Aclaraciones & advertencias: Habrá Yaoi (relación hombre con hombre), lamento si alguien no le agrada, pero aseguro que son escenas leves y poco explícitas. Violencia. Capítulo de 15,500 palabras, aproximadamente.

Editado: 31/07/15


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20

El demonio oculto entre la niebla

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-O-

No lo iba a abortar. Fue lo primero que conjeturó casi de inmediato tras asimilar la noticia. Hinata dejó de lado todos esos debates de moralidad, de religión y demás, porque no fueron esas cosas las cuales guiaron su decisión de no detener la vida que crecía en su vientre. Porque, dejando de lado toda esa polémica de si el aborto era bueno o malo, lo sensato era, ni más ni menos, y estando en su situación, interrumpirlo. Pero ella no podía. No, porque no era lo suficientemente valiente como para atreverse; no, porque era un hijo de Naruto, y algo que era también producto de él, jamás osaría perder; no, porque, aunque tuviera mucho miedo, pese a todos los problemas y contratiempos que le causaría aquél futuro bebé en los días venideros, simple y llanamente no quería hacerlo.

Por ello, había respirado, tomado unos minutos para calmarse y aclarar su mente, regresar a la objetividad y actuar lo antes posible.

— ¿En cuánto tiempo se me notará? — Cuestionó casi angustiada. El médico dio un escueto y pensativo "umh" antes de responder.

—Bueno, eso depende de cada organismo, pero usualmente el vientre comienza a tomar un poco forma entre el segundo y tercer mes. Aunque hay mujeres que se les nota antes, y a otras después.

Hinata solamente se había quedado con algo de todo lo dicho: Dos meses. Ese sería su tiempo límite. Y tendría que apresurar todo y terminar antes de ese tiempo, si no, con sus objetivos logrados o no, huiría. Sencillamente huiría. Porque tendría a ese bebé. Y no estaba dispuesta a arriesgarse y arriesgarlo quedándose más tiempo, antes de que nadie más sospechara o notara su condición.

Así que, preguntó por medicina alternativa para tratar su dedo sin afectar el desarrollo del embarazo, cuestionó todo lo que pudo: Qué comer, cada cuanto hacerse algún chequeo, como se desarrollaría el embarazo mes con mes y sin fin de cosas más que se le venían a la cabeza y sabría le serían de utilidad.

Saciadas sus dudas, Neji pagó por los servicios del médico y además por su silencio. Hinata iría a otro establecimiento para tratar su embarazo, pues allí no era seguro dado a que era un hospital fuertemente ligado al clan Hyūga, por ende a Hiashi. Y nadie tendría que enterarse de lo allí revelado, nadie; salvo ella y Neji, quien prometió apoyarla igualmente en aquello. Hinata estaba más que agradecida y conmovida por la asistencia y soporte que le brindaba su primo; y éste, aunque renuente y enojado al inicio, cedió por completo ante la delicada situación, ante la seguridad y el bienestar de Hinata.

Iban entonces y después en el auto. Era de noche, y las luces de la ciudad pasaban como estelas por las ventanillas de cristal (debido al movimiento y velocidad del automóvil), donde Hinata recargaba en una de ellas la cabeza, con la mirada perdida; bastante quieta, con las manos reposando en su regazo, sin importarle ya, en lo más mínimo, de la mutilación recién hecha; porque pensaba que toda su situación era tan irreal, tan inverosímil. Miró hacia adelante cuando pararon en algún semáforo, observó gente cruzar la acera; su cara se volvió pesarosa. Pero tenía que ser fuerte, tendría que salir adelante, se repetía cansadas veces. Deseó, por aquellos minutos, ver a Naruto; porque siempre que lo veía, le inspiraba una tremenda fuerza y valentía, como si fuese capaz de hacer cualquier cosa. Cerró los ojos. Ahora mismo, necesitaba estar con él, necesitaba sentir su abrazo y su apoyo; anunciarle la noticia y que éste le dijera que ambos afrontarían la situación, que juntos caminarían hacia adelante. Pero la verdad era, que Hinata estaba, hasta cierto punto, sola; y aunque quisiera y lo deseara, no le diría a Naruto absolutamente nada. Una mirada de soslayo le dedicó a Neji. Mantenía expresión seria y taciturna. En su primo confiaría, su único apoyo hasta entonces y porque así lo había decidido. Éste, aprovechando el alto, giro a ver a Hinata y notó que ella ya lo observaba.

— ¿Sucede algo?

— ¿Estás…Enojado?

— Escucha—exhaló con cansancio y molestia implícitas—, el cómo me sienta o esté pensando ahora mismo, no ayudará en tu estado.

Hinata apretujó una sonrisita. Dirigió su mirada hacia sus pies, cuyas puntas pegaban la una con la otra.

—…Neji, muchas gracias…—susurró— Esto sería más difícil, si tu no estuvieras de mi lado. Gracias por ayudarme.

La expresión del aludido se relajó y un "ya qué" se le cruzó por la mente.

O.O.O

Parecía bastante descuidado, con la barba de unos cuantos días sin afeitar; las ropas sin cambiar, manchadas de mugre y comida; su olor corporal no era el mejor, los cabellos enmarañados y un tanto grasientos. Esa era la imagen que ahora Karin percibía de su primo; una imagen que, se fue deteriorando pasados los días desde la partida de Hinata. Parecía que nada le interesase salvo recibir noticias de la Hyūga. Y ni los gestos y ánimos de nadie (su clan y ella) podían animarlo o hacer que su mundo girara en un noventa y nueve por ciento en la chica que amaba. Porque sí, consciente era que su primo se había encariñado profunda y sin remedio alguno de Hinata Hyūga. Cosa que quiso evitar, cosa que quiso negar, dado a que muy en el fondo temía que Naruto terminara como lo estaba ahora: Preocupado, decaído, descuidado, en alcohol. Y si algo le llegaba a pasar a la susodicha, más allá de unas simples heridas, no quería ni remotamente imaginarse cuál sería la reacción de su primo.

Pero hacía lo que podía, y de hecho, hacía mucho. Empezando por quitarle la bebida, antes de que volviera a sus vicios de cuando era joven; porque el alcohol era un buen remedio para tenerlo tranquilo, pero a veces no se moderaba y era cuando ella intervenía. Por otro lado, luego de que el Uzumaki, ebrio y delirante retornara de aquel bar y se percatara de la ausencia de Hinata, se había puesto cual perro loco; gritando y afirmando que iría a recuperar a la Hyūga de donde sea que estuviese; y todavía borracho, tuvieron que agarrarlo entre cinco hombres. Porque Naruto era un hombre grande y pese a ese semblante de niño sonriente y grandote que cargase siempre, era bastante fuerte; y cuando se ponía serio, era alguien a quien temer. Karin intervino; habló con él, intentó razonar con él; pero éste se mantuvo renuente y necio. Y es que, el que dos Uzumaki discutieran y debatieran era algo de preocupar, porque ninguno cedería con facilidad y porque ambos traían en los genes ser unos tercos que no saben cuando rendirse. La querella duró muchas horas, hasta que finalmente y con las inteligentes palabras de Karin de: "Si vas ahora por ella, solamente harás que los maten a ambos. Y muy en el fondo, pese a tu orgullo y necedad, sabes que tengo razón…Pero adelante, si tan poco quieres y confías en esa mujer, anda y ve por ella". Con eso, finalmente, pudo hacer a Naruto ceder. Karin había suspirado sin remedio, muy triste, porque el que Hinata fuera un punto débil de su primo, era bastante; era por demás, mucho. La cosa no sería nada fácil.

Pero la mujer, lista y precavida (y una vez Naruto sobrio y más consciente), le relató en lo que había quedado de acuerdo con Hinata. Las instrucciones que ésta le dio antes de partir y el cómo se estarían comunicando (por medio de celulares en un lenguaje, además, secreto; inventado por la misma Hinata y enseñado por ella para que Karin pudiese entenderle y viceversa). Por obvias razones le dijo todo, salvo el detalle que Hinata haría el ritual del yubitsume para ser (probablemente) aceptada en el clan. Cuando Hinata se lo confesó, Karin tuvo que admitir la chica tenía agallas y su percepción hacia ella cambió radicalmente. Empero, no podía decirle a Naruto que Hinata había accedido por voluntad propia a cortarse un dedo meñique para entrar, porque entonces, bien sabía ya no podría detenerlo. Por eso y por el bien de la misión, de Hinata y la de él, esa información permanecería en secreto tanto como le fuera posible mantener.

Y Karin lo veía, veía que no había día, tarde o noche en la cual su primo no pensara en Hinata. Pero Karin tuvo que animarlo a continuar y proseguir con la vida del clan lo más normal posible; a que él siguiera yendo a sus juntas, contactando con gente, administrando los negocios, el dinero; estando igualmente al pendiente de la llamada de Jiraiya para adquirir ese socio/patrocinador italiano que tanto hacía falta. Naruto lo intentaba, y de hecho hacía, a medias, un buen trabajo en hacer parecer que todo iba como si nada; aunque al final del día (o a cualquier hora) nunca faltaban las preguntas: "¿Qué has sabido de ella? ¿Te ha enviando algo? ¿Está bien?" Karin intentaba ser paciente y responder lo mejor posible. Pero la información que le llegaba no era mucha, salvo que la Hyūga había ejecutado el ritual de yubitsume y ahora estaba dentro del clan, no le había llegado nada más relevante, y era obvio, dado a que apenas habían pasado unos días desde que la Hyūga se infiltró y al menos para que consiguiese información valiosa requeriría de semanas, quizá meses, dependiendo como se moviera la mujer una vez dentro. Pero Naruto era muy insistente.

— ¡Deja ese celular! — Regañó Karin, arrebatando el teléfono de la mano de Naruto— Si me llega algún mensaje no sabrás leerlo y si es algo importante será tiempo perdido. Anda mejor a bañarte, te hace falta, apestas a perro.

Naruto no hizo ni dijo nada, se quedó mirando, ahora, la mano vacía. Suspiró profundo para la preocupación de su ya alterada prima.

—…Oye—dijo el hombre quedo—, ¿crees que soy egoísta? — Karin izó las cejas, confundida por la pregunta— Porque, tú sabes, lo único que quiero y deseo es tener a Hinata aquí conmigo, donde tengo la certeza de que estará bien…Y no me interesan ni entiendo sus motivaciones de arriesgar el pellejo de ese modo.

Karin respiró, exhausta. Tomó lugar enfrente de él y se acomodó los lentes, mirando la pantallita del móvil. Torció los labios. Naruto ni se molestó en mirarla, pues parecía perdido dentro de su mente.

—Posesivo sería la mejor palabra—empezó la pelirroja. No deseaba tener esa conversación, pero se había apiadado de los desánimos de Naruto; por lo que, hizo lo mejor que pudo a la hora de verlo menos desdichado—. Pero, ¿creo que eres un posesivo bueno? —Naruto alzó la vista— Digo, no es que quieras tener a Hinata para ti y sólo para ti, la quieres a tu lado porque sabes que bajo tu brazo estará segura y si no, harías cualquier cosa; morir, matar, quién sabe, hacer lo que fuese para mantener a salvo a las personas que más amas. Te conozco más que bien—medio sonrió, rememorando hazañas pasadas de su primo, como el apoyarla y protegerla cuando fue en la búsqueda de venganza contra Gato—. Pero a veces, tienes que entender que algunas cosas son necesarias y no puedes estar todo el tiempo controlando la vida de los demás, ni sus decisiones.

Naruto bajó otra vez la vista, y su prima supuso que por su semblante, su primo, aunque supiera esa verdad innegable, le costaría trabajo (aún) asimilarlo. Karin no era tierna ni maternal, y se podían contar con los dedos de las manos las veces que lo fue (la mayoría provocados por el imbécil aquél que tenía frente suyo). La pelirroja sonrió apacible y fue a apoyar su mano con la de su primo, provocando que éste le mirara a los ojos y así poder sonreírle confortable a la cara. Fue entonces cuando el Uzumaki intentó imitar el gesto, lográndolo a medias.

— Anda—ordenó la mujer—, ve a bañarte, en serio apestas—Naruto por fin soltó una pequeña mofa, pero volvió a ver el celular que la mujer cargaba. Karin rodó los ojos entre divertida y fastidiada—. Sabes que si me llegara algo, serás el primero en saberlo—agregó con seguridad.

Naruto asintió más cándido y para la sorpresa de su prima, le hizo caso y se dirigió a la puerta, para más tarde coger una toalla y meterse a dar un baño rápido. Pero antes de salir, se detuvo en el marco y tanteó sus palabras.

—Karin, yo…La amo. Lo hago mucho, de veras.

La pelirroja tragó saliva.

—Lo sé…— admitió. Y luego agregó en broma, recargando el moflete en la mano—: Aunque, sigo sin comprender que le has visto. Es tan sosa y rara, demasiado insegura. A menos claro, que sólo sus tetas te hayan enganchado.

Naruto pareció enojarse al principio, pero al final lo tomó con humor y respondió con sonrisa en rostro:

— ¿Me creerías si te dijera que no reparé en ellas hasta más tarde?

—Tsk, pervertido.

—No—empezó lento—, una de las primeras cosas en las cuales reparé, fue en esa sonrisa cohibida, porque es dulce y cálida. Te hace sentir bien contigo mismo y podría hacer sentir bien a cualquiera—aseguró risueño. Karin tuvo que recordar la sonrisa de Hinata días atrás y que, efectivamente, esas sonrisas eran simpáticas e inspiraban ternura. Pensó entonces, que su primo no era tan idiota —. Como sea, una de las tantas cualidades de mi rarita favorita, de veras. —Finalizó levantando un pulgar, después se retiró.

Karin exhaló y cogió el celular, mirando la pantallita; esperando paciente por algún mensaje. Porque ahora deseaba algo, lo que sea, de esa ingrata y tonta Hyūga a la cual, gracias en parte a sus agallas y las palabras de Naruto, le cogió un poquito de cariño, vaya. Y como si con la mente pudiera llamarla, al aparato le llegó un mensaje cuyo contenido era el siguiente:

"12,4,29. 7,2,17,1. 20,22,2,23,2,17,24,1,7,4,17. 1,15. 7,15,1,17.

17,1,22,5,24,4. 7,4,16,4. 2,23,24,22. 2,15"

Le tomó medio día aprenderse aquel lenguaje por el cual se comunicaban; donde tomaban como referencia el alfabeto inglés; y cada letra era representada con un número, donde del uno al cinco representaban las vocales: a, e, i, o y u. Y de seis hasta el treinta las consonantes, agregando que, los números 18, 19 y 25 no se tomaban en cuenta. De este modo, y con el alfabeto y números memorizados, Karin tradujo el mensaje como:

Hoy. Cena. Presentación. Al. Clan.

Naruto. Cómo. Estar. Él.

Karin sonrió, esos dos no tenían remedio. Porque Hinata, también solía fastidiar mucho con preguntas que iban muy de la mano con las de Naruto. No perdió más tiempo y mandó la réplica.

O.O.O

Semanas Hyūga:

Estaba sola en su nuevo cuarto. Se había instalado rápido al no tener muchas cosas que haber traído consigo cuando llegó al lugar. Pero eso no importaba, porque le proporcionaron ropajes y todo en cuanto ella pidió para una estadía más cómoda. Aún así, la habitación le parecía por demás vacía y hasta fría.

Inconscientemente acariciaba su vientre con la mano cuyo dedo mutiló. No dolía tanto. Por suerte, había conseguido medicamento alternativo y seguro para tratar su dedo y el embarazo. Igualmente se las ingenió para conseguir vitaminas.

Ahora mismo, se hallaba demasiado nerviosa, pues esa noche sería su presentación e integración oficial al clan. Y por ende, todo el clan Hyūga estaría presente, incluyendo padre y hermana, aquella última a la cual no había visto por ningún motivo desde su llegada; y se debía a que ésta había ido a una excursión por parte de su escuela y hasta la noche anterior había retornado.

Hasta ahora había sido tratada con respeto por todo miembro del clan con el que se topase o tratase, su padre incluso la tomaba más en cuenta; cosa que le hacía sentir rara, pero extrañamente e igualmente le hacía sentir bien. A pesar de todo, y estando consciente de que por muchos años su padre fue pésimo en su rol; tratándola fría, indiferente y hasta a veces cruel. Cierto que pudo ser que el amor y admiración que antes poseyera hacia su padre cambiara y se torciera drásticamente y se fuera empañando también con miedo y resentimientos, echando la culpa al cambio tan brusco de Hiashi que tuvo para con ella; pero la esencia de lo bueno seguía allí. Hinata, conservaba una imagen de él de cuando era más pequeña. Porque ella tenía memorias de un padre que alguna vez fue cariñoso y amable, una imagen que ahora era tan lejana, pero que conservaba con sumo cariño aunque ahora fuese la sombra de una memoria. Y no importaba lo que hubiera pasado, lo que estaba pasando y lo que pasaría, su papá siempre sería su papá. Por ello, cuando Hiashi mostraba vagas y borrosas acciones del pasado, Hinata las apreciaba y las atesoraba, y provocaban hacer extrañar más a su antiguo padre. Y muy en el fondo, deseaba secretamente su aprobación, y saber que después de todo, le tenía algún aprecio. Como ella a él.

La interrumpió la vibración de su celular. Abrió los ojos y rápidamente lo sacó para leer el mensaje (porque sabía que lo era y sabía igualmente de quién era).

24,4,17,24,1.

12,1,30,15,4. 6,3,2,17. 17,4,15,4. 1,22,22,5,3,17,2,23.

17,1,22,5,24,4. 2,23,24,1. 6,3,2,17…Te extraña.

Hinata se sorprendió y al mismo tiempo le llenó de dicha leer aquello último en palabras normales. Se llevó el celular al pecho y sonrió aliviada y cálida. El mensaje completo decía:

Tonta, hazlo bien. No lo arruines.

Naruto está bien...Te extraña.

Respiró profundo y se fue motivando e inculcando valor. Porque Naruto podía hacer eso con ella, influirla de manera positiva.

Infló su pecho y volvió a sus preocupaciones. Temía, más que nada, saber cuál sería la reacción de Hanabi y el clan en general; además de que, según le había dicho Neji, seguramente conocería a Zabuza Momochi, mercenario que Hiashi contrató por motivos hasta ahora desconocidos. Aunque ya sospechados por Neji. En todo caso, de lo que le platicó su primo respecto a él y su acompañante (un tal Haku, al cual identificó como la bella mujer que antes se topara el primer día en la mansión) no eran cosas agradables. En absoluto.

Hiashi se había estado comportando más déspota y autoritario con su gente desde hace tiempo, pero con la llegada de aquel sujeto, las cosas se duplicaron. Zabuza, un hombre que se le describió como calculador, cruel, agresivo y arrogante. Siendo que, de lo que Neji pudo averiguar, era un experto en el rastreo, espionaje y asesinato silencioso. Poca información se tenía, pero la suficiente como para ponerla con la guardia en alto.

Se volvió a planchar el kimono blanco con la mano, se acomodó el obi amarillo, cepilló sus cabellos con los dedos, y después se puso de pie para salir y llegar puntual; porque la puntualidad allí, era cosa más que importante. Todo iría bien, se alentaba mentalmente; mientras caminaba paso a pasito, con la cabeza gacha e intentando mantener una buena imagen, elegante y pasiva. Todo estaría bien, se repetía hasta el cansancio. Tendría que causar buena impresión, generar confianza, acercarse especialmente a su padre, para que éste pudiera poco a poco fiarse de ella y darle un puesto importante dentro del clan y con suerte, tener acceso a información relevante y de interés. Y todo en un tiempo límite, para empeorar su ya desesperada situación. Ya estaba en la sala donde se llevaría a cabo la cena, en el interior logró escuchar voces masculinas, risas y conversación trivial. Suspiró y antes de correr la puerta, se decía una y otra vez que: Todo iría bien.

Al correr la puerta, se encontró con una enorme y larga mesa, donde había varios hombres de traje cenando y tomando té o sake; hasta el fondo, se hallaba su padre, de brazos cruzados y meditabundo; al lado de él su hermana, Hanabi. Ésta pareció mirar inmediatamente a su hermana y abrir ligeramente la boca, para luego desviar la vista y tomar su bebida, como alguien que evita con pena una situación complicada; igualmente poseía un kimono blanco, con la única diferencia de que su obi era violeta. Hinata tragó saliva, recordando su último encuentro, el cual no había sido bueno ni mucho menos agradable. Neji estaba continuo a Hanabi, deteniendo su bocado y manteniendo serenidad. Cuando entró, todo el mundo guardó mesura, nadie hablaba y se dedicaban a inclinar la cabeza cuando la Hyūga saludó con educación y pasaba de largo para tomar lugar (reservado) a lado de su progenitor.

Hiashi se colocó pie, y cuando tuvo a su hija a un lado, posó su mano en el delgado hombro. Hinata dio un ligero y apenas perceptible respingo ante el contacto. La mano de su padre contra su hombro, ¿hace cuánto que no la había siquiera tocado? Y todo le parecía tan raro y a la vez familiar.

—Como sabrán, mi hija Hinata ha vuelto a unírsenos. En el pasado hemos tenido dificultades, pero han sido deslices que como padre, estoy dispuesto a pasar por alto, y brindar una segunda oportunidad. Así pues, Hinata retomará su papel como mi hija y rama principal del clan, estando por primera vez al nivel de su hermana, Hanabi.

Hiashi hizo una seña con la mano y todos los presentes se inclinaron y brindaron sus respetos y bienvenidas; todos, excepto su hermana (por evidentes razones), y otros dos sujetos. Hinata pudo saber de quienes se trataban, pues uno era Haku; el extraño chico con apariencia de una bella mujer, vestido con su singular kimono sencillo rosa, los labios pintados y un collar negro ajustado al cuello, su usual vestimenta. Y a su lado, estaba él.

Era alto, una piel pálida, casi grisácea. Cruzado de brazos, cuyos músculos se marcaban incluso con aquel traje negro ceñido. Sin corbata y con los tres primeros botones de la camisa sin abrochar, revelando un poco los pectorales marcados, cubiertos por tinta de tatuajes cuyas figuras no se lograban apreciar del todo. Cabello corto, negro.

Pero aquel hombre, ante todo, poseía una singular aura. Una fría, una que te hacía calar los huesos de tan sólo estar cerca; era siniestro, pero a la vez interesante. Masculinidad y crueldad era lo que delataban sus rasgos, nada más que eso. Hinata osciló un poco antes de tomar asiento junto a su padre y junto a Zabuza.

De la nada, el hombre se giró a verla y ésta pudo notar sus oscuros ojos marrones, medianos y rasgados. Hinata pudo ver que estos estaban vacíos, y opacos; y que además eran fríos y calculadores. Pero, más allá de eso y con mucha atención, pudo distinguir una leve mata de tristeza, pequeña e imperceptible. Una sonrisa extraña se dibujó en su rostro, revelando una rara dentadura; al parecer los dientes se los había afilado, pues eran más puntiagudos que rectos, cosa que extrañó y alertó a la Hyūga.

—Así que ésta es su hija, Hiashi. Bella mujer—la voz de éste era, como se esperaba, masculina pero igualmente y de alguna curiosa manera rasposa.

Hiashi asintió—. Sí, ella es Hinata. Hinata, te presento al señor Momochi, trabaja para mí.

Hinata cortésmente hizo una reverencia y sonrió sutilmente.

—Un placer, señor Momochi.

—Llámame Zabuza.

Hinata volvió a sonreír. El hombre empezó a dirigir conversación hacia ella, su padre escuchaba.

—He oído muchas cosas de usted, señorita Hyūga.

—Hinata—Corrigió la chica— está bien para mí también, señor Zabuza.

El hombre hizo una mueca de lado con sus labios. Hinata parecía una extraña combinación de sumisión pero a la vez, determinación. Algo que no pasó desapercibido por su escucha y su progenitor.

—Ya veo, señorita Hinata…He oído muchas cosas de ti. Cuéntame, ¿cómo se la pasó en Nara? —Cogió su taza de sake, pero no bebió hasta finalizar su oración— Hace tiempo que no he ido para allá, me da curiosidad.

—Nara es muy bonito—aseguró, intentando ser lo más concreta pero creíble posible—. Me gustaría decir que la he pasado bien, pero fue un poco difícil valerme por mí misma.

Zabuza miró por un momento hacia enfrente, hacia la nada; se le vio coger un poco de aire, apenas apreciable—. Es difícil, ¿verdad?

—Sí…—dijo quedo, observando con cuidado cada movimiento—Y, si no es indiscreción, he escuchado que usted es un mercenario.

Tenía que ser cuidadosa a la hora de indagar. Se planteó en preguntar directamente qué trabajo realizaba para su padre, pero sería demasiado obvia, siendo que su progenitor estaba justo ha lado escuchándolo todo. Por ende, inició por algo que creyó un poco menos evidente y más una simple pregunta curiosa que esperaba guiara a otras más interesantes. Pero de cualquier modo, Hiashi pareció tensarse un poco y Zabuza colocó gesto seco.

—Sí y no—replicó finalmente, dejando confundida a Hinata. Agregó más adelante—: No sólo soy eso, soy más…—aquello no esclareció nada a la Hyūga, pero antes de cuestionar más nada, el celular del hombre sonó, éste lo sacó y revisó el mensaje que tenía. Terminando, lo guardó nuevamente—. De cualquier modo, tengo que irme, trabajo, ya sabrás como es esto. Con su permiso—se dispuso a retirarse no sin antes pedir consentimiento con la mirada a Hiashi, quien asintió. Por otro lado, su compañero permaneció en el mismo lugar a lo que Zabuza adicionó—: Él es Haku, por cierto. Haku hará en mi lugar un buen suplente de conversación.

Y se marchó. Mientras pasaba de largo, atravesando la sala, a Hinata le pareció que los miembros del clan colocaban expresión más seria; más, de alguna u otra forma, pesada y sospechosa. Pero fue una situación fugaz que no pudo percibir y analizar por más tiempo pues más tarde Haku llamó su atención.

—Mucho gusto—a diferencia de Zabuza, la voz de Haku era suave y amable, casi como una caricia al oído. Su sonrisa era cálida sin ser abierta, más bien educada. De no ser porque su primo se lo dijo, jamás hubiera sido capaz de descubrir su verdadera naturaleza.

Hinata volvió a inclinar la cabeza a modo de saludo y cortesía—. Así que, trabajas para el señor Zabuza—empezó Hinata un poco tímida la conversación—. ¿Hace cuanto que se conocen?

El muchacho sonrió tenuemente—. Yo lo conozco desde que era niño. Ya son varios años desde aquel entonces.

—Ya veo, entonces deben ser muy unidos.

—Algo así.

—Ah, perdón—agregó la Hyūga al notar las escuetas respuestas y que de alguna u otra forma iba muy directa—, no quiero sonar entrometida.

—Al contrario—volvió a sonreír amable—, puedes preguntarme lo que gustes.

Hinata sintió confianza con aquel joven. Porque su expresión serena y afable podrían hacer sentir bien a cualquiera. Siendo que, su incomodidad por estar al lado de su padre era poco si se hallaba charlando con Haku. Decidió aprovechar tal permiso para indagar un poco al respecto.

—Bueno, quizá es algo obvio, pero debes trabajar con él, ¿qué función realizas?

—Sólo soy apoyo. Nada más que eso. Sí el me necesita, allí estaré…No importa el oficio, ni el trabajo, ni lo que tenga que hacer…Mientras le sea útil. —La voz de Haku se fue apagando y quedó con la mirada un poco perdida, como rememorando o pensando cosas que estaban más allá de la comprensión de Hinata. Hubo silencio de apenas unos pocos segundos, suficiente para que Hinata notara la charla que había al derredor, no era mucha y la mayoría se oían triviales y sin importancia. Hanabi platicaba con Neji y su padre se mantenía aislado, con los ojos cerrados, casi como alguien que medita. Pero Hinata intuía que pese a eso, Hiashi debía estar atento a todo— ¿Qué hay de ti? —Retomó Haku la conversación — ¿Has aprendido algo en Nara?

—No realmente…Bueno, me las ingenié para practicar un poco de Krav magá.

— ¿Krav magá?

—Ah, es más que nada defensa personal. No es tradicional como otras artes marciales, pero es muy bueno; te enseñan a defenderte si hay pelea cuerpo a cuerpo e incluso a desarmar al oponente si éste porta alguna arma de cualquier clase. Desarme y defensa, es en lo que más se centra. Aunque, igualmente practiqué un poco de kung fu.

La joven no pudo evitar rememorar las clases que recibió allá en Tokio, y más que nada, las cosas que le enseñaron los Uzumaki. Se sintió de alguna manera bien y familiar con esos recuerdos.

—Ya veo, que interesante. Supongo que ahora será difícil siquiera intentar tocarte—bromeó Haku soltando una delicada risa que tapó apenas con la punta de sus delgados dedos.

—Pues…

—De ser así—Hiashi habló, interrumpiendo a Hinata. Fue extraño, pensó ésta, que todo mundo callara en cuanto su padre siquiera profiriera algo…Era obvio que infundía mucho respeto, o miedo—, supondré que esta vez serás digna adversaria contra Hanabi. Nunca le pudiste vencer en las prácticas dentro del clan, veremos si lo que has aprendido afuera te fue de utilidad…O si sigues igual y es puro alardeo tuyo. Mañana a primera hora me harán una demostración. Hanabi, Hinata.

Hanabi asintió sin más. —Sí, como guste.

Pero Hinata tardó un poco más en acatar la orden. ¿Pelea? La sola palabra le causó un profundo terror, y no sólo por el hecho de que desconfiara de sus nuevas habilidades contra su hermana. No. Era por su estado, porque estaba en cinta. Y algo como eso hubiera preferido evitarlo a toda costa. Sin embargo, ya tenía previsto que algo así sucedería, aunque no creyó que ocurriese tan pronto y casi de la nada. Pero ahora no tenía mucha opción y se dedicó igualmente a asentir.

Pasó un poco para que la gente del clan volviera a sus respectivas pláticas. Hinata se quedó callada y pensando, Haku no pareció insistir en seguir la conversación al notarla en aquella situación. Por otro lado, Hanabi no le quitaba de encima la mirada a su hermana, no había como interpretar que ojos le dedicaba al ser un gesto perfectamente camuflado por la indiferencia. Luego observó a Neji quien desde antes ya observaba a ambas. Hanabi bajó la cara y ahora se le vio apenas un efímero gesto afligido.

—Padre—dijo la niña procurando hablar bajo—, pido permiso para retirarme. Me encuentro cansada, además, será un buen reposo para mañana.

—Adelante.

Hinata salió de sus cavilaciones y fue cuando notó que su hermana se ponía de pie y se disponía a partir.

—Hasta mañana. Padre, Haku…Hermana.

Cruzaron mirada por apenas unos instantes y Hinata sintió el estómago le daba un vuelco. A lo mejor Hanabi sintió lo mismo pues ambas tuvieron la misma reacción de desviar los ojos y seguir cada quien en lo suyo. Hanabi se retiró y dejó a Hinata pensando en ella. Se sintió triste, el tener ahora esa relación con su hermana menor. Y el tener que enfrentarla sólo hacía empeorar la situación. Por esa vez, odió a su padre al obligarlas a esa clase de circunstancias. Porque siempre era él quien obligaba a Hanabi, el que la obligaba a ella a hacer cosas en contra de su voluntad.

Recordó esa vez cuando Hanabi casi le disparó y no pudo lograrlo dado a que llegó Naruto a salvarla, pero si no ¿la habría matado? Había visto duda en sus ojos y sabía que ella no quería hacerlo, pero tenía qué. Y todo era por su padre, al menos ella había crecido una parte de su vida con uno amoroso. Pero Hanabi no. Nunca. Ella sólo era una especie de máquina a la cual adiestrar y entrenar, su padre fue duro con ella desde chica. Y una vez que demostró aptitudes y habilidades, su imagen se rodeó de un gélido y distante respeto y enaltecimiento por parte de Hiashi, pero nunca una muestra de amor. Había oído miles de veces como su padre siempre felicitaba a Hanabi, la ponía como lo mejor de lo mejor, le permitía su compañía; era más como un cachorro al cual instruir que una hija en sí. Nunca vio, siquiera una vez, que Hiashi abrazara a Hanabi, que le soltara mínimamente algún –aunque sea sobrio- "te quiero", o algo parecido al amor que un padre le tendría que brindar a una hija.

Por eso Hinata no culpaba ni juzgaba las cosas que Hanabi hacía, porque desde chica le enseñaron qué hacer y cuándo hacerlo, sin cuestionar, sin chistar. Sentía lástima y empatía por ella. Por todo lo que Hanabi pudo haber sido, lo que merecía ser y tener, lo que necesitaba, tanto como ella. Sí, sólo por eso, a veces llegaba a odiar a su padre, aunque no fuera un odio absoluto.

Hinata entonces se percató del profundo silencio que abundaba entre Hiashi, Haku y ella. Ya no se sentía bien estando allí. Quería salir, irse a su habitación. O mejor aún, irse de allí y regresar con los Uzumaki. Pero no podía y se sentía atrapada, como un desgraciado ratón en ratonera.

—Las noches de verano son algo húmedas y bochornosas—dijo Haku. Hinata giró a verlo por primera vez desde que callaron y eso calmó un poco la asfixia mental que crecía dentro de ella—. Temo que iré a tomar un poco de aire, ¿gustas acompañarme?

—Ah—profirió con sorpresa. Pero por otra parte no declinó la oferta—, cl-claro.

—Con su permiso—dijeron ambas a Hiashi Hyūga. Éste no hizo ni dijo nada, sin embargo permitió que saliesen.

O.O.O

Hinata fue testigo del cómo el aire amainaba su asfixia, el aire húmedo pero fresco le pegaba en el rostro y le daban un respiro. El poco sudor que poseía en la frente se enfrió y luego secó. Aspiró fuertemente sin importarle sonar algo mal educada con Haku. De todos modos, sabía que eso no le molestaría al muchacho que parecía tan tranquilo y agradable. Y tenía razón, pues el joven sonrió al verla despejada.

Esa noche, había un cielo totalmente negro, pero que si se veía con atención, se alcanzaban a distinguir una que otra pequeña y titilante estrella. El viento ligeramente soplando; el jardín alumbrado, siendo capaces de percibir el pequeño laguito artificial; el sonido del bambú llenándose de agua y cuando lleno dando ese golpeteo singular para derramarse, quedar vacío y repetir el ciclo. De vez en cuando, alguna cigarra emitiendo su peculiar canto, seguramente ocultos en el árbol de Sakura. Por unos minutos se dedicaron a admirar y escuchar.

—Es agradable, estar aquí afuera—comentó Haku con ese tono dulce de voz.

La mujer bajó la cara, un poco sonrojada. A veces se le olvidaba que era un chico y saber que era más guapo que cualquier chica o mujer que hubiera visto, le avergonzaba. Le avergonzaba mucho, así que inconsciente empezó a jugar con sus dedos.

—Esto, gracias…Adentro estaba bastante incómoda y salir acá afuera ha sido un respiro para mí.

—Sí, pude ser capaz de notarlo—Haku miró a los cielos y con mismo semblante taciturno continuó—. No tienes buena relación con tu familia, ¿verdad?

Hinata colocó expresión pesarosa—. No siempre fue así.

Haku permaneció mirando el obscuro cielo, entrecerrando los ojos ligeramente, sin desaparecer aquella benévola mueca.

—Que cosa tan curiosa es el tema de la familia, ¿no? Complicado, porque, ¿qué es realmente una familia? —Hinata frunció ligeramente el ceño, confundida. Haku la encaró— Técnicamente, son un grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas o en lugares diferentes, y si específicamente hablamos de una familia tradicional, es aquella conformada por un matrimonio e hijos...Pero la familia es algo más…Considero la pregunta un tanto compleja, a decir verdad. ¿Tú qué opinas? ¿Qué hace que alguien sea tu familia?

Hinata miró los suelos de madera, meditó unos minutos. Primero se le presentó las caras de su padre, de su primo y su hermana, pero también y para su sorpresa, aparecieron las de Naruto, la de Tenten, Rock Lee, Karui, Karin, Omoi, Konohamaru…

—Pues yo…—se llevó su índice levemente flexionado cerca de los labios, pensando muy bien en su respuesta— Yo creo que, la sangre tiene mucho que ver, después de todo, jamás podrás cambiarla, por mucho que lo desees…Pero, también pienso, que una verdadera familia está vinculada por amor y no sólo es la sangre; incluso, pese a que ese lazo a veces se estire mucho al grado de empañarlo con otros sentimientos o hacerlo irreconocible, mientras haya aunque sea un poco de amor…—hizo una pausa y no terminó la frase. Apretó los labios—. Por algo dicen también, que los amigos son la familia que puedes escoger, no creo que los genes sean lo único que te unan a alguien, son más bien los sentimientos mutuos, las acciones y el tiempo compartido…

Y Hinata estaba segura de ello. Haku curvó ligeramente su cuello y sonrió amigable.

—Me agrada tu forma de pensar, me parece que estoy de acuerdo contigo.

Hinata le regresó el gesto acompañado por un leve rubor.

—Tú… ¿Tú tienes familia?

—Bueno, si me baso en lo técnico y en lo que has dicho de la sangre, la respuesta es sí…—la sonrisa de Haku se apagó al grado de hacerla apenas perceptible, sus ojos se colocaron tristes y Hinata supo que tanteó un terreno que hubiera sido mejor no abordar. Pero con todo, el joven se decidió a continuar—. Tenía un padre y una madre, pero mi padre era un alcohólico y mi madre una prostituta, vengo de una familia bastante disfuncional; aunque bueno, eso es obvio por lo que te acabo de decir—soltó una risita, oyéndole con precaución sonaba un tanto dolida—. Tuve muchos malos ratos viviendo con ellos, era muy infeliz en aquel entonces; así que cuando cumplí ocho, decidí huir de casa. Así que sí, técnicamente esa es mi familia, aunque jamás sintiera que fuera de ese modo. Pero, si me baso en tu segunda opción, de unido a alguien por amor, entonces también la poseo. O eso quiero creer. —Los ojos de Haku se volvieron a iluminar y de nueva cuenta observó los cielos. Hinata no quiso preguntar nada más, porque aquello que le contó el muchacho había sido más que íntimo y no sabía con exactitud que más agregar ante tal historia. Se preguntaba si el joven sería así de confianzudo con todo el mundo o sólo con ella se mostraba así. Igualmente, no lo juzgó más y se delimitó a admirar la negrura con él — ¿No te sientes nerviosa? Mañana tendrás que pelear con tu hermana, aunque solamente sea una demostración.

—Hanabi siempre fue mejor que yo en muchos aspectos—confesó—. La verdad es que sí me siento nerviosa, temo que me den una paliza.

—Seguro lo harás bien.

—La verdad, no quiero pelear. Pero sé que será inevitable. Admito que, me gustaría en parte poder ganarle mañana a Hanabi, así quedaría por primera vez bien ante los ojos de mi padre. Pero no me ánima en absoluto que mi oponente sea mi propia hermana. Siendo honesta, ni siquiera me gusta pelear.

Omitiendo lo de su embarazo y el temor de hacerle algún daño a lo que crecía en su vientre, lo demás que había dicho la Hyūga era cierto. Haku por otro lado pareció sentir simpatía por la joven mujer.

—Eres muy parecida a mí en ese aspecto. Odias ver sufrir y lastimar a las personas—se acercó a ella. Y puesto que Hinata mantenía un puño descansando en el pecho, Haku la tomó con precaución y cuidado para la estupefacción de Hinata. El muchacho miró su mano con pena, porque era la mano que la Hyūga había cortado el meñique. Habló bajo—. Pero hay veces, en las que uno comete cosas terribles por aquellos a quienes aprecia—soltó su mano y giró sobre sí para darle la espalda a la mujer—. Creo que sería bueno entrar otra vez, no queremos preocupar a tu padre, ¿o sí?

Haku volvió a entrar, pero Hinata quedó confundida por lo antes sucedido. Palpó su mano, allí donde faltaba el dedo. «Hacer cosas terribles por aquellos a quienes aprecias» repitió.

Al regreso, solamente tuvo que permanecer veinte minutos más allí por mera cortesía, más tarde se dispensó y se fue a recostar. Temía que su padre la retuviera, y hubiera sido de aquel modo de no ser porque al día siguiente tendría que pelear contra Hanabi. De esa manera, Hiashi finalizó la cena.

Cuando Hinata se recostó en su cama, sólo podía pensar en la preocupación que la abrazaba sin cuidado. Esa inesperada demostración de habilidades, le recordaba en cierto modo el día que tuvo que luchar contra Karui por su liberación. Rememoraba que ese día estaba aterrada y la paliza que recibió. Pero ahora era diferente, no era tanto el salir derrotada lo que más le preocupaba. Llevó su mano a su bajo vientre, pasara lo que pasara haría lo que fuera para salir ilesa. Aunque tuviera que lastimar a su hermana, y eso era lo que más se debatía y lo que más dolía.

O.O.O

Tenía cinco años esa vez que entrenando con Hinata, se torció el tobillo. Hinata había ido corriendo hacía ella, la había tomado entre sus brazos y fue con su padre para llevarla con el médico. Le vendaron y le habían recetado reposo por unas semanas. Esos días que pasó en cama, en la mayoría de ellos al menos, Hinata fue quien le hizo compañía y desempeñó el papel de enfermerita.

¡Hermanita, me duele, me duele! —Lloraba Hanabi, moqueando y reposando su pequeña mano por arriba del vendando.

Ya, ya—consolaba Hinata, dándole una que otra palmadita en la espalda—, no llores, Hanabi…No llores. —Pero Hanabi no paraba de quejarse y eso hacía sentir mal a su hermana mayor a quien no le gustaba ver a su hermanita soltando lágrimas de cocodrilo. Así que reparó en la muñeca de trapo con vestimenta tradicional japonesa que le gustaba tanto a Hanabi. La cogió — ¡Mira! ¿Qué tal si jugamos a las muñecas? Para que no pienses en el dolor. ¡Hola, Hanabi! — Hinata empezó a fingir la voz, haciendo como si la muñeca fuese la que hablase — ¡Soy Mimiko! Mimiko dice que te ves más bonita cuando sonríes— por ahora, Hanabi había parado de llorar, cosa que ánimo a su hermana mayor—. Sabes, Hanabi, Mimiko tiene poderes mágicos, ella te podrá quitar el dolor de tu tobillo.

No es cierto—replicó con puchero—, Mimiko es sólo una muñeca.

Puede ser—asintió con una sonrisa—, pero es mágica. Además, ¿no confías en tu hermana?

Hanabi infló los mofletes y cobraron color, siendo que frunció el entrecejo levemente. Porque claro que creía y confiaba en su hermana, y odiaba que le preguntara algo tan obvio.

—… ¿Y en serio me quitará el dolor?

Sí crees que podrá, podrá.

Bueno. Está bien.

¡Mimiko usará sus poderes! —Exclamó Hinata levantando a la muñeca por los aires, y luego guió las manitas de la misma al tobillo lastimado, agregó con la misma voz fingida—: ¡Cachin, chachin que Hanabi deje de sufrir! — Pasó las manitas por la pierna de Hanabi y luego fue a la carita, rosando sutilmente su piel con las manitas y cabellos de la muñeca; Hanabi arrugaba la nariz por el sutil contacto que le provocaba un picazón agradable, y empezó a reír— Masajito por aquí, y por acá, y cosquillitas aquí y allá. ¿Ves?, ahora estás riendo.

Hanabi, ya con una sonrisa en rostro se restregó el mismo con las manos—. Tenías razón, hermanita. Mimiko es mágica.

Ambas sonrieron.

Hermanita—Llamó Hanabi.

¿Umh?

¡Cárgame! — Extendió los brazos. Cabía decir, que Hanabi estaba demasiado mimada por Hinata, pues ésta siempre le complacía en todo lo que la niña le pedía al grado de volverse su caballito personal en algún momento de convivencia.

¿Eh? — Profirió no muy segura— Pero, papá se enfadará si te ve fuera de la cama.

Diré que quería ir al baño y me ayudaste.

Pero…

¡Por favor!

Y ante esos ojos tan suplicantes y lastimeros, Hinata no pudo decir que no.

—…B-Bueno.

La tomó entre sus brazos y Hanabi rodeó su cuello y estrujó con fuerza.

¡Abrázame! — Demandó la menor con una enorme sonrisa. Hinata sabía que Hanabi no solía recibir a menudo afecto físico y era ella quien le daba esas muestras de cariño, las cuales la menor adoraba y le pedía seguido, por ende, no se negó a obedecer—. ¡Más fuerte! — Hinata apretó tanto como pudo, procurando igualmente no hacerle daño. Sintió como Hanabi recargaba su cabeza en su hombro y la abrazaba de igual manera—. Hermanita, ¿me quieres? Porque, yo te quiero mucho—susurró después de un rato. Sabía cuan empalagosa podía ser a veces y a escondidas, pero Hinata no la culpaba, después de todos ambas estaban casi en la misma posición, en un ambiente familiar donde el amor era apenas una nube lívida. Y en esos instantes eran sólo ellas dos y nadie más, y sólo entre ellas se daban ese amor del que tanto carecían.

Claro que te quiero, Hanabi, eres mi hermanita. Y siempre te voy a cuidar y querer.

Finalmente y pasados unos largos y cortos diez minutos, Hanabi se cansó y volvió a la cama.

¡Ya sé, hay que jugar!—sugirió la menor.

¿A qué quieres jugar?

¡A las escondidas!

Pero no podemos, tu tobillo.

Me cargarás.

Entonces sabré donde te escondes.

Que Neji nos busque y seamos nosotras las que nos escondemos, entonces.

Pero Neji tiene responsabilidades, no deberíamos molestarlo. Además, sabes que al primo Neji ya no le caigo tan bien.

Pues es un tonto.

Hanabi, no digas eso.

Lo es, si no te quiere es porque es tonto.

Umh…

Entonces hay que jugar al té.

¿Al té?

¡Sí!

Esto…

¡Por favor!

E-Está bien.

Ya había preparado todo, y pasaron veinte minutos desde que inició el juego. Hanabi reposaba en la cama y tomaba té de manzanilla con miel que Hinata había preparado y vertido en los recipientes de juguete. Pasaron un agradable rato, hasta el momento que su padre arribó por sorpresa a la habitación acabando con las risas y las sonrisas.

Hinata—dijo Hiashi con voz fría y penetrante—, ¿qué haces aquí? Tu hermana necesita descansar. Deberías estar entrenando, no haciéndote tonta con juegos infantiles.

P-Perdón, padre…—agachó la cabeza—E-Es sólo que yo…

¡Sal de aquí y anda a entrenar! —ordenó soltando un grito. Hinata se encogió de hombros y retirando todas las cosas que traía encima, se dispuso a partir.

Papá…—musitó Hanabi, queriendo abogar por su hermana. Pero éste le dedicó una gélida mirada que provocó el silencio de la niña.

No distraigas a tu hermana con juegos tontos, Hanabi. A diferencia de ti, que eres prodigio, Hinata necesita practicar más.

Hanabi notó como Hinata apretaba los puños disimuladamente y más tarde salía cabizbaja del cuarto. Se sintió tan triste en esos momentos, pero no evitó que respondiera al mandato de su progenitor.

—…Sí, padre.

Hanabi había dicho irse a dormir temprano, pero la verdad era, que sólo quería estar sola. Respiró profundo, estando acostada sobre su cama en posición lateral; aún con su kimono, sin ganas de ponerse ropa más cómoda para dormir. Tenía que admitir, que en cuanto se enteró del regreso de su hermana, dicha noticia le alegró. Y le alegró mucho. Pero también le dio miedo. Después de todo, había tratado de asesinarla y en verdad se arrepentía de ello, pero el daño ya estaba hecho. Siendo que, después del atentado, Hinata le salvó la vida en aquel incendio. Porque sabía que era ella quien pidió no la dejaran en aquel edificio consumiéndose en llamas. También estaba agradecida por ello, y quería expresarlo, pero no podía.

Estaba insegura del cómo sería su reacción o la reacción de Hinata cuando se encontrasen. Desde años atrás, su relación se había distanciado; antes eran muy unidas, pero la preferencia de Hiashi por ella y el desprecio hacia Hinata, provocó poco a poco la separación de ambas. O más bien de Hinata, recordaba con pesar Hanabi. No sabía por qué, pero disimuladamente, Hinata la comenzó a evitar, y fue ella quien la alejó y no al revés, y siempre se preguntaba por qué. ¿Era a caso que empezó a odiarla cuando su padre la prefería por sobre ella? No lo sabía con certeza, pero no importaba mucho, pues las cosas ya eran como eran.

Ella era la clase de niña cuya infancia fue luctuosa, tenía pocos recuerdos memorables que la llenaran de felicidad. Y también eran pocas las personas a quienes apreciaba. Creció sin su verdadera madre; estaba enterada que la relación de su padre y ella no funcionó y se terminaron por separar, siendo que Hiashi se quedó con la custodia de ella y no le permitió a su ex esposa ver a su hija. La justificación de Hiashi ante esto, era que se dedicaba a entrenar y educar a Hanabi para ser digna de la rama principal del clan y cualquier otra distracción innecesaria sobraba; el amor maternal, al parecer, entraba en tal categoría. No fue sino hasta sus catorce años, que Hiashi permitió que su madre la viera de cuando en cuando. Cosa que alegró a la niña el poder convivir con su madre, la cual se había perdido toda su infancia. Una infancia que pasó entrenando y siendo educada de las formas más estrictas posibles. Pero pese a todo, fue capaz de soportarlo, había nacido con carácter y temple fuerte.

La mayor parte de su niñez habría sido solitaria y sin amor, de no ser por su hermana, y hasta su primo Neji. Porque de todo lo malo y desdichado, Hanabi siempre se consolaba con los recuerdos de ambos. Su padre siempre fue frío y distante con ella; éste le había enseñado a respetarlo, a obedecerlo, pero no a quererlo. Hanabi no le profesaba ningún tipo de amor a su padre, su relación solamente se basaba en respeto y sumisión por parte de ella. Por eso amaba a su media hermana, o mejor dicho y para ella, sólo su hermana. Sólo porque fue ella quien le dio aquello que a Hanabi le hacía falta.

Por eso le había dolido tanto esa separación. Pero no pudo hacer mucho para evitarlo, no si fue la misma Hinata la cual empezó a negarle. Y por ello y sin mucho remedio, adoptó esa máscara de indiferencia.

Pero ver a su hermana, de nuevo, ese día. Primero se había sentido culpable, por haberse atrevido a jalar del gatillo, pero le dolió aún más que ella no le prestara la más mínima atención. Y es que estaba desesperada por acercarse a ella como fuese posible. Neji lo intuía, lo sabía cuando lo descubrió mirándole.

Aunque, la gota que derramó el vaso, fue el mandato de su padre. Ella no quería aquello. No quería lastimar ni humillar a su hermana otra vez, lo fácil y sencillo habría sido que desde el principio se dejara ganar, pero siempre que lo hacía, no sabía exactamente el cómo, pero su padre se daba cuenta y la reprendía severamente por ello. Así que por más realista que quisiera hacer ver su derrota, su farsa era descubierta. Sólo le quedaba rezar que en verdad su hermana se hubiera hecho fuerte. Y evitarse así todo lo malo que conllevaba una victoria suya.

Sí, estaba desesperada por volver a los viejos tiempos. Hinata hacía que su corazón doliera. Y le doliera mucho.

O.O.O

Podrían haber sido las cuatro de la mañana, seguramente. Haku estaba recostado, completamente desnudo. No estaba solo. Sentado al borde de la cama y con el mismo desabrigo, se hallaba otro hombre.

—Y bien, ¿qué te pareció la nueva niña Hyūga?

—Peculiar. Pero a la vez, nada del otro mundo—respondió Haku—. Dudo mucho, por ahora, que se trate de la misma chica. ¿Zabuza?

El hombre apretujó la mandíbula.

—Demonios, se me termina el tiempo y la llegada de esa mocosa sólo hará que retrase mis planes.

El joven llevó una mano a la gran y fornida espalda del otro, le acarició a modo de consuelo.

—Tranquilo, no creo que su presencia suponga algún contratiempo.

—Eso espero—escupió irritado—. Pero el hijo de puta del ministro me está metiendo más presión de acabar con ellos.

—Por ahora lo has hecho bien, Hiashi Hyūga no parece sospechar absolutamente nada.

Zabuza meditó, llevando sus dedos a la barbilla y sobándose la misma.

—Su locura hace que las cosas sean más sencillas, se ha ganado el odio hasta de su propia gente.

—Ya lo creo.

—Como sea, ahora también te encargaras de vigilar a la hija recién llegada.

Y con esto, se puso de pie y comenzó a vestirse de nuevo. Haku le observó.

— ¿Aún crees que pueda ser esa mujer? —inquirió el joven.

—Puede ser. Me parece mucha coincidencia. Y de ser así, será fácil deshacernos de ella en dado caso que resulte ser un obstáculo.

— ¿Qué hay con los Uzumaki en general? Hiashi se está impacientando que no pasemos de las investigaciones y los sabotajes con sus patrocinadores.

—Lo sé maldita sea, lo sé—gruñó airado— no tienes que recordármelo. Ya encontraré algo para seguir distrayendo al viejo, ahora necesito seguir convenciendo a más gente, y si todo sale bien, dentro un par de meses podré hacer la movida.

Haku bajó los ojos, apesadumbrado.

O.O.O

Había olvidado aquel cuarto de entrenamiento que le era tan familiar. Basta, tapizada de madera oscura, cuyo olor inundaba las fosas nasales y cuyo tacto directo con los pies descalzos era frío; las varias lanzas, katanas y máscaras de tengu, hannya y kitsune*, que fungían como decoraciones en las paredes; las luz del matutino sol filtrándose por las puertas fusuma que apenas lograban entibiar vanamente el cuerpo.

De espectadores Hiashi Hyūga y los miembros de mayor jerarquía dentro del clan, los cuales no eran pocos. Todos presentes, para observar la futura demostración de habilidades que se daría entre las hijas del jefe.

Hinata tenía su usual mareo mañanero, pero era lo que menos le atormentaba y preocupaba. Estaba cabizbaja, sin querer mirar a la persona que yacía frente suyo. Hanabi por otro lado, mantenía la mirada fija en su hermana, una expresión fría y rayando lo severo. Hanabi finalmente se colocó en su usual postura de ataque y defensa; Hinata se delimitó a volver a alzar el rostro y hacer su propia pose, siendo más defensiva que de ataque.

La menor ya sabía que sería ella quién lanzaría el primer golpe, pues Hinata jamás fue capaz de iniciar las batallas; todas, sin excepción, eran abiertas por ella. Anteriormente, Hinata siempre poseía una mirada y postura insegura, temerosa; pero pese a que su posición no fuera la mejor y previera que de nueva cuenta ella sería la que iniciaría con el primer golpe, en su expresión pudo notar algo que por primera vez se presentaba en las facciones y mirar de su hermana mayor: Determinación.

Amabas dieron una enorme bocanada de aire antes de que su padre diera la señal. Finalmente, treinta segundos después, los cuales a ambas les parecieron minutos, su padre dio la orden:

—Comiencen.

Hanabi fue directo al pecho. Hinata esquivó y miró una oportunidad para asestar un golpe en la nunca de su hermana, pero no aprovechó: Temor sintió. La menor dio un rápido giro e intentó dar una palmada debajo de la quijada; la mayor logró cogerla por la muñeca y con la otra mano libre darle con el dorso de ésta en el estómago. No pegó fuerte, pero si lo suficiente para aturdir a la niña.

Hanabi cedió unos cuantos pasos; estaba confundida del cuándo exactamente su hermana se había hecho tan buena. Porque antes, no era capaz siquiera de tocarla y ahora pareciera que cambiaron de roles. Respiró profundo, volvió a su pose y, de nuevo, corrió a atacar. Esta vez hubo una serie de ataques por parte de la más pequeña, soltaba puñetazos, patadas y palmadas, todos con intención de herir cara, pecho o estómago. Ninguno logró tocar a Hinata. Ésta los detenía con al parecer demasiada y burda facilidad; por fin la mayor logró cogerla del antebrazo y aplicarle una llave. Hanabi gimió de dolor. La niña dio un codazo hacia atrás y la mayor abrió los ojos con desmesura al ver que iba directo al vientre, liberó a su hermana así evitando el impacto a duras penas.

La niña sobó su brazo, y una vez sintiéndose mejor, volvió a atacar con una bomba de puñetazos y patadas. Hinata volvía a evadir, ahora, con más trabajo, pues se habían hecho más rápidos y certeros. En un descuido, finalmente, Hanabi halló un punto ciego y atinó una fuerte palmada en el mentón de Hinata, la cual alzó la cara por el impacto. Tal golpe le provocó heridas internas en la boca y la mujer tuvo que limpiarse un poco de sangre que escurrió cual hilo por las comisuras de los labios. Tragó y sintió el sabor metálico de su sangre. Hanabi no le permitió mucho respiro y de nueva cuenta ya estaba sobre ella.

La mayor se estaba cansando, ambas sudaban y continuaban tanto atacando como escudándose. Por fin, Hinata se decidió a regresar los golpes viendo que la pelea se estaba alargando y el riesgo de que Hanabi diera con su vientre aumentaba. De nuevo intentó hacerle una llave, pero la menor al parecer ya no cayó en aquel truco, logrando zafarse y asestándole otro golpe en el rostro. Pero Hinata no se rindió, aún cuando parecía ida, alcanzó a tomar (otra vez) el antebrazo de su hermana, enrollándose con éste para luego meter su pierna entre las de ella provocando la pérdida de equilibrio y logrando con éxito derribarla. Un último golpe en la nunca y Hanabi quedó inconsciente.

Sin darse cuenta, su padre había dado la señal que indicaba el final de la pelea. Hinata se quedó por unos segundos estática.

Había sido rápido, más que eficiente. Hinata apenas podía y creer lo que hizo. La culpabilidad abordó en ella en cuanto volvió en sí y casi de inmediato se colocó de cuclillas para ver si su hermana volvía en sí, ignorando por un momento su innegable triunfo. Le quitó cabellos de la cara y susurró su nombre. Los parpados de Hanabi temblaron, como si fuese a despertar en cualquier momento, Hinata volvió a musitar su nombre y la niña finalmente abrió los ojos topándose con los de su hermana.

— ¿Estás bien?

Hanabi no respondió, en vez de eso intentó reincorporarse con sumo trabajo, Hinata ayudó a que se sentara por lo menos; en todo el proceso la menor se dejó apoyar, pero antes siquiera ponerse en pie, sintió una enorme punzada dolorosa en donde Hinata le había aplicado la llave, se llevó la mano contraria a la lesionada, cerrando un ojo a causa del dolor. Su hermana se preocupó al ver esto.

— ¡Hanabi!

La niña le miró apaciguada y confundida por ver a su hermana preocupada por ella. Era inevitable que una racha de emoción no la invadiera al ver a Hinata así por ella.

—No te preocupes, estoy bien—le replicó calma.

Y, como pudo se puso de pie para hacer la reverencia a ella y a los espectadores. Hinata al fin caía en cuenta de su victoria, no sentía la felicidad que creyó sentiría si algo así sucedía, pero igualmente un poco de orgullo ante su progreso le asaltó.

Hiashi estaba de brazos cruzados, sentando; y tan pronto ambas hijas hicieron la reverencia, el padre se incorporó. Tenía expresión, como siempre, seria. Hinata estaba a la expectativa de lo que diría y Hanabi rezaba que su padre no insinuara siquiera se había dejado vencer, porque no fue así. Por primera vez Hinata la había derrotado limpiamente.

Su padre abrió los ojos y observó cuidadosamente a ambas.

—Gran trabajo—expresó vehemente—. Ambas lo han hecho bien. Tu progreso es incuestionable, Hinata; sea quien fuese tu maestro, es realmente uno muy bueno. Felicidades, estoy orgulloso.

El corazón de Hinata dio un vuelco, osciló y percibió un calor agradable. Las lágrimas amenazaron con derramarse, pero las soportó. Unas palabras tan sencillas: Estoy orgulloso, le provocaron tal reacción. Hinata estaba consciente que por esas palabras y más viniendo de Hiashi no deberían provocarle tales emociones, pero lo hacían. Se sentía muy feliz, porque por mucho tiempo buscó que Hiashi le dijera nuevamente aquello. Por unos efímeros instantes pudo ver la vieja imagen de su padre de cuando era más pequeña. Un padre en cuyos ojos había un brillo. Hinata dio la reverencia.

O.O.O

Habían pasado dos días desde el combate. En tan pocos días, Hinata había ganado un buen lugar dentro del clan, no era sorpresa que después de semejante demostración y avance de habilidad su padre ordenara situarla junto con Neji a supervisar los negocios y el personal dentro de un organismo como lo eran los Hyūga.

Por otra parte, Hanabi había tenido una pequeña lesión en su muñeca y antebrazo, una que sanaría con algo de medicamento y reposo; después del combate ambas no habían vuelto ni a verse ni hablarse. Hinata más de una ocasión planeó visitarla a su habitación, pero temía que la respuesta de la menor fuera osca.

—Deberías ir a verla—animó Neji, cuando ambos yacían dentro del auto en las afueras de la mansión Hyūga.

— ¿Eh?

—A Hanabi. Quizá no lo demuestre, pero sé que se pondrá feliz el que le vayas a ver.

— ¿Tú crees? A mí me ha dado la impresión de que no me quiere cerca.

—Pues está más que errónea tu impresión. Es tu hermana, deberías saber que eres la persona más importante para ella.

— ¿De verdad?

—Sí. Yo, a diferencia de ti, me suelo fijar en ambas. Puedo decirte con toda seguridad que Hanabi ha estado esperando que la vayas a ver. No me lo ha dicho directamente, pero cuando voy a echarle un vistazo suele preguntar por ti.

—Quizá, quizá tengas razón.

—No es quizá, es que la tengo.

—Bien, iré a verla en cuanto regresemos.

—Prepárale té de manzanilla con miel.

— ¿Eh?

—De pequeña solías hacerle, ¿o no? Además, es su bebida favorita.

—Ya veo…

Hinata rememoró cuando Hanabi se torció su tobillo y le acostumbraba a llevar aquella bebida. Suspiró. Era obvio que Neji tenía razón, sabía que debía ir a ver a su hermana, le preocupaba y la quería a pesar de todo. Aunque eso no le diera las suficientes agallas para hablar frente a frente con ella, porque ya había pasado mucho tiempo desde la última vez y eso le inculcaba cierta inseguridad en el área. De cualquier modo, se animaría esa noche a ir a su alcoba y a lo mejor platicar, pedir disculpas, aclarar cosas, volver a sonreír, quizá abrazarla como en antaño. Quién sabe.

De súbito, Neji calló y miró atentamente hacía una dirección en específico. Hinata siguió su mirada y pudo encontrarse con lo que observaba tan atento su primo. Eran Zabuza y Haku, los cuales arribaban en dirección a la mansión Hyūga. Desde la noche de presentación no los había vuelto a ver o saber de ellos.

—Algo no me gusta—comentó Neji, acaparando de nuevo la atención de la mujer —, desde el día de tu presentación, esos dos han estado más que raros.

— ¿Raros?

—Sí, como si estuvieran más apresurados. No lo sé—quedó callado, ensimismado. Prosiguió—: De todos modos, desde tu llegada las cosas ha cambiando un poco. Hiashi no ha estado tan paranoico y ha estado ciertamente más calmado. Creo que se debe a ti.

— ¿A mí? —Repitió confundida— ¿Y por qué crees eso?

—Una mera suposición—aclaró—, de todos modos no es como que pueda leer lo que realmente pasa por la cabeza de Hiashi. Aunque me gustaría.

—Por cierto—interrumpió Hinata a los líos mentales de su primo—, ¿Ya sabrás algo del por qué mi padre contrató a Zabuza?

—Siguen siendo meras sospechas y el hecho de que se aparezcan de vez en cuando por la mansión no ayuda mucho. Sin embargo, Zabuza es como una maldita babosa, es resbaladizo. Es seguro, que Hiashi los contrató para asediar a los Uzumaki, quizá planee deshacerse de Naruto, ha estado bastante obsesionado al respecto con el tema y Zabuza es un maldito profesional en el área; pero, ya ha tardado bastante en hacer nada como para confirmar mis suposiciones. Como dije es un maldito escurridizo y sabe ocultarse bien; no sé por qué razones se escabulle dentro de la mansión Hyūga cuando no le revela la gran cosa a Hiashi, es como si con ello quisiera distraer o ganar tiempo respecto a algo más, no puedo afirmar nada—suspiró para luego mirarla—. Si quieres averiguar algo tendrías que hacerte más cercana a tu padre y ganar algún puesto parecido al de una secretaria. O en todo caso, igualmente con la ayuda de los Uzumaki podrías mandar seguir a Zabuza, quizá ellos hagan un mejor trabajo de investigación que yo…Aunque lo dudo.

Hinata bajó los ojos y se llevó una mano cerca de la boca, pensando—. Probablemente—susurró—...Necesitaré algo de tiempo para planearlo bien.

—Recuerda que no cuentas con mucho—mencionó para el estrés de la mujer—. Ahora, tenemos que ir al médico y llegar a la mansión antes de las nueve.

O.O.O

Todo había salido bien con la médica (ahora que habían cambiando de institución para atender el embarazo de Hinata, quien los atendió y atendería sería una mujer). Por suerte, ésta le dijo que no había monitoreado ningún problema con el desarrollo del embrión/feto. Recomendó seguir con una dieta alta en vitaminas y ácido fólico y si se podía, hacer un poco de ejercicio ligero como dar caminatas.

Aquella fue la última parada luego de un día duro supervisando y administrando los negocios Hyūga. Tal como había dicho Neji, llegaron antes de las nueve. Eran las ocho con quince exactamente cuando regresaron a la mansión.

Hinata, entonces, decidió hacerle la visita a su hermana luego de que su primo se lo volviese a mencionar. Así que tomó una enorme bocanada de aire, fue por un aperitivo y a preparar té de manzanilla con miel.

Por suerte esa cocina estaba sola (puesto que habían tres más al ser una casa tan enorme), y con calma y tranquilidad depositó en una bandeja la tetera roja llena de la bebida, un par de tazas y en dos platillos colocó una rebanada de pastel de banano respectivamente. Tomó la bandeja y se dirigió a la habitación de Hanabi. En el trayecto intentó no pensar mucho e ir directamente al lugar; pero una vez frente a la puerta, dudó en si quiera tocar. ¿Y sí ella ya estuviera dormida? ¿Qué tal si no quería recibirla? En fin, pasó un minuto más antes de que se percatara que su subconsciente la había traicionado y sin darse cuenta había tocado la puerta.

— ¿Quién es?

Escuchó la voz de Hanabi al otro lado. Hinata se aclaró la garganta y percibió como sus manos empezaban a sudar.

—Ah, soy yo, Hinata.

La réplica tardó al grado de desesperarla de temor por no recibir alguna y ser indirectamente corrida. O a lo mejor sólo eran sus nervios que la ponían de tal modo. De igual manera, aunque tardada, la respuesta llegó insegura.

—Adelante.

Hinata abrió y se adentró al cuarto, viendo en primera instancia a su hermana recostada sobre su cama leyendo algún libro. Ésta dejó su lectura de lado y concentró su atención en su hermana mayor, quien dejó la bandeja en una mesilla.

—Perdona que venga así sin haberte dicho—decía mientras depositaba la bandeja, se giró con sonrisita en rostro una vez sus manos estaban libres de nuevo—, pero como no te he venido a ver…Te traje un poco de té de manzanilla y un pedazo de pastel, espero tengas apetito.

Hinata se había apretujado los labios al no saber muy bien que decir, pero se apresuró a servir el té. Mientras lo servía, se preguntó si tomar aquél brebaje era bueno para su bebé. No creía que el té de manzanilla fuera malo, mientras no lo bebiera en exceso, así que sólo se sirvió muy poco. Al de Hanabi, por otro lado, lo llenó. Le entregó en las manos el té y el pastel con su cucharilla. Hinata igualmente se arrimó una silla junto a la cama, quedando a un costado de su hermana.

—Uh, gracias—profirió Hanabi con tono quedo, para luego sorber con tranquilidad de su taza. A Hinata le pareció que los ojos de su hermana brillaban y una disimulada sonrisita se asomaba por la comisura de sus labios.

—Creí que ya estarías dormida—comentó intentando hacer amena plática—, casi ya no vengo por pensar así.

Hanabi recargó la taza en su regazo—. Suelo dormirme hasta las diez.

—Ya veo—silencio y luego, agregó—: ¿Qué leías?

—Nada interesante, tarea que me han traído de la escuela.

—Mañana volverás a ir, ¿no?

—Sí.

—Perdona—bajó la mirada acongojada—, es mi culpa que tengas que estar así. No quería lastimarte.

Hanabi le observó con un singular brillo en el rostro, pero que igual se veía bastante apaciguada—. Está bien, comprendo. No tenías opción al igual que yo. Además no ha sido la gran cosa, sanará rápido—sonrió levemente, llevando su mano a la lesionada, le giró a ver de nuevo, esta vez con un aire más alegre—. Has mejorado mucho, por cierto. ¿Quién fue tu maestro?

Hinata se animó—. Era un militar retirado, es un señor ya grande. No parecía ser japonés, quizá algún mestizo, por eso no recuerdo bien su nombre.

—Ya veo.

—Si quieres, te puedo enseñar cuando quieras—sugirió con una sincera y abierta sonrisa. Hanabi relajó los hombros e hizo el mismo gesto sólo que un poco más apacible.

—Claro, me gustaría.

Volvieron a centrarse en su té y pastel, así que nadie habló por un rato. No fue un silencio incómodo aquél, fue más bien todo lo contrario. Ambas disfrutaban la compañía de la otra. En cuanto terminaron (que fue casi al mismo tiempo), Hinata llevó las tazas y platillos a la mesa. En una de esas se fijó en las repisas que poseía Hanabi, donde se encontraban libros, una pequeña maceta con su flor blanca y alguno que otro peluche. Entre esos, Hinata pudo identificar a uno en especial. Lo cogió sin pensarlo.

—Vaya, veo que aún conservas a Mimiko—se acercó nuevamente a Hanabi y se sentó a su lado—. Recuerdo mucho sobre ella—rió. Luego miró a su hermana— ¿Te acuerdas? ¡Cachin, cachin que Hanabi deje de sufrir! —Expresó alegre, fingiendo la voz y llevando las manitas de la muñeca al antebrazo y muñeca lesionada de su hermana. Hinata entre risa y risa, no se percató en qué momento exacto Hanabi empezó a derramar lágrimas. Paró de reír y observó con semblante preocupado—. Esto, Hanabi, ¿qué tienes? ¿Por qué lloras?

La niña se mordió los labios, su expresión era profundamente triste.

— ¿Por qué te tuviste que alejar? —musitó.

— ¿Eh?

—Cuando éramos niñas—empezó, intentando controlar sus sollozos—, siempre estábamos juntas, y cuando padre empezó a darme preferencia, te alejaste…Ya no me dejaste acercarme, ¿por qué? ¿Es qué a caso me odiaste?

Frunció ligeramente el entrecejo, abrió la boca, confundida—. No, Hanabi, jamás y nunca te he odiado, siempre te he querido—llevó sus manos a la cara de su hermana y secó sus lágrimas con los pulgares—, aún te quiero.

— ¡Entonces por qué! —Espetó, provocando que la mayor retirara las manos. Hinata miró de lado, afligida.

Jamás lo había visto de aquel modo. Siempre creyó que era la gente quienes se alejaban de ella, pero ahora que Hanabi le hacía ver aquello, fue capaz de ver hacia atrás y percatarse de sus fallos. Siempre quiso a su hermana, de eso no había duda. Pero era verdad que cuando Hiashi marcó diferencia y preferencia entre las dos, Hinata se sintió muy mal. Y la verdad era, que alguna vez sintió envidia de lo prodigiosa que era Hanabi y quizá por eso, inconscientemente la evitaba.

—Esto…Yo…No lo sé.—Masculló. Consideró sus palabras—. Quizá porque, quizá porque muy en el fondo, estaba celosa de ti… —ahora se sentía pésimo y por ende igualmente los ojos se le humedecieron. Le había hecho daño a su hermana sin querer, y no fue un daño cualquiera, de eso estaba consciente. Ver a Hanabi llorar le partió el corazón. Se acercó a ella, la rodeó con los brazos, atrayéndola hacía sí, estrujándola con fuerza, posando una mano por detrás de su cabeza—. Perdóname.

Hanabi cerró los ojos con fuerza, no tardó en corresponder el abrazo, estrechó fuertemente, hundiendo la cara en el hombro, cuello y cabellos de su hermana. Extrañaba aquello, poder abrazar a Hinata, sentir un confortable calor, inundarse de aquel olor fresco y floral. Experimentar cariño puro. Sonrió tenuemente; se sentía, ahora, mucho mejor.

—Está bien…—dijo quedo—Sólo porque te intenté asesinar una vez—medio bromeó Hanabi con aquello, hizo un puchero para evitar derramar más llanto, aunque fue en vano—. Perdón por eso.

Hinata dio una suaves palmaditas a la cabeza de Hanabi.

—Ya, ya—tranquilizó—, todo ha quedado atrás — Hinata sonrió, dejando que otro par de gotas saladas se deslizaran fluidas por su rostro—. Empecemos de nuevo, ¿eh? Como en los viejos tiempos.

Hanabi asintió, todavía con el rostro oculto en el cuello de su hermana.

Y ambas, otra vez, se hallaban felices. Muy felices.

O.O.O

Las cosas entre Hinata y Hanabi mejoraron notoria y drásticamente. Empezaron a frecuentarse más, constantemente una iba a visitarse al cuarto de la otra. La menor empezó a cogerle nuevamente confianza y relatarle sus cosas personales; en especial de su escuela, algunos amigos y hasta algún amorío. Hinata se alegraba mucho con aquella nueva confianza que se forjaba entre ambas. Desde siempre Hinata había sido la que escuchaba y Hanabi la que hablaba, por eso no hubo sospecha alguna de que la mayor no revelara mucho de sus planes y verdaderas intenciones. Por ahora, consideraba no era el momento para decirle toda la verdad a su hermana, pero estaba planteándose seriamente en hacerlo pronto. Puesto que podría serle de ayuda a la hora de investigar y sacar información relevante.

—Me alegro que se reconciliaran—comentó Neji.

Hinata, se hallaba recargada en la ventanilla del auto, mirando distraídamente a las calles. Estaban en sus usuales patrullajes de protocolo.

—Sí, también yo—musitó, no muy animada, lo que abrió paso a la curiosidad de su primo.

— ¿Qué ocurre? ¿Algo no anda bien?

— ¿Umh?—profirió saliendo de sus cavilaciones, por fin encarándolo—. N-No, nada de eso—aclaró ante el mal entendido—. Sólo me he quedado pensando en el tema de Zabuza, no he avanzado mucho respecto a ello y estaba pensando, ¿crees que Hanabi sepa algo?

Había tráfico, se movían a vuelta de rueda. Neji aprovechó aquello para pensar sin mucha distracción.

—Puedes ser, tiene más ventaja y acceso a las cosas personales de Hiashi. Documentos que a lo mejor sólo ella es capaz de obtener. Mi relación con ella no es tan cercana como contigo, por ello no me puedo dar el lujo de hacer preguntas tan directas. Pero ahora que se llevan bien, quizá puedas…

Hinata captó al instante, cerró levemente los ojos, pues la idea no parecía entusiasmarla—. Sí, quizá…

O.O.O

Pensando bien las cosas, a Hinata no le agradaba usar a su hermana para sacar información. Le parecía era algo incorrecto si en primer lugar no le había revelado absolutamente nada. Probablemente se estaba arriesgando al decidir contarle. Pero, después de todo, confiaba igualmente y ciegamente en Hanabi; había demostrado que era de fiar y, ciertamente, el tiempo corría y ella necesitaba averiguar más que unas cuantas y vanas cosas. Siendo que, Karin ya comenzaba a presionarla.

Esa noche, Hanabi le cayó por sorpresa en su habitación. Venía, por lo que pudo notar Hinata, muy contenta. Se dejó caer en su cama con un simpático suspiro risueño. Hinata sonrió al ver a Hanabi últimamente en un estado de ánimo más agradable y cariñoso. Al menos con ella. Como siempre, inició platicándole su día, Hinata escuchó atenta. Finalmente y luego de unos veinte minutos de charla y retroalimentación, Hanabi preguntó por el día de su hermana. Pero, ésta no respondió con su usual "bien o muy bien" sino que, empezó con una frase que a la niña le pareció curiosa y que a la vez preocupó.

—Hanabi, tengo que confesarte algo…Y pase lo que pase, ¿me prometes que guardarás el secreto?

A Hanabi no se le vio segura en primera instancia, se asomaba preocupación y extrañes por sus muecas. Pero terminó por asentir y jurar silencio. Entonces, su hermana mayor le pidió que salieran. Hinata le pidió a Neji que las llevara a algún café y que aquello sólo se viera como una salida normal entre hermanas. En el camino y en la cafetería, se dedicó a contarle toda la verdad, desde el principio. Le platicó de qué fue lo que sucedió luego del incendio, que estuvo con los Uzumaki y que estuvo en Tokio con los Uchiha. Que regresó sólo para infiltrarse al clan Hyūga y hacerle las preguntas a su padre respecto a su madre y conseguir información que ayudara a los Uzumaki con los problemas que tenían relacionados con Hiashi.

—Ahora comprendo…—dijo Hanabi, una vez que su hermana finalizó con el relato.

—Espero que no estés molesta por no decírtelo antes—mencionó Hinata, bajando la mirada. La menor apretujó un sonrisita y negó.

—No, no lo estoy. Entiendo tus razones. De todos modos, me alegro que me tuvieras la suficiente confianza para decírmelo.

— Y entonces, ¿sabes algo al respecto?—Fue Neji. Hanabi respiró profundo.

—Efectivamente—inició con semblante resignado—, padre contrato a Zabuza para la aniquilación de Naruto Uzumaki y su clan en general. Aunque primero ha empezado con sabotajes…No estoy muy enterada de los detalles, son cosas de las que he escuchado por casualidad mientras andaba cerca de padre. En esta ocasión ha sido muy discreto respecto a ello. No suelo meterme mucho en esas cuestiones porque, sinceramente, me son indiferentes, y lo que llego a saber lo sé por casualidad o porque así debe ser, según padre.

Hinata sintió que su corazón daba un vuelco al confirmar las intenciones de Hiashi al haber contratado al demonio oculto entre la niebla. — Zabuza—tragó saliva, frunció el ceño—, ¿él es entonces culpable de los patrocinadores fallidos?

—Pues hasta donde sé, así es.

—Y el objetivo es Naruto Uzumaki—repitió Neji.

—Sí…—Asintió Hanabi. Quedó callada, como recordando algo—. Pero, hay algo más, aunque no sé si esto les sea de utilidad. Son sólo observaciones y cosas que he oído por coincidencia.

— ¿Qué cosas?—animó a proseguir la hermana mayor.

—Pues, tengo que admitir que la situación ha estado un poco rara desde la llegada de Zabuza…—frunció los labios—Aunque, no es que realmente me importe lo que pase con padre y sus asuntos. Pero, hubo una ocasión, bastante sospechosa y que no logré entender, donde por accidente escuché la conversación de Hiroshi y Azumi, miembros con alto rango de jerarquía dentro del clan Hyūga, que hablaban sobre una reunión hecha por Zabuza para discutir sobre "el asunto de la noche loca".

¿El asunto? ¿Noche loca?—repitió Neji.

—Sí, eso dijeron—se encogió de hombros—. Pero no hubo más, y quedé confundida. Como sea, no le tomé mucha importancia.

Hinata y Neji se miraron mutuamente. Algo, definitivamente, no andaba bien.

Tras eso, el trío quedó en un acuerdo. Hanabi ayudaría a su hermana a investigar más. En cuanto a Hinata, mandó un mensaje código a Karin para empezar a investigar y seguir a Zabuza y averiguar si por ese medio lograban descifrar que era "el asunto de la noche loca". Y con la ayuda igualmente de los Uzumaki, probablemente lograrían recolectar información con más rapidez. Hinata dio algunos puntos donde Zabuza y Haku solían frecuentar. Y así, con ello, dar seguimiento a otros movimientos.

Las semanas transcurrían, antes de darse cuenta, ya había pasado un mes.

O.O.O

Semanas Uzumaki:

La asamblea entre los miembros más importantes del clan Uzumaki estaba llevándose a acabo. En un extremo estaba Naruto, sentado y meditabundo; a su lado, Karin, quien se acomodó los lentes cuando todos los puntos fueron argüidos y analizados.

—No hay opción, tenemos que seguirle—declaró Karin—. Hinata ha estado intentando por semanas pero no ha logrado averiguar eso de lo que hablaba Zabuza.

Todos estaban guardando mesura, la mayoría de brazos cruzados. Una valiente alma alzó la mano, se ofreció.

—Yo puedo seguirle—se adelantó Tenten.

—No—rechazó Omoi y Karui—, seremos nosotros.

—Ustedes no pueden tomar aquella misión—contradijo Naruto con voz seria—. Sus sentimientos nublarían su juicio, los conozco. Además, Tenten es la mejor calificada para el puesto.

—Pero…—arguyó Karui. Naruto le envió una mirada dura, calló al instante.

—Haré un buen trabajo—aseguró la castaña—, sé lo que debo hacer. No es la primera vez que hago espionaje.

—Vale—asintió Karin, sacó un par de papeles—. Entonces, según lo que nos ha proporcionado Hinata, los lugares donde suele frecuentar Zabuza son…

O.O.O

Naruto habría hecho mucho, lo que sea, con tal de ocupar el puesto de Tenten y con ello tener aunque sea la ínfima oportunidad de ver a Hinata. Tenía tanto de que hablar con ella, y tanto por lo cual pedir perdón.

Pero no había opción, las cosas ya estaban decididas. Así que, optó por escribir una carta.

—Si tienes la posibilidad, dásela—entregó el rubio. Tenten la cogió y la guardó con cuidado. Sabía cuán importante era eso, para ambos.

—Lo haré si se me presenta la oportunidad, jefe—afirmó firme—. No se preocupe—sonrió. Naruto regresó el gesto, posó una mano sobre la cabeza de la castaña.

—Tenten, sé que esto ya lo has hecho, pero de todos modos sé precavida, no bajes la guardia, Zabuza no es cualquier sujeto. No por nada fue el asesino de Itachi Uchiha, y el sujeto causante de las penas de Omoi y Karui.

—Lo sé—asintió—. Descuide, no me confiaré.

Dio la media vuelta, se despidió de sus amigos, Lee le suplicaba lo mismo, casi llorando "ten mucho cuidado, Ten. No te arriesgues si ves que es peligroso", Tenten le sonreía y le dio un sutil y leve puñetazo en el brazo: "Estaré bien, Lee, no es como si no regresara de vez en cuando por aquí". Un estrecho abrazo y luego, partió de la casona. Su misión había dado inicio. Escondió la carta entre sus ropas y respiró profundo.

O.O.O

El lugar era de mala güero. Tenten ahora se hallaba sentada en aquella barra, muy al fondo, muy a la esquina. Sola, bebía un poco de vodka, esperando su objetivo. Vestía simulando a cualquier chica callejera sin importancia, una simple civil que va por un par de tragos o clientes, como se quisiera ver. El ambiente olía a humo de cigarrillo, y los hombres proliferaban como manadas, pocas mujeres y muchas de ellas prostitutas. De vez en cuando alguno se le acercaba y ésta mantenía trivial conversación con el borracho en turno. Por suerte, sabía cómo lidiar con ellos y no tardaba en correrlos.

Miró su reloj de muñeca: 10:30pm.

El sujeto no tardaría en hacer su aparición, pensaba. Encendió un cigarrillo. Mientras el encendedor hacía lo suyo, repasaba los hechos: Lo había estado siguiendo por dos semanas. Comenzó por los lugares que Hinata había señalado (que por cierto, a ésta jamás pudo verla hasta el momento): El bar Kanchome, la cafetería Kiriku, la estación Anohana. Indagó con gente del lugar, y ciertamente la información revelada no era mucha y tampoco era muy reveladora. Sólo se enteró que el tal demonio oculto entre la niebla (se preguntaba del por qué tal epíteto) estaba reclutando gente, ¿para qué? Era desconocido. Si quería uno saber, habría que hacer una entrevista privada con él o su asistente, un tal Haku. Lo que motivaba a la mayoría de interesarse en el tema era que la paga sería buena. Muy buena.

Por ahora, la rutina del hombre era regular, asistía al bar Kanchome tres veces a la semana. Ese día iría. Al parecer, allí hacía sus citas con la gente que estaba interesada en la propuesta. Tenten se haría pasar por una interesada. Una jugada arriesgada, pero que estaba dispuesta a tomar para agilizar su investigación.

Sacó una fumarada por la boca, recargó su mentón en una mano. Ahora estaba acompañada de otro sujeto el cual dio a entender que estaba interesado en la propuesta de "trabajo" de Zabuza. Apestaba a alcohol, pero se veía consciente de sí y su derredor.

— ¿Y por qué el demonio oculto entre la niebla? —Indagó Tenten.

— ¡Y yo que sé! — Bufó — Será porque el tío es un maldito demonio sin corazón, se dice que es cruel, y su aura destila maldad pura—cuchicheó—. Aunque, también he oído la historia de que cuando empezó en este mundo, empezó como un matón. El viene de un pueblo donde siempre está lloviendo y siempre hay neblina. Se rumorea que sorprendía a sus víctimas en la espesa bruma…Les cortaba el cuello, o simplemente los capturaba para hacerles cosas peores, tortura, a lo mejor.

Se encogió de hombros. Tenten izó una fina ceja. La reputación de Zabuza era en absoluto buena, de hecho, tenía que admitir que aunque lo viera de lejos, el sujeto de algún modo extraño, inculcaba miedo.

— ¿Por qué entonces quieres trabajar para un hombre así? — Cuestionó curiosa.

—El dinero mueve montañas—rió lascivo—, a mí me mueve el jodido miedo. ¿Qué hay de ti? Siendo una mujer, es más extraño aún.

Tenten frunció los labios, se retiró el cigarro—. El hecho de que tu tengas pene y yo no, no quiere decir que mis motivaciones disten de las tuyas—excusó.

—Tienes razón—sonrió pícaro—, si de dinero se trata, al parecer todo mundo es igual o desigual, como lo quieras y convenga ver. Oh, mira—señaló, interrumpiendo—, allí está, el demonio.

O.O.O

Antes de darse cuenta los habían guiado a otra habitación, tuvieron que ir a una planta baja del establecimiento, recorrer un pasillo oscuro cuyas paredes tenían una larga hilera de tuberías, algunas con fisuras donde se salía algo de agua evaporada, dando una ilusión neblinosa. Llegaron a un cuarto hasta el fondo; pequeño, oscuro, una mesa y una silla respectivamente; el cuarto igualmente con tubería en las paredes. Pasaron de uno de uno, primero el hombre que le hizo compañía y más tarde ella. La despojaron de las armas que traía consigo, que sólo era una pistola de bolsillo y unos cuantos cuchillos. Tenten sintió escalofríos recorriéndole de la nuca a los pies cuando Zabuza le miró y sonrió ladino. Los ojos de él eran penetrantes, le hicieron sudar, el ambiente era pesado, apenas podía respirar. Resistió.

Zabuza venía acompañado de Haku, inició con las preguntas.

— Y bien, ¿qué te trae por aquí?

Tenten tragó en seco—. Dinero, ¿la paga será buena?

Zabuza soltó una pequeña risa, mostrando su peculiar dentadura—. Ni siquiera sabes lo que harás.

— Entonces, dígame…Sea lo que sea, lo haré sin problema.

— ¿En serio? — Le miró a los ojos, la piel de Tenten se erizó— ¿Ya antes has matado a alguien?

— S-Sí. No tengo problemas con las armas, mi tino es bueno. Si quiere deshacerse de alguien con sigilo, soy una excelente francotiradora. Nunca fallo.

— ¿Nunca?

— Nunca.

— Eso me agrada—sonrió—. Aunque, estarías dispuesta a asesinar a alguien, como, digamos, ¿Hiashi Hyūga?

— ¿Hiashi Hyūga? —Repitió, confundida. Zabuza se recargó en el respaldo de su silla, con gesto ocurrente relató.

— Verás, tal parece que al primer ministro ya no le ha caído tan bien. Tenía pactos con el clan, pero últimamente Hiashi ha sido bastante inflexible, cosa que ha cansado a éste. Por ello me ha llamado, solicitando mis servicios, deshacerme de él y su clan. Lo irónico aquí, es que casi al mismo tiempo, Hiashi ha contratado…Así que, con una situación tan divertida, se me ocurrió un plan para hacer las cosas más fáciles y sencillas para mí. Hiashi está pirado, el hombre está loco y paranoico, muchos de los suyos ya le odian, lo único que hago, es echar más gasolina a lo que ya de por sí es inflamable, y justo en el momento indicado, encender la mecha—malicia había en aquella cara—. Que los Hyūga se maten entre ellos y luego, de los pocos que sobren, terminarlos con un otro pequeño grupo. Allí es donde entrarían las personas que ahora recluto.

Tenten intentó controlar el temblor que quería arremeter con su cuerpo—Ya veo… ¿Y cuando se llevaría a cabo esto?

—Pronto.

— ¿Qué tanto?

— Menos de un mes.

— ¿Y de cuánto será la paga? —Insistió, para sonar creíble.

— ¿Para qué quieres saber? — Inquirió. Y luego, sonrió bellaco— No te pienso contratar.

— ¿Qué? —Profirió a duras penas, consternada. Intentó sonar enojada, frunció el entrecejo— ¿Entonces para qué me dijo todo esto si no me iba a convenir?

— Porque quiero que tu curiosidad quede saciada—explicó como si nada, lo que confundió aún más a la mujer—. Me has estado siguiendo e investigando por dos semanas, quería que al menos tu trabajo no fuera en vano.

Tenten abrió la boca, sus ojos hicieron lo mismo. Las pupilas se contrajeron y temblaron, sintió un terrible frío en el pecho, la sangre corría gélida hasta las piernas. Un terrible miedo la invadió.

— ¿C-Cómo…?

— Oh, sí, yo sé quién eres, Tenten de los Uzumaki—ladeó sutilmente la cabeza, sin quitar aquella horrible y astuta mueca—, usar un nombre e identificación falsos no te sirve de nada. Sé quienes conforman a todos y cada uno de ese clan. ¿Sabes para qué me contrató Hiashi? Para terminar con ustedes, y no en vano he estado haciendo a medias el trabajo. Aunque nunca creí que serían una piedra en el culo. Pero muy bien, tú, mi querida niña, serás perfecta para que el imbécil de Hiashi no sospeché de mí por otro buen rato. Me has caído del cielo, prácticamente.

Susurró, mostró con maldad los dientes. Tenten estaba horrorizada, se levantó rápidamente, dispuesta a huir. Abrió la puerta, salió disparada, recorrió gran parte de aquel funesto y brumoso pasillo; y después, cayó de bruces al suelo dando un alarido de dolor. Miró una de sus piernas, ésta tenía clavadas agujas senbon, la sangre fluía de las heridas, Tenten intentó quitarlas con una mano oscilante a causa del pavor y el daño. Justo a sus espaladas, apareció Haku, Tenten se logró quitar unas senbon y las lanzó directo al rostro del muchacho, pero este las desvió con un tanto* . Tenten se intentó levantar y chilló por ayuda, nadie respondió.

Y de entre la calima, Tenten logró discernir al demonio, cargando una larga espada nodachi*, con una mirada tan fría que congeló hasta el último recoveco de su ser. Estaba pálida, sudaba frío, tiritaba de miedo. Soltó un desgarrador grito.

O.O.O

Era temprano, cerca de las siete de la mañana. Hiashi y sus hijas desayunaban por primera vez desde hace un par de semanas juntos.

Nadie lo previó, todo fue bastante rápido e improvisado cuando Zabuza arribó al lugar. Detrás de él caminaba Haku, con la cabeza gacha y por demás pesarosa, algo que Hinata no pasó desapercibido. Los tres dejaron de ingerir y prestaron atención al hombre, que vestía con un traje negro bastante desaliñado, y una gran espada que cargaba atada a su espalda. Pero eso no fue lo que alertó a Hinata, sino que, parte de su camisa blanca estaba manchada con lo que podía ver, a lo mejor, ¿pintura roja? Eso quiso creer, hasta reparar en una bolsa negra de basura que el hombre sostenía como si nada.

— ¿Qué quieres tan temprano, Zabuza? —Interpeló Hiashi, con un deje leve de molestia. Zabuza sonrió de lado.

— Un obsequio.

— ¿Obsequio?

— Un espía Uzumaki que quería sacarme información. Pero tal parece, que el beneficiado fui yo.

Hinata se alarmó al oír aquello, su corazón empezó a latir rápido. Por otro lado, Hiashi se cruzó de brazos, frunció el ceño, molesto— ¿Y te hiciste cargo?

Zabuza rió, fúnebre. Hinata tuvo un mal presentimiento, tragó saliva y apretujó un par de puños que oscilaban de temor y ansiedad.

— Júzguelo por usted mismo.

Zabuza sacó lo que había en el contenido de la bolsa y lo aventó para que quedara a la vista de todos.

El objeto rodó un poco, antes de quedar quieto y apreciarlo con atención. Era una cabeza decapitada. Una cabeza humana. Los cabellos castaños, revueltos y manchados de sangre, los ojos abiertos y sin brillo, mirando la nada. Sucio y magullado, con los labios secos y partidos, y, pese a todo, reconocible.

Hinata sintió como su corazón se desgarraba, todo su cuerpo se embotó y el color se le fue del rostro. Se había quedado en shock. Soportó como si fuese una especie de tortura el llanto y las ganas tan terribles de lanzar un desolador lamento.

"Tenten" Fue lo único que alcanzó a cavilar.

-O-


Tengu, hannya y kitsune*: Tengu; una máscara con la cara totalmente roja y una gran nariz de un aspecto ligeramente aterrador (tambien de largas y afiladas uñas en manos y pies , alas que le permiten volar , lleva un abanico en una mano y un baston de metal en la otra y viste una capa hecha de plumas).

Hannya; Mascara similar a la de un demonio de color rojo, con cuernos y afilados colmillos y de aspecto muy aterrador. Representa al demonio que tenemos dentro, la envidia, el odio, el mal, el rencor... (Muy popular en los tatuajes de los YAKUZA, mafia japonesa).

Kitsune: Máscara con cara de zorro. Zorra plateada... también un animal que existe en realidad y los mismos que el TANUKI se transforma en lo que quiere, pero lo hace para hacer daño y engañar a la gente.

Tanto*: A primera vista puede confundirse con una 'pequeña katana', pero su diseño difiere de tal manera que nunca podríamos atribuir tal consideración. Pese a que la estética es idéntica, el diseño de la hoja y la tsuka (mango) son sustancialmente más sencillos.

Nodachi*: Es una gran espada japonesa a dos manos. Nodachi se traduce aproximadamente como "espada de campo", sin embargo algunas fuentes sugieren que el significado de "nodachi" es básicamente el mismo que ōdachi que significa "gran espada".