue porque ella se le insinuó y además, fue muy generoso.
— ¿Era eso necesario? ¡Vas a herir los sentimientos de Hinata! —reprendió Tenten para desinterés de la piel morena. La castaña se dirigió a la Hyūga—; No te aflijas, el jefe te quiere a ti, lo de Mao sólo fueron aventuras y no significaron nada.
—Lo sé—afirmó calma—, Tenten, no te preocupes, no me he sentido mal.
Y era la verdad, de antemano sabía que Naruto no sería virgen. No le sorprendía en absoluto y, aunque a veces dolía un poco pensar que el rubio hubiera estado con otras en aquélla intimidad, lo aceptaba y no tenía nada por reprochar. Eran jóvenes, estaban en su derecho y todo fue antes de compartir un lazo sentimental, comprensible, soportable. Por otro lado, Tenten tenía mucha razón, Naruto no era aquél tipo de hombres que obligaban a hacer algo si la persona se negaba. Seguro comprendería que ella aún no se sentía preparada para ir más lejos, a su parecer, teniendo tan poco tiempo de noviazgo. Su ánimo mejoró.
Antes de darse cuenta, la noche había caído y así como sus ánimos subieron, bajaron. Y era por eso que soltaba tanto bendito suspiro combinado con amainado quejido. Hizo tiempo antes de adentrarse a su nueva habitación. Se distraía con cualquier banalidad y con la primera persona que se topara le hacía platica, todo, para evitar llegar a su destino. Pero tarde o temprano tendría que arribar. Y cuando lo hizo y abrió la puerta, sufrió una especie de parálisis al encontrarse con Naruto recostado sobre su futon, en su parte del cuarto asignada, leyendo sus sinfines de papales. Traía sus usuales ropajes, sus lentes y todavía con un pijama echa a un lado. Reparó rápidamente en la figura de la mujer, se incorporó y sonrió, un poco nervioso si se era más concienzudo.
—Hinata—dijo, alegre, emocionado—. Lo siento, debí haber puesto tu futon también, pero no sabía en donde lo preferirías.
Excusaba el hombre dejando su lectura para luego y concentrándose en la recién llegada. Una trabajosa sonrisa se dibujó en los labios de Hinata.
—No te preocupes, Naruto, así está bien. Ya lo coloco yo.
Fue al lugar donde se encontraba guardado el otro futon. Lo sacó, sacudió y tendió al extremo opuesto del cuarto. Lejos de Naruto. Éste no pareció más que desilusionado, un poco, pues deseaba dormir más cerca de ella. Pero lo sopesó bien para el alivio de Hinata.
—Por cierto—llamó Naruto, cuando Hinata estaba en la tarea de tender sus cobijas—, si quieres tomar un baño, puedes hacerlo cuando gustes, de veras.
—Sí, umh, gracias…—respondió a la amabilidad de Naruto. Era raro, todo aquello le sentía demás extraño: Estar en el mismo cuarto, compartir espacio personal de tal manera. Sin embargo, desde el día pasado se le antojaba un buen baño caliente, pues lo había tomado con agua tibia, casi fría. Karin de nuevo hizo de las suyas. Y siendo mediados de otoño el frío poco a poco quería instalarse. Le tomó la palabra a su novio. Cogió todas sus cosas, crema y pijama para cambiarse y salir ya vestida, pues jamás se atrevería a salir en cueros en la primera noche enfrente de Naruto, ya que eso sólo dejaba a una invitación clara y abierta que ella definitivamente quería evitar a toda costa.
—Bien—avisó antes de entrar al bañito—, creo que me daré un baño, para descansar mejor, ¡ha sido un día algo pesado!
—Sí, sí, tienes razón. Adelante, adelante.
Invitó cordial. Hinata asintió más fuerte de lo que debió y de un leve portazo se aventuró a su baño. Dejando a un (poco) desanimado rubio. Desanimado porque sí, quería dormir junto a Hinata. Desnudos o con ropa, no le importaba, pero que fuera sólo a su lado se conformaba. Y el que ella se pusiera al otro extremo no le alegró en absoluto. Suspiró. Bueno, fue su decisión y no le queda de otra más que conformarse y respetarla. No la obligaría nada, él no era así y jamás lo sería. Se resignó y mejor decidió colocarse el pijama antes de que la Hyūga saliese.
Cuando Hinata salió, ya vestida con su pijama de un holgado pantalón negro y la camisa haciendo juego, se topó con un acostado Naruto, dando la espalda y cubierto por las cobijas hasta las orejas. Sonrió compungida, igualmente mitigada. De puntitas acomodó los últimos detalles para imitar al rubio. Su última tarea fue apagar la luz y meterse entre las cálidas cobijas para después cerrar los ojos con satisfacción.
—Hinata.
El llamado espontáneo de Naruto hizo que abriera los ojos de golpe. La voz del hombre fue queda, pero comprensible a los oídos algo diestros de la Hyūga. Un poco cohibida, replicó:
— ¿Sí?
—Me alegro que estés aquí.
Y aquella afirmación, confesión, comentario, opinión, fueron suficientes para pintarle una rebosante sonrisa de niña pequeña.
—…A mí también.
Y durmieron, y no hubo más.
Así fueron las primeras semanas. Con aquélla parecida rutina. Donde dormían uno alejado del otro, cada quien en su esquina, respetando siempre esa línea imaginaria. El espacio personal, al menos en la cama, existía entre ellos, siempre. Hinata se mantenía cómoda con ello. Naruto no. Tenía que reprimir los deseos de ir a la cama de la Hyūga y tocarla y acariciarla y besarla. Tenía que abolir las ganas hórridas y suplicantes de llevarse la mano a los pantalones, porque a veces sus estúpidas erecciones podían ser bastante molestas cuando se imaginaba todo eso. Pensaba en el travesti que casi se tira para aplacarse esos deseos carnales. Y era muy efectivo, pues como globo desinflándose, el bulto en sus calzones aplacaba.
Se fueron acostumbrando el uno con el otro y de hecho, les sirvió para conocerse más a profundidad en cuanto a términos más íntimos. Como por ejemplo: Hinata supo que Naruto roncaba, no sonoro o muy molesto, pero lo hacía; que se levantaba si podía tarde y odiaba el ruido fuerte por las mañanas, se duchaba temprano, nunca por las noches y que solía rascarse varias partes de su anatomía cuando leía.
Por otro lado, Naruto tuvo que adaptarse a las costumbres de la Hyūga. Pues ésta se levantaba muy temprano y hacía ruido, al maquillarse, al cambiarse y al peinarse; en fin, todo un ritual. Igualmente se duchaba por las noches, rara vez por las mañanas o las tardes. Solía leer un poco junto con él y luego dormir plácidamente sin hacer el menor sonido. Era limpia y organizada con sus cosas y espacio, a diferencia de él que era un pequeño remolino andante. Por suerte con Hinata allí las cosas permanecían en su sitio, ordenado y limpio, hacía la limpieza cada tercer día y por suerte Naruto le dejaba tocar todas sus cosas.
De cuando en cuando surgían pequeñísimos disgustos, pero nada que con una buena plática no se solucionara. Por suerte, no eran el tipo de parejas que solían discutir del diario, todo lo contrario, cada muerte de obispo y no eran cosa del otro mundo. Sería quizá porque ambos eran de personalidad más dócil, Naruto evitaba las riñas al igual que la Hyūga, que era mucho más tolerante y pasiva en esos aspectos.
Las semanas transcurrieron, y noche tras noche el frío se hacía más palpable y presente. A veces amanecían con escarcha en las ventanas. Era raro que nevara en Osaka, mucho, de hecho. Pero aquél inicio de invierno quiso hacerlo. Las temperaturas bajaban y bajaban, de nueve a ocho, de ocho a siete, de siete a seis y así hasta una noche llegar a los cero.
Naruto era bueno tolerando las heladas, muchas cobijas y era su santo remedio. Porque para su surte era de cuerpo caliente igualmente. Hinata no, los pies siempre congelados y ni haciéndose bolita en una docena de sábanas y cobijas conseguía entibiarse. Y no podían darse el lujo de la calefacción, pues los recibos de luz ahuyentaban cualquier esperanza de instalar alguno. Finalmente, y cansada de sentir tanto condenado frío, decidió dormir desnuda (consejo de Karui y Tenten, apoyados por un inesperado Sai y hasta un colado Konohamaru). Y fue una suerte que así lo decidiese, o quizá no.
Ésa noche llegaron a menos uno y aprovechando que Naruto aún no llegaba, se quitó hasta la última prenda y se ocultó bajo su docena de coberturas. No pensó que Naruto se diera cuenta de su denudes, jamás reparaba en ella una vez se acostaba, o eso creía. Además, en la mañana sería muy silenciosa y se iría rápido y cubierta por sus mantas al baño a vestirse y jamás nunca el hombre se enteraría.
Y allí estaba, por primera vez tibia bajo sus cobijitas, ya a punto de entregarse a Morfeo cuando oyó la puerta abrirse y oír los quejidos y castañeados de Naruto producto de sus dientes. Era casi media noche y el hombre andaba fuera ateniendo sus negocios, pero el frío lo obligó a llegar antes y querer envolverse en el calor de alguna manta. Por desgracia, eso no le funcionó, y su cuerpo siempre cálido, por primera vez no se podía templar. No fue su intención, pero casos desesperados requería medidas desesperadas. Si no hacía algo acabaría por coger un resfriado. Llamó a Hinata. Ésta tuvo que responder muy a su pesar y vergüenza de ser pillada en cueros.
—Eh, Hinata, ¿puedo arrimar mi futon junto al tuyo? ¡Hace mucho frío, me estoy congelando! Por favor, sólo por esta noche.
La mujer balbuceó mucho antes de contestar. Quería decir un claro y firme no. Pero igualmente no quería ser grosera, era el cuarto de Naruto después de todo y en serio entendía su pesar de tener frío y querer calentarse. Además las suplicas del rubio la colocaron entre la espada y la pared. Y su mente decía no, por favor, no; pero sus labios dijeron:
—C-Claro, Naruto, a-adelante.
— ¡Gracias! Juro no te causaré muchos problemas, de veras.
Y así y dándole la espalda pudo ser capaz de percibir cuando éste acercó su futon y se quitó la ropa y se puso el pijama. Pudo notar por el ruido cuando apagó las luces y se metió entre sus cobijas. Si Naruto le estaba dando igualmente la espalda o le miraba la suya, no lo supo con certeza. Pero eso no importaba, porque lo que realmente le preocupaba y atormentaba sobremanera era su desnudez y estar al lado, muy, muy cerca del rubio, y si éste lo notaba moriría de vergüenza. ¿Qué explicación daría? No lo sabía con seguridad.
Y así se comía la cabeza, pensando y pensando una solución. Pero su miedo y desesperación no la dejaron hacerlo con claridad. Así que hizo lo más inesperado que se pudiera hacer: Decidió confesar.
— ¿Naruto?
— ¿Sí?
—…Estoy desnuda.
Naruto que había cerrado los ojos, o al menos haberlo intentado, los abrió de súbito. Al inició pensó que era una broma, pero era Hinata y ella no era de hacerse payaso. Entonces, optó por la opción de creerle y no supo que decir, o cómo tomar aquella declaración. Carraspeó, levente se coloró al imaginar el desabrigado cuerpo de Hinata tan a su alcance.
—…Oh, ya…—decidió susurrar. Pero no hizo nada, no dijo nada más. Esperó. ¿Qué? Quién sabe, probablemente una buena explicación del por qué su estado de desnudez, explicación que llegó.
—Estos días ha estado haciendo mucho frío y Karui y otros me dieron el consejo de que si dormía sin prenda alguna y me cubría con calientes cobijas no me congelaría más. Y quise probar si era cierto, antes de que llegaras, y por la mañana cambiarme sin que te dieras cuenta, pero no pensé que dormirías a mi lado y me he puesto muy nerviosa…Lo siento.
Las cosas, al menos para él, cobraron sentido. Otra vez se sintió un poco desilusionado, porque creyó, por un remoto instante, que quizá, ésa noche podría haberla abrazado, acunarla entres sus brazos, dormir entre sus piernas. Pero era comprensivo y tenía una incomparable fuerza de voluntad y fue amable cuando le ofreció a Hinata vestirse para que se sintiera cómoda.
—Ya, ¿y quieres ponerte algo encima? No miraré, lo juro. Puedes levantarte y cambiarte, de veras.
Y la réplica de Hinata fue tan sorpresiva, tan insospechada, tan poco obvia que inclusive a ella misma le maravilló.
—…N-No, así estoy bien.
Tenía miedo, sí. Todavía no estaba segura, también. Pero a lo mejor fue el calor del momento o que inclusive, igualmente, aquellas ocasiones que soñó y deseó a escondidas y reprimidas veces tener a Naruto cerca, muy cerca de ella. Tocándole, besándole…Dejaba por primera vez la invitación abierta y estaba a la espera si el hombre a su lado la aceptaría. Y tenía que confesar, también, que deseaba así fuera. Y la respuesta fue a lo mejor un poco tardía.
— ¿Hinata?
— ¿Sí?
— ¿Puedo girarme?
—Sí quieres, puedes.
Naruto se giró y por primera vez vio parte de la cabeza de Hinata asomarse entre sus cobertores. Su corazón palpitaba con frenesí, un poco más y juraba que ese palpitar llegaba hasta su garganta. La emoción, la excitación, su imaginación era tanta, que incluso en sus pantalones se comenzó a hacer un apenas perceptible bulto.
— ¿Hinata?
—Dime.
— ¿Puedo— tragó saliva, nervioso, ansioso—…tocarte?
Pasó medio minuto de agónico suspenso. Al fin contestó:
—…S-Sí. Puedes.
Se acercó, se descubrió, olvidó el frío. Metió una mano bajo las mantas de la mujer. Y sintió un tibio y agradable calor y al fin, al fin hizo contacto con su piel. Era un arco perfectamente marcado, era su pequeña cintura a donde había llegado. La recorrió, lento, acariciándola; suave, tibia, acogedora. La piel de la Hyūga se enchinaba y erizaba bajo la grande mano del hombre. Tiritaba, no de frío, sino de deleite. "es muy suave" hizo tal comentario.
Naruto, finalmente, se animó a destapar completamente el cuerpo de la mujer bajo aquellas, ahora llamadas, molestas mantas. No había luz artificial, pero si luz natural que a pesar de la oscuridad, podía ver muy bien el cuerpo desnudo de Hinata.
Ella se colocó las manos para cubrir sus pechos, estaba muy apenada, ni siquiera era capaz de mirarlo a los ojos, pero cuando lo hizo, notó como la observaba. Como si fuese lo más hermoso que hubiera visto, como si fuera, ¿qué? Quizá una obra de arte, no supo explicarlo. Y entonces, contra todo pronóstico, se destapó los pechos, llevó sus manos a los costados y las dejó allí reposando, para que él pudiera admirarla, completa, sin tapaduras, siendo sólo ella.
Naruto lo agradeció, pues ahora podía deleitarse con sus curvas marcadas; con sus largas y regordetas piernas, pálidas, tersas, uniformes; con su abdomen, plano, blando; su par de pechos, grandes, redondos, con pezones color carnita, levemente rosados, y erectos. Llevó sus manos a ellos, comprobó su tamaño, abarcaban toda su mano, extendida, sonrió. Hinata soltó un suspiro por tal contacto. Naruto finalmente y estando sobre ella, situándose entre sus piernas, se agachó para besarle desde el ombligo, pasando por sus pechos donde se detuvo unos minutos a apretarlos, besarlos, lamiendo sus pezones, mamando; con ello provocándole sonoras inhalaciones y exhalaciones a Hinata, que se estremecía, se arqueaba debajo suyo. Subió entonces, lentamente por su cuello, en un camino de besos, con una mano estrujándole su firme y gran nalga y con el otro enredado en sus negros cabellos. Llegó su boca hasta el mentón de ella, y después se guió a sus labios de la misma, quien la recibió con gusto. Su beso se fue profundizando, Naruto exploraba su cavidad bocal con su lengua y Hinata se dejaba hacerlo, sin resistencia.
Ya no hacía frío. Hacía calor. Y el pijama a Naruto le empezó a fastidiar, a molestar, a irritar; comprimían su erecto miembro y separándose para poder deshacerse de prendas tan inútiles, la mano de Hinata le detuvo.
—Espera—musitó—, me gustaría, hacerlo yo…
El hombre, sorprendido, aceptó y se dejó desvestir por la mujer. Su mujer. Su querida Hinata. Ella desabotonó y deslizó la prenda por sus hombros, una menos. Admiró su pecho, una piel oculta bajo una espesa manta de tatuajes. Sólo entre sus pectorales hasta su obligo había una franja de piel virgen, sin tinta, Hinata pasó lentamente su dedo por allí, recorrió esa extensión con cariño y delicadeza. Pectorales marcados, abdominales apenas marcados, sutiles; brazos grandes, fuertes, más acentuados que el estómago; cicatrices de pasadas peleas, de batallas, de balas, las palpó igualmente, con cariño, con respeto.
Le abrazó, le acarició y poco a poco bajó sus manos hasta los pantalones; pescó tanto éstos como la ropa interior, y lentamente los fue bajando. Hace rato había sentido su erección, pero la intentó ignorar a todo costa ya que la ponía más nerviosa. Jamás había visto la intimidad de un hombre y hacerlo por primera vez fue una experiencia bastante fuerte, inolvidable. Apenas el primer vistazo, su cara ardió, agradeció que por la oscuridad no se notara mucho. Cerró sus ojos y no quiso pensar si aquella cosa entraría en su, valga la redundancia, cosa de ella. Pero no se martirizó imaginando más eso. Se distrajo en cambio con sus fornidas piernas, igualmente dibujadas por la tinta, de haber admirado por detrás, también hubiera advertido que sus nalgas estaban tatuadas.
Y cogiendo todo el valor que se pudo permitir, le empezó a besar desde el nacimiento del pubis, intentando no tocar, pero si rozando, el erecto miembro del hombre. Los pulmones de Naruto se llenaron de oxígeno, caló hondo, el placer le recorría toda su espina dorsal. Hinata fue subiendo a besos hasta sus hombros, donde se detuvo y abrazó ésa grande y fuerte espalda. Naruto regresó el gestó, la rodeó por su cintura y se acostaron sin interrumpir el contacto.
Se volvieron a besar; sus piernas entrelazadas, sus sexos chocando plácidamente. Naruto se las ingenió para llevar una de sus manos hasta los labios vaginales externos, donde acarició por encima, y donde sus ingeniosos dedos masajeaban el vello púbico (humedecido ya por la excitación), rozando y sobando su vulva y clítoris. Hinata gemía, ahogaba gemidos, suspiraba, inhalaba y exhalaba; involuntariamente sus caderas se movían, se aferraba a los hombros del contrario, mordía con delicadeza los mismos; Naruto la tenía bien sujeta con el otro brazo, su pene disfrutando el deleitoso rozar de las piernas de Hinata, y a lo mejor éste ya asomaba un líquido pre-seminal.
Ya estaba lista, los dedos mojados por la lubricación natural de Hinata se lo afirmaban, se lo pedían a gritos.
Pero entonces, una idea cruzó de repente por su cabeza. ¿Sería Hinata virgen? El suponía y quería creer que así era. Pero si no. Bueno, odiaba sobremanera que otro hombre que no fuese él la hubiera poseído antes, pero, ¿de qué la podía culpar? No estaba en posición ni derecho de reprochar nada. Absolutamente nada. Porque él mismo ya había tocado a otras. Y ahora se arrepentía, de haber podido y de haber sabido, lo haría, se hubiera guardado para Hinata, sólo para ella, exclusivamente solamente por y para ella. Pero ya era tarde y nada podía hacer y sí ella no era virgen, al igual que él, lo soportaría. Lo aceptaría. Aunque doliera.
Pero la felicidad lo asaltó, agradecido y satisfecho cuando ella le confesó su candor. Le besó la mejilla con cuidado y amor, antes de sugerirle fuera ella quien se colocara sobre él, pues así podría marcar su propio límite e ir a su ritmo. Entonces, Hinata le obedeció y se colocó encima, mordiéndose el labio inferior, por miedo y nervios. Pero lo deseaba, lo quería dentro. Lentamente y con ayuda de él, se fue penetrando. Naruto le sostenía ambas manos, entrelazadas con las suyas mientras Hinata se sentaba sobre su erecto miembro y miraba como desaparecía en la estrecha y placentera intimidad de ella. Hubo gemidos, gruñidos, suspiros, jadeos.
Y una vez dentro, Hinata se quedó estática, acostumbrándose a la invasión; le dolía y mucho, por suerte, ya no tenía himen; quizá en una de ésas se le debió haber desgarrado, siendo una telita tan delicada y fina.
Despacio, empezó a mover las caderas y así el dolor lento y sosegado se transformó en satisfacción. Más gemidos, más gruñidos, más suspiros, más todo. Sus cuerpos sudaron, se deshicieron completamente del gélido frío, el ritmo aceleró y terminaron ambos acostados, completamente entrelazados, abrazados, besándose, acariciándose. Fue la primera vez que sintieron ese amor, con esa intensidad, con esa sinceridad, con ese delirio. Naruto, jamás se sintió más amado, querido y deseado; atrapado en los brazos de Hinata, entre sus pechos con movimientos frenéticos, sin descanso.
Hinata gozó del primer orgasmo, segundos más tarde, Naruto le acompañó, vertiendo su semilla en ella. (Al otro día tuvo que tomar la pastilla, para no quedar embarazada. Sería la primera y última vez en usarla, porque de en más se utilizaría el condón).
Con respiración agitada, húmedos, enroscados y cubiertos por un cobertor, descansaron, reposaron. Naruto cómodamente sobre los pechos de la mujer, y ésta, arrullando los rubios cabellos de é silencio, un silencio de meditación, de contemplación, y después:
—He tenido sexo, muchas veces, con varias mujeres—habló Naruto y Hinata, aún acariciando, lo escuchó atenta—. Ahora me arrepiento, me hubiera gustado tanto haber compartido por vez primera un momento así, contigo y sólo contigo—hundió su cabeza en ella, aspiró su agradable aroma—. Pero, a pesar de todo, igual siento que así fue, ¿es posible? La primera vez que hago y me hacen el amor. Fue hermoso. Gracias, Hinata.
La Hyūga enrolló sus dedos en el cabello del hombre y sonrió, ufana, feliz. Y luego, por fin, ambos, se quedaron profunda y plácidamente dormidos.
Postre:
De lo que fue de allí en adelante.
Y ahora, los futones se juntaron de allí en más. Nunca más, en lo que Hinata permaneció allí, durmieron separados. Y los amaneceres eran agradables y dichosos. En ocasiones desnudos, en ocasiones vestidos, pero siempre amanecían el uno junto al otro. Y a lo mejor algún "te amo" los acompañaba en sus matutinas platicas. A lo mejor.
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Bajo la misma nube*: Parodia a la película del 2014 "Bajo la misma estrella". Perdón, me ha dado pereza averiguar películas japonesas del 2008. Por ello escogí ésta, que es popular y que igual me gustó mucho cuando la vi.
Los indispensables 3*: Parodia a la película "los indestructibles 3" o "The Expendables 3" igualmente del 2014. Lo mismo, pereza y me gustó mucho.
Calpis*: Bebida japonesa, bastante conocida. Cuyos sabores son muy, muy variados.
Pockys*: Será ofensa para cualquier otaku que lo ponga, porque creo que al menos el noventa y nueve por ciento ha de saber qué rayos son las pockys. Pero para ése uno por ciento: Son dulces japoneses, galletitas en forma de palitos cubiertos con chocolate tradicionalmente. Aunque también los hay de fresa y hasta de té verde (venga, esos japos son bien excéntricos).
