Hola, chicos! Volviendo al trabajo! Ugh, seré honesta, me siento del asco, pero escribiré para relajarme un rato, odio a la mayoría de mis profesores, que horror… Bueno, espero que les guste este capítulo

VAYAMOS AL CAP!

Capítulo 4: ¡¿Traición?!

Atem suspiró. Terminó de vestirse, pues la castaña le había dicho que había traído sus ropas y las había lavado. Salió de la habitación silenciosamente y se sintió un poco mal cuando vio a la joven durmiendo incómodamente en el sofá. Tenía unas ojeras que demostraban lo exhausta que estaba. Se arrodilló para analizar a la joven.

Era hermosa.

Tendría que ser un idiota para no notarlo. La chica era bella, no se podía negar. Pero también irradiaba una tristeza tan notoria, que por esa misma razón, él decidió compartir su historia con ella. Anzu tampoco había pasado por muchas cosas lindas. El suicidio de su madre, y algo que definitivamente quería olvidar, pero no se atrevió a preguntarle qué era.

Él comprendía su espacio.

Porque él tampoco quería hablar de un tema en especial.

Esmeralda.

Negó con la cabeza. No, no debía deprimirse, tampoco rendirse. Tenía que hacer justicia, vengar la muerte de la joven pelinegra, salvar a su hermana y a su sobrina. Miró una vez más a la castaña con tristeza y acarició su cabello.

— Gracias por todo, Anzu. Pero si sigo aquí, lo más probable es que te maten también.

La joven le había ayudado, después de todo. Lo mínimo que podía hacer era alejarse de ella y dejar que siguiera viviendo y fuera feliz. Se colocó de pie y abandonó el departamento.

.

.

.

— ¿Anzu?

— ¿Mm?

— ¡Ay, Anzu! — Se quejó Kisara mientras la veía incorporarse torpemente del sofá. Anzu se frotó los ojos con fuerza. — ¡Deja de hacer esto, por Dios! No has dormido más de tres horas… Deberías descansar.

— Tengo que trabajar, Kisara. No insistas.

— Yo trabajo contigo, pero a ti no te respetan tus días libres.

— Las emergencias nunca esperan, Kisara…— Negó con la cabeza. — No insistas. — Vio el reloj. — ¡Maldición! ¡¿Por qué no me despertaste?!

— ¡Porque necesitabas dormir! — Le ofreció una taza de café. La castaña se la quitó de las manos molesta y se lo bebió rápidamente mientras se dirigía a su habitación para revisar a su paciente y sacar ropa para ducharse y vestirse.

Abrió la puerta y alzó una ceja cuando vio que la cama estaba vacía. Dirigió su vista al baño.

— ¿Atem? — Caminó a la puerta y tocó un par de veces. — ¿Estás ahí?

Oh, no…

Abrió la puerta del baño y se horrorizó al ver que estaba vacía. Miró por todos lados y la cesta donde estaba la ropa limpia del joven ya no estaba.

—… ¡Kisara! — Se volteó a ver a su amiga con pánico. — ¡Atem desapareció!

.

.

.

La puerta se abrió estrepitosamente, provocando un respingo en el doctor Kamura. Se giró bruscamente para ver a un furioso joven de ojos violetas asesinándolo con la mirada.

— ¿Es usted el doctor Kamura? — Preguntó al mismo tiempo que entraba una enfermera con la respiración agitada.

— Discúlpeme, doctor… Yo le dije que no pasara… Será mejor que llame…

— Soy el hermano de Muto Mai. — Interrumpió a la mujer. — Este periódico dice que murió quemada, pero eso ¡es mentira! — Lanzó el periódico al escritorio. — Usted la atendió, ¡dígame qué pasó con mi hermana!

—… Retírate, Saki. — Le pidió suavemente el doctor. La enfermera, aún indecisa, obedeció y se fue. — Muy bien, joven… Es cierto, yo atendí a Muto Mai, pero lamento decirle que no puedo decirle nada al respec…-

Calló bruscamente cuando Atem lo acorraló contra la pared mientras colocaba una navaja en su garganta. El tricolor le enviaba una advertencia con sus orbes incendiados de ira.

— O me dices… O mueres. Es muy simple.

.

.

.

—… Tus mujeres me perturban a veces. — Se rió Jonouchi.

— Ah, es verdad. Estás casado, si hubieras estado soltero, te hubieras acostado con cinco ya.

— ¡Hey! ¡Yo no soy un prostituto! — Se quejó molesto. Seto negó con la cabeza.

Se encontraban en un burdel, que pertenecía a los Kaiba, aunque bajo un nombre anónimo. Seto le había enviado una tarjeta para entrar allí sin problemas. El rubio el obedeció y apenas dio el trozo de papel a la entada, le dieron la mejor habitación. Aunque rechazó cada coqueteo por parte de las mujeres que rondaban a su alrededor. Jonouchi se estaba terminando de vestir con ropa más sutil, una camisa blanca y pantalones negros. El castaño seguía con sus ropas de luto, era su uniforme de asesino, después de todo.

— ¿Tu pierna…?

— Puedo soportar cosas peores. — Silbó aburrido. — Gozaburo quiere matarme por fallar.

—… Kaiba, lo siento…-

— Fue MI decisión. Y no me llames así, me da asco mi apellido.

—… Te lo agradezco. — Sonrió. — Si salimos vivos de esto, te prometo que al salir de esta, tendrás una mejor vida, una digna de ti.

— No hagas promesas que no puedas cumplir. — Bufó. — Mi suerte está echada. — Trató de cambiar el tema. —… ¿Y por dónde empezamos?

— Leí el periódico. Dice que Atem está desaparecido. ¿Tu padre lo tiene en sus manos? — Seto cogió los papeles y los leyó tranquilamente.

—… ¿Qué otra cosa necesitas?

—… Necesito el paradero de mi hija. Bakura se la entregó a tu padre, de eso no hay duda.

— Pues lo más probable es que ese día yo no estuve presente para recibir a tu mocosa. — Se encogió de hombros. — No creo que tu amigo esté con Gozaburo, de todos modos me mandaron a matarlo. — Pensó unos segundos hasta que sonrió macabramente. — Tengo una idea.

— ¿Y esa es…?

— Sé mi ayudante. — Dijo rápidamente.

—… ¿Qué? ¡¿Quieres que mate?!

— Claro que no, idiota. Hazte pasar como un miembro de la organización. Van a haber veces donde tendremos que trabajar por separado, y podremos escuchar distintas fuentes, especialmente de la oficina de Tenma y la de Gozaburo. ¿Comprendes?

—… ¿Pero cómo? Me reconocerán enseguida.

— Consíguete un estilista. — Bromeó. — Delante de ellos, serás invisible. — Chasqueó los dedos con diversión.

.

.

.

— No hay necesidad de violencia, joven Muto. — Pidió con voz suave el hombre. — Cálmese.

—…— Lo soltó con brusquedad. — Solo quiero saber dónde está mi hermana y qué hicieron con ella.

— No lo sé.

— ¡¿Cómo mierda no lo sabes?! — Alzó la voz. — ¡La atendieron aquí!

— Sí. — Arregló las arrugas de su ropa. — Yo atendí a una joven que sobrevivió a un accidente aéreo. La dejé en la habitación y luego me reportaron que había muerto…-

— ¡ESO ES MENTIRA!

—… Honestamente es probable. — El tricolor le miró confuso. — Estamos en un proceso de identificación del cuerpo.

—… ¿Ah, sí? Bien. Yo veré si ese cuerpo es de Mai. Soy su hermano, así que yo veré si es ella. — Kamura frunció el ceño. — Muéstrame ese cadáver. De lo contrario, te quedarás aquí en esta clínica para siempre. Pero no trabajando. — Sonrió con maldad. — Sino por todos los huesos rotos que tendrás luego de haberte hecho trizas.

— Joven Muto, le ruego que se calme, de lo contrario llamaré…

— ¿A la policía? — Se rió con sorna. — Adelante, ustedes están ocultando algo. Ustedes salen perdiendo.

—…

— Al parecer quieren morir, ¿verdad? Ustedes no saben de lo que soy capaz. O me muestran ese cuerpo, o los encierro en esta clínica y los incendio a todos.

—…— Suspiró. — Bien. Pero no se ponga violento. — Se irguió y fueron a la habitación personalizada.

Suerte que no había nadie. Kamura destapó de la fina tela blanca el cadáver y Atem contuvo el aliento. No era el primer muerto que veía, él mismo había matado a muchas personas, pero por un momento, de verdad creyó que el cuerpo era de Mai, pero al ver, esta mujer era muchísimo mayor que su hermana, y tenía los cabellos oscuros.

— No es ella. — Lo miró acusatoriamente mientras el doctor evadía su mirada con insistencia. — El periódico decía que Mai llegó con quemaduras graves. ¡Esta mujer ni siquiera está quemada! ¿Me vas a decir qué demonios está pasando?

—… Estamos investigando. Estamos en un gran aprieto…-

— ¿Dónde está Mai?

— No lo sé. Alguien se la llevó de aquí. — Negó con la cabeza, frustrado. — Si esto se sabe, la clínica perderá subsidios y ayudas…-

— NO es mi problema. — EL mayor lo miró descolocado. — La vida de Mai dependía de ustedes, serán responsables de cómo se encuentre cuando la hallen.

Dicho esto, abandonó la habitación. Caminó por los pasillos con la cabeza gacha. Estaba preocupado, ¿quién se habría llevado a Mai? Debieron ser los hombres mafiosos que estaban tas ellos, pero… Sentía que algo faltaba en toda esa situación. No sabía que estuvo acelerando el paso, tanto así, que al doblar, había chocado con una joven que estaba corriendo y a punto de doblar a su dirección.

La castaña cayó encima de él. Atem soltó una maldición y estuvo preparado para agarrar a gritos a la joven que se le había puesto en el camino, sin embargo se quedó mudo cuando se encontró con los ojos zafiros preocupados y furiosos de Anzu.

— ¡Al fin te encuentro! — Jadeó, cansada. — ¡¿Cómo pudiste hacerme esto?!

Ambos se incorporaron lentamente. La castaña se sentó en frente de él, quien seguía viéndola confundido.

¿Por qué?

¿Por qué había ido por él?

¿Cómo supo que estaría aquí?

Se suponía que su relación era profesional. Entre un paciente y un doctor.

Claro, un paciente muy testarudo y una doctora insistente.

— No tenías autorización de levantarte, sigues débil. — Atem frunció el ceño.

— No necesito del permiso de nadie, Anzu.

— ¡Tu vida está en peligro! — ambos se pusieron de pie y se enviaban miradas asesinas.

— No me interesa, la muerte ya ni siquiera me preocupa. Sin Mai y mi familia, no hay nada que me ate a este lugar. — Le sonrió con burla, desconcertándola. — O se me quita de en frente, o me la llevo por delante, doctora.

Anzu sintió hervir su sangre de indignación y rabia. De un brusco movimiento, estampó con fuerza su mano contra la mejilla del joven de ojos violetas. Atem ni se inmutó, es más, podría jurar que ni siquiera sintió dolor. La castaña seguía mirándole furiosa. ¿Por qué no podía entender que quería protegerlo?

— Eres un sinvergüenza. ¡Estás acostumbrado a hacer lo que se te dé la gana!

— He recibido peores ofensas. — Bufó mientas trataba de seguir su camino, pero Anzu se lo impidió y lo empujó, haciéndolo retroceder. — ¡Quítate!

— ¡NO! — Lo miró con desesperación. — ¡¿Por qué demonios no entiendes?! ¡¿Por qué crees que te salvé?! ¡¿Por qué crees que sé todo esto?! ¡¿Por qué…?!— Calló. No podía decírselo, aunque confiaba que el chico era inteligente, uniría las piezas que les lanzó con esas preguntas.

Sabría que ella también estaba en contra de esa organización.

—… Anzu… Tú…

— Atem, yo no puedo decirte nada, pero yo…— Calló y palideció, mirando lo que había detrás del tricolor.

—…— Alzó una ceja. — ¿Anzu…?

— Sshh. — Lo tomó por los brazos y se apretó contra él, para ocultarse. — No te muevas. — Suplicó. — No digas nada, ni siquiera una palabra. — Susurró.

Atem miraba los ojos empañados de miedo de la castaña. No entendía por qué el cambio tan repentino.

Pero él no sabía, que detrás de él se acercaba Gozaburo Kaiba y su hombre de confianza, Tenma.

—… Si lo haces… Morirás.

Atem, de un ágil movimiento, agarró de la cintura a la joven, levantándola del suelo y abrió la primera puerta, que fue la del armario pequeño donde estaban los utensilios de aseo. No cerraron la puerta, la dejaron entreabierta para ver. Analizó a ambos hombres.

— No son la gran cosa, los mataré enseguida. — Se estaba a punto de incorporar cuando los brazos de Anzu se lo impidieron.

— ¡No! — Rodeó con fuerza su torso. — ¡No lo hagas! No sabes de lo que son capaces…

— Pues ellos tampoco saben de lo que soy…-

— Atem, por favor… No hagas algo de lo que te vayas a arrepentir.

El tricolor se quedó estático unos segundos. Finalmente suspiró.

Anzu tenía razón.

Podría causar problemas, y ella podría salir herida.

Se apoyó contra la pared mientras estrechaba a la castaña para ocultarla en la oscuridad. Veía por el rabillo del ojo como los hombres giraban hacia la dirección que él había tomado para hablar con el doctor Kamura.

—… Ya se fueron.

—… Bien. — Anzu se separó de él y tomó su mano. — Vámonos, Atem. Por favor, luego tendremos tiempo de investigar.

Él asintió.

.

.

.

.

.

.

Un joven de cabellos negros salió de la habitación con una horrorosa expresión. Seto soltó una carcajada.

— ¿No te gustó la peluca?

—… ¿Bromeas? ¿Llamas a esto peluca? Parece una rata atropellada en la carretera. ¡Eso parece! ¡Esto no es cabello ni mucho menos una peluca! — Chilló molesto Jonouchi mientras se ajustaba la corbata negra. Joder, parecía un sanguinario con esas ropas. —… Pero esto es bueno.

— ¿Es bueno tener una rata muerta en la cabeza?

—… Se podría decir que sí. — Bromeó Jonouchi. — Porque ahora estoy irreconocible.

— Ahora somos un equipo, luchamos por nuestros propios bienes y por los del otro socio.

— Lo sé. — Le sonrió mientras guardaba su revólver. — Estoy listo.

— Perfecto, con esta herida. — Mostró su pierna lastimada. — Será beneficioso contratarte, ahora que no estoy disponible.

.

.

.

— ¡¿Que quieres que haga qué?!

Atem la miró con determinación. Ambos estaban sentados en el auto de la muchacha.

— Cuando suban al auto, los seguiremos. No hay opción.

—… ¿Estás loco?

— Puede ser, pero es mejor eso que perder el rastro de donde estos malditos se refugian.

— ¡Por Dios, Atem! ¡Vámonos antes de que sea tarde!

— Anzu, escúchame. — Tragó saliva. —… Estoy abusando de tu bondad, pero prometiste que me ayudarías.

Anzu lo miró sorprendida.

"No te preocupes, yo… Yo te voy a ayudar. Lo prometo, haré lo que sea que esté a mi alcance para hacerlo."

—… Es cierto, yo… Lo prometí, lo siento. — Negó con la cabeza mientras cerraba los ojos. — Pero sigo pensando que esta no es una buena idea…-

— Anzu. — La castaña lo miró.

Pero quedó impactada.

Los ojos violetas de Atem suplicaban su ayuda, gritaban ayuda, confianza, apoyo. Tantos sentimientos que le llegaron a lo más fondo de su corazón herido. Le devolvió la mirada con tristeza y desesperación.

—… Yo no tengo a nadie más en quien confiar, Anzu. — Tomó su mano y la estrechó con fuerza. —… Yo lamento causarte problemas, te puse en peligro sin intención… Pero no hay marcha atrás… y ahora… Solo te tengo a ti.

—…— Tragó saliva y asintió, la adrenalina comenzaba a invadir su cuerpo. —… ¿Estás consciente de que podemos morir?

—…— Sonrió con tristeza. — Toda mi vida estuve consciente de que puedo morir en cualquier segundo, esta situación no hace diferencia…— Pausó. — Si no quieres, puedes…-

— No. Estamos los dos en esto ahora. — Dijo mientras correspondía el apretón de manos. — Y estaremos juntos hasta el final. — Pronunció, más determinada que nunca.

—… Gracias, Anzu. — Sonrió con sinceridad por primera vez. — Nunca olvidaré lo que has hecho por mí.

Anzu correspondió a su sonrisa, pero se borró cuando vio a Gozaburo y a Tenma salir de allí. La castaña encendió el auto sutilmente, mientras que ellos subían. Se puso un poco nerviosa, Atem no le había quitado la vista de encima.

Mientras tanto, en el otro coche, Gozaburo soltaba maldiciones, fuera de sí.

— ¡No puedo creer que esa maldita zorra se salvó! Pero alguien tuvo que haberla ayudado, de eso estoy seguro.

— Concuerdo con usted, Kaiba-sama. — Asintió Tenma. — Con esas heridas era imposible moverse. Pienso que fue la misma persona que sacó a Atem Muto del hospital.

—… Es probable. Ya creo saber quién es…

— ¿Quién, señor?

— Jonouchi Katsuya.

. . .

Para tener 17 años, pensó Atem, Anzu manejaba muy bien, no perdía la vista al frente, fruncía el ceño en concentración, se mordía el labio cuando algo se le complicaba en el camino, aunque su semblante se relajaba casi al instante al volver a estar detrás de ellos.

— Muy bien, Anzu. Así nos los perderemos.

— Tranquilo, sé a dónde van.

—…— La miró sorprendido. — ¿Qué?

— Tengo una idea de dónde van, conozco muy bien la zona.

Anzu quiso morirse. Casi se delataba sola. ¡Dios, a veces era tan descuidada! Se detuvo cuando llegaron al edificio de Kaiba CORP.

Atem vio atentamente como Tenma se bajaba del auto para abrirle la puerta a Gozaburo.

—… Ese debe ser el maldito bastardo.

—…

Anzu se tensó. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué esos sentimientos encontrados? Ella quería vengarse de Kaiba, pero… Se sentía incapaz… ¿Por qué…?

—… No deberías hacer nada… Por ahora, hay muchos hombres armados y…

—…— Se acarició la mandíbula, pensativo. —… Tal vez tengas razón.

Vio a otros dos salir del edifico para recibir al hombre mayor. Atem frunció el ceño, ese hombre de cabellos negros opacos y gafas de sol le era muy familiar.

—… ¿No puedes acercarte más, Anzu? — Pidió con la voz suave.

—… No lo sé, Atem. Como estamos ahora, ya es suficientemente peligroso, ¿no crees?

—… ¿Los has visto antes?

—… Pues… Sí, he visitado esta zona muchas veces, por eso, algunos me son familiares, pero los nombres, ni me los preguntes.

Bueno, había dicho una verdad incompleta, no le estaba mintiendo del todo.

—… Solo, no nos acerquemos más, ¿sí? — Pidió.

—… Claro. No quiero arriesgarte más de lo debido. Yo me encargaré de lo más importante, y eso es quitarle a Mai y a mi sobrina de las manos de se cobarde.

— Piensa bien lo que haces, Atem. — El ojivioleta la miró. —… No estás del todo recuperado, y no has tomado tus medicamentos. ¡Dios, ni siquiera has desayunado! Por eso… Necesitamos que estés bien por completo, me sorprende que te puedas mover y recuperar físicamente con más facilidad que otros, pero también tu estado psicológico nos puede causar problemas…-

Calló abruptamente al ver el shock en su rostro.

Atem se paralizó cuando vio que el hombre de cabellos opacos se había quitado las gafas, dejando ver sus ojos castaños.

Esos ojos… Ese rostro…

Él lo conocía muy bien.

—… No puede ser…— Musitó.

No.

No, no más traición.

No, no quería más dolor.

—… Atem, ¿estás bien?

—… No puede ser… Es Jonouchi…— Respiró agitado. — "Tú también me traicionaste…"

—… Jonouchi…-

Lo recordó.

Ay, no…

Atem no se encontraba mentalmente bien, había sufrido el accidente hacía tan solo unos días, el shock seguía presente y con esa noticia solo le haría peor.

Escuchó la historia de Atem, Jonouchi era su mejor amigo.

Dios Santo…

—… Atem… Cálmate… Respira profundo. — Tocó su hombre con suavidad y lo acarició. — Respira profundo, sufriste un trauma severo, no debes empeorarlo.

El tricolor cerró los ojos con fuerza, y obedeció sus órdenes. Necesitaba pensar con la cabeza fría, necesitaba calmarse…

—… ¿Quieres que los siga? — Preguntó la castaña al ver que el tal Jonouchi se subía al auto con Seto y se iban de allí, por su cuenta.

—… Por favor…

Todo el nivel de confianza que había estado ganando con la joven castaña estaba bajando nuevamente, el dolor de que su mejor amigo lo haya apuñalado por la espalda como los otros le partía el alma.

No solo por él…

Sino por Mai…

¡Y su propia hija!

. . .

Seto sonrió mientras colgaba y siguió manejando. Jonouchi le miró.

— Estás a prueba, Jou. O más bien, Joey Wheeler. — Se mofó del nombre inventado por ambos. — Porque te estarán observando todo el tiempo, te seguirán hasta el baño si es necesario.

—… Bien, pero estoy dentro. Es lo que importa.

— Tengo una noticia que te alegrará el día y tu vida completa, Wheeler. — El de ojos chocolate lo miró, expectante. — Tu mujer está viva.

— ¡¿Qué?!

— Lo está, aunque no sé dónde está. Desapareció, al igual que Atem. Sospechas que tú sacaste a ambos. — Se rió. — ¿No es irónico?

—… Pero lo que me molesta es que… Si no la tienen ustedes… Y yo tampoco… ¿Quién tiene a Mai y a Atem? ¿Y por qué? — Suspiró, ya un poco más aliviado.

Su corazón había vuelto a latir como antes al oír que Mai seguía con vida.

—… ¡Tengo que encontrarlos!

— Tranquilízate. — Le calló molesto. — Estamos solos, aunque no lo parezca, esta pequeña información nos beneficia bastante. — Frunció el ceño cuando vio que Jonouchi seguía angustiado, mirando la ventana. Suspiró. — Los encontraremos, tranquilo.

Él sonrió.

— Gracias, Seto.

.

.

.

—…— Manejaba en silencio. Estaba tensa por el estado de Atem. Su mirada demostraba tal desolación que le rompía el corazón. — Es increíble cuando te traicionan solo por unos billetes.

—… También la familia. — Respondió con voz apagada.

Ella sonrió con tristeza.

Si él tan solo supiera…

—… Sí. Nuestro padre tuvo que matar también por esas tierras, lo hizo para protegernos, pero no cambia el hecho de…-

— Quitarle la vida a otras personas.

—… Sí. También nos traicionó su padrino, Bakura ya te lo dije, Marik, Vivian, Dartz…— Suspiró mientras se acariciaba las sienes.

— Sigue hablándome, Atem. — Le sonrió suavemente para volver su vista hacia adelante. —… Aunque no lo creas… Yo he vivido la traición tantas veces como tú.

El tricolor se atrevió a mirarla, su mirada desprendía un misterio tan oscuro que no lograba disipar lo que ocultaba. Pero no le iba a presionar.

Mientras ella no estuviera preparada para hablar de su tema más doloroso, él tampoco le hablaría de Esmeralda hasta ese entonces.

— No lo perderé de vista, no te preocupes. — Aceleró un poco. — Cuenta conmigo, cuando sepamos de dónde viene, podremos estar más tranquilos. — Pausó unos segundos para luego pronunciar lo siguiente. —… Yo no te voy a traicionar.

Atem no dijo nada respecto a esas palabras.

Pero significaron mucho para él.

Continuará…

Espero que les haya gustado este capítulo, lleno de malentendidos, de sentimientos dolorosos y sobre todo de la cercanía que está comenzando a sentir Atem por Anzu.

Lamento no haber puesto mucho a Kisara en acción, pero ella tomará un papel importante con Anzu en los próximos capítulos!

Si deseas comunicarte conmigo de forma más rápida, búscame por Facebook como me llamo aquí "Rossana's Mind".

Me despido,

Rossana's Mind

Reviews?