Hey, chicos. Me siento muchísimo mejor que antes, emocionalmente porque mi cuerpo es un asco. Bueno, vayamos al capítulo, pues los sentimientos de Anzu y Atem comienzan a traicionarlos ante su cercanía. Pero no se dejarán doblegar, Atem tiene algo que cumplir y Anzu no quiere que él sepa la verdad.

¿Cuál verdad?

Pronto la sabrán.

Pero NO en este capítulo muajajaja

En fin, si quieren saber, ya saben cómo funciona esto, más reviews es igual a escritora feliz es igual a avance más rápido de caps., sin mencionar que ya terminé todos mis proyectos y la próxima semana estaré de vacaciones!

VAYAMOS AL CAPÍTULO!

Capítulo 6: Arriesgando todo.

—… Um…— Jonouchi y Atem alzaron la vista para encontrarse con Anzu mirándolos con una mueca preocupada. — Co-Comprendo que sea un momento muy emotivo y conmovedor, pero… ¿No será mejor hacerlo en otro lugar? Es decir, estamos en un lugar donde esos asesinos se ubican… ¿No será mejor que nos vayamos, Atem?

—… Ella tiene razón. — Jonouchi posó una mano en el hombro de su amigo y le sonrió. Seto miraba a Anzu con el ceño fruncido. — Ya tuviste suficiente, ¿no? El accidente debió haberte matado. — El rubio le sonrió enormemente a la ojiazul. — Gracias por salvarle la vida, señorita. Significa mucho.

— No me lo agradezca, ¿sí? Cualquiera hubiera hecho lo mismo en mi lugar…— Negó con la cabeza, cansada. — Sin embargo, trato de salvarle la vida a Atem… ¡Y mire lo que hace! Meterse en un lugar como este. ¡Miren como tuve que vestirme para meterme a este… burdel!— Miró con reproche al tricolor, quien solo le sonrió. Anzu llevaba un vestido negro que descubría toda la espalda, cubría apenas sus muslos y el descote era demasiado descarado. — Lo meten en peligro a ustedes, a él mismo y a mí también… ¡Vámonos ya! — Se quejó.

— Sí, sí. Tienes razón. — El ojivioleta suspiró pesadamente. — Lo siento, pero tenía que venir.

— Concuerdo con esa niña. — Anzu se estremeció al oír la voz de Seto. Parecía molesto. — Es mejor que le hagas caso. Tenma desconfía mucho de él desde que llegó porque se le quedó mirando.

—… ¿Y así se llama? ¿Es él el jefe de la organización de la mafia? — Atem se levantó y se cruzó de brazos.

— No, él es la mano derecha de Kaiba. — Aclaró Jonouchi.

Anzu se tensó y miró al par de amigos.

Escucharlo de otras bocas era realmente doloroso.

— Su apellido es ese. Su nombre completo es Gozaburo Kaiba, el jefe SUPREMO. — Jonouchi escupió su nombre con rabia. Atem miró a Seto. — Él es su hijo mayor, pero ellos se odian. Es por eso que Seto decidió ayudarme.

— ¿Por qué trabajas para él?

— Me están amenazando con dos personas importantes para mí.

—…

— Gozaburo Kaiba es el mafioso que quiere quedarse con tu hacienda. El que ORDENÓ derribar la avioneta en la que iban Mai y tú.

—… ¿Entonces Gozaburo Kaiba mandó a secuestrar a Esmeralda? — Preguntó. Se había adaptado al nombre casi enseguida de su sobrina.

— Sí, es lo que creemos nosotros. Y que tiene a mi hija.

—… Pues ya tendré tiempo para partirle la cara. — Maldijo entre dientes. Anzu se tensó. Seto rodó de ojos. A él le daba igual lo que le pasara a su padre. — ¿Y qué fue de Mai? Dicen que llegó muy mal a la clínica.

— No tenemos nada. Solo que desapareció del hospital como tú. Kaiba tampoco la ha encontrado, por eso me contrataron por medio de Seto para buscarla.

—…— Sus ojos se oscurecieron de tristeza.

El golpeteo de la puerta hizo que los cuatro se paralizaran.

— ¿Quién es? — Preguntó Seto, sin abrir.

— Soy Tenma, imbécil. ¿Qué demonios está pasando ahí dentro?

Jonouchi se puso la peluca como un relámpago y agarró a Atem para agarrarlo del cuello de la chaqueta y lo estrelló contra el suelo. Anzu soltó un grito de horror y Seto se rió, entendiendo lo que haría.

— ¡¿Qué demonios, Jou…?!

— ¡Ustedes vinieron actuando! ¡Sigan con el papel! — Susurró Kaiba.

Anzu asintió y se cruzó de brazos actuando una molesta expresión, dibujando una mueca en sus labios pintados. Seto abrió y Tenma entró, encontrándose con "Joey" agarrando a un sujeto del cuello de la ropa y a una mujer furiosa.

— ¿Se puede saber qué demonios pasa?

— ¡ESTE IMBÉCIL NO ME HA PAGADO! — Vociferó Anzu molesta. Rogó a todos los Dioses que existían que Tenma no la reconociera.

— Cállate, perra. — Seto la agarró del brazo. — Yo te pago, pero no te quiero aquí si armas un escándalo como este.

— Yo tampoco quiero volver a verte aquí, maldito bastardo. — Murmuró Jonouchi, agarró a Atem y lo arrastró a la salida trasera junto con Anzu.

Cuando los lanzó a vista de todos, cerró la puerta y se quedó un rato afuera mirando a Atem que se acariciaba la nuca con cierto dolor y Anzu se frotaba el brazo.

— Perdón por la violencia, pero era necesario. ¿Duele mucho el brazo, señorita…?

— Soy Anzu. — Le sonrió con cansancio. — Estoy bien.

—… Jou. — El de ojos castaños miró a su mejor amigo, que le miraba con tristeza. —… Perdóname, Jonouchi, yo…— Suspiró. — Lamento haber desconfiado de ti. ¡Maldición, estás arriesgando tu vida por mí! Y-Yo…-

— Atem, cálmate. Estoy seguro de que yo hubiera reaccionado peor. — Se rió sin humor. — Ten. — Sacó una tarjeta. — Me llamo Joey Wheeler aquí, así que no me llames por mi verdadero nombre en público. — Atem asintió. — No pierdan el tiempo, váyanse.

. . .

El camino a la casa secreta de Anzu fue muy silencioso. La tensión era notable en el aire y la castaña jugaba nerviosamente con los mechones de la peluca que aún tenía puesta. Atem manejaba en silencio mientras de vez en cuando tensaba la mandíbula y soltaba una maldición. Cuando llegaron, Anzu lo miró.

—… No vuelvas a irte sin decírmelo, casi me muero del susto.

El ojivioleta, quien le estuvo dando la espalda todo ese tiempo, se giró a verla con el ceño fruncido.

— ¿Por qué lo haces?

— ¿Qué? ¿Hacer qué?

— ¿Por qué te arriesgas de esa forma por mí? — Caminó hacia ella. Anzu apartó la mirada. No podía decirle. — Y no me vengas con que estás preocupada por mí porque soy tu paciente. ¡Maldita sea, Anzu! ¡Mírate! — La castaña dio un respingo cuando él alzó la voz, regañándola. — ¡Mira como tuviste que vestirte! ¿Qué hubiera pasado si alguien más se te hubiera acercado? ¡Te pudieron hacer daño! ¡No tienes por qué…!

— ¡No tengo por qué hacerlo! — Completó lo que iba a decir gritándole. —… Pero quise hacerlo. ¡Tenía que salvarte…!

— Agradezco que me salvaras. Desde que llegué aquí no has hecho más que salvarme, Anzu. Pero esto NO es asunto tuyo. No quiero involucrarte en esto. — Se acarició las sienes. — Yo… Creí que podría… Pero no puedo. No soy capaz de aceptar tu bondad, Anzu. Eres demasiado buena y… No mereces esto. No quiero que mueras solo porque quisiste ayudarme.

—… Atem, fue MI decisión. No tuya. — Frunció el ceño. — No tengo por qué pedirte permiso de querer arriesgar mi vida…-

— Basta, Anzu. No sigas. — La castaña le miró, desconcertada. — No vuelvas a hacerlo, no vuelvas a salvarme. Yo pronto desapareceré de tu vida, no vale la pena que lo hagas. Volverás a tu vida de antes y ya, como si nunca hubiese venido.

No.

No.

Ella no quería eso. Tampoco podía. No podía traer de vuelta a Mokuba y a Noah. No soportaba ver a Kisara llorar todas las noches. No soportaba ver a Seto arriesgar su vida por ella y por la peliblanco.

Ella odiaba su vida anterior.

Porque Gozaburo Kaiba estuvo en ella.

—…— Sus ojos se llenaron de lágrimas. No quería volver a esos días.

— Mantente al margen. — Ordenó. — Quiero que te alejes de mí y del peligro que me rodea.

La castaña ya no pudo sostenerle la mirada, no quería mostrarle sus lágrimas. No quería demostrarle lo débil y estúpida que era. No lo iba a mostrar, jamás. Se alejó un par de pasos de él y estaba a punto de voltearse cuando Atem la agarró del brazo.

— Anzu…-

— Ya entendí. — Dijo con voz calmada, no dejaría que notara su dolor. — Comprendo a lo que te refieres.

— No me malentiendas…— Anzu se zafó de su agarre con suavidad.

La castaña se giró y le sonrió, ocultando lo mayor que pudo el dolor de sus palabras.

— Entiendo. Buenas noches.

Sin más, caminó a su antigua habitación. Se quitó la peluca, se quitó el maquillaje y se colocó su pijama. Se dejó caer en la cama y comenzó a sollozar suavemente.

Tal vez a él le importaba muy poco si se separaban.

Pero a ella no.

Llevó su mano a sus labios y lloró más fuerte.

.

.

.

-D-o-s—A-ñ-o-s—A-t-r-á-s-

Esmeralda, te acabas de recuperar de una lesión en la pierna. ¿No crees que es muy pronto para andar a caballo? — El tricolor se cruzó de brazos.

La pelinegra rodó de ojos y lo fulminó con la mirada.

¿Tú también? Atem, tú me conoces mejor que nadie. Si no fuera porque estás aquí, yo sería la más fuerte de estas tierras. Y tú lo sabes. Puedo cuidarme y por favor, confía en mí. — Suspiró.

Estoy preocupado.

Lo sé, pero tu protección a veces me fastidia. — Ajustó sus botas. — Nos vemos. — Dijo para salir de la casa.

Atem suspiró.

¡ATEM!

Alzó rápidamente la vista para ver a Rebecca correr hacia él rápidamente.

¡Vivian hizo algo malo! ¡Le puso algo debajo a la silla del caballo de Esmeralda…! ¡Perdón si no pude detenerla! — Se inclinó, desesperada. — ¡Pero pensé que me haría daño…!

Ambos giraron la vista el escuchar un relincho fuerte y molesto.

Atem salió corriendo rápidamente y divisó a lo lejos ver a Esmeralda tratando de tranquilizar a su caballo. ¡Maldición, ese animal era el más violento y salvaje de todos! ¡Justo ese le pertenecía a su novia! La suerte no era grata con ella.

La joven no entendía por qué al subirse al caballo, este se movía molesto y alzaba las patas con el fin de tirarla. Se agarró con fuerza para no caer, pero le era difícil, eso no era un animal, era una bestia. Y por eso, desagraciadamente, le gustaba ese caballo. Porque era fiero y habilidoso.

Pero ahora le estaba tratando… no muy bien.

¡Esmeralda!

Ese grito la desconcentró.

De un violento movimiento, se soltó y se cayó, estrellando su espalda contra la cerca de la hacienda. Soltó un alarido de dolor cuando también sintió la madera golpear su cabeza.

¡Esmeralda!

Atem la movió suavemente para sacarla del ajetreo en el que se metió con suavidad. Sostuvo su cuerpo y la miró.

¡Te dije que no salieras a caballo!

Como si fuera mi culpa que el bendito animal estuviera en sus días. — Masculló con dolor. Atem hizo una mueca.

No fue el caballo. — La ojiazul lo miró, adolorida y confundida. —… Fue Vivian. Le puso algo al caballo, Rebecca acaba de decírmelo.

Esmeralda empujó a Atem lejos, haciéndolo caer al suelo mientras ella se ponía de pie.

¡MALDITA ZORRA! ¡YA VERÁ CUANDO LE PONGA LAS MANOS ENCIMA…!— Se detuvo al sentir una punzada en la columna. Se estaba a punto de caer nuevamente cuando Atem la sujeto de la cintura.

Te calmas. — Ordenó mientras suspiraba. — Después hablaré con ella, ahora… Busquemos un médico.

-E-n-d-s-

Atem despertó y se sentó. Suspiró por el sueño.

— Vivian. — Susurró, con rencor.

La había echado de la hacienda y no supo más de ella. Pero según las malas lenguas, había trabajado con Bakura y con Marik.

Tomó el teléfono y marcó.

¿Hola?

— Joey.

¿Eh? Ah, Atem. Lo siento, no me he acostumbrado a este nombre. — Atem se rió. — ¡No te rías! ¡Esto es horrible!

—… Tengo una teoría, pero no estoy seguro. — El silencio de la otra línea le dio a entender que prosiguiera. — Creo que… Tal vez… Bakura tenga a Mai.

¿Bakura?

— Sí. Después de todo, fue él quien se llevó a Esmeralda, ¿no?

—… Es probable.

— Además, él ya estaba aquí cuando ocurrió el accidente. Es lógico. Mientras yo me recuperaba de la confusión, Mai fue la que quedó más débil, aprovechó, y simplemente se la llevó. No sé adónde, pero se la llevó. Eso es lo que pienso.

—… Ahora estoy ocupado, ¿puede verte esta noche? ¿Dónde estás?

— Estoy en un lugar secreto de Anzu, te daré la dirección en después.

Bien, yo te llamaré después.

Cuando colgó, escuchó unos pasos y se volteó para ver a Anzu caminar hacia él con una expresión cansada. Ella le sonrió cansadamente.

— Buenos días.

— Deberías seguir durmiendo, Anzu. Es muy temprano.

— He dormido menos que esto, Atem. Soy una doctora. — Bromeó. Analizó su rostro y se le veía incómodo. —… ¿Sucede algo?

—… Perdona mi impertinencia, Anzu. Jonouchi vendrá en unas horas. — La castaña se tensó.

Si venía con Seto, la descubrirían.

—… Solo él, ¿verdad?

— ¿Eh? Sí, supongo. — Apartó su vista de ella.

Anzu se fue sin decir nada. Se duchó para luego ponerse unos jeans oscuros, una camisa blanca de tirantes un chaleco de lana encima del mismo tono que la camisa. Volvió y se sentó al lado de Atem, quien le miraba con curiosidad.

— Dime, Atem… Yo conocí a Bakura-kun, pero… Nunca vi… Su faceta criminal. — Se miró las manos. —… ¿Puedes contarme de él?

— Pues… Solía ser un gran amigo mío. Es una persona… Con la mente retorcida. — Susurró, mientras que Anzu servía un café y se lo entregó. — Gracias.

— Está caliente.

— Mm. — Miró la taza humeante. — Honestamente, como tú, creímos a simple vista que Bakura puede ser cualquier otro sujeto, uno común y corriente. Pero no son así. — Sonrió con amargura. — Son como las serpientes de coral. Coloridas, bonitas… Pero que expulsan un veneno asesino. Por todo lo que hace… Hacía las mismas locuras que Vivian. Era un desquiciado… Yo… Me enteré de algo increíble…

-M-e-s-e-s—A-t-r-á-s-

Atem se había acercado nuevamente a su hacienda, necesitaba saber si todo transcurría en orden. Le había pedido a Bakura que la cuidara mientras estaban afuera, pero…

Se paralizó cuando vio a Marik, uno de los "supuestos" testigos de las acusaciones de Mai, caminaba sin vergüenza alguna en la zona. Entró a la casa sin más y el tricolor lo siguió. Tal vez Bakura estaba en peligro.

Entró rápidamente y vio al hombre entrar en la oficina.

Mmph, podrás engañar a Atem y a Mai. Pero a mí no, Bakura.

El ojivioleta frunció el ceño y se acercó más. ¿De qué estaban hablando?

¿Qué pensarían los estúpidos de los Muto si se enteraran que tú, Bakura, eres el peor enemigo de ellos? — Se paralizó. — Porque sé que tú planeaste todo esto para quedarte con El Nilo, Bakura. Tú me mandaste a llamar, ¿verdad?

Atem tragó saliva. No, eso no podía ser verdad.

No, no.

No, Bakura no.

No, su amigo no podía estar haciéndoles algo como eso.

Mmph. — Escuchó la voz de su "amigo". — Al parecer, cuando te acostaste con Vivian, la hiciste soltar la lengua para delatarme, ¿verdad?

¿Vivian lo sabía?

Síp.

Esa zorra tiene la boca muy grande. Prefiero que la use para otras cosas. — Se rió. — Pero hubiera preferido que te enteraras en otro momento.

Es mejor así, trabajaremos juntos. Tenemos que eliminar a los demás, pues hay cierta noticia que no podremos callar por mucho tiempo.

—… ¿Te refieres a…?

Sí. Hay DEMASIADO petróleo en El Nilo como para callarlo. — ¡¿Petróleo?!

Atem se apoyó pesadamente en la pared. ¿Su hacienda tenía petróleo? ¿Por qué su madre nunca se lo dijo?

Claro, la respuesta se contestó sola.

Sí, tuve que matar a Atenea para que no le dijera a sus hijos.

Cerró los ojos con fuerza mientras sentía otra puñalada de traición en su pecho.

Dios santo…

Cuidado con tu ambición, ¿eh? No querremos que eso acabe con todo. Ya mataste a esa perra, faltan los hijitos.

Me encargaré yo del petróleo. Esta hacienda será convertida en una gran exportación de petróleo más importante del país. Borraré este pueblo del mapa luego de condenar las vidas de los Muto y sus aliados, así como lo hice con Esmeralda.

Atem sintió como su mundo de derrumbaba.

¿Esmeralda? ¿La mujer de Atem?

Sí, la muy infeliz me había descubierto. Así que me encargué de ella.

—… ¿Y cómo?

Atem se tambaleó al escuchar la sonora carcajada de Bakura. Se cubrió los oídos, espantado. No, Bakura no era el responsable de lo que le había pasado a Esmeralda… ¿Verdad?

Desgraciadamente, todas las piezas conectaban esa respuesta.

¿Su amigo…? ¿Había violado a la persona que más amó en su vida?

-E-n-d-s-

Atem se quedó mirando a la ojiazul. Parecía inmersa en sus pensamientos.

—… ¿Estás bien?

—… ¿Eh? S-Sí. — Apartó sus ojos de él.

Él había visto a Bakura con la niña en brazos, pero no se lo diría. Al menos, no por el momento.

No lo haría, podría ser descubierta.

—… Esmeralda…— Pronunció con una sonrisa. — Ella estará bien. — Le sonrió. — Estoy segura.

Él asintió y se fue a tomar aire. Anzu suspiró y miró el teléfono. Sin pensárselo mucho, marcó al número de su departamento. Contestaron enseguida.

— ¡¿Hola?!

— Tranquilízate, Kisara…-

— ¡ANZU! ¿Cómo quieres que me tranquilice? ¡Hace mucho que no llamabas! Creí que Kaiba…-

— Estoy bien. — Suspiró mientras sonreía.

— Sí, y por lo que noto por el número, estás en ESE lugar…

— Sí…— Se calló y se escondió al ver por la ventana que llegaba un auto y de allí, salían Jonouchi y Seto.

¡MIERDA!

— ¿Anzu?

— ¿Eh? Lo siento…— Se escondió en el baño. — Escucha, Kisara. Necesito que me hagas un favor.

—… ¿Y ese es…?

— Verás… Necesito que vayas al lugar INNOMBRABLE y quiero que veas si hay una recién nacida allí.

—… ¿Una recién nacida? ¿Una niña?

— Sí.

—… ¿Qué hay de Kaiba?

— No se enterará, sus hombres no te conocen bien. No te reconocerán. Si te metes en problemas, te prometo que yo asumiré la culpa.

—… Bien.

.

.

.

— Ahora todo tiene sentido. — Jonouchi lo miraba en silencio. Compartía su rabia.

Seto miraba la casa de forma melancólica. Sus sospechas eran ciertas, pero no diría nada.

— Se aseguraron de que Mai o yo, o en este caso, ambos, nos subiéramos en esa avioneta paa luego derribarla. Bakura se aseguró de ello al secuestrar a la niña.

— Sí.

— Investigamos hace unas horas. Es cierto, ese tal Bakura trabajaba con nosotros antes. Creo haberlo visto antes. — Confirmó Seto. —… Pero algo me molesta… Y es… ¿Por qué Bakura haría una misión de Kaiba, para luego traicionarlo y llevarse a la mujer de Katsuya?

—…

Buena pregunta.

Aunque Atem ya tenía una idea. Ese hombre era un desquiciado, amaba el dinero y el sufrimiento ajeno.

— Lo más probable es que usó a Mai como una tarjeta bajo la manga, para asegurarse de no ser eliminado por Kaiba.

— Es posible que desee negociar contigo o con Kaiba. En ambas opciones, saldría ganando. — Seto se cruzó de brazos, mirando la fotografía de Anzu, Kisara, Mokuba y Noah. — Genial, se nos suma otra persona a la lista. Tendremos que buscar a Mai, a Esmeralda y a ese imbécil. — Escuchó unos pasos por la casa y se irguió. — ¿Puedo usar el baño? — Atem se encogió de hombros sin mucho interés.

Seto se fue y siguió los pasos de Anzu, quien estaba a punto de salir. La agarró del brazo y la volteó. La castaña estuvo a punto de soltar un grito cuando el castaño le tapó la boca con su mano.

— Si gritas, nos descubrirán a ambos. — susurró y la soltó suavemente. —… Ahora todo está claro. Si hubo alguien quien siempre superó mi forma de manejar eres tú. Tú sacaste a Atem del hospital y lo estás ayudando. — La ojiazul ocultó su mirada de él. — Anzu. ¿A qué estás jugando? ¿Qué pasará cuando Kaiba se entere?

— No me interesa si se entera. — Lo miró con el ceño fruncido. — Y más vale que no digas nada acerca de mi identidad, porque tú te hundirás conmigo.

— Anzu, estás en peligro. ¡Todos estos años traté evitar que cayeras en esto! ¡Mira lo que haces!

— ¡¿Y qué?! Había mejores maneras que entregarte a la mafia.

— Tenían a Kisara, Anzu. — Apretó los puños. — Sabes…-

— Lo importante que es ella para ti. — Completó. — Lo sé.

— No olvides que también tú eres importante para mí.

— ¿Qué hay de Mokuba y Noah?

— Se habían enterado, no pude evitar que Tenma… Anzu, la muerte de esos niños… Ni siquiera yo me la perdono, ¡ellos también eran…!

— ¡Lo sé! — Suspiró. —… Pero no te me acerques. No quiero que sepan… No quiero que Atem crea que le estoy traicionando.

— Debiste decirle la verdad desde un principio.

— ¿Crees que es tan fácil? ¿Llegar y decirle quién soy en realidad?

—… La verdad no. Desde la muerte de…

— Sí. Desde la muerte de mi madre que yo estoy ocultándolo. Así que… Basta, Seto. No te me acerques como si fuésemos conocidos, por favor.

Ambas miradas zafiros se enfrentaron por varios segundos, hasta que apartaron la mirada del otro sutilmente. La castaña se acercó y lo abrazó.

—… Tú y Kisara son lo único que tengo ahora… Más vale que te cuides, ¿sí?

Seto la abrazó de vuelta y asintió.

Anz se alejó lentamente de él y se fue en su auto.

.

.

.

— Muy bien. — Kisara le miró, preocupada. — Repasemos. ¿Qué harás?

—… Fingiré estar perdida, peguntaré por cualquier persona, mientras me dicen que me equivoqué de dirección, trataré de buscar indicios de que esté la bebé allí.

— Bien. — Tragó saliva. — Buena suerte, Kisara. Me dirás como te fue, ¿sí? No debes mostrarte nerviosa o te descubrirán.

—… ¿Estás segura de esto?

— Hay una familia entera sufriendo por culpa de Kaiba, Kisara. Tenemos que hacer algo. Después de lo de Seto, tú juraste que desde ese entonces harías lo que sea para frustrar sus planes.

—…— La miró a los ojos. — ¿Haces esto por ese muchacho llamado Atem?

—…— Apartó sus ojos de ella. — Sí, pues… Me entiendo mucho con él, el dolor que lleva es demasiado para una persona, siento que ya es suficiente de tanto dolor. ¿No crees?

—… ¿Qué sientes por ese chico, Anzu?

—…— La miró perpleja. —… ¿Qué insinúas?

— No lo sé… Tú nunca te enamoraste porque viviste en zonas restringidas… Me sorprende que quieras con tantas ganas proteger a un hombre que no sea Seto por mí.

—… Atem y yo solo somos amigos.

— No has contestado lo que sientes por él, Anzu. — Dijo con tristeza. — ¿Te estás enamorando de él?

—…

"El silencio otorga".

Sí, así decía el dicho.

—… Kisara, no tienes por qué dudar de lo que te digo. — Le sonrió con una indiferencia que no pasó desapercibida por la de cabellos blancos. — ¿Estás lista para ir?

—… Sí. — Asintió energéticamente y se bajó del auto.

Anzu se quedó pensando en la conversación reciente. Apoyó su rostro en sus manos.

—… Y si es verdad… Es tarde. Yo no tengo espacio en su vida.

"Yo pronto desapareceré de tu vida, no vale la pena que lo hagas. Volverás a tu vida de antes y ya, como si nunca hubiese venido."

. . .

Caminó hacia la casa POHIBIDA. Allí solía vivir Anzu y su madre cuando estuvo viva, pero luego de su muerte, Anzu dejó ese lugar y Kaiba lo había utilizado a su antojo. Y lo más probable, es que la niña estuviera allí. Parecía una mansión, pues Anzu siempre vivió rodeada de lujos.

Tocó el timbre.

Una mujer de cabellos negros y ojos avellana de vestimenta ciertamente descarada le abrió.

— ¿Sí?

— Hola, mucho gusto. Soy Kisara…-

— Yo Vivian. — Le interrumpió. — Vivian Wong.

Anzu, que estaba cerca, se paralizó y retrocedió rápidamente el auto para no ser vista.

¡¿Vivian Wong?!

Vivian…

Ese nombre.

Dios santo, esa niña corría peligro de verdad si se encontraba allí.

.

.

.

En este departamento hay gazas, vendas limpias y suero. — Dijo Atem.

Habían ido a un departamento curiosamente usado en los alrededores.

— Pues adivina, ese maldito SI estuvo aquí. — Le entregó una tarjeta de identificación. Era de Bakura.

—… Tiene a mi hermana… Y la está manteniendo con vida para hacerle daño.

Maldito…

Lo iba a pagar caro.

Por Mai.

Por su sobrina.

Por su madre.

Por Jonouchi.

Pero por sobre todas las cosas.

Por Esmeralda, que Dios la tuviera en su santa gloria.

— Sí, sin embargo ya no está aquí. — Apareció Seto con un pasaje. — Y bien lejos. Parece que iremos a tu lugar de origen, Atem.

El tricolor agarró el papel y lo leyó. Esa era la única línea que conducía al pueblo donde estaba su hacienda. Bakura había vuelto.

Su familia corría peligro.

Rebecca, Honda, Shizuka, Ryo, Mana, Shadi, Mahado…

Pero también estaba el único Muto en sus tierras.

—… Yugi.

.

.

.

— ¡La tienen! — Dijo Kisara apenas entró. Anzu sonrió. — La tienen, esa mujer dijo que no, pero escuché su llanto. No pudo engañarme. — Se rió. — Bien, ¿ahora qué…?— Calló abruptamente cuando vio a Anzu borrar su sonrisa y sacó un revólver de la parte de abajo. —… ¿Anzu? ¿Qué…? ¿Qué vas a hacer?

—… Tú ya hiciste tu parte. — Se llevó el arma al pecho. Su corazón latía desbocado. —… Ahora tengo que hacer la mía. — Estaba a punto de salir cuando Kisara la agarró del brazo.

— ¡No! ¡Anzu, no! — La joven comenzó a llorar. — ¿Qué le diré a Seto si te pasa algo? ¿Y qué haré yo sin mi mejor amiga…?— La castaña le secó las lágrimas.

— Kisara, cálmate. — Le sonrió con tristeza. — Te prometo, que estaré bien. Volveré a salvo, pero tengo que salvar a esa niña.

—…— Asintió torpemente. Anzu iba a decir algo, pero la de cabellos blancos se lo impidió. — No te atrevas a pedirme que me vaya, Anzu Mazaki. De lo contrario, yo misma te mataré.

—…— Suspiró. — Bien, quédate aquí. Pero pase lo que pase, NO SALGAS.

Ella asintió. Anzu tragó saliva y salió del auto.

Se acercó a la mansión y escuchó el llanto de una niña, junto con las quejas de una mujer. La loca de Vivian, supuso. No sabía que esa mujer estaba en la ciudad, Atem le había dicho que no supo nada más de ella, pero mala hierba nunca muere, al parecer. Tocó el timbre con insistencia.

— ¿Ves? Por tu culpa, que no dejas de llorar no pude terminar las cosas. — Anzu tocó nuevamente. — ¡Ya voy!

Su corazón latía aceleradamente.

Era hora de apostarlo todo.

La puerta se abrió y divisó a la mujer. Ella alzó el revólver y le dirigió una mirada fría.

Vivian retrocedió, horrorizada.

— La niña. — La mujer parpadeó, incrédula. — ¿Dónde está la niña? ¡Démela!

Continuará…

WIIIIIII Capítulo que quizás los dejé con el corazón en la garganta. Ojalá que les haya gustado, y que les haya dejado con unas ganas bestiales de seguir leyendo este fic.

El secreto de Anzu está a punto de salir a la luz.

Kisara no quiere perder a nadie más.

Seto está preocupado por la seguridad de Anzu.

Y Atem y Jonouchi no saben nada acerca de los Kaiba.

EN FIN, NOS VEMOS EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO!

Rossana's Mind.

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