Hola, chicos! Otro capítulo de este fic tan mafioso muajajá XD Espero que les guste
VAYAMOS AL CAPÍTULO!
Capítulo 2: Desaparecidos.
Anzu soltó una maldición. Llevaba veinte minutos manejando y ese auto negro no desaparecía. Parecía pisarle los talones. Ahora se encontraban en la carretera y no había muchos autos, pero no quitaba el hecho de que seguía en peligro junto con el chico Muto.
— ¡Ah! — Pegó un grito guando el auto le chocó por atrás.
¡Maldición! Si esto seguía así, Muto sería quién saldría más lastimado que ella, después de todo él era quien estaba inconsciente y estaba atrás. El segundo choque ya la alarmó lo suficiente para hacerla acelerar cuando bajaron a un túnel, sin mencionar que habían comenzado a disparar. Estaba logrando hacer rasguños en los bordes de la camioneta.
Divisó dos caminos, seguir o salir de la carretera. Estaba a punto de salir, cuando en el último segundo dobló rápidamente hacia el otro lado, descolocando la dirección del auto, provocando que frenara.
La castaña no sabía que más hacer, pudo haber provocado un accidente, pero si eso los provocaba a ellos, a esos mafiosos, le daría igual. Para su espanto, el auto apareció a sus espaldas nuevamente. Soltó una maldición, Seto se sabía las calles como la palma de su mano, no por nada formaba parte de ellos. Detestaba tener que enfrentarse a él, pero si había alguien, que a pesar de ser joven, que tenía grandes habilidades para manejar:
Esa era Mazaki Anzu.
Pero él no podía saberlo, si Seto se enteraba de que ella fue quien salvó a Atem, Gozaburo se enteraría. Y no tenía intenciones de ser acosada por él nuevamente. Ni en broma compartían una taza de té discutiendo el destino de la víctima.
Ni hablar.
Gracias a que estaba en una ambulancia, la patrulla que vio a lo lejos no se molestó en detenerla, quizás pensó que necesitaba llegar rápidamente a su destino, pero a los otros si los detuvieron. Una sonrisa aliviada se dibujó en su rostro y se dirigió a su departamento.
Aunque no contaba que alguien ya la estaba esperando.
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— ¡¿Pero qué demonios, Anzu?! — Chilló la peliblanco de ojos azules.
— ¡Dios, Kisara! ¡Me asustaste!
— ¡TÚ eres la que me asustó! ¿Quién diantres es él? ¿No es el sujeto que salvaste esta mañana?
— Sí, su nombre es Atem Muto, pero no sé nada más de él.
— Se supone que un médico debería saber SOLO eso. — La miró con angustia. — ¿Qué haces con él? ¿Qué locura quieres cometer?
—… Una muy grande, Kisara. — Se tornó seria. — Y tiene que ver con Gozaburo Kaiba.
La expresión de su amiga se horrorizó. Ella estaba al tanto de quién era ese hombre, gracias a él, Seto la había dejado y ahora era un asesino. Se calmó para congelar sus nervios y miró a Anzu aún con miedo en sus ojos.
— ¿Qué piensas hacer?
— Tú entra a este hombre al departamento. — Pidió mientras se ajustaba el gorro para no dejar escapar ningún mechón de su cabello. — Y yo me desharé de esta camioneta.
Ella asintió.
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— ¿Cómo qué no lograron matarlo? — Vociferó furioso el hombre. — ¡¿Cómo es posible?!
— Se lo llevaron, Kaiba-sama. Alguien que conocía muy bien nuestros planes.
—… ¿Acaso hay un espía en esta organización?
— Quien sabe. — Comentó con indiferencia Seto. — Además, es probable que quién se haya llevado a Atem Muto, es alguien que trabaja allí, por lo tanto no levantó sospechas. — Gozaburo el dirigió una mirada furibunda al joven, quien ni se inmutó.
—… Es más hábil de lo que creí. No solo sobrevivió, sino que está libre ahora. Además, con Mai Muto muerta, él es el único heredero que queda para la hacienda El Nilo. Búsquenlo, y mátenlo. No es tan difícil.
— Pero no sabemos dónde está. — Dijo su mano derecha, Tenma.
— No es mi problema. — Ladró con irritación. — Quiero que le metan un tiro en la cabeza a él, y a la persona que lo ayudó a escapar. ¿Entendido?
Todos asintieron. Seto no pudo evitar sentir que las cosas terminarían mal para él.
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A la mañana siguiente…
— Anzu, ya llegué. — Su amiga quiso reírse de la castaña.
Anzu dormía al lado del paciente con una expresión cansada. No pudo evitar suspirar. La ojiazul de cabellos cafés no se merecía esto.
— Anzu, despierta. — Le tocó el hombro, logrando que esta pegara un brinco. — ¡Tranquila, soy yo! — Se rió. — Te traje un café.
—… Gracias. — Se frotó los ojos para luego tomar el estetoscopio y revisar al tricolor. —… Parece estable.
— Que bien. — Sonrió con ternura. Sabía que este tema era delicado, pero necesitaba saber. Se sentó al lado de su amiga. —… Anzu. Yo… Quiero saber algo de suma importancia. — La castaña la miró. —… ¿Quién…? ¿Quién intentó matarlo?
—…— Apartó sus ojos de ella. — Los hombres de Kaiba.
—… ¿Fue Seto? — Sus ojos se llenaron de lágrimas. Anzu le devolvió la mirada. Ella también estaba a punto de llorar. —… Lo sabía. — Miró sus manos que sostenían el café de la joven.
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— ¡Atem está vivo! — Gritó llegando Yugi con una sonrisa.
Jonouchi, que se estaba preparando para salir, se giró abruptamente para verlo llegar con Rebecca.
—… Yugi… ¿Qué dijiste?
— Que…— Jadeó. — Atem está vivo. — Sonrió. — Está vivo.
—… ¿Y Mai?
La sonrisa del pequeño desapareció y Rebecca hizo una mueca.
—… Encontraron a Mai viva, pero tenía quemaduras por todo el cuerpo, estuvo muy grave… Para cuando la llevaron al hospital, no lo soportó más y…
Jonouchi cerró los ojos. El dolor no le cabía en el pecho, su corazón pareció dejar de latir con esas palabras. La vida definitivamente era cruel con los Muto. ¿Por qué ahora? Si Atem se enteraba… Él definitivamente no podría continuar.
—… ¿Dijiste que Atem está vivo?
— Sí. Pero… Desapareció. — El rubio frunció el ceño. — Cuando lo estabilizaron, avisaron que anoche unos hombres armados llegaron, y que él había desaparecido.
—… Lo más probable es que esté con esos miserables. — Guardó sus armas en los bolsillos interiores de su abrigo. — Y yo lo voy a recuperar.
—… Jou…
— Yugi… Dile a mi hermana que volveré. — Sonrió con tristeza. — Pero tengo que ir. Ya fue muy cobarde mi parte no haber ido yo, que soy el padre de mi hija. Fue Atem, maldición. — Apretó los puños. —… Fue él… Y pagó por mi error. Es por eso que iré… Cuídense, no confíen en NADIE. Y batallen con TODO lo que tienen.
Yugi asintió mientras tomaba fervientemente la mano de Rebecca.
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Anzu salió de la ducha. Necesitaba un baño para calmarse. Maldición, estaba tan cansada, pero debía seguir adelante. No podía permitir que Kaiba hiciera más daño. Todo el cariño que le tuvo a esa familia había desaparecido como si una ráfaga se lo hubiera llevado. Suspiró con pesadez cuando se colocó la bata y entró a su habitación.
— ¡Ah! — Pegó un grito cuando vio que el joven que reposaba en su cama estaba despierto, mirándola con interés desorientado. Se sonrojó, avergonzada y molesta. ¡Por Dios, estaba con una bata solamente! —… Pudiste haber sido más cordial y decir que estabas despierto, ¿sabes?
—… Perdón. — Dijo con la voz cansada. No lo culpaba, un segundo estuvo a punto de morir y luego estaba despierto como si nada. —… ¿Dónde estoy? ¿Y quién eres tú?
— Soy la doctora Anzu Mazaki. — Le sonrió.
—… ¿Doctora? — Repitió. —… Pero debes tener mi edad, es imposible.
— Es posible cuando no eres como los demás. — Fue al baño a vestirse. — Me pagaron desde muy pequeña la posibilidad de ser doctora, por lo tanto pude. Es extraño, y por eso no tienes mucha vida social, pero lo soy. — Terminó de colocarse sus jeans y su blusa. Salió para ver que el chico trataba de levantarse. — ¡No! ¡No te incorpores! Debes seguir en reposo. — Le pidió mientras lo acomodaba nuevamente en su cama. Atem soltó una maldición.
—… ¿Dónde estoy?
— En un lugar seguro. Confía en mí y en mis habilidades. — Trató de reconfortarlo.
—… Insisto que no pareces doctora. — Comentó aún con los ojos cansados. Estos luchaban para seguir abiertos. Anzu se rió un poco.
— Pero te aseguro que lo soy. — Se tornó seria. —… Ahora, pido que me digas tu nombre.
—…— La miró directamente a los ojos. Juró que anoche soñó con unos ojos zafiros como esos. —… ¿Qué pasó?
— Concéntrate. — Le pidió con voz suave. — Dime tu nombre. Te prometo que una vez que lo recuerdes, todo tendrá sentido en tu mente.
—…— Siguió mirándola hasta que se movió un poco. —… Soy Atem Muto. — Anzu no sabía si alegrase porque no daba indicios de amnesia o escandalizarse aún más porque seguía siendo enemigo de Kaiba.
— Es buena señal. — Se puso el estetoscopio y revisó los latidos de su corazón. — Pareces mejor de lo que esperaba.
—… ¿Qué pasó?
— Tuviste… Un accidente. — Se mordió el labio. — Un accidente en una avioneta.
El abrió más los ojos con sobresalto.
-F-l-a-s-h—B-a-c-k-
— ¡¿Qué demonios…?!
Un estruendo y una explosión cegó su vista en unos segundos junto con un incesante dolor en algunos sectores de su cuerpo.
— ¡Mai!
La avioneta se partió en dos, dejando un espacio que provocó que el chico cayera.
-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-
Mai…
Dios, Mai…
— ¿Recuerdas el accidente?
—… ¿Dónde está mi hermana? — Musitó para luego mirarla. — ¿Dónde está Mai…?
— Tra-Tranquilo, por favor…-
— ¡¿Dónde está Mai?! — Trató de levantarse a pesar del dolor.
— ¡Atem, por favor! — Lo agarró de los brazos. — Cálmate, de lo contrario te pondrás peor. — El tricolor la miró directamente a los ojos. — Te prometo, que traeré noticias de tu hermana.
—… Mai… Mai…— Susurraba consternado.
— Voy a buscarla, ¿sí? Descansa.
Atem se rindió, no tenía fuerzas para discutir con esa joven. Cerró los ojos con fuerza, con la angustia invadiendo su pecho. Anzu le inyectó un calmante y se sentó a su lado.
— Esto te ayudará a dormir mejor, ¿sí?
Él ya no dijo nada más… No podía ni tenía sentido hacerlo.
Solo quería saber de su hermana.
. . .
Anzu fue a trabajar un corto período con el fin de que no sospecharan de ella, así que cuando volvió, fue recibida por Kisara.
— Tengo la información de Mai Muto. — Anzu la miró con una sonrisa cansada. — Aunque claro, te la daré cuando comas. — Le extendió una bandeja. Tenía un jugo de frambuesa con un par de sándwiches. La ojiazul de cabellos oscuros se rió.
— Te lo agradezco, Kisara. — Se sentaron en el comedor y comenzó a comer. — ¿Qué pasó con Mai Muto?
Kisara se tornó seria.
—… Pasó algo muy raro en esa clínica de especialistas, Anzu.
La castaña le miró, confundida.
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Gozaburo sonrió.
— Así que él está aquí. Ahora todo tiene sentido, el por qué desapareció Atem y Mai Muto. — Seto y Tenma lo miraban fríamente mientras escuchaban. — Muy bien, Seto… Tendrás el honor de matar a ese hombre tú solo.
— ¿De quién se trata?
— No tienes por qué saberlo. — Se rió con crueldad. — Solo mátalo, y todos seremos felices.
Él asintió. No tenía que ser nadie en especial.
. . .
Anzu pegó un brinco cuando abrió la puerta de su habitación y recibió el cuerpo de Atem cayendo en sus brazos.
— ¡¿Qué haces, Atem?! No puedes moverte. — Lo ayudó a mantenerse de pie sujetándolo de los brazos. — No puedes, ni debes…-
—… Déjame ir. Los voy a matar. Uno por uno, ¡los voy a matar! — Trató de quitarla del camino, pero Anzu rodeó su torso con sus brazos.
— ¡Ni hablar! No irás a ningún lado. Sobreviviste por suerte, ¡por Dios! Deberías estar consciente que así ni siquiera llegarás al primer piso de este edificio. — Atem tensó la mandíbula.
—… Pero ellos… Pero ellos mataron a Mai…— Anzu gimió de dolor. El chico sujetaba con fuerza sus muñecas para apartarla. Tenía demasiada fuerza.
—… No, no es así…-
Atem la apartó con fuerza y ella se tambaleó. El tricolor se mareó y cayó sentado en la cama.
—… Si dices ser tan "antisocial" como dijiste… No podrías entender lo que se siente perder a las personas que amas… Perdí a mi hermana y mi sobrina… ¿Sabes lo que se siente…?
—…— Por su mente cruzaron Mokuba y Noah, provocando un escalofrío en su espina dorsal. —… Y-Yo…-
— ¡NO LO SABES! — Le gritó mirándola directamente a los ojos. Sus ojos violetas ardían de ira y sufrimiento. — ¡¿TU QUÉ MIERDA PODRÍAS ENTENDER?! Para ti, con tal de que un cuerpo respire es más que suficiente, pero no les interesa si esa persona quiere seguir viviendo o no. Si hubiese sabido que me quitarían a mi hermana y a mi sobrina…— Apretó los puños. — ¡HUBIESE PREFERIDO MORIR A QUE TÚ ME SALVARAS!
Anzu le siguió mirando, esta vez con lágrimas en los ojos. Él no podría entender su situación.
Mokuba.
Noah.
Seto.
Kisara.
Gozaburo.
Apartó sus ojos de él, porque estaba obviamente ofendida por su prejuicio. Ella velaba por la vida de los demás. Ella respetaba cuando se trataba de mentes suicidas.
No por algo su madre se quitó la vida y ella la descubrió muerta en su habitación.
Atem se dio cuenta del dolor que causó en el semblante de la joven doctora. Sus ojos azules se humedecieron y brillaron por las lágrimas, pero mantuvo una expresión fría. Pero no tenía por qué disculparse, ella tampoco sabía por lo que él había pasado.
—…— Iba a abrir la boca para agregar o descartar algo, pero Anzu se le adelantó.
— Mai no está muerta. — Él abrió los ojos con sorpresa. — Está viva, pero no tengo mucha información de ella, solo sé que desapareció de la clínica al igual que tú.
—… Pero el periódico que está allí. — Señaló el velador donde reposaba el objeto. — Dice que murió quemada. — La miró acusatoriamente con el ceño fruncido.
—…— Frunció el ceño. — Se nota que provienes de una zona llanera. — Suspiró. — Por si no lo sabías, los periódicos no siempre dicen la verdad. Solo dicen lo que les conviene. — Se cruzó de brazos para sentarse en frente de él. — Así que te aseguro de que ella no está muerta. Te pusiste peor por el shock en el que te encuentras. — Sacó del cajón unas pastillas. Se las ofreció sin mirarlo. — Toma una. — Ordenó. — Lo único bueno de esto es que te recuperas con facilidad y rapidez.
—…— No tenía mucho que decir. Anzu fue amable hasta que metió la pata con las cosas que había dicho. Ahora era una simple doctora fría que simplemente lo atendía en su departamento. Un momento… ¿Por qué…?— ¿Por qué no estoy en un hospital?
—…— Finalmente lo miró, mostrando cierto malestar en su persona. —… Porque quise protegerte.
—… ¿De qué? ¿Por qué? A ti no te conozco. — Frunció el ceño.
—… Cuando te salvé y te dejé en tu habitación, llegaron unos hombres armados al hospital con claras intenciones.
— Matarme.
— Sí. — Cerró los ojos unos segundos y volvió a mirarlo. — Honestamente fue casualidad atenderte, pero luego de darme cuenta de qué pasaba, te traje aquí.
—… Ya veo… Quisieron matarme a mí, y a Mai. No fue ningún accidente el que la avioneta se partiera.
—… Concuerdo contigo…— Atem la miró. — Es decir, ¿cómo de un segundo a otro una avioneta se parte en dos?
—… Lo hicieron para matarnos.
. . .
Seto entró a la habitación del hotel con sigilo. Vio el bulto que descansaba en la cama y sacó una soga.
—…— Estaba a punto de agarrarlo cuando sintió una presencia a sus espaldas, luego un rodillazo en su columna, haciéndolo caer en la cama.
La silueta le apuntó con un arma.
— No me sorprende que me mandaran a matar. — Escuchó una voz familiar.
—…— No podía ser. Lo habían mandado a matar un conocido. —… Jonouchi.
El rubio, al oír esa voz, se paralizó. Prendió las luces y lo miró de frente.
—… Seto Kaiba. — Murmuró con sorpresa, aunque luego se convirtió la sorpresa en rabia. — ¡¿Cómo te atreves a venir a matarme cuando te salvé años atrás?!
—… No sabía que eras tú. Solo me dijeron que te matara, nada más.
— ¡¿Cómo puedo creerte?!
— No es mi problema que me creas.
—… ¿Tuviste algo que ver con la avioneta?
— ¿Qué tiene que ver contigo eso?
—…— Presionó el arma en la frente del castaño, aunque este ni se inmutó. — Allí, estaba mi mujer y su hermano, que es mi mejor amigo, maldito bastardo.
—… ¿Mai es tu mujer?
—… Lo era. Porque ahora está muerta. — Bajó el arma en un descuido.
Sin embargo, Seto no se aprovechó de la situación. Hace años, él estuvo a punto de morir en el llano, pero Jonouchi lo había salvado. Si bien eran amigos que no se llevaban bien, seguían siendo compañeros.
—… Yo a ti te debo la vida, Katsuya. — Se incorporó y lo miró. — Y por eso, te ayudaré y te diré algo que nos beneficie a ambos.
El rubio lo miró.
. . .
— Mai y yo nos criamos por separado. Mi madre cuidó de mí y de mi hermano Yugi en el llano y mi padre crio a mi hermana en la ciudad. Hasta que cumplí 16, no supe de su existencia. Me enteré cuando mi padre falleció por estar enfermo del corazón. — Anzu le escuchaba atenta. Él la miró unos segundos para volver a mirar sus manos, recordando todas las veces que estuvieron bañadas de sangre. — Hasta ese entonces, mi madre era la dueña de la hacienda El Nilo. Yo era el heredero, hasta que Mai vino porque no tenía a donde ir. En un principio la odié. — Sonrió con tristeza. — Pero me acerqué más a ella gracias a Jonouchi.
—… ¿Jonouchi?
— Un amigo de infancia. — Sonrió con melancolía. — Él se enamoró de ella y apenas cumplieron los 18, se casaron. — Anzu estaba impactada, no podía creer que hicieran una locura como esa. — O al menos… Eso quisieron. — Atem apretó los puños. — El día de la boda, Mai fue acusada de cargos falsos, como torturas, la muerte de Esmeralda…-
— ¿Quién es Esmeralda?
El tricolor se quiso morder la lengua. Había hablado de más. Ese tema…
No lo habla nadie, y el hecho de que lo haya mencionado, había sido sin querer.
—… Una amiga muy cercana, pero murió. — Cerró los ojos con fuerza, sintiendo un sabor amargo en la boca.
Anzu hizo una mueca, tocó un hilo sensible de su persona.
—… En fin, como la justicia del pueblo era una mierda, no pudieron hacer nada en la defensa de Mai. Así que tuvimos que huir. Jonouchi, Mai, Yugi, Honda, Rebecca, Shizuka y yo. Pero en ese período de huida, también asesinaron a mi madre. — Suspiró. — Fueron unos malditos bastardos que se hacían llamar nuestros amigos, pero solo jugaron con nosotros porque querían quedarse con la hacienda.
—… ¿Por qué El Nilo es tan importante? — Atem la miró.
—… Porque esa hacienda… Posee petróleo. Como lo llaman ellos, el oro negro.
— Dios mío…— Tanta muerte… ¿Por petróleo? Si bien sabía que era codiciado por el país, y sobre todo por Gozaburo Kaiba… Entonces, las piezas encajaron. —… Tú eras el heredero, tu hermana…
— Nos quisieron quitar del camino. Por esa razón… Estoy aquí… Mai… Y mi sobrina…
—… Te dejaré descansar, tienes que recuperarte pronto e ir a buscarlas.
—… Gracias, Anzu. — Se relajó un poco. La joven no era peligrosa, así que decidió calmarse con su presencia.
Ella le sonrió un poco y salió de la habitación.
Atem se permitió dejar caer en la cama. Estaba devastado, no eran las heridas externas… No lo eran…
Era el dolor de perder tantas personas…
Dios, nunca conoció a su padre, pero su madre siempre le dijo lo bueno que fue, si se separaron fue porque fueron amenazados de muerte para ello.
Bakura se llamaba su "amigo"… Maldito infeliz… Había secuestrado a la hija de Mai… A una bebé de tan solo un mes, ¡maldita sea…!
Y Esmeralda…
Se llevó la mano hacia su rostro. Como detestaba recordar eso. Pero le era inevitable. Ella fue su amiga, su hermana, su madre, su delirio, su dolor, su rabia, su condena.
El amor de su vida.
Ella lo fue todo.
Y Bakura la había matado.
-H-a-c-e—C-i-n-c-o—M-e-s-e-s-
La joven de cabellos largos, negros y ojos azules apuntó con la escopeta al hombre. Disparó sin vacilar y corrió hacia la persona que yacía en el suelo.
— ¡Atem! ¿Te encuentras bien? — Lo levantó un poco y recostó su cabeza en su regazo.
El ojivioleta abrió con esfuerzo los ojos. Le habían disparado en el hombro, y pudo haber muerto, de no ser porque ella llegó. Sonrió con dolor.
— ¿Te parece que lo estoy?
Ella se rió con suavidad mientras se rompía la camisa para envolver su herida.
— Te llevaré a casa de Jonouchi para que te curen, yo tengo algo que hacer…— Su expresión se tornó seria. —… Y cuando lo haga, te diré algo que desconoces.
—… ¿Qué es? — Esmeralda sonrió y acarició su cabello.
— Es sobre Bakura. — El tricolor frunció el ceño. ¿Qué tenía que ver su amigo en esto? —… Pero no estoy segura, si lo confirmo… Te lo diré todo.
Él asintió.
-.-.-.-.-.-.-.-.-
Pero ella nunca volvió, cuando él apenas pudo ponerse de pie la fue a buscar, y encontraron su cadáver cerca del pantano. Su pecho tenía espantosas marcas, junto con sus brazos ensangrentados. La habían dejado allí con las venas abiertas para que muriera allí, ensangrentada, sin poder moverse.
Cuando revisaron los golpes, marcas, incluso mordidas en su cuerpo junto con señales de puñaladas y cortadas, la realidad lo golpeó.
La habían violado antes de morir.
Él era de esos tipos que no lloraban, que a pesar de todo, hacían lo imposible para mantenerse al margen de la situación. Pero la muerte de Esmeralda le había causado tanto dolor, que hasta el día de hoy aún no se recuperaba de ello. Primera y última vez que lloró por alguien, ella nunca mereció algo así. Esmeralda fue el pilar principal de su vida, una joven que había sufrido mucho por el abandono de sus padres, así que se había criado con él y con Yugi. Cuando crecieron, se dio cuenta de lo que tenía en frente, y jamás se sintió tan dichoso cuando ella también correspondió sus sentimientos. Incluso fue ella quien le convenció de dejar el estúpido odio que sintió por Mai al principio.
Porque Esmeralda fue la mejor amiga de Mai cuando llegó a la hacienda.
Y si había alguien que comprendía su dolor de haberla perdido, era su hermana.
Y por eso la rubia se había convertido en un pilar importante en su vida también, porque lo hacía seguir adelante.
"Esmeralda no hubiese querido verte así."
Sonrió con tristeza. Siempre le decía eso cuando le daban ganas de tirar todo a la mierda. Estaba seguro, que si Esmeralda estuviese en este momento, hubiera evitado el secuestro de la hija de Mai.
—… No tienes idea de cuánto te necesito ahora. — Murmuró al aire.
"Es sobre Bakura."
Bakura. El maldito infeliz que fue su "amigo".
Pero él lo sabía.
Comprendía todo.
Bakura estaba detrás de algo grande, entre eso, unos hombres que querían matarlo a él y a Mai, de quién no tenía noticias.
Estaba seguro que había sido él quien secuestró a su sobrina.
Y apostaría su vida…
De que fue ÉL quien abusó de Esmeralda y la asesinó.
Tensó la mandíbula.
No descansaría en paz… No podía morir…
Porque lo mataría primero.
Continuará…
CHAN CHAN CHAAAAAAAN! El pasado de Atem ha sido revelado, junto con recuerdos muy dolorosos. Estoy seguro que algunos de ustedes conocen a Esmeralda. Es mi OC que pertenece al fic "Una Decisión", para quienes no lo conocen, léanlo si quieren, les dejo el summary:
"Siempre correrá odio por tus venas, faraón. Todo a causa de tu mujer". Esas fueron las últimas palabras de Dartz... Él nunca imaginó que estuvo casado con la mujer que creó el Sello de Orichalcos... Ahora tenía que elegir... Entre su primer amor, que lo hizo caer en la oscuridad... O su destino y luz, que lo guió y protegió de las sombras... Una Decisión. (OCXAtemXAnzu)
Algunos notarán que en este fic Esmeralda es muy diferente a "Una Decisión", es porque en este fic ella es buena, se podría decir que es su personalidad de "qué hubiera pasado" si no hubiera pasado por cosas tan traumáticas y sufribles como esas. Aquí no es la excepción, pero aquí desde niña se crió como parte de la familia de Atem.
Les digo enseguida que Atem no confundiría a Anzu con Esmeralda, primero, porque son muy diferentes, segundo, porque es muy cliché que el protagonista haya amado a alguien y que en medio del dolor se imagine a esa chica en la otra que lo ama, es como "Ugh…", me desagrada xD Y tercero, esto es REVOLUTION/VANISH SHIPPING PURO! Así que todo está bien, sin mencionar que habrá muchas muertes, entre ellas las de los personajes principales (No solo son Atem&Anzu) Así que prepárense para llorar XD Bueno, espero que les haya gustado.
Rossana's Mind.
