Hola, chicos! Sé que muchos están enfadados con la actitud de Atem, yo también e_e, pero así es la historia, jejeje

Bueno, no diré nada de este capítulo porque se viene algo

Y no les diré que eeeeeeeeeeeeees…

VAYAMOS AL CAPÍTULO!

Capítulo 11: La guerra ha comenzado.

Atem, Anzu y Jonouchi optaron por ir al pueblo a averiguar que rayos había ocurrido en el tiempo en que no estuvo. Sin embargo, no contaron que el pueblo también estuviese completamente deshabitado. Se adentraron a pasos lentos, como si fuera un pueblo fantasma. La castaña estrechó con fuerza al bebé en sus brazos, tratando de quitar el miedo que sentía.

Atem notó sus incontrolables temblores. Se preguntaba si llevaba mucho tiempo en ese estado de horror que no la dejaba actuar como realmente era.

— ¡ALTO!

Todos dieron un respingo al ver unos hombres armados apuntarle a los tres. Anzu retrocedió torpemente.

— ¡¿Acaso no saben que hay toque de queda?!

— ¡¿Toque de qué…?!— Exclamó el rubio, desconcertado. — ¡Eso no puede ser! ¡Yusei nunca haría eso…!

— ¡Fudo Yusei ya no es el alcalde del pueblo! — Atem y Jonouchi palidecieron. — Está encarcelado junto con sus seguidores. El nuevo alcalde es Zigfried von Schroeder.

— ¡¿QUÉ?! — Escupió el rubio. — ¡¿ESE PAYASO?! ¡Ni siquiera sabe dirigir el camino de su gato!

— ¡Más respeto hacia el alcalde…!

— ¡Oblígame, costal de pulgas…!— El rubio se le iba a lanzar, cuando la mano de Atem se posó en su hombro. El chico le miró. Los ojos violetas de Atem le miraban con cansancio y seriedad.

—… No más peleas por hoy, Jou. Ya no. — Miró el suelo para luego mirar de reojo a la castaña, que seguía aterrorizada.

El de ojos castaños se relajó y miró a los sujetos.

— Bien, nos largamos de aquí. Pero respóndannos algo. ¿Por qué Bakura y Marik tienen la hacienda de Atem?

— Bakura-sama y Marik-sama son los verdaderos dueños, embustero.

Los tres quedaron descolocados. Todo el pueblo estaba sometido y suprimido en cada casa para que no pudieran hacer nada en contra de los planes de Bakura.

Atem apretó los puños, pero no dijo nada.

Lentamente se giró y se apartó del pueblo, seguido de un furioso Jonouchi y una callada Anzu. Estuvieron caminando mucho tiempo hasta que se detuvieron en otra hacienda. Esta, a diferencia de la otra, estaba descuidada. El pasto crecía desordenadamente, no había ganado y la casa grande parecía un lugar de película de terror por lo sucia que estaba.

Sí.

Esta hacienda era "El Reino."

La hacienda que sin que nadie lo supiera, le perteneció a Esmeralda.

El recuerdo le causó unas nauseas horrendas.

. . .

— ¿Amigo o enemigo?

Reconoció esa voz enseguida, y provenía de los arbustos cercanos de la casa. Visualizó una escopeta apuntarle. Tragó saliva.

—… Soy yo, Yugi.

El tricolor menor salió rápidamente del arbusto. Atem tuvo que reprimir las ganas de soltar una exclamación. Su pobre hermanito estaba sucio y lleno de heridas. Cortes y moretones en su rostro y un brazo vendado, probablemente de una bala o un arma blanca. Escuchó más ruidos de los arbustos y vieron a Rebecca, Honda, Shizuka, Mana, Mahado y a Ryu.

—…

— ¡ATEM! — El tricolor menor salió rápidamente del escondite, soltando la escopeta y salió corriendo en dirección de su hermano.

La reacción de Atem fue la misma, ignoró la presencia de Jou y la de Anzu para correr hacia su hermano y abrazarlo con fuerza. El menor comenzó a llorar desesperadamente soltando alivios de encontrarlo sano y salvo. Luego sintió Rebecca y Mana se le tiraron encima gimoteando de la alegría. Cuando logró estar de pie nuevamente vio a Mahado acercarse a él con una sonrisa y se abrazaron, felices de verse bien. Vio a Jonouchi y se rio de verlo en el suelo siendo aplastado por su hermana, por Honda y por Ryu.

— ¡Están bien! — Mana miró nuevamente al tricolor. — Escuchamos lo de la avioneta, y creímos que…

— Pero están bien. — Mahado la calló, posando una mano en la cabeza de la castaña. — Y es lo que importa.

Atem sonrió. Iba a decir algo más cuando recordó algo. Se giró sutilmente para ver a Anzu mirar el suelo mientras estrechaba a la pequeña Esmeralda con inseguridad. Los ojos violetas de él se suavizaron al verla. Parecía sentirse fuera de lugar. Pronto, notó que todos se callaron para notar la presencia de la ojiazul, quien se puso aún más nerviosa. El tricolor caminó hacia ella con pasos precavidos y suaves para no asustarla. Anzu le escuchó, así que no se sorprendió de verlo cuando alzó la vista. Él le sonrió suavemente y jaló de su mano libre, pues la otra sostenía al bebé. La acercó hacia sus amigos y familia.

— Chicos, ella es Anzu. Ella fue quien salvó mi vida, y gracias a ella recuperamos a la hija de Jou y de Mai.

Las primeras en acercarse fueron las chicas, saludándola y agradeciéndole por salvar al dueño de "El Nilo" y a la niña. La castaña se sintió tan abochornada que no dijo nada.

Atem observaba en silencio la escena, reflexionando.

—… ¿Por qué la trajiste?

Se giró para ver a Mahado.

— ¿No podía? — Su amigo le sonrió.

— Cuando estás incómodo, siempre contestas con otra pregunta. — El tricolor hizo una mueca. A veces odiaba que lo conocieran tan bien. — Es raro que traigas a una chica.

— Me salvó la vida.

— ¿En qué sentido?

Atem miró sorprendido a Mahado. Siempre supo que él era inteligente y la mayoría de las veces lo podía leer como a un libro, pero esta vez realmente se había pasado. Pero era la verdad. Anzu le había salvado en todos los sentidos. Salvó sus heridas tanto físicas como mentales, lo mantuvo al margen de cometer errores que a estas alturas se estaría arrepintiendo. Pero también había hecho muchas cosas malas, como no poder controlar su ira y hacerle daño a ella.

—… En todos supongo. — Confesó.

—… ¿Qué hay de Esmeralda?

— A ella no pude salvarla porque fui muy débil. No me había dado cuenta de quiénes eran nuestros enemigos. — Miró los alrededores de la hacienda. — Pero ahora lo sé, y estoy más despierto que nunca. A Anzu la protegeré.

— ¿Se quedará aquí la chica?

El de ojos violetas oscureció su mirada.

—… Es lo que quisiera, pero… Ha estado en peligro muchas veces por mi culpa y… Le he hecho muchísimo daño. — Sonrió con dolor. — No soy el único que porta una miseria de vida. — Miró a la ojiazul. — Anzu lleva una carga mucho más pesada que yo.

Mahado quiso preguntar, pero calló al ver a Yugi acercarse.

— ¡Atem, tenemos que hablar! Además… Estar aquí afuera no es seguro. — El pequeño se tornó serio. El mayor solo asintió e indicó que todos pasaran.

Se sorprendieron de ver que por dentro el lugar estaba limpio. Quizá llevaban mucho tiempo allí.

Todos se sentaron para hablar. La hija de Jou dormía en los brazos de Shizuka, que veía encantada a la criatura.

—… ¿Por dónde empezamos? — Preguntó el rubio, incómodo.

—… Pues… Empiecen ustedes. Después de todo, ustedes se fueron primero. — Se encogió de hombros Mahado.

Todos miraron a Atem.

—…— Suspiró. — Cuando subí a la avioneta con Mai, todo transcurrió bien. Claro, hasta el aterrizaje. Estábamos a punto de hacerlo cuando la avioneta se partió en dos. Fue derribada.

— ¿Por quién?

—… Por una organización que nos ha querido quitar las tierras desde hace mucho tiempo. — Todos, excepto Anzu y Jonouchi, le miraban desconcertados. — Son los mismos que acusaron a Mai de asesinato, los mismos que nos persiguieron y…— Tragó saliva. —… Los mismos que quisieron cazar a Esmeralda como a un animal.

—…— Yugi se tensó. —… Pero tú creías que Bakura lo había hecho…— Ryu apartó la mirada, incapaz de creer que su hermano mayor fue capaz de hacer algo como eso.

—… Y fue Bakura. — Aseguró. — Pero… Bakura formaba parte de esa organización hacía muchísimo tiempo.

— ¡¿Qué?! — Atem miró con tristeza a Ryu. Pero era la verdad.

—… Es verdad. — Declaró Anzu. Todos la miraron. — Verán, yo… Soy la doctora más joven en el país y soy conocida a nivel internacional. Debido a eso, fui criada de una forma especializada y… Bakura-kun se crió conmigo… Aunque nunca me dijo que tenía un hermano. — Miró de reojo a Ryu. — Y pues… Durante este último año lo estuve siguiendo y lo descubrí siendo parte de la organización.

—… ¿Y tú qué sabes de la organización? — Mahado preguntó, suspicaz.

Atem, Jonouchi y Anzu se tensaron.

—… P-Porque…

— Mahado…-— Le iba a cortar el tricolor, pues hoy no era un día para presionar a la castaña.

— Atem. — Le interrumpió la castaña con voz temblorosa. —… Quiero decirlo.

El de ojos violetas le miró indeciso, pero terminó asintiendo y posó su mano sobre la de ella para transmitirle apoyo. Sintió a la ojiazul aún más tensa por su contacto y su corazón dolió ante esa respuesta.

Todos notaron la familiaridad en la que se trataban esos dos, pero prefirieron omitir comentario.

—… Y-Yo…— Miró el suelo unos segundos para mirar a la familia de Atem. —… Y-Yo soy la hija del jefe de la organización. — Muchos jadearon de la sorpresa y otros se templaron con desconfianza. — ¡Pero yo…! Yo no…— Dios, ¿por qué tenía que recordar eso ahora…? Mokuba, Noah, Kisara, Seto…— Yo nunca fui miembro… de ellos… Yo me enteré por… Por mis propios medios.

—…— Jonouchi notó que la castaña se echaría a llorar en cualquier momento, así que decidió intervenir. — ¿Recuerdan del sujeto del que les hablé? ¿Mi amigo Seto Kaiba? — Todos lo miraron y asintieron. — Él es el hermano de Anzu. — Pausó unos segundos. — Él también trabajaba para Kaiba, pero cuando yo fui a la ciudad, me lo encontré e hicimos un trato. Yo lo sacaría de la organización sano y salvo si me ayudaba a buscar a Mai, a Atem y a mi hija. Todo salió bien, pero…— Se interrumpió.

¡Maldición, eso había ocurrido hacía tan solo unas horas!

El recuerdo seguía fresco y su pecho ardía de la pena y el dolor.

Pero estaba seguro que Anzu era la que más estaba sufriendo.

Miró a la castaña levantarse abruptamente y salir rápidamente de allí, perturbada.

Atem se levantó rápidamente y la siguió.

Todos los siguieron con la mirada para volver a mirar a Jonouchi.

—… ¿Qué pasó al final?

—… Verán… Esta mañana todo había salido bien, recuperamos a mi hija, Atem estaba bien… Pero en un descuido quisieron matarnos… Anzu quiso protegernos, pero Seto no pudo permitírselo. — Sonrió con amargura. — Se interpuso entre Atem y la bala. — Cerró los ojos con fuerza.

Un largo silencio reinó el lugar. Shizuka estaba horrorizada con la historia de su hermano al igual que los otros menores como Rebecca, Yugi y Ryu. Pero Mahado notó otra cosa…

—… Anzu dijo que era la hija del jefe, ¿verdad? — El rubio asintió. — Y Seto es su hermano… ¿Nos estás diciendo que ese miserable fue capaz de deshacerse de su propio hijo?

Los demás se dieron cuenta de ese dato y miraron espantados al rubio.

—… Anzu lleva una carga más pesada que todos nosotros, chicos. — Miró a cada uno. — Ella creció privada de libertad. Todas las personas que amó están muertas. Su madre se quitó la vida al enterarse de… Bueno, de lo que ese miserable hacía…— Apretó los puños. —… Y el muy maldito fue capaz de… Asesinar a sus hijos menores por haberle descubierto.

—… ¿Cómo?

— Lo que oyen. — Tensó la mandíbula. — Eran niños, mucho más pequeños que ustedes. — Miró a Yugi, a Rebecca, a Shizuka y a Ryu. — Y fueron asesinados a manos de su propio padre.

—… Y Seto también…-

— La mejor amiga de Anzu también murió. — Negó con la cabeza. — Esa chica soporta más de lo que podemos nosotros, que arreglamos todo con matanzas y tomar la justicia con nuestras propias manos. En cambio ella… Fue capaz de calmar el dolor de su alma, algo que nosotros no podemos… Y sigue de pie.

—… Por eso Atem desea tenerla a su lado. — Concluyó Yugi, mirando el suelo. Todos lo miraron. — Jonouchi-kun… ¿Sabes qué pasó entre ellos mientras…?

—…— Se rascó la nuca, incómodo. —… He presenciado pocas cosas entre esos dos… Pero lo que he visto no es agradable. Lo único que sé… Es que Anzu está sanando el dolor de la muerte de Esmeralda en Atem. Y… Temo que… Que una vez que todo esto termine…— Tragó saliva. — Temo que Atem no sea capaz de dejarla ir.

.

.

.

— Anzu.

La castaña dio un respingo y se giró para encarar al tricolor. Retrocedió lentamente limpiándose las lágrimas. Atem se sintió dolido al ver el miedo oscurecido en sus bellos ojos que se veían tan tristes y desolados. Avanzó hacia ella de forma sutil, lenta. No quería asustarla más de lo que necesario. La ojiazul le dejó hacer, mirándole expectante. El joven de ojos amatistas alzó suavemente su mano para posarla en la mejilla que había abofeteado horas atrás.

Anzu se estremeció ante su contacto. Sintió sus dedos acariciar la zona de una forma delicada, como si pudiese quebrarla. No comprendió hasta que recordó lo sucedido en la ciudad. Bajó la mirada, un poco cohibida.

—… Perdona… Por… Eso. — Limpió las lágrimas de la mejilla anteriormente herida. — Yo…— Apartó su mano. —… Es solo que… Yo ya no puedo soportarlo. Temí…— Tragó saliva. — Tú no debiste arriesgarte así. — Su respiración se aceleró un poco. — Además… La forma en que lo defendiste…-— Se detuvo, culpable. Ahora que lo pensaba con la cabeza fría, Anzu no había hecho nada malo. Lo único que hizo fue evitar que se convirtiera en un asesino y perder por completo a su familia. —…— Retrocedió un par de pasos y le dio la espalda. —… No tuve porqué reclamarte… No estaba en mi derecho. — Apretó los puños.

Anzu lo vio girar su cabeza suavemente para dirigirle una mirada de completo remordimiento. El corazón de la castaña se encogió.

Sintió que él quería decirle algo, pero al parecer se había arrepentido y se fue, dejándola completamente sola.

Se abrazó a sí misma y soltó un sollozo.

.

.

.

Atem volvió a donde estaban todos y buscó a su mejor amigo con la mirada. Frunció el ceño al no verlo.

—… ¿Dónde está Jonouchi?

— Dijo que quería ver los alrededores. Extrañaba el campo. — Yugi sonrió.

Atem no dijo nada.

Había algo que no calzaba.

.

.

.

Jonouchi miraba escondido entre los arbustos la hacienda que fue de su amigo. Ahora estaba en manos de Bakura. La zona apestaba a muerto porque el albino le daba por matar a cualquiera y dejaba los cadáveres tirados por el campo. Apretó los puños.

Por ahora no podía hacer nada. Solo tenía que ver cómo era la forma de operar de esos sujetos, informarle a todos y así planear una forma de tomar la hacienda para volver hacerla de Atem.

Se levantó y se fue silenciosamente de allí.

Sin embargo no contó con que un par de ojos oscuros le habían seguido con la mirada.

Bakura sonrió.

.

.

.

.

.

.

Eran las diez de la noche. Atem caminaba de un lado a otro por la casa, un poco preocupado. Yugi le miraba en silencio. Anzu escuchaba sus pasos, pero sus ojos estaban fijos en los de la pequeña Esmeralda que tenía en sus brazos.

—… ¿Por qué demonios Jonouchi no ha llegado?

—… Pudo haberse atrasado…-

— No. Jonouchi no es así. — Intervino Mahado. — Al parecer no fue a "pasear" como dijo.

Atem le dirigió una mirada angustiada.

—… Lo más probable es que se haya escabullido a la hacienda y…— Calló.

El tricolor honestamente no quería que siguiera. Mahado siempre fue bueno sacando conclusiones que siempre pasaban de una forma u otra.

Deseaba que por una vez en su vida, estuviera equivocado.

—… Mahado.

—… Atem, entiende que es muy probable.

—… ¿Qué es probable? — Decidió intervenir la castaña al dejar a la niña durmiendo en los brazos de Yugi.

—…— Atem agarró una escopeta y salió corriendo, dejando a Anzu confundida.

La castaña miró a Mahado, que miraba el suelo preocupado.

—… ¿Mahado?

—… Es probable que Jonouchi haya ido a su lecho de muerte arriesgándose al ir al "Nilo".

La ojiazul quedó en blanco unos segundos, pero reaccionó al recordar que el tricolor había salido corriendo y armado.

También se giró y salió corriendo tras el ojivioleta, ignorando los gritos de Mahado y los de Yugi.

.

.

.

— ¡Atem, espera…!— Se detuvo al verlo subir a un caballo blanco. Él la miró.

— ¡¿Qué haces aquí?!

—… Voy contigo…-

— ¡Eso no! — Le interrumpió. — ¡No dejaré que estés en peligro de nuevo!

—… Pero…-

— ¡Sin peros, Anzu! — Suavizó su mirada. —… No quiero perderte. Así que, por favor entiende.

—…— Apretó los puños. —… Pero no me perderás, Atem. — El tricolor quitó sus ojos de ella. —… Yo… No soy fuerte como Esmeralda. ¡Pero también puedo luchar! ¡Yo quiero luchar!

—… Anzu…-

— Yo quiero protegerte. — El ojivioleta rápidamente la miró, sorprendido. — Y tú también podrás protegerme.

—…

— Tanto tú como yo… queremos asegurarnos de que Jonouchi esté bien. — Miró el pasto seco unos segundos. —… Así que no discutamos más de esto y solo vayamos. — Lo miró con decisión, aunque su cuerpo temblaba. —… Cada segundo cuenta.

Atem la siguió mirando sin decir nada, hasta que finalmente le extendió una mano. Anzu la aceptó y subió al caballo, posicionándose adelante del joven.

—… Bien, vámonos.

Anzu asintió y comenzaron a cabalgar a toda velocidad. La castaña estaba sorprendida de que el animal no tuviera complicaciones con respecto al peso de ambos. Miró de reojo a Atem, quien tenía la vista al frente con el ceño fruncido. Ella le imitó y entendió el porqué de su expresión. Era de noche y estaban en el campo. No podían ver absolutamente nada.

O eso pensaron, hasta que vieron una farola a lo lejos.

—… ¿Qué…-?

Un disparo hizo que el caballo se detuviera abruptamente y ambos sintieron que sus corazones dejaban de latir.

.

.

.

Le ardía el pecho. Era como su un fuego estuviese consumando su interior de una forma tan dolorosa que le impedía respirar.

Abrió con esfuerzo los ojos al ver un hombre sujetando una farola pequeña en su mano izquierda, mientas que con la derecha, sujetaba una escopeta.

Entonces el rubio comprendió lo que había pasado.

Le habían disparado mientras cabalgaba, tratando de escapar de los hombres de Bakura.

Pero le dispararon y había caído al suelo.

Sus ojos cafés se fijaron en la sonrisa torcida del hombre desconocido.

— Yo a usted no lo conozco, compadre. Y no es nada personal.

—…

— Pero me pagaron muy bien para eliminarlo.

La vista de Jonouchi se había más borrosa y su garganta se cerraba.

— Además, he salvado mi vida cambio de la suya.

Y sin más, cerró los ojos.

— Adiós.

Continuará…

NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO JONOUCHIIII!

Por qué DX!

Espera, lo escribí yo, duhh…

Jeje, espero que les haya gustado y les haya dado un ataque en el corazón…-

No, no es cierto. No quiero que mueran DX

Ya se han muerto muchos en este fic.

Repito que ojalá les haya gustado y deseen leer más, quedan MUY pocos capítulos!

Nos vemos!

Rossana's Mind