Frost Hearts: Pasión Congelada
¡Hola, mis queridos lectores del invierno!
Aquí otro capítulo más de esta interesante historia de nuestra querida pareja invernal.
Quiero informales que haré todo lo posible para publicar los capítulos de este fic y de los otros, pues, como ya entre al colegio y muy pronto estaré inundada de tareas, proyectos y exámenes se me complicará un poco las cosas así que ya están avisados por si las dudas.
Quiero agradecerles a:
Stew
Fer
Que disfruten de la lectura :)
Capítulo 4: Nuevos Tratos, Celos y Problemas
En el puerto del Reino de Arendelle las personas bajaban de los bucaneros, eran mercaderes, que aprovecharían para vender sus mercancías en el Festival de Otoño que se llevaría en cabo de unas semanas. Pero. Hubo un bucanero que era muy diferente a los otros, éste era mucho más elegante y que llamaba mucho la atención. De este transporte salió un joven hombre de alrededor de unos 20 y tantos años con un porte lleno de elegancia; su cabello era negro como el ébano, su tez era blanca con un toque aperlado, sus ojos era de un color verde esmeralda y con un aire que daba paz. Usaba un traje de noble que era negro, con algunos toques rojos y dorados.
– Por fin he llegado a mi destino. El Reino de Arendelle. – se dijo así mismo el joven de cabellera negra.
– Mi Lord. ¿Está seguro de que quiere hacer esto?, digo, después de lo que el Duque; es decir, su abuelo ha comentado de este Reino que tiene la aprobación de hacer hechicería y no sé qué otras cosas más ¿Aun quiere tener lazos con Arendelle y más con su Reina? – dijo un hombre de unos 40 o 50 años de edad, cabello marrones con algunas cuantas canas, tez aperlada y portando el uniforme oficial de la guardia real. – Eso sería suicido.
– Jeje, Gustav tranquilo no quiero que mi mejor capitán de la guardia real le dé ataque en medio de la embarcación. – rió divertido el joven hombre. – Además, es mi deber de corregir el error que hizo mi abuelo después de la tontería que cometió cuando coronarán a la Reina de Arandelle.
– No tiene que llevar toda esa carga mi Lord. – comentó en un tono serio Gustav.
– Lo sé. Pero quiero corregir todo este error. Mi padre al igual que el padre de la Reina, que en paz descansen, fueron viejos amigos. Arendelle y mi Reino deben de estar aliados nuevamente como en los viejos tiempos. – confesó el joven pelinegro.
– Si eso es lo que usted desea mi Lord. – Gustav hizo una reverencia mientras que el joven Lord observaba esperanzado el Reino de Arendelle.
– Espero que todo esto salga bien. – pensó el joven hombre.
Mientras tanto en el palacio…
Elsa se encontraba nuevamente en su despacho, solo que esta vez estaba revisando la correspondencia y los documentos importantes del reino, Jack se encontraba observando con un gesto aburrido en cada parte de la habitación, pero, de vez en cuando el joven Espíritu del Invierno miraba de reojo a la joven mujer de cabellera rubia-platinada. El muchacho de cabellera blanca se acercó silenciosamente a Elsa mientras que ella leía concentradamente un documento del Reino. Fue en ese momento en que Jack decidió romper el silencio.
– Te noto algo tensa. ¿Sucede algo Elsa?
– No. No es nada. – dijo Elsa mientras dejaba el documento en el escritorio.
– No eres buena mintiendo. Dime, ¿Qué te pasa? – volvió a insistir Jack.
– Solo estoy algo cansada.
– ¿Y por qué no descansas? – la joven Reina miró atentamente al joven Espíritu del Invierno mientras que ella se lo negaba.
– No puedo tengo que terminar todo esto. – señaló Elsa los documentos y la correspondencia. – Además ya me he tomado un receso.
– Lo cual solamente duraste 50 minutos cuando llegó el mensajero con más correspondencia. – replicó el joven Guardián de la Diversión.
– Son mis deberes como Reina, Jack, debo poner un orden en el Reino si no lo hago entonces habrá un problema. – comentó la joven pelirrubia-platinada.
– ¿Y si te ayudo con la mitad de tu trabajo? – preguntó Jack mientras recibía una mirada sorprendida de la Reina de Arendelle. – Así no tendrías que estresarte y desvelarte toda la noche.
– ¿Estás seguro? – Jack asintió con sinceridad.
– Completamente seguro.
– Está bien, si quieres ayudarme puedes hacerlo. Podrías comenzar con las cartas, es sencillo, simplemente las lees, luego me las pasas y me dices lo que contienen.
– Bien. Será sencillo. – Elsa sonrió cálidamente cosa que para el peliblanco le devolvió la sonrisa.
– Bueno a trabajar. – ambos jóvenes del invierno rieron divertidos mientras comenzaron a hacer su trabajo.
Jack comenzaba a leer carta por carta mientras que Elsa revisaba cada documento, y porque no también el joven Espíritu del Invierno le pasaba la correspondencia diciéndole su contenido. En ese momento alguien llamó a la puerta del despacho.
– Adelante. – dijo Elsa mientras observaba la puerta abrirse.
– Majestad un visitante la está esperando en el recibidor. – comentó un viejo sirviente a la Reina de Arendelle.
– ¿Un visitante? Eso es raro de escuchar, se supone que los invitados llegarían antes del Festival de Otoño. – comentó la pelirrubia-platinada.
– ¿Quiere que le diga al visitante que se retire, Majestad? – preguntó el viejo mayordomo.
– No es necesario que lo haga Jafet. Enseguida voy a atenderlo. Por el momento denle algo de beber y de comer al joven.
– Como usted lo ordene Majestad. – con eso Jafet se retiró dejando solos a Jack y a Elsa.
– ¿Iras a atender a tu invitado? – preguntó Jack mirando con picardía a Elsa, mientras que ella tenía un ligero sonrojo en sus mejillas.
– Tengo que hacerlo. Pero tampoco quiero dejar a un lado mi trabajo.
– Yo lo hago. – dijo el Espíritu del Invierno.
– ¿Tu? Jack no puedes hacer eso. – comentó la Reina de Arendelle.
– Claro que puedo. – insistió el peliblanco. – ¿O qué? ¿Acaso piensas que no puedo hacer los deberes de un noble?
– No me refiero a eso. Me refiero a que… no quiero abusar de tu nobleza sería injusto hacer eso… – confesó la joven soberana de Arendelle haciendo que el corazón de Jack se le acelerara.
– No lo estás haciendo Elsa. Lo que yo estoy haciendo por ti es porque quiero ayudarte y también porque mi corazón me dice en que lo haga. – en ese momento el corazón de Elsa se le aceleró mientras que su rostro empezó a tornarse a un rojo vivo. – Jeje, estas completamente roja.
– Será mejor que vaya a atender al invitado. – comentó Elsa levantándose de su asiento. – ¿Estás seguro que puedes hacer esto Jack? – preguntó preocupada.
– Por supuesto. Tú tranquila y deja que este galán haga su trabajo. – Jack le había guiñado el ojo a la joven mientras que ella se sonrojaba al extremo.
– Si necesitas algo o ayuda no dudes en decírmelo, ¿Si? – el joven Espíritu del Invierno no pudo evitar sonreír, se dirigió hacia donde se encontraba la joven Reina de Arendelle mientras que ella ruborizaba cuando sintió más la cercanía de él.
– Elsa no te preocupes, todo estará bajo control, tu tranquila.
– Pero… – en ese momento Jack besó la frente de Elsa mientras que él se separaba de ella para observarla con cariño y amor. Cosa que para ella al ver aquella mirada transmitiéndole eso no pudo evitar sentirse segura y confiada. – Está bien. Tú ganas Jack. No te esfuerces demasiado ¿Si?
– Si.
Elsa depositó un beso en la mejilla del joven Guardián de la Diversión para después salir del despacho. Mientras tanto Jack iba a seguir continuando con el trabajo que Elsa había dejado pendiente. El joven Espíritu del Invierno revisó cada carta y documento, justamente cuando iba a dejar de leer una de las cartas algo le llamó la atención; las manos del peliblanco comenzaron a temblarle, su ceño relajado se había fruncido, su mandíbula se había tensado y finalmente debido a sus poderes, Jack, comenzó a congelar la única parte en donde él se encontraba. Se fue furiosamente del despacho haciendo que todos los papeles importantes se esparcieran por toda la habitación.
Mientras tanto Elsa se encontraba en el Salón de Tronos, ella mandó a llamar a uno de los sirvientes en que le enviaran al misterioso invitado a ella. Algo dentro de ella comenzó a incomodarle de repente, no sabía por qué, pero una parte de ella sabía que no iba a hacer nada bueno cuando recibiera la visita de aquel misterioso invitado. Después de unos minutos el mismo joven hombre de la embarcación entró al Salón de Tronos siendo acompañado por el sirviente y su acompañante Gustav.
– Es realmente hermosa. Parece como un hermoso querubín que ha sido mandado por el mismo Creador. – pensó el Lord sin quitarle la vista de encima a la joven Reina de Arendelle. – Y mi abuelo diciendo que ella es un ser de lo más despreciable y horrendo que pudiera haber visto. ¡Vaya exageración de ese hombre!
– ¿Desea algo más su Majestad? – preguntó el sirviente.
– Si Alexander. Quiero que preparen una habitación para nuestros invitados.
– Como usted lo ordene Majestad. ¿Desea algo más? – volvió a preguntar Alexander.
– No Alexander. Ya puedes retirarte. – dijo educadamente Elsa mientras que el sirviente se retiraba. – Veo que no han presentado caballero. Dígame ¿Cuál es su nombre
– Antes de decirle mí nombre, mi Reina. Por favor. No quiero que se altere y este calmada cuando le cuente la razón por la que hice este largo viaje para venir aquí en Arendelle. – comentó educadamente el Lord.
– ¿Es algo serio? – preguntó Elsa preocupada.
– Depende en como lo tome Reina Elsa. – respondió con algo de calma y a la vez de nerviosismo el pelinegro.
– Al parecer si es algo serio… espero que no sea una guerra o algo peor que eso. – pensó la pobre Reina asustada. – Prosiga en lo que tenga que decirme joven.
– Bien aquí voy. Espero que no pierda la cabeza por esto. – pensó asustado y entre algo bromista el Lord de cabellera negra. – Majestad. Mi Nombre es Andrew de Weselton; Rey de Weselton. Y este de aquí es mi escolta personal y a la vez Capitán de la Guardia Real; Gustav de la Vie.
– ¡¿Qué?! – exclamó Elsa mientras se levantaba rápidamente de su trono. – ¡Usted! ¡Cómo osa pisar estas tierras! ¡Debo aclararle Rey de Weselton que el Reino de Arendelle ya no tiene ningún trato o lazos con su Reino! – dijo sumamente enojada la pelirrubia-platinada.
– Ahora si perderé la cabeza… pero… debo admitir que ella tiene un carácter fascinante. – pensó Andrew embelesado por la belleza, a su punto de vista, de la joven soberana de Arendelle. El Rey se aclaró su garganta mientras decía lo siguiente a ella. – Majestad si me permitiera explicarle…
– No tiene nada que explicar Rey de Weselton. Ahora Quisiera hacerme el favor de retirarse de mi vista, y también, de una vez de mi Reino.
– Por favor, Reina Elsa de Arendelle, solamente quiero que usted me escuche. ¿Por favor? Se lo suplico. – imploró Andrew mientras se arrodillaba ante la Reina.
– No tiene nada de que explicar Rey de Weselton. El daño que hizo el Duque de aquel reino ya está hecho, y no habrá nada para remediar el mal trato que le hizo a Arendelle y a su Reina. – dijo con seriedad y molestia la pelirrubia-platinada.
– Lo sé. Lo que hizo mi abuelo no tiene ningún perdón. Es por esa razón que vine aquí a Arendelle, en ofrecerle disculpas su Majestad, y más ahora que estoy realmente avergonzado por aquel acto que hizo mi abuelo. – la mirada azulada de Elsa se dilató de la sorpresa mientras escuchaba atentamente a la explicación del joven Rey. – Reina Elsa, si usted no quiere perdonarme o perdonar a mi Reino lo entenderé, ya que el daño que hizo mi abuelo fue bastante grave que por culpa suya hemos perdido contacto relacionado con usted y su reino. No vengo aquí para hacer tratos con usted mi Reina, simplemente vengo a pedirle perdón como el heredero de la corona hacia la Reina de Arendelle.
Elsa no sabía que decir en esos momentos, aquellas palabras de sinceridad de Andrew le había tocado desde lo más fondo de su corazón; aunque también tenía ciertas dudas de que aquel joven estuviera relacionado con el Duque de Weselton, ya que aquel hombre junto con el Príncipe de las Islas del Sur; Hans, querían despojarla de su corona e incluso matarla por haber traído el invierno a su propio reino. La joven Reina comenzó a meditar muy bien en las palabras del Rey de Weselton, por una parte ella quería perdonarlo después de todo él estaba ofreciéndole disculpas como el verdadero Rey que es… pero también… otra parte de ella no quería hacerlo después de todo él estaba relacionado con el Duque del mismo reino, ¿Acaso sería una trampa más de aquel anciano? Enviar a su propio nieto a pedirle disculpas a la Reina de Arendelle cuando la culpa de romper aquellos lazos con Weselton era de aquel viejo Duque cascarrabias junto con el Principito de las Islas del Sur.
La joven pelirrubia-platinada se mordió internamente sus mejillas mientras que su mirada azulada se endurecía por la tensión que se estaba sobrellevando en el lugar. Aún estaba en pos y contras sobre este acontecimiento tan pesado, mientras tanto, Andrew miraba a la joven mujer con aquel porte seguro y digno de la nobleza; el joven Rey no podía evitar observar cada detalle de la Reina de Arendelle, en sus adentros se decía a si mismo que ella era realmente hermosa, femenina, delicada, sofisticada y de una belleza envidiable que cualquier mujer o joven quien la viera le causaría tanta envidia. La mirada de Andrew se perdía en dos cosas en Elsa; en sus ojos y sus labios.
– Déjeme pensarlo, Rey de Weselton. – dijo Elsa en un tono serio y seguro llamando la atención a Andrew. – Para mañana sabrá la respuesta.
– Tómese el tiempo que quiera, Majestad. – dijo educadamente el Lord.
– Puede retirarse. – ordenó la joven Reina.
– Muchas gracias por haberme escuchado, Reina Elsa. Majestad sé que sonará descortés de mi parte… pero… me permite en agradecerle mi muestra de gratitud.
– ¿De qué forma? – en ese momento Andrew se acercó a la pelirrubia-platinada mientras le tomaba la mano para después depositarle un beso en los nudillos.
De pronto una fuerte corriente helada de viento irrumpió el Salón de Tronos, Elsa sintió un tremendo escalofrió en su espalda cuando vio lo que tenía frente a ella. Era Jack. Su mirada la tenía oculta entre su flequillo mientras apretaba con fuerza su cayado.
– Jack. – susurró Elsa.
– ¿Es mi imaginación o está haciendo frio aquí? – preguntó entre broma el joven.
– Con todo respeto Rey de Weselton, está haciendo frío. Después de todo estamos en otoño y muy pronto entraremos en invierno. – dijo sin emoción alguna Elsa mientras retiraba educadamente su mano de Andrew. – Ahora si sería tan amable de retirarse se lo agradecería.
– Como usted lo ordene, Reina Elsa. – Andrew hizo una reverencia mientras tenía su rostro elevado para ver a la joven soberana de Arendelle, le dedicó una sonrisa cálida y amigable mientras se retiraba junto con su acompañante del Salón de Tronos.
– Jack. – llamó Elsa al Espíritu del Invierno quien ni siquiera se musito. – Jack, ¿Te encuentras bien? – la joven Reina se acercó hacia donde se encontraba el muchacho mientras lo miraba preocupada.
– Si. Me encuentro bien. Bastante se podría decir. – dijo secamente Jack haciendo que la mirada azulada de la soberana de Arendelle se le dilatara de la sorpresa y la confusión.
– ¿Por qué hablas así Jack? – preguntó confundida. – ¿Por qué te comportas así conmigo si no te he hecho nada? ¿Qué te pasa?
– ¿Qué me pasa? ¡¿Qué que me pasa?! – vociferó molesto Jack mientras que una gruesa escarcha había sellado y a la vez congelado la puerta y paredes del salón. – ¡Esto! ¡Esto es lo que me pasa! – sacó entre los bolsillos de su chaqueta azul la carta que había leído antes en el despacho.
– Jack… ¿Qué es lo que tiene esa carta? – preguntó Elsa nerviosa mientras que en su interior el miedo comenzaba a apoderarla.
– ¿Qué es lo contiene? ¡Velo por ti misma! – el Espíritu del Invierno tomó bruscamente la mano de la joven Reina mientras le entregaba la carta en ésta.
– Por el Hombre de la Luna espero que no sea lo que estoy pensando… – pensó temerosa la pelirrubia-platinada mientras comenzaba a leer la carta. – No puede ser… Jack no es lo que tú piensas.
– ¿A no? ¿Entonces que es Elsa? ¿Qué es? – gruñó molesto el Guardián de la Diversión.
–… – Elsa intentó explicarle pero sabía perfectamente cuál sería su respuesta, y debido a eso ella calló inmediatamente.
– Tal como me lo suponía. El que calla otorga. – Jack extendió su brazo derecho a un lado donde se encontraba una ventana mientras que en un fuerte viento hizo que la azotara. – ¡Viento llévame! – vociferó con rabia el Espíritu del Invierno mientras que el viento se lo había llevado.
– ¡Jack! ¡Espera por favor! ¡Jack! – Elsa corrió hasta la ventana pero era demasiado tarde, el muchacho de cabellera blanca se había marchado. – Jack… no es lo que tú piensas.
La joven Reina de Arendelle cayó de rodillas mientras que en su mirada azulada observaba con tristeza y rabia la carta, comenzó a releerla de nuevo mientras que el odio, la tristeza y el dolor se acumulaban en su corazón.
"Estimada Reina Elsa de Arendelle…
Espero que esta carta llegué directamente a sus manos, yo, el Rey Antonio de Bafingtonk, deseo que su unión con la de mi hijo mayor; el Príncipe Aleksai de Bafingtonk, sea prospera y duradera. He escuchado rumores de que otros Reyes, Lords, Duques y otros nobles que han querido que usted se ha desposada por ellos mismos o con sus hijos, sobrinos y/o nietos. Debo infórmale, su Real Majestad, que mi primogénito será el esposo y Rey perfecto que nunca se habría imaginado.
Espero en recibir su respuesta antes de que llegué el invierno.
Atte.: El Rey Antonio de Bafingtonk."
– ¿Cómo osa ese Rey hacer esa atrocidad? ¿En entregar a su propio hijo como si fuera algún objeto de valor? – gruñó furiosa Elsa mientras que lagrimas gruesas y amargas caían de sus ojos. – ¿Quién se ha creído ese sujeto con desposarme con su hijo? ¡No! ¡De ninguna manera aguantaré una grosería como esta! ¡Yo soy la Reina de Arandelle! ¡Y yo decidiré en casarme o no! – vociferó con rabia la joven Reina mientras arrugaba furiosamente la carta.
– Majestad ¿Se encuentra bien? – preguntaron los sirvientes y algunos guardias después de haber escuchado el grito de la gobernante de Arandelle.
– Si… estoy bien. – respondió a secas la joven mujer mientras observaba con tristeza la ventana. – Déjenme sola por favor. – ordenó con claridad mientras que los sirvientes y los guardias se retiraron dejando completamente a Elsa. – Jack.
Mientras tanto en la Montaña del Norte, un Jack bastante furioso azotaba con rabia su cayado haciendo aparecer unos enormes pilares con picos de hielos por todo el lugar. Quería calmarse y dejar a un lado ese pensamiento que le molestaba, pero, no cada vez que recordaba aquel escrito de la carta una parte de él se lo impedía hacerlo. Se sentía devastado, triste, enojado y rechazado. Y más aún cuando recordó aquel momento en que un desconocido había besado la mano desnuda de su amada Reina de las nieves, mientras que ella no hizo nada para detenerlo.
Jack liberó un fuerte y sonoro grito de dolor mientras que con su cayado había golpeado tan fuerte el suelo que hizo aparecer unas enormes púas de hielo solido en todo el suelo. El Espíritu del Invierno colapsó en ese momento en la única parte intacta del suelo nevado mientras que amargas y gruesas lágrimas escapaban de sus ojos azules. Su mirada se reflejaba la tristeza, el dolor y la angustia. Los sollozos de Jack comenzaron a tranquilizarse pero sus lágrimas seguían cayendo. Solamente imaginar a Elsa, su Reina de las Nieves, casarse con otro que no fuera él le rompía el corazón.
Aquel corazón que por mucho tiempo le había costado recomponerse volvía en hacerse añicos como el frágil hielo. No quería. Jack no quería que eso para Elsa, no quería que ella se casara con otro sujeto. Las lágrimas cayeron hasta el suelo de aquel manto blanco, aquellas lágrimas hicieron crear una pequeña figura de Elsa, Jack, al mirar aquella creación lo tomó con sus manos con suma delicadeza temiendo a que con tan solo tocarla se rompiese inmediatamente. Al tener aquella figura de hielo en sus manos no pudo evitar sonreír con tristeza y melancolía.
– Elsa. – susurró con dolor el nombre de su amada mientras que una lagrima había caído de su ojo izquierdo hasta caer en la estatuilla, sin que esta se rompiera.
– ¿Por qué tan afligido joven Espíritu del Invierno? – preguntó una voz familiar haciendo que Jack se tensara y a la vez volteara para ver a la dueña de aquella voz.
– Doncella Blanca. – musitó el Guardián de la Diversión. – ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde?
– No has contestado mi pregunta. ¿Por qué tan afligido? – volvió a preguntar la joven.
– Se equivoca. No estoy afligido. – mintió el joven de cabellera blanca.
– ¿Seguro? Porque viéndolo así, no me parece nada convencido. – comentó la Doncella Blanca mientras observaba el desastre que había hecho Jack, quien por supuesto se ruborizó de la pena.
– Lo siento. – se disculpó el Espíritu del Invierno.
– Bonita decoración. Aunque ¿No crees que es demasiada exageración todo esto?
– Nuevamente lo siento.
– Todo esto… ¿Es por la Reina Elsa verdad? – sonrió maternalmente la Doncella Blanca.
– ¿Cómo lo…? – la mirada de Jack se había dilatado de la sorpresa.
– ¿Qué cómo lo sé? Porque puedo verlo en el hielo y en la nieve Jack Frost, tú y la Reina Elsa poseen poderes de hielo y nieve, es por esa razón que puedo verlo todo porque yo soy de ese elemento. – confesó la joven peliceleste-platinado.
– Si ya lo sabe entonces. ¿Por qué me lo pregunta? – preguntó en un tono afligido el Guardián del Invierno.
– Porque me gusta iniciar una conversación joven Guardián, además hacia tanto tiempo que no nos veíamos después de aquel accidente. – respondió sin musitar la Doncella Blanca. – Dime ¿Qué ocurrió contigo y con la Reina de Arandelle?
– Me acabo de enterar de que ella… ha recibido una carta de compromiso con un príncipe de otro reino. – dijo el Espíritu del Invierno mientras que su rostro se aguadó de la tristeza.
– Y eso te afecta ¿No es así?
– Claro que me afecta. ¿Qué sentirías cuando ves a la persona quien más amas en todo el mundo casarse con otra persona que no seas tú? – alzó la voz Jack mientras que su mirada azulada mostraba dolor y tristeza.
– No lo sé. Es más déjame decirte que nadie se me ha confesado que este enamorado de mí. – confesó la Doncella Blanca mientras que el Guardián de la Diversión lo miraba con incredulidad. – Pero, he visto a través de la nieve y del hielo como las personas sufren al estar enamorados(as) de otras personas que no son correspondidas o que no saben lo que tienen frente a ellos.
– Ya veo. – Jack mordió su labio mientras que las lágrimas comenzaron en asomarse en sus ojos.
– Que eso no te afecte joven Espíritu del Invierno. La vista humana puede ser muy engañosa, y además, solemos creernos todo cuando no todo puede ser verdad.
– ¿A qué se refiere con eso? – preguntó confundido el peliblanco.
– Eso tendrás que descubrirlo por ti mismo, querido. – rió divertida la peliceleste-platinada. – ¿Qué es lo que tienes planeado en hacer joven Guardián? – la mirada azulada de él ahora estaba llena de confusión.
– ¿Hacer de qué o qué?
– ¿Vas a quedarte aquí todo el día hasta que se te pase el enojo o iras a corregir tu error con la Reina Elsa? – Jack mordió internamente su cachete.
– No lo sé… la verdad es… que no quiero mostrar mi cara a Elsa, no después de lo que le hice. – confesó el joven de cabellera blanca. – No la merezco. Tal vez… nunca la merecí.
– Joven Guardián, no seas duro contigo mismo. Todos cometemos errores e incluso si son severas y difíciles de enfrentar, pero gracias a esos errores aprendemos algo muy importante.
– ¿Y cuál es Doncella Blanca? – preguntó confundido.
– En que no somos perfectos después todo. Uno puede equivocarse porque apenas está aprendiendo algo nuevo, como lo es en tu caso.
– ¿Qué es lo me recomienda hacer Doncella Blanca? – volvió a preguntar Jack, la peliceleste-platinada sonrió de una manera maternal y le dijo…
– Ve con la Reina de Arendelle, ella tiene mucho de que contarte.
– Pero… ¿Y si ella no quiere verme? – preguntó dudoso.
– Lo hará. Nunca dudes de la confianza que la Reina Elsa te tiene Jack Frost. – esto ultimo lo había pensado. – Será mejor que vayas a Arendelle, tú y la Reina Elsa tienen mucho de qué hablar ¿No?
– Si. Muchas gracias por… umm… la plática. – agradeció el Espíritu del Invierno.
– Por nada Jack. – dijo la Doncella Blanca.
– ¡Viento llévame! – ordenó el peliblanco a su aliado amigo mientras que éste se lo llevaba directamente hacia a Arendelle.
– Los chicos de ahora. Al principio tienen problemas y después se reconcilian como si nada hubiera pasado. – se dijo a sí misma la peliceleste-platinada. – ¿Cuándo se lo diremos, tío? – la joven giró su cabeza mientras observaba la figura de un hombre mayor.
– Pronto. Pero por el momento hay que esperar hasta que ellos vean lo que sus corazones han estado ocultado por mucho tiempo. – comentó el misterioso hombre.
– Eso espero. Porque… ya ha pasado demasiado tiempo para que ellos dos se volvieran a reunir otra vez. – comentó la peliceleste-platinada.
– Querida, tienes que dejarlo ir.
– Lo sé… aunque me sea difícil hacer eso, mi corazón siempre le pertenecerá a él.
– Yadira. – llamó el misterioso hombre a la Doncella Blanca.
– No importa cuántas veces lo ame tío… nunca seré correspondida por él. Tal vez. Nunca lo fui. – dijo con una voz quebrada Yadira mientras que las lágrimas se asomaban en sus ojos amatistas.
– Oh mi pequeña. – el hombre abrazó a la joven mientras que ella dejaba fluir sus emociones creando una fuerte tormenta en la montaña. – Me duele tanto que sufras, mi pequeña Doncella Blanca.
– ¿Por qué el amor puede ser algo hermoso y a la vez doloroso, tío? – sollozó Yadira en pecho de su tío.
– Todo tiene que tener un equilibrio, Yadira. Eso todos deberíamos saberlo. Si no existiera el equilibrio, el mundo estaría en el límite del colapso. – confesó con sabiduría el misterioso hombre mientras consolaba a la pobre chica.
Mientras tanto en Arendelle…
El sol ya se estaba ocultando detrás de las montañas avisando que muy pronto llegaría la noche, Elsa se encontraba en el balcón de su habitación mientras miraba con un deje de tristeza el cielo. Sus ojos azules se encontraban completamente rojos y cansado de tanto llorar en toda la tarde después de que Jack se había ido molesto del palacio. Una lágrima traicionera resbaló hasta mejilla mientras que ella se la removió con delicadeza con su mano izquierda. Esa misma tarde no había salido del Salón de Tronos debido a que sus poderes comenzaron a congelar el lugar, Elsa ya no temía de perder sus poderes pues ya sabía cómo manejarlos, cuando ella se había tranquilizado derritió el hielo sólido y se fue a encerrarse a su habitación.
La fresca brisa del otoño refrescaba el mojado rostro de la Reina de Arendelle haciendo que ella le diera un ligero titirito. Dejó escapar un sollozo cansado mientras disfrutaba del fresco clima, en ese momento, una brisa mucho más fresca que la anterior la hizo estremecerse de más. Abrió sus parpado dejando ver aquellos hermosos azules-hielos, un nudo se formó en su garganta mientras que las lágrimas no tardaban en asomarse en sus ojos.
– Jack. – susurró entrecortada Elsa. – Has vuelto…
– Elsa… yo… lo siento. En verdad lo siento mucho, no había sido mi intención en haberme comportado así contigo. – Jack comenzó a disculparse mientras mantenía su mirada fija en el suelo arrepentido de su error. – Sé que no merezco tu perdón y lo entiendo. Me he comportado como un idiota. Por el Hombre de la Luna, ni siquiera en que momento deje que mis celos me cegaran…
– ¿Celos? – pensó la Reina de Arendelle mientras se tapaba su boca evitando a que jadeo de sorpresa saliera.
– Lo siento. – susurró en un tono afligido y de arrepentimiento.
– Jack. – lo llamó. – Jack. Mírame por favor. – suplicó Elsa. El Espíritu del Invierno alzó su vista mientras observaba aquellos ojos azules-hielo con un brillo y a la vez vidriosos y rojos. Eso para el peliblanco se le hizo un vuelco en su corazón.
– Elsa… ¿Cuánto tiempo te he hecho sufrir? – se preguntó así mismo Jack mientras miraba con dolor el haber hecho sufrir a su amada Reina de las Nieves. – Lo siento… por haberte hecho llorar.
– Jack… no tienes nada de que perdonar, tú no tienes la culpa de nada. Tu no…
– ¡Claro que sí! ¡Claro que debo disculparme Elsa! ¡Me prometí a mí mismo en que nada ni nadie te harían volver a sufrir! ¡Y mira lo que hice! – exclamó con una voz quebrada el Guardián de la Diversión haciendo que el corazón de la joven Reina se estrujara más a su pecho cuando lo vio llorar por primera vez.
Elsa hizo una mueca de dolor, llevó sus manos sobre las mejillas de Jack mientras limpiaba sus cristalinas lágrimas; estaban frías. En ese momento, la joven Reina abrazó al Espíritu del Invierno alrededor de su cuello mientras que su cabeza la colocó en el hombro derecho de él. El joven Guardián de la Diversión correspondió al abrazó de la pelirrubia-platinada mientras que sus brazos la habían rodeado alrededor de su pequeña cintura, unas escarchas de nieve rodearon a los dos jóvenes de nieve y hielo en ese instante, Elsa retiró su cabeza del hombro del peliblanco mientras lo miraba fijamente. Volvió a colocar sus manos nuevamente en las mejillas de él mientras retiraba aquellas lágrimas de sus ojos.
Jack llevó una de sus manos mientras la colocaba por encima de la mano de Elsa, dejó escapar un ligero suspiro y a la vez entrecerraba sus ojos para dejarse llevar por el calor y el toque de la joven Reina, poco a poco Jack entreabrió sus parpados mientras se perdía en aquella mirada azul-hielo de Elsa. La joven pelirrubia-platinada se puso de puntillas para quedar a la altura del Espíritu del Invierno, mientras tanto él se inclinó hasta sentir su frente con la de ella; ambos podían sentir en ese momento sus reparaciones chocándose sincronizadamente, también sintieron sus narices rozarse mientras que muy dentro de ellos mismos sentían unas ansias por besarse.
Elsa al saber de lo que estaba haciendo se retiró de Jack mientras que él había aferrado su brazo en la cintura la joven Reina, queriendo evitar a que ella se alejara de él, no quería perder aquel contacto de calor que ella le estaba brindando. Cada vez que ella intentaba separase de él sin lastimar sus sentimientos, el joven Espíritu del Invierno se aferraba más a ella.
– Jack… – le llamó Elsa pero en ese momento ella fue interrumpida por él.
– Por favor déjame estar un rato más. – la pelirrubia-platinada al haber escuchado aquella suplica de Jack no pudo decirle un "no" como respuesta.
– Está bien. Aunque suene extraño yo tampoco quiero romper este contacto contigo Jack. – esto último lo había pensado ella mientras le dio el paso libre a Jack a que la siguiera abrazando. – Jack… te perdono. – una sonrisa cálida y de alivio decoró los labios del Espíritu del Invierno.
– Gracias… Elsa. – susurró Jack al oído de la joven mientras que ella se ruborizaba levemente.
Después de varios minutos de tener abrazada a Elsa, Jack, la liberó mientras le dedicó una sonrisa llena de vida y de calidez. Ambos entraron a la habitación mientras que Elsa se sentaba en el colchón de su cama con una mirada seria y a la vez llena de preocupación. El joven Espíritu del Invierno se le acercó a la joven y le preguntó lo siguiente.
– ¿Te preocupa algo Elsa?
– No. solamente estoy cansada por las cosas del Reino, Jack. – mintió la Reina de Arendelle.
– No eres buena mintiendo. Sé que algo te preocupa y no quieres decírmelo porque no es de mi incumbencia ¿No es así? – Elsa se mordió levemente el labio mientras quería evitar el contacto visual de Jack.
– Es muy bueno. – pensó mientras reía internamente.
– Está bien si no me lo quieres decir Elsa. Pero sólo quiero que sepas que yo siempre estaré a tu lado sin importar de lo que pienses o de lo que digas. – confesó el Espíritu del Invierno mientras tomaba ambas manos de la joven pelirrubia-platinada junto con las suyas.
– Él tiene razón. Jack siempre ha estado a mi lado cuando más lo necesite… aunque no recuerda todo lo de mi pasado… mi corazón me dice que confié en él. – pensó con sinceridad Elsa. – ¿Estás seguro de que quieres escuchar lo que me pasa Jack?
– Si. Pero. La pregunta es Elsa… ¿Es que si tú quieres contármelo?
– Buena pregunta. Y sí, quiero contarte todo lo que me está pasando… después de todo cuando era pequeña le había pedido a Jack que fuera mi novio… eso significaría que aún lo sigue haciendo ¿No? – un rubor extremo decoró las blancas mejillas de ella mientras que el joven Guardián de la Diversión había dejado escapar una risa divertida. – Como tú sabrás Jack, recibí una carta sobre una unión de matrimonio con un príncipe de otras tierras.
– Si.
– Pues… no es la primera vez que recibo eso. – la mirada azulada de Jack se dilató un poco por la sorpresa. – Desde el día en que me coronaron como la Reina de Arendelle, muchos nobles de todos los reinos del mundo me han ofrecido a sus hijos, sobrinos o nietos como candidatos para que algunos de ellos sea mi esposo.
– ¿Qué? ¿En qué están pensando esas personas? ¿Entregar a alguien como si fuera un objeto?
– Yo también he pensado lo mismo. – confesó Elsa. –Veras Jack, aunque yo sea la Reina de Arendelle y mi pueblo es quien decide si sigo siéndolo o no, otros Reinos se rehúsan a que siga con mi reinado. Solamente porque soy mujer piensan que no puedo hacer lo que un hombre puede hacer.
– ¿Y qué es lo que tienes en mente, Elsa? – preguntó Jack, la joven Reina observó en su mirada preocupación y a la vez miedo.
– Lo que siempre he hecho Jack. Rechazar las propuestas y seguir continuando gobernando Arendelle con o sin marido. – el joven Espíritu del Invierno se sintió aliviado después de escuchar eso, pero, luego escuchó a la pelirrubia-platinada decir algo más que le llamó la atención. – Pero… tampoco no estaría nada mal en tener un compañero y también sería hermoso tener una familia, después de todo, Arendelle necesitaría un heredero.
– Y… ¿Cómo sería tu compañero ideal? – preguntó curioso el Guardián de la Diversión.
– Son muchas cosas que tengo mente acerca de eso. Pero. Lo más importante es que él no se deje influenciar por el poder, ni la riqueza; que siempre sea sincero y que se preocupe por el reino como lo va a hacer conmigo. Eso es lo único que pienso de él. – confesó Elsa.
– Entiendo. – asintió Jack, en ese momento vio como la joven Reina comenzó a vencerle el sueño. – Necesitas descansar ya es muy tarde como para que estés levantada ¿No?
– Tienes razón. – afirmó la pelirrubia-platinada. – Podrías retirarte por unos momentos, quiero cambiarme a gusto.
–S-Si claro. – carraspeó el peliblanco mientras salía de la habitación de la joven.
Después de que Elsa se cambió en sus pijamas llamó a Jack para que entrara nuevamente a su habitación. La joven Reina de Arendelle se metió a la cama mientras se arropaba entre las colchas, poco a poco, el sueño la venció y quedó profundamente dormida. Jack se quedó velando el sueño de Elsa, como siempre solía hacerlo cuando ella era pequeña, mientras se quedaba hipnotizado por la belleza de ella y más porque el resplandor de la luna la hacía mucho más hermosa de lo que ya estaba.
– Que descanses, mi Reina de las Nieves. – susurró Jack mientras le depositó un beso en la frente de la joven soberana de Arendelle.
A la mañana siguiente Elsa despertó y se vistió en un hermoso vestido color caqui con hermosos detalles florales dorados en el corsé y en la parte de la falda, en la parte donde le cubría el cuello hasta sus brazos era de color café chocolate. Su cabello lo tenía recogido en una cebolla que por supuesto tenía un trenzado alrededor de esta y a la vez sujetada con un listón café. Jack al verla así no pudo evitar sonrojarse de lo hermosa que ella lucia esa mañana. La joven Reina de Arendelle tampoco pudo evitar sonrojarse cuando escuchaba balbucear al Espíritu del Invierno cosas como; "que hermosa", "es un hermoso ángel", y otras cosas más.
– Umm… ¿Nos vamos? – preguntó Elsa a Jack sacándolo de sus pensamientos.
– Uh… s-si… ¿A dónde? – la joven mujer rió ante eso mientras que el Guardián de la Diversión se maldecía así mismo por la pregunta.
– A desayunar. ¿A dónde más querías ir Jack? – preguntó entre broma la joven Reina.
– Bueno ya que lo preguntas… por qué no vamos a pasear por el reino, ya terminaste de enviar las invitaciones y también el papeleo ¿No?
– Pues… aún no he terminado con las cuentas del reino y me falta por terminar de escribirles las notificaciones de los nobles. – dijo Elsa en un tono cansado y un poco estresado.
– Tómate un respiro Elsa. Te lo mereces después de hacer tanto trabajo como Reina.
– Pero…
– Sólo un día. Sólo te pido un día de descanso. – la joven Reina se mordió el labio dudosa mientras que la mirada de Jack se mantenía segura. – Además ayer me prometiste en que saldríamos anoche para que disfrutaras de la libertad.
– Eh… b-bueno yo… – Elsa comenzó a balbucear nerviosamente y aún más cuando Jack comenzó en acercarse haciendo que sus narices se rozarán una con la otra.
– Vamos una salidita no te hará daño, al contrario te hará bien un descansito después de tanto trabajo.
– Mmm… está bien. Tú ganas Jack. – Jack sonrió triunfante mientras que Elsa no pudo evitar tampoco sonreír. – Después de desayunar nos iremos a pasear por el reino.
– Ya dijiste. – ambos soltaron una carcajada mientras salieron de la habitación.
Se dirigieron hacia el comedor mientras interactuaban entre susurros, ya que Elsa no quería llamar demasiada la atención con la servidumbre y que la señalaran como loca por estar hablando sola, la pobre Reina de Arendelle tenía que reprimir sus risas debido a que Jack hacia muecas graciosas y bromas a la servidumbre cuando tenían que tener el lugar ordenado y limpio. Al llegar al comedor, la sonrisa que Elsa tenía desapareció rápidamente al igual que la del Espíritu del Invierno, frente a ellos se encontraba no además Anna y Kristoff sino que también estaba Andrew.
El pelinegro junto con los futuros esposos estaban riendo a carcajadas, en ese momento, cuando el Rey de Weselton escuchó las puertas del comedor abrirse sintió en ese momento como su corazón dio un brincó, que hasta podría salir en cualquier momento de su pecho, cuando vio a Elsa en la entrada.
– ¡Buenos días, Elsa! – exclamó con alegría Anna rompiendo la tensión.
– Buenos días, cuñada. – dijo Kristoff.
– Buenos días. – respondió Elsa en un tono calmado mientras se dirigía con firmeza a su asiento.
– ¿Y ese quién es? – preguntó Jack mientras apuntaba con su cayado a Andrew quien estaba sentado a un lado de Elsa.
– Es el Rey Andrew de Weselton. – susurró mientras disimulaba tomar de su copa su jugo de naranja.
– ¿Cómo amaneció, Reina Elsa? – preguntó el Rey de Weselton.
– De maravilla. – respondió con claridad la joven pelirrubia-platinada. – Hasta que se me arruino al verte. – pensó enojada la Reina.
– Me alegra de escuchar eso, Majestad. – aclaró Andrew dedicándole a la joven una sonrisa cálida, cosa que para Jack le molesto.
– ¿Qué se cree este tipo? – dijo el Espíritu del Invierno entre dientes mientras le dedicaba una mirada de molestia al Lord. – Oye Elsa, ¿Quieres ver algo divertido?
– Jack, no. – Elsa negaba entre dientes mientras miraba con seriedad al Guardián de la Diversión.
– Observa. – sonrió divertido el peliblanco, en ese momento toco con la punta de su cayado en suelo mientras hacia un pequeño camino de hielo.
– No. – dijo entre toses.
– ¿Se siente bien Reina Elsa? – preguntó Andrew mientras miraba a la joven.
– Si me encuentro bien, bastante bien. – respondió la soberana de Arendelle mientras se aclaraba la garganta.
– Elsa, Elsa. – la mirada azul-hielo de la Reina observó de reojo a Jack mientras que él le dedicaba una sonrisa divertida. – Prepárate para el espectáculo.
– ¿Espectáculo? – pensó confundida y a la vez algo emocionada.
En ese momento salió un joven mayordomo alrededor de unos 23 o 24 años, cabello rubios dorados, tez aperlada, complexión delgada y ojos verde olivo; saliendo de la cocina con una bandeja en mano, en ese momento, cuando el joven dio otro paso más resbaló en el camino de hielo, el pobre joven mayordomo perdió tanto el equilibrio que hizo que accidentalmente soltara la bandeja que contenía el desayuno. Todo estaba en cámara lenta, las caras de sorpresa de Anna y Kristoff se hicieron presentes mientras que sus mandíbulas se abrían de más, Elsa también estaba boquiabierta con una mirada llena de sorpresa y Jack simplemente se encontraba ansioso por la travesura que hizo.
En ese momento se escuchó un sonido seco y a la vez estruendoso, había sido la tapa y la bandeja que habían caído al suelo junto con la comida, todos se quedaron con cara de sorpresa en ese instante. Andrew estaba cubierto del desayuno, que era salmón con un toque de caviar y otros cometimientos frescos. La joven Reina de Arendelle se llevó en ese momento una mano sobre su boca mientras evitaba soltar una carcajada, debido a que Jack se retorcía de la risa sobre los aires, ella miró de reojo a su hermana y a su futuro cuñado queriendo retener una risa. Pero lamentablemente no pudieron contenerla ni un segundo más, estallaron a carcajadas.
– Anna… Kristoff… – llamó la atención la Reina de Arendelle a su hermana y a su cuñado, pero la pobre pelirrubia-platinada no podía ocultar su risa.
– Lo siento. Lo siento. – dijo entre risas Anna queriendo parar.
– Lord de Weselton… lo siento… – se disculpó Elsa entre risas ocultas. – Lamento mucho por lo… que sucedió.
– No se preocupe, Reina Elsa. – rió apenado Andrew mientras se quitaba entre sacudidas la comida. – Fue un accidente. Además, ¿Por qué pide disculpas? Jajaja.
– Ustedes dos, ya dejen de reírse… Anna, Kristoff. – al mencionar los nombres del pelirrubio y de la pelirroja, Elsa soltó en ese momento una risa que ni ella misma ya no podía controlar. – C-Con permiso. – estalló de risa la pobre Reina mientras salía del comedor seguido por Jack quien tenía una sonrisa triunfante y divertida en sus labios.
– Fase uno: Hacer reír a Elsa. Completada. – se dijo así mismo el Espíritu del Invierno mientras salía del comedor.
Escuchó atentamente las risas de la joven pelirrubia-platinada en una esquina del pasillo mientras que ella se encontraba recargada en la pared y a la vez sosteniéndose el estómago.
– Hacia tanto tiempo que no te veía reír de esa forma Elsa. – dijo Jack mientras se ponía a un lado de ella.
– Jajaja… Jack… ¿Pero… cómo se te ocurre hacer… eso? – comentó entre carcajadas Elsa mientras se sostenía cada vez más el estómago. – Ay… mi estómago… jajaja…
– Digamos que las cosas ya se ponían tensas. – Jack le guiño a la joven Reina mientras que ella no dejaba de reír. Después de varios minutos de risa Elsa ya se había calmado.
– Por el Hombre de la Luna hacia tanto tiempo que no me reía tanto. – confesó la pelirrubia-platinada.
– Te ves hermosa cuando ríes. – dijo el Espíritu del Invierno ocasionando en la joven mujer un rubor en sus mejillas. – Bien hora de irnos.
– Eh? ¿A dónde?
– Me diste tu palabra en que saldríamos a despejarnos después del desayuno. – Jack la miró de una forma picarona y burlona.
– La cual no pude disfrutar y que fue arruinada porque hiciste una de tus travesuras Jack.
– Bueno como te lo dije antes "las cosas ya se ponían tensas". – replicó el Espíritu del Invierno mientras se acercaba más y más a la joven Reina.
– La cual todos pensaran que yo ocasione eso. – la pelirrubia-platinada se cruzó de brazos mientras miraba fijamente a los ojos azules del peliblanco.
– ¿Entonces qué?
– ¿Qué de qué? – Elsa arqueó una ceja mientras sentía el frío aliento fresco del Guardián de la Diversión sobre su rostro.
– ¿Nos vamos a de una vez a recorrer el Reino?
– No tengo otra opción. Hice una promesa y debo cumplirla. – Jack sonrió triunfante mientras que la joven Reina no pudo evitar sonrojarse levemente.
– Entonces… ¿Me os darías el gran honor en acompañarla en cada sitio de vuestro Reino, Reina de las Nieves? – la joven Reina de Arendelle no pudo evitar sonreír y a la vez soltar una ligera risa de diversión al ver como el peliblanco hacia una reverencia y a la vez hacia un acento *castellano*.
– Permiso concedido, Caballero del Invierno. – le siguió el juego utilizando aquel acento *castellano* junto con una elegante reverencia, cosa que para ellos dos le divertía.
Elsa y Jack se fueron del palacio sin que nadie se hubiera dado cuenta, en especial por ella, al llegar los dos a las afueras de las puertas del palacio; la joven Reina miró con asombro las hermosas decoraciones que se daría para el Festival de Otoño. El Espíritu del Invierno sonrió cálidamente al ver como su hermosa Reina de las Nieves tenía una mirada de asombro y llena de inocencia al ver toda la decoración que se estaba llevando en las casas y locales. Elsa disimulaba en ver a su alrededor como si estuviera inspeccionando que todo estuviera a la perfección mientras que en realidad ella hablaba con libertad con Jack mostrándole cada rincón y local del Reino de Arendelle.
En ese momento un grupo de niños se le acerco a la pelirrubia-platinada mientras que ellos, quienes hablaban entre todos, le pedían a la joven Reina que hiciera la magia de invierno. Elsa al no poder evitar las miradas inocentes y la ternura de aquellos niños hizo lo que ellos les había pedido, con sus manos creó una bola de nieve mientras que ella les decía a los niños un "¿Listos?" a los que ellos asentían rápidamente con su cabeza. En ese momento Elsa lanzó la bola de nieve mientras que ésta se había transformado en un elegante y gigantesco copo de nieve que después había explotado liberando una hermosa y ligera nevada que cubría rápidamente los tejados y calles del reino.
Los niños comenzaron a reír infantil e inocentemente mientras jugaban con los copos que caían del cielo, hacían muñecos de nieve y/o jugaban a una pequeña guerra con bolas de nieve. Jack rió divertidamente ante la diversión que Elsa le había dado en los niños, en ese momento, el Espíritu del Invierno decidió hacer otra de sus pequeñas travesuras. Comenzó a deslizarse con la ayuda viento mientras con su magia formaba pequeños copos de nieve, los cuales se los lanzaban a las personas directamente a los ojos haciendo que ellos se unieran a la diversión con los niños. La pelirrubia-platinada al ver eso en Jack no pudo evitar sonreírle, el Guardián de la Diversión al sentir la mirada azul-hielo de Elsa le dedicó una mirada tierna y cálida.
Jack se le acercó a Elsa y le susurró al oído que la llevaría a un lugar donde ellos pudieran disfrutar su día libre, la joven Reina lo miró con incredulidad mientras que dio un ligero asentimiento con la cabeza, nadie notó la presencia de la pelirrubia-platinada cuando se había retirado del lugar. Mientras tanto el Espíritu del Invierno tenia cargada en sus brazos a la joven mientras que ella veía asombrada el hermoso paisaje de lo que era su reino, y porque no, también de las montañas. Jack había aterrizado en un hermoso *prado, cuando Elsa observó el lugar se quedó maravillada por la belleza de la fauna de aquel lugar, solamente había árboles y unas cuantas flores silvestres en los alrededores; pero lo que a ella le había llamado la atención fue un enorme lago con una cascada* que hacia resaltar aún más la belleza de aquel prado.
– Jack, es hermoso. – dijo sin aliento la joven Reina sin dejar de mirar el lugar.
– Si. Lo es. Aunque hay algo más hermoso que este prado se queda con el segundo lugar. – comentó Jack llamando la atención a la pelirrubia-platinada.
– ¿Qué puede ser más hermoso que todo esto, Jack? – preguntó Elsa mientras miraba confundida al peliblanco.
– ¿Qué puede ser más hermoso que esto? – repitió la pregunta que le hizo la Reina de Arendelle. – Tu. Elsa.
– ¿Y-Yo? – se quedó sin aliento la pelirrubia-platinada mientras miraba anonadada al Espíritu del Invierno.
– Entre todas las cosas hermosas que he visto, tú siempre fuiste la que me llamó más la atención.
– Jack…
– Espero que no te haya hecho sentir incomoda, digo, es la primera que me expreso de esta manera con alguien, y más si es eres tu Elsa. – un sonrojo se apoderó de las mejillas de ambos jóvenes del invierno.
– N-No. no me siento incomoda Jack. Al contrario me siento… alagada. – sonrió con sinceridad la joven Reina. – Para serte sincera… es la primera vez que alguien me dice algo así.
– ¿Enserio? – Elsa asintió levemente mientras que un ligero había decorado sus mejillas. – Pues te digo algo. Me alegro ser el primero en decirle todo eso, mi hermosa Reina de las Nieves. – Jack tomó la mano de Elsa mientras le depositaba un beso en ella. La joven Reina no pudo evitar sonrojarse de más mientras sentía aquella hermosa sensación en su pecho.
– Jack…
– ¿Te digo algo? Creo que este lugar se vería bien con un toque más invernal ¿No lo crees? – la joven Reina de Arendelle se sonrojo de más cuando el Espíritu del Invierno se le había acercado a su rostro mientras sentía como sus narices se rozaban una con la otra.
– S-Sí. – tartamudeó nerviosa.
– Bien, entonces siéntate cómoda y disfruta del espectáculo, Elsa.
En ese momento Jack voló unos cuantos centímetros del suelo mientras que con su cayado comenzó a crear hermosos copos de nieves, también con la punta de su cayado decoró los árboles y arbustos con sofisticadas escarchas. Elsa se quedó maravillada por la hermosa decoración que el Espíritu del Invierno hacía en aquel prado, la joven Reina comenzó a moverse de su lugar mientras se dirigía al lago; extrañado Jack le preguntó qué era lo que iba a hacer ella, y como respuesta, la pelirrubia-platinada le dijo que ella también quería mostrarle algo. La joven mujer levantó un poco la falda de su vestido mostrando solamente la punta de sus zapatos color beige mientras que ella colocó su pie encima del agua, para sorpresa del Guardián de la Diversión vio como el lago comenzó a congelarse, Elsa dejó escapar una risa divertida mientras comenzaba a caminar y luego a dar pequeños giros en el agua, como si estuviera danzando, mientras que éste se congelaba.
Jack no pudo evitar sonreírle cuando ella comenzó a mover sus manos haciendo aparecer una pequeña bola de nieve, luego la lanzó en el cielo y después ésta explotó haciendo que cayera mucho más nieve. La joven Reina de Arendelle sonrió divertidamente mientras dejaba escapar una que otra risa llena de libertad, el joven Espíritu del Invierno la observó con ojos soñadores y llenos de calidez cuando ella comenzó a danzar libremente en el lago. El joven de cabellera blanca voló hacia ella y con su cayado le hizo una corona de flores de hielo sobre la cabeza de la pelirrubia-platinada. Elsa no pudo evitar sonrojarse ante el pequeño detalle que le había dado Jack, pero, además de eso también era porque él le pidió que si le ofrecía bailar un momento con ella; a lo cual la joven Reina accedió.
Jack tomó la mano de la joven mientras que con la otra la rodeaba alrededor de su cintura, Elsa coloco su mano libre sobre el hombro de él mientras que con la otra apretaba ligeramente la mano del peliblanco. Ambos jóvenes del invierno comenzaron a bailar ante la imaginaria melodía que sus mentes creaban, ambos se perdían en su mirada azulada mientras bailaban sincronizadamente. El joven Espíritu del Invierno acercó un poco más el cuerpo de la joven Reina de Arendelle con el suyo mientras que ella le dedicaba una sonrisa calmada y cálida al joven peliblanco. Elsa colocó su cabeza el pecho de Jack mientras escuchaba como los latidos de él se le aceleraban que hasta le retumbaban contra el pecho, él en cambio se sonrojo pero no se detuvo en seguir bailando con ella.
Una sonrisa triunfante decoró los labios del muchacho en ese momento, él colocó su mentón sobre la cabeza de la joven pelirrubia-platinada mientras que con la ayuda del viento hizo que sus fosas nasales respiraran aquella fragancia de la Reina de Arendelle. Aquella fragancia no era dulce ni tampoco fuerte; era el perfume perfecto, era como una combinación entre el olor del invierno fresco con un toque de flores silvestres. Elsa tampoco se quedaba atrás, al tener su cabeza en el pecho de Jack ella también comenzó a oler la fragancia del Guardián de la Diversión. Era un perfume varonil, pero, su fragancia era mucho más diferente a lo que ella solía oler de otras fragancias de los hombres; aquel aroma era una combinación de hielo solido con algo de menta, era una combinación perfecta y única.
Ambos dejaron de bailar pero no rompieron el contacto de sus cuerpos, Elsa alzó su vista mientras que Jack se perdía en la mirada azul-hielo de ella. El Espíritu del Invierno colocó su frente con la de la joven Reina mientras que ambos sentían sus frías respiraciones chocando levemente contra el rostro de cada quien, e incluso, podían sentir como sus narices se rozaban levemente una con la otra.
– Elsa.
– ¿Si, Jack? – la joven pelirrubia-platinada observó con tranquilidad y ternura al joven Guardián de la Diversión mientras que ella podía notar nerviosismo en su mirada azulada.
– Hay algo que debo confesarte. – dijo casi en un susurro el Espíritu del Invierno.
– ¿Qué es Jack? – preguntó con tranquilidad.
– Elsa… yo… – Jack podía sentir como su latir bombeaba rápidamente hasta podía escuchar como sus latidos de su corazón retumbaban hasta sus oídos.
– Tu… – Elsa comenzó a sentirse nerviosa y a la ansiosa que hasta podía sentir como su corazón iba a salir de su pecho de la emoción que sentía en su ser.
– Yo… no, no es nada.
– Jack. – en ese momento el corazón de la joven Reina de Arendelle se estrujo contra su pecho mientras sentía una decepción por no saber qué era lo que el Guardián de la Diversión quería decirle. – ¿Qué es lo que tenías que decirme? Dímelo.
– Enserio no es nada Elsa. – insistió el Espíritu del Invierno mientras sentía que su ser rompía al igual que su corazón. – Será mejor que regresemos al reino, todos deben de estar preocupados por ti.
– Si… tienes razón. – asintió ella.
– Que idiota soy. – se dijo así mismo mentalmente Jack.
– Jack.
– ¿Si Elsa? – la pelirrubia-platinada se mordió levemente su labio por los nervios que la carcomían.
– ¿Me puedes prometer que… vendremos a este lugar cuando este estresada por las cosas innecesarias?
– Elsa, podemos venir a este lugar cuando tú quieras. Es más, desde ahora en adelante este será nuestro lugar de descanso y a la vez secreto. – Jack sonrió ampliamente y a la vez con calidez y ternura a la joven Reina mientras que ella asentía levemente con su cabeza.
– Si. Jack, ¿Podemos quedarnos un rato más?, no quiero regresar al palacio por el momento.
– ¿Segura? – Elsa asintió nuevamente.
– Completamente. Quiero disfrutar este día libre. Y también quiero disfrutar cada momento contigo Jack. – eso ultimo lo había pensado desde lo más profundo de su corazón y pensamientos mientras sentía aquella calidez y alegría en su pecho.
– Está bien. Todo lo que mi Reina de las Nieves desee son órdenes para mí. – la joven mujer dejó escapar una risa divertida mientras que el Guardián de la Diversión no pudo evitar sonreírle cálidamente a la vez que le había besado la frente de ella. – Cuanto deseo en decirte lo mucho que te amo Elsa. Mi querida Reina de las Nieves. – pensó Jack desde lo más profundo de su ser mientras juntaba nuevamente su frente con la de Elsa a la vez que ambos se perdían en la mirada de cada quien.
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Polo Norte
En lo más alto de las montañas nevadas se encontraba la guarida de Norte, alias Santa Claus, en el despachó se encontraba él decorando una hermosa obra maestra de hielo. En ese momento la puerta de la habitación se abrió bruscamente haciendo saltar al viejo hombre. Norte se volteó mientras miraba con seriedad a uno de sus yetis, con su voz mandona y llena de liderazgo le dijo…
– ¿Cuántas veces tengo que decirles que no azoten o abran de esa manera la puerta? – los yetis comenzaron hablar al mismo haciendo que al pobre hombre le comenzara a darle un ligero dolor de cabeza. – Haber, haber, haber. Uno por uno por favor que nos les entiendo nada.
–… – uno de los yetis comenzó a emitir algo como un gruñido, estilo Chewbacca, haciendo que la mirada azulada de Norte se dilatara de más.
– ¡¿Qué?! – vociferó enojado mientras salía apresuradamente a zancadas del despacho.
Norte llegó a su taller de juguetes mientras que en el centro de aquel lugar había un enorme globo del mundo donde se mostraba cantidades de luces, que poco a poco fueron desapareciendo, el ceño de Santa Claus se frunció de más de lo que ya estaba mientras apretaba con fuerza su mandíbula y manos haciendo que sus nudillos se tornaran más blancos de lo normal.
– ¡No puede ser! ¡¿Cómo es posible?! – vociferó el hombre mirando con extrema molestia el enorme globo terráqueo. – ¡¿Cómo es que sucedió esto?! – Norte se volteó mientras miraba seriamente a los yetis y a los duendes, quienes por supuesto se espantaron por la reacción de su jefe.
En ese momento Norte se dirigió a su tablero mientras colocó una de sus manos sobre una palanca, la giró y después la empujó hacia abajo; en ese mismo instante una hermosas luces comenzaron a salir del globo terráqueo mientras que éste comenzaron en ascender al cielo expandiéndose por todos los lugares que se podían ver.
– Espero que todos lleguen a tiempo. – se dijo así mismo Norte. – Esto es algo serio.
Minutos después los Guardianes llegaron al Polo Norte, cuando llegaron a la guarida de Norte todos comenzaron a preguntarle qué era lo ocurría. Santa Claus casi iba a hablar cuando de pronto notó que Jack no se encontraba en la reunión.
– ¿Dónde está Jack? – preguntó Norte a sus compañeros.
– Mph, como siempre ese niño irresponsable llega tarde. – dijo Conejo poniéndose como cascarrabias.
– Espero que no tarde lo que tengo que decirles a todos ustedes es algo muy importante. – comentó el viejo hombre.
– ¿Qué tan serio es Norte? – preguntó preocupada el Hada de los Dientes.
– Demasiado Hada. – respondió con algo de seriedad y preocupación el grandulón.
– ¿Y porque no nos lo dices a nosotros y después a ese niño, Norte? – se quejó el Conejo mientras tenía su ceño severamente irritado.
– Porque el Hombre de la Luna me dijo que se lo tenía a decir a todos. – todos guardaron en ese momento silencio mientras observaban la luna resplandeciendo en el cielo.
– Pues espero que no tarde. – murmuró entre dientes Conejo.
En ese momento una fuerte ventisca junto con la nieve comenzaron a irrumpir el lugar.
– ¡Oh, Jack! ¡Muchacho que alegría de que hayas venido! – dijo Norte recibiendo a Jack con una cálida bienvenida.
– Lamento la tardanza. – se disculpó el joven de cabellera blanca.
– Hasta que por fin llegas niño, nosotros esperando a que Norte nos diga porque la emergencia y tu jugueteando con la nieve. – comentó molesto el Conejo.
– Ya no te enfades, Canguro. – el mencionado miró al Espíritu del Invierno con un ceño bastante fruncido e irritado. – ¿Y bien Norte? ¿Cuál es el punto de esta reunión?
– Muchachos. Lo que les voy a decir es algo sumamente serio. – todos comenzaron a prestar atención a lo que Norte les decía.
– ¿Qué es Norte? – preguntó el Espíritu del Invierno.
– Pitch ha regresado.
– ¡¿Qué?! – exclamaron los Guardianes, bueno a excepción del Hombre de los Sueños quien utilizó su arena un signo de exclamación.
– No puede ser. – dijo Conejo.
– ¡¿Pero cómo Norte?! – exclamó el Hada de los Dientes. – ¡¿Cómo es eso de que regresó Pitch?!
– No lo sé Hada. Pero debemos alertas en cuando va a atacar Pitch. – comentó seriamente Norte.
– No puede ser. Esto no puede estar pasando. Pitch no pudo haber regresado. – pensó Jack coléricamente mientras apretaba con fuerza su cayado. – Lo derrotaré. Juro por el Hombre de la Luna que lo haré.
– Debemos encontrar a Pitch cuanto antes Norte. No sabemos que intenciones tenga ese mal oscuro. – comentó Conejo entre dientes.
– ¿Y los niños? – preguntó mortificada el Hada. – ¿Qué pasara si Pitch se desquita con ellos como la última vez?
– Los protegeremos cueste lo que nos cueste Hada. – respondió Santa Claus. – Pero lo más importante es que tenemos que estar atentos cuándo y dónde atacara Pitch.
– Si. – asintieron los Guardianes.
– Pitch. No te perdonaré por lo que le hiciste a Elsa. Pagaras por todo el sufrimiento que nos hiciste pasar a ella y a mí. – pensó Jack molesto mientras apretaba con fuerza su cayado. – Tengo que decirle la verdad a Elsa acerca de Pitch y de lo que él le hizo a ella. – se dijo así mismo mientras se retiraba de la guarida de Norte para regresar a Arendelle.
Y vuala. Aquí termina el capitulo de esta magnifica y divertida historia.
No olviden comentar, acepto cualquier sugerencia, crítica y comentario sobre la historia.
Atte.: Queen-Werempire.
*Castellano*: en el dialogo de Jack y Elsa estoy usando como un juego de palabras, es decir, que en el idioma ingles americano ellos están usando el acento "ingles europeo". Y bueno como acá en México hablamos el idioma español latino utilicé el idioma español castellano.
*Prado…*: me base en la escena de la película de Frozen, ya saben, en la parte donde Kristoff, Anna y Sven entran al bosque para ir a la Montaña de Norte en busca de Elsa.
En el próximo capítulo de "Frost Hearts: Pasión Congelada":
– Dime ¿Qué es lo quieres? – preguntó la misteriosa silueta liberada.
– Igual que tu venganza. – respondió la voz.
– ¿Qué le hace pensar que con hacer las paces no se me haya olvidado de lo que hizo su abuelo?
– Vengo en son de paz, Reina Elsa. Además déjeme recordarle que usted me dio su perdón junto con su hermana y su futuro cuñado. – lo miré de mala cara pero a cambio de él simplemente me vio con diversión. – Espero que algún día mi reino y el suyo vuelvan a aliarse como antes lo habían hecho nuestros padres. – en ese momento mi mirada se había dilatado de la sorpresa, justamente cuando él se iba a retirar del despacho en ese instante lo detuve.
– ¿De que estuvieron hablaron tú y ese sujeto? – preguntó nuevamente mientras bajaba del árbol.
– Cosas sin importancia. – mentí y a la vez decía una cuarta parte de la verdad.
– ¿Enserio? Porque a mí me pareció que ambos se estaban divirtiendo, aunque claro también ese sujeto arruino el momento cuando mencionó lo de tus poderes. – pude notar en su tono de voz algo de celos y a la vez de molestia.
– ¿Cuándo le confesaras tus sentimientos a la Reina de Arendelle? – preguntó ella en un tono calmado.
– Aun… no lo sé.
– Espero que ese día llegue. Porque si no será demasiado tarde para ustedes dos.
– ¿Por qué dices eso? – pregunté confundido.
– La vida de un mortal es muy corta joven Guardián, mientras que la de un inmortal su vida está congelada. – respondió con tranquilidad, en ese momento sentí un golpe en la boca del estómago.
