Alfred se miró al espejo. No podía evitar poner una cara de asco al ver la ropa que llevaban los jóvenes de 1985. Era ancha, con colores y estampados y horteras y… fea. ¡Muy fea! ¡A Alfred le parecía horrible!
-Em… Doc… ¿por qué tengo que llevar el vomito de confeti del payaso de Inside Out? –dijo el joven mientrs se miraba su camiseta.
-¿Inside Out? –se preguntó el doctor mientras terminaba de peinarle al estilo de los 80.
-Oh, ya… aun no han estrenado esa peli…
-¡No pasa nada! Podré esperar… -Doc se apartó y dejó a su compañero verse en su versión ochentera- No estás tan mal ¿Eh?
-¡Parezco el típico nerd de serie de comedia!
-Oye, que estas camisetas no están ni estrenadas… ¡Oh dios! ¡Mira qué hora, debemos irnos al instituto! –exclamó Ed mientras corría a recoger sus cosas. Alfred cogió su mochila y se guardó un par de cuadernos y bolígrafos.
-¿Puedes repetirme tu plan?
-Oh, por supuesto. Como cierto señorito que viaja al pasado no puede estarse quieto y ha tenido que interferir en la vida de sus padres… ¡Ah! –Alfred le dio un pisotón a Ed, le molestaba que Doc estuviese todo el día echándole reprimendas sobre su accidentada llegada a 1985. Vale, el no pensaba en las posibles repercusiones que tendría el viaje en el tiempo. Siempre le pareció algo muy difícil de creer y ahora que el estaba metido en un buen problema temporal no le apetecía que se lo echasen en cara. – Bueno, como decía –dijo Ed carraspeando un poco y siguiendo con la historia –Has interferido en el primer encuentro de tus padres, y tienen que conocerse. Si me has dicho que tenían tu edad cuando se conocieron, quizás puedas presentarlos en clase…
-El problema es que ahora me he dado cuenta de que no son los típicos amigos de instituto. Quiero decir… En unas condiciones normales ellos ni se habrían dignado a mirarse. Son más distintos de lo que pensaba…
-Bueno, tú les conoces, ¿No? Sabes sus gustos y pasatiempos…
-¡Conozco a mis padres, no a ese par que me encontré ayer!
-¿Nunca te has preguntado sobre cómo eran tus padres en el pasado?
-Sinceramente… no tenemos una relación muy fluida… -dijo Alfred mientras se sentaba en el coche de Eduard y miraba por la ventanilla.
El joven científico decidió no hablar mucho más sobre ese tema. No todas las familias están muy unidas, y eso no significa del todo que estén mal, pero podrían estar mejor. Llegó hasta el instituto y aparcó. Sería muy fácil mantener el contacto con Alfred, ya que el ayudaba a un profesor en los laboratorios:
-Bueno, tu padre… ¿Sabes dónde puede estar?
Alfred suspiró y señaló un grupito que estaba riéndose del joven francés. Le habían pegado un chicle en el pelo y Francis sin querer, se había llevado de por medio una gran pelusa que ahora, mezclándose con el chicle y el pelo, estaban causando un gran estropicio.
-Voy a ir a por él… -dijo Alfred. Pero en ese momento un brazo le agarró y le estampó de manera un poco brusca contra la pared. Cuando el americano abrió los ojos se quedo de una pieza.
-¡Ojos azules! Desde que te fuiste ayer me dejaste muy preocupado… -era Arthur. Maldición, justo cuando iba a ayudar a su padre tiene que venir este. Vale, por un lado estaba tranquilo de encontrarle en el instituto, pero precisamente lo que el inglés estaba haciéndole no le terminaba de convencer. –Me pregunto… cuándo podríamos retomar lo que dejamos anoche… -pasó sus dedos por encima del pecho del joven, que se había quedado de una pieza.
-¿Qué dejamos a medias, según tú? –logró tartamudear.
-¿A ti que te parece? –El británico se acercó más casi tocando el paquete de su futuro hijo- antes de que mi madre nos llamara, estábamos hablando de cosas… -en este momento, Arthur ya estaba casi mordisqueándole la oreja.
Alfred ya no pudo más y decidió darle un empujón, tirándole al suelo. Cogió del brazo a Ed y se fue corriendo hacia alguna sala en la que pudiese estar tranquilo.
-Me gusta ese chico… -dijo Arthur para sí mismo.
-¡Oh Dios mío, mi padre ha tratado de violarme! –Alfred estaba confuso y asustado.
-Bueno, técnicamente aun no es tu padre, es un adolescente macarra y punk con el pelo teñido...
-Bueno, pues yo no veo a ese adolescente macarra. Veo a mi padre, Arthur Kirkland…
Doc empezó a partirse de risa en ese momento. No sabía que el guay del colegio se apellidase con un nombre tan repipi. Alfred prefirió ignorarlo. Se sentía violado por un adulto muy adulto. Vale, el no era un niño, pero la diferencia de edad seguía siendo considerable.
-Lo mejor será que te marches ya a clase –dijo Eduard mientras le ponía la mano en el hombro a Alfred.
-Sí… será lo mejor, de momento… hasta que vuelvan a meterse con mi padre los matones o el emo multicolor trate de violarme.
-Si tanto sufres por ello, yo te acompaño al baño –dijo Ed en un tono de broma. La mirada que recibió de Alfred le recordó por qué no se había dedicado a la comedia. La campana sonó en ese momento, así que ambos e despidieron y quedaron para comer mientras iban a sus respectivas aulas.
Llegó la hora comer y Alfred ya casi había perdido todo su tiempo esperando a Ed. Al ver que no venía decidió dar una vuelta por el instituto. Todo había cambiado mucho, estaba más nuevo (pero no más bonito). Se notaba que no era un colegio para niños ricos y que a veces carecían de fondos para reparar cosas. A Alfred ya le parecía un milagro que pudiesen pagar a los profesores. A decir verdad, todos estaban bastante jóvenes y hasta pudo ver al padre del señor Braginski… un momento… ¡Era Braginski! ¿Pero cuántos años llevaba ese hombre torturando a pobres alumnos? Unos calores empezaron a surgir en Alfred, el cual se fue pitando pero dándose la vuelta pero sin correr, sabía que a ese hombre no le gustaba que se corriese por los pasillos.
Fue durante su intento de escapar de Braginski que se tropezó contra un chico: Francis. El rubio de pelo largo iba con un montón de hojas, lápices y pinturas, las cuales Alfred ayudó a recoger.
-¡Oh! Perdona… ¡Ey, Francis! Te fuiste el otro día corriendo sin avisarme y me quedé muy disgustado… -prefirió omitir el detalle de que le habían atropellado en un intento de salvarle la vida al muy desgraciado en ese momento.
-Oh, eras… -dijo el retraído francés tratando de evitar el contacto visual.
-Alfred. Dime, creo que podemos ser amigos, nos llevaríamos bastante bien, ¿No?
-¿Amigos? –el francés se quedó anonadado. Nadie le había pedido en mucho tiempo ser su amigo de una forma tan directa. Desde que comenzó la secundaria, se había vuelto tímido e inseguro. Realmente era feliz en su mundo de libros, arte, dibujos y tranquilidad, pero nunca descartaba ir o quedar, lo que pasaba es que como nadie le invitaba nunca no mostraba esa faceta suya –Esta bien, podemos ser amigos… -le tendió la mano de manera educada pero un poco tímida.
-¡Genial! –Alfred le dio un abrazo fuertemente, seguido de una palmada que casi dejó al francés en la estacada. Pasó su brazo sobre los hombros de su futuro padre y decidió caminar en dirección a la cafetería –Dime, ¡te gusta alguna chica? O… ¿Chico? –Alfred trató de tantearle de alguna manera para acercarle a Arthur.
-Bueno… -Francis se retiró el pelo de la cara, poniéndoselo detrás de la oreja- Sí que me gusta alguien… -comentó mientras se sentaban en una mesa y sacaban su almuerzo.
-¡No me digas! ¿Quién es? –Alfred estaba satisfecho, al parecer sus padres estaban destinados y se amaban, sin importar las circunstancias.
-Ese… -el joven miró en la dirección en la que Francis había señalado. Estaba convencido de que iba a ser Arthur, pero no. En su lugar, señaló a un hombre albino, de ojos rojos y con un peinado revuelto. Ese hombre era… era… ¡Era Gilbert!
-¿¡Me estas vacilando!? –gritó de una manera que casi toda la cafetería se giró en dirección a los dos rubios. Francis le agarró de la camisa y tiró hacia abajo para sentarle de nuevo y tratar de seguir como si no hubiese pasado nada.
Bueno hasta aquí el cap de hoy! He decidido hacer unos pequeños cambios conforme a la versión original, enamorando a Francis del abuson de Gilbert! Oh! Que pasara!? No os perdáis el próximo capitulo!
