Hola, lectores. Este capítulo estará muy emotivo, según yo, porque los sentimientos más ocultos en nuestros personajes principales saldrán a la luz.

Y un tema en especial, ¿no se han preguntado qué esconde Anzu más allá de la muerte de Mokuba y Noah? ¿Qué le hace querer proteger tanto a Atem? ¿Por qué aprecia a Kaiba pero a la vez lo odia? ¿Quién es Anzu en realidad?

Algunas de estas preguntas se contestarán con el paso de los capítulos, creo que este fic constará de 12 episodios, aproximadamente

Bien, VAYAMOS AL CAPÍTULO.

Capítulo 5: Abriendo nuestros corazones.

Ambos hicieron una mueca de asco cuando se dieron cuenta del lugar al que iba ese auto. Anzu frenó al instante, Atem ni siquiera se quejó. Tenía claro.

—… ¿Es enserio? ¿Un burdel? Maldito seas, Jonouchi. No pudiste caer más bajo. — Susurró molesto el tricolor.

Anzu solo tendió a guardar silencio. Sabía que ese burdel le pertenecía a Gozaburo bajo un nombre anónimo, pero no le importaba. Vio a lo lejos al tal Jonouchi y a Seto bajar y entraron sin más. Ambos dieron media vuelta y la joven tomó otro camino.

— ¿Adónde vamos?

— Kisara cuidará de mi casa, iremos a otro lugar donde podamos estar seguros.

—… ¿Y ese lugar es…?

— No te preocupes, es una casa de campo, no es vista con facilidad, me he asegurado de ello muchas veces cuando quiero estar sola y alejada de todos.

Esa casa era suya, pero tiempo atrás, la ocupaban Seto y Kisara cuando quisieron estar juntos a pesar de que Gozaburo se oponía a la idea. Allí se reunían. De vez en cuando ella, Mokuba y Noah los acompañaban. Sintió el recuerdo como un sueño.

Luego de un trayecto de un espantoso silencio de 40 minutos, llegaron a una casita rodeada de flores y árboles frondosos para ocultar el lugar. Atem sonrió. Tanta naturaleza, le recordaba su hogar.

Se bajaron del auto para admirar el paisaje, se podía ver al ciudad a los lejos. El tricolor dejó de sonreír y apoyó sus brazos en los barandales que rodeaban la casa. Anzu notó su semblante miserable, así que se acercó a él.

—… ¿Cómo te sientes?

— Como un imbécil. Yo… Ya no sé en qué creer… He cometido tantos errores… No sé distinguir la verdad de la mentira, del cariño o la hipocresía… No sé absolutamente nada.

—… Tal vez viviste muchos engaños, pero ahora… Piensa que ahora que lo sabes, no vivirás en esa mentira. Ya no más.

—… Me gustaría preguntarle por qué me hizo esto…— Susurró.

Y es que aún no lo entendía. Jonouchi era su amigo desde la infancia, nunca se dieron la espalda. Se cuidaron mutuamente, protegieron a Mai…

— Ya no pienses en eso, Atem. — Negó con la cabeza. — Al menos… No por ahora. Necesitas comer, luego te daré algunas medicinas y descansarás. Así mejorarás pronto.

. . .

Luego de desayunar tardíamente, Anzu le puso una inyección. Ambos se encontraban en una habitación donde yacía una cama matrimonial.

— Listo. — Le sonrió. — Con esto evitaremos cualquier infección. Si quieres bañarte, comer algo más, siéntete libre de hacerlo. Y también…— Vio el ropero abierto, tenía ropa femenina, masculina y para niños. — Si quieres, puedes cambiarte de ropa. Estoy segura que algo de allí te servirá.

— ¿De quién es toda esa ropa?

— Mía.

— ¿La de hombre?

— De un conocido.

— ¿Un conocido? ¿También tenías conocidos que eran niños?

—…— Se mordió el labio. —… Esa ropa era de un conocido que quise mucho, el resto era de mis hermanitos menores.

—… ¿Eran? ¿Qué sucedió con ellos?

. . .

No.

No, por favor.

Seguía sensible de lo sucedido.

Sus cadáveres seguían atormentándola en las noches. Sus expresiones llenas de sufrimiento, desesperación, desesperanza, angustia.

—… Murieron, ¿sí? Murieron. — Dijo bruscamente.

—…— Se incomodó al instante. Una cosa era la muerte de adultos… Pero otra era la de unas criaturas indefensas. —… Lo siento. — Sin embargo la curiosidad lo mataba, quería saberlo. —… ¿Qué les pasó? — Preguntó suavemente. Anzu le dio la espalda mientras guardaba los medicamentos en su lugar. Lo hacía con las manos temblorosas. —… Si quiero confiar en ti, Anzu… También quiero que confíes en mí.

—… Yo no desconfiaría de ti, Atem… Es solo que…— Se atrevió a mirarlo.

Sus ojos azules estaban llenos de lágrimas.

Apartó ligeramente la mirada, quería llorar. Maldita sea, quería llorar. Y estaba a punto de hacerlo.

—… Eran Noah y Mokuba. Así se llamaban. — Susurró con la voz suave y quebrada. Sacó una fotografía del velador y se la extendió.

Atem miró la fotografía. Estaba ella con el cabello más largo, Kisara y dos niños siendo abrazados por ambas chicas.

—… Eran muy traviesos, pero nunca lo hacían por maldad. Solo querían cosas simples para la vida, eso es todo. — Sonrió con tristeza mientras sentía que sus ojos ardían por la desesperación de que las lágrimas cayeran de una buena vez. — Eran niños buenos, nobles, honestos… Yo creí que era afortunada al tenerlos en mi vida, un simple gesto de ellos era suficiente para alegrar por completo mi día.

—… Te gustan mucho los niños, Anzu.

— Sí. — Contestó simplemente mientras lo miraba sin borrar esa sonrisa llena de melancolía. — Yo crecí sola, solo unos pocos fueron parte de mi vida, entre ellos mis hermanos… Yo nunca podré entender qué es tener una familia de verdad como tú la tuviste, Atem… Pero por lo menos supe, o por lo menos tengo una idea, de lo que significa ser amado por gente que de verdad vale la pena. Quisieron alejarme de ellos por interrumpir mis estudios avanzados.

—… Y con lo poco que te conozco, creo que eso no te detuvo.

— No. Hubo un tiempo que me escapé aquí con ellos para que me dejaran en paz, quería sentirme como una persona normal aunque sea por unos segundos. — Le dio la espalda cuando las primeras lágrimas escaparon de sus ojos. — Cuando creí que todo estuvo bien… Cuando creí que trabajando podría traerlos a vivir conmigo y criarlos…

—… ¿Los asesinaron? — Preguntó temeroso de la respuesta.

Anzu soltó un sollozo entrecortado, el chico no podía ver su rostro, pero le dolía escucharla llorar. Era la primera vez que actuaba así, tan… honesta consigo misma. Sus hombros temblaban y vio como con la cabeza asentía suavemente.

Entonces era cierto.

Habían asesinado a dos niños inocentes.

Anzu lloró más fuerte y sin soportarlo más se dirigió a la salida de la habitación.

— A-Anzu, perdóname, yo no quería…-

Pero ella ya se había ido.

Él suspiró sonoramente. Vio como la joven se encerraba en el baño de un portazo. Él la siguió, pero no abrió la puerta. La escuchó llorar con desesperación y tristeza, frustración.

"¡Pues lamento decirte…! ¡Que yo no he tenido la bendición de ser amada de esa forma! ¡Ni tampoco he podido llegar a tiempo de proteger…!"

Ella se sentía culpable de la muerte de sus hermanos.

Ni tampoco creció rodeada de gente que la quisiera.

Y si hubo, fueron pocos, y algunos de ellos, fueron olvidados ante la traición.

Se apoyó contra la puerta del baño, notando que Anzu había dejado de llorar. Respiró largamente para prepararse mentalmente. Ella le había contado su dolor, ahora era su turno.

—… Me habías preguntado quién era Esmeralda.

Sabía que ella le escuchaba, porque su respiración se había acompasado al escucharle hablar.

—… Fue una amiga de la infancia. Sus padres la abandonaron, así que mi madre la acogió como su hija. Aunque claro, para mí, Esmeralda fue mucho más que una hermana. — Se apartó suavemente de la puerta cuando oyó que la joven le quitaba el seguro. Anzu abrió la puerta suavemente para mirarlo. Sus ojos estaban rojos. Él le sonrió con tristeza.

—… ¿Quién fue Esmeralda para ti?

Él solo suspiró sin borrar su melancólica sonrisa. Tomó la mano de la castaña para guiarla a la habitación nuevamente y se sentaron en la cama, uno al lado del otro. Anzu le miraba en expectante silencio. Atem soltó su mano suavemente.

—…— Inhaló. No iba a ser fácil. Exhaló. — Cuando mi madre se iba para vender reses de la hacienda, Esmeralda era mi madre, me cuidaba y protegía cuando me enfermaba o habían momentos de lucha, como los ladrones que se presentaban de vez en cuando. Siempre fue buena para pelear. — Se rió suavemente. — Fue mi hermana cuando no sabía de la existencia de Mai, me aconsejó y sugirió lo que era lo mejor para mí, y lo que yo sentía correcto. Que me dejara guiar por mi corazón. Fue mi familia, fue todo y a la vez nada.

Anzu sonrió con ternura.

— La amabas.

Él asintió.

— Sí. Ella también me amaba. Me amaba como nunca creí que alguien me amaría en la vida. Cuando comencé una relación con ella, yo jamás me sentí tan feliz. Sentía que ella era el Sol de cada mañana, el agua que la sabana tan seca necesitaba, la tormenta que se merecían sufrir los que nos atacaban. Estuvimos desde los 14 años juntos, como una pareja. Le prometí que apenas cumpliéramos los 18, me casaría con ella. — Anzu le miró sorprendida. — Soy muy impulsivo, eso lo admito. Y ella era lo más importante para mí. Era una gran bendición que me había llegado del cielo. Pero…— Sus sonrisa se borró. — Comenzaron los problemas, Vivian siempre nos causaba problemas, provocaba inconvenientes con la venta del ganado, le puso agujas al asiento del caballo de Esmeralda para que el pobre animal se hiciera daño y la tumbara. Incluso… Hubo veces que Vivian quiso matarla.

—… ¿Quién es Vivian?

— Ni lo preguntes. — Negó con la cabeza. — Era mi amiga, pero desde que había comenzado a estar con Esmeralda, había cambiado rotundamente.

—… ¿Por qué dices que intentó matarla?

— Incendió su cuarto, con ella dentro. — Anzu le miró espantada.

-H-a-c-e—U-n—A-ñ-o-

¡Atem! — Yugi corría como podía, llevaba corriendo más de diez minutos buscándolo.

El mayor alzó una ceja y se bajó de su caballo.

¿Qué sucede, Yugi? — Lo vio tratando de recuperar el aliento. — ¿Qué…?

¡Tienes que echar a Vivian de la casa!

—… ¿Eh? ¿Por qué? Es decir, sí, le advertí que lo haría si seguía lastimando a Esmeralda, pero…

¡Debes mantenerlas separadas! ¡Son como el agua y el aceite! Esta mañana, Esmeralda se enfureció tanto que…

¿Qué hizo?

—…— Sudó. —… Pues… Quemó toda la ropa de Vivian.

—… ¡¿Qué?! — Soltó una carcajada. — ¡¿De verdad?! Ay, cuando Esmeralda explota, no hay quien la detenga…-

Bueno, lo que me preocupa es… Que Vivian ha estado todo el día buscando un galón de gasolina, y no sé para qué… Y estoy seguro de que hará algo malo…

—…— Frunció el ceño mientras hacía una mueca. — Bien… Iré a asegurarme de que todo esté bien…

Caminó hacia la hacienda y se dirigió a la puerta principal de la casa.

Cuando intentó girar la perilla, esta se trancó. Estaba cerrado.

—… ¿Qué demonios…?

Se dirigió a la puerta trasera. También estaba trabada. Pasó por al lado de la habitación de Esmeralda, y se paralizó al oír un par de voces.

—… Así que quemaste mis cosas.

Pensé que eran basura. — Sí, el sarcasmo era notable en la voz de Esmeralda. — Solo eso. BASURA. Ahora vete de mi cuarto, Vivian.

—… Sí, sí. Voy a salir de aquí.

Atem se acercó, la ventana estaba tapada por tablas de madera, a Esmeralda nunca le gustaron las miradas de los trabajadores sobre ella, no por nada era bella, pero también traía sus problemas. Sin embargo, había grietas donde podía ver. Esmeralda traía una camisa de él puesta junto con unos vaqueros de trabajo. Miraba con sus ojos azules a Vivian con una rabia indescriptible, se había cansado de ser cortés con la pelinegra de ojos avellana. Ya no la soportaba.

Pero antes, tú y yo tenemos un asunto que arreglar. A ti te gusta dártelas de loca, ¿verdad? Pues yo… Puedo ser mucho más loca que tú, preciosa. — Vio la cínica sonrisa en los labios pintados de la joven.

—… Sí, eso lo sé de antemano. — La de cabello suelto se cruzó de brazos, desafiándola con la mirada.

¿A ti te gusta quemar cosas? — Sus manos estaban escondidas tras su espalda, pero al descubrirlas, Atem palideció y escuchó a Esmeralda contener el aliento, sus manos contenían un galón de gasolina que comenzó a derramar por la habitación. — ¿Te gusta? ¿Especialmente la ropa? ¡Pues a mí también me encanta! — Vació su contenido y se rió perversamente. — Pero sobretodo… Cuando la gente la lleva puesta. — Sacó un encendedor y lo prendió. Esmeralda retrocedió. — Adiós, nos veremos en el infierno. — La joven de ojos azules tragó saliva, había olvidado, tanto ella como Atem, de lo desquiciada que estaba esa chica. — ¿Qué pasa? — Se rió. — ¿Crees que no soy capaz de prenderte fuego?

—… Suelta eso, Vivian. Te meterás en más problemas de los que ya tienes.

—… No, yo solo tengo un problema. ¡Mi único problema siempre has sido TÚ! ¡Siempre te has interpuesto en mi camino porque me envidias! ¡Porque soy mucho más linda que tú, soy más mujer que tú! ¡Tengo éxitos entre los hombres! Pero cuando fijo mis ojos en Atem, tú lo agarras con tus asquerosas garras, ¡bruja!

¡Debes estar bromeando! El hecho de que Atem y yo estemos juntos es su decisión, y también mía, Vivian. Entiéndelo ya. Además, ¿por qué envidiaría el hecho de que los hombres te deseen? ¡Por favor, si fuera por mí, te los regalaría a todos! No necesito hombres para sentirme la mujer hecha y derecha que soy, no tengo nada que demostrar. No es mi culpa que hayas decidido acostarte con los primeros con los que te cruzas. — Atem se tensó.

Golpe bajo, aunque era verdad.

¡Eso te molesta, ¿verdad?! Yo si soy una mujer deseable, tú, virgencita frustrada, serás abandonada pronto. Estoy segura de que Atem se aburrirá de una basura como tú.

Pues si se acuesta contigo, buena suerte.

¡Ay, no podía creer que Esmeralda fuera tan poco pudorosa para hablar de esas cosas!

Eso no te lo creo. De todos modos, es tu novio. ¡Te retorcerás de rabia cuando te lo quite! Pero preferí, quitarte del camino para ahorrarte el título de perdedora.

¡Vivian, ya basta, estás loca!

¿Quieres arder en los brazos de Atem, virgencita? Pues tendrás que conformarte con quemarte viva.

Sin más, soltó el encendedor prendido y este comenzó a avivar las llamas rápidamente. Esmeralda retrocedió hasta chocar con la pared. Atem ya no perdió un segundo más y fue a buscar un hacha para lograr abrir algún lado de la casa. Después buscaría a Vivian y la haría pagar, si prioridad era salvar a Esmeralda. De un golpe con el hacha, rompió el candado de la puerta trasera. Escuchaba los gritos de Yugi anunciando que se quemaba la casa, que necesitaban ayuda. Él corrió a la habitación de su novia con el corazón en la garganta. Entró y la ola de calor lo golpeó con violencia. Se tambaleó levemente y vio a la pelinegra tratar de disipar el fuego con una manta gruesa. La pobre tosía con fuerza y le costaba mucho respirar. Sin soportarlo más, se dejó caer de rodillas al suelo, débil.

Atem se lanzó de un ágil movimiento y cogió la manta, se cubrió junto con ella con la prenda y rompió la ventana con el hacha. Acto seguido, se lanzó para salir de allí con la joven de cabellos azabaches en sus brazos.

Cayeron mal, soltó una maldición del dolor. Miró a Esmeralda que estaba insconsciente.

Esmeralda, ¡Esmeralda! Vamos, eres más fuerte que esto. — Dio suaves golpecitos en su rostro. Atem presionó sus labios con los de ella para darle respiración de boca a boca. Cuando se apartó, la joven abrió los ojos y comenzó a toser fuertemente. — Esmeralda, ¿estás bien? Dime algo…

—…— Suspiró y tosió nuevamente. —… Estoy…— Tosió. — Estoy bien. — Sonrió con cansancio.

-E-n-d-s-

—… Dios mío… Pero esa mujer Vivian…

— No he sabido nada de ella desde que escapé del pueblo con mi familia. — Negó con la cabeza. — Y sí, Esmeralda fue mucho más fuerte que un accidente como ese… Pero…

—… Murió. — Completó con tristeza. Atem solo sonrió con tristeza.

— Muchos dicen que no fue mi culpa, que fue un accidente… Pero así como tú te culpas de la muerte de tus hermanos, yo me culpo de su muerte y de todo lo que sufrió.

—… ¿Cómo murió?

—… Días antes de su muerte y de la boda de…— No quiso pronunciar a su "amigo" rubio, le dolía. — de Mai… Recibí un disparo, no fue grave pero perdí suficiente sangre como para no ser capaz de levantarme un par de días. Esmeralda me dijo que quería decirme algo cuando pudiera estar de pie. Pero nunca me lo dijo porque la asesinaron…

—… Atem, está bien, no necesitas…-

— Debo hacerlo, Anzu. — Sus hombros temblaban, pero no iba a llorar. No se lo permitía. — Tú tuviste el valor de contarme, yo también puedo. — Anzu sintió lágrimas nuevamente en sus ojos, sentía que lo que le iba a decir no sería nada agradable. Presentía que no había sido una muerte rápida. — La encontramos… Cerca del pantano, completamente golpeada y ensangrentada…— Pausó, recordando el momento. Dios santo, seguía pareciendo una pesadilla. —… La dejaron desangrada allí, hasta morir… Yo-yo nunca creí que me sentiría tan miserable en mi vida, pero… Terminé por quebrarme cuando me enteré de lo otro.

—… ¿Lo otro?

Atem le dirigió una dolorosa mirada.

-H-a-c-e—C-i-n-c-o—M-e-s-e-s-

La madre de Atem salió de la habitación donde estaba el cadáver de su casi hija. Si bien era dueña de la hacienda, también era médica, así siempre estaría pendiente de sus bebés, pero de esa joven… No pudo hacer nada. Miró a su hijo mayor que miraba el suelo en un aire ausente, parecía ido. No lo culpaba, Esmeralda había sido la joven que le había robado el corazón. Y entendía su dolor, se le había desgarrado el alma cuando lo vio llegando con desesperación con la joven en sus brazos, muerta.

Sufrió de una tortura, pero de las peores.

Se acercó lentamente a su hijo, tratando de reprimir el llanto. Atem escuchó sus pasos y la miró, sus ojos violetas como los de ella estaban apagados. Ya no brillaban con esa felicidad de antes.

—… No es el momento adecuado, pero debes saberlo… La estuve revisando y, me di cuenta de algo terrible. — Atem la miró con tristeza y sorpresa. ¿Qué más le habían hecho? Ella nunca se lo mereció. — Los golpes que sufrió Esmeralda fueron… Espantosos. Quienes quieran que hayan sido, se habían ensañado en ella…— Las lágrimas cayeron, una tras otra, con gran velocidad. Lo que estaba a punto de decirle a su hijo terminaría por destrozar su corazón. —… Esmeralda fue… Violada.

-E-n-d-s-

— Claro, mi reacción no fue muy… Buena. — Se encogió de hombros. — Corrí hacia su cuarto, le habían limpiado las heridas y la habían vestido muy bella. — Cerró los ojos, anhelando el momento. — Era lo mínimo que podíamos hacer para que se fuera dignamente después de lo que hicieron. — Abrió los ojos y miró a Anzu, que había vuelto a llorar. — Me senté al lado de la cama y lloré. Lloré como nunca. Le suplicaba a Dios cada segundo que me la regresara, que me permitiera curar su alma, aunque sea para que no se haya ido despedazada, me hubiese gustado aunque sea, sanar su alma antes de dejarla ir… Pero ella se fue… Y de la peor manera posible. Murió torturada. — Anzu sollozó. Él la miró a los ojos. — ¿Por qué lloras, Anzu?

—… Lo siento. — Negó con la cabeza mientras se limpiaba las lágrimas. — Es solo que… Lamento mucho tu pérdida, debió ser…— Sacó un pañuelo y se secó el rostro de sus gotas saladas. — Muy doloroso.

Él permaneció callado, agradecía de alguna forma sus lágrimas. Ella estaba llorando todo lo que él se aguantaba, sentía que explotaría y terminaría matando a cada miserable que se le cruzara por el camino.

—… Pero… ¿Quién lo hizo?

—… Un amigo muy cercano. — Cerró los ojos con fuerza. — Bakura.

Anzu contuvo el aliento.

Bakura, su compañero de clases especiales.

—… ¿Eran muy cercanos?

—… Sí, aunque viajaba mucho hacia aquí, porque estudiaba medicina. ¿Nunca te lo encontraste? Estaba especializado como tú.

—…— Sus ojos se llenaron de lágrimas. No podría mentirle. Lloró nuevamente. —… Dios mío… ¿Cómo Bakura-kun pudo…?

—… ¿Lo conociste?

—… Y-Yo nunca creí…

— Anzu, cálmate. Perdóname, yo no sabía que…— Tomó sus brazos y los acarició para calmarla. No fue su intención volver a hacerla llorar, ya suficientemente mal se sentía por la traición de Jonouchi, por Esmeralda, por Mai, su sobrina, y las lágrimas de la doctora ya eran suficientes.

—… No te preocupes… Ya no viviré en un engaño. — suspiró y se llevó una mano a su frente. Llorar tanto le había mareado. — Tengo fiebre. Será mejor que me vaya a dormir. — Atem la soltó suavemente. Anzu le sonrió con tristeza. — Gracias por confiar en mí, Atem.

— Tú salvaste mi vida, Anzu. — Le devolvió la melancólica sonrisa. — Y eres lo único que tengo ahora. Descansa.

Ella asintió y se fue a su habitación. Tomó una pastilla para el dolor de cabeza y se durmió.

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— Muy bien, Joey Wheeler. Estás a prueba, así que escucha con atención. — dijo Tenma.

Se encontraban en una sala de conferencias vacía, pero solo Tenma, Seto y Jonouchi estaban allí.

— Hay tres personas desaparecidas. Atem Muto, Mai Muto y Katsuya Jonouchi. Especialmente al último, el muy miserable le disparó a Seto. — Señaló al castaño, que solo rodó de ojos. — Creemos que él tiene a los Muto.

—… ¿Y no que la mujer estaba muerta?

— No. Llegó viva al hospital y cambiaron la información, desapareció, aún viva. Y como Jonouchi es su marido y es el mejor amigo del Muto, tiene a ambos para cuidarlos mientras están en un estado crítico. — Sacó un sobre donde contenían documentos secretos. — Aquí hay posibles lugares donde puedas encontrarlos.

— Tranquilo. — Jonouchi sonrió. La peluca le molestaba como nunca, pero tuvo que aguantar. — Los encontraré.

Tenma sonrió.

— Perfecto, ahora, Seto. ¿Me invitas al burdel?

El castaño solo bufó y asintió. De todos modos era el lugar, aunque no sonara muy creíble, más privado que tenía.

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Atem se subió sigilosamente en el auto. Según revisó, las pastillas que había tomado Anzu eran fuertes, no se despertaría hasta mañana. Se había cambiado de ropa para vestirse completamente de negro. Terminó por ponerse una chaqueta de cuero y prendió el auto. Se sentía mal por dejar a Anzu afuera, pero no podía soportarlo más, necesitaba encarar a Jonouchi y exigirle la verdad.

Arrancó el auto y se dirigió al burdel, pues allí fue la última vez que vio al chico.

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— ¡No puedo creer que me haya hecho esto!

Anzu estaba furiosa, disfrazarse de esa forma, ¡Dios, quería morirse! Pero Atem la había dejado sola de nuevo para ir a tentar a la muerte. ¡Estaba completamente loco!

Encendió la motocicleta de Seto. La había dejado allí hace mucho tiempo, así que estaba feliz de haberla encontrado. Sin más, arrancó a toda velocidad, sabía a dónde se dirigía ese idiota.

Y la iba a escuchar.

¡Lo iba a matar por esto!

— Claro, si no lo matan primero…— Murmuró molesta. — "Dios, que no le pase nada…"

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Atem entró al burdel y caminó en un aire incómodo. Se sentía observado por las miradas femeninas que se lo comían con los ojos. Tal vez si debió pedirle ayuda a Anzu…-

No.

Frenó enseguida esos pensamientos. No, jamás le pediría ayuda a Anzu para que lo acompañe a un burdel. La joven era bella, y no le gustaría que unos imbéciles se le acercaran. No, ya había hecho mucho por él.

Divisó a alguien similar. Ese era el sujeto que acompañaba al hombre del bigote esa mañana.

Tenma sintió una mirada y cuando estuvo a punto de levantar la mirada para preguntarle al sujeto cuál era su problema, vio como una mujer de cabellos castaños largos agarraba el brazo del extraño y lo tiraba al otro lado para besarlo.

Atem se sorprendió cuando una joven lo agarró del cuello y lo besó. Se paralizó, ¡no sabía qué hacer! Sin embargo, esa presencia le fue muy familiar. Agarró a la chica de los hombros para separarla suavemente.

Se encontró con unos ojos azules que lo miraban obviamente avergonzada. Él sintió sus mejillas arder, desconcertado.

— ¡¿Anzu?! ¿Qué haces aquí? — Susurró. Anzu se mordió el labio, avergonzada de lo que había hecho. Pero ella se repuso. No había venido a morirse de pena.

— Vine a salvarte. — Lo abrazó con posesión. El rostro del ojivioleta se sonrojó aún más. Anzu al notarlo, también se sonrojó. — ¡Por Dios, Atem! ¿No sabes actuar? ¡Vamos, haz lo que sea para que no nos descubran!

Gracias a Dios que se había puesto una peluca. Era del mismo color que su cabello, solo que su melena era larga hasta cubrir su espalda desnuda. ¡Joder, ese vestido mostraba mucho! Había elegido lo más "indecente" para que pasara desapercibida entre las mujeres del burdel.

También se había maquillado. Se había puesto sombra plateada en sus párpados y pintó sus labios de un rojo fuerte. Se sentía realmente indecente, pero tuvo que hacerlo para salvarlo a él.

Atem, recobrando la postura rodeó con un brazo su cintura. Anzu giró levemente la cabeza para ver a Tenma, este último miraba con sospecha a Atem.

Mierda, ¡mierda! ¡MIERDA!

— ¿Qué demonios te pasa, Tenma?

Anzu se paralizó. ¡Esa voz era de Seto! Les dio la espalda a los hombres y volvió a besar al joven para que no la notaran. Esta vez, se avergonzó muchísimo de recordar que ella no tenía ni idea de cómo besar a un chico. ¡Joder, era su primera vez y en una situación como esta!

Grande fue su sorpresa cuando Atem correspondió su beso con maestría. Su cara ardió de la vergüenza. ¿Qué le estaba pasando con ese chico? Admitía que se sentía responsable de su miseria, y que le tenía cierto cariño, pero ese sentimiento se estaba transformando en algo más cálido y temía descubrir que era.

¡Y no podía apartar esas sensaciones ahora que Atem la estaba besando!

Cuando el tricolor la miró, la miró confundido, la pobre estaba completamente roja.

—… Creí que dijiste que actuáramos…-

— Sí, sí. Lo siento. — Apretó los labios. Aún sentía el calor de su cercanía, y aún no desaparecía pues el chico aún la tenía abrazada de la cintura. — Fue mi idea, lo admito, pero… Lo siento… Yo… No me relacioné mucho con la gente así que…

—… Claro. — Sonrió un poco. Vaya, por más madura que se haya mostrado desde un principio, era muy inocente. Al parecer era su primer beso y se sentía un poco avergonzada. Bueno, de poco, NADA. Atem presionó su frente con la de ella. — Entiendo, pues entonces, yo te guiaré.

Rodeó sus hombros con su brazo para que desaparecieran. Llegaron a los pasillos donde residían las habitaciones. Ahora sí ambos se avergonzaron cuando escucharon ruidos extraños de la mayoría de las habitaciones. Agradecían que no hubiera nadie merodeando por allí, los hubieran descubierto por sus caras.

—… Muy bien, vámonos de aquí. Esto es demasiado incómodo. — Anzu susurró. Atem negó. —… Viniste por ese tal Jonouchi, ¿verdad? — Atem estaba a punto de contestar cuando Anzu le calló. — ¡Oh, no! — Susurró. Seto se acercaba. Rodeó el cuello de Atem con sus brazos y lo besó nuevamente. El chico comprendió, así que no se quejó y le correspondió.

¡Ugh, qué vergüenza!

Seto alzó una ceja. De alguna forma, esa mujer le era familiar. Se encogió de hombros y volvió a calmar a Tenma, el hombre no le parecía la gran cosa, así que iría a bajarle los humos.

. . .

Anzu, al notar que Seto se había ido, agarró a Atem del brazo y se metió en la primera habitación donde no escuchó ruido. Ambos entraron y cerraron con fuerza.

— Estuvimos cerca…— Susurró.

— ¡Maldita sea, Seto! No cierres la puerta tan fuerte…-

Había salido del baño un sujeto rubio, que tenía una peluca oscura en su mano, pero esta cayó cuando se topó con ambos. Estaba con la boca abierta mirando a Atem y a Anzu. La castaña casi se muere del susto, mientras que Atem miraba con cierto temor y rabia al rubio.

—… Jonouchi.

— ¡Atem, eres tú! — Se estaba a punto de abalanzar hacia él para abrazarlo.

Pero Atem retrocedió considerablemente, puso a Anzu detrás de él para protegerla y sacó el revólver para apuntarle a la persona que consideró su amigo.

— No te acerques. — Susurró con una voz tenebrosa. El rubio frunció el ceño, desconcertado.

Muchas preguntas rondaban en su cabeza. ¿Por qué Atem le apuntaba con un arma? ¿Quién era la joven a la que protegía con tanto esmero? ¿Cómo sobrevivió? ¿Dónde estaba Mai? ¿Dónde estaba su hija?

—… Atem… N-No entiendo, ¿p-por qué me apuntas con un arma? ¿Qué sucede? — El ojivioleta sonrió con crueldad y dolor.

—… Sucede, que sobreviví, Katsuya. Sobreviví al accidente gracias a esta mujer que tengo a mi lado. Apuesto que estás decepcionado de verme vivo, ¿no? — Preguntó con cinismo.

— ¡¿QUÉ?! ¡NO! ¡Es todo lo contrario! ¡No sabes lo feliz que estoy de que estés vivo! — Dijo desesperadamente. — Vamos, Atem. Si esta es una de tus bromas… Baja el arma y deja…-

— ¡NO TE ACERQUES! — Gritó, cegado de la rabia al verlo tratar de avanzar. Anzu se aferró a su chaqueta. Atem estaba fuera de sí, ya no podía controlar sus sentimientos. Los había suprimido demasiado. — No creí que serías capaz de venderte, luego de tantos años juntos. Crecimos como hermanos, Jou. — Dijo para preparar el arma para disparar, sin embargo su brazo temblaba. Estaba herido, desconsolado. No tenía a nadie en quien confiar, salvo a la joven que tenía a sus espaldas. — Todo este tiempo me habías engañado, y a Mai, y tu propia hija, maldito infeliz…

— Atem, no sé de qué…

— ¡ERES UN MALDITO TRAIDOR! — Bramó furioso. Anzu se cubrió los oídos. No podía creerlo, sabía que la gente del llano tenía su naturaleza salvaje y violenta, pero jamás creyó experimentarlo. Atem la estaba asustando.

— ¡¿Tr-Traidor?! ¡Traidor tu abuela, estúpido! — Se quejó este. ¡Joder! ¿Qué le hizo pensar…? Entonces se dio cuenta. Estaba refugiado en la organización para buscarlo. De seguro él había malinterpretado…— Ah, bien. Cálmate, Atem. Hay una explicación para esto…-

Se abrió la puerta para ver a Seto con un arma apuntando a Atem. Jonouchi maldijo al castaño. ¡Jodido estúpido, estaba empeorando las cosas! El tricolor al notar un arma apuntándole, se movió levemente para volver a esconder a la doctora tras su espalda. Si lo iban a matar, que por lo menos no lastimaran a la joven.

— Suelta el arma, bastardo.

— Mátame si es lo que quieres. — Atem miró a Seto directamente a los ojos, sin miedo. No dejaba de apuntar a Jonouchi, y volvió a mirarle. — Pero lo mataré a él primero.

— No juegues con mi paciencia…-

— ¡CÁLLATE, SETO! — Le interrumpió Jonouchi. — Este es Atem Muto.

El castaño miró sorprendido al rubio. Primero, porque le había hablado de esa manera tan molesta y desesperada. Y segundo, que la persona que quería matar al rubio era su amigo. Bajó lentamente el arma.

—… ¿Estás seguro?

— Completamente. — Tragó saliva. Atem seguía mirándole de forma dolida y desconfiada.

—… No creas que me tragaré ese cuento.

— Atem, maldita sea. Escúchame, para todo hay una explicación…-

— La única explicación es que eres uno de ellos…

— ¡Escúchame…-!

— ¡NO! — Sus hombros comenzaron a temblar.

No lo soportaba más, no podía con tanto dolor. Era tanto que no le cabía en el cuerpo. La angustia que le rodeaba era incapaz de controlar. Sentía que el mundo se le caía encima y lo único que podía hacer era dispararle al cielo, para que luego le devuelvan la bala.

—… Yo te vi con ellos…— Susurró. — Vi cómo te trataban, cómo TÚ hablabas con esos bastardos criminales…

— Lo sé, y tengo una explicación para eso…— Dijo lo más calmado posible. —… Yo confío que no me vas a disparar, amigo. — Sonrió con inseguridad. — Escúchame, y verás como todo calzará como un rompecabezas.

—… Atem. — El tricolor se giró levemente para encontrarse con los ojos llorosos y asustados de la castaña. —… Déjalo que hable. Y será tu decisión creerle o no.

—…— Le dirigió una disculpa con los ojos. La había asustado. Volvió a mirar a Jonouchi en silencio sin dejar de apuntarle.

—… Verás, cuando me enteré del accidente… Quise morirme, Atem. Porque, fuiste arriesgando tu vida por mi hija, lo más noble que alguien haya hecho. Y en ese entonces, los creímos muertos, a ambos. Y así, la niña estaba completamente desamparada.

—… ¿Y dónde está ella? ¿La encontraste?

— No, estoy investigando todavía. — Señaló a Seto. — Él es Seto Kaiba, un antiguo amigo. Está trabajando aquí y… Le pedí que me metiera en la organización para saber más de ti, de Mai y de mi hija. A Seto le ordenaron matarme, pero no lo hizo al reconocerme. Ahora me está ayudando todo este asunto. — El castaño miró de reojo a la castaña, quien estaba distraída mirando a Atem tenso.

— Fue un golpe de suerte que estés aquí. Nos ahorraste un gran trabajo.

—… Por eso me hice pasar por uno de esos matones. — Entristeció notablemente al ver el rostro de su amigo. Sabía que le estaba creyendo, y que también estaba en su límite. Los orbes violetas del chico se llenaron de lágrimas. — Atem, amigo… Es la verdad. No dudarás de tu compañero de travesuras, ¿verdad? — Sonrió con tristeza. Anzu lo persuadió bajándole el brazo para bajar el arma, que cayó al suelo.

La castaña veía con una profunda tristeza a Atem, quien miraba el suelo con los ojos brillantes por las lágrimas. Parecía un niño perdido, solo, abandonado y desesperado.

—… Atem, tranquilo. Entiendo tu confusión y tu frustración. Te prometo que vamos a encontrar a Mai y a…— Se mordió el labio. — Y a Esmeralda.

EL tricolor alzó rápidamente la vista para mirarlo desconcertado.

— Mai me dijo que era una sorpresa para ti. — Le miró con tristeza. — Que a su hija la llamaría así. Esmeralda.

—… Jonouchi…

— Las vamos a encontrar. — El rubio también sintió las lágrimas quemar sus ojos. ¡Maldición, su amigo estaba vivo! Estaba tan feliz… Pero a la vez tan angustiado. — Somos un equipo, como siempre.

—…

—… Esmeralda no hubiese querido que estuvieras así.

Esa frase…

Esmeralda.

Mai.

. . .

Las lágrimas finalmente escaparon de sus ojos las cubrió con el dorso de su mano. Jonouchi se acercó a él y lo abrazó, el tricolor solo se dejó. Estaba tan cansado de luchar.

Pero aún tenía a personas que proteger.

A su familia de la hacienda.

A Mai.

A Jonouchi.

A su sobrina, Esmeralda.

Y ahora se había prometido proteger a Anzu.

Continuará…

Creo que este capítulo será el más largo de la historia. Está lleno de emociones de angustia, así como Atem se sintió. Los problemas se avecinan, aunque Jou y Atem estén juntos como compañeros y amigos nuevamente.

Espero que les haya gustado el capítulo, después de todo lo hice con mucha dedicación, no quiero abandonar este fic, será corto de todos modos, pero aún así quería que lo leyeran, aunque me lleguen pocos reviews u.u

Rossana's Mind

Reviews? Mientras más, mejor!