Qué triste… EN FIN! SEAMOS REALISTAS! Yo les dije que uno de los personajes que aparecían en este fic morirían 7n7…
Bueno, enlistemos a quienes maté…- Digo, mataron XD
Esmeralda: OC, mi personaje, desde que tenía 12 quise meterla en un fic de YGO!, y ya ha estado metida en dos, y pronto en tres e_e En este fic fue un pilar importante para Atem, no solo por amor, sino porque ella quiso protegerlo dando su vida para ello, y nunca tuvo arrepentimientos. Sé que la forma en que murió fue muy brutal, pero necesitaba este… "momento traumático" en la vida de Atem para transformarlo en el personaje que era en este fic.
Kisara: PERDÓNENME! DX Sé que les dolió la muerte de Kisara, pero como algunos saben, yo me inspiré en una telenovela, y hay muchas muertes. Además, en este tipo de cosas, por más inocente que seas, puedes morir, aunque no sea justo.
Seto:… Me dolió escribir su muerte, lo admito… Después de todo, era un buen hermano u.u Y murió protegiendo a Atem porque sabía que Anzu sentía algo por él… Simplemente dudé en matarlo, me dio mucha tristeza.
u.u Bueno, comencemos.
Epílogo: Seguir adelante.
-D-o-s—M-e-s-e-s—A-t-r-á-s-
Abrió los ojos con pereza. Miró el alrededor. Estaba en su habitación, en su casa…-
Entonces el pánico lo invadió.
Se levantó abruptamente.
— ¡Atem!
Fijó sus ojos en cierta rubia que hacía mucho que no veía. De un segundo a otro, se vio envuelto en sus brazos y la sintió llorar contra su hombro.
—… Mai…— Murmuró mientras correspondía de forma distraída su abrazo.
— ¡Estás bien! ¡Eres un estúpido! ¡Yo creí que…!
— Ya déjalo en paz, Mai. Debe estar exhausto. — Apareció el rubio cargando a un bebé en sus brazos.
—… Jonouchi… ¿Qué pasó? — Preguntó atolondrado el tricolor.
—…— El rostro de su amigo se hizo un dilema. Parecía tener un conflicto interior. —… ¿No recuerdas?
—…
—… Pues… Kaiba te disparó en el brazo… Y estuvo a punto de matarte, pero…-
Calló al ver la expresión de horror de su mejor amigo.
Atem sentía como le desgarraban una parte de él. Ahora entendía por qué se sentía tan fatigado… Ese recuerdo…
"¡Por lo que más quieras! ¡Reacciona!"
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"… Tú tranquilo, yo… Yo te sacaré de este problema."
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"Soy la doctora Anzu Mazaki."
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"No te preocupes, yo… Yo te voy a ayudar. Lo prometo, haré lo que sea que esté a mi alcance para hacerlo. Tienes que reponerte y salir de aquí."
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"¡Pues lamento decirte…! ¡Que yo no he tenido la bendición de ser amada de esa forma! ¡Ni tampoco he podido llegar a tiempo de proteger…!"
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"Yo no te voy a traicionar."
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—… "Anzu." — Pensó, para levantarse abruptamente y salir corriendo. Sintió una punzada en su brazo herido, pero lo ignoró completamente.
— ¡Atem! ¡Espera!
Él no hizo caso. Salió corriendo de sus tierras, necesitaba huir de allí, de buscar… Alguna forma de…
Se adentró a lo más extraño y oscuro de la sabana en la noche. Debía ser muy tarde como para que estuviera tan oscuro.
Se detuvo abruptamente al ver un cuerpo en el suelo.
En frente de él, yacía Bakura, estaba en el suelo, inmóvil, pero respiraba frenéticamente. Notó que una serpiente lo estaba enrollando lentamente.
—… Bakura…— Musitó, agitado.
El de cabellos platinados levantó la cabeza con debilidad. Sus ojos oscuros lo miraron con desprecio.
—… Mira… a quien… Tenemos aquí…— Se rio.
El tricolor le siguió mirando.
— ¿No me… vas a hacer nada?
Desde la muerte de Esmeralda, había deseado una sola cosa.
—… Quiero matarte. — Admitió con la voz ronca.
— Pues…— Se rio. — Hazlo… Y que sea rápido… Una maldita viuda negra me mordió, y no puedo moverme… Y esa maldita víbora terminará de hacerlo pero de una forma muy lenta…— Jadeó. — Así que mátame tú, para… que sea rápido.
Atem se arrodilló lentamente, a una distancia prudente de la escena.
—… ¿Tú conociste a Anzu, Bakura?
Los ojos del chico que estaba muriendo se abrieron con sorpresa y el reconocimiento brilló en su mirada.
—… ¿Qué… tiene que ver…?
—… Solo dímelo.
—… Je… Una maldita infeliz… Al igual que tú, pobres diablos perdidos en este mundo de mierda… Su vida fue una completa… basura… Aún me sorprendió que no haya querido unirse a su padre…— Lo miró a los ojos. — Su voluntad se parece a la de…-
— No digas su nombre. — Frunció el ceño, sabiendo a quien nombraría.
— ¿Toqué un… nervio sensible…?— Se rio, respirando más fuerte.
Atem sintió su corazón latir con rapidez. Se colocó de pie y comenzó a alejarse.
— ¡¿Qué…?! ¡¿No terminarás… conmigo?! ¡Mátame de… una vez, hijo de puta!
—…— Siguió caminando, ignorándole.
¡Claro que quería matarlo! Despedazarlo si pudiera.
Pero honestamente…
— "Bakura… Desde que supe que nos traicionaste, te consideré una maldita víbora, asquerosa y ruin." — Apretó los puños. — "Pero ese animal no merece ser ofendido por tu persona… Y pensar que lo único bueno que hiciste en tu vida fue alimentar a esa serpiente…"— Miró de reojo al lugar. — "Solo espero que sufras hasta tu último aliento… Por lo que le hiciste a mis amigos… Y lo que le hiciste a Esmeralda."
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Se detuvo abruptamente al detenerse en la haciendo "El Reino". Miró la hierba seca en el sector de la entrada de la casa.
Apretó los puños al sentir un agudo dolor en el pecho.
Había sangre allí.
Y estaba seguro que no era de él.
Sus ojos amatistas no dejaron ese sector, memorando cómo esa doctora le había salvado nuevamente.
Y por última vez.
Sintió que sus orbes se humedecían mientras terminaba de llegar al sector donde la dejó de sentir. Se dejó caer arrodillado, el pasto seco y la blanda tierra le amortiguó la forma en que se había dejado caer.
Apoyó sus manos en la hierba manchada de su sangre.
Cerró los ojos con fuerza mientras las lágrimas le habían vencido y caían libremente.
¿Por qué?
¿Por qué todo lo que amaba se lo arrebatan?
—… Anzu…
-E-n-d-s-
— ¡Los encontraron, Atem! — Llegó corriendo Yugi.
El tricolor se giró y lo miró. El menor dio un respingo, aún no se acostumbraba a la mirada tan fría que despedían los ojos de su hermano.
— ¿A todos?
— Así es. Están en la comisaría de Yusei-san.
—…— Se guardó un arma. — Volveré pronto.
— ¡Espera, hermano! — Le agarró del brazo. Atem lo miró. —… Yo…— Suspiró. — No hagas una locura.
El mayor se le quedó mirando, hasta que sonrió y le revolvió los cabellos, sorprendiéndolos.
— No lo haré. Solo los quiero asustar.
Y fue en caballo a la comisaría de su amigo Yusei. Habían terminado de capturar a todos los trabajadores de Kaiba Gozaburo para llevarlos a la ciudad y terminar de condenarlos. Pero Atem aún quería hablar con alguien antes de que todos se fueran.
Se adentró y se encontró con los ojos azules de Yusei.
—… Ella está ahí, Atem.
—…— Frunció el ceño. — Lo sé.
Entró y buscó celda por celda, hasta que dio con la persona que quería ver.
— ¡Atem! ¡Oh, Dios, que bueno verte! — Se acercó la mujer de cabellos negros y ojos avellana. Estaba hecha un desastre. Si no fuera por todo lo que hizo, Atem sentiría lástima por ella. — ¡Sácame de aquí, por favor! ¡Yo nunca quise trabajar a voluntad con Bakura ni con Kaiba, tienes que creerme…-!
— Silencio, Vivian. — Le calló con una voz que a ella no le pareció humana. Si con las miradas se podría matar, ella estaría tres metros bajo tierra hacía mucho. — La única razón por la cual me molesté en venir a verte, es para decirte que ojalá sufras tus peores pesadillas en la cárcel de la ciudad.
—…— Abrió más los ojos, horrorizada y apretó con fuerza los barandales. —… No puedes… ¡Tienes que sacarme de aquí! ¡Somos amigos!
Atem le sonrió con cinismo.
—… ¿Amigos? — Se cruzó de brazos. — No lo sé…
—… Atem, por favor…-
— Trabajaste con Kaiba. — Comenzó. — Te ensañaste con Esmeralda. — Tensó la mandíbula y le dirigió una mirada asesina y furiosa. — Y se la entregaste a Bakura.
—… Tch. — Miró con desprecio el suelo. —… Esa maldita zorra… Lo merecía.
— TÚ eres la que se merece lo que te va pasar ahora. Solo vine a decirte que si alguna vez te vuelvo a ver, no dudaré en matarte.
La pelinegra le miró, asustada.
Dicho esto, Atem se dio la vuelta y se largó de allí.
Tenía otro lugar que visitar.
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— Oh, Atem. — El doctor lo miró. —… ¿Vienes de visita otra vez?
El chico se encogió de hombros, levemente. El hombre lo dejó pasar y Atem le agradeció en silencio.
Nuevamente esta allí. En esa habitación pequeña Estaba pintada de colores lúgubres. Pero no le importó eso, sino en la persona que estaba postrada en esa cama.
Una joven de cabellos cortos y castaños yacía con los ojos cerrados, conectada a un montón de máquinas que le ayudaban a seguir con vida. Estaba más pálida de la última vez que la vio despierta. Y honestamente, no le sorprendía.
Terminó por sentarse al lado de la cama y la observó en silencio.
Mazaki Anzu yacía en coma por dos meses y no había rastro de querer despertar. Cuando se había enterado que la chica aún podía salvarse, pero que tomaría tiempo, no dudó en optar por esa posibilidad. Decidió esperar.
Pero le estaba costando.
Tenía muchas cosas que decirle, y de seguro ella también a él.
Soltó un sonoro suspiró mientras tomaba su mano y comenzaba a acariciarla con cariño, pero en un aire ausente.
A veces se preguntaba si estaba siendo cruel, atando a Anzu, siendo que quizás ella ya no tenía oportunidad de seguir viviendo.
Sin embargo, él simplemente no se pudo permitir perderla tan fácilmente. Había muchas cosas que arreglas y qué dejar ir. Necesitaba hacerlo.
Cerró los ojos.
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-H-o-r-a-s—A-t-r-á-s-
— ¿Iras de nuevo al hospital? — Preguntó Jonouchi, quien trataba de hacer dormir a su hija.
— No. — Negó con la cabeza. — Hoy iré al cementerio.
— ¿Eh? ¿Por qué? — Atem lo miró. — Ah… Claro…— Se rio con nerviosismo. — No te enojes, me olvidé de…-
— Tranquilo.
—… ¿Atem? — Le llamó con cierta duda. El joven lo miró. —… Umm… ¿Tú crees que Anzu despierte?
-E-n-d-s-
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Abrió los ojos. En frente de él se encontraba una tumba que estaba decorada con una gran cantidad de flores. Sonrió, orgulloso de haber limpiado el nombre de esa mujer.
Se arrodilló para depositar unos azahares en el centro de la lápida.
— Es la primera vez que te visito. — Leyó el nombre que yacía en la tumba.
ESMERALDA DE LA LUZ.
Amiga y compañera, siempre te tendremos en nuestros corazones.
—… Perdona si no te vine a ver antes, Esmeralda. Admito que tu partida me dolió, pero también… Fui un cobarde. — Miró las flores que le dejó. — Te traje azahares, porque sé que fueron tus favoritas. — Apretó los puños. —… Aquella vez… Me hiciste prometer que si algo te pasaba, yo trataría de ser feliz. ¿Lo recuerdas? — Sentía como si ella le estuviese escuchando. Sentía su alma a su lado. Cerró los ojos con una sonrisa. — Al principio, no quise cumplirte. Creí que solo contigo encontraría mi felicidad, pero veo que no fue así. — Abrió sus orbes amatistas nuevamente. — Hasta que apareció ella. — Borró su sonrisa al recordar unos ojos azules, que no eran los de Esmeralda, sino de cierta castaña que…-—… Su nombre es Anzu. Es muy distinta a ti. A diferencia de nosotros, ella es mucho más fuerte que nosotros. Es decidida y escoge su propio camino. Y ella me salvó. De todas las maneras posibles que se puede salvar a alguien. — Cerró los ojos con fuerza. — Por eso…— Sus ojos se posaron con una desesperada expresión hacia la tumba. —… Si quieres que cumpla mi promesa… No me la arrebates a ella, ¿sí?
El viento sopló suavemente, moviendo las flores y los cabellos del chico, quien seguía arrodillado, suplicando con todas sus fuerzas que Esmeralda le diera algún milagro.
¡Estaba desesperado!
Todo lo que amaba se lo quitaban, así que… ¿Qué tenía de malo querer un pequeño milagro en su vida?
—… "Esmeralda… Por favor…"— Presionó con fuerza sus dedos contra el suelo, temblando ligeramente.
— Toda misión del ser humano es seguir adelante. No tienes opción. — Se paralizó al oír esa voz. — Así es la vida.
Se giró abruptamente, pero allí no había nadie.
¿Lo habría imaginado?
Soltó una risa cansada.
Debía dormir, ya comenzaba a alucinar.
—… Apostaría todo con el fin de que despertaras de nuevo. — Susurró.
.
.
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Ella sonrió.
— Ten cuidado con lo que apuestas, Atem. Podrías perder.
. . .
Desvió sus ojos hacia cierta castaña que se removía entre sueños, hasta que sus bellos orbes zafiros se abrieron.
—…— Ensanchó su sonrisa. — Pero quién sabe…— Posó una mano en la frente de la castaña.
Sabía que ella no sentiría su tacto, después de todo ella no estaba viva.
Pero podría sentir que toda la vida que ella decidió dejar, se la estaba entregando a ella.
— Quien sabe…— Repitió. — Tal vez hayas ganado, esta apuesta, Atem.
Anzu terminó por abrir por completo los ojos, que se llenaron de lágrimas. Esmeralda sonrió al ver su expresión. Esa chiquilla estuvo a punto de morir y seguía preocupada por el bienestar del tricolor. Se inclinó y besó la frente de la castaña, transmitiéndole su agradecimiento.
— "No sabes cuánto te agradezco que hayas sanado el corazón de Atem… Les doy mi eterna bendición. Hazlo feliz, ¿sí?"
La castaña cerró los ojos, logrando que un par de lágrimas escaparan de ellos.
. . .
Sé que el final no está bien explicado, pero quería dejarles cierta duda. Y no había mucho que escribir, ¿saben? Pues, ya quedaba poco.
Así que, la persona que esa noche murió, fue en verdad Bakura.
La novela en la que me basé fue en "La Tormenta", en los últimos capítulos.
Atem representó a Santos Torrealba.
Anzu representó a Ariana Castell.
Kisara representó a Rebecca.
Seto representó a Gino.
Jonouchi representó a Argimiro Guanipa.
Mai representó una mezcla de María Teresa Montilla y Bernarda Ayala.
Gozaburo representó a Rodolfo Santino.
Bakura representó a Isabella Montilla. (Ustedes pensarán: UNA MUJER?! Y yo: Sí! Porque esa mujer era MÁS MALA QUE LA MALDAD! XD, y Bakura también!)
Marik representó a Edelmira Guerrero. (También otra mujer, pero también era muy mala XD)
Yo no me basé 100% a la telenovela, pues es muy distinta a mi fic. Pues, si lo hubiera hecho literal, Atem hubiese estado casado y se hubiera quedado con su mujer, mientras que Anzu hubiese MUERTO. Y ese final nos hubiera JODIDO a todos XD
Se podría decir que la pareja de Santos&Ariana me gustó muchísimo, y quise hacer una especie de "final alternativo".
En fin, si desean ver la escena de la telenovela, donde le disparan a "Ariana", quien es Anzu en este fic, háganlo, les dejo el link aquí:
/watch?v=UuxtjgZ18E4
Espero que les haya gustado, a mí me encantan este tipo de finales, que son como abiertos que te dejan con grandes imaginaciones XD, así que ojalá que a ustedes también!
Rossana's Mind.
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