Aclaraciones & advertencias: Y finalmente el último capítulo, con unas aproximadas 19,400 palabras. ¿Qué hay en este capítulo final? Violencia segura, muertes y OoC. Un poco de lemon, sí mis niñas y niños, un poco de sexo un poquito explicito y esta vez cuidado, pues no marqué el lemon con cursiva como había estado haciendo, así que ya sabrán ustedes cómo identificarlo y si deciden leerlo o pasarlo por el arco del triunfo ;). Sin más, que me disfruten mucho de esta larga lectura ;D.


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22

Noche loca

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-O-

Se aferró a la almohada con fuerza, ahogó sus sollozos y gemidos en ella. No podía respirar, era como si algo enorme, inmenso, le obstruyera el pecho y la garganta. Pequeños suspiros se le escaparon trémulos, muy amargos. Sus ojos enrojecieron e hincharon; ya no derramaban más lágrimas, se habían acabado y secado desde hace horas. Su nariz rezumbaba. Tendida en el suelo, con un dolor tan fuerte, tan pesado, uno que nunca había experimentado y que jamás quiso volver a experimentar mientras estuviera viva.

Sólo podía pensar una y otra vez en la escena de horas atrás. En ver la cabeza mutilada de su amiga, justo frente a ella. No lo soportó, se retiró de allí excusándose de tener asco; lo que fue cierto, porque vomitó. Y luego se encerró, discreta y silenciosa en su habitación, y entonces se había dedicado a llorar. Y pensar, y recordar, y lagrimear, y asimilar…

«Tenten… »

Musitaba y pensaba su nombre al mismo tiempo. Rememoraba una y otra vez la última vez que la vio, la última vez que habló con ella.

«—En serio tendríamos que platicar de mucho, pero será en otra ocasión. Si necesitas algo, lo que sea, avisa. Sabes que soy tu amiga y te apoyaré en todo cuanto pueda. »

Y era doloroso, poder revivir aquél afable y cálido abrazo con su amiga, podía vivir ese momento con lujo de detalle, recordar el aroma fresco y limpio de su cabello y lo tibio de su pecho. Tenten siempre fue una maravillosa persona, amable, dedicada y simpática, era además compasiva y comprensiva. Desde que llegó con los Uzumaki, Tenten fue la primera en tratarla, en hablar con ella con cordialidad y hacerla sentir bien y segura. Y no podía asimilar, aún, el hecho de jamás volverla a ver, nunca. Aquella persona se había perdido para siempre de ese mundo. Sólo quedaban memorias, llanas y dolorosas. Era difícil aceptarlo, porque había sido algo tan inesperado, algo que ni siquiera, ni por un segundo, cruzó por su cabeza llegara a suceder.

No notó cuando su hermana entró a la habitación, no le hizo ninguna pregunta Hanabi a Hinata; en vez de eso, fue directamente hacia ella, la cogió entre sus brazos y ésta de inmediato se aferró con fuerza, Hanabi imitó esto y luego acarició sus cabellos.

— ¿La conocías?

Hinata asintió con la cara escondida en los brazos de su hermana, su voz fue débil pero comprensible. —Era una magnifica persona, era mi amiga. ¿Qué ha ocurrido? ¿Zabuza se ha ido?

—Hace una hora que lo hizo, inmediatamente luego de que saliste a vomitar. Padre ha reprendido a Zabuza por hacer eso en hora de comida, así que cogió de nuevo la cabeza y salió junto con Haku…Mandarán la cabeza a los Uzumaki… Zabuza lo sugirió y padre lo aprobó.

— ¿Qué?

Quizá se detuvo un breve momento su corazón, apenas microsegundos que los percibió segundos enteros. Sus pupilas se achicaron, su piel se tornó de un blanco enfermo, una terrible agitación arremetió contra sus manos y cuerpo; un frío la recorrió de cabeza a pies, de pies a estómago y de éste al pecho. Todo estaba mal. Muy mal. ¿Qué es lo que sucedería? Temía tanto esa respuesta, jamás había tenido tanto miedo del futuro. Pero sabía que no podía quedarse de brazos cruzados, solamente llorando, tenía que avisar a Karin cuanto antes. Alcanzó su celular.

O.O.O

Eran dos escenas. Dos escenas que se desarrollaban al mismo tiempo. Por un lado, teníamos a la pelirroja de anteojos que leía informes respecto al negocio Uzumaki; por otro, a un joven Rock Lee, que iba transitando tranquilamente por una calle no muy lejos pero tampoco muy cerca de la casona Uzumaki (había ido por un encargo y andaba bastante ensimismado sobre cosas y personas en particular).

Pero empecemos con la mujer, que estaba cómodamente achatada en su típica silla negra con rueditas y que da vueltas. Recargaba los pies sobre el escritorio (no era que disfrutara especialmente de parecer tan holgazana, pero esa posición le ayudaba para la circulación de sangre en las piernas, cosa que a su parecer le hacía falta por estar tanto tiempo sentada); bebía, además, un café negro un poco amargo y muy caliente y muy humeante en una taza de cerámica roja. No muy lejos y en el patio le hacía compañía el joven Konohamaru, que regaba las plantas por hacerle un favor a su jefe. La casona estaba tranquila, había un pacífico murmullo de conversaciones de algunos que rondaban cerca (Omoi y Karui entre los pocos), era casi medio día y la mayoría del clan estaba fuera trabajando, como se suponía debía ser.

Karin lanzó un suspiró. Demasiado trabajo, muchos problemas y pocas soluciones. Dejó a un lado los informes, bastante hastiada; se acomodó los lentes y pensó en que en un futuro próximo se daría unas buenas y merecidas vacaciones, alejarse un rato de tanto ajetreo, papeles y estrés. Quizá una visita a la playa o un bosque. Quizá la playa, no toleraba mucho el frío si se lo penaba con cuidado. Mientras estaba fantaseando un rato con ello, escuchó llamaron a la puerta, no a la de la oficina sino a la principal. Ni le importó atender, sabía que alguien más lo haría, en ese momento no se alteró ni inmutó de quién podría ser. Podría ser cualquiera, algún despistado que olvidó sus llaves, pensaba, después de todo pasaba muy a menudo; así que no fue cosa relevante y por ende, cogió de nueva cuenta los informes. Caviló ahora en cosas más serias, como que urgía que Naruto se viera con aquel italiano o la información que estaría recolectando Hinata y Tenten (se hallaba preocupada por ambas) lo inestables que iban económicamente y que todo el asunto con el clan Hyūga y Zabuza eran más que una piedra no en el zapato, más bien en el culo. Necesitaban apoyo. Esa idea últimamente asediaba su cabeza.

La distrajo el vibrador de su celular, no tardó en cogerlo y ver el mensaje. Era de Hinata, sabía que sus textos no eran cualquier cosa, así que se apresuró a leer. Sus ojos, sin darse cuenta se abrían más y más por cada palabra código que descifraba, los labios le temblaron y su respiración aceleró. No perdió tiempo, de inmediato salió y corrió hacia la entrada principal. Ahora sabía de que, quien había tocado momentos atrás no era cualquier persona. Pero fue demasiado tarde para cuando llegó a la entrada, Konohamaru, junto con Omoi y Karui, estaban a punto de abrir una caja de regalo.

— ¡No, alto, no lo abran!

Pero, como se ha dicho, había llegado tarde. Konohamaru ya lo había destapado…

Por otra parte, estaba Lee, que mientras Karin leía, cavilaba y fantaseaba, él se hallaba caminando sobre la acera a unas cuantas cuadras de la casona Uzumaki. Al ritmo que iba le tomaría al menos veinte minutos en llegar. Pero no tenía prisa, así que caminó con paso sosegado y despreocupado. Había solamente a ver a un cliente para entregarle un pedido. Era cosa rápida, de sólo unos quince minutos a lo mucho, después de ello tendría que ir con Konohamaru al negocio del Pachinko. Sus manos estaban tibias dentro de sus bolsillos y pensaba que sería un día monótono. Así había amanecido, una mañana como la anterior a esa, en donde se levantaba a correr y a entrenar, luego regresaría a darse una ducha y más tarde desayunar para luego entregar el pedido y entonces regresar por Konohamaru e irse al centro, pasar ahí toda la tarde cuidando y atendiendo para ya entrada la noche ceder el turno a otro par, regresar a la casona ayudar en lo que se pudiese (y si había tiempo, de nuevo a entrenar), para finalmente irse a la cama.

Sí, pensaba sería un día como esos. A todo esto, igualmente solía detenerse a pensar en otras cosas, ahora mismo y últimamente su prioridad era su amiga y la misión que se le había asignado. La conocía prácticamente de casi toda la vida, sabía que ella era competente para ese trabajo, sabía que Tenten se podía defender sola y era buena (mejor que nadie en el clan y quizá de Osaka) en puntería con cualquier clase de arma, sea fuego o arma blanca; admitía que Tenten había nacido con un enorme talento nato con las armas. Quién lo diría, una chica tan menuda como ella. Así que sí, esas semanas pensaba mucho en ella, en su infancia en las calles junto a su padre fallecido…Tantos años.

No había de qué preocuparse, se convencía y animaba el muchacho. Lee siempre fue positivo, por lo que a cada rato, cuando un mal presentimiento asaltaba su pecho, se alentaba a pensar en cosas positivas. Esa mañana no sería la excepción. Se imaginaba a su amada amiga, en ese preciso momento, en un restaurante chino, almorzando, bebiendo su té favorito con mucha azúcar.

Asentía lozano con la cabeza, "umh, umh" murmuraba, Tenten debía estar haciendo eso en aquellos momentos. De cualquier manera y pese a que se inundara de buenas vibras, no dejaba de sentir una espina en el pecho, algo malo. Y no quería llamarlo precisamente de tal modo. Se topó con un guijarro de piedra, lo pateó quedo y se detuvo en donde antes se hallaba la piedrecilla. Sopló un viento que le erizó hasta los bellos de la nuca, se estremeció, a su lado pasó un auto que iba a una muy alta velocidad, como si se tratase de una maldita ambulancia. Pero no lo era, era un sencillo auto que iba cual relámpago. Lee se habría enojado con aquél conductor sin sentido de la cultura de la legalidad al manejar cual loco en una calle donde luego había niños jugando. Habría pensado que era un inconsciente y se habría puesto molesto. Pero ese no fue el caso, porque el auto ni el conductor eran cualquier cosa o persona. Era Naruto, que había pasado cual rayo a lado suyo, Lee apenas logró reconocerlo, pero lo hizo. En vez de sentirse enojado o irritado, lo invadió la incertidumbre. ¿Por qué Naruto conduciría como un loco en dirección a la casona? Sí, sabía que a veces lo hacía, pero no tanto y no a tal punto y en aquellas calles. Debía ser algo urgente para que ni siquiera Naruto lo notara, se detuviera y lo subiera al vehículo con él. Algo malo estaba pasando, eso era seguro. No quiso pensar lo peor. Pero lo hizo, y de inmediato echó a correr.

Al llegar observó que la puerta principal estaba abierta, el auto del jefe estacionado enfrente, había varias personas obstruyendo el paso, se abrió camino y logró discernir muchas voces… Y sollozos. Fue directo al cuarto donde se arremolinaba más gente. Fuera, sentados en la roka, estaban Karui y Konohamaru; éste último se cubría la cara con ambas manos, como llorando, como borrando una imagen terrible. Karui a su lado, le sobaba la espalda. En cuanto Lee se acercó, Karui levantó el rostro y Lee notó que sus ojos estaban hinchados y rojos, todavía había un rastro de lágrimas húmedas que apenas se secaban en sus morenas mejillas. Rock Lee frunció el entrecejo sumamente preocupado, casi alterado.

— ¿Qué ha pasado?

Pero no recibió respuesta, Karui en vez de eso, negó con la cabeza y quiso detenerlo cogiéndolo del brazo, pero Lee avanzó, muy dispuesto a entrar a la habitación. "No, no, no entres…" escuchaba le decía Karui, su tono era de alguien que con mucho trabajo retenía el llanto. No tardó en salir Omoi y hacerle frente a Lee, deteniéndolo posando para ello una mano en su pecho, respaldando los intentos de Karui por evitar que entrase y viese lo que no debía ver. Pero Lee, ahora alterado y con la cabeza llena de malos pensamientos se deshizo del agarre de sus camaradas, forcejeó e ignoró sus suplicas de que no entrara. Pero se zafó y corrió aterrado al interior. Allí estaban otros pocos miembros del clan, Naruto y Karin. Se pasmó al ver a éstos dos últimos llorando, Naruto parecía rabioso y soltaba enormes lágrimas de impotencia. Pero en cuanto percibió a Lee en el portal, su reacción fue rápida y fue a detenerlo para que no avanzara más. Pero, por primera y última vez en su vida, Lee le hizo frente a su jefe, y con una fuerza aterradora lo empujó y quitó de encima, fue directo al escritorio donde estaba esa caja de regalo. Nadie hizo nada ya para detenerlo, ni Karin que desplomada lloraba sobre su escritorio. Lee, con el miedo destilando por cada poro de su cuerpo, se aventuró a ver el interior.

Dejó de respirar, el color se le esfumó del rostro, los ojos se inundaron de agua salina, intentó que el aire volviera a su pulmones dando enormes caladas de aire. Sentía una enorme opresión en el pecho, no podía articular palabra; fueron pequeños gemidos, quejidos casi inaudibles que poco a poco se transformaron en sollozos y luego en fuertes gritos. Gritos de dolor. Había sacado la cabeza en descomposición de Tenten, se había dejado caer de rodillas, con la cabeza de su amiga sobre su regazo y bramaba fuertes alaridos, dejando que sus amargas lágrimas empaparan su rostro.

Naruto sentía que el corazón se desgarraba con cada grito de Lee. Se estaba haciendo pedazos. Ya era suficiente, se decía, no había tiempo que perder. Mataría a los responsables a como diera a lugar, le costara lo que le costara.

O.O.O

Tres días después…

Lo primero que hizo Naruto luego de que Rock Lee se calmara, fue confirmar que Hinata se hallaba bien. Por medio de Karin, la cual envió un mensaje, corroboró que la Hyūga, por ahora, no corría ningún peligro. Después se preparó todo para incinerar la cabeza y guardar las cenizas en una urna para más tarde hacer un funeral.

No se habló de un ataque abrupto hacia los Hyūga o a Zabuza, aunque más de uno lo pensó. En especial Rock Lee, cuyo semblante era penoso; no había parado de llorar, sus ojos se tornaron rojizos al igual que su nariz húmeda y desgastada. Era tanto el desgaste hasta el punto que era doloroso respirar. Pero a pesar de sus ideas de venganza, Naruto lo consoló diciendo que aquello no se quedaría de tal modo. Y así era, el rubio junto con Karin, planeaban un ataque sorpresa. Era algo bastante apresurado, muy en el fondo sabían que era una equivocación hacerlo de esa manera, una completa locura, pero el desconsuelo y la sed de venganza era demasiada a tal grado que llegaba a cegar incluso a los de mente más fría. Naruto ahora veía por la seguridad de Hinata. Era un hecho que Zabuza era el responsable de la muerte de Tenten y de ser así, seguramente habría interceptado la carta, cosa que por supuesto ponía en riesgo a la Hyūga. El tiempo corría y no estaba a su favor.

Por ahora, se sabía poco de cuáles serían los siguientes movimientos del demonio oculto entre la niebla. Y ahora no podían darse el lujo de mandar a seguirlo e investigarlo, pues al parecer Zabuza poseía información de todo el clan Uzumaki, una conclusión a la que fue fácil llegar luego de que Hinata lograra sacar un poco de información y se la mandase a Karin.

Así que optaron por un plan bastante insensato (que fue llamado así por el mismo Jiraiya después de que llegase, justo a tiempo, cuando los Uzumaki se preparaban para una masacre a plena luz del día). El viejo venía a fijar la cita con el italiano, que sería en unos meses, en donde el empresario vendría personalmente a verlo. Por supuesto y siendo alguien que está al tanto de todo, tuvo la oportunidad de sermonear y hacer entrar al joven hombre en razón.

— ¿Qué crees que haces?

— ¿No es obvio? —Naruto ni se inmutaba en mirar al viejo que yacía en medio de la sala, puesto que estaba por demás ajetreado cargando armas y municiones. Jiraiya se pasó una mano por la cara, bastante disgustado con todo lo que veía.

—No seas estúpido—reprendió—, bien sabes que lo que harás es una locura.

—Puede ser. —Se detuvo en seco por un segundo, meditabundo, pero retomó más tarde la tarea de cargar una pistola magnum—. ¿Pero qué sugieres entonces qué haga? ¡Esto ya llegó demasiado lejos!

El viejo echó un hondo suspiro. —Sé por lo que el clan Uzumaki ha pasado estos últimos meses, igual lo de tu subordinada…— Empezó—. Pero, no puedes arriesgar la vida de tu demás gente y la de esa chica Hyūga. ¿Crees que Hiashi y Zabuza son estúpidos? ¿Qué no están listos en caso de un ataque sorpresa después de lo que hicieron? ¡Claro que son la clase de gente que contemplan todo ese tipo de cosas, estás yendo cual mosca a su telaraña, no seas un imbécil ingenuo! Ahora no están en posición, no es conveniente, y, si hacen un ataque ahora, así sin más, ¿sabes cuántos problemas tendrías que acarrear? ¡Muchos!

Naruto se quedó finalmente estático, se dejó caer de golpe sobre su silla. Su semblante era el de un vencido jodido, se pasó la mano por los cabellos, bastante frustrado.

— Y entonces, ¿qué hago, demonios, qué hago?

—Paciencia... Y algo de ayuda.

— ¿Ayuda? — Repitió con una risa sarcástica— ¿De dónde? ¿Tú?

—Ya lo verás... —Sonrió Jiraiya, bastante seguro, bastante optimista. A Naruto le alentó ese gesto, un poco, porque sabía que el viejo era sabio y no sabía cómo, pero solía tener casi siempre la razón—. Por cierto, hay otro hombre afuera que quiere hablar contigo.

—Umh, ¿quién?

En cuanto ambos salieron, Naruto casi se cae de la sorpresa. No podía creer quién se hallaba parado en el umbral de la puerta con algunos de su gente. Y traía expresión de pocos amigos, muy usual en su persona.

— ¡Sasuke! —exclamó, no percibiendo su entusiasmo y felicidad implícitas en aquel grito— ¿Pero qué rayos estás haciendo aquí?

— ¿Tú qué crees, estúpido?

Entonces Jiraiya colocó una mano sobre el hombro de Naruto, éste le giró a ver.

—El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar a que le llamen*—dijo el viejo con una alentadora sonrisa.

Naruto asintió, e intentó retener una pequeña lágrima de alivio y felicidad.

O.O.O

«He querido llamarte, oír tu voz, poder decirte muchas cosas que necesito sepas, pero es riesgoso, y no he encontrado otro medio, salvo éste. Hinata, perdóname. No debí haberte gritado, ni juzgado por las decisiones que has tomado, no soy quién y no tengo derecho alguno. Es sólo que, había tenido tanto miedo de que partieras lejos y que con ello jamás te volviera a ver. No soy tan fuerte como parezco. No contigo, al menos. Me derrumbaría por completo si algo malo te llegase a pasar. Soy honesto, soy sincero cuando digo que te amo, lo hago de veras. No ha habido día desde tu partida en la cual en algún punto de la mañana, del día, de la noche, no piense en ti y pida una y otra vez al Dios en turno que te proteja. Te extraño, te extraño tanto. Quisiera poder tenerte otra vez en mis brazos, poder verte y tocarte. Lo necesito y lo anhelo mucho. Ten mucho cuidado, se precavida y mantente alerta, seguiré al pendiente de ti por medio de Karin. Sé que eres una mujer fuerte, pero, si ves que las cosas se ponen feas o poco convenientes, no dudes y huye. No arriesgues tu vida en vano, no por favor. Tengo tanto más por decirte, pero por ahora es todo cuanto puedo expresarte.

Te amo.

Naruto.»

Haku leía la carta por tercera vez. Su rostro no demostraba perturbación o emoción en específico, sin embargo, a pesar de ello, se hallaba ensimismado por las palabras de aquel sujeto que, aunque fuesen sólo palabras escritas en burdo papel, podía sentir la cálida intención de transmitir aquellos sentimientos. La volvió a doblar y meter en su sobre.

Aquella carta la había conseguido de aquella chica que Zabuza asesinó hace dos noches. Aún podía recordar la cara petrificada de horror de la mujer. Cerró los ojos con pesar. Había enterrado un par de senbon en puntos clave para que la muchacha quedara paralizada y el dolor al ser mutilada fuera casi nulo. Un acto de compasión, siempre tenía esos detalles con las víctimas de Zabuza. Y si éste se enteraba de las mañas que tenía con la gente que asesinaba, sabía le iría mal (Aunque, lo cierto era, que Haku era ignorante de que el demonio oculto entre la niebla estaba por demás enterado de estos pormenores que su subordinado tenía, pero las pasaba por alto y fingía no se daba cuenta). No era que disfrutara de ello. De hecho, odiaba tener que hacer esa clase de cosas, asesinar. Pero si quería ser de utilidad y una buena herramienta para Zabuza, hacía a un lado todo ese sentimentalismo que siempre lo acompañó desde chiquillo.

Diario luchaba con poder tener el suficiente corazón frío para poder ejecutar las tareas que el demonio oculto entre la niebla le asignaba. Podía entonces, con mucha culpa, recordar cómo había sido quitarle las ropas a la mujer llamada Tenten, dejarla desnuda y drogada para que Zabuza procediera a hacer lo suyo. Haku no participaba más, tan sólo se delimitaba a cerrar los ojos y salir del sitio. Porque ojos que no ven, corazón que no siente. Era la única manera en que él podía sobrellevar aquello. Entre las ropas de la chica halló la carta, le pareció curioso y no tardó en quitar el sello y leer algo tan íntimo. Y fue cuando descubrió todo, que Hinata sólo era una infiltrada, querida de Naruto, confirmando así que era "Himawari Ii" la supuesta secretaría del Uzumaki mayor. Teniendo tan jugosa y valiosa información, no supo el verdadero motivo del por qué decidió callárselo y guardárselo para sí y no decir ni una sola palabra. A lo mejor, porque a pesar de todo, guardaba simpatía por aquella mujer, Hinata; pudiera ser que la carta le conmoviera un poco o por el simple temor de que, si decía algo a Zabuza, éste haría algo perverso respecto a ello.

Y odiaba eso, no le gustaba la perversidad de él, porque sabía que en el fondo, el verdadero Zabuza, la esencia original de éste, era sólo un hombre solitario con un pasado tan malo como el suyo, inclusive peor. Haku no lo consideraba un demonio, era a fin de cuentas su salvador; sabía que Zabuza guardaba un lado amable, un buen lado, muy escondido y enterrado, pero allí estaba. Por ello, decidió no decir nada, por ahora. Quizá tal información le fuese de provecho en algún futuro, o probablemente no. Como sea, lo cierto es que calló.

Y allí estaba, esperando que Zabuza terminara de hablar con Hiashi Hyūga. Caminaba por los alrededores de la mansión distrayéndose con el jardín y los insectos y animalillos que rondaban por allí. Finalmente se aburrió y decidió entrar a una de las cocinas por un poco de agua, se topó allí mismo con una de las hijas del jefe Hyūga. Hinata bebía lo que parecía una bebida caliente, quizá un café o un té, quiso adivinar Haku. Percibió como su presencia le fue incómoda a la mujer, pues ésta se encogió y desvió la mirada a un lado. No le extrañó la reacción, después de todo había sido cómplice del asesinato de aquella mujer del clan Uzumaki que seguramente Hinata habría conocido. Igualmente, saludó por educación.

—Hola.

—H-Hola.

— ¿Puedo hacerte compañía?

—Adelante.

Haku se sirvió un vaso de agua antes de irse a sentar enfrente de la mujer. La atmósfera era un poco pesada. Hinata se negaba a mirar a Haku a los ojos y hacer como si no estuviese allí. El muchacho sonrió tenuemente. Y no es que fuera cínico, sino que quería tener otra amena charla con la mujer.

—Estás muy callada, ¿te sucede algo?

—Nada. —Tragó un poco de saliva—, es sólo que no me siento del todo bien.

—Ya veo, ¿es algo del estómago? —indagó Haku, descubriendo que lo que bebía Hinata era un poco de té de manzanilla.

—Algo así—respondió a secas. Hubo una breve pausa donde nadie dijo nada, hasta que Hinata, de nuevo, se atrevió a preguntar—: Dime, ¿tú tuviste algo que ver con el asesinato de esa chica?

—Estuve allí.

Silencio. Notó un leve titilar de labios en la mujer.

— ¿Nunca has sentido nada por esas personas? —Los ojos de Hinata eran tristes— ¿Nunca cruzó por tu cabeza detenerte o abandonar?

—Todo el tiempo—contestó sereno.

—Entonces, ¿por qué? —replicó, subiendo un poco el tono de voz— No comprendo.

Haku le sonrió. —Ya te lo había dicho antes, ¿no es así? A veces se pueden hacer cosas terribles por aquellos a quienes aprecias. ¿Tú que tan lejos irías por la persona que más amas en el mundo? Esa es la verdadera pregunta—Haku se levantó y la miró directamente a los ojos, Hinata había enmudecido y sus facciones reflejaban confusión y reflexión—. Bienvenida al mundo yakuza. Pero, ya deberías saber que la crueldad, lo corrompido y la violencia será casi siempre el pan de cada día, ¿o no? —No hubo respuesta. Haku lo supuso, se encaminó a la salida—. Perdona, me tengo que retirar. Por cierto—advirtió en última instancia—, últimamente hacen días preciosos, deberías salir de este lugar a disfrutarlos. Hasta luego.

Y sí, fue una advertencia, porque Haku sabía perfectamente que la noche loca estaba demasiado, demasiado cerca. Sin embargo, Hinata estaba tan absorta y pensativa en lo antes dicho que apenas pudo ser capaz de percibir a qué se refería el muchacho con esa última sugerencia. Días después, lo comprendería.

O.O.O

Hablaban en privado, sólo los dos. Jiraiya había partido con la seguridad de que dejaba a su muchacho en buenas manos y con el suficiente apoyo. Además de que su visita sólo se delimitaba a fijar la fecha de la cita con el italiano Namikaze.

Sentado el uno frente al otro, bebiendo un poco de sake y teniendo de por medio una pequeña mesita de madera para el té, es como ambos hombres mantuvieron conversación.

— ¿Cómo te enteraste?

—Te dije que algo no me gustaba. No he quitado dedo del margen desde que partiste de Tokio. Y ahora que sé que Zabuza se encuentra aquí…—hizo una pausa, respiró profundo—. Tenía que venir.

—Lo sé.

— ¿Por qué no me dijiste antes? —Recriminó — ¿Qué necesitabas ayuda?

—No quería limosnear, sabes que odio eso.

—Imbécil. Igual de testarudo que siempre, terminaras hundiéndote a tu clan y a ti mismo con esa actitud.

Se le dibujó una fina curva en los labios. En otros días hubiera sido así, que por su orgullo desistiera pedir ayuda; pero lo cierto fue, que era otra la principal razón para no haber ido a buscar a su amigo.

—No quería meterte en mis problemas, Sasuke—confesó—. Menos ahora que tienes una hija por la cual regresar a casa.

Sasuke entonces guardó silencio y desvió pupilas al suelo. Naruto era un idiota, sí, eso ya lo sabía, todo mundo en cuanto lo conocía, al igual que era una gran persona, con un enorme corazón. Siempre preocupándose por el prójimo. Cómo odiaba y admiraba esto al mismo tiempo de él. Sus pensamientos de amor odio se vieron interrumpidos cuando Naruto empezó a bombardear con preguntas, muy entusiasmado.

— ¿Y cómo está, por cierto? ¿Cómo se llama? ¿Traes una foto contigo? Me gustaría conocerla ahora que lo recuerdo, ¿cómo está Sakura?

—Hmph—bufó—. Ella está muy feliz, sabes cómo es. Ha tomado muchas fotografías desde que nació —Sacó la cartera de su bolsillo de pantalón y de ésta extrajo una pequeña foto—. Toma. No es muy reciente, pero… —Extendió—, es Sarada.

— ¿Sarada? —repitió curioso al tiempo en que cogía la fotografía.

—Larga historia. —Se delimitó a responder. Naruto, por otra parte, admiró la imagen de una bebé de un mes y cacho; pequeña, tez blanca, cabello negro. Apacible, bella y dormida. Naruto sonrió.

—Ah—suspiró—. Es preciosa, Sasuke, realmente preciosa.

—Gracias.

—Sacó mucho de los dos, en especial de ti, al menos físicamente, quién sabe psicológicamente—comentó—. Lo cual me asusta y preocupa un poco a la vez, ¿sabes? —bromeó, haciendo referencia al mal humor y mesura del Uchiha.

—Idiota.

—A Karin le encantará verla también.

—Ya lo ha hecho, fue la primera en pedirme una fotografía.

—Vaya, ¿por qué no me sorprende? —Sonrió de lado y negó con la cabeza. Su prima no cambiaría nunca al parecer. Era una gran mujer, lo sabía perfectamente y por eso y más la quería. Su único y desinteresado deseo era la felicidad de aquél que amaba. Contempló la foto otro par de minutos, admirando muy bien a la pequeña criaturita tan, a su parecer, hermosa —. Esto de los hijos, debe ser una cosa realmente maravillosa.

—Te cambia muchas formas de ver la vida, Naruto.

—Imagino que sí. —Simpatizó, poniéndose en su lugar, dándose una vaga idea del cómo sería tener un hijo o una hija. Toda una metamorfosis en tantos aspectos de la vida…Si tuviera hijos con Hinata, se sorprendió cavilando. Una exhalación seria escapó de sus pulmones—. Por eso no quería meterte en esto, Sasuke. Sabía que si te enterabas de Zabuza no dudarías en venir…

—Eso es un asunto pendiente, que tengo que resolver a como dé lugar. —Entrecerró los ojos y su voz engrosó—. Ten por seguro que el que morirá no seré yo.

—Eso espero. —le miró serio.

O.O.O

Pasaron otros dos días después de que Naruto y Sasuke acordaran cuales serían los siguientes movimientos para derrocar a Zabuza y Hiashi. En esa ocasión el Uchiha no había traído algo parecido a un ejército, pero si un equipo, que aunque fuese reducido, era de élite. Uzumaki y Uchiha pues, comenzaron a trabajar en equipo y retomar las investigaciones que se habían quedado pendientes (averiguar qué era exactamente la noche loca y cuándo y dónde se llevarían a cabo eran las cuestiones más importantes a resolver, además de quiénes eran los principales involucrados aparte del mercenario demonio de la niebla). Y dado a que todos los miembros del clan Uzumaki eran identificados por Zabuza y compañía, se mandaron a miembros Uchiha a hacer las debidas indagaciones, lo que pareció funcionar hasta cierto y limitado punto puesto aunque algunos lograron infiltrarse al grupo seleccionado por Zabuza, ninguna información de lo que harían se les fue revelada, ya que la entrevista ahora sólo se delimitaba a una sola pregunta de sí o no y dependiendo la respuesta estabas dentro del grupo, o no. Así pues y aún careciendo de información, se decidió que algunos de lo que se habían integrado se quedaran para ver si en un futuro cercano lograban averiguar algo relevante.

Recargada en su escritorio, Karin pensaba cuidadosamente en todas las movidas que se estaban haciendo, imaginando una especie de analogía de estar en un tablón de ajedrez donde se tenía que contemplar cada pieza por individual y por general. Tenía el celular con el cual se comunicaba con Hinata a la mano, pendiente por cualquier situación que se llegase a presentar. Absorta en sus contratiempos mentales apenas se percató que alguien se colocó a su lado de lo más fresco e impertinente. Bastó que lo mirara por el rabillo del ojo para que volviese a ignorar la presencia de aquél recién llegado. Y entonces la pelirroja pensó que, de todos los malditos y mentados miembros del clan Uchiha, justo tuvo que venir también él. Ese subnormal albino que siempre le hacía salirse de sus casillas.

El muy ladino sencillamente se había sentado a beber refresco con popote, haciendo ruido de sorbete y sólo hasta que había terminado su susodicha bebida, fue que decidió romper el silencio. Y sería él, porque Karin no estaba dispuesta a iniciar otra estúpida conversación que seguramente terminaría a golpes con aquél.

— ¿Y? —formuló finalmente Suigetsu, enseñando una diabólica y traviesa sonrisita.

— ¿Y qué, imbécil?

— ¿No te sientes mal?

— ¿Mal por qué?

—De que Sasuke tenga una hija y no sea tuya.

Bien, ni un mísero minuto y el albino ya había hecho cabrear a la pelirroja como jamás. "¡Bravo!" se decía la pelirroja, ahora sí que le daría un premio por batir récord.

—No seas subnormal.

— ¿Es que no lo amas?

—Claro que lo amo—respondió seria—, y así será hasta que deje de respirar por siempre.

—Entonces, ¿no te sientes mal de que haya elegido a otra?

—No. Si Sasuke es feliz, muy bien. —Recargó su mejilla en la mano, como aburrida—. Además, amar no es sinónimo de poseer, pescado estúpido.

— ¿No?

— ¡No! —exclamó muy segura. Luego tomó un respiro y decidió explicarse mejor—. El amor que le tengo a Sasuke, quizá algún día fue romántico, pero ahora es un amor tan parecido como el que le tengo a Naruto. Me fastidia que la gente piense que debo sentirme desdichada y amargada porque uno de mis amores de mi vida decidió pasarlo con otra tía, ¿es qué acaso un hermano debe sentirse celoso de compartir a su madre con sus otros hermanos o padre? ¡No! ¿No pasa lo mismo con los amigos? Uno se la pasa creyendo que algo es suyo, que una persona es más un objeto que sujeto, e inclusive los objetos ni han de ser tuyos porque cuando mueres no llevas nada contigo salvo tu vida y existencia. Yo amo a Sasuke como amo admirar un paisaje, si sabes a lo que me refiero. Pero claro, dudo que un imbécil con retraso mental como tú logre comprenderlo.

—…Pues vaya—rió—, creo que por primera vez dices algo que logra sorprenderme, ¡bravo!

—Hmph, idiota.

—…

—…

—…Oye—habló de nuevo Suigetsu, logrando captar la mirada de Karin con la suya. Esta vez el hombre tenía un aire diferente, algo sugerente y más mesurado (cosa rara verlo así, pensó la pelirroja) —, aquí entre nos, yo creo que tú eres mucho mejor que Sakura.

Se sonrojó— ¿Qué? ¡A qué viene eso! Estúpido…

—Pero qué importa que Sasuke haya elegido a Sakura, ¿no?

—Y sigues con el tema…

—Porque ella y tú ya están a mano, después de todo, ¿quién fue la que le quitó la virginidad a Sasuke?

Roja cual tomate. Ahora comprendía perfectamente a Hinata Hyūga. Se acomodó los lentes. — Imbécil.

—Perra.

—Es Karin, subnormal.

—Fue lo que dije—sonrió—: "perra".

Y se ganó un fuerte golpe en la cara.

O.O.O

La noche era tranquila, ligeramente nublada; con un viento que mecía las finas nubes paulatinamente entre los oscuros cielos, con una que otra ínfima estrella apenas resplandeciente, una luna ausente. Zabuza inspiró hondo y percibió los gases desprendidos por los automóviles y el transporte público combinados con la humedad helada de la noche, las copas de los árboles bailaban al compás de una lenta melodía dirigida por el suave aire; y por las calles transitaban uno que otro peatón. Los sonidos eran casi nulos, triviales, insignificantes. El hombre abrió los ojos y sonrió bajó la mascarilla gris oscura que se había colocado. Era una noche perfecta.

—Ya es hora—anunció tanto para él como para la gente que tenía a sus espaldas.

Eran hombres y mujeres armados, de entre dieciocho y treinta años, que no eran más de cincuenta. Pero entre ellos, destacaban seis en general y destacaban por estar más cercanos a Zabuza y por tener todos espadas. Observaron avanzar al líder y le siguieron inmediatamente.

O.O.O

Lee se hallaba sentado envuelto en una frazada gris, en el último piso de la casona, cerca del almacén donde antes Hinata entrenaba. Miraba por entre los barandales un paisaje de casas y luz eléctrica abrazadas por la oscura y fría noche. Su semblante era pálido y ojeroso, había perdido al menos tres kilogramos en un lapso tan corto de tiempo. El muchacho estaba completamente en blanco y de cuando en cuando se le venían a la mente imágenes de Tenten. Veía una Tenten sonriente y cariñosa, como siempre la había recordado, su mejor recuerdo. Y luego, su imagen se veía oscurecida por sus gritos, por su sangre y una perturbadora visión de lo que miró en aquella caja, días atrás. Se cubrió con la manta y cerró los ojos con fuerza, intentando con todo en cuanto podía de no volver a llorar. Y lo único que podía hacer en aquellos momentos era concentrar todo ese dolor y tristeza en rabia y odio en aquél responsable de la muerte de Tenten.

Fue entonces que de esa terrible y amarga calma, poco a poco se percató que empezaba a haber movimiento debajo de él, las voces se alzaban al igual que los gritos y más tarde distinguió palabras y oraciones completas que decían: « ¡Alerta! ¡Nos llaman! ¡Despierten!» « ¡Todos, rápido, reúnanse que es una emergencia!». Lee obedeció a los llamados, se despojó de la manta de un solo movimiento y, presintiendo las malas noticias en los alertas de sus compañeros, se aseguró de tener sus armas consigo y se apresuró a reunirse con el resto. Una vez que la mayoría estaban aglutinados, Lee fue capaz de hallar con un simple vistazo a Omoi, Karui, Konohamaru, Sai, con ropas que identificaba como "cómodas" para entrar en maniobra y con armas de fuego y katanas a sus espaldas. Fue Karin la que se colocó enfrente para informar del porqué los habían juntado.

— ¡Rápido, todos a los vehículos, iremos de inmediato a la mansión Hyūga!

— ¿Pero por qué?—arguyó uno, intentando saciar su curiosidad y la de los demás. Karin frunció el entrecejo y espetó.

— ¡Porque hay una maldita masacre, en estos momentos, ahora mismo, liderada por Zabuza! ¿Y adivina quién ha ido a salvar a su novia? ¡Sí, el imbécil de tu jefe! ¡Así que vamos a salvarlos y de paso terminar de una vez y por todas con esos bastardos! ¡Oyeron! ¡Andando!

Las órdenes fueron: Una vez allí, matar a todo aquel o aquella que no sean del clan Uzumaki o Uchiha. La sangre hervía, la adrenalina subía, todos respiraron profundo y no perdieron más el tiempo comenzando a correr a los autos y motocicletas.

O.O.O

HINATA.

Se levantó de la cama casi como si de un mal sueño se hubiese despertado. Pero si soñó o no, no lo recordaba, sólo se despertó de golpe y se incorporó del mismo modo. Sintió calambres en el vientre y un ligero asco. Se le antojó un poco de agua al percibir sus labios y garganta secos. Fue entonces a la cocina por un vaso; en su recorrido oyó voces, le extrañó el tono de las mismas pues eran murmullos serios y aunque bajos, perfectamente perceptibles. Por mero instinto decidió ocultarse tras un pilar y oír con más detenimiento la conversación de aquel par de hombres.

«Pronto, ya es hora de atacar y matarlos… »

«Shhh, más bajo, están dormidos. Tranquilo, debemos esperar a Zabuza. Empezaremos a la media noche, ya falta poco.»

Hinata tragó en seco. No tuvo que escuchar más para hacer una rápida conclusión de lo que se refería aquel par de hombres del clan que se habían escabullido por otro lado de la mansión. No perdió más el tiempo, olvidó su agua y fue directo en busca de su hermana menor (habría ido con Neji, pero sabía de antemano que él no se encontraba esa noche allí, sino en los negocios Hyūga montando guardia). Fue con Hanabi, entró a su habitación a despertarla.

— ¿Qué ocurre? —preguntó la niña apenas empezando a despabilar. Hinata se llevó un dedo índice a los labios.

—Tenemos que huir, Hanabi—susurró—. Creo que sé lo que es eso de la noche loca. Escuché a dos miembros del clan que están esperando a Zabuza para poder empezar a atacar. Anda—apuró, tomando su hermana del brazo y sacándola de la cama—, levántate y vámonos.

Hanabi sin cuestionar nada más obedeció. Se despojó rápido de sus pijamas y se colocó ropas de vestir a toda prisa; se agachó y miró bajo su cama para sacar debajo de ella un par de cuchillos y una pistola que guardó bien en un cinto atado a su cadera que ocultó bajó un abrigo; todo aquello fue algo veloz que no tardó ni cinco minutos. Al rato ambas ya se marchaban de la habitación siendo lo más discretas, ocultándose en la oscuridad y cerciorándose de que no hubiera nadie por los alrededores. Caminaron con mucho cuidado hasta la salida más próxima; Hinata entonces se detuvo en un lugar y dejó a su hermana oculta en un estrecho recoveco cerca de la salida, pequeño lugar que sólo ella y su hermana conocían y que descubrieron cuando niñas jugando a las escondidas.

—Ocúltate aquí—ordenó Hinata para después cederle un móvil a Hanabi—. Intenta también contactar con Neji, ya lo he intentado yo, pero no responde.

— ¿Y tú?

—Iré con papá.

— ¿Es en serio?

—Sí.

—Piensa en tu bebé, huyamos ahora que podamos.

—Hanabi, tengo que ir, por favor. Tendré mucho cuidado, lo juro.

—De acuerdo…Te voy a esperar justo aquí.

—No. Si tardo más de diez minutos o notas algo sospechoso, huye sin mí, ¿bien?

—No me iré sin ti—repitió seria. Hinata ya no quería ir por su padre, pero algo le decía que tenía qué, que era lo correcto y probablemente lo mejor. Además por mucho que su relación no fuese la mejor, no iba sencillamente a dejarlo morir. La mujer miró con pesar a su hermana, le dio un beso en la frente y la abrazó.

—Volveré.

.O.

Empezaba a respirar con dificultad por nervios y adrenalina. Escabullirse como vil rata entre las esquinas y sombras en su propia casa, de su supuesta gente, no era algo que pasara todas las noches. Ya había hablado igualmente con Karin advirtiendo el peligro. No había nada bueno en nada, desde que se despertó de golpe algo le decía que las cosas no andaban bien, desde ese calambre en el vientre; llevó su mano a éste, era como si aquel ser que crecía dentro de ella le advirtiera las cosas. Ya estaba a unos pasos del cuarto de su progenitor. Respiró profundo y se adentró a tientas y a oscuras al interior. No vislumbró nada a primera vista, sólo las figuras de las cosas, como la cama, los muebles, pero no a su padre.

—Pa…—Intentó llamarle, pero la palabra se atoró en su garganta al sentir un par de grandes manos, calientes y ásperas rodear y apretar su cuello. El aire se cortó y soltó quejidos sofocados por la fuerza que aquellas manos ejercían en su cuello. Hinata llevó sus propias manos a las de su agresor, intentando forcejear para quitárselas. No era solamente un agresor, advirtió la mujer, era su mismo padre el cual la estaba ahorcando. —Pa…pá…

Logró articular Hinata, y fue cuando Hiashi Hyūga levantó la vista y observó los ojos horrorizados y temerosos de su hija. Ésta se percató de cómo la cordura volvía a los secos y ausentes ojos de Hiashi, y aquél, poco a poco aflojando su agarre, la llamó por su nombre.

—Hinata… —La soltó finalmente. La chica dio una enorme calada de aire y tosió un par de veces una vez liberada—… ¿Qué…Qué haces aquí? Creí que eras ella…Es que, te pareces tanto a ella.

A través de la luz nocturna que se filtraba por el fusuma, Hinata se percató que su padre estaba sudando, su frente mojada y los cabellos pegados en el rostro. Sus palabras no parecían tener sentido y no era el Hiashi Hyūga serio e inexpresivo que solía conocer, era como si fuese otro hombre, pequeño y temeroso, perdido y algo loco.

— ¿Ella? —Reiteró—Te… ¿te refieres a mi madre?

Una de las principales razones de haber abandonado a los Uzumaki, hacer el ritual yubitsume e infiltrarse con los Hyūga, era obtener respuestas por parte de su progenitor de lo que había sido realmente de Mizuki, su madre. Quizá ahora apremiara más el hecho de avisarle a su padre de un posible ataque y que el tiempo del que disponían debería ser usado en huir y no en charlar. Pero Hinata no encontró otro momento más oportuno y si no era en aquel instante, ¿cuándo? Quizá más adelante ya no habría otra oportunidad como aquella, era ahora o nunca.

— ¿Qué pasó realmente con ella?

—Nada, ya dije que se fue.

—Eso no es verdad—dijo, acercándose a su padre, el cual se encogía y buscaba alejarse—. Lo recuerdo, lo recuerdo cuando era una niña. Tú saliendo del cuarto, estabas cubierto de sangre y atrás de ti había un cadáver… ¿Qué pasó realmente?

—Yo no la maté, Hinata—musitó—. Yo nunca, en ese tiempo, hubiese sido capaz. Pese a que la encontré con su amante y drogada, yo jamás la toqué…Ella tomó la espada, ella sola lo hizo…—Su voz se quebró y sin aviso empezó a llorar—. Mi Mizuki, mi pobre Mizuki…—Se llevó las manos a cubrir su rostro y dio suspiros de dolor—. Perra infeliz, ¿por qué demonios lo habrá hecho? Por qué, por qué…No comprendo…

Hinata se compadeció ante la imagen débil y perturbada de su padre. Creyó en sus palabras inclusive aunque Hiashi no estuviera en sus cinco sentidos. Se aproximó a él y primero y con cuidado colocó una mano en su espalda para luego acercarlo y abrazarlo. Hiashi sin preámbulo y para sorpresa de Hinata le regresó el gesto aferrándose a sus ropas, llorando pesaroso.

—Te pareces tanto a ella. Nunca me ha dejado de torturar su imagen—dijo Hiashi aún hundido en el pecho de su hija, calmando su desconsolado llanto—. Aún lo recuerdo, la primera vez que te cargué en brazos y me sentí como el hombre más feliz del mundo, cuando me agarraste el dedo, el mundo se detuvo y solo éramos tú y yo. Perdón, Hinata, en verdad perdón. No fui un buen padre…—Apretó la mandíbula—. Te odié tanto, porque cada día te parecías más a ella. No merezco tu compasión, no merezco realmente nada de ti, ni tu perdón…Perdón, perdón…—susurró—. En verdad lo siento.

La mujer daba pequeñas palmadas a la espalda de su padre, una gota salada escapó de su lagrimal. Hinata muchas veces fantaseó con aquel momento, en el cual su padre le decía cosas parecidas. Era como volver a la infancia en donde poseía a aquel padre afable y cariñoso que alguna vez tuvo la grata dicha de conocer, y ahora allí estaba de nuevo, algo tan semejante. No había realmente una justificación por todo el daño y dolor que le hizo pasar, sin embargo, Hinata para su buena o mala suerte, era alguien bastante noble, realmente nunca guardaba rencor, era demasiado blanda, demasiado condescendiente, rayando a veces la estupidez. Y sí, sabía perfectamente que su padre no merecía nada de ella, ni siquiera ese perdón que él solicitaba; aunque se veía sufría mucho, aunque él igualmente pasó por muchas malas experiencias, no había en verdad algo como tal para justificarlo. O quizá sí…Hinata quiso creer.

—Está bien, papá, está bien…Te perdono. — Concedió de corazón. Hiashi la abrazó con fuerza, sollozando en silencio y aferrándose a los ropajes de su hija.

Poco después, se oyeron los primeros gritos y disparos de aquella noche. Los ruidos alteraron a la Hyūga, haciendo que el abrazo se rompiera y buscara la mirada y razón de su padre.

—Papá, tenemos que huir, Zabuza…

—Lo sé—interrumpió éste con voz pausada y cansada. Hinata le miró curiosa—. Lo he sospechado desde hace un tiempo pero, lo había estado ignorando apropósito, quizá porque realmente ya no me importaba nada. Estoy tan cansado, mi mente me juega trucos sucios…Aceptar una pronta muerte, de esta manera, quizá es lo que en verdad deseo.

—No digas esas cosas, no ahora que te he perdonado…

—Gracias, hija mía. En verdad que sí, podré irme de aquí más tranquilo, sabiendo que no lo merecía, ese perdón.—Y dirigió afligido la mirada al dedo amputado de Hinata, acarició esa mano—, en serio que no merecía una hija como tú. Mi más grande orgullo, lo mejor y único bueno que hice en esta vida.—Le miró a los ojos y le plantó un beso en la mejilla, acarició su rostro y sonrió tenue, parecía que la cordura regresaba al hombre, o quizá no y sólo estaba en un estado plácido y sosegado, resignado—. Ya no hay tiempo, escóndete.

La tomó de la muñeca, la guió al enorme closet, deslizó la puerta y la introdujo con los abrigos y la ropa, deslizó de nueva cuenta la puertita, mirando fijamente a los asustados y confusos ojos de su hija; sonreía agradecido y susurró un «no hagas ruido.»

Hinata se quedó quieta, respirando profundo y esperando lo que fuera que fuese a ocurrir. Su padre no tenía intenciones de escapar y era ahora demasiado peligroso salir sola con el ruido de las balas y las katanas impactando allá afuera. No tenía ningún plan en específico, encerrada en aquel closet pensaba y pensaba algo para salir tanto ella, su padre y hermana con vida de esa. Rogaba que Hanabi se hallara bien.

Escuchó poco tiempo después que alguien más entraba al cuarto de su padre, abrió un poquito, dejando una pequeña rendija de visión para vislumbrar lo que ocurría. Distinguió la figura de Zabuza, portando su enorme espada, atrás de él como sombra, se encontraba Haku.

Todo pasó bastante rápido ante los ojos de Hinata, no hubo tiempo ni de pensar o reaccionar a tiempo. Solamente fue capaz de distinguir como Zabuza levantaba el filo de su espada y degollaba rápido y limpiamente a Hiashi Hyūga, quien, fuera de defenderse, había recibido casi gustoso y alegre a la muerte. El hombre había perdido la razón. Era como si todo hubiera estado planeado, como si las estrellas hubieran estado de acuerdo de hacer coincidir aquello. Hiashi, pese a todo, quizá y aunque dañado de mente, había muerto feliz. La última imagen que se le vino en mente cuando veía el sable venir directo a su cuello, fue el de él y su familia. Su esposa a un lado, sus hijas pequeñas en el jardín jugando. Hinata giraba la cabeza y le miraba con emoción, sus pálidas mejillas se pintaban de rosa. De nuevo la cargaba entre sus brazos, un pequeño bebé cogiendo su dedo índice. Y luego, nada, todo oscuro. La cabeza de Hiashi voló y el sonido sordo de su aterrizaje se oyó penetrante en los oídos de Hinata. La mujer no pudo sopesar la impresión, y un sollozo escapó de su garganta, se tapó la boca siendo consciente de la tontería que acababa de cometer y no tardó en ser descubierta por el mismo Haku que con un oído fino, había escuchado aquel gemido.

La descubrió con la boca cubierta y los ojos inundados en lágrimas. La obligó a salir tomándola por el brazo.

—Mira nada más a quien tenemos aquí. La señorita Hinata Hyūga. —Sonrió Zabuza con sorna—. Lamento que hayas tenido que ver esto, pero ya te creía muerta a estas alturas, ¿sabes?

— ¿Por qué?—lloró furiosa— ¡Por qué lo has hecho!

—Dinero. No hay más justificaciones, fin—respondió a secas y poco y nada conmovido—. Como sea, aún tengo trabajo por hacer, tengo miembros del clan Hyūga que asesinar. Supongo que te dejaré hasta el final. Haku—dijo, cogiendo su espada y colocándosela tras la espalda—, encárgate de ella, volveré en seguida.

—Sí, Zabuza.

La silueta de Zabuza se marchó y desapareció tras la puerta, allá afuera, en donde la gente corría y se distinguían los cuerpos de personas fallecidas, el sonido de las balas, las descargas de las armas, el humo de pólvora y los gritos de una estruendosa masacre.

.O.

Se habían quedado a solas, Hinata no le dirigió la palabra a Haku y Haku no lo hizo tampoco con ella. La mujer sabía que intentar escapar de Haku, en sus condiciones, era como querer escapar de un tigre estando ambos en una jaula. Por lo que, lo único que decidió más prudente por hacer fue permanecer quieta y callada y pensar más tarde en un medio para salir con vida. Ahora la congoja de su padre asesinado era por lo que permanecía llorando. Se acercó a su cuerpo y con todas sus fuerzas y las necesarias lo llevó hasta su cama, recostándolo. Luego, se dirigió a la cabeza, la tomó entre sus manos y lloró en silencio. Era tan doloroso y poco justo tener que vivir la misma situación dos veces. La pena era tan grande que incluso sus sollozos dejaron de tener sonido, y era como si estuviese ahogándose de sufrimiento. Con temblorosas manos la cargó y la depositó con el cuerpo, para después cubrirlos con una sábana.

Haku se delimitó a observar todas las acciones de la Hyūga. Jamás la interrumpió, jamás le dijo que dejara de hacer lo que estaba haciendo, pues su única encomienda fue que no escapara y retenerla allí hasta que Zabuza regresara. Hinata terminado todo aquel ritual, solamente se quedó sentada sobre sus rodillas, tan serena y tan taciturna que incluso llegó a compararse a una simple figura de marfil.

—A esto te referías cuando me dijiste que me fuera—musitó finalmente Hinata—, ¿verdad?

—Sí, debiste hacerme caso.

— ¿Por qué haces todo esto? ¿Es sólo por Zabuza?

—Sí.

— ¿Tan importante es?

—Lo es—contestó sin más. Silencio y luego el joven agregó—: No me juzgues, por favor, ¿tú qué harías en mi lugar? Zabuza me salvó la vida, me sacó de un infierno y me mostró y me dio algo de lo que yo tanto carecía…

— ¿Y qué fue?

—Amor, sueños, utilidad y sentido a mi vida… ¿No harías lo mismo por Naruto?

Hinata levantó la cara, sorprendida de que Haku supiera su conexión con él. Haku por otra parte, sacó la carta de su obi amarillo y la extendió a la Hyūga que un poco insegura, la tomó.

—Ese día, le confisqué una carta a esa chica—explicó, mientras Hinata extendía el papel y leía—. Ella no sufrió, te lo aseguro; al igual que tu padre, su muerte fue rápida. —En este punto Hinata apretó los labios y arrugó un poco el papel que sostenía, la mención de la muerte de su amiga y padre era algo que alteraba su alma y corazón—. Soy el único que lo sabe, esto entre el jefe de los Uzumaki y tú.

— ¿Por qué?—interpeló una vez finalizó de leer. Su voz poseía una furia y dolor contenidos.

—Conveniencia, piedad…No lo sé. Entonces, dime, ¿tú qué harías en mi lugar?

Los ojos estaban fijos, Hinata mantenía el ceño levemente fruncido. A decir verdad, no tenía una respuesta clara para ello. Amaba a Naruto, claro que lo hacía, y habría hecho sin fin de cosas por él. ¿Pero cualquier cosa? Se llevó una mano al vientre…Ya no estaba tan segura de ello.

Y, antes de siquiera responder, la puerta de la habitación se abrió de golpe y Hinata se sorprendió al descubrir que se trataba de su hermana menor. Hanabi, rápida como flecha, se abalanzó contra Haku, un cuchillo tanto en mano, logró rasgar la mejilla de Haku quien no se esperaba tan inesperado ataque.

— ¡Hanabi!—exclamó Hinata— ¿Qué haces aquí? ¡Te dije que huyeras!

—Estaba preocupada, no me iré sin ti y sin mi sobrino de aquí—respondió.

Haku colocó especial atención a las palabras de la niña, "sobrino". Concluyó Hinata se encontraba encinta. Pero no hubo tiempo de resolver más, pues Hanabi se volvió a abalanzar sobre él. La niña era muy buena peleando y hacer oscilar a Haku, ya le había provocado una herida en la mejilla y con suma habilidad ya había rasgado también algunas partes de su kimono. Sin embargo, pese a que Hanabi era muy buena atacando y peleando cuerpo a cuerpo, Haku era aún mejor. Sacó sus agujas senbon y dio en el blanco a puntos clave del cuerpo menudo de Hanabi, haciendo que ésta cayera de rodillas. El joven estaba a punto de hacerle algo más a la niña cuando Hinata no tardía se interpuso y con su cuerpo defendió el de su hermana.

— ¡Basta, por favor! ¡No le hagas nada!

—Hermana—susurró Hanabi—, no seas tonta, piensa en tu bebé…

—Por favor, por favor detente, te lo suplico…Haré lo quieras, pero no la toques más.

Haku se detuvo por un instante, admirando al par de mujeres. Las suplicas de Hinata le provocó bajar sus agujas. No duró mucho cuando nuevamente se vieron interrumpidas por un hombre que, aprovechando habían dejado la puerta de la habitación abierta, se asomó alterado y agitado. Haku reconoció al hombre como uno de los reclutados por Zabuza y él para la masacre.

— ¡Señor Haku!—exclamó éste— ¡El señor Zabuza ha caído! ¡Los otros espadachines también!

Haku abrió mucho los ojos y sus pupilas se contrajeron.

— ¿Qué? ¿Cómo?

—Fue el clan Uzumaki, apareció de la nada. ¡Huya!—avisó, y luego sin más desapareció con paso raudo.

Hinata se llenó de esperanza al escuchar aquello, pero no le duró mucho pues segundos después Haku volvía a encararlas con semblante más que adusto y temible. Hinata pensó pasaría lo peor y abrazó con fuerza a su hermana, quien ya estaba perdiendo la conciencia debido a que Haku había tocado nervios clave.

—Te diré algo—dijo Haku, obteniendo la atención de Hinata—, yo prometo dejarte a tu hermana y a ti libres si a cambio me haces un favor.

Su corazón palpitaba muy rápido, abrazaba tan fuerte a Hanabi incluso después de que ésta ya se había desmayado. Hinata no se lo pensó mucho; recargó con cuidado a su hermana en la pared más cercana y acarició su tierno moflete, para después, ponerse en pie y aceptar la propuesta.

O.O.O

NARUTO.

Iba en camino. Se pasó al menos cuatro altos. 145, 146, 147, 148, 149, 150 kilómetros por hora, y la velocidad seguía ascendiendo, Naruto aceleraba el manubrio de aquella motocicleta roja y el corazón le palpitaba a toda prisa, amenazando con salir de su pecho. Estaba asustado, eran de esas pocas veces que en verdad un terror árido y angustiado lo llegaba a embargar. Hinata estaba en peligro y él había cogido lo primero con llantas para acudir a su rescate. Se había encontrado platicando con Karin, cuando casi al mismo tiempo a ambos, les hablaron por sus respectivos teléfonos móviles; A Naruto le llamó Sasuke y a Karin, la misma Hinata. Los dos con el mismo mensaje: Zabuza atacaría con un grupo de matones a los Hyūga, asesinándolos a todos. De eso se trataba la "noche loca" un motín lleno de traición y holocausto. Obviamente, Naruto no perdió ni un mísero segundo en acudir a la escena a sacar a Hinata de allí, lo antes posible. No hubo necesidad de quedar de acuerdo con su prima o el mismo Sasuke, ellos sabían perfectamente qué tenían que hacer.

«Hinata. Hinata. Por favor, aguanta, ¡ya voy!»

Sí hubiera sido capaz de romper la barrera del sonido, lo habría hecho, iba tan rápido como aquella vieja motocicleta le permitía ir. Era como una estela roja entre los carros y las calles; sólo él sabía cómo era capaz de distinguir lo que se le ponía enfrente con semejante velocidad. Sus ropas se mecían bruscas por el rápido viento y sus ojos lloraban por el mismo. No había traído armas consigo, salvo una pistola común y cualquiera. Pero eso no tenia relevancia ahora, conseguiría después lo necesario para rescatar a Hinata. Después de todo, su prioridad era solamente ella.

Derrapó unos metros para detenerse muy cerca de la mansión Hyūga. Y no había necesidad de adentrarse a ella para saber que al interior se armaba una batalla a lo grande. Se oían disparos, choques de espada, gritos, alaridos; gente salía y entraba, se perseguían y se mataban. Entre más se aproximaba más podía apreciar el caos, que no había un orden; parecía sencillamente una activad de matar por matar. Naruto, para ingresar, tuvo que deshacerse de unos cuantos (¿Hyūga o gente de Zabuza? No lo sabía con certeza, sólo se dedicó a quitarles sus armas y buscar a Hinata de donde quiera que en esa enorme casa se hallara).

En donde fuese que pasara la muerte le perseguía. Esas escenas, aquellas imágenes de gente masacrando, de personas muriendo, eran bastante familiar. Ya no le sorprendía aquellos cuerpos inertes en el suelo, sangre extendiéndose por los suelos y manchándolos; sus fosas nasales aspirando el olor a hierro y pólvora, a sudor, hedores que a más de uno le parecerían desagradables. Eran demasiados cuartos y en ninguno estaba ella, ¡dónde estaba! Naruto comenzaba a desesperar y, pese que la muerte fuera algo a lo que ya se había acostumbrado, la sola idea de encontrar el cadáver de Hinata entre esa multitud le causaba un profundo terror y frustración. Así que se deshacía de todo en cuanto se interponía en su camino, y dado a la anarquía y que todos estaban contra todos sin distinguir amigo u enemigo, se abalanzaban sin miramiento contra el rubio. Quizá aquellos eran muy débiles o él muy fuerte, pues no le costaba trabajo matarlos de uno o dos golpes con la katana que se había robado.

—Vaya, vaya, aquí tenemos a un rudo.

Naruto deslizó hacia afuera el filo de la katana que tenía atravesando la garganta de un hombre, para luego, girar a ver al dueño de aquél comentario con mirada desafiante… Era dos hombres con espadas; el primero era muy delgado y alto de estatura, dándole un aspecto desgarbado. Tenía el pelo largo y castaño, el rostro oculto bajo una máscara blanca, sin boca, sólo dos hendiduras para sus ojos; su espada era larga y delgada, como una enorme aguja. Por otro lado, Naruto había visto anteriormente fotografías de Zabuza Momochi, y por ello, confundió al segundo con el demonio de la niebla, más tarde se percató que sólo se parecían, pues éste era otro. Vestía una camisa oscura sin mangas con dos rayas finas, tenía una especie de cinturón de tela junto con un pantalón opaco y dos guantes largos que no cubrían sus dedos y que se extendían hasta sus bíceps. Llevaba vendas que cubrían su cuello y su cara, no tenía cejas y poseía una cicatriz en forma de cruz en la mejilla derecha; sonrió luego de haber hecho aquél comentario, y Naruto notó unos dientes afilados. Pero lo que más destacaba de esa persona era su espada, que a diferencia del otro, era enorme, igualando casi la estatura de su poseedor. Pero el rubio no sintió miedo alguno, salvo la angustia de que el tiempo apremiaba y necesitaba encontrar a Hinata.

—No sé quién mierda sean ustedes y no me interesa. —Apuntó con la punta de su katana a ambos, su mirada era severa y los labios fruncidos—, sólo estoy buscando a alguien y si no se interponen no tendré que matarlos.

—Kushimaru*—se burló el de la gran espada—, ¿puedes creer lo que este cabrón está diciendo?—sujetó la empuñadura, levantando el gran filo en dirección al rubio—. Lo siento, pero aquí el que morirá será otro.

—Bien, como quieran.

Ambos espadachines se fueron al mismo tiempo sobre él, Naruto esquivó y chocó espadas al instante. Pudiera ser que ahora, aquellos dos individuos tuvieran más habilidad que cualquiera de los que Naruto enfrentó antes que ellos, pues le estaba costando mucho trabajo pelear con ambos al mismo tiempo sin recibir uno que otro rasguño o golpe. El sudor le recorrió ardiente por el rostro e intentaba mantenerse concentrado y frío de mente para no flaquear ante aquellos veloces dos oponentes. Logró quitarse de encima a uno, aunque en consecuencia descuidó al otro más alto y delgado que iba directo a fijar su espada en la espalda del rubio. Naruto sintió cerca aquél golpe directo, quizá allí habría sido el final de Naruto Uzumaki, de no ser porque, inesperadamente salió Karin de la nada y le asestó una fuerte patada al hombre de máscara en la cara, consiguiendo así salvar la vida de su primo.

— ¡Karin!

—No te preocupes—dijo la pelirroja sin quitarle la vista al que recién había derribado—, yo me encargo del cabrón de acá.

—Bueno—habló el otro espadachín—, al parecer las cosas se balancearán un poco, ¿no, Kushimaru?

Kushimaru se incorporó y asintió en silencio, para después concentrarse en la mujer la cual mantenía una postura confiada y seria. Para la sorpresa de todos, Karin echó a correr dejando un poco confundidos a los hombres.

—Tks, síguela y mátala—ordenó el hombre con la enorme espada. El espadachín de máscara no dijo nada más y se delimitó a seguir los pasos de la mujer.

Y sólo quedaron Naruto y el sujeto de gran espada. Hubo un efímero silencio que pronto fue roto. Miradas directas, ceños fruncidos, una mueca burlona.

—Parece que seremos solamente tú y yo por un rato, ¿uh?—Enseñó una pérfida sonrisa el oponente del Uzumaki—No creí que trajeras refuerzos contigo, pero de ser así de nada servirán si te enfrentas con los siete espadachines.

— ¿Siete espadachines?—escupió— ¿Por qué siempre salen con nombrecitos tan ridículos?

—Vete a la mierda, soquete—rió molesto—. En todo caso, tú ni siquiera eres un Hyūga, ¿o sí? ¿Quién diablos eres tú? Me gustaría saber al menos el nombre del que logró mantener una pelea por más de seis minutos a Kushimaru y a mí.

—Naruto Uzumaki.

—Ah, ahora todo cobra sentido. —Una enorme curva que enseñaba los afilados dientes se pintó en el grisáceo rostro, era una sonrisa bastante excitada y vanidosa—. El jefe de los Uzumaki, el hombre con el tatuaje del zorro demonio de las nueve colas. Vaya, vaya, esto será mucho muy interesante. Mi nombre es Biwa Jūzō, un placer.

Naruto se sintió bastante complacido de que su nombre tuviera cierta fama entre la mafia yakuza. Sonrió ligeramente halagado.

—Entonces, Biwa, ¿me vas a dejar seguir con mi camino?

— ¿Y perder la oportunidad de pelear personalmente con alguien de tu calibre? Yo creo que no.

—Y, ¿qué rayos estamos esperando? Acabemos con esto de una maldita vez, de veras.

Ambos sujetaron firmes las empuñaduras de sus espadas. Se miraron fijamente con sonrisas confianzudas y a la vez entusiasmadas en el rostro. En la lejanía se oían los gritos, disparos y peleas de otros; lo olores de la pólvora, el polvo y la sangre mezclados volvían a inundar el sentido olfatorio. Y al sentir el crujido de la madera debajo de las plantas de sus zapatos, corrieron el uno directo al otro.

Los sables chocaron, y en aquel instante la katana de Naruto se partió en dos debido al tamaño de la espada de su contrincante y debido a los otros coques el acero ya se encontraba fracturado. El hombre tuvo que ingeniárselas para eludir el filo y los demás golpes. Sin una espada que lo respaldara, se tuvo que valer de sus puños que en aquel combate de poco y nada le eran útiles. Biwa sonreía de oreja a oreja creyendo su inminente victoria, hirió a Naruto en piernas, brazo y torso, haciéndole profundos cortes que hacían tambalear al rubio. Fue una pelea que se prolongó, Naruto esquivaba y hacía mover frenético a su adversario con la intención de cansarlo, pese a que él también estaba sufriendo peor aún las consecuencias. Sabía que tenía que hacer algo rápido, de lo contrario terminaría finado. Así que colocó especial atención a los movimientos de Biwa, lo estudió todo en cuanto pudo y poco a poco fue anticipando los golpes del espadachín, finalmente, y siendo lo más preciso, calculó detener su espada entre las manos. Colocó toda su fuerza para que en un movimiento rápido se deshiciera del arma y Biwa quedara en las mismas condiciones de armas que él: Sólo los puños.

El espadachín quedó sorprendido por la habilidad con la que fue desarmado, admitiendo el talento y fuerza de Naruto. Siguió entonces un combate cuerpo a cuerpo, en donde ahora, Naruto (inclusive herido) poseía la ventaja. No tardó en hallar un punto ciego y descuidado de Biwa para atraparlo del cuello con sus brazos y comenzar a estrangularlo con sobrehumana fuerza. Biwa intentó zafarse, se retorció, rasguñó y forcejeó en vano para librarse, pero Naruto nunca cedió y en vez de aflojar apretaba más, cual boa constrictor rompe los huesos de su presa. Biwa dejó de respirar y poco a poco dejó de moverse, quedó inerte y aún así, Naruto siguió apretando hasta estar seguro que Biwa nunca más se levantaría. Lo dejó caer flácido al suelo y con semblante severo, no olvidó reconocer la fuerza de su adversario para después continuar su camino en su búsqueda desesperada por Hinata.

O.O.O

KARIN.

Karin se había separado del resto casi de inmediato de haber llegado a la mansión Hyūga. Les sorprendió el caos y la masacre que se estaba llevando a cabo, pero sin dejarse asombrar más tiempo del debido, empezaron a moverse. Poco a poco iban acabando con aquellos que los atacaban y su propósito era únicamente el encontrar al jefe y a Hinata. Karin de inmediato notó la presencia de gente en particular, personas que cargaban espadas. Estaba bien informada y, gracias en parte a Suigetsu que se había infiltrado en el grupo de Zabuza, fue capaz de saber que igualmente pelearían con los famosos "siete espadachines de Japón". Un grupo élite de mercenarios anexados a los yakuza. Fue testigo del cómo uno a uno aparecían y separaban al clan Uzumaki, haciendo de una batalla caótica a una más personal en donde se hacían particulares encuentros. Omoi se había quedado a combatir con una mujer, Sai y konohamaru con un hombre grande y gordo, Karui con otro sujeto e incluso Lee con otro más; todos sus oponentes al parecer parte de los siete grandes espadachines de Japón. Karin tuvo un mal presentimiento respecto a su primo, y por ello, había ido corriendo a su encuentro llegando en un momento más que oportuno, salvando su vida.

Y ahora corría por la suya. Sabía que no tendría muchas posibilidades con alguien de los siete espadachines siendo solamente ella. Era una chica fuerte y buena en el combate cuerpo a cuerpo, pero no estaba al nivel ni habilidad de aquél que ahora la perseguía; así que para librar tan difícil situación, tuvo que confiar en su buen cerebro y perspicacia.

Había varias motocicletas aparcadas en la calle, identificó rápidamente la de Naruto, que estaba mal estacionada y, por suerte, aún con las llaves pegadas. No dudó y montó en cuanto vio que el sujeto estaba más que dispuesto a seguir con la persecución de todas maneras. Karin sonrió de lado en cuanto se cercioró que igual cogía una motocicleta e iba detrás de ella. Arrancó de inmediato; conducir en motocicleta, evocaba, no se le daba nada mal, desde los catorce años había sido su vehículo predilecto.

El aire le revolvía los cabellos violentamente, aún así era capaz de distinguir todo lo que había enfrente. Eran como dos estrellas fugaces, dejando rojas y casi imperceptibles estelas de luces detrás suyo, a travesando las calles. Los rugidos de los motores y las máquinas haciendo un inconmensurable esfuerzo eran notables y perceptibles a kilómetros. Karin tenía toda la intención de hacer chocar al individuo, pero al parecer no sólo sería bueno con la espada, sino también montando motocicleta. Karin chistó. Aceleró aún más con el riesgo de casi atropellar a una anciana y a un niño, e inclusive de chocar contra un auto de servicio público; pero logró evadir y hacer temblar al que venía detrás de ella.

Se estaba cansando de eso, buscaba la forma de deshacerse del individuo lo antes posible y regresar a la mansión Uzumaki para seguir apoyando a su primo y a los suyos. Se sorprendió y derrapó de golpe cuando el hombre de la máscara, en algún punto desvió y le salió a un lado con espada en mano. Karin entonces sudó y los nervios se le paralizaron, estaba tan cerca, levantando la katana a punto de asestarle un golpe directo en la espalda. Y en eso, apareció un tercer motociclista, llevaba casco e igualmente otra katana; Karin creyó era otro de los siete espadachines que venía a reforzar al primero. Tragó en seco al sentir su final cerca; y sabía que aunque acelerara más, igual sus probabilidades de sobrevivir eran realmente pocas. Pero quedó maravillada, cuando el tercer motociclista en lugar de atacarla a ella, atacó al otro sujeto, dándole un corte limpio en el cuello y haciendo que éste y su motocicleta se desplomaran y volaran varios metros lejos debido a la alta velocidad. Karin sólo contempló como en milésimas de segundos el cuerpo y la máquina se despedazaban sobre el pavimento. Fue cuando decidió detenerse de golpe y frenar limpiamente con un derrape lateral. El tercer motociclista bajó la velocidad e imitó casi idéntico el movimiento tan limpio de la pelirroja. Karin entrecerró los ojos, oliéndose desde hace rato quién podría ser el misterioso hombre que la había socorrido.

—A esta perra nadie la molesta, salvo yo. —Le sonrió cómplice. Karin le devolvió el gesto siendo un poco más pilla.

—Eres un cabrón, Suigetsu.

O.O.O

NEJI HYUGA & LOS UZUMAKI.

Había llegado tan rápido como pudo una vez que recibió la llamada de auxilio de Hanabi. La advertencia le llegó a tiempo, pues poco después sus hombres se rebelaron contra él queriendo matarlo por la espalda. Ya con al guardia en alto, Neji logró evadir a los traidores, asesinándoles y huyendo del sitio para ir directamente a la mansión Hyūga al socorro de Hinata y Hanabi.

Al llegar al lugar fue capaz de presenciar en primera instancia la confusión que se desarrollaba. Se adentró e identificó tanto a los miembros traidores como a otros sujetos que le eran completamente desconocidos. Aunque, hubo algo que le llamó mucho la atención y fue poder identificar, además, a miembros del clan Uzumaki. No pensó más y se adentró a las peleas para poder localizar a las dos mujeres. En medio del fulgor, se topó con la pelea de un par de sujetos, era un muchacho más o menos de su edad; cabello negro y corte de casco, cejas pobladas y muy cansado y sudado, estaba cediendo ante su adversario, al que identificó como uno de los siete espadachines. Jinpachi Munashi era su nombre. De inmediato supo a quien apoyar. Apuntó a la cabeza de Jinpachi y jaló el gatillo para que éste se desplomara encima del contrincante. Lee quedó severamente sorprendido y quitándose el cuerpo de encima dirigió la mirada al que había sido su salvador. Pero su impresión no fue grata, todo lo contrario, arrugó profundamente el entrecejo y se puso en guardia.

— Neji Hyūga, tú, maldito…

Y lo atacó con un par de patadas que Neji detuvo con dolor, porque sí, Lee pateaba extremadamente fuerte.

— ¡Oye, tranquilo…!

— ¡No me digas que me tranquilice, tú fuiste quien asesinó al señor Bee!—decía sin dejar de pelear.

—Escucha. —quiso detener la pelea usando el verbo y no la fuerza bruta, pero Lee no hacía absoluto caso y seguía golpeando— ¡Escúchame maldita sea!—gritó por fin, muy sacado de sus casillas y derribando a un cansado Lee, éste por fin se calmó—. En esta ocasión olvidemos nuestras diferencias, ¿quieres? Ahora mismo ando buscando a Hinata Hyūga, ¿la conoces?

—Claro que la conozco—dijo, incorporándose todavía con expresión desconfiada—, es por ella y por el jefe que hemos venido.

—Muy bien—suspiró, aliviado de encontrar a una especie de aliado—, tenemos al menos un objetivo en común, olvidemos matarnos el uno al otro por unos minutos y cooperemos para encontrarla. Luego de hallarla y ponerla a salvo, podremos pelear a muerte si es lo que quieres, ¿te parece?

—…Muy bien—aceptó con recelo.

Continuaron un tramo de camino juntos, hasta que Lee divisó a lo lejos a Karui y Omoi con otros de los suyos corriendo hacia alguna dirección en especifico, tal cosa alertó a Lee y no perdiendo el tiempo les siguió el paso para poder alcanzarlos.

— ¡Oye, a dónde rayos vas!—recriminó Neji cuando Lee empezó a correr sin previo aviso.

— ¡He visto a mis camaradas irse por este lado, estoy seguro que debe haber algo!

Neji no tuvo muchas opciones y decidió entonces seguirlo a donde quiera que éste se dirigía.

— ¡Hey, chicos!—Llamó Lee a lo lejos, captando la atención de éstos, que se detuvieron al instante.

— ¡Lee!—dijo Karui— ¿En dónde estabas?...—sonrió agradecida, estaba a punto de agregar algo más hasta que notó que a Lee lo acompañaba alguien, se alarmó cuando lo identificó— ¡Neji Hyūga!

Tanto Omoi como Karui sujetaron firmes sus armas para irlo a atacar, pero entonces Lee se interpuso.

— ¡Esperen, esperen, alto! —Detuvo con trabajo al par.

— ¿Pero qué te pasa, Lee?—recriminó una muy enojada Karui— ¿Ya olvidaste qué fue este cabrón el que asesinó a nuestro maestro?

—Por supuesto que no…—contestó a la defensiva—. Pero por ahora hemos hecho una pequeña alianza, él también busca a Hinata y además, me salvó la vida hace un momento.

El mismo Lee se maravilló al estar diciendo esa clase de cosas, pero sabía era la pura verdad.

—Me importa un bledo—escupió Omoi—, yo a éste lo mato ahora mismo.

Y ya apuntando las espadas contra Neji Hyūga, apareció Naruto, quien había escuchado gran parte de la conversación y hasta ahora se había decidido hacerse notar.

—Detente, Omoi, Karui. —Los presentes se giraron a ver a su jefe—. Dijo que él también estaba buscando a Hinata, ¿no?

—Jefe—pronunció Lee—, ¿en qué momento…?

—Eso no importa, lo que importa ahora mismo es salvar a Hinata y si él tiene por objetivo lo mismo, por ahora no es nuestro enemigo…

— ¡Pero…!—objetó Karui. Y Naruto le dedicó una mirada más que severa y más que reprendedora que hizo callar a la mujer. Sin más palabras entre ellos, Naruto se dirigió entonces a Neji.

—Tú conoces mejor esta casa, ¿dónde crees que pueda estar Hinata?

—Ya fui a su habitación—respondió—, pero no estaba allí…No sé exactamente dónde podría haberse ocultado, hay bastantes sitios, a decir verdad.

—Sobre eso—interrumpió Omoi—, hemos visto a Sasuke dirigirse a ese lugar, solo. —Apuntó con una de sus espadas—…Iba detrás de Zabuza, quizá él tenga a Hinata y por eso hemos querido seguirlos.

—Bien—asintió Naruto—, iremos hacia allá.

Y echaron a correr todos juntos. Naruto ahora corría lado a lado con Neji Hyūga; no era que fuese agradable, lo era en absoluto, estar junto al que asesinó a su querido amigo. De no ser porque ahora mismo importaba más la vida de Hinata y Sasuke, habría dejado a Karui y Omoi asesinarlo. Aunque claro, Neji no habría sido un hueso fácil de roer, de eso estaba más que enterado.

Cada quien iba pensando en lo suyo, en sus propios deseos y objetivos personales. Pero tres en especial tenían por objetivo saciar una amarga venganza, y casualmente aquellos tres corrían cerca el uno con el otro. Karui, Lee y Omoi. Lee notó las espadas que Omoi cargaba, advirtió no eran las típicas que usaba, eran la primera vez que las veía y su forma de ambas le parecieron llamativas.

— ¿Y esas espadas?—preguntó curioso.

—Me las regaló la espadachín con la que luché—replicó—, Ameyuri era su nombre. Gran peleadora, se ganó todo mi respeto. Murió digna y con orgullo.

—Pues me habría gustado verte pelear con Jinin—alardeó Karui—, ese tío sí que era fuerte.

— ¿También peleaste con uno de los espadachines?—interpeló Lee. Karui sonrió y levantó la katana del difunto Jinin.

—Claro que sí…

—Vaya, ojalá hubiera tomado también la espada con el que luché.—Se lamentó Lee.

— ¿Quieres una? Me sobra la otra mía, tenla…—Lanzó Karui y Lee la atrapó—. Vamos hacia donde Zabuza, la necesitarás.

Y era un hecho que el trío se colocó serio por la simple mención de aquel nombre.

O.O.O

SASUKE & ZABUZA.

—Vamos, vamos, ¿y tú quién demonios eres?—preguntó Zabuza, mostrando sus afilados dientes en una bellaca sonrisa, sonrisa provocada por el temerario hombre que después de haber matado a más de quince de sus hombres por sí mismo, le hizo frente.

—Sasuke Uchiha.

—Ah, del clan Uchiha—evocó con burla—. Una vez me encomendaron matar a uno, y vaya que fue el perro más difícil de matar, él más fuerte hasta ahora. Tan bueno fue y tanto trabajo me costó asesinarlo que inclusive me aprendí su nombre: Itachi Uchiha. ¿Era lago tuyo de casualidad?

—Mi hermano.

—Ya lo intuía—rió—, tienen los mismo ojos… ¿Vienes por venganza? Que sepas que tienes mucha competencia.

—Hmph—sonrió de lado—. Eso no será problema.

Sasuke estaba decidido, la sangre hervía y calentaba cada parte y miembro de su cuerpo. Las balas se le habían terminado, pero aún poseía su valiosa y sólida katana. Atacó con enjundia. Zabuza rió de lo más divertido en cuanto la katana de Sasuke chocó tan brusca y de lleno contra la suya. Definitivamente, pensó el mercenario, era el hermano de Itachi Uchiha.

Sasuke era rápido, pero Zabuza también; Sasuke podía ser fuerte, pero Zabuza también; ambos con alta destreza con las espadas, la pelea estaba más que justa y pareja. Si uno hacía un corte, el otro no tardaba en regresárselo, pasaba lo mismo con los golpes.

Quizá la batalla hubiera continuado justa, o probablemente Sasuke habría obtenido la victoria, porque estaba peleando limpiamente, cosa que el demonio oculto entre la niebla llegó a dejar de hacer dado a que la pelea se estaba alargando más de lo debido, y además, se estaba cansando de aquél testarudo y férreo hombre. Porque esos malditos ojos, esos malditos ojos como los odiaba. Malditos ojos Uchiha, pensaba para su sorpresa; porque pudiera ser que el fuese el demonio oculto entre la niebla, pero los ojos de un Uchiha, era la mirada misma de los demonios; más que de demonios, eran los malditos descendientes del Dios Raijin*, sus detestables y malignos ojos que destilaban el más puro odio, se veían los execrables rayos y relámpagos sublimados en aquel par de ojos tan feroces. Odiaba admitirlo, pero les tenía un respetable miedo. Después de Itachi Uchiha, jamás quiso volver a enfrentarse a un Uchiha en su vida, pero al parecer aquella noche la suerte no estaba de su lado y nunca más lo estaría, pero eso él lo ignoraba.

Acorraló a Sasuke, le tendió una trampa haciéndole tropezar y caer de nalgas al suelo, Zabuza quiso aprovechar rápido el momento para intentar darle un golpe mortal, su espada estaba levantada en el aire, cuya caída estaba dirigida directamente entre los ojos de Sasuke; éste los abrió desmesurado, sabiendo que era casi imposible escapar de aquello. Era como si la escena se hubiese congelado, el mercenario sonreía victorioso y malvado, Sasuke intentaba escudarse, y aunque sorprendido y sabiendo que probablemente moriría, aún sentía el fuego recorriéndole las venas y arterias. La muerte parecía ya pronta, la espada comenzó su descenso, y entonces…El que murió no fue Sasuke, sino Zabuza. Cuatro espadas fueron las que atravesaron su espalda, espadas provenientes de Omoi, Karui y Lee. El mercenario nunca los percibió, jamás notó en qué momento aparecieron, puesto que estaba tan concentrado en asesinar a Sasuke. Zabuza escupió sangre al rostro del Uchiha, el cual quedó petrificado de sorpresa y odio; los fulminantes ojos aún centellaban esa fortaleza y sed de venganza; Zabuza los odiaba, en verdad los odiaba, junto de manera sobrehumana sus últimos vestigios de fuerza para poder sostener nuevamente firme su espada y rebanar en dos aquel rostro, con aquellos infernales ojos; pero Sasuke se adelantó, y siendo más veloz atravesó con fuerza el pecho de Zabuza Momochi.

El mercenario dejó caer su espada, y se desplomó lentamente siendo observado por esos ojos del mal…Era tan repugnante, pensaba mientras se derrumbaba, era tan patético y pusilánime, era una burla y un castigo el tener que morir de aquél modo. Se reía, con trabajo y débil de sí mismo. Pero muy en el fondo, sabía que estaba pagando por todos sus pecados. Y ahora el infierno lo esperaba con los brazos más que abiertos, y se burlaba de esto. No quiso pensar en todas las cosas malas que hizo en vida, tampoco en lo miserable que fue, en lo patético y repugnante que le pareció la vida, las personas…Al final, en sus últimos momentos, en aquellos finales inhalaciones y exhalaciones de vida, solamente pensó en un lugar con nieve. Blanca, pura e inmaculada nieve, que no era fría, sino tan acogedora y preciosa; justo como aquél, justo como Haku…Al único que amó, el único que fue capaz de mirar más allá de su título como mercenario y demonio y ahondo en su persona y ser…En su lado más humano. Y ahora la figura de Haku se hacía tan distante, tan borrosa y tan lejana, desaparecía con la nieve…Zabuza sonrió y pronto sus ojos quedaron opacos y abiertos, y dejó por fin de respirar, y nunca más lo volvió a hacer.

Los presentes observaron el cuerpo, inmóvil y desangrándose. Sasuke por fin se ponía de pie y junto con aquellos que ayudaron a darle muerte al demonio oculto entre la niebla, contemplaron una vieja y dolorosa venganza consumarse. Los cuatro se miraron entre sí y fue como si con la sola mirada pudieran comunicarse, pues los cuatro pensaban lo mismo: Descuartizar aquel burdo cuerpo.

Pero tal acto no pudo ser, puesto que, en el umbral de la puerta aparecieron dos siluetas que prontamente llamaron la atención; y provocaron el terror y la alarma en las facciones de Naruto y Neji. Todos quedaron estáticos; eran Haku y Hinata, el primero detrás de la Hyūga con el filo de una espada amenazando con cortar la garganta de ésta. Hinata permanecía quieta y con los labios oscilando, sus ojos cayeron directamente sobre Naruto y los de él también se fijaron exclusivamente en ella.

—Escucha bien, Naruto Uzumaki, este es el trato—habló firmemente Haku—. Tú y tu gente, al igual que tus aliados, se irán de aquí y dejarán que me lleve sin problema alguno el cuerpo que tienen allí; si hacen exactamente lo que les digo, juro dejar ir intacta a esta mujer embarazada.

La última oración dejó más que confundido a Naruto, aunque no fue el único. Pero si era cierto o no lo de ese supuesto embarazo, Naruto solamente quería que aquel sujeto liberara a Hinata. Y no podía soportar ver la katana cerca de su garganta, no podía soportar el cómo Hinata miraba suplicante y acongojada. Y haría lo que fuera, aceptar tal oferta, con tal de tener a aquella mujer en sus brazos y que estuviera segura.

— ¿Qué dices, Naruto Uzumaki?—insistió Haku, acercando peligrosamente el filo del arma al blando cuello de Hinata, Naruto apretó los puños—. Es tu mujer y probablemente tu futuro hijo.

—Bien, se hará como tú digas—dijo el rubio serio. Se dirigió entonces al cuarteto que yacía alrededor del cuerpo del mercenario—. Yo sé cuáles eran sus intenciones con el cuerpo de Zabuza…Y no me habría importado lo que hubieran hecho con él, pero de todos modos, él ya está muerto, su venganza ya está hecha, sé lo importante que es esto para ustedes, pero no podemos afligirnos más por los muertos, ahora importan más lo que todavía siguen con nosotros…Así que, les pido por favor…

—No digas más, estúpido—interrumpió Sasuke para estupefacción del Uzumaki—, es obvio que no antepondremos este banal capricho a la vida de tu mujer.

—Sí, jefe. Sasuke tiene razón—secundó Lee. Omoi y Karui también asintieron—, no diga tonterías.

—Quiero que todos, primero, salgan—ordenó entonces Haku—, no sólo del cuarto, sino también de la misma mansión…Todo ha terminado, así que váyanse. Si hacen esto y tengo su palabra, yo les daré la mía y prometo que en cuanto estén fuera de las paredes Hyūga, liberaré a la mujer. ¿Tengo su palabra?

—La tienes—asintió Naruto—. ¿Y yo tengo la tuya?

—La tienes.

Entonces Haku se hizo a un lado y permitió la salida, pasaron a su lado dedicándole una mirada seria. El último en salir fue Naruto, quien no se fijó para nada en Haku, sino en Hinata, cuyos ojos se cruzaron anhelantes por cortos segundos.

Haku esperó varios minutos hasta estar seguro que aquellos habían salido o al menos estaban lo suficientemente lejos. Una vez en confianza, soltó a Hinata.

—Gracias—dijo Haku a la mujer. Hinata asintió en silencio.

—Lamento tu perdida…—musitó. Haku le sonrió débil.

—Está bien, sabía que tarde o temprano esto pasaría—se dirigió al cuerpo de Zabuza y comenzó a retirarle las espadas—. Y no lamentes nada—agregó—, menos por aquellos responsables de la muerte de tu amiga y padre.

Hinata bajó la cabeza entristecida.

—Igual, siento empatía por ti. A pesar de todo, jamás te creí alguien malo, Haku, todo lo contrario.

—Eres una persona bastante noble y dulce, Hinata—dijo con suave y afable voz—. Tu hijo tendrá suerte de tener una madre como tú. Anda, vete, Naruto te espera.

Hinata entonces dio media vuelta. Quería hacerle una última pregunta a Haku: « ¿Qué harás ahora?» pero al virar atrás para ver por última vez al muchacho, arrodillado en silencio cerca del cuerpo de Zabuza, la respuesta le pareció algo obvia.

—Adiós—susurró, y salió de allí.

.O.

Primero fue por su hermana, quien ya recobraba algo de conciencia y por ello fue más fácil transportarla para salir juntas de la destrozada mansión, en donde ya sólo quedaban los cadáveres y la tibia sombra de lo que fue una de las más grandes masacres de Osaka que se había dado en años. Serían la sensación en los periódicos y noticieros nacionales por largas semanas. Pero eso importaba poco, pues Hinata después de todo, estaba feliz de tener a su hermana junto a ella y que prontamente se reencontraría con Naruto y aquellos a quienes también apreciaba.

Al salir, allí encontró al clan Uzumaki y Uchiha, Neji fue el primero en recibirla, interponiéndose en el camino de Naruto, que resignado tuvo que esperar detrás del Hyūga. Neji preguntó si se encontraba bien, Hinata contestó "sí" y luego éste se encargó de Hanabi que sólo necesitaba reposo, pues sus heridas no habían sido graves. Hinata entonces recordó el porqué consideraba a Haku como alguien bueno y bondadoso, su intención jamás fue hacerles daño ni a ella ni a su hermana. Dejó a su hermana en buenas manos, confiada y segura estaba de ello. Neji por fin se hizo a un lado y finalmente Naruto se lanzó a abrazarla, ambos lo hicieron. Se abrazaron con estrepitosa fuerza, Naruto tomó el rostro de Hinata entre sus manos y le besó con empeño la mejilla. Sus lágrimas estuvieron a punto de mezclarse, pero entre ellos se la secaron y finalmente unieron sus labios y volvieron a abrazarse...Un poco más tarde, partieron.

O.O.O

Realmente tuvieron suerte. Las bajas fueron pocas y los heridos escasos, los problemas consecuentes luego de eso fácilmente eludidos. Luego de lo que los periódicos y televisión llamaron aquella noche como "la noche loca", las cosas, poco a poco volvían a la, por decirlo de una manera, normalidad.

Sasuke regresó a Tokio con su gente (felicitando como despedida a su amigo por ser futuro padre). Los Uchiha marcharon con el eterno agradecimiento de los Uzumaki. Hicieron ceremonia y el luto debido a sus muertos. En cuanto a Neji y Hanabi, tuvieron asilo por un par de días con los Uzumaki, pero debido a la larga enemistad y sintiéndose incómodos (Y aunque los Uzumaki nunca fueron groseros, tampoco fueron muy cálidos; en especial Karui y Omoi que eran lo más recelosos), decidieron partir y tomar su propio camino, con planes de reconstruir el clan Hyūga con los pocos miembros fieles que quedaron y con lo que aún poseían. Comprendieron cuando Hinata no los acompañó. Pero dejaron muy en claro que siempre estarían dispuestos a recibirla con ellos siempre que quisiese; y dado a la muerte de Hiashi y que Hinata rechazaba la oferta de convertirse en la nueva oyabu de su clan, Hanabi quedó al mando. Quien al principio renuente, decidió tomar tal grande responsabilidad. Hinata respetó y apoyó la decisión de su hermana.

Por otra parte, Hinata confirmó su embarazo. Muchos quedaron sorprendidos, pero en general fue una noticia bien recibida. Inclusive la misma Karin se halló feliz y felicitó al par para sorpresa de todo mundo. Por supuesto, que nadie era competencia en estar más feliz y contento que el mismo Naruto Uzumaki, cuya sonrisa de oreja a oreja no desaparecía.

Y así transcurrieron las semanas…

.O.

Y se hallaban desnudos (La médico con la que había estado acudiendo Hinata, una tal Ino Yamanaka, dijo que no había problema en que la pareja continuara manteniendo una vida sexual, claro que, teniendo sus debidas recomendaciones).

Sentados el uno encima del otro, Hinata se movía sobre el tibio miembro de Naruto, en un vaivén ni lento ni rápido. Naruto sostenía con firmeza las caderas de Hinata y mantenía oculta la cabeza entre el pecho y la barbilla de la mujer. Podía oler el dulce aroma que desprendía el sudor de Hinata y su apenas abultado (y que ya tomaba forma) vientre pegando con continuos y suaves golpeteos su pubis y abdomen de él, igualmente húmedos en sudor.

Hinata abrazaba la cabeza de éste y soltaba pequeños suspiros y gemidos al sentir ese cosquilleo en su sexo, al sentir a Naruto dentro suyo; y Naruto cerraba los ojos en un placer igualmente dulce y siempre anhelado de poder estar igualmente dentro de ella y sentir su calidez y suavidad. Revolver sus cabellos, sus olores mezclados, besarse la frente y el pecho respectivamente, unir sus labios profunda y largamente…Era su mayor deleite. La manera física de demostrase el uno al otro cuanto se querían.

Naruto ahora tenía por costumbre besar la mano en dónde Hinata había cortado su dedo. Naruto siempre sentía profunda tristeza por aquella decisión de Hinata, pensando que las cosas pudieron haber sido de otra manera. Se sentía tonto y culpable por aquel dedo ausente, aún sabiendo que realmente no era su culpa, y que Hinata siempre así se lo recordaba. Pero besarle esa mano era como un: «Perdona, puede haberte protegido mejor.»

Pero no todo era tan malo, pues Naruto tenía oportunidad de más tarde acariciar la abultada barriga de Hinata, besarla e imaginar el cómo sería su futuro hijo. Y la mujer disfrutaba tanto esos momentos, aunque en realidad, no había palabra para describir todo en cuanto sentía, porque sencillamente era imposible, porque sencillamente era algo más allá de la felicidad y la paz aquellos instantes compartidos de vida.

Y, aún con todo esto, había algo que Hinata constantemente se ponía a meditar, una espina y semilla que se inició a incubar luego de la muerte de Tenten, su padre y esa terrible noche. Y seguido se hallaba sentada junto a una ventana, meditando sus miedos e inquietudes…

Hasta que finalmente, sucedió. Sucedió eso que habría decidido todo, eso que esclarecería sus dudas y le dieran el valor de hacer lo que continuamente pensaba.

.O.

Hinata abrió los ojos de golpe. Observó a su alrededor asustada y preguntándose en dónde se hallaba. Su pecho ascendía y descendía, aunque lento, bastante llamativo. No recordaba el cómo llegó al cuarto de Naruto en la casona, no recordaba haberse ido a dormir ni nada parecido, estaba un tanto confundida. Se intentó reincorporar con mucho cuidado, pero la detuvo un fuerte e intenso calambre en el vientre; se quejó de dolor y por instinto se destapó, descubriendo con terror que las sábanas estaban manchadas de sangre, se aterró sobremanera e inició a temblar. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Qué era esa sangre? ¿Era de ella? Pudo darse cuenta a los pocos segundos que aquella sangre provenía de su entrepierna y, al asomarse con cuidado, vislumbró en la carmesí mancha un pequeño feto, tan pequeño como una nuez pero con una forma bastante detallada y definida. Hinata se paralizó y los ojos se le humedecieron; empezó a respirar con tortuosa dificultad y los labios le tiritaban con violencia, soltó quejidos y luego alaridos de pena; gritó a todo pulmón y se llevó las manos a su vientre, llorando con tremenda tristeza y desconsuelo.

« ¿Acaso no te lo advertí? ya deberías saber que la crueldad, lo corrompido y la violencia será casi siempre el pan de cada día, ¿o no? Bienvenida al mundo Yakuza. » Hinata, confundida y aún llena de pena, giró a ver a Haku, que de la nada se encontraba a su lado, sonriendo apacible y tristemente; éste extendió una mano hacia el hombro de la mujer y al contacto, como si de una enorme presentación con luces blancas deslumbrantes, observó su vida; desde su infancia hasta sus actuales días; y no sólo los de ella, también incluso los de Naruto; los del clan Uzumaki…Todo en uno solo. Y miró las muertes de sus amigos; del señor Killer Bee, de Tenten, de su padre, las peleas, la mutilación de su dedo, las terribles penas. Y ahora al final, después de todo aquél espectáculo de imágenes que iban desde los más tristes hasta los más felices, al último pudo ser capaz de admirar un feto que crecía y crecía dentro de ella, hasta ser la perfecta forma de un perfecto bebé. Que dormía apacible, tan tranquilo dentro del líquido amniótico.

Y despertó de golpe. Sudando frío, respirando con dificultad por boca y nariz. Otra vez estaba en el cuarto de Naruto, en la casona Uzumaki, con la diferencia de que ahora sí recordaba el cómo llegó allí; tan simple como que ella misma se había acurrucado en tal sitio después de haber cenado. Pero de inmediato se volvió a incorporar y veloz se despojó de las sábanas y colcha, descubriendo con alivio que todo estaba en orden; no había ni una sola gota de sangre manchando las cobijas y llevando su manos a su vientre, lo sintió abultado y duro; su bebé seguía allí, todo estaba bien. Entonces comprendió que sólo se había tratado de un extraño sueño. Suspiró aliviada, sin embargo, aquel sueño la dejó más que perturbada y reflexiva. Tal sueño fue la última gota y definitiva para que Hinata Hyūga tomara una de las decisiones más importantes en su vida.

Alguna vez, rememoraba, se pregunto qué era la libertad. Pues bien, concluyó en su muy particular punto de vista, que aquélla iba más bien acompañada de las decisiones que la gente tomaba a lo largo de su existencia. Tú desdices hacia dónde ir, qué hacer, cómo hacerlo, cómo sentirte; si caes, tener la opción de quedarte allí, o levantarte, era más un estado mental que físico. Y ahora, se sentía libre al decidir hacer lo correcto. Sí, había aprendido mucho a lo largo de esos años. No había vuelta atrás, cogió pluma, papel y escribió una carta, la más difícil que escribió hasta ese momento de su lozana vida.

O.O.O

Naruto regresó de sus negocios. Prácticamente había estado todo el día y gran parte de la noche fuera, ateniendo cosas de administración y finanzas, tratos, trueques, un día bastante agitado. Su estado era exhausto y sólo se pensaba cenando, luego bañarse y más tarde irse a dormir acompañado de Hinata, de la cual podía imaginar los mimos que le haría en el cabello y que, en el calor de su femenino regazo, la abrazaría a ella y a su futuro hijo. Tenía el enorme deseo de mientras que ella acariciara sus cabellos, él besaría aquella abultada barriguita.

Y una vez en la casona saludó a los suyos, cenó en la compañía de algunos (y le pareció curioso no ver a Hinata en ningún momento, pero supuso entonces que la susodicha se habría ido a acostar; después de todo se hallaba encinta y necesitaba cierto y especial reposo). Pero quedó extrañado de que, al ir a su cuarto éste estuviera vacío, sin Hinata y sin futuro bebé. Entonces le llamó la atención que todo estuviera, además, bien ordenado y que, sobre la mesilla estuviera el sobre de una carta con una clara dedicatoria para él. Cogió, abrió y leyó.

Terminada la lectura, Naruto miró hacia enfrente, perdido. Se dejó caer pesadamente sobre sus rodillas y permaneció en silencio por unos minutos, para después dejar salir un fuerte grito.

Karin fue a verlo bastante preocupada a la mañana siguiente, le habían comentado algunos que haberlo escuchado gritar y, alertados por ello fueron a verlo, pero éste no les permitió pasar ordenando que lo dejaran solo y no lo molestaran. Claro que Karin se alteró y maravilló cuando Sai le comentó aquel "incidente". Y, no importándole más la privacidad de su primo, se adentro a la habitación del hombre, encontrándolo tendido sobre su futón, dando la espalda. Karin lo llamó pero éste no respondió.

— ¿Qué diablos te ocurre?—insistió preocupada—, Sai me dijo que anoche te pusiste mal. ¿Te peleaste con Hinata acaso?

—Se fue—musitó ronco.

— ¿Cómo que se fue, a dónde?

—No lo sé.

— ¿No lo sabes? ¡Pero cómo es…!—Y antes de que la pelirroja arguyera con otra cosa más, Naruto le extendió una hoja de papel. Karin calló y sin cuestionar más, se delimitó a tomarla y leerla.

«Naruto, no sé cómo iniciar, ni el cómo debería ser la manera correcta de decirte lo que te escribiré. Pero lo intentaré y lo haré de todos modos:

Me he ido, Naruto.

¿A dónde? Ni yo misma lo sé. Pero estoy segura que hallaré un lugar en donde asentarme y tener a nuestro bebé. ¿Regresaré? Creo que la respuesta es clara, no lo haré. Así que, supongo esto es un adiós definitivo. Quizá te preguntes el por qué esta decisión tan abrupta y del por qué no he querido despedirme o hablarlo en persona contigo. Iré por partes y trataré de aclarar esto lo mejor posible.

Mi querido Naruto, antes que nada quiero decirte que te amo. Te amo mucho, te amo demasiado, te amo con el alma, te he amado como a nadie más he amado en este sentido y con esta intensidad. Siempre te admiré, mi querido amor; desde que te conocí me has inculcado valor, confianza, calidez, ternura, perseverancia, todo en cuanto carecía y más deseaba en la vida lo hallé en ti, y me lo transmitiste. Siempre estaré, hasta el final de mis días, agradecida por ello. Todo lo que hemos vivido, el camino que ambos recorrimos juntos y que si, habría y tuviera que repetir algo en mi vida, eso sería, volvería a recorrer una y mil veces ese camino a tu lado. No tengo arrepentimiento alguno de haberte conocido a ti y al clan Uzumaki, son de las mejores cosas que me pudo haber pasado jamás en esta vida.

Naruto, puedo jurar de corazón y con toda seguridad que habría hecho cualquier cosa por ti, cualquiera, lo que sea…Pero ya no. Mi amor, perdóname. He llegado a una encrucijada en donde la vida me puso a decidir, decidir entre el bebé que cargo en mi vientre y tú. Y Naruto, lo he escogido a él. El mundo de los Yakuza, no quiero que nuestro hijo crezca en ese mundo; lo sabes perfectamente, yo lo sé perfectamente, ambos sabemos cuán duro puede ser, que la infancia no es fácil, que puede ser cruel, violento, solitario, tan y en extremo incierto…No quiero que nuestro hijo pase por cosas parecidas a las de nosotros, Naruto. No lo quiero. Yo quiero que él nazca y crezca en un lugar seguro, que su infancia sea tranquila y feliz, sólo deseo lo mejor para este futuro bebé.

No he podido decirte esto en persona, porque no es algo fácil de expresar verbalmente. Tampoco me habría gustado ponerte en una situación complicada, partirte en dos, obligarte a escoger entre el clan y yo. Porque soy consciente que el clan también es tu familia y no puedes ni debes abandonarlos. Lo sé, lo comprendo perfecto y por ello te he ahorrado tan complicada decisión. Por otro lado, seguramente no me hubieras permitido ir, y yo no hubiera entonces hallado más fuerzas para seguir firme.

Naruto, estoy tan triste, mi corazón se despedaza con cada palabra escrita, pero, extrañamente, igual siento estoy haciendo lo correcto y me siento también libre.

Te amo. Siempre lo haré. Ya te lo había dicho una vez, cuando me besaste por primera vez; que el sol nunca se va, es sólo una ilusión de la tierra que no para de girar y girar. No habrá día, mi querido Naruto, el cual no me acuerde de ti y en el clan. Los preservaré en mi memoria, en un lugar muy, muy especial. Te prometo me esforzaré mucho, daré lo mejor de mí, nunca retrocederé, lucharé hasta el final por este hijo nuestro. No le faltará amor, te lo aseguro, y claro que le relataré cosas maravillosas sobre su padre; y espero que nuestro hijo posea un gran corazón y calidez, justamente como tú. Este es mi camino, Naruto, ya lo escogí. Y ambos, tú y yo, tenemos todavía mucho por recorrer, quizá ya no juntos como hemos estado haciendo, pero avanzaremos con la cabeza en alto de todos modos. Esfuérzate mucho, quiero que seas muy feliz, mi dulce y buen amor.

Te deseo solamente lo mejor. —Hinata.»

Karin enmudeció. Suspiró pesarosa, dejó la carta a un lado y fue directo a abrazar a su primo, el cual rompió a llorar, a llorar en verdad, con un sentimiento que Karin jamás había visto en nadie. Y le dolió no el corazón, sino el ser, el ver a Naruto así.

O.O.O

2 semanas después:

—Así que finalmente se me hace verlo en persona. Mi famoso patrocinador italiano, el gran Minato Namikaze. —Naruto extendió la mano, una enorme sonrisa iluminaba su rostro—. Un placer conocerlo, señor.

Minato, un hombre de traje azul marino, alto, rubio y de ojos azules, regresó la cortesía estrechando la mano de su anfitrión. Sonreía igualmente, aunque ligero, bastante alegre.

—El placer es mío.

— ¿Sabe?—Inició a platicar, sin invitar al visitante a sentarse aún, dentro de aquella oficina en el Pachinko Uzumaki. La sonrisa de Naruto se achicó y ahora podía, si se le ponía la debida atención, notar que incluso le costaba un poco mantener tal gesto—. Desde hace mucho he querido conocerlo, prácticamente desde que era un niño. —dicho comentario dejó con una enorme interrogante al señor Minato quien, no entendía porque la expresión "desde niño". Naruto, sin embargo, ignoró la expresión de duda y prosiguió—: Aunque claro, cuando era niño me habría gustado darle un abrazo, en vez de un puñetazo.

— ¿Discul…?—Habría querido decir "¿disculpa?" al parecerle extraña aquella charla, pero la palabra se quedó a medias puesto que, efectivamente, Naruto le dio un fuerte y bien centrado puñetazo en el estómago a Minato Namikaze quien, al instante, sacó todo el aire y quedó doblegado de dolor.

—Sé que soy algo despistado a veces, pero no soy un idiota. No me quieran ver la cara tú y el viejo pervertido —dijo Naruto bastante serio, separándose de Minato y observarlo como con sumo trabajo recuperaba el oxígeno y el habla—. Hola, papá, ¿cuánto tiempo sin vernos, verdad? Oh, espera, esta es la primera vez que nos vemos. Je, puedo ver en esa cara de estúpido compungido que me pones del cómo he llegado a la conclusión de que tú eres mi padre. ¡Bah! Más obvios no podrían haber sido, creo que hasta lo hicieron apropósito—escupió con hastío. Luego se fue a sentar en su cómoda silla, para después subir los pies en el escritorio y continuar mirando al afligido y adolorido Minato que seguía sin recuperarse del todo—. Mamá una vez me dijo que mi padre era un italiano, y luego, viene el viejo pervertido a decirme que mágicamente una empresa italiana quiere patrocinarme, siendo que, una vez Jiraiya, cuando era un enclenque adolescente, me relató que un extranjero italiano, hace muchos años, técnicamente casi los mismos años que tengo yo, vino a hacer negocios con el clan Uzumaki. El viejo no me soltó más, pero me enseñó a investigar muy bien y, ¿adivine que hallé en los viejos periódicos cuando era joven y la curiosidad de saber quién era mi padre me embargaba? Todavía recuerdo esa nota "¡Italia en Osaka! Posibles aperturas de Namikaze billares" y había una pequeña fotografía de un hombre tan parecido a usted, más joven, por supuesto; y atrás de usted estaba alguien a quien yo conocía más que bien, ¡a qué no se imagina mi sorpresa cuando la identifiqué en aquella fotografía! ¡Era mi madre de quince años colándose en la foto! Muchas casualidades, ¿no le parece?—Lo encaró y, ambos pares de ojos azules se encontraron. "Diablos" pensó Naruto, inclusive el parecido físico era increíblemente obvio. Frunció el ceño— ¿O me va a negar que no fue usted quien se folló a mi bella y amada mamá, la dejó embarazada y luego se largó para nunca regresar?

—…Naruto—jadeó—, debes entender que…—Respiró con dificultad—…Nunca fue mi intención causarles problemas a tu mamá y a ti...

— ¿Eso es todo?—reprochó, alzó la voz—: ¡Casi veintisiete malditos años para que me sueltes tan patética oración!

Hubo un largo silencio, Minato por fin logró erguirse y recuperar algo de decente compostura. Se acomodó la corbata y decidido, afrontó a su hijo quien le miraba bastante molesto y expectante.

—Tienes razón—admitió—, no tengo justificación, y comprendo que me odies, lo comprendo y lo acepto. La verdad merezco eso y más de tú parte.

—Puedo darte una patada en las bolas si eso te hace sentir mejor, de veras. — Sonrió de lado.

Rió tenue. No precisamente por la amenaza, que de hecho la idea le asustaba.

—Heredaste ese tic verbal, parecido al de Kushina, ¿uh? Sólo que ella decía "tú sabes"…—esclareció Minato, captando la atención de Naruto al revelar que era consciente de algo tan particular de su madre—. Escucha, Naruto, yo en verdad amé a Kushina, no sabes cuánto.

—Claro, pude notarlo cuando nunca te dignaste a aparecer.

—Es que ese fue nuestro acuerdo, entre ella y yo—confesó—. Naruto, yo no soy solamente un empresario común y corriente, soy un maldito mafioso, soy el maldito Don de mi familia, lo que vendría siendo el equivalente a un oyabu. Y tú debes saber que dejar a un clan o familia, desligarte de ese mundo no es una cosa sencilla.

Naruto calló y bajó la mirada, bastante austero y además, afligido.

—…Sí, lo sé…

—Kushina y yo así lo decidimos. Ella sabía perfectamente lo que era tener que desprenderse o abandonar a un clan. Éramos jóvenes e ilusos y no pensamos en las consecuencias, lo que creíamos sería sólo una pequeña aventura se transformó en algo más grande, mucho más grande y complicado…Tener un bebé siendo cada uno jefe de su respectivo clan, no iba a ser una cosa sencilla. Ella nunca hubiera podido abandonar su puesto e irse a Italia conmigo, y yo…—suspiró—. Ella no quería obligarme a abandonar el mío; aunque en más de una ocasión pensé en hacerlo, pero no fue así. Así que Kushina se adjudicó toda tu crianza y yo sólo me delimité a enviarle ayuda económica. Ella quería que fueses médico o abogado o algo por el estilo, pero de haber sabido que seguirías sus pasos, quizá yo habría buscado la forma de acercarme más, pero ya era tarde y a decir verdad, era demasiado cobarde como para aparecerme frente a ti, hasta ahora… Cometimos muchos errores al no darte lo mejor. Siempre estaré tan arrepentido de no haberte visto crecer, pero puedo jurarte, que no hubo día en el cual no pensara en ti y en tu madre. Yo sé que, nada en cuanto haga ahora pueda hacer quizá que me perdones, pero…

El hombre se veía más que arrepentido, las palabras sonaron apenadas y lastimeras. Naruto todo el tiempo escuchó con preciso cuidado y nunca interrumpió, su expresión siempre fue seria y meditabunda. Hasta que por fin, luego de que la voz de Minato se apagara, fue que decidió responder.

—Está bien, viejo. Ya basta. Por increíble que parezca, no te guardo ningún rencor. — Minato levantó la mirada, lleno de sorpresa y esperanza. Naruto inhaló y exhaló, cansado—. Cierto que estoy un poco dolido que te dignaras a aparecer hasta ahora, pero…Has aparecido en buen momento, supongo. Entiendo el por qué las acciones tuyas y las de mi madre. Increíblemente, o más bien irónicamente, mi mujer me abandonó hace dos semanas con nuestro hijo aún en vientre. Técnicamente me ha dicho cosas tan parecidas a las que me has contado, ¿y sabes? Creo que finalmente puedo ver las cosas claramente—rió y negó con la cabeza—. Es cierto que no puedo dejar al clan Uzumaki, pero tampoco quiero privar a mi futuro hijo de un padre…Normalmente en este tipo de situaciones, o se tiene una cosa o se tiene otra, nunca se puede tener las dos cosas… Y yo digo, ¿por qué no? ¿Es que acaso hay una regla de vida que no te permita al menos intentar conseguirlo todo? Al menos yo, a diferencia de ti, intentaré no cometer el mismo error. No dejaré el clan, pero tampoco dejaré que mi hijo crezca sin conocer a su papá—su voz y mirada fueron firmes, decididas; Minato osciló al ver que su hijo era tan parecido a Kushina en cuanto a tomar decisiones respectaba, en la manera de mirar y de actuar—. Por otro lado—agregó Naruto, poniéndose de pie y con paso calmo aproximarse para colocarse frente a frente de su padre—, no te preocupes, agradece no soy una persona tan rencorosa—sonrió resignado—. Te perdono, viejo, te perdono.

Le dio un par de palmadas en el hombro y salió de su propia oficina, dejando a Minato lleno de sentimiento, el cual se manifestó en un par de lágrimas penitentes y agradecidas.

O.O.O

Ya estaba todo listo. Tuvo semanas para planearlo y dejar todo bien para su búsqueda. Karin se quedaría indefinida y temporalmente como oyabu principal del clan Uzumaki. Su clan entero lo despidió en el umbral de la puerta con lágrimas, sonrisas y los mejores deseos. Fue una escena conmovedora, evocaba el rubio, quien ahora caminaba por la calle con una bolsa de viaje colgando tras la espalda. Era muy temprano, exactamente las seis con trece de la mañana, apenas amanecía. No sabía dónde estaría Hinata en esos momentos, en realidad no tenía una pista como tal de su paradero; es más, ni siquiera sabía si seguía siquiera en Japón. Nadie sabía nada de nada, ni siquiera su hermana Hanabi ni su primo Neji Hyūga, a los cuales les preguntó, pero éstos juraron y perjuraron no saber absolutamente nada. No tuvo más remedio que creerles, aunque a decir verdad, aquellos dos en verdad parecían ser ignorantes del paradero de Hinata, pues ambos se hallaban igual de preocupados…Las cavilaciones de Naruto se vieron interrumpidas cuando se topó con alguien a quien en definitiva, esta vez no esperaba.

— ¿Pero qué haces tú aquí?

—Quería pasar tiempo con mi hijo—contestó Minato, que llevaba ropa deportiva y además, también, un bolso de viaje—, tú sabes, compensar mínimamente el tiempo que jamás compartí contigo…—sonrió afable—. No te vi crecer pero, al menos permíteme acompañarte en este viaje que es tan importante para ti.

Naruto le observó con recelo y frunció los labios.

—Eres un imbécil, viejo…Pero, ¡bah!—sonrió tenue, ocultando muy bien su emoción y entusiasmo— Haz lo que quieras, mientras no me estorbes, de veras.

Y ambos retomaron la marcha. Naruto entonces alzó la vista a los cielos, que comenzaban a despejarse, la noche finalizaba y los primeros rayos solares pintaban de dorados rosados, naranjas y amarillos las nubes matutinas. Un par de pájaros volaron sobre ellos, el aire mañanero le pegó fresco en las mejillas. Cerró los ojos, disfrutando de aquella provechosa mañana.

« Este también es mi camino, Hinata. No importa el tiempo que me tome, ni lo que tenga que atravesar para ello; me cueste lo que me cueste, los encontraré, a ti y a nuestro hijo. Lo juro, es una promesa de vida.»

-O-


*"El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar a que le llamen." * Frase de Francisco de Quevedo (1580-1645) Escritor español.

Los siete espadachines*: Sacados del mismo manga, no son OC y pueden buscarlo respectivamente en la wikiNaruto.

Raijin*: Es el dios/genio de los truenos y rayos en la mitología japonesa concretamente en la religión shinto; su nombre deriva de los kanjis japoneses rai (雷、trueno) y shin (神、dios). Suele ser representado junto a Fujin, el dios del viento.