Esta historia forma parte del Reto de los mini-fics de julio del foro "El Diente de León". Personaje: Finnick Odair.
Y por eso valió la pena
Cuando la tuve en mis brazos después de que fue rescatada del distrito 13 me repetí por centésima ves lo mucho qué había valido la pena que siguiera en la tierra. A partir de ese instante no había segundo de mi vida que no lo recordara.
El día de nuestra boda, en el momento que la bese, supe que podría afrontar todo con tal de saberla segura. No importaba lo que me costara, lucharía hasta la muerte misma con tal de asegurarme que habría un futuro lleno de paz para ella.
Por sorprendente que pudiera parecer esa noche fue la primera vez que llegamos a hacer algo más que abrazarnos en la cama. Siempre vi el acto sexual como algo demasiado impuro como para hacerlo con ella que era como un ángel que había sido bajado a golpes a la tierra. O mínimo eso creía. Digamos que si desde tu primera vez lo haces por obligación y con miedo es difícil que lo encuentres como algo agradable. Sin embargo con Annie fue, simplemente…
Pero, aunque todos esos momentos fueron maravillosos, no fue hasta que la vi parada frente al mar de regreso al distrito cuatro que me di cuenta de lo mucho que había valido la pena todo.
Las noches en vela para cuidarla de sus fantasmas.
Todas esas veces que clavo sus uñas en mi brazo con la misma fuerza con la que apretaba los ojos e intentaba no respirar para ahuyentar los recuerdos.
Cada "cita" extra que tomo para evitar que se la llevaran a ella al capitolio. Era sorprendente como a muchos no les importaba si era hombre o mujer mientras fuera joven, guapo y un vencedor.
El viento azotaba y enredaba su oscuro cabello, algunos granitos de arena se habían adherido a su piel con ayuda de la humedad del ambiente y tenía los ojos cerrados. Sus pestañas nunca habían sido tan oscuras, tan pobladas, tan cortas, tan perfectas. Su hermoso estomago plano había tomado una forma redonda, con el ombligo saltón y una que otra venita asomándose.
No pude aguantar la tentación y puse mi mano sobre su estómago, sobre nuestro hijo. Vi como su piel se erizaba y contenía el aire. Tuve la tentación de apartarla sin embargo Annie coloco su mano sobre la mía y soltó el aliento con una sola palabra:
-Finnick…
Me congele durante un momento pero finalmente acomode mi nariz pasa aspirar la sal de su cabello dejando que me embriagara.
-Aquí estoy Annie.
Escuche su respiración entrecortada, probablemente porqué el bebe no dejaba de patear, mientras miraba fijamente sus labios, parecían tan terriblemente dulces.
-Creo que me gustan más los amaneceres de aquí sabes.- dijo sin abrir los ojos haciendo que desviara la mirada al naranja, amarillo y azul del que se había teñido el cielo- Son menos espectaculares pero…
No necesito terminar la oración para qué la entendiera. Beso su oreja suavemente causando que un espasmo recorra todo su cuerpo y le susurro:
-Creo que a mí también me gustan más.
-¡Señora Odair! ¿Qué hace afuera a esta hora?- una chiquilla de unos dieciocho años llega corriendo con un chal verde en manos.
Annie abre sus impactantes ojos y se gira haciendo que quite mi mano de su panza.
-Miraba el amanecer.
-¿Y tenías que hacerlo en piyama? Te podrías enfermar.- le dijo poniéndole el chal sobre los hombros.
Su nombre es Margo, es la sobrina nieta de Mags, la única de su familia que sigue con vida. En cuanto se enteró de que Annie había regresado al distrito, estaba embarazada y sola decidió mudarse con ella.
-¿Quieres que haga avena de desayuno?- le pregunta Annie a lo que ella asiente.
Las veo alejarse. Aunque Annie se ha vuelto cada vez más independiente y estoy seguro de que podría vivir sola tranquilamente sin embargo me alegra que tenga alguien que la acompañe y cuide ahora que yo no lo puedo hacer.
Me quedo mirando como el cielo termina de iluminarse, tendré que irme, mínimamente por hoy.
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Annie ha venido a visitarme todos los días desde aquella ves. Sin embargo hoy el sol está a punto de terminar de salir y aún no ha llegado.
-Annie acabas de dar a luz, no puedes salir en estas condiciones.- escucho la vos de Margo y no puedo creer lo que está diciendo.
-Tengo que enseñárselo a Finnick.
Me giro para encontrarme a la mujer de mi vida en camisón y con un pequeño bulto entre brazos. Siento mi corazón latir a mil por hora aunque sé que eso es imposible. ¿En verdad ese es mi hijo?
-¡Es un espíritu! Puede ir a verlo a la casa, no tiene ni que tocar la puerta.- se queja la chica aunque no la detiene.
-Este es nuestro lugar.- asegura Annie y a mi mente vienen todas las veces que la traje aquí después de que fue vencedora, como fue justo en esta playa donde me di cuenta que la amaba y donde la bese por primera vez.
-Annie…- suspiro cuando ella se para cerca de mí, su vista no está en mi dirección pero sé que me siente.
-Su nombre es Frederick.- anuncia separando un poco el bultito de su cuerpo de tal manera que pueda ver al bebe más hermoso del mundo.- ¿Te gusta?
-Es perfecto.- contesto poniendo mi mano sobre su pequeña cabecita, lo que hace que cierre con más fuerza sus ojitos, me pregunto…
-Son del mismo color que los míos.-dice como si hubiera leído mi mente.
Dejo que el viento hable por nosotros, que diga todo lo que no podemos decirnos. Annie imita a nuestro niño y cierra los ojos con fuerza.
-Así… así casi puedo verte.
Un nudo se forma en mi garganta pero sonrió ¿Qué si valió la pena sacarla de ahí? Nunca hice nada que valiera más la pena.
