Hola, chicos! Volviendo con este fic tan bueno, les recuerdo que la idea no me pertenece, me inspiré de una novela llamada La Tormenta, que por cierto le hice muchísimas modificaciones, pues en realidad, los personajes tienen roles completamente OC.

Si son de los que les encanta leer, o ver historias que aunque sean sufridas pero que tengan un romance que valgan la pena, les recomiendo esta, es para morirse de un ataque al corazón con cada cosa que pasa XD

Vayamos al capítulo!

Capítulo 3: Tensión.

—… Cuando huimos de la hacienda, del pueblo y dejando a mi madre atrás, creímos que así a ella no la tocarían, pero cuando volví, me dieron la noticia de su muerte.

—…— Anzu le escuchaba atenta. — Debió ser horrible.

—… Lo fue. Agradezco no haber visto su cadáver, no creo haberlo soportado.

—…— Cerró con fuerza los ojos, recordando el suicidio de su madre y el asesinato de esos dos pequeños les partía el alma. —… Comprendo lo que es perder a una madre.

—… ¿Qué le sucedió?

La castaña hubiese querido decirle que no le gustaba hablar del tema, pero honestamente, este chico le estaba contando cosas que quizás jamás había compartido con nadie, y ella tampoco compartía su dolor con las personas que quería, así que un poco de desahogo no le vendría mal.

—… Mi padre la causó un daño tan grande, que ella no pudo soportarlo. — Sonrió con tristeza. — Y se quitó la vida. Yo volvía de la escuela de medicina cuando la encontré… muerta. — Se mordió el labio.

—… Lo siento.

— También yo. — Él le sonrió un poco, transmitiéndole su malestar. Ella le agradeció la comprensión. —… ¿Tu hermana estaba embarazada cuando huyeron?

—…— Dejó de sonreír y miró sus manos. — Sí. Lo estaba, Jonouchi estaba angustiado de esta huida. Trataron de matarnos muchas veces, y casi siempre pensábamos que sería nuestro fin, pero logramos salir adelante. Miles de bastardos… Queriendo matarnos solo… Por petróleo.

—… Pues sí. Estaríamos hablando de una fortuna.

— Así es. — La miró con melancolía. — Solo por dinero… Mi vida se hizo pedazos.

Kaiba.

Maldito Kaiba. Ese miserable que solo quería poder, utilizando a Seto mediante las amenazas de que podrían hacerle algo a Kisara. Lo usaban como a un títere.

—… ¿Crees que la bebé esté bien? Digo, era una recién nacida…

— Las circunstancias de su nacimiento no fueron las mejores. Mai tuvo que dar a luz a su hija en medio de la sabana, acompañada de Jonouchi mientras yo y los demás tratábamos de evitar que los encontraran. — Sonrió con tristeza. — Yo… Me siento tan sucio como esos miserables. He matado a tantas personas que ya ni siquiera recuerdo la cantidad… Siempre tuve y tendré las manos manchadas de sangre. No me siento mejor que ellos.

—… Lo hiciste para protegerlos. — Lo miró con dolor. — Yo también… Sería capaz de matar a las personas que quieren hacerle daño a la gente que amo. No eres inferior a ellos, tampoco eres como ellos. Son momentos de instinto, no puedes evitarlo. Mucho menos cuando eres criado en esas zonas, desde que eres un niño debes saber cuidarte si no quieres morir, ¿verdad?

—…— La miró en silencio varios segundos. —… Pues sí. Yo… Estoy seguro de que encontraré a Mai, ahora que me has dicho que está viva… Sé que podré hacerlo, porque ella resistirá, ella es fuerte. Siempre lo ha sido. Nunca cuestionó mis decisiones, tampoco lo que podríamos afrontar. Siempre me siguió, al lado de Jonouchi. Nunca se rindió, aún menos cuando tuvo a su niña, estaba débil luego del parto y aun así… Resistió.

—… ¿Sabes quién se la llevó? ¿Algunos de esos hombres mafiosos o…?

—… No. — Su rostro cambio, frunció el ceño y sus ojos oscurecieron del rencor. — Fue… Una persona que jamás creí que nos traicionaría de esa manera por dinero.

—…

— Fue uno de mis mejores amigos, Bakura.

— "Bakura-kun…"

—… Yo… Lo odié cuando destrozó mi vida de tal manera que jamás creí que volvería a respirar, pero cuando se llevó a mi sobrina… Fue como si me hubiesen arrancado el corazón. Estoy… muerto en vida.

—… Pero… Eso es horrible…— Negó con la cabeza. No podía procesar la situación, su cabeza daba vueltas. Tantas personas que ella y él quisieron se volvieron unos traidores.

—… Miserables, mentirosos, hipócritas. — Suspiró, controlando su ira.

El recuerdo de Esmeralda era como una herida abierta que jamás se cerraría.

—… Admito que… Quiero encontrar a Bakura y matarlo con mis propias manos. — Anzu no dijo nada, no lo juzgaría. No estaba segura si ella sería capaz de eso, pero Atem había pasado por muchísimo dolor. Tanto, que ya ni le importaba ser un asesino. — Porque él me arrebató todo lo que más amé en mi vida.

—… Tienes a tu hermana y a gente que te espera en tu hacienda. No puedes rendirte ahora.

Atem la miró.

-F-l-a-s-h—B-a-c-k-

El joven estaba sentado en la hierba seca que quemaba el fuerte sol, pero a él no le importaba, miraba con melancolía el río. Tenía unas espantosas ganas de lanzarse y morir.

Se había enterado recientemente de la verdad.

No te atrevas a hacer lo que estoy pensando.

No se giró, esperó a que Mai se sentara a su lado.

Escucha, Atem… Sé que es difícil…

¡No lo sabes! — La miró con impotencia y un sufrimiento tan profundo que su hermana entrecerró la mirada, incapaz de verlo así, y miró sus puños apretados. — Yo… Como un imbécil… Le confié todos mis secretos y planes a Bakura… Y ahora me entero que…

—… Puede ser un maldito bastardo, pero no es seguro que él le haya hecho eso a Esmeralda…-

Lo es. Es verdad… Cuando me lo encontré, lo encontré asesinando a un hombre de la misma forma que lo hizo con ella. Lo apuñalaron y le cortaron las venas como ella.

—…

—… Les aseguré la muerte a muchas personas… Y yo nunca lo supe. — Se abrazó las piernas. La muerte de la joven de cabellos negros le atormentaba como un fantasma. Tenía pesadillas y gritaba en medio de ellas, suplicando que ella despertara, que estuviera viva.

—… Esmeralda no hubiese querido que estuvieras así.

—…— La miró. Mai tenía los ojos llorosos, la pelinegra fue su mejor amiga, su pilar de apoyo, pero ya no estaba. Estaban ambos derrumbados. Sin embargo, los ojos violetas de la joven brillaban con determinación.

Ella hubiese querido que siguiéramos luchando, que hiciéramos justicia, que limpiáramos las tumbas de cada víctima.

Atem le siguió mirando en silencio.

Debes seguir por ella, por mí, por Jonouchi, por…— Se llevó ambas manos a su vientre aun plano. —… No puedes retroceder, ya tomaste este camino. Afronta las consecuencias de tus decisiones.

-E-n-d-s-

— Atem. — Regresó a la realidad. — No te preocupes, yo… Yo te voy a ayudar. Lo prometo, haré lo que sea que esté a mi alcance para hacerlo. Tienes que reponerte y salir de aquí.

— Eso es lo que quiero pero…— Cerró los ojos con fuerza y los abrió mientras tocaba sus vendas. — No sé si para ese entonces, las encuentre con vida.

— No desistas ahora, tienes que seguir.

— ¡No podré hacerlo sin…!

— TIENES que hacerlo. — Le interrumpió. Sus puños se apretaron.

Noah.

Mokuba.

—… Todos hemos perdido personas amadas. Y aun así seguimos paradas, mirando hacia adelante. — Frunció el ceño. — Así es la vida.

— Así NO es la vida. No lo digas de esa forma. No sabes lo que es poner todo en juego. — Se incorporó un poco. — ¿Ves esto? — Le mostró cicatrices de balas y heridas de armas blancas que estaban en su pecho y brazos. — Recibí una vez siete balazos, y sobreviví, todo con tal de proteger a las personas que uno ama. — Ambos se desafiaron con la mirada. — Tú no entenderías lo que es amar tanto a personas que de verdad valen la pena dar la vida. Aunque el peligro nos persigue, y la muerte nos atrape, uno podría morir en paz… Porque pudiste protegerlos.

— ¡Pues lamento decirte…!— Se puso de pie. — ¡Que yo no he tenido la bendición de ser amada de esa forma! ¡Ni tampoco he podido llegar a tiempo de proteger…!— Su voz se quebró.

Maldita sea, ¡cómo dolía!

Ella no pudo proteger a esas criaturas.

Porque fue débil.

Porque no se había dado cuenta a tiempo.

No llegó a tiempo.

Con su madre tampoco.

Nunca pudo.

Cerró los ojos con fuerza mientras se llevaba una mano fría su frente que hervía del estrés y un poco de fiebre.

—… Anzu…-

Leves golpes en la puerta los interrumpieron. Anzu suspiró mientras volvía a reponer su mirada profesional entre paciente y médico. Ese chico estaba logrando que su alma se abriera y si continuaba así, terminaría siendo descubierta y destrozada en el proceso.

—… Pasa, Kisara.

La joven de cabellos plateados entró. Agradeció que fuera la única en escuchar que Anzu había levantado la voz. Estuvo a punto de confesar algo que no debía saber NADIE. Mucho menos el chico de allí, que lograba doblegar el corazón de la pobre castaña.

—… Tienes visitas, Anzu.

—… No estoy para recibir a nadie. — Contestó molesta. No estaba de humor para nada.

—… Es importante, Anzu. — Su voz tembló, llamando la atención de su amiga. —… Ve.

Ella se le quedó mirando unos segundos hasta que accedió y salió de la habitación. Kisara observó a Atem, y este le devolvió la mirada con confusión. La ojiazul le miró con tristeza y un poco de rabia.

—… No sabes de qué hablas.

— ¿Qué?

—… Dije, que no sabes de qué hablas. Tú no entiendes, y ojalá que no lo hagas, pero te recomiendo que mejor cierres la boca cuando quieras decirle esas cosas a Anzu. Aunque no lo parezca, es más frágil de lo que aparenta.

Dicho esto, Kisara abandonó la habitación, dejando al chico reflexionando.

¿Qué demonios pasaba con él?

Desde la traición de Bakura, se prometió que jamás se abriría con extraños, y ahora conocía a esa doctora y le contaba toda su historia como su fuese de la mayor confianza. Aunque ella también le confesó algo profundo y fuerte: Un suicidio.

—… Debió ser doloroso. — Murmuró.

.

.

.

Anzu se paralizó, su corazón comenzó a bombear con tanta fuerza que temía que su visita escuchara sus latidos.

—… Kaiba. — Escupió el apellido con desdén.

El hombre con bigote se giró y la miró.

— Tú y yo debemos hablar, Anzu.

.

.

.

— Así que tu padre… ¿Hizo todo esto? Seto, creí que tú…

— Tengo las manos atadas, idiota. — Seto le miró con mala cara. — Tuve que sacrificar a dos personas por salvar a otras dos que aprecio mucho, hasta daría mi vida por ellas.

—… Pero tu padre…

— Ni me recuerdes que ese hijo de perra es mi padre, a él tampoco le gusta recordarlo. — Se sentó en la cama. — Es mi trabajo para protegerles. Hago mi trabajo sin discutir, sin preguntar, y te ganas un centenar de billetes que me dejan aún más vacío.

—… ¿Qué más sabes de la organización o mafia? Como sea. — El rubio chasqueó la lengua.

— Ese maldito es más ambicioso que cualquiera, no tiene enemigos, porque a todos los mata. Es simple y ya. Gozaburo Kaiba… Un maldito hijo de puta, es lo que es. Y no perdona la traición. Así que cuando se entere de que te di esta información, siendo su hijo o no, terminaré tres metros bajo tierra, al igual que tú.

— No tiene por qué enterarse.

— Tiene oídos y ojos por doquier. Lo conozco bien, pero no sus movimientos, confía más en Tenma, un imbécil que es su mano derecha. Hay hombres aquí, esperando a que traiga tu cabeza llena de piojos a la mesa de Gozaburo.

— ¡No tengo piojos, maldito bastardo!

— Mmph. — Sonrió con arrogancia. Jonouchi no pudo evitar sonreír un poco. Extrañaba esas peleas.

— Y… ¿Me matarás? — Se cruzó de brazos.

—… No. — Suspiró. — Te debo la vida, es lo mínimo que debería hacer por un idiota como tú. Pero estoy en peligro, es el segundo trabajo que no he podido cumplir. Y al parecer, es al amiguito que estás buscando.

—… ¿A Atem?

— Sí, un hombre lo sacó de allí. — Dijo, recordando una sombra vestida de negro con una gorra. — Se lo llevaron en una ambulancia. Muy astuto, quien quiera que haya sido.

—… ¿No me estás mintiendo verdad?

— Ese chico no está en sus manos, Jou. Al menos, no por el momento. Si te digo esto, es porque ahora todos corremos peligro. Dime, ¿por qué quisieron matar a tu mujer y a ese tal Atem?

—… Son Mutos. Son herederos de El Nilo. Una hacienda que por debajo tiene una gran cantidad de petróleo.

— ¡Ja! — Se rió sin ganas. — Ahora todo tiene sentido. — Se rió con ironía mientras se ponía de pie.

—… Ayúdame, Seto. — El castaño le miró, indiferente, como siempre. — Sabes cada cosa que pasa, podrías ayudarme, y de paso, ser libre junto con las personas que quieres proteger.

—… Bien. — Sonrió con maldad.

Su padre le pagaría cada una de las cosas que hizo.

.

.

.

— Anzu, me has tratado de forma muy dura. ¿Acaso tu madre te dijo…?

— No te atrevas a mencionar a mi madre, Gozaburo. Es un tema prohibido, tú lo sabes. Además, tarde o temprano tendría que enterarme. — Se encogió de hombros y le sonrió cínicamente. — El temblor de todas las personas que te ven, tus hombres armados… Seto. Todo está claro.

— Es el poder que poseo, es normal que provoque respeto y a la vez enemistades. Soy un hombre honrado, de lo único que me siento decepcionado fue hacerte médico y que tú lo valores tan poco. — Anzu soltó una carcajada seca y sarcástica.

— Esa en MI línea, Kaiba. — Se cruzó de brazos. — Me hice médico por tus billetes manchados de sangre. ¿Honor? Eso lo dices de la boca para afuera. Tu respuesta no me sorprende. ¡Solo mierda sale de tu boca!

— ¡Anzu! ¡Me ofende que me hables de esa manera!

— ¡¿Te ofende?! — Soltó un resoplido. — Debería darte vergüenza, y ganas de matarte por quitarle la vida a dos niños inocentes. — Susurró, entrecerrando la mirada. Gozaburo la miró, horrorizado. — Tú tuviste que ver con la muerte de Noah y de Mokuba, ¿no es así?

— La tragedia de ellos no tiene por qué…

— Claro que sí, porque a pesar de ser niños, fueron listos, te descubrieron, no se dejaron manejar por ti. Eres jefe de una organización criminal. De la mafia. — Apretó los puños. — Y estás utilizando a tu propio hijo, a quien lo tienes amenazado con la mujer que ama… ¿Cómo puedes hacerle esto a Seto y a Kisara? — Sus ojos azules destilaban furia.

— Por Dios, Anzu. Esa mujerzuela es lo que es. Una arrastrada, y Seto se dio cuenta a tiempo y decidió trabajar conmigo, nada más.

¡¿Cómo tenía el descaro de mentirle de esa forma?!

—… Bien. — Su sonrisa se volvió fría, calculadora. — Nunca lo vas a reconocer. Bien. — Caminó hacia la puerta y lo miró. — Vete de aquí.

— ¡Me insultas! ¡¿Y luego me haces esto?! — Vociferó furioso.

Anzu dio un respingo, si Atem los escuchaba, estaría en problemas.

— Baja la voz, ¿no que te importa tanto tu imagen de hombre correcto? ¿Qué pensarán mis vecinos?

—…— Suspiró y se acercó a ella para agarrarla de los hombros. — ¿Por qué no vienes a vivir conmigo? — Anzu lo miró, espantada.

—… Jamás.

— Podríamos devolver el tiempo, que todo sea como antes.

— La muerte de mi madre y la de esos niños no podrá ser reversible. — Se zafó se su agarre. — Quiero una vida, y la construyo con mis manos.

— Pero vivirías como una reina conmigo.

— Quiero valerme por lo que soy. — Dios, sentía sus ojos arder. No quería llorar, no lo haría en frente de él. — Vete, Kaiba.

—… Bien. Como quieras. — Negó con la cabeza, estaba a punto de salir cuando se detuvo y la miró. — Pero contéstame algo. ¿Tú atendiste al hombre que sufrió ese accidente de la avioneta? Creo que se llamaba Atem Muto. — La castaña se tensó. — Mírame a los ojos, Anzu. — La ojiazul le enfrentó con la mirada. — ¿Tuviste algo que ver con la fuga de ese sujeto?

—…

— ¿Por qué no contestas? Fuiste tú, ¿verdad?

— No entiendo por qué me preguntas eso. Atiendo muchas emergencias todos los días, no esperes a que me aprenda tantos nombres.

— Ha estado en las noticias y periódicos, Anzu. Es imposible que no lo sepas.

— He estado ocupada, no tengo tiempo para otras cosas que no sea salvar vidas.

— Pues, tuvo un accidente como ese, sobrevivió, y luego se lo llevaron en una ambulancia robada.

— Bien, sí. Lo salvé, ¿y qué?

— ¿Qué me estás ocultando? — Maldición, parecía que él podía ver a través de ella.

— Mi vida privada, tal vez. — Bufó. — Pareces un maldito psicópata. No tengo por qué decirte cada cosa que hago todos los días.

— Ajá.

— ¿Y por qué el interés por ese tal Muto?

— Porque… Quería saber lo que pasó con él.

— Bien, no lo sé. La última vez que lo vi estaba muy delicado, dicen que fue trasladado a otro centro de salud sin permiso. — Sonrió con malicia. — Dime, ¿lo estás buscando para matarlo?

— Me duele que pienses así de mí.

— Basta, Kaiba. — Lo miró con desdén. — Basta. Deja de disimula, yo ya sé todo.

— Ay, Anzu…

— ¡Vete ya!

— ¿No necesitas nada? ¿Estás bien de dinero?

— ¡No quiero nada de ti! — Le abrió la puerta. — Adiós.

Este suspiró y se fue.

Anzu se tambaleó y se abrazó a sí misma mientras las lágrimas finalmente escaparon libres de sus ojos zafiros. Sintió a Kisara tocar su espalda y la guió al sofá. Lloró solo un par de minutos, se limpió rápidamente las lágrimas y suspiró.

— Escuché todo. — Confesó.

—… ¿Atem lo hizo?

— No. Minutos después decidí vigilarlo, pero ya estaba dormido.

Ella suspiró, aliviada. Se había salvado de una grande.

.

.

.

— Muy bien, tengo una idea. Pero dolerá como los mil demonios.

— ¿De qué hablas? — Preguntó el rubio mientras terminaba de vestirse. No huiría en pijama, sería extraño y sospechoso.

— Cuando escuches el disparo, vete. Sal por atrás, y yo vuelvo a ponerme en contacto contigo. — Dijo mientras le extendía un trozo de papel para que anotara su número.

El rubio obedeció y escribió rápidamente una dirección y un teléfono para que se mantuvieran en contacto.

— Listo, te…-— Calló al ver que Seto presionaba la punta del revólver contra su pierna derecha. — ¡¿Qué demonios haces?!

— Hay que hacerlo creíble, ¿no crees? Me cansé de solo matar, hay que ponerle algo de acción a esta mierda.

— ¡¿Estás loco?!

— Tal vez lo esté. Soy un Kaiba después de todo. — Sonrió con ironía mientras le quitaba el seguro.

— ¡Espera…!

El disparo resonó por todo el edificio.

— ¡AAAAHHH! ¡MIERDA! ¡MALDITA SEA, PUTA MADRE! — Maldijo mientras apretaba los dientes.

Jonouchi miaba horrorizado el agujero que comenzaba a sangrar.

— ¡¿QUÉ ESPERAS, IMBÉCIL?! ¡VETE!

El rubio, aun conmocionado, salió corriendo a toda velocidad, agarrando su propia arma en caso de emergencias. Seto se incorporó con esfuerzo y lanzó un par de disparos hacia la pared, si seguían escuchando, el plan funcionaría.

Disparó una última vez y como pudo se puso de pie para ir a buscar a sus camaradas.

Mientras tanto, Jonouchi corría por el estacionamiento hasta que se ocultó en los arbustos, viendo la camioneta negra que estaba allí, rodeada de hombres vestidos de negro. Un par de minutos después, apareció Seto.

— ¡¿Qué MIERDA hacen ustedes, eh?! ¡Hubo un puto tiroteo y ustedes como si nada! El muy desgraciado me disparó. ¡Vayan por él! Tomó el camino hacia el centro, según vi.

Tenma y los otros asintieron y se subieron a la camioneta. Seto, antes de salir, miró de reojo la figura de Jonouchi y le hizo una seña para que siguiera corriendo.

Él obedeció y se perdió entre las sombras.

—… "Espérame, Kisara…"— Jadeó el castaño de ojos azules. Le dolía la maldita pierna. — "Espérame tú también, Anzu. Esto ya se acabará…"

.

.

.

— Hola, socio.

Marik sonrió. Le debía demasiado a ese maldito bastardo. No por algo le pagó la fianza más costosa de la historia. Miró a Bakura sonreírle son malicia y le mostró algo que le dejó impactado.

A su lado, había un cuerpo sentado en una silla de ruedas. Estaba completamente vendado, incluso su rostro. Parecía una momia, pensó. Por las curvas y la forma, supuso que era una mujer.

—… Hey, Bakura… ¿Te importa si te pregunto qué rayos es eso? — Se rió.

La persona vendada, que solo se le permitían ver sus ojos, estos últimos se le llenaron de lágrimas de dolor y de terror. Sus quemaduras dolían y abrasaban su cuerpo.

—… Oh, ¿esto? — Agarró con fuerza la nuca de la mujer. Esta gimió de dolor, pero se escuchó como un murmullo al tener vendas presionando sus labios. — Adivina quién este despojo humano. Si le quitas las vendas, está irreconocible. El accidente le sirvió. Ahora sí que es algo deforme y asqueroso, ¡pensar que quise acostarme con ella!

— ¿Y bien? ¿Quién es?

— Una Muto. Es Mai… Muto. — Se rió a carcajada limpia. — O por lo menos… Lo que queda de ella.

Continuará…

"La verdad es demasiado horrible, demasiado brutal. Quisiera regresar el tiempo."

Fuerte el capítulo, un Atem destrozado, una Anzu que oculta más secretos de lo que aparenta, una Kisara que no siente más que dolor, un Jonouchi desesperado, un Seto leal, lo que queda de Mai y el fantasma de Esmeralda.

Les digo que Atem, Anzu, Jonouchi, Kisara, Seto y Mai son los personajes principales de esta historia, les aviso enseguida que algunos de ellos morirán, sé que es doloroso, pero así son estos fics, para querer cortarte las venas XD De acuerdo, estoy bromeando, no se lo tomen literal DX

Espero que les haya gustado, y los haya dejado impactados.

Rossana's Mind.

¿Reviews?

AVISO IMPORTANTE:

¿Quieres comunicarte más rápido conmigo? Ponle me gusta a mi página de Facebook "Rossana's Mind" cuando seamos más o menos 10, comenzaré a publicar historias originales que son MÍAS, creadas por mí y solo por mí. Comenzaré con los cómics si les interesa.