-¿No entiendes que él es el demonio? –Alfred estaba que echaba chispas. No solo sus padres sentían entre ellos la misma atracción sexual que un chipirón a una zapatilla, sino que el chipirón estaba enamorado de la peor persona del mundo. -¡Te hace la vida imposible y un así estás enamorado! ¿No ves qué no tiene sentido? –aunque trataba de bajar el tono de voz, con el tiempo acababa levantándolo.
-Pero déjame que me guste quien quiera. ¿Quién te crees que eres? –Francis estaba mosqueado. No quería que nadie se enterase del flechazo que sentía por Gilbert -¿No ves acaso esos musculazos que tiene? Y su pelo blanco y esos ojos rojos son muy sexys… y esa ropa… es tan malote… -Mientras pronunciaba estas palabras, se le quedaba mirando como un tonto. Esto provocó en su futuro hijo una sensación de náuseas.
-¡Pero es Gilbert! –trataba de hacerle entender de cualquiera de las maneras que se había enamorado de alguien equivocado. Lo peor era que Arthur, en el que debería haberse fijado, no pintaba nada en su vida.
-¡Y a mí qué! Precisamente me gusta porque es Gilbert… ¡Y deja de molestarme! –Francis recogió todas sus cosas y se fue, dejando solo a Alfred en la mesa.
El rubio de ojos azules y gafas apoyó la cabeza en la mesa, mirando a la nada. Pensó en todas las veces que había discutido con su padre, pero sin duda esta fue la más irreal de todas, sobre todo porque en realidad, el hombre con el que estaba hablando, todavía no era su padre. ¿O sí lo era? ¡Ay! Esto del tiempo era demasiado para Alfred. Él nunca había sido un buen estudiante y menos de cosas científicas tan complejas como el tiempo y el espacio. Una palmada sorprendió entonces al joven. Se giró corriendo pensando en lo peor, que fuera Gilbert o la catástrofe punk y anárquica que era ahora Arthur. Su corazón se calmó al ver que era Ed.
-¡Menudo susto me has dado!
-¿Susto? Si más suave y cariñoso no he podido ser. Y eso que el futuro esperaba que fueseis más estresados por la vida -dijo el científico mientras se sentaba al lado de su compañero de otro tiempo.
-Pensé que serias una de esas personas cuyo-nombre-ya-sabes y que me metería en problemas aun mayores… Pero es que me he enterado de una cosa… -dijo mientras volvía a poner la cabeza sobre la mesa profundamente deprimido y necesitado de comprensión.
-Oh, pues cuéntame… no te cortes…-Ed miró con interés a Alfred.
-Me he enterado de que a mi padre le gusta Gilbert… -levantó la cabeza, mirando al techo y tomando una bocarada de aire.
-Pero eso ya lo sabía… -dijo Eduard mientras le pegaba el primer mordisco a su sándwich.
-¿Cómo que eso ya se sabía? –Alfred se volvió a levantar pegando un grito y siendo de nuevo el centro de atención de la gente que estaba comiendo. Estaba indignado. Eduard le estaba ocultando cosas sobre su pasado y encima teniendo su existencia en peligro.
Ya no sabía en qué pensar o confiar. Pero si llega una persona sin identificar y dice que viene del futuro lo más probable es que le encierren en un manicomio. Aunque llegó un momento en el que se preguntó si realmente se merecía estar ahí porque se estaba volviendo tremendamente loco con el tiempo, el amor y la falta de wifi.
-Pues lo que te digo… -sin mostrar la más mínima sorpresa por la reacción de Alfred. Siguió comiendo y cuando terminó el último mordisco de su comida, se limpió tranquilamente la boca. Continuó hablando- todo el mundo, incluso Gilbert, sabe que Francis estaba enamorado de ese tipo. Yo también me impresioné, pero se bastantes cotilleos. En el laboratorio no sabes lo que se cuenta la gente.
-¡Esto es una locura! –Alfred casi acabó sentándose en el suelo. Toda la sangre se le había ido de la cabeza pero no a sus partes (lugar al que iba cuando veía a su chico).
-Pensé que lo sabrías. ¿No es tu padre? Porque debería haberte contado alguna cosilla que le pasó cuando era joven…
-Tampoco es que tuviéramos mucha comunicación. Supongo que no soy como ellos desearon y…
Eduard supo en ese momento que la había liado. Quizás no era el momento ideal para hablar de esos temas. Mejor era esperarse al futuro… si llegaba algún día…
-¿Pero tampoco recuerdas cómo se conocieron?
-Un momento… -la mirada de Alfred se iluminó-. ¡Sí que me acuerdo, me lo contaron una vez! Fue en el Baile del Gnomo Verde!
-El Duende Verde… -dijo Ed, corrigiéndole.
-¿Cómo lo sabes? –Alfred le miró con una cara de asombro.
-Porque es la semana que viene… -El joven científico señaló un cartel decorado con motivos de cuentos de hadas y un duendecillo travieso.
-¡Claro! ¡Esa noche tuvieron su primer magreo! –se acercó al cartel como si hubiese visto un santo. Esa sería su oportunidad de reunirles -¿No lo entiendes, Doc? ¡Este es mi billete hacia el futuro y volveremos a ser una familia!
-Eso es lo que yo quiero formar contigo… -dijo una voz conocida para el americano. El dueño de esta le abrazó por detrás con tono juguetón y le atrajo hasta su propio cuerpo. Era Arthur.
-¡Apártate! –Alfred se sacudió.
-Te he visto en la comida, pero no me ha dado nada de tiempo ir a verte… -el de ojos verdes deslizó su mano hasta el paquete de Alfred, provocando un gritó ahogado en el menor, que le dio un empujón.
-Pues yo no te he visto y no veas que bien he estado…
-Ay, Alfred… eres tan rebelde. Como yo. Me gusta mucho… -dijo susurrándole al oído y lamiéndole el cuello.
No era la primera vez que a Alfred le apetecía darle una buena torta a su padre, pues cuando se peleaban los dos tenían un genio de mil demonios. El problema es que esto no era una torta, era una somanta de palos y a ser posible, castración química durante un año.
-¡Lo siento, Arthur. Pero nos tenemos que ir! –Eduard cogió a Alfred de la mano y salió corriendo, librando a su amigo su esa extraña en incómoda. Ambos se metieron en el coche de Eduard y corrieron a casa.
Alfred no dejaba de comerse el tarro. Él lo sentía, pero en una de esas le iba a arrear a Arthur una buena bofetada. Pero lo pensó con más calma y posiblemente eso le gustaría y le iba eso del sadomasoquismo. Después de todo, Francis también tenía pinta de tener gustos raros y no sabía que habrían hecho sus padres antes de tenerle, cuando aun eran jóvenes y alocados.
-¿Tú crees que esto cuenta como incesto? –pensó Alfred en voz alta mientras miraba por la ventana.
-Anda, anda… claro que no. Piensa que solo te lo ha hecho Arthur, un rebelde, no tu padre. Y él no se lo está haciendo a su hijo, sino al chico que le gusta…
-Puede que tengas razón…
-¿Seguro que ese es tu padre? –Ed le miro con incredulidad.
-¡Pues claro que lo es! Aunque ahora que lo dices, me pregunto cómo ese par pudo enamorarse y criarnos a mis hermanos y a mí…
-Porque la paternidad no es algo que se estudie ni es una ciencia cierta. Créeme, de eso se mucho… Es algo que se aprende conforme la marcha. No puedes hacer cursos previos.
-Supongo que tienes razón…
Alfred se dedicó a mirar por la ventana en silencio el resto del tiempo. ¿Y si su padre Francis había estado enamorado toda su vida de Gilbert? ¿No amaba a Arthur? Vale, no eran una pareja que continuamente se demostraba su amor pero él sabía que sus padres se amaban profundamente. Carecía de lógica que saliese con Arthur estando enamorado de otro, ¿No?
Capitulo en el que realmente no pasa nada! Lo se! Pero tened paciencia porfi! Que esto en el siguiente capitulo ya cogera carrerilla y querréis mas, yo lo se. Dejad como siempre vuestros comentarios! Me hacen tan happy!
