Frost Hearts: Pasión Congelada
Hola, holitas mis queridos lectores...
Sé que no he actualizado estos últimos 4 meses y tengo muchísimas razones por la cuales no lo hice.
Primero que nada en la vacaciones de verano tenia planeado en publicar todos los capítulos de mis otros fics, incluyendo este, ya tenia planes para llevarme mi computadora conmigo a un viaje que iba a realizar por un mes pero debido a que mis padres no me dieron la autorización de llevármela no tuve otra opción más que dejarla en casa.
Cuando mi familia y yo regresamos de nuestro, tenia la ilusión de escribir al fin los capítulos pendientes, pero, luego mi familia y yo recibimos una triste y devastadora noticia; un hermano de mi padre falleció unos meses atrás, esto hizo a que toda mi motivación y pasión por escribir mis historias se derrumbarán, tuve una fuerte recaída emocional.
Después de haberme recuperado, ya había sido un poco tarde para mí como para seguir continuando con las historias, ya que había entrado al colegio, y bueno he tenido muchos trabajos, proyectos, exámenes por hacer...
Creo que ya no tengo más que decir, puesto a que la lista es demasiado laaaaaarga...
Antes de comenzar quiero agradecerles a:
AomeAzakura
anonimus
Ahora si...
Disfruten de la lectura.
Capítulo 5: El Regreso de la Oscuridad, Verdaderos Sentimientos
Horas antes…
Entre las penumbras de la oscuridad desconocido por el hombre y entre otros seres fuera del mundo mortal, había una silueta encadenada en lo que parecía ser unas cadenas. Aquella misteriosa silueta se encontraba con el ceño fruncido, su mandíbula se tensaba y a la vez que rechinaba con brusquedad sus dientes y a la vez maldiciendo entre susurros nombres de su pasado. De repente aquella misteriosa silueta movió con brusquedad todo su cuerpo tratando de liberarse de aquellas cadenas que lo mantenían encadenado.
– Malditos. Malditos sean esos guardianes. En especial ese maldito de Jack Frost. – gruño con suma rabia. – ¡Maldito sean! ¡Me vengaré! ¡Juro que lo haré!
– Entonces que así se haga. – en ese momento las cadenas que lo mantenían cautivo desaparecieron.
– Pero que…
– Ya te liberé. Bueno la mitad de ello.
– ¿Quién eres? Muéstrate. – ordenó cabreado la misteriosa silueta.
– Tranquilo, tranquilo hombre. No puedo aparecerme en estos momentos, pero si puedo comunicarme contigo. – replicó la misteriosa voz.
– Entonces dime tu nombre tan siquiera.
– Todo a su tiempo. No quiero apresurar las cosas, preferiría más llevarlas a la ligera. – la misteriosa silueta chasqueó su lengua de la rabia mientras apretaba con fuerza su mandíbula.
– Dime ¿Qué es lo quieres? – preguntó la misteriosa silueta liberada.
– Igual que tu venganza. – respondió la voz.
– No me digas. ¿Los guardianes te encerraron? – rió fríamente la silueta.
– No. pero digamos que otra persona que está muy relacionado con ellos lo hizo.
– ¿Hablas de…?
– Si. De aquel miserable ser que nunca debió haber existido. – una sonrisa macabra y fría decoró los labios de aquel ser a la vez que dejó escapar un risa tétrica.
– Estamos en el mismo barco. – replicó el ser. – Dime ¿Cuál es tu plan?
– Además de destruirlo a él. Recuperar lo que se me ha arrebatado por mucho, mucho tiempo. – dijo la voz en un tono oscuro y lleno de malicia.
– Bien. Entonces manos a la obra. – una sonrisa macabra y oscura había decorado los labios del ser mientras que una risa fría se escuchaba por parte de la voz.
– Eso es lo que quería escuchar.
En ese momento un remolino de arena oscura comenzó a rodear al misterioso sujeto sin que éste se musitara, no pasaron ni cinco segundos cuando aquel remolino había desaparecido. La mirada dorada de aquel ente observó nuevamente oscuridad, pero, no duro ni un segundo cuando unas luces azules color azul-hielo aparecieron, el ser miró con interés el nuevo que estaba habitando, era un enorme salón completamente oscuro y a la vez que parecía de cristal, en esa habitación había dos tronos de cristal negros.
– ¿Qué es este lugar?
– Lo que alguna vez había sido mi palacio. Ahora es tuyo. – contestó la voz.
– ¿Palacio?
– Si. Este lugar lo llamo: El Palacio de Cristal Negro. Yo mismo lo cree, pero, no para mí… sino para ella.
– ¿Ella? – preguntó confundido el misterioso ser.
– Muy pronto lo descubrirás amigo mío. – dijo la voz en un tono siniestro y lleno de frialdad.
– Black. Pitch Black, mejor conocido como "El Coco", "El Boogeyman", "La Pesadilla de los Niños".
– Excelentes títulos debo decir. Pero qué tal si en vez de todos esos títulos aceptas uno que tengo en mente.
– ¿Acaso hay un título mejor que los otros que tengo ahora? – preguntó burlonamente Pitch.
– Ríete todo lo que quieras. Y sí. Hay un mejor título que todos esos. – respondió calmadamente la voz.
– ¿Y cuál es?
– El Rey de las Pesadillas. – Pitch abrió sorpresivamente sus ojos mientras que la voz comenzaba a reír triunfantemente. – Sabía que te interesaría.
– Mmm… Pitch Black: El Rey de las Pesadillas. Me gusta. – sonrió torcidamente el Coco.
– Para tener ese título, necesitas ganártelo. – dijo la voz.
– ¿Y cómo puedo ganármelo? – preguntó Pitch casi en un tono irritado.
– Tienes que demostrármelo y así sabré que si eres digno de llevar ese título.
– Y así será. Merezco tener ese título cueste lo que me cueste. – la voz soltó una risa tétrica y fría ante aquella decisión del Coco.
– Entonces que así sea. – en ese momento las ropas de Pitch comenzaron a reemplazarse por un traje digno de un rey completamente negro con algunos detalles rojos como la sangre y una larga capa de seda que por supuesto ésta estaba sostenida en las hombreras del traje. – Pitch Black desde ahora en adelante te llamaras el Rey de las Pesadillas. – Pitch sonrió en ese momento triunfantemente mientras sentía en su cabeza una ligera presión.
Detrás de él apareció un enorme espejo el doblemente de grande con cristales oscuros y algunos diamantes en la parte de arriba de éste, Pitch se volteó mientras que una sonrisa triunfadora y fría decoró sus pálidos labios; comenzó a verse su propio reflejo mientras lucia aquel elegante y oscuro traje de rey y por sobre todo su corona; la cual era de cristal oscuro con zafiros y rubíes. En ese momento algo llamó la atención de Pitch, acercó un poco su rostro a unos pocos centímetros del espejo y de pronto su mirada dorada se dilató cuando vio algo que lo había dejado anonadado.
– Hola. Mi otro "yo".
¡Era el mismo!, pero, en una versión más humana; su cabello lo tenía de un color café chocolate, su tez era menos pálida, sus ojos era de un color miel y vestía solamente una camiseta gris con una pequeña abertura que mostraba un poco su pecho, una gabardina oscura que le llegaba hasta el suelo, unos pantalones negros y unas botas del mismo color.
– ¿Qué…? – en ese momento el Rey de las Pesadillas se volteó bruscamente tras de sí, pero, detrás de él no había nadie. Volvió a mirar nuevamente al espejo y se encontró otra vez con aquel sujeto que se parecía a él.
– ¿Sorprendido? – preguntó burlonamente el otro "yo" del Coco mientras sonreía fríamente.
–…
– Parece que sí. – sonrió burlonamente.
– ¿Quién eres? ¿Por qué te pareces a mí? – preguntó Pitch sin poder creer que lo estaba viendo.
– Muy pronto lo descubrirás. Lo más importante aquí es cumplir nuestra misión; destruir al Hombre de la Luna y a esos Guardianes. – comento el otro "yo" del Rey de la Pesadillas.
– Espero que así sea. Quiero verlos retorcerse de dolor y sufrimiento como las cucarachas que son. – dijo el Coco mientras se dirigió hacia uno de los tronos para luego sentarse en uno de éstos. – ¿Alguna idea?
– Un Rey necesita reclutas. Es por eso que necesitas un ejército de aliados fuertes y temerarios que se te unan y que sean leales a ti. – comentó el otro "yo" de Pitch.
– Bien pensado. ¿Quiénes son tus mejores hombres? – preguntó Pitch al reflejo del espejo.
– Jajaja, yo nunca he confiado en nadie que no esté en mi alcance; más bien yo mismo cree a mis propios aliados. Así como tú mismo creaste aquellas Pesadillas con tu magia. – confesó el reflejo. – La única diferencia entre tú y yo es que mis aliados eran mucho hábiles y fuertes que los tuyos.
– Si es verdad a lo que dices entonces muéstramelo. – dijo el Rey de las Pesadillas en un tono molesto.
– Lamentablemente ya no lo puedo hacer. Y como te lo había dicho desde un principio soy tu otro "yo".
– Me debes muchas explicaciones acerca de lo que dices… – en ese momento Pitch fue interrumpido por su otro "yo".
– Damián. Ese es mi nombre. – una sonrisa fría decoró los labios del mencionado mientras que su mirada café chocolate se tornaba un leve tono dorado.
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Arendelle
Elsa's Pov:
Faltaba una semana para el Festival de Otoño, aún tenía muchos papeleos y documentos por revisar; algunas veces hacer la misma rutina era cansado y aburrido. Dejé escapar un suspiro aburrido mientras dejaba de firmar algunas autorizaciones de intercambios a otros reinos. Me levanté de mi asiento mientras veía por la ventana el hermoso paisaje de las montañas nevadas de mi reino, una sonrisa había decorado mis labios al recordar el pasatiempo libre que tuve con Jack en nuestro lugar secreto. Cada vez que lo recordaba sentía una libertad y alegría en mi ser. Me di la media vuelta mientras observaba en mi escritorio una hermosa de hielo que esta mañana Jack me había regalado. Me dirigí nuevamente al mueble mientras tomaba con sumo cuidado el hermoso objeto, sentí un leve calor en mis mejillas a la vez que susurré el nombre de él.
FLASHBACK
Me levanté cuando sentí un escalofrió detrás de mi espalda, giré un poco mi cabeza por encima de mi hombro izquierdo, había sido Jack quien había abierto la puerta del balcón de mi habitación. Pude notar en su rostro algo de seriedad, preocupación y a la vez con un toque de calma. Me tallé levemente mis parpados para verlo claramente, en ese momento él se me acercó, se sentó en el colchón de mi cama y con una voz pacifica me dijo…
– Lamento por despertarte, vuelve a dormir aún es temprano.
– ¿Sucede algo? – pregunté mientras lo miraba fijamente.
– No. no sucede nada. – negó levemente con su cabeza, pero no le creí, lo supe por su mirada.
– Eres malo mintiendo Jack. Dime. ¿Qué sucede? – volví a preguntar en un tono dulce y calmado. Lo escuché suspirar rendido.
– Me están llamando. Tengo que regresar con los otros Guardianes.
– ¿Volverás? – pregunté algo temerosa, admito que estos días que me la he pasado con Jack han sido cada vez más divertidos e incluso… menos solitarios.
– Por supuesto que sí. Te lo prometí y yo jamás he faltado con mi palabra. – sonreí aliviada, en ese momento Jack tomó mi mano derecha y deposito un beso en ella. – Mi Reina de las Nieves.
– Según lo que yo me acuerdo… solías llamarme Princesa de las Nieves. – confesé un poco avergonzada mientras escuchaba como mi Espíritu del Invierno soltaba una carcajada.
– Jejeje, me alegro de que lo recordaras. Si, solía llamarte así desde ese entonces, pero, ahora que fuiste coronada como Reina también debo cambiar tu título. Además. Te sienta bien ese nuevo nombre; Reina de las Nieves. – sentí en ese instante un calor inmenso en mi vientre y a la vez en mis mejillas cuando me besó en donde comenzaban la línea de mis labios.
– Regresa pronto… ¿Si?
– Regresaré antes de que lo que cante un gallo. – solté una risa divertida ante ese chiste. – Y esto es una prueba de a mi promesa. Una rosa para otra rosa, solo que tú les ganas a todas las flores existentes de este mundo. – con sus manos hizo una hermosa rosa de hielo sólido.
– Jack… gracias. – agradecí tímidamente mientras tomaba la flor y a la vez le había depositado un beso en el inicio de sus labios, cosa que para él lo ruborizó. – Jeje, te ves lindo cuando te sonrojas. Tonta que dijiste. – me abofeteé mentalmente.
– Gracias. Aunque tú te ves mucho más hermosa sonrojada. – reí nerviosamente, vi a Jack subirse en el barandal de mi balcón. – Volveré Elsa. ¡Viento llévame! – lo escuché reírse infantilmente cosa que para eso me había contagiado, me dirigí hacia el balcón mientras observaba aquel joven de cabellos blancos perderse en el cielo.
– Buena suerte y ten cuidado Jack. Mi querido Guardián de la Diversión.
FLASHBACK
Dejé escapar un suspiro soñador mientras escribía en la hoja de mi cuaderno de apuntes el nombre de Jack y el mío. Al ver lo que hice me ruborice avergonzada, cerré el cuaderno rápidamente haciendo un poco de ruido al chocar las páginas de aquel objeto. ¿En qué estoy pensando? ¿Desde cuándo he me comportado así? Por el Hombre de la luna ya tengo 22 años y parezco una jovencita de 15 años enamorada… esperen… ¿Acaso dije enamorada? No, no puede ser. No puedo estar enamorada de él, de Jack, sería ridículo.
Él y yo somos diferentes; él es divertido y yo seria, él representa la libertad y yo represento la solidaridad, él es inmortal y yo una mortal, él es un Espíritu y yo una Reina… aunque… también debo admitir que hay otras cosas en común entre nosotros… ambos tenemos poderes de hielo y nieve, ambos estuvimos solos durante mucho tiempo, ambos sufrimos por muchas causas de nuestro pasado y no sé qué muchas otras cosas tengamos más en común porque solamente sé esas.
Espero que no sea eso de estar enamorada de él. Digo. Tampoco es malo estar enamorada… para una persona normal como lo es mi hermana, mi futuro cuñado y las personas del pueblo… pero para una persona como yo y Jack es muy diferente; y más para mí que apenas sé controlar mis poderes. Y todo se lo debo a él, a Jack. Y ahora qué haré. Si en verdad estoy enamorada que pensaran los demás y por sobre todo él. Digo hay muchas diferencias. Las personas me creerán como una loca que se ha enamorado de un personaje ficticio de un cuento para niños… pero… y Jack… ¿Qué pensará él de mí? ¿Acaso él sentiría algo por mí tal como yo… lo hago con él? Por el Hombre de la Luna ¿En qué estoy pensando?
TOC, TOC.
– Adelante. – dije cuando escuché que alguien tocaba la puerta del despacho.
– Hola. ¿Se puede? – lo que me faltaba, tolerar al nieto de aquel Duque traidor quien osó despojarme de mi corona y de mi reino.
– Pasa. – ordené secamente mientras volvía a mi trabajo. – ¿Qué es lo que quiere Rey de Weselton?
– Por favor llámeme Andrew, Majestad.
– No has respondido a mi pregunta Rey de Weselton. – evité aquel comentario de él.
– Discúlpeme si fue una grosería para usted Majestad. La razón por la que vine es para hacer las paces con usted. – quité mi vista de los documentos que estaba leyendo mientras miraba fijamente a él.
– ¿Qué le hace pensar que con hacer las paces no se me haya olvidado de lo que hizo su abuelo?
– Vengo en son de paz, Reina Elsa. Además déjeme recordarle que usted me dio su perdón junto con su hermana y su futuro cuñado. – lo miré de mala cara pero a cambio de él simplemente me vio con diversión. – Espero que algún día mi reino y el suyo vuelvan a aliarse como antes lo habían hecho nuestros padres. – en ese momento mi mirada se había dilatado de la sorpresa, justamente cuando él se iba a retirar del despacho en ese instante lo detuve.
– Un momento. Alto allí Rey de Weselton. ¿Cómo es eso de que mis padres y los tuyos se aliaron?
– Es una historia larga que contar su Majestad. – respondió con calma mientras sonreía cálidamente. – Pero si quiere escucharla con mucho gusto se lo contaré.
– Está bien. Adelante. – me recargué en el respaldo de la silla mientras esperaba a que él me contará la "historia" de la alianza de su familia con la mía.
– Antes de que comience la historia de la alianza que hicieron nuestros padres en su tiempo de juventud Majestad, ¿Me haría el honor de que me acompañara a dar un paseo?
– ¿Por qué debería de hacerlo? – pregunté en un tono serio mientras lo miraba sin emoción.
– Perdóneme si por lo que le voy a decir sería una ofensa contra usted mi Lady. Últimamente la he visto trabajar todo el tiempo; desde que el primer rayo del sol resplandece el cielo hasta que la primera estrella sale en el claro atardecer. – respondió el Rey de Weselton, me mordí interna y levemente mi mejilla evitando soltar una risa y a la vez una sonrisa cuando recordaba que mis tiempos libres las pasaba con Jack. – ¿Acepta mi invitación?
– Sólo lo hago porque quiero saber aquella alianza que tuvieron mis padres con el Reino de Weselton. – me dije a mi misma mentalmente, me levanté con elegancia de mi asiento y con una voz firme y llena de liderazgo dije lo siguiente. – Permiso concedido Rey de Weselton.
– Me siento honrado el que haya accedido a mi invitación, Reina Elsa. – él hizo una reverencia a la vez que tomaba mi mano para después besarla, la verdad es que me sentí algo incomoda con aquel beso y también sentí en mi interior una extraña sensación que me hacía sentir culpable cuando pensé en los besos que suele darme Jack. – Mi lady ¿Se encuentra bien?
– Si. – respondí secamente mientras retiraba educadamente mi mano con la de él. – Será mejor que iniciemos ese paseo que tanto quiere tener Rey de Weselton, por lo que usted entenderá que no quiero dejar pendiente mi trabajo.
– Cómo usted lo ordene Reina Elsa. – me dedicó una sonrisa de alegría, nuevamente aquel sentimiento me invadió mi ser y a la vez sentía una extraña sensación de confianza.
Salimos él y yo a los jardines del palacio mientras, si se podría decir que, disfrutaba del clima del otoño. Tuve que tener mis manos unidas cuando en un principio el Rey rozaba sus dedos con los míos o cuando él quería tomarme de la mano con tanta confianza.
– Rey de Weselton. ¿Sería tan amable de decirme aquella historia sobre su reino y el mío?
– Por supuesto que si Reina Elsa. Todo lo que usted deseé saber son órdenes para mí. – me sentí en ese momento nerviosa por la cercanía de aquel hombre, no sabía por qué pero lo único que quería es no tenerlo más cerca de mí. Tal vez sea porque es el nieto del enemigo. – Bien. La historia comienza así. Mi padre, el antiguo Rey Randolf de Weselton, fue un buen hombre querido por su pueblo, su reina y yo; su hijo. El verdadero Rey de Weselton; Paul de Weselton, quien fue el tío de mi padre y a la vez el hermano mayor de mi abuelo, escogió a mi padre como su sucesor. A mi padre lo coronaron a la edad de 17 años como el nuevo Rey de Weselton, pero, en aquel tiempo cuando comenzó a gobernar hubo una fuerte batalla que jamás en tu vida hubieras visto.
"Mi padre no sabía absolutamente nada de batallas, así que él tuvo que hacer algunos tratos con otros reinos para que le ayudasen en la cruzada… pero… de vez en cuando se le fue denegada esa ayuda debido a la fuerte economía de aquel tiempo. Al verse fracasar mi padre casi, casi, iba a hacer tratos con el Rey que le hizo guerra; le dejaría que su reino se expandiera en nuestras tierra como un tratado de paz, fue en ese entonces cuando recibió una carta del Príncipe de Arendelle, quien era tu padre. A través de aquella carta, tu padre decidió en unírsele a mi padre en aquella cruzada; y claro, junto con otros aliados que seguían lealmente a tu padre. Para mi padre al tener el apoyo del Príncipe Akthar de Arendelle no sólo le dio a él su confianza sino que también se ganó el respeto del reino. Desde ese entonces mi padre y el tuyo han sido buenos amigos, y, al igual que ellos Weselton y Arendelle han tenido una buena estrecha alianza para todo."
– Vaya… no sabía nada de eso.
– Pues ahora lo sabe Majestad. – aquel Rey me dedicó una sonrisa sincera pero a la vez con una nostálgica. – Weselton y Arendelle han sido buenos aliados desde que nuestros padres se convirtieron en grandes amigos… aunque… lamentablemente por las influenzas de mi abuelo ese lazo se rompió y solamente porque tenía en su mente en conquistar este reino para expandir el mío, y además, saquear todas sus riquezas. – mis ojos se dilataron.
– ¿Qué? ¿Acaso eso quería tu abuelo?
– Así es. Desde el momento que mi padre y el tuyo estrecharon sus manos, mi abuelo aprovechó eso, claro que mi padre no se dejó influenciar por él; ya que mi padre era muy leal al Rey Akthar de Arendelle. – pude ver la verdad en su ojos mientras escuchaba cada palabra de su boca. – Hasta recuerdo que mi padre siempre me alejaba de mi abuelo para que él no me influenciara por el poder y la conquista.
– Sé que no debo meterme en tus asuntos personales y familiares Rey de Weselton, pero, si se trata relacionado con mi familia y mi reino debo saberlo todo. – dije en un tono serio mientras lo miraba fijamente. Al principio pude ver en sus ojos algo de sorpresa que para después fue cambiándola en una de afirmación y sinceridad.
– Sus deseos son órdenes para mí, mi Lady.
– Bien comience, si no es mucho pedir. – ordené tranquilamente.
– Ya le conté la historia de amistad de mi padre y el suyo. Ahora le contaré la mía. – arqueé una ceja sin quitar la mirada de encima de él. – Cuando yo tenía 5 años mi madre falleció por una grave enfermedad, así que mi padre siempre estuvo al pendiente de mí desde ese entonces. Cuando cumplí los 11 años mi padre falleció en una embarcación que él iba hacer trato con los *Principes de Francia*, pero, antes de que él falleciera me dijo una cosa muy importante que aún sigo conservando eternamente en mis pensamientos e incluso en mi corazón.
– ¿Y cuál es? – pregunté en un tono tranquilo.
– Él me dijo… "En el camino de la vida habrá muchas pruebas y la peor de ellas son 'el poder, la codicia y la conquista' esas son la tentaciones que el hombre y más la de un rey intenta siempre poseer; habrá personas tanto cercanas como lejanas que intentaran que te unas a ellos, sé astuto y jamás te dejes tentar por esas tres cosas." – sentí en ese momento compasión por él mientras escuchaba como su voz comenzaba a quebrarse al decirme esas palabras de su padre. – Y vaya que mi padre tenía razón. Cuando cumplí los 16 años me coronaron como Rey de Weselton, y bueno, digamos que ser Rey no es tan fácil como uno se imagina.
– Lo sé. – afirmé. – Ser Rey o Reina es una responsabilidad enorme.
– Si. En fin, mi abuelo comenzó a molestarme con sus influencias de agrandar el reino y a la vez tener muchas alianzas con otros reinos, luego me fui dando cuenta de que lo único que mi abuelo quería era saquear las riquezas de los reinos. – me llevé una mano sobre mi pecho al escuchar el tono de decepción por parte de él mientras me contaba su historia. – Cuando realicé un viaje a China fue ahí cuando la gota derramo el vaso.
– Fue cuando… el Duque de Weselton, es decir; su abuelo, rompió la alianza con mi reino. – Andrew asintió levemente.
– Así es. No sabe cuánto lamento por el daño que mi abuelo le hizo a usted y a su reino; Reina Elsa.
– Ya no tiene nada que perdonar. Usted no tiene la culpa de que su abuelo hizo tal atrocidad. – dije en un tono lleno de calma.
– Agradezco mucho por sus palabras Reina Elsa. Espero que algún día nuestros reinos nuevamente tengan esa paz de alianza que un día nuestros padres lograron formar.
– Espero que si… Rey Andrew. – en ese momento me di cuenta de lo que había dicho, dije su nombre, y porque veo en el rostro de él pude notar sorpresa y a la vez emoción.
– Dijiste mi nombre. – sonrió de una manera victoriosa. – Eso significa que ya nos estamos llevando bien.
– No se ilusione tanto, Rey Andrew.
– ¿Le parece que nos presentemos nuevamente? – arqueé una ceja mientras que él me dedicó una sonrisa sincera.
– ¿Por qué quiere hacerlo, Rey Andrew? – pregunté con seguridad y calma mientras que el Rey Andrew soltó una risa.
– ¿Y porque no?, tal vez así nos llevaríamos poco a poco mejor… como amigos. – noté un ligero rubor en sus mejillas a la vez que él se masajeaba la nuca.
– Está bien. – autoricé con seguridad mientras lo miraba fijamente y mostrando a la vez mi porte de noble.
– Soy Andrew de Wiselton. Rey de Weselton. – Andrew hizo una reverencia mientras mantenía su mirada fija en mí.
– Soy la Reina Elsa de Arendelle. Un gusto conocerlo Rey Andrew de Weselton. – dije con formalidad mientras tomaba la tela de la falda de mi vestido a la vez que hacia una reverencia.
– El gusto es mío, Reina Elsa. – con eso último él tomo una de mis manos mientras depositaba un beso entre mis nudillos.
En ese momento justamente cuando iba a retirar mi mano con la del Rey una fuerte ventisca y nieve comenzó en aparecer haciendo que él comenzara a temblar del frio, y lo más extraño fue que yo no hice aparecer eso… a no ser que. Antes de que mirara detrás de mío, el Rey Andrew hizo un chiste sobre el clima.
– Uff, vaya que aquí en Arendelle el clima cambia mucho aquí. ¿No lo cree Reina Elsa?
– De vez en cuando.
– Umm… no quisiera sonar grosero su Majestad. Pero. Tengo una cierta curiosidad sobre usted. – arqueé una ceja mientras lo miraba fijamente.
– ¿Así? ¿Y dígame Rey Andrew qué es? – pregunté con tranquilidad pero dentro de mí me ponía algo nerviosa, que eso hizo que unos copos de nieves comenzaran a caer encima de nosotros.
– ¿Es cierto que usted posee un poder relacionado con el invierno? – en ese momento sentí como mi autoestima colapso por los suelos, tragué con dificultad mi propia saliva mientras que una sensación de miedo comenzó a invadir mi vientre.
– ¿Por qué querría saberlo, Rey Andrew? – pregunté sin musitarme, pero, aquella sensación de miedo comenzó a invadir mi ser. Al momento que sentía eso una leve ventisca con nieve comenzó a aparecer.
– Sólo por curiosidad. – respondió él. – Wow, vaya que tenía razón sobre el clima. – rió divertido él.
– Será mejor que me retire Rey Andrew tengo muchas que hacer. – dije rápidamente mientras me retiraba de allí pero también me di cuenta de que él también me seguía.
– ¿Desea que la acompañe Reina Elsa?
– No es necesario que lo haga Rey Andrew. Preferiría irme por mi cuenta. – dije educadamente.
– Pero… – antes de que él siguiera hablando una fuerte ventisca helada golpeara su cuerpo haciéndolo temblar del frio. – Vaya que frio hace no lo cree Majestad.
– A mí no me molesta. El frío es parte también de mí. Con su permiso Rey Andrew. – dije con suma tranquilidad mientras me alejaba de él.
Una vez que me alejé de él me dirigí al otro extremo del jardín para clamar mi autoestima, dejé escapar un suspiro de cansancio y a la vez algo de alivio al estar lejos de él. Bajé mí vista mientras recordaba la historia que me había contado el Rey Andrew acerca de mi padre y el suyo, y porque no, también sobre de aquel Duque que traicionó el reino de su propio nieto y a la vez el mío. En ese momento algo me distrajo, era unos hermosos copos de nieves, aunque esos copos yo no los había hecho, una sonrisa decoró mis labios al reconocer esos copos. Comencé a jugar con algunos de ellos mientras dejaba escapar una que otra risa, fue en ese instante cuando lo escuché a él.
– Eso nunca falla.
– ¡Jack! – solté una leve risa cuando lo vi recargándose en la copa de un árbol.
– ¿Ya te sientes mejor? – preguntó con una voz tranquila pero a la vez preocupada. Yo simplemente me limite en asentir y a la vez en dedicarle una sonrisa sincera.
– Si.
– ¿De que estuvieron hablaron tú y ese sujeto? – preguntó nuevamente mientras bajaba del árbol.
– Cosas sin importancia. – mentí y a la vez decía una cuarta parte de la verdad.
– ¿Enserio? Porque a mí me pareció que ambos se estaban divirtiendo, aunque claro también ese sujeto arruino el momento cuando mencionó lo de tus poderes. – pude notar en su tono de voz algo de celos y a la vez de molestia.
– ¿Y eso te afecta? – pregunté casi divertida sin quitarle la vista de encima.
– Si a ti te afectó también a mí me lo hace. – sentí un leve calorcito en mis mejillas mientras sentía como mi corazón comenzaba a latirme rápidamente. – No quiero verte otra vez triste ni asustada Elsa. No podría soportar en cómo alguien tan hermosa como tú sufre por algo que las personas aún no puedan comprender.
– No me afecto Jack. Bueno, no del todo. Solamente que las palabras del Rey Andrew me llamaron un poco la atención, que hizo que me pusiera nerviosa.
– Cada vez que lo mencionas, ¿Por qué te comportas tan distante y a la vez familiar con él? – preguntó Jack con curiosidad, yo en cambio me mordí levemente el labio inferior nerviosamente.
– Umm… es algo difícil de explicar. – está bien eso pareció una respuesta sincera, y creo que Jack lo notó.
– Elsa, sé que no es mi incumbencia en meterme en tus asuntos. Pero cuando te veo a los ojos hay tantas cosas que quieres dejar ir, en desahogarte, en ser libre de aquellas cosas que te hacen sentir encadenada. – sentí una calidez en mi pecho por aquellas palabras tan sabias de aquel joven que tenía en frente, una sonrisa comenzó a decorar mis labios mientras miraba con sentimiento a Jack.
– ¿Cómo lo haces Jack? ¿Cómo sabes todas esas cosas que nadie sabe, a excepción de mi hermana y de mí?
– Porque lo sé por tu mirada. Todos dicen que los ojos son la ventana del alma, Elsa. – tenía unas ganas de llorar de la felicidad y de la compasión, en ese momento unas cuantas lagrimas traviesas escaparon de mi ojos, vi como Jack se alarmó cuando vio eso. – Elsa ¿Estas bien? N-No era mi intensión en hacerte llorar.
– Por favor no te alarmes Jack. No lloró por tristeza, sino de felicidad. – dije en un tono dulce y sincero. – En todos estos años jamás nadie me había dicho algo así como tú mismo dijiste.
Jack no me dijo nada en ese instante simplemente me sonrió aliviado y a la vez cariñosamente, se acercó hasta a mí y se limitó en abrazarme, sin pensarlo dos veces correspondí a su abrazo mientras que mis lágrimas seguían escapando de mis ojos. No sé cuánto tiempo estuvimos así abrazados, es más, ni me importó lo único que quería era sentir su calor a través de aquel abrazo. Jack comenzó en acariciar mi cabeza como si de una niña pequeña me tratase y a la vez que me besaba dulcemente en mi frente, yo simplemente me limite en llorar con alegría, acomodé mi rostro en su pecho mientras dejaba escapar un leve sollozo de alivio en ese momento noté como unos pequeños copos de nieve comenzaron a caer encima de nosotros haciendo que solamente en nuestro alrededor se acumulara aquel manto blanco.
– Todo comenzó cuando me habían coronado como Reina de Arendelle. Como en toda tradición tengo que invitar a las personas de otros reinos, islas y/o los que tengan una alianza con el reino. – comencé a explicarle a Jack mi situación mientras nos encontrábamos sentados bajo un árbol del jardín abrazados uno con el otro. – Luego de la ceremonia de mi coronación hice una fiesta en el palacio por el festejo, fue en ese momento cuando apareció el Duque de Weselton; el abuelo del Rey Andrew de Weselton.
"En un principio él habló conmigo sobre de hacer tratos con él para que mi reino y el suyo tuvieran más riquezas y fueran reconocidas como los reinos más importantes del mundo. Claro que yo le dije que tenía que pensarlo antes de hacer tratos con él. Pero. Luego ocurrió ese accidente en que Anna me quitó el guante y debido a mis miedos libere mis poderes alejando a mi hermana y a mis invitados de mí… eso también incluyendo al Duque y a sus guardias."
– ¿Por qué razón utilizaste guantes Elsa? – preguntó Jack a mi oído mientras tomaba una de mis manos y a la vez que la entrelazaba con la suya mientras la elevaba a nuestra vista.
– Porque mis poderes comenzaron a crecer al igual que mis miedos, Jack. – confesé en un tono calmado y a la vez agobiado en tan solo recordar mi dura infancia, Jack llevó mi mano sobre sus labios mientras la besaba dulcemente.
– Continua. – dijo mientras seguía besando el dorso de mi mano.
– Luego de que todos descubrieran mi secreto, de poseer poderes de hielo y nieve, entre en pánico… y hui de mi hogar, de mi reino. – sentí como Jack apretaba con delicadeza mi mano dándome la fuerza necesaria para seguir relatándole mi historia. – Estuve por casi tres días en mi palacio de hielo que hice cuando escape de mi reino, pero, luego me encontraron los guardias del Duque de Weselton junto con algunos de mis propios guardias y con el Príncipe Hans de las Islas del Sur. Fui atacada por sorpresa y me tomaron como prisionera en mi propio palacio.
– ¡¿Qué?! ¡¿Cómo pudieron hacerte eso?!
– El miedo puede ser muchas cosas Jack. En especial si se trata de alguien que tiene poderes. – miré a Jack mientras que él me miraba con preocupación y a la vez con tristeza. – Cuando escapé de mi cautiverio iba a regresar de nuevo a la Montaña del Norte para jamás volver a pisar Arendelle, en ese momento, justamente cuando ya estuve a punto de escapar; el Príncipe Hans me detuvo diciéndome que cuando Anna, mi pequeña hermana, me había buscado para avisarme que había enviado una nevada en el reino; accidentalmente, por mis nervios y miedos, había congelado su corazón.
"Y debido a eso ella "murió" congelada, no te imaginas el dolor, la tristeza y la culpa que sentí en ese momento al saber que la persona que más valoraba y amaba había muerto por un error mío. Perdí el control y a la vez bajé la guardia cuando mi captor iba a hacerme daño, lo único que recuerdo fue el grito de mi hermana y el choque de la espada rompiéndose contra algo duro y solido. Había sido Anna quien me protegió del ataque de aquel hombre. Lloré en el regazo de mi hermana, quien estaba congelada en ese instante, pero, pocos segundos después ella se descongeló. Ella me explicó que para descongelar un corazón frío era hacer un acto de amor verdadero.
Amor. Esa era la clave para descongelar el hielo y la nieve. Cuando todo aquello se solucionó, volví a mi reino y tome mi posición como reina; y claro, también rendí cuentas con el Duque de Weselton y el Príncipe de las Islas del Sur. Según lo que los guardias del Duque me confesaron era que aquel hombre quería saquear las riquezas y expandir el Reino de Wiselton. En cuanto al Príncipe Hans, Anna me comentó que él sólo quería casarse con ella para convertirse en Rey, ya que él tiene 12 hermanos en total. Creo que eso es todo lo que tengo que decir Jack."
– Wow… la verdad no sé qué decir Elsa. Todo lo que has pasado fue demasiado complicado y duro para ti, y también para tu hermana. – asentí levemente. – Por cierto… ¿Por qué utilizabas guantes en ese entonces? Tienes unas hermosas manos ¿Por qué ocultarlas? – vi como él jugaba y a la vez entrelazaba sus manos con las mías ocasionando en mi un leve calor en mis mejillas.
– Ya te lo dije. Utilicé los guantes para evitar congelar lo que tenía en mí alrededor.
– Entiendo. Elsa, ¿Puedes prometerme que jamás en tu vida volverás a ocultar tus poderes detrás de unos guantes? – arqueé una ceja mientras lo miraba confundida.
– ¿Por qué dices eso Jack? – pregunté confundida.
– Porque además de tener un hermoso don, no quiero ver ocultas estas suaves, cálidas y hermosas manos de mi Reina de las Nieves. – me ruboricé de más al escuchar aquel alago y a la vez que Jack comenzó en besar mis dos manos. – ¿Puedes prometerme eso Elsa?
– Si. Te lo prometo, Jack. – él me dedicó una tierna mirada y a la vez una sonrisa cálida y hermosa que me hizo sentir un cosquilleo en mi estómago.
Jack inclinó poco su cabeza para sentir como aquellos labios suaves y perfectos besaran mis ojos, solté con delicadeza mis manos con las de él mientras lo abrazaba alrededor de su cuello. Juntó su frente junto con la mía mientras nos perdíamos en la mirada del uno con el otro. Jack acarició con una de sus manos mi mejilla derecha mientras me dedicaba otra vez aquella tierna mirada. Tenía unas ansias por besarle los labios en aquel momento, pero, eso no era digno de una joven ni mucho menos de una Reina; digo, no es nada malo en besar a alguien, pero, en este caso estoy hablando de Jack. Además. Él me vería mal vista si lo beso así de repente. Es mejor que guarde estos sentimientos que tengo en lo más profundo de mi corazón y seguir continuando con esta amistad… si es que se le pueda llamar así.
– Elsa. – me llamó sacándome de mis pensamientos.
– ¿Si Jack?
– Hay algo importante que tengo que decirte. – sentí una preocupación pero a la vez una emoción. ¿Qué será lo que quiere decirme Jack?
– ¿Y cuál es Jack? – pregunté calmadamente, bueno, la verdad me escuché nerviosa.
– ¿Recuerdas que esta mañana tuve que ausentarme debido a mi trabajo de Guardián? – asentí.
– ¿Sucedió algo malo? – pregunté preocupada, al ver el rostro serio parecía que si había ocurrido algo malo.
– Elsa. Lo que te voy a decir es algo delicado y no quiero preocuparte por ello. – tragué saliva mientras sentí en mi vientre una sensación de intranquilidad. – La razón por la reunión de los Guardianes fue que… – en ese momento alguien me había llamado y a la vez interrumpiendo a Jack.
– ¡Elsa! – era mi hermana Anna quien corría apresuradamente hacia a mí.
– Parece que nuestra plática tendrá que ser en otra ocasión. – reí nerviosamente.
– Así parece.
– Elsa, ¿Te encuentras bien? – me preguntó Anna preocupada.
– Si ¿Por qué lo preguntas Anna?
– Andrew me dijo que saliste huyendo de él. ¿Acaso te hizo algo malo? – preguntó con seriedad mientras que en su mirada mostraba molestia y preocupación.
– No, él no me hizo nada malo Anna. Simplemente me siento algo estresada por el trabajo. – afirmé mintiendo, la verdad es que no quería que tocaran aquel tema sobre de mis poderes y que esté relacionado con él.
– Ya veo. – asintió mi hermana. – ¿Y qué haces aquí sola Elsa?
– Quería despejarme un poco. Con Jack. – pensé eso al último mientras miraba de reojo a Jack quien me apretó ligeramente mi mano y a la vez mostrándome una de sus encantadoras sonrisas.
– ¿Puedo acompañarte? – me suplicó con aquella mirada de niña regañada, no pude evitar decirle un "si". Anna se sentó a un lado mío mientras comenzaba a dar inició su plática. – ¿Estas lista para el Festival de Otoño Elsa?
– Si. Lo estoy Anna.
– ¿Y ya tienes pareja? – sentí la mirada azulada de Jack sobre mi mientras que me sentía en ese momento nerviosa.
– No, todavía no. – dije con calma. – ¿Por qué sigues repitiendo esa pregunta Anna?
– ¿Y por qué no? Es la tradición que la Reina tenga que abrir el Baile de Otoño una vez que ella dejé de visitar al pueblo.
– ¿Y por qué tu no abres el baile por mí? También la Princesa debe abrir el baile.
– Lo sé. Pero la Reina debe ser primero antes que la Princesa. – me mordí el labio mientras sentía las dos miradas de Anna y de Jack sobre mí, como si ambos quisieran saber lo que iba a decir. – ¿Cómo sería tu pareja de baile ideal Elsa?
– Ya sé a dónde quieres llegar a esto hermanita y no harás ese atrevimiento en escogerme a mi pareja.
– Pero Elsa…
– Ya lo he dicho Anna. Así que por favor ni se te vaya a ocurrir en conseguirme una cita con algún extraño, porque no voy a aceptar su invitación. – Anna hizo un ligero puchero de niña pequeña, cosa que para Jack y para mí nos divirtió al ver eso en ella.
– Solamente quería ayudar a mi hermana mayor a conseguir la pareja perfecta y también un buen esposo que puedas ser feliz a su lado. – confesó Anna haciendo que me sacara un sonrojo mientras que Jack simplemente se burlaba por aquel comentario.
– Anna, ¿Por qué razón quieres hacer eso?
– Porque quiero verte feliz con alguien Elsa. Quiero que tú sientas lo que es amar a una persona, en especial a un hombre que sea digno de ti. Además. Quiero tener sobrinos para que mis futuros hijos, que voy a tener con Kristoff, tengan a alguien con quien jugar. – en ese momento Jack comenzó a reírse mientras que yo me moría de la vergüenza.
– ¡Anna! – exclamé avergonzada. – ¡No digas eso en voz alta por favor! – supliqué apenada mientras cubría mi rostro.
– No sería mala idea Elsa. – dijo Jack en un tono burlón mientras que yo lo miraba fulminantemente.
– Anna quiero ser franca contigo. Sé que te preocupa mucho mi vida y más porque los ministros me están molestando con eso de que me casé para que Arendelle tenga a un heredero al trono. – Anna asintió levemente mientras hizo una mueca de tristeza.
– Lo sé.
– Sé cuál es tu intención Anna y te lo agradezco mucho. Pero tú sabes bien que enamorarse de alguien no es tan simple como uno piensa. – confesé con algo de sinceridad. – Además… no puedo enamorarme de nadie más, porque, yo ya tengo a alguien más en mi vida. – pensé mientras apretaba la mano de Jack, quien por supuesto el me miró con algo de sorpresa mientras que yo le dedicaba una sonrisa sincera.
– Entiendo… pero… Elsa tienes que darte una oportunidad, tienes que abrir tu corazón para que esa persona llegue a tu vida.
– Anna, si tan sólo supieras que Jack ya entró en mi vida desde hace mucho tiempo. – pensé con algo de tristeza sabiendo que mi hermana jamás podrá ver a aquella persona que tanto he admirado y a la vez amo. – Yo también quisiera eso Anna. Pero. También debes saber qué, ¿Quién querría estar con alguien como yo que posee poderes de hielo y nieve?
– Por ejemplo yo, Elsa. Tampoco no te olvides que yo también poseo los mismos poderes que tú, mi hermosa Reina de las Nieves. – sonreí en mis adentros a la vez que sentía una calidez en mi pecho cuando Jack beso mi sien.
– Elsa que eso no te impida tu felicidad. Sé que en algún lugar habrá alguien quien te va a amar y que te aceptara por lo que eres, ya lo veras, no pierdas la esperanza Elsa. – le dediqué una sonrisa cálida a mi hermana menor mientras que de un momento a otro ella me abrazó.
– Gracias Anna. – le agradecí. – Gracias por preocuparte por mí. Y por mi felicidad también.
– Por nada Elsa. Siempre lo voy a hacer, después de todo somos hermanas, y las hermanas siempre se tienen una de la otra. Y lo más importante es que yo siempre voy a estar tu lado cuando más lo necesites. – en ese momento Anna, mi querida hermana menor, me abrazó mientras soltaba una leve risa divertida.
Después de varios minutos regresé a mi habitación a tomar un merecido descanso, me recosté en mi cama mientras pensaba en lo que mi hermana me había dicho en el jardín. Jack se encontraba a un lado mío, pero, su mirada estaba observando en un punto ciego de mi habitación. Su rostro estaba lleno de calma que le hacía ver extremadamente guapo, y más porque su mirada demostraba madurez y a la vez como si estuviera reflexionando en los más profundo de sus pensamientos. Quería hablarle, enserio quería hacerlo… pero… de tan solo con verlo de esa forma se me hacía bastante irresistible. Por el Hombre de la Luna ¿En qué estoy pensando? No debería comportarme de esta forma. Aunque sé cuáles son mis verdaderos sentimientos hacia a Jack no debe pensar así de él, ya que es incorrecto en que una mujer y a la vez que una Reina piense de esa manera inapropiada de un hombre.
– ¿Te sucede algo Elsa? – preguntó Jack sacándome de mis pensamientos.
– N-No. No me sucede nada Jack. – mentí en ese instante.
– ¿Estas segura? – volvió a preguntar. – Te noto algo pensativa y a la vez te he escuchado hablar entre dientes.
– E-Enserio estoy bien Jack. No te preocupes. – vi como él se levantó del suelo mientras
– Nunca digas que no me preocupe Elsa. Porque no dejaré de hacerlo. – sonreí tímidamente, Jack se me acercó y me besó la frente causando en mí una calidez en mis mejillas y en mi pecho.
– Jack. – lo llamé.
– ¿Si?
– ¿Podemos ir a nuestro lugar secreto? – vi como él sonrió cálidamente mientras soltaba una leve carcajada infantil.
– Como usted deseé, mi Reinas de las Nieves. – sonreí alegremente mientras salía de mi cama, en ese momento tenía mi cabello suelto justamente cuando me dirigía a mi peinador para arreglármelo Jack me detuvo.
– Déjatelo así. Te ves realmente hermosa con tu cabello suelto y además ondulado. – un sonrojo decoró mis mejillas en ese momento mientras me volteaba a ver a Jack quien me dedicaba una de sus sonrisas simpáticas. – ¿Nos vamos, mi Reina de las Nieves?
– S-Sí. – tartamudeé nerviosamente causando en Jack una risa.
Nos dirigimos hacia la puerta de mi balcón mientras que ésta se abría con la ayuda del viento, sentí su brazo alrededor de mi cintura apegándome más a él; en ese momento lo escuché decir "viento llévame", en ese momento, una ráfaga de viento nos llevó a él y a mí en el cielo, me sujeté a él mientras que ambos reíamos divertidos, pude sentir su mirada sobre mi mientras que yo me encontraba sonriendo y riendo como nunca en mi vida lo había hecho. No importaba cuantas veces Jack me ha llevado de esta forma siempre y cuando me divierta a su lado está todo bien.
Había llegamos al fin a nuestro lugar secreto. Jack y yo aterrizamos en suelo cuidadosamente, ya que él siempre me dice que no quiere que salga lastimada cuando toquemos tierra una vez que volemos. Tomé inmediatamente su mano y lo jalé mientras le decía que lo primero que íbamos a hacer era patinar en el lago, a Jack no le dio tiempo para que me diera algo simplemente me dedicó una sonrisa tierna y cálida. Corrí emocionada mientras que Jack volaba arriba mío, cuando llegamos al lago creé mis propios patines como siempre suelo hacerlos cuando vengo a este lugar o cuando Anna me pide el favor en que crea en la plaza del pueblo un lugar para patinar.
Aun sabiendo que tenía aun la mano de Jack en la mía no lo solté, es más, no quería hacerlo. Sentí como él apretaba con gentileza mi mano mientras que yo se lo devolvía de la misma forma. Ambos nos miramos fijamente, cada vez que me perdía en su mirada azul sentía una sensación bastante extraña pero a la vez hermosa, esa sensación que cuando buscas algo o a alguien por mucho tiempo y después de tanto buscarlo lo encuentras sientes un alivio, alegría y emoción en tu ser; todo eso es lo que siento ahora mismo.
– ¿Patinamos? – preguntó Jack casi en un susurro.
– Si. – asentí ligeramente con mi cabeza y a la vez diciéndole eso.
– Bien. Entonces vamos. – vi como Jack pisó el suelo congelado a la vez que una fina capa salía entre sus pies. – ¿Lista?
– Si. – apreté su mano mientras lo escuchaba como él soltaba una carcajada divertida. – No me sueltes Jack.
– No tengas miedo Elsa. No te soltaré.
– No lo haré. No tengo miedo Jack. No a ti. – sonreí cálidamente al sentir el suave apretón que Jack me daba, sentía en ese momento seguridad y paz.
En ese preciso instante Jack comenzó a deslizarse al igual que yo lo hacía con él, ambos empezamos a patinar sincronizadamente sin soltarnos de la mano. Alrededor nuestro comenzó a nevar, no sabía si eran mis poderes o los de Jack, es más, no importaba en ese momento. En un rápido movimiento que hizo Jack me hizo perder un poco el equilibrio haciendo que casi me cayera en el duro hielo de aquel estanque, cerré fuertemente mis ojos para sentir el dolor, pero, en vez de sentir el duro suelo lo sentí suave y blando, pensé al principio que yo o él habíamos creado una montaña de nieve para amortiguar mi caída… pero… ¿Las montañas de nieves sueltan un quejido de dolor?
Cuando abrí mis ojos. Casi, pero casi, me iba a morir de un colapso, y porque no, también de un paro cardiaco. Debajo de mí, en vez de tener aquella montaña de nieve, tenía a Jack quien había amortiguado mi caída. Sentí mi corazón acelerándome rápidamente y a la vez como mi rostro se calentaba a lo máximo. Al verme reflejada en el cristalino lago, como si de un espejo se tratase, noté que estaba extremadamente sonrojada, tragué nerviosamente saliva mientras que aún seguía encima de Jack. Por el Hombre de la Luna. Si mis padres me vieran en esta posición, bastante comprometedora, de aseguro que ellos me enviarían lejos, pero muy lejos, del reino en una embarcación que de aseguro mi destino seria en un convento, aislada nuevamente de las personas.
– ¿Estas bien Elsa? – preguntó Jack algo adolorido.
– Si pero… ¿Qué hay de ti Jack? ¿Te duele algo? – lo miré preocupada, él me miró con una calidez en su mirar azulada junto con una sonrisa tierna.
– Yo estoy bien. Lo importante aquí es que tu no salgas lastima Elsa. – me sonrojé mientras asentía nerviosamente.
– L-Lo siento. – me disculpé con él. Me alejé de Jack mientras me sentaba a un lado suyo para que no se sintiera incomodo teniéndome encima de él.
– No tienes nada de que disculparte Elsa. Di mi promesa de que nada ni nadie te lastimaría, y eso es lo que siempre haré. – lo miré de reojo mientras sentía mis mejillas arder a más no poder.
– G-Gracias… aunque tampoco debes excederte en hacerte daño por mi protección.
– Preferiría hacerlo antes de que tú salgas lastimada, mi hermosa Reina de las Nieves. – en ese momento Jack tomó mi mano izquierda para después depositar sus labios sobre el dorso de ésta. – Espero que su Majestad no le moleste tanto mis sacrificios.
– S-Sólo… un poco. Pero. Le agradezco de corazón Espíritu del Invierno sus deseos y cumplidos en seguir protegiéndome aunque no esté lo mucho acostumbrada de eso.
– Le agradezco mi Reina por sus palabras. Y no se preocupe por ello con el tiempo ya se acostumbrara a mis servicios. – ambos nos reímos ante eso mientras que en nuestro alrededor comenzaba a nevar levemente. – Elsa, ¿Podrías cerrar por unos momentos tus ojos?
– ¿Para qué quieres que lo haga Jack? – pregunté algo confundida.
– Es una sorpresa. – colocó su dedo índice izquierdo en sus labios mientras me guiñaba uno de sus ojos.
– Está bien. – cerré mis ojos mientras sentía unas ansias por saber que sería la sorpresa de Jack.
En ese momento sentí una fría brisa, más de lo que ya estaba, en mi rostro. Luego sentí como las manos de Jack comenzaron a tocar mi cabeza y cabello, mientras que con sus dedos se enredaban y cepillaban a la vez algunos mechones de mi cabello. Mi corazón latía rápida y furiosamente sobre mi pecho, cuando dejé de sentir las caricias sobre mi cabello, escuché a voz de él diciéndome "a la cuenta de tres abre los ojos" asentí. Lo escuché contar lentamente mientras que las ansias me comían mi ser, cuando llegó al último número me dijo que abriera mis ojos. Los abrí cuidadosamente debido a que los tuenes rayos del sol que se reflejaban en el congelado lago no me dañara la vista.
Al principio vi todo blanco que poco a poco fue adquiriendo un poco de color, cuando mi vista se fue acostumbrando a la luz y me giré mi mirada para ver a Jack noté algo muy raro en él. En vez de que Jack usara aquel suéter azul y esos pantalones cafés, ahora usaba una camiseta blanca, más blanca que la misma nieve, al igual que unos pantalones blancos, con la luz del sol hacia que aquella vestimenta brillara envidiablemente. También note que en aquella camiseta tenía unas imágenes de escarchas color celeste-claro hasta llegar a sus pantalones. Su cabello lo tenía igual pero lo tenía peinado hacia atrás y además pude notar que lo tenía atado en un listón azul marino. Debo admitir que se ve realmente guapo.
– Elsa. – su voz llamó mi atención, en un parpadeo aquel elegante Jack se desvaneció mientras que volvía el verdadero Jack que conozco. – ¿Estas bien? De repente entraste fuera de sí.
– Perdón. Estaba perdida en mis pensamientos. ¿Dijiste algo en el momento que no estaba Jack?
– Mira tú reflejo en el lago. – me quedé un tanto confundida, hice caso a lo que me dijo y en ese momento me quedé sin aliento. Tenía un trenzado de corona que iniciaba un poco más arriba en donde tenía mi fleco, mientras que en ese peinado tenía unos hermosos y elegantes accesorios que parecían unas hermosas flores color azul fuerte y bajo.
– Jack… es… es hermoso. – apenas si podía hablar debido a que él me había robado el aliento por la sorpresa. – Gracias.
– No tienes nada que agradecer Elsa. Me alegro mucho de que te haya gustado el obsequio.
– Siempre lo atesorare Jack. Y gracias nuevamente. – en ese momento lo abracé. –Has hecho tanto por mí que me siento tan egoísta ¿Cómo puedo compensártelo Jack?
– Bueno hay tantas cosas que tengo en mente. – dijo en un tono de broma cosa que para mí me causo gracia. – Veamos que será, que será. – colocó un dedo por debajo de su mentón mientras ponía una cara de serio, yo al verlo así no pude contenerme de la risa.
– No te queda esa expresión de seriedad Jack. – dije entre risas.
– Si verdad. – dijo burlonamente mientras me miraba divertido. – Bueno. Ya me decidí. Ya sé que es lo que quiero.
– Entonces escuchémoslo.
– Elsa. ¿Aceptarías ser mi pareja para el Festival de Otoño y también para el baile que se va a dar cabo ese día? – me quedé sin aliento cuando Jack me pidió eso a la vez que él se incoó como si una pareja le propusiera matrimonio a la persona que ama.
– Jack… yo… – la verdad no sabía que decir, es más, ni siquiera se me cruzó eso por mi mente. No lo pensé dos y le dije lo siguiente. – Si. Si, si quiero. Acepto que seas mi pareja Jack.
– No sabes cuánto me alegra de que hayas aceptado mi invitación. – vi a Jack levantarse y sin quitarme la mirada de encima. – Gracias Elsa. – me dedicó una sonrisa, la más hermosa de todas que he visto en todo este tiempo.
– De nada. Jack.
Aquel día nos la habíamos pasado de maravilla. Jugamos a una pequeña guerra de bolas de nieve, hicimos unos cuantos muñecos de nieve, patinamos; otra vez, y finalmente observamos el atardecer en una de las montañas que estaban cercas del reino. Cuando el manto de la noche había reinado el cielo nos fuimos directamente a Arandelle. Habíamos llegado finalmente al palacio, Jack me dejó en el balcón de mi habitación mientras abría la puerta para luego entrar en mis aposentos.
– Después de usted mi Reina de las Nieves. – solté una leve risa al ver nuestro pequeño juego.
– Gracias. – le agradecí. – ¿No vas a entrar Jack?
– Si. – asintió con su cabeza mientras me acompañaba dentro de la habitación.
– Muchas gracias por este día Jack, sinceramente que me la he pasado de maravilla.
– Me alegra mucho de escucharte decir eso Elsa. También debo admitir que yo también me la he pasado genial. – solté una leve risa. – Que descanse bien, mi Reina de las Nieves. – Jack tomó mi mano para luego depositar un beso en ésta a la vez que hizo una reverencia.
– Igual usted, mi Caballero del Invierno. – Jack alzó su vista mostrando una expresión de sorpresa, en ese momento me di cuenta de lo que le había dicho. Por Hombre de la Luna ¿Qué es lo que acabo de hacer? – L-Lo siento… n-no era mi intención.
– Está bien. Eso no me afecta. – en ese momento me miró con cariño y calidez mientras enderezaba su posición. – Buenas noches.
– Buenas noches. – dije mientras lo vi irse, antes de que fuera a su destino lo detuve. – Espera Jack ¿A dónde vas?
– Iré a dar un paseo más. – ladeé mi cabeza mientras le dedicaba una sonrisa.
– ¿Prometes que regresaras?
– Si. Te lo prometo Elsa. Allí estaré cuando despiertes. – sonreí cálidamente. – Hasta mañana. Mi Reina de las Nieves.
– Hasta mañana. Mi Caballero del Invierno. – Jack se me acercó y me depositó un beso en mi nariz, me ruborice en ese momento mientras que él se alejaba de mi balcón.
Entre nuevamente a mi habitación y cerré la puerta. Me puse el pijama y me metí a la cama mientras observaba con ansias la puerta del balcón, una sonrisa había decorado mis labios al recordar la invitación que me hizo Jack en nuestro lugar secreto. Dentro de mi ser ya esperaba con ansias que la semana pasara rápido para que el día del Festival de Otoño llegase. Cerré mis ojos y me dejé llevar en los brazos de Morfeo.
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Jack's Pov:
Me siento el Guardián más afortunado de todos. Nunca pensé que Elsa aceptaría ser mi pareja para el Festival de Otoño. Hoy es el día más feliz de toda mi existencia. Decidí ir al pueblo a caminar un poco, y por qué no, también para ver las decoraciones del lugar. Cuando llegue me quedé impresionado por cómo estaba quedando el pueblo, vi algunos banderines colgados que estaban cruzados en los tejados, algunas lámparas de aceite en forma de esfera colgadas en los postes de las calles y en comercios, algunas flores que estaban cerradas en capullos, la verdad no podía distinguir bien el color, pero, apuesto que serán hermosas cuando florezcan; y finalmente, vi en el centro de la plaza una tarima casi medio terminar.
Vi algunas personas caminando y a la vez hablando gustosamente sobre el Festival de Otoño, en ese momento mi cuerpo se tensó a la vez que un dolor en pecho comenzó a molestarme, sentí como algunas personas comenzaron a atravesarme. Lo había olvidado. Nadie puede verme o escucharme. En ese mismo instante me había dado cuenta de algo, ¿Qué cara pondrían las personas cuando Elsa baile con alguien que nadie puede ver? Que tonto soy. Dejé escapar un suspiro de decepción, le pedí al viento que me llevara a un lugar para aclarar mis ideas, me llevó a una de las montañas nevadas y ahí fue cuando comencé a pensar sobre mis problemas. Me encontraba sentado en un risco mientras sentía el fuerte viento con la nieve golpeando mi rostro y espalda, la verdad es, que eso a mí no me molestaba del todo. Miré el cielo mientras observaba la luna y la poca luz que apenas se podía notar. Dejé escapar un suspiro algo frustrado y a la vez cansado, pasé una mano por mi cabello mientras me masajeaba la nuca.
– ¿Por qué? ¿Por qué aun nadie puede verme Hombre de la Luna? ¿Qué es lo que debo hacer para que las personas me noten?– pregunté mientras volvía a mirar la luna, esperaba una respuesta digna, enserio que lo espera. Pero. No recibí respuesta alguna. – Solamente quiero hacer esto por Elsa. No por mí, por ella solamente, Hombre de la Luna.
– ¿Otra vez afligido, joven Guardián? – di un leve brinco cuando escuché la voz de ella.
– Doncella Blanca.
– Aun no me has contestado mi pregunta. – vi una sonrisa maternal en ella. Dejé escapar un suspiro y le dije.
– La verdad no sé si estoy afligido o frustrado. – noté como ella arqueaba un ceja
– ¿Y eso?
– Hoy… le pregunté a Elsa que si ella quería ser mi pareja para el Festival de Otoño que se llevara al cabo de una semana. – respondí con tranquilidad mientras sentía mis mejillas arderme.
– Y ella accedió. ¿No es así? – asentí. – Pues deberías alegrarte por ello joven Espíritu.
– Lo estoy. Pero. El punto aquí es que yo… – en ese momento ella me interrumpió.
– Nadie te puede ver.
– Si. Lo adivinaste. – afirmé. – La verdad es que yo no quiero que nadie vea a Elsa bailar sola cuando yo la invite a bailar en ese evento. – confesé preocupado.
– Entiendo. – vi como la Doncella Blanca asentía ligeramente. – Bueno. En ese caso tus suplicas fueron escuchados joven Espíritu.
– ¿Enserio? ¿Usted me ayudará? – la vi asentir nuevamente. Sentí en ese momento una inmensa felicidad.
– Pero no será nada fácil joven Guardián.
– ¿Hay algún problema con eso? – pregunté preocupado.
– No mucho. Pero. Pero necesito que seas paciente porque el hechizo que realizaré para cumplir tu deseo durara una semana. – explico la Doncella Blanca.
– ¡¿Qué?! ¡¿Una semana?! – casi grité del shock. – P-Pero el Festival de Otoño se llevará a cabo dentro de una semana. – comencé a explicarle a ella.
– Tranquilo. Para cuando termine el hechizo tú ya serás visto por todos y podrás bailar con la Reina Elsa de Arendelle. – aun no me sentía del todo convencido pero tengo que tener esperanza en las palabras de ella.
– De acuerdo. Seré paciente, Doncella Blanca.
– Bien entonces no perdamos el tiempo, joven Espíritu del Invierno. – ella comenzó a caminar a paso lento. – Sígueme. Ya que necesitare de tu ayuda con el hechizo.
– Si. – asentí mientras la seguía volando.
Habíamos llegado hasta lo más alto de la montaña mientras nos metíamos en una cueva, pero, ésta era realmente a la otra que alguna había visitado hace mucho tiempo. Había muebles de madera un poco desgastados, recipientes de hierro y otros de madera, botellas de cristal de diferentes colores y un caldero en una chimenea.
– Primero que nada. ¿Posees algo de valor que es muy importante en tu vida? – preguntó la Doncella Blanca mientras que yo se lo había afirmado.
– Si. Bueno, en realidad son dos cosas que son muy importantes para mí. Mi cayado y mi suéter.
– Entiendo. Pero creo que no me es necesario esas dos cosas, joven Guardián. – arqueé una ceja de confusión. – Verás no puedo tener tu cayado porque es una parte de ti y a la vez que te ayuda a volar. Tampoco puedo tener tu suéter porque no me serviría lo suficiente para hacer el hechizo.
– Entonces… si no le sirve todo eso. ¿Qué más puedo tener? Es todo lo que tengo. – respondí con duda.
– No del todo joven Espíritu. Porque tu posees un tesoro mucho más mayor a que esos dos objetos. – apreté con fuerza mi cayado mientras tragaba con dificultad mi propia saliva. – Revisa en tus bolsillos de tu suéter. Tal vez allí encontraras la respuesta.
Sin decir nada comencé a meter mi manos en los bolsillos de mi suéter, para mi sorpresa saqué una cadena. Era el collar que tenía planeado en regalarle a Elsa antes de que ella me olvidara por completo. Muchos años habían pasado y jamás volví a sacar ese hermoso collar con el pequeño copo de nieve que era lo más valioso para mí. Tragué saliva mientras observaba a la Doncella Blanca confundido y un poco de pánico.
– ¿Qué planeas hacer con este collar? – pregunté algo temeroso.
– No te preocupes, te prometo que nada malo le pasara a ese collar. – vi como ella estiró su mano para que le entregase el collar, pero, no lo hice; aún tenía una cierta duda de qué haría con este valioso tesoro.
– No quiero sonar grosero, pero, si quieres el collar de Elsa entonces tengo que saber la razón de lo que vas a hacer con esto.
– Está bien. Te lo diré. La razón por lo que necesitaré ese collar es porque haré un hechizo en él. – me quedé sorprendido y a la vez dudoso cuando me confesó eso. – No te preocupes, muy pronto lo sabrás cuando este todo listo.
– Solamente le pido que… cuidé mucho de este collar, es muy preciado para mí desde…
– Lo sé. – le entregué el collar a la Doncella Blanca mientras que ella lo observaba detalladamente. – Una hermosa pieza de arte. Tienes buenos gustos joven Espíritu.
– Umm… gracias. – me rasqué la nuca avergonzado mientras que ella me sonreía amistosamente.
– Así que tú y la Reina Elsa ya son pareja ¿No? – preguntó ella mientras se dirigía a una mesa y comenzaba
– Pues sí. Ella es mi pareja para el festival. – respondí apenado, en ese momento ella comenzó a reír divertida.
– Jeje, yo no me refiero a que sean ese tipo de pareja. Sino que me refiero a una pareja oficial, es decir, que si son amantes. – sentí mis mejillas arder mientras que mi corazón me latía furiosamente en mi pecho.
– N-No. E-Elsa y yo no somos eso. No todavía. – confesé.
– Entiendo. ¿Cuándo le confesaras tus sentimientos a la Reina de Arendelle? – preguntó ella en un tono calmado.
– Aun… no lo sé.
– Espero que ese día llegue. Porque si no será demasiado tarde para ustedes dos.
– ¿Por qué dices eso? – pregunté confundido.
– La vida de un mortal es muy corta joven Guardián, mientras que la de un inmortal su vida está congelada. – respondió con tranquilidad, en ese momento sentí un golpe en la boca del estómago. – La Reina Elsa no vivirá por siempre joven Espíritu, todo ser mortal tiene un fin en su vida.
Sentí la boca seca en ese momento, me costaba trabajo en respirar y a la vez como mi corazón se estrujaba en mi pecho. El tan sólo de imaginar en un mundo sin Elsa me hizo sentir un miedo insoportable que hasta me calaba mis huesos y ser. No. No quiero que eso pasé, no quiero estar solo de nuevo, no quiero perder a Elsa otra vez, no a mi Reina de las Nieves. Sin que me hubiera dado cuenta ya no estaba en la cueva junto con la Doncella Blanca, ahora me encontraba volando en el cielo. No sabía con exactitud a donde me dirigía, pero, solamente tenía una cosa en mente; regresar a Arendelle junto con mi hermosa Reina de las Nieves. Había llegado en un santiamén al reino, y porque no, también al palacio.
Toqué el suelo del balcón mientras abría cuidadosamente la puerta de la habitación de Elsa para evitar hacer el menor ruido posible. Cuando la abrí entré a la habitación mientras cerraba detrás de mí la puerta. Observé con cariño a mi hermosa Reina de las Nieves durmiendo plácidamente en su cama, me acerque hasta ella mientras admiraba su hermosa belleza digno de un ángel, no mejor dicho de una diosa. Me acerqué a su frente mientras le deposité un beso en éste.
– Te amo Elsa. – susurré en un tono tranquilo y lleno de sentimiento. – Te prometo que ya nunca estarás sola. – con eso ultimo me senté en el suelo en un rincón de la habitación mientras miraba a mi hermoso ángel de la nieve durmiendo tranquilamente con una sonrisa en sus labios.
Y heló aquí mis queridos lectores, el capitulo que todos habían estado esperando.
Nuevamente les pido disculpas.
Nos leemos en el próximo capítulo.
FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO 2016
*Principes de Francia*: estaba viendo "La Bella y La Bestia" que decidi ponerlos en la historia. Aunque fuera por un momento.
En el próximo capítulo de "Frost Hearts: Pasión Congelada":
– ¿Qué fue todo eso? – preguntó Jack en un tono muy molesto, cosa que para mí me había dejado sorprendida.
– Jack solamente me pidió que diéramos un paseo nada más.
– Bien que tu si aceptas la invitación de ese sujeto cuando te invita a salir, pero cuando es conmigo tú en cambio dices "ahora no estoy ocupada con mi trabajo". – ante aquel insulto me enfureció tanto que sentí que mis poderes se elevaron haciendo que la habitación se congelara.
– Me prometes guardar el secreto.
– Si. Lo prometo. – lo dijo entre tranquila y ansiosa.
– Digamos que… ya tengo a alguien como pareja. – en ese momento Anna me miró sorprendida y después comenzó a gritar de la emoción que hasta me abrazó y felicitó.
– ¿Bailar?
– Me mencionaste que la Reina Elsa organizaría también un baile, y por supuesto ambos tienen que abrirlo. – me mordí el labio inferior mientras me rascaba la nuca nerviosamente.
– Pues si… aunque hay un pequeño problema.
– ¿Y cuál es?
– Que nunca en mi larga vida he bailado mucho menos con alguien. – confesé apenado.
– Bien entonces comencemos con las clases. – dijo Beca mientras me miraba con seriedad. – ¿Qué es lo que sabes del baile?
– Umm… no se bailar. – confesé.
– Ay no puede ser, me tocó un novato. – dijo entre dientes. Eso me molesto un poco pero a la vez ella tenía razón.
