Frost Hearts: Pasión Congelada

¡Hola, mis queridos lectores del invierno!

Aquí otro capítulo más de esta interesante historia de nuestra querida pareja invernal.

Primero que nada... quiero pedirles disculpas por no haber publicado el capítulo toda esta semana y la anterior. Hace unos días atrás falleció un tío, y bueno, tuve que estar fuera de la ciudad para enterrar y despedirme de mi tío, y también para estar con mi familia y apoyarla y consolarla en su dolor. Sé que para algunos de ustedes comprenderán mi dolor, y bueno, recientemente acabo de iniciar esta historia hace una semana, pero no estén tristes o piensen que ya no continuaré con esto porque lo voy a seguir haciendo. Sé que fue un momento díficil para mi y mi familia, pero, yo sé que mi tío (Q.E.P.D.) esta en el Reino Celestial a lado del SEÑOR.

Muchas gracias a todos ustedes.

Disfruten el capítulo.

Quiero agradecerles a:

noegal98

Stew

adlinllan

Fer

kali


Capítulo 2: La Promesa

Los primeros rayos del sol comenzaron a entrar por la ventana de la habitación de cierta persona de cabellos rubios-platinados mientras que aquellos rayos solares comenzaron a iluminar el sereno y hermoso rostro de la hermosa joven quien poco a poco iba despertando gracias a la luz del sol. Elsa dejó escapar un leve quejido ahogado mientras intentaba ocultar su rostro de los rayos solares, pero, ella sabía perfectamente bien que tenía que levantarse para comenzar con sus deberes reales. La joven Reina de Arendelle se levantó con algo de cansancio mientras que con algo de pereza comenzó a tallarse delicadamente sus parpados. Ella los abrió poco a poco debido a que todavía su mirada no se acostumbraba a la luz del sol. Una vez que ella los abrió por completo, Elsa, se quedó un poco pensativa por el extraño sueño que tuvo esa noche.

– ¡Qué bien! ¡Qué bueno que ya te levantaste! – Elsa casi pegó un grito de espanto mientras que ella miraba asustada por toda su habitación el dueño de aquella voz.

– ¿Quién es? Muéstrate. – ordenó con voz firme pero con un deje de miedo la joven Reina.

– Tranquila Elsa. Soy yo. – en ese momento la nombrada giró su cabeza a un lado donde se encontraba la puerta de su balcón.

Es el chico de ayer. Y a la vez de mis sueños. – pensó ella anonadada.

– ¿Cómo te encuentras Elsa? – preguntó Jack en tono preocupado mientras se acercaba hacia Elsa.

– Si. Me encuentro bien. – respondió con seriedad la joven mujer. – ¿Por qué lo preguntas? – preguntó extrañada ella.

– Me alegro de que estés bien Elsa. Anoche te desmayaste de la nada, no sabes el susto que me diste. Pensé que algo malo te había ocurrido. – explicó el Espíritu del Invierno mientras que de un momento a otro había abrazado a la joven Reina de Arendelle.

Elsa no sabía qué hacer en ese momento, pues, aún estaba confundida por el comportamiento del muchacho; es decir, de Jack. Sin saber de lo que ella estaba haciendo ella correspondió al abrazo del Espíritu del Invierno mientras que una cálida y agradable sensación había invadido su pecho. Jack sonrió en sus adentros al igual que una sonrisa había decorado sus labios al sentirse correspondido al abrazo que la joven Reina de Arendelle le estaba dando en ese momento. En eso la joven mujer miró con atención como unos hermosos y pequeños copos de nieve comenzaron en aparecer en su habitación. Elsa se separó del muchacho mientras lo miraba aun confundida.

Bien eso fue… algo raro. – pensó la joven Reina, en ese momento justamente cuando ella iba a hablar la puerta de su habitación se abrió en un azoté.

– ¡Elsa! – era Anna. Elsa empezó a entrar en pánico cuando su hermana menor la miraba fijamente a ella y a Jack.

– A-Anna… n-no es lo que crees que estás pensando. – dijo nerviosamente la Reina mientras que su hermana la miraba confundida.

– ¿Qué no estoy pensando en qué o de qué Elsa? – preguntó confundida la Princesa de Arendelle.

– Jejeje. – Jack comenzó a reír mientras que la pelirrubia-platinada lo miraba con el entrecejo fruncido.

– ¿Y él de que se ríe? – gruño lo más bajo pudo la joven Reina mientras que Anna miraba preocupada a su hermana mayor.

– Elsa, ¿Por qué pones esa expresión en tu cara? – preguntó un poco asustada y preocupada.

– Si Elsa, ¿Por qué pones esa expresión en tu cara? – repitió la misma pregunta Jack en un tono burlón.

– Por él. – señaló Elsa al Espíritu del Invierno.

– ¿Quién? – preguntó Anna confundida y asustada.

– Él, Anna. – respondió enojada Elsa.

– Elsa… ¿Te encuentras bien? – preguntó preocupada la pelirroja a su hermana mayor mientras le colocaba una mano sobre la frente de la Reina.

– Claro que me encuentro bien. ¿Por qué lo preguntas?

– Mmm… no tienes fiebre.

– Anna, ¿Qué…? – en ese momento Jack habló.

– Tu hermana no puede verme Elsa.

– ¿Qué? – la Reina de Arendelle miró fijamente al Guardián de la diversión un tanto confundida.

– Observa. – en ese preciso instante el joven peliblanco atravesó una mano en el torso de Anna, mientras que Elsa lo miraba anonadada.

– Elsa, ¿Estas bien? Parece que viste un fantasma. – dijo la Princesa de Arendelle ahora más preocupada.

Es porque ahora estoy viendo a uno. – pensó la joven Reina mirando aun con más incredulidad al Espíritu del Invierno.

– Mientras que nadie pueda verme… no tienes nada de qué preocuparte. – confesó Jack entre en un tono burlón… pero… en su mirada era todo lo contrario.

– ¿Qué se te ofrece Anna? – preguntó Elsa volviendo en sí y a la vez volviendo a tener aquel porte de Reina.

– Ah! Es que quiero que nos acompañes a ver el traje para Kristoff y porque no también necesito tu opinión para lo de mi vestido que llevaré en el Festival de Otoño. – dijo de un manera apresurada la Princesa de Arandelle que apenas Elsa podía entenderle.

– Está bien. Solo déjame vestirme. Te veré a ti y a Kristoff en el comedor para desayunar y después iremos al pueblo.

– ¡Oh, gracias, gracias, gracias Elsa! – casi gritó de la alegría Anna mientras abrazaba a su hermana.

– De nada. – la pelirroja se fue de la habitación de su hermana mientras cantaba de la alegría, cosa que para ambos jóvenes de hielo y nieve rieron.

– Tiene mucha energía tu hermana. – rió divertido Jack.

– Siempre lo ha tenido, desde que Anna era pequeña siempre ha sido así. – confesó Elsa mientras le dedicaba una sonrisa sincera al Espíritu del Invierno. – Por cierto aún no hemos terminado con nuestra plática. – dijo la Reina en un tono serio.

– ¿Y de qué quieres hablar se podría decir? – preguntó calmadamente el Guardián de la Diversión.

– Primero que nada. ¿Cómo entraste a mi habitación sin que yo lo notara? – preguntó un poco de seriedad la pelirrubia-platinada.

– Bueno… como tú ya lo has visto nadie puede verme, ni siquiera tu misma pudiste hacerlo, es por esa razón por lo que no lo habías notado. – confesó Jack mientras que Elsa lo miraba un tanto sorprendida.

– Ya veo. – murmuró la joven Reina.

– Si. Pero sabes eso ya no me importa. Porque para serte sincero me da mucho gusto de que me puedas ver. – en ese momento las mejillas de Elsa comenzaron a tornarse de rojo mientras sentí como su corazón comenzaba a latirle rápidamente. – Jeje, te ves linda cuando te sonrojas.

– Deja de hablarme de esa manera. – dijo Elsa en un tono apenado mientras que Jack la miraba extrañada.

– ¿Cómo así? – preguntó en un tono burlón.

– Olvídalo… debe ser cosas mías. – la joven Reina de Arendelle se dirigió hacia su armario y saco de allí un hermoso vestido azul marino y con encaje negro de manga larga.

– Será mejor que me retire. – dijo Jack mientras se dirigía hacia la ventana. En ese momento la joven de cabellos rubios-platinados lo miró algo extrañada y a la vez asustada, algo dentro de ella no quería que él se fuera y la dejara sola. – ¿Por qué pones esa cara? – preguntó divertido el Guardián de la Diversión.

– ¿Qué cara? – disimuló Elsa causando una gran sonrisa al Espíritu del Invierno.

– Esa cara de "¿A dónde vas?" o "¿Por qué te vas?"

– Estas viendo cosas que no son ciertas. – dijo entre un tanto molesta la Reina.

– Si es lo que dices. – Elsa lo miró desafiante mientras que Jack la veía divertido y a la vez con alegría. – Con su permiso Majestad. – el muchacho hizo una reverencia sin que él se diera cuenta que le había robado una sonrisa a la chica.

Jack se retiró de la habitación dejando a Elsa su privacidad. La Reina de Arendelle no pudo evitar sonreír por el acto que le hizo el joven Guardián. Una vez que Elsa terminó de arreglarse se dirigió al comedor donde allí los esperaban su futuro cuñado y su hermana.

– Buenos días, Reina Elsa. – saludó Kristoff a su futura cuñada.

– Buenos días Kristoff. Y por favor no me hables de usted, después de todo seremos familia. – comentó Elsa mientras tomaba asiento en su lugar correspondiente. En la cabecera de la mesa. – ¿Alguna novedad? – preguntó la joven Reina mientras colocaba su servilleta en sus piernas.

– Pues… Kristoff y yo hemos decidido que la boda será en la primavera. – dijo Anna a su hermana mayor.

– ¿Y eso Anna? – preguntó extrañada la Reina de Arandelle.

– Bueno como he visto que tienes mucho trabajo con nuestro reino. Ya sabes… los impuestos, las aportaciones, los nuevos tratos que tenemos con otros reinos y otras cosas más. – explicó la Princesa de Arendelle. Elsa miró con cariño y entendimiento a su hermana menor.

– Anna no tienes nada de qué preocuparte. Arendelle está prosperando día con día. No tienes que hacer eso. – en parte era cierto, después de que Elsa había sido coronada como Reina de Arendelle ha tenido mucho trabajo que hacer que apenas tenía tiempo para dedicarle un tiempo a su hermana y más ahora que ella y Kristoff estaban comprometidos.

– Pero quiero hacerlo. No quiero acumularte más trabajo Elsa. – al ver la carita de perrito abandonada la joven pelirrubia-platinada no pudo decirle un "no" por respuesta.

– Está bien. Si esa es tu decisión Anna lo respetaré.

– Gracias por entenderlo Elsa. Pero eso no quiere decir que dejaras de ayudarme con los preparativos de la boda. – Kristoff no pudo evitar de soltar una carcajada, al igual que otra cierta persona que se encontraba allí también estuvo soltando una que otra carcajada.

– Esa estuvo muy buena. Me agrada tu hermana. – en ese momento Elsa casi se atraganta con su té cuando escuchó la voz de aquella persona.

¿Qué hace él aquí? – gritó mentalmente la Reina de Arendelle mientras trataba de controlar sus toses.

– ¿Elsa estas bien? – preguntaron al unisonó Anna y Jack preocupados por la pelirrubia-platinada.

– Si… me encuentro… bien. Tomé demasiado rápido mi té. – mintió entre toses la Reina mientras miraba seriamente al Espíritu del Invierno.

– Ten más cuidado Elsa por favor. – dijo la Princesa de Arendelle.

– Si Elsa ten más cuidado. – repitió el peliblanco.

– ¿Qué es lo que haces aquí? – preguntó Elsa en un susurro.

– A cumplir mí promesa.

– ¿Qué promesa? – preguntó nuevamente la joven Reina sacándole una que otra sonrisa al muchacho.

– La promesa que te hice de pequeña. En que fueras mi novia. – aclaró Jack mientras que la mirada azulada de Elsa se dilataba de la sorpresa.

– Els.a ¿Por qué pones esa cara? – preguntó extrañada Anna a su hermana.

– ¿Qué cara? – disimuló la pelirrubia-platinada.

– Esa cara de sorpresa que tienes. – señaló Anna. – ¿Hay algo que te molesto?

Si. Jack Frost. El personaje ficticio del que antes era mi cuento favorito me anda diciendo la tontería de que sea su novia. – pensó molesta mientras tenia levemente su ceño fruncido. – No te preocupes Anna. Solamente me enteré de algo insignificante. Pero no es nada importante.

– ¿Segura? – Elsa asintió. – Porque si es algo serio…

– Estoy completamente segura Anna. No es nada serio. – la joven Reina calmó a su hermana con una sonrisa sincera, aunque para Anna no le convencía del todo.

– Está bien, si tú lo dices Elsa. Lo entiendo.

– Tu hermana es muy comprensiva. Aunque pienso que no le convenció del todo tú excusa. – comentó Jack al oído de Elsa haciéndola estremecer por el frio aliento del muchacho.

– ¿Quieres alejarte por favor? – dijo entre dientes la joven mujer al Guardián de la Diversión mientras que él se lo negaba.

– Esta vez no lo haré. Desde ahora en adelante siempre estaré a tu lado. Mi Reina de las Nieves. – ante aquella confesión Jack le deposito un beso en la mejilla de la pelirrubia-platinada, mientras que ella sintió como su corazón saltó de la alegría que hasta podía jurar que en cualquier momento saldría de su pecho.

Una vez que las dos hermanas junto con Kristoff terminaron de desayunar se fueron directamente al pueblo, claro que también Jack los había acompañado en especial con Elsa quien no se separó de ella en ningún momento. Al llegar al pueblo, Jack se quedó sorprendido por la magnífica y detallada decoración que los aldeanos hacían en el reino, pero lo que más le había sorprendido, fue a las personas que amaban y respetaban a su Reina. Cuando llegaron con el sastre, las hermanas junto con el Guardián de la Diversión no pudieron evitar de reírse debido a que el viejo sastre le picoteaba accidentalmente los brazos y piernas de Kristoff.

– Muchacho deja de moverte que te puedo pinchar con las agujas. – dijo el viejo sastre mientras picoteaba con la aguja el nuevo traje del futuro príncipe de Arandelle.

– Eso ya lo repitió como 25 veces. – se quejó Kristoff mientras escuchaba a su futura cuñada y futura esposa riéndose. – ¡Auch!

– Amor haz caso de lo que dice el Señor Will. – dijo entre risas Anna sacándole una sonrisa a su prometido.

– Jaja, me agrada ese tipo. – comentó Jack a Elsa mientras que ella lo miraba de reojo.

– ¿Quién de los dos? – preguntó en voz alta la Reina de Arendelle.

– ¿Quién de los dos quien Elsa? – preguntó la pelirroja ya calmando su risa.

– Nada Anna. Hablaba conmigo misma. – dijo la pelirrubia-platinada evitando la pregunta de su hermana menor.

– El novio de tu hermana. – respondió Jack.

– ¿Cómo sientes el traje Kristoff? – preguntó la Princesa de Arendelle.

– Lo siento bien. Aunque digamos que mis brazos y piernas ya no las siento más. – comentó Kristoff mientras que Anna, Elsa y el Guardián de la Diversión continuaban riéndose.

– Te ves hermosa cuando ríes. – susurró el Espíritu del Invierno al oído a la joven Reina y a la vez causándole un sonrojo en sus mejillas.

– ¿Y ese sonrojo? No me digas que ya le echaste el ojo a tu cuñado Elsa. – bromeó Anna a su hermana mayor.

– Por supuesto que no Anna. Es solamente que está haciendo un poco de calor aquí. – se defendió la pelirrubia-platinada.

– O tal vez sea porque te dije que te ves hermosa cuando ríes. – dijo Jack burlonamente causando en Elsa una pequeña molestia.

– Anna… regresaré al palacio. Recordé que dejé algo pendiente y muy importante.

– Está bien. Te entiendo. Gracias por acompañarnos a Kristoff y a mí. – agradeció la Princesa de Arandelle.

Elsa se retiró de la sastrería mientras se dirigía al palacio acompañada de Jack, volando por supuesto, la joven Reina observaba de reojo como las personas que pasaban a un lado de ella atravesaban al muchacho. Al ver la expresión de rechazo del rostro del peliblanco la joven mujer no pudo evitar sentir un dolor en su pecho y a la vez un golpe fuerte en la boca del estómago. Jack al sentir la mirada fija de la Reina de Arendelle sobre de él se volteó a verla, el Guardián de la Diversión no pudo sentir un dolor en su pecho también al ver la tristeza reflejada en aquellos hermosos azules de la muchacha, el Espíritu del Invierno le dedicó la sonrisa más cálida y hermosa que le pudo dar a la pelirrubia-platinada mientras que ella sintió que todo ese malestar desaparecía siendo reemplazada por un sentimiento más agradable y cálido que podía sentir.

– No tienes por qué sentirte triste Elsa. Porque estoy feliz de que tú SI puedes verme, así que por favor no quiere verte así. Quiero verte sonreír y también feliz. – Jack se acercó a Elsa para después depositarle un beso en su mejilla, quien por supuesto, a ella le causó un gran sonrojo.

– Será mejor irnos al palacio inmediatamente. Y por favor nunca en tu vida vuelvas a hacer eso. – dijo un tanto apenada la joven Reina mientras caminaba más rápido. Sin que ella supiera que en ese momento estaba nevando, cosa que para los aldeanos les agradó.

– Te ves más linda cuando te pones nerviosa Elsa. – rió el Espíritu del Invierno mientras seguía, o más bien volaba, a un lado de la pelirrubia-platinada.

Al llegar al palacio Elsa y Jack llegaron al despacho mientras que la joven Reina de Arendelle comenzaba a leer los documentos y cartas que había dejado pendientes y a la vez que les había entregado el mensajero real. El muchacho se le quedaba viendo fijamente a la chica mientras leía silenciosamente y con aquel porte lleno de seguridad y femineidad que lo dejaba hechizado. La rubia-platinada se mordió levemente el labio al sentir aquella mirada del Espíritu del Invierno sobre de ella.

– ¿Quieres dejar de mirarme por favor? Me desconcentras. – dijo Elsa algo incomoda con la mirada del Espíritu del Invierno.

– ¿Por qué? ¿Acaso te pongo nerviosa? – preguntó Jack en forma divertida.

– No. Ya quisieras que eso suceda conmigo pero no lo soy. – dijo la joven Reina sin emoción pero dentro de ella era todo lo contrario.

– ¿Por qué lo dices? – preguntó el Guardián de la Diversión mientras se dirigió a un lado de la chica, se inclinó haciendo que su rostro estuviera a unos pocos centímetros cerca de ella.

– Porque es la verdad. – respondió Elsa mientras se volteó a ver a Jack. – Ahora si me permites tengo que terminar con mis deberes reales.

– ¿Qué tiene eso de especial que te hace perder tiempo de diversión? – preguntó curioso el Espíritu del Invierno a la Reina de Arendelle.

– Mucho. Tengo responder algunas notificaciones de los soberanos de otros reinos, ver los impuestos, hacer tratos con otras tierras y entre muchas cosas más relacionadas con el reino. – explicó cada detalle la pelirrubia-platinada.

– Se ve bastante aburrido y a la vez difícil para una sola persona. ¿No crees?

– Algo así. Pero puedes verlo desde otro ángulo. – sonrió de manera convincente y sincera la joven Reina.

– ¿Cómo es tu ángulo Elsa? – preguntó curioso Jack mientras se sentaba por los aires a un lado de ella.

– Desde mi punto de vista. Lo veo con interés y a la vez con algo de diversión. – sonrió con sinceridad Elsa mientras observaba con calidez al Espíritu de Invierno, quien por supuesto, tuvo un leve sonrojo en sus mejillas. – Al leer las notificaciones me contacto con otras personas de otros continentes. En algunas ocasiones suelo citarlos aquí en Arendelle para que me digan sus problemas o si quiero hacer tratos con ellos.

– Whoa. – chifló el Guardián de la Diversión con interés. – Dime algún ejemplo de ellos.

– Por ejemplo… el Reino de Corona; quien lo gobierna el Rey Thomas y la Reina Primrose, la Princesa Rapunzel y su esposo el Príncipe Eugene. Ellos nos citaron a mi hermana, su prometido Kristoff y a mí a la boda de Rapunzel y de Eugene. Y además porque somos familia; por parte de mi madre. Ellos nos han apoyado e incluso me han ayudado en como gobernar Arendelle después de que mis padres dejaran este mundo. – la voz de Elsa se fue apagando al recordar los momentos difíciles que tuvo que pasar después de la trágica muerte de sus primogenitores, para Jack, al escuchar eso no pudo evitar sentir una tristeza por la joven soberana de Arendelle. – Bueno. Olvidemos por el momento ese detalle. También está el Reino de Dunbroch, se encuentra en Escocia; sus gobernantes son el Rey Fergus, su esposa la Reina Elinor, su primogénita la Princesa Merida y los jóvenes Príncipes que son trillizos. Con ellos hago tratos con las armas.

– ¿Armas? – Jack arqueó una ceja mientras miraba con curiosidad a Elsa, quien en ese momento dejó escapar una risa divertida.

– Lo sé. Suena raro en mencionar algo de eso en mí, pero, eso era lo que hacia mi padre; que en paz descanse, junto el Rey Fergus. Compramos sus armas y reclutamos sus mejores soldados, por si estamos en guerra. – explicó Elsa mientras le dedicaba una mirada sincera a Jack. – También estoy en contacto con la Isla de Berk, es un pueblo vikingo; son buena gente y además porque Estoico, el líder los vikingos y mejor amigo de la infancia del Rey Fergus, siempre compra nuestras cosechas y ganados.

– Vaya.

– Si. Y además lo más raro es que en los últimos 8 meses nos han comprado casi la mitad del ganado y de nuestra última cosecha. – lo último lo dijo casi en un susurro.

– ¿Y eso último que dijiste? – preguntó interesando Jack.

– Nada. No me hagas caso a lo que dije. Bien tengo que volver a trabajar. – Elsa sonrió de lado de una manera decidida. El muchacho de cabellera blanca la miró con cariño mientras veía a trabajar. – ¿Por qué me miras tanto? – preguntó la joven Reina sin quitar su vista en una de las cartas de la correspondencia.

– ¿Y por qué no? No hay día en que no quiera dejar de mirarte, ni mucho menos ahora que ya puedes verme. – confesó Jack.

– ¿Eso tiene algo ver también con la promesa? – preguntó burlonamente Elsa sorprendiendo al Espíritu del Invierno.

– Se podría decir que sí. – respondió con sinceridad.

– Ya que estamos hablando de eso… ¿Cómo es eso de que tú me dijiste de que sería tu "novia" de pequeña? – preguntó confundida la joven Reina.

– Simple. Porque tú lo quisiste así.

– ¿Qué? – la mirada azulada de la Reina de Arendelle se dilató de la sorpresa.

– Cuando eras pequeña tú me dijiste que querías ser mi novia, y bueno yo accedí a eso, pero, con la condición de que te convirtieras en adulta. – comentó el Guardián de la Diversión. – Ahora ya lo sabes. Y no pienso en retractarme en romper esa promesa.

Ninguno de los dos dijeron nada, en especial Elsa quien se encontraba muda y estática en su lugar. Jack simplemente sonrió triunfante y alegremente mientras observaba aquel hermoso rostro de la joven de cabellos rubios-platinados llena de sorpresa y confusión.


Bueno aquí se termina el capítulo de esta historia congelada.

Espero que les haya gustado.

No olviden dejar sus comentarios. Acepto cualquier sugerencia, crítica y comentario acerca de la historia.

Nos leemos en el siguiente en el siguiente capitulo.

Atte.: Queen-Werempire.


En el próximo capítulo de "Frost Hearts: Pasión Congelada":

– Jeje. "Jack Frost". Hacia tanto tiempo que no había escuchado esta historia cuando éramos pequeñas Elsa. – confesó Anna en un tono nostálgico. – Aun me acuerdo perfectamente que siempre me decías que "Jack Frost" era tu novio y que te casarías con él.

– ¡Anna! – llamó Elsa a su hermana menor.

– Hombre de la Luna ha pasado bastante tiempo como para hacerte preguntas que probablemente no me serán respondidas… pero… quisiera saber. ¿Por qué no recuerdo la promesa que le hice a Jack?, ¿Por qué dejé de creer en él?, ¿Por qué he olvidado aquellos fragmentos de mi pasado cuando era pequeña?, si lo sabes por favor, por favor házmelos recordar. – Elsa observó suplicante a la luna mientras aferraba el libro y la rosa en su pecho deseando esperar una respuesta del Hombre de la Luna.

– ¿Quién eres? – preguntó con inocencia la Princesa de Arendelle.

– Mi nombre es Jack Frost.

– ¿Jack Frost? ¿Eres Jack Frost? ¿El Espíritu del Invierno?– preguntó emocionada la pequeña niña.

– Jack. Destruiré la felicidad que te hace vivir.