Hermione y Tonks pasaban a lo largo de la Sala de los Menesteres, pero antes de poder llegar con Ron y Remus ambas mujeres fueron retenidas por Molly y el resto de los Weasley, en especial la castaña quien tenía meses sin ver, Tonks se acercó a su esposo para abrazarlo mientras Hermione se quedó más atrás siendo interrogada por Molly.
-Querida ya me estaba preocupando porque no llegaste con los chicos.
-Tranquila Señora Weasley – dijo ella un poco nerviosa – Me retrasé un poco más y por eso vine con Tonks, cuanto me alegra verla.
-Y a nosotros verte a ti sana y salva, no saben cuánto hemos pesando en ustedes tres los últimos meses.
Hermione iba a decir algo pero una cabellera larga y pelirroja se acercó a donde estaba ella y se abalanzó en sus brazos para abrazarla con todas sus fuerzas.
-¡Hermione!
-¡Ginny! – dijo ella respondiendo al abrazo de su mejor amiga con mucha alegría.
-No sabes cuanta falta me hiciste ¡No vuelvas a irte así! ¡Eres una mala amiga! – dijo ella fingiendo enojo.
Hermione rio ante esto – Tranquila, haremos hasta lo imposible por acabar con esto hoy y así no me volveré a ir.
-Más te vale – dijo la pelirroja mirándola con una ceja levantada – Hay mucho de lo que tenemos que hablar.
La castaña no pudo evitar pensar inmediatamente en Rose mientras miraba a su mejor amiga y a Molly, ninguna de las dos sabían que para ese momento ya eran tía y abuela respectivamente, pero debía mantener aquello en secreto por un poco más de tiempo.
-Hermione cariño – dijo la Señora Weasley – ¿Te encuentras bien?
La chica se sobresaltó al ver que la habían descubierto distraída y rápidamente se excusó – Sí, solo un poco nerviosa.
-Como todos – añadió la mujer.
-Ginny nos enteramos que tú, Neville y Luna intentaron robar la espada de Gryffindor, de verdad que los admiro – dijo la castaña mirando con orgullo a su mejor amiga.
-Pero no lo logramos – dijo ella bajando la cabeza.
-Sí pero al menos se arriesgaron a intentarlo y eso es lo que importa.
Ginny sonrío y junto con su madre empezaron a preguntarle a la chica cosas acerca del viaje, a lo cual ella respondía sin mucho detalle ya que tendría que contar una historia demasiado larga, sin embargo, la conversación fue interrumpida cuando Ron se acercó y miró directamente a la castaña.
-Hermione ¿podemos hablar?
Ella sabía lo que le esperaba y debía enfrentarse a ello. De manera educada se excusó con su mejor amiga y Molly – Disculpen, luego les seguiré contando.
-Oh no hay problema cariño – dijo Molly – Voy a estar por allá con Remus y Tonks.
-Yo iré con los gemelos un rato – pero antes de irse se acercó a su mejor amiga y le susurró al oído – Suerte.
Hermione quedó un poco aturdida pero luego entendió que aunque Ginny no tuviera idea de lo que iban a hablar sabía que era algo serio por la expresión de Ron.
Los jóvenes se fueron a una esquina alejada de sus familiares y amigos para poder hablar más a gustos sobre ese tema que no todos conocían. Junto con llegar Ron habló severamente a Hermione.
-¿Qué haces aquí?
-Terminando la misión, igual que tú.
-Quedamos en que te quedarías con Rose ¡Esto no era parte de nuestro plan!
-Lo sé, lo siento pero no podía quedarme allá – dijo ella nerviosa – A penas Remus se fue ninguna de las dos podía quedarse tranquila y no pudimos evitar venir aquí aunque ustedes se enojaran.
-Es muy peligroso que aparecieran así ustedes dos solas.
-Teníamos que arriesgarnos porque todos ya estaban aquí, por favor entiéndeme.
-A veces quisiera que no fueses tan testaruda, pero ni modo así te quiero – dijo él aunque luego de pensarlo bien al parecer habló de más a lo cual ambos se sonrojaron. De inmediato cambió un poco el tema – ¿Y Rose?
-Está con Andrómeda, ni loca la iba a traer.
-Tenemos que volver con ella.
-Volveremos con ella – respondió la chica firmemente.
-Ven aquí – dijo él mientras se acercaba para que ambos se fundieran en un fuerte abrazo haciéndolos sentir bastante bien a los dos en cierto modo.
Hermione decidió hablar de nuevo aún un poco nerviosa – ¿Eso significa que no estás enojado conmigo?
-No puedo enojarme contigo solo por ser como eres, debí imaginarme que tarde o temprano vendrías aquí.
Ella sonrió al ver lo mucho que la conocía, era de las tantas cosas que le gustaba de su personalidad. Sin embargo, sus pensamientos la llevaron a la situación que estaban viviendo y habló – Ron ¿dónde está Harry?
-En la torre de Ravenclaw con Luna, ella dice que puede que el horrocrux podría ser la diadema perdida.
-Tal vez, pero ese no es nuestro único problema, debemos buscar cómo destruir la copa también y sin la espada lo veo difícil.
Sin embargo, no pudieron continuar su conversación ya que la voz de Voldemort retumbó por todo el lugar avisando a los habitantes del castillo de que si entregaban a Harry Potter los dejaría en paz. Pansy Parkinson trató de convencer a los alumnos de que lo hicieran para que todo aquello se acabara, pero todos los Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw se negaron rotundamente ante semejante petición. Más adelante todos los Slytherin y los menores de edad fueron sacados del lugar, mientras Harry continuaba buscando la diadema, tenía una corazonada de que ésta era el Horrocrux que buscaba.
También se dio cuenta de que el hecho de que nadie vivo haya visto la diadema no significaba que nadie la haya visto, y de inmediato corrió a buscar a la Dama Gris, el fantasma de Ravenclaw, que le contó que ella era Helena Ravenclaw, la hija de Rowena Ravenclaw y que había robado la diadema de su madre, para luego morir a manos del hombre que siempre la había amado, que se suicidó y se convirtió en el Barón Sanguinario. La diadema se quedó en Albania, donde ella la había ocultado, hasta que Tom Ryddle le preguntó por ella hace tantos años y logró sonsacarle la historia. Ryddle usó entonces la diadema como Horrocrux y la ocultó en Hogwarts, en la Sala de los Menesteres, y que luego Harry la usó para marcar el sitio donde escondió el libro de Pociones del Príncipe Mestizo.
Mientras tanto Ron y Hermione seguían parados en medio de la Sala de los Menesteres tratando de idear un método para destruir los horrocruxes al presentase ante la ausencia de la espada de Godric Gryffindor.
-Necesitamos algo que destruya horrocruxes – decía Hermione estresada – Algo con las propiedades mágicas de la espada.
-No funcionara cualquier cosa, tenemos que ser muy precisos.
-Sí, pero no hay muchos métodos, solo tenemos la espada y el fuego maldito pero es muy arriesgado.
Entonces a Ron se le ocurrió algo de lo que no se había percatado antes – Colmillo de basilisco – dijo en un tono casi audible.
-¿Qué dices Ron?
-¡Un colmillo de basilisco! El esqueleto del basilisco debe estar aún en la cámara de los secretos, recuerda que Harry destruyó el diario de Tom Ryddle con un colmillo de esos.
Hermione abrió la boca de la impresión y luego abrazó a Ron – ¡Eso es! ¡Eres brillante!
Ron al escuchar aquello y corresponder el abrazo sintió como sus orejas y sus mejilla se ponían rojas al parecerle brillante a Hermione. Un poco nervioso decidió hablar – Ehm, mejor andando, tenemos que ganar tiempo en lo que Harry vuelve.
-Sí, andando.
Los chicos no perdieron tiempo en ir desde la Sala de los Menesteres hasta el baño de niñas del tercer piso. Cuando llegaron ahí el lugar estaba solo como era de esperarse, aunque si contaba con la presencia de un fantasma que lloraba y gemía, se trataba de Myrtle la llorona. Los chicos hicieron caso omiso al fantasma del baño y fueron hasta el lavabo donde se suponía que debía estar la entrada a la cámara. Al principio no tenían idea de cómo entrar porque solo se podría hablando pársel, lengua que ninguno de los dos manejaba, pero entonces Ron sin darse por vencido decidió imitar los sonidos que recordaba hacía Harry al hablar pársel, luego de tantos intentos logró abrirla para sorpresa de Hermione.
Ambos bajaron por el hueco que se abrió en medio del baño deslizándose como si se tratara de un tobogán. Al caer en el suelo él la guiaba a través de la cámara ya que la conocía desde que entró en ella en segundo curso y luego de un rato caminando lograron divisar otra puerta con unas serpiente a lo cual Ron volvió a hablar pársel para que se abriera, revelando la histórica cámara de los secretos.
Hermione se encontraba asombrada ante la magnitud de aquel lugar pero sobre todo por el enorme esqueleto de una serpiente que se encontraba en medio de la cámara. Ron de inmediato y con sumo cuidado se acercó a los huesos de la boca de la serpiente para tomar los colmillos.
-Ron cuidado con el veneno – advirtió la chica nerviosa.
-Tranquila, tomaré todos los necesarios y los llevaremos para cuando Harry encuentre el siguiente Horrocrux y así lo destruyamos al instante.
-Buena idea – dijo ella cada vez más impresionada con las ideas que le daba el chico.
Él terminó su labor para alivio de Hermione y ésta hablo mientras sacaba la copa de Helga Hufflepuff de su bolso de cuentas y se dirigía al chico – Creo que deberíamos destruirla aquí y así salir de ella pronto.
-Estoy de acuerdo – dijo él mientras le tendía un colmillo de basilisco.
Hermione lo miró confundida – ¿Yo? No puedo hacerlo.
-Sí puedes – dijo él dándole el colmillo – Tengo fe en ti y eres la indicada, además eres la única de los tres que no ha destruido un horrocrux.
Hermione lo miró asustada y tomó el colmillo de basilisco entre sus manos para luego arrodillarse en el suelo mientras sentía un aura negativa saliendo del horrocrux. Ron se arrodilló en frente de ella sin quitarle la vista y Hermione armándose de mucho valor le clavó con fuerza el colmillo a la copa provocando un fuerte viento y luego una inundación en aquel lugar que los hizo salir despavoridos de vuelta a la superficie donde la guerra se encontraba en pleno apogeo.
Harry luego de hablar con la Dama de Gris corrió hacia la Sala de los Menesteres para ir a por la diadema, y en el camino se encontró con Ron y Hermione empapados y que venían con varios colmillos de basilisco. Hermione le dijo rápidamente que a Ron se le ocurrió ir a la Cámara de los Secretos, y que la pudo abrir gracias a que todavía recordaba lo que Harry dijo para que se abriese el guardapelo.
Los tres amigos entraron a la Sala de los Menesteres que se encontraba solitaria a excepción de la presencia de Tonks, Ginny y la abuela de Neville, Harry les pidió que salieran para poder entrar en la sala donde se oculta todo y donde se suponía estaba la diadema. Ellas no se negaron y mientras las tres mujeres salían para entrar en combate, Harry, Ron y Hermione empezaron a buscar la diadema entre todas las cosas. Justo cuando Harry la encontró aparecieron Malfoy, Crabbe y Goyle, que estaban buscándolo precisamente a él. Hubo una pelea entre los magos a la cual Crabbe utilizó una maldición que inicia un fuego que no puede apagarse y que devora todo lo que encuentra a su paso. Harry, Ron y Hermione escaparon apresuradamente del fuego y montaron en escobas, salvando en el proceso a Malfoy y Goyle, pero Crabbe no corrió con tanta suerte muriendo en el fuego que él mismo había convocado. Harry encontró la diadema, pero estaba ennegrecida, y nada más salir de la sala se partió en dos. Hermione le dijo que se trataba del fuego maldito, una de las pocas cosas que puede destruir un Horrocruxes.
La guerra se propagaba por todo el castillo y llegaba hasta donde estaban ellos. Percy y Fred lucharon juntos contra dos mortífagos, y Percy logró dejar fuera de combate al ministro títere Pius Thicknesse, haciendo un chiste a lo cual Fred se ríe, sin embargo, aquella alegría no duraría mucho ya que Rookwood sorpresivamente hizo explotar uno de los muros del colegio causándole la muerte a Fred Weasley aún con la última sonrisa grabada en su rostro. Aquello dejó pasmados a Percy, Harry, Ron y Hermione.
Mientras aquello los distrajo, Harry pudo conectarse de nuevo con la mente de Voldemort para averiguar dónde se encontraba, y descubrió que estaba en la Casa de los Gritos. Tragaron grueso ante la reciente muerte que acababan de presenciar y el trío corrió hacia abajo, tratando de ayudar a los demás en la medida que avanzaban hacia su destino. En el exterior, un grupo de dementores los atacaron, y por un momento Harry se vio incapaz de convocar un patronus, pero Luna, Seamus Finnigan y Ernie Macmillan entraron en acción y los salvaron con sus propios patronus. Los tres lograron colarse en el sauce boxeador y llegar hasta la Casa de los Gritos.
Allí, encontraron nada más y nada menos que a Voldemort, Nagini y Snape. Éste último le estaba pidiendo permiso a Voldemort para entrar en batalla y buscar a Harry, pero Voldemort se negó rotundamente ya que debía ser él quien lo buscara. Después de una breve discusión sobre el hecho de que la Varita de Saúco no respondía a él tan bien como debía, Voldemort concluye que es porque Snape es su dueño ya que mató a Dumbledore, y sin piedad lo asesinó al instante, para luego marcharse sin remordimiento. Harry sin dudar entró en la habitación donde estaba un moribundo Snape, y éste como última acción le dio varios recuerdos, para pedirle luego que lo mirara a los ojos antes de morir.
Cuando volvieron a Hogwarts, Ron y Hermione se quedaron en el Gran Comedor, donde habían traído a todos los muertos, entre ellos Fred, mientras Harry se separa de ellos silenciosamente y sube al despacho del director, para poder ver los recuerdos de Snape.
Ron y Hermione se acercaron a los Weasley quienes lloraban desconsolados la reciente muerte del bromista Fred Weasley, pero sin embargo, quienes se veían peor eran Molly y George. Aquello era un cuadro demasiado triste, y lo fue más al ver los chicos que dos personas bastante conocidas se encontraban junto a Fred, se trataba de los cuerpos sin vida de Remus y Tonks.
Aquello solo pudo hacer que Hermione se alejara por un momento de todo el grupo de gente para poder procesar la muerte de personas tan importantes en sus vidas. Ella se encontraba llorando y luego sintió como alguien la tomaba de la mano, al girarse pudo encontrarse con Ron quien tenía una semblante triste. Ambos decidieron salir del Gran Comedor y se dirigieron a unas escaleras con muchos escombros, sin importarles nada se sentaron ahí abrazándose sin ninguna inhibición.
-Él murió Hermione, frente a nosotros – dijo Ron refiriéndose a su hermano.
-Lo sé Ron, no me lo puedo creer aún – dijo ella llorando – Y Remus y Tonks… Pobre Teddy.
-Ellos no se lo merecían, no merecían tener un final así – decía él entre lágrimas – Su hijo tiene solo un mes y es huérfano, todo por ese maldito de Voldemort.
Hermione quedó impresionada a que Ron dijera su nombre completo, aunque ya no tenía caso evitar nombrarlo. El pelirrojo siguió hablando – No pude hablar más con Fred, no pude darle las gracias y sobretodo no pude decirle que ya era tío.
Aquello hizo llorar más a Hermione recordando a su pequeña Rose – Aunque no esté presente será igualmente el tío de Rose, y siempre será tu hermano.
-Siempre lo quise mucho Hermione, nunca se lo dije directamente pero a pesar de las peleas y de sus bromas pesadas era mi hermano y lo quería, no podemos dejar que Voldemort gane, ni Fred, ni Remus, ni Tonks, ni siquiera Dobby van a morir en vano.
Hermione lo miraba y escuchaba sus firmes palabras y sin poderlo evitar tomó el rostro de él entre sus delicadas manos y lo acercó a ella para besarlo brevemente, no sabía si aquello estuvo bien pero tuvo la necesidad de hacerlo. Luego de cortar el beso Ron la abrazó por la cintura y ella puso su cabeza en el hombro de él para soltar aún unas lágrimas por las pérdidas de aquella noche. Habían hecho mucho para salvar a los que podían pero al parecer aún faltaba algo, sin embargo, solo era cuestión de esperar.
N/A: Hola chicos, sé que aún falta mucho por narrar pero quedará para los próximos capítulos, por acá puse el inicio de la Guerra y tres de las muertes que más me dolieron: Fred, Remus y Tonks. Espero que les guste este capítulo y que sigan comentando, nos leemos en el siguiente, les envío un beso enorme!
