Capítulo final
Corría a todo lo que daba sosteniendo sus heridas sangrantes, sus pulmones quemaban, su visión se nublaba de lágrimas. Kimera huía como un perro con la cola entre las patas, y peor aún llorando, en su mente repetí una y otra vez que su mejor amiga la única en esa nación la entendió estaba muerta. Yami mató a Yue cuando esta se interpuso en el golpe.
-Estúpida.-
Se repetía una y otra vez como un karma del cual no se podía librar, dolía como el hierro caliente sobre su piel, Yue no solo había sido su sirvienta era la única vampira que le apoyo, que limpió sus lágrimas por culpa de este; la idea del abandono de su padre. Y ahora estaba muerta cuando esta recibió el golpe solo pensó en huir, ni siquiera tendrían un cuerpo que salvar, solo su recuerdo en piedra en su memoria. Su mente era un mar en una tormenta sin fin, cuando al fin se aclaro, se detuvo en seco jadeante, sudando por el dolor y la fatiga. Judai podría matar a ese bastardo, ahora estaba segura era la única que podría hacerlo porque.
Sus pensamientos se vieron cortados sorpresivamente al escuchar el crujido de una rama cercana a ella, con la poca fuerza de su cuerpo levanto su espada, si iba morir lo haría como el guerrero que era. Los pasos que se escucharon fueron mas claro, la poca luz del bosque revelo apenas el contorno de una figura femenina, basada plenamente en los cánones de belleza de los griegos. Retrocedió un paso estratégicamente para dar una fuerte estocada, pero entre más se acercaba la figura noto el dueño de su acompañante. Sus ojos se abrieron en sorpresa ¿Qué hacía ella ahí?
-Tú eres…
Sentir a Judai entre sus brazos parecían un sueño de lo más hermoso, le había hecho tanta falta como el aire mismo, tenerla ahora en ese preciso momento hacia qué lo demás solo pareciera un mal sueño, una alucinación creada por su subconsciente nada más. No dejaría que nada le volviera a pasar deberán arrancarle el corazón si la deseaban apartarle de su lado. Todo lo que pasó en esos instante precisos no importaba iban al segundo plano solo importaba ella nada más. Se separaron unos leves segundos viéndose a los ojos sintiendo la presencia del otro.
-Johan yo...yo…yo
-Tranquila Judai todo está bien, nadie te volver a hacer daño te lo prometo.-
Esa promesa como en los cuentos de hadas fue sellado con en un legitimo beso, por parte de dos almas unidas. El beso aunque corto, fue el beso más significativo en esos momentos para ellos, la pesadilla termino y el sol ya salió, revelándoles que el mal sueño, solo fue eso un mal sueño nada más. El piso parecía ser su refugio ahora mismo, Johan se levanto siendo seguido por Judai ambos con su manos entrelazadas como debía ser siempre, pero no todo el color de rosa todo cambio en un súbito instante recordándoles que la pesadilla aun no termina.
Una explosión en la pared enfrente de donde estaba, hizo a Johan entrar en guardia colocando a Judai atrás de este, sus ojos se volvieron naranjas, no importara quien fuera el oponente le destrozaría, no se llevarían a Judai lejos de él nunca jamás. Cuando el humo se disipo un poco revelo a Kimera sudando frío sujetándose el pecho completamente manchado de sangre, su respiración acelerada, su espada temblaba como todo su cuerpo entero, finalmente su rodillas cedieron cayendo arrodillada en el piso jadeando.
-Hermana.-
Judai reacciono gritando su nombre, pero siento como alguien tomaba su hombro era la madre de Johan, jadeando pero su rostro estaba cubierto por su pelo, Judai abrió los ojos como platos, la mano que sujetaba su hombro, se encarnaba en este hiriéndole, Johan al ver esto la sujeto del brazo apartándole de su madre hasta llegar donde Kimera. Esta aun jadeaba en el piso, tiñéndolo de rojo como flores el prado. La madre de Johan abrió sus ojos revelando unos ojos carmesí encendido, sus colmillos deformados como los de un tiburón, y sus manos con garras tan fuerte que dejaron marcas en el hombro de Judai. La mujer se acerco de un salto a atacarlo Johan coloco su brazo en defensiva para recibir el impacto y proteger a las dos chicas, pero el golpe nunca llego.
La criatura se encontraba al menos 4 metros de ellos con su nariz sangrante por el impacto de la patada. Johan miro a su lado el humo finalmente cedió al aire mostrando a su madre con su pierna levantada, no hacía falta ser sabio para saber quien fue el autor del golpe a la criatura. Su madre se encontraba con sus ojos naranjas en un seño lleno de cólera, usando la misma ropa que el impostor. Johan sudó frio esa cosa estaba literalmente 20 metros bajo tierra si hay algo en este mundo que ni loco debes hacer es hacer enfadar a Jaine Anderson.
-Johan atiende a su majestad y déjame esta basura a mí.-
Su madre decía cada palabra como un gruñido de un depredador mientras tronaba sus manos, cuando vio sus ojos casi cae del miedo en sus ojos se podía apreciar la sed de sangre. Johan obedeció y Judai miraba todo perpleja asimilando el hecho de que su suegra fuera semejante bestia. Pero viendo a Johan y Saku detenidamente explicaba mucho, siguiendo las órdenes de su madre Johan se llevo a Judai tomándola de la mano derecha, no la perdería ni por un segundo más, en su espalda coloco a Kimera como si fuera un costal de papas, dulce venganza por la herida que le provoco en el calabozo. Mientras se dirigía al cuarto más cercano.
-¿Qué demonios fue eso?-
La voz de Judai en vez de sonar asustada retumbo como alguien a punto del taque de cólera, hecho hizo esbozar una ligera sonrisa en los labios de Johan, Judai había cambiado para bien, los hechos la hicieron más fuerte, su rosa tenía espinas para defender lo suyo. Al escuchar el quejio de dolor de Kimera en su espalda reacciono, solo hasta eso momento noto la humedad en su espalda, y la característica esencia de sangre perfumando el aire. Bajo a la mayor de la hermanas a la cama de la habitación, no necesitaba la luz, la mayor soltó un quejido de dolor, debía de estar muy herida para que su lengua afilada no hiciera aparición. Judai solo veía como si fuera ajena a esa realidad, si bien al conocerla tenía una idea de Kimera.
Eso quitaba el hecho de que su hermana se encontraba fuertemente herida por la ambición de Yami. Era como si todo pasara en cámara lenta, estar en el agua pero no subir por aire. Observaba a Johan trabajando a una velocidad impresionante, demostrando el tiempo de ayuda que aporto en su juventud a su padre, debía al cambo que sufrió logro percibir absolutamente todo lo que ocurría, su hermana estaba realmente herida como para recibir puntadas. Apretó los puños hasta sentir los pequeños piquetes de sus uñas encarnarse en la palma, si hubiera sido más fuerte ahora no vería a tal vez de los pocos miembros de su familia que aun posee con vida, sufriendo por su causa.
-No te culpes Judai.-
Casi suelta un golpe en el susto de una mano sobre su hombro, con tanta familiaridad, sus nervios se calmaron y una inmensa alegría broto de su ser al ver los ojos de Saku brillar, sin dudarlo se lanzo a abrazarle. Mientras le abrazaba con fuerza, casi escuchó un hueso tronar ante la fuerza, pero no importa, la ultima vez la vio casi muerta, el verla respirando era un milagro. Sintió como le abrazaba la espalda con cariño, si ella estaba viva los demás también, la fuerza de los hechos le había hecho olvidar todo. Pero como la primera gota de lluvia, todo caía poco a poco, con fuerza, algunas cosas eran exhaustivas y sofocantes, pero la mayoría eran la esperanza de la caja de pandora abierta.
-¿Cómo?-
-Ya viste a mi madre, somos huesos duros de roer.-
-Saku, podrías ponerme al día por favor.-
Saku se cruzó de brazos, y se acerco a su hermano, mientras veía con terminaba de suturar las heridas, como se imagino Judai, ella solo desvío su mirada y tapaba su boca, mientras la oía maldecir en latín. Afuera de la puerta resonaba el sonido de los huesos rotos, masas de líquido manchando las paredes con sus cuerpos. Enserio la madre de Johan explica muchas cosas que repercuten en sus hijos.
Cuando los sonidos cesaron la esencia de la muerte surgió de entre la tensión, la puerta se abrió, la madre de Johan tenía manchas extrañamente verdosas en su ropa en sumas cantidades, y sus ojos como los de la fiera que cuida a sus cachorros. Le helo la sangre, pero se calmo al ver una linda sonrisa de parte de la mujer de la casa, prácticamente le recordó a las novelas o series donde la madre ve a sus hijos con sus amigos en su cuarto y les ofrece una rebanada de pastel con café.
-Las amo, pero ilumínenme por favor-
El tono de Johan era más bien de desesperación al ver las acciones, odiaba ser el ignorante de la familia en estos casos.
-Johan mejor ve con James el te dirá mejor las cosas- En automático una sonrisa curso los labios de los amantes, TODOS estaban bien gracias al cielo.- Necesito hablar con Judai.-
Johan salió del cuarto como computadora corriendo un programa diseñado, la castaña no lo pudo culpar en reaccionar de esa forma, vio rápidamente a su hermana sudando con desenfreno impregnando su ropa de sudor en grandes cantidades, sus dientes apretados soportando el dolor, y sus ojos cerrado con fuerza, sus heridas estaban vendadas con una experiencia digna del jefe de personal de un hospital privado.
-Judai, veras odio ser portadora de malas noticias pero..
¿En dónde demonios se había metido esa maldita?, era imposible escapar de "su reino" sin el saberlo- Sin poder controlarse Yami dio un fuerte golpe al muro más cercano causando una sacudida en la pared. Además de eso la maldita de su prima huyo, pero al menos se llevaba un logro mato a su linda dama de compañía, y la dejo lo suficientemente herida para no meterse en su camino, sus primas enserio…. Un segundo ahora que lo pensaba ¿Dónde estaba Kirara?, seguramente la cobarde huyo, pero ella era caracterizada por ser una estratega audaz, y contendiente digno a su persona en juegos de ajedrez. Algo anda mal.
-Lo siento mucho.-
Jane aun tenía su mano sobre el hombre de Judai, sus ojos tenían lastima impregnada tan solo en unos minutos rogo agarrarle un gran cariño a la joven, es una lástima que su destino siga estando aun lleno de dolor, en estos momentos era la única pieza capaz de derrotar a Yami.
-Está bien, de hecho quiero hacerlo.- Jane abrió sus ojos con fuerza antes esas palabras, que solo entonaban la melodía de venganza.- No por venganza, no quiero ver a nadie más sufrir, si él sigue con vida matara a más gente, no puedo permitir eso.-
Las sonrisas llenas de orgullo sonaron en los labios de madre eh hija, Judai enserio era una joven fuerte y decidida, cosa que no les hizo temer de la encomienda de su tarea sangrienta, como mencionada por el momento Kirara Apareció con su mano en el otro hombro de Judai sonriéndole con orgullo, será buena madera para el reino caótico que causo Yami, si el idiota cree que es lo único que ha visto de la familia real se comerá sus palabras con creces. ¿Acaso olvida que su amada prima primogénita era una habilidosa en las artes ocultas? Fingir ser uno de sus peones que creaba, a las criaturas falsas era un ejemplo de su habilidad, las creaturas falsas son seres capaces de copiar la apariencia de otro, cuando se infiltraban en el objetivo se transformaban en el ser que ataco a la familia de Johan. Al estar trabajando con el tuvo el acceso perfecto, a Haou, y no tardo ni medio segundo en darse cuenta quien heredo el orgullo de la familia real de las tres hermanas.
-Tranquila lo harás bien, y si no por algo soy tu hermana mayor, corregiré cualquier error.- Judai no pudo mantener su máscara de calma en esos momentos, sin más se lanzo en los brazos de su hermana en un abrazo.
-Tranquila, todo estará bien.- Las palabras rezaban como las rocas chocan en las piedras, el eco se expande hasta alojarse en el ser, el reloj sonó dio la última campanada el rey, esta capturado por la bella reina.
Yami daba vueltas como un loco, algo estaba mal todo su ser gritaba peligro, una sensación que se alojaba sobre todo su ser, era asfixiante, como los cuervos que anuncian al cadáver, y bajan a devorar los restos de carnes de la víctima. Su futuro no era la muerte se repetía una y otra vez, pero sus sentidos estaba más despiertos, crispándole los pelos de la nuca con mucho ahincó. Todos sus sentidos estaban en estado de alerta máxima, era como si en cualquier instante la guillotina caería sobre su cuello, cortándolo causándolo una ola de sangre sobre el piso.
Se repetía múltiples veces, que era solo un ataque de paranoilla en su máximo esplendor, era imposible que su vida estuviera en riesgo, no había nadie que lo pudiera tocar en estos instantes, era ilógico de pensar este simple hecho. Poco a poco el auto convencimiento empezó a surtir efecto calmando sus musculo tensos de los crueles nervios. Se sentó en la el trono del rey dejándose caer pesadamente como si su cuerpo fuera un grupo de piedras en una bolsa de tela vieja y desgastada.
-Problemas en el paraíso amado mío.-
El sobresalto de Yami murió al mirar a su derecha a Judai con sus ojos color oro, con una sonrisa coqueta en sus labios finos, sus ojos aunque fríos eran dos topacios amarillos, dos faros que le iluminaban en esos instantes de dolor, coloco su cabeza en el hueco del cuello de su primo, sus delgados brazo rozando sus hombros, el abrazo era una refrescante esencia de manzanilla sobre su torrente sanguíneo acelerado. Yami reacciono levantándose de golpe su tirando de la de la muñeca de su mascota, le sujeto de los hombros ejerciendo presión, Haou gimió por la presión.
-¿Cómo demonios entrante aquí?-
-Enserio crees que unos simples guardias pueden detener a un heredero de la corona.-
El tono seductor en las palabras durmieron los sentidos del rey falso, si no fuera porque sus ojos veían a sus hombres inconscientes detrás de ella, y no solo eso la cereza del pastel caí, en sus hermanas amordazadas inconscientes al lado de la inmobiliaria, Un digno regalo de su nivel, ¡había ganado!, por fin todas sus ambiciones se cumplieron. Haou acerco se acercó a él colocando sus manos detrás de su cuerpo, Yami ciego como un topo la brazo sin dudarlo, hasta que sintió una ola de calor en su cuello, como un a onda expansiva se alargó hasta volverse insoportable gritando de dolor empujo a la fuente de su dolo. Judai se apartó con la expresión dura como la piedra en sus manos dos flamas doradas danzaban con bordes negros cual serpientes.
-¡Maldita!-
El fuego del castigo el único fuego que puede matar a un vampiro, rebajándolo a una simple montaña de polvo. ¿Enserio semejante poder se albergaba en una hija bastarda del rey? Yami se encontraba de dolor sujetando su cuello como si tratara de auto asfixiarse, el fuego de aura negra rodeaba su cuerpo, su carne comenzaba a tornarse gris. Judai con sus ojos vueltos a la normalidad cubrió su boca con sus manos, retrocediendo cada paso que Yami se acercaba, estaba asustada, su hermana le había dicho que era un gran poder que reacciona para proteger a la familia real, pero la imagen frente a ella era la segunda más horrible que había visto en su vida, Yami paso de ser un bueno vampiro normal a una semi estatua en llamas gritando acercándose a ella con un aura de fuego negro dorado. Estaba asustada necesita a Johan. Hasta que escucho el sonido de espada contra roca, detrás de Yami Kimera se encontraba atravesándolo con su espada, el corte fue rápido y ayudo a propagar el fuego al cuerpo de Yami las dos mitades ardieron con un brillo tan intenso que tuvo que cerrar sus ojos al verlo. Habían ganado.
-¡Judai!-
Johan corría entrando al lugar detrás de él Saku y Jim le seguían Johan al verla asustada, la abrazo con fuerza Judai entero su cabeza en el cuello de Johan, sintiendo su calor, y que esta al fin a su lado.
-Judai!, date prisa o llegaremos tarde.-
Saku grito impaciente desde el piso inferior del hogar de los Anderson, estaba lista con su uniforme y su maleta para la escuela. El incidente del baile escolar fue literalmente borrado de las mentes de todos, menos obviamente de los involucrados. Ahora todo era normal, bueno el rango normal que se puede tener al ser una mitad vampiro.
-ya vamos Saku.-
Saku sonrió como el gato de Alicia al ver a su hermano y a su cuñada agarrado de la mano, por dios era una escena tan linda que escupiría arcoíris, los dos eran la pareja más linda que jamás haya visto. Caminaron en el silencio más agradable del mundo, el par de tortolitos seguían tomados de las manos, siendo observados por el rabillo del ojo por la de pelo rosa cenizo. Al llegar al instituto les sorprendio la multitud hecha bola en la entrada, un ejercio, la bola viviente de personas era en su mayoría chicas del instituto llorando con pañuelo.
-DEJAME EN PAZ SUBNORMAL.-
Y al carajo la vida normal de los últimos tres días, Johan sudo frio o por Hades, Zeus y Poseidón, que este sufriendo una alucinación auditiva por intoxicación por el desayuno, que no sea esa voz de quien se imagina.
-JUDAI POR FAVOR AYUDAME A CONQUISTAR A TU HERMANA.-
Fubuki, como si fueran las palabras mágicas el mar de gente se abrió mostrando la que sería la escena más rara en este mundo. Fubuki sujetando a nadie más y nada menos que la cuñada de Johan de la cintura, mientras esta tenía la expresión más feroz de odio en el rostro sujetando una espada de madera, en su mano, tratando de liberarse de las garras del al parecer llamado por ella subnormal.
-Esto debe ser una pesadilla, por favor díganme que lo es.-
Johan se lamentaba gimiendo dejándose caer de rodillas con las manos en el rostro.
-Lo siento hermano pero creo que tu cuñada no podía estar sin ti.- Como parte de su broma Jim se colocó a su lado colocando su mano en el hombro de Johan e un intento de consolarlo.
-Hermana.-
-Judai.-
Como una orden de un golpe Kimera se libró de su acosador, y corrió a abrazar a su hermana. Había venido a cuidar a su hermana siendo estudiante de ese manicomio llamado escuela, apenas llego pregunto por ella, siendo atacada por el idiota castaño en unos segundos.
-Su alteza que hace aquí.-
Kimera apunto con su espada de manera a Johan mientras aun abrazaba a Judai, cuidaría a su hermana de todo peligro, eso incluía al imbécil de su pareja, podría seguir asi hasta que sintió un golpe en su cabeza.
-Por favor paren el alboroto y vayan a clase.-
Era extra oficial alguna fuerza mayor odiaba a Johan Anderson con toda su fuerza y poder. Vestida de maestra con un portafolio plateado estaba Kirara, hasta llevaba las gafas para completar el atuendo. En este punto Johan rezaba a cualquier fuerza divina que no apareciera su suegro en modo zombie a unirse a la fiesta.
-Hermana.-
-Hola cariño.- Sin pedir permiso Kirara abrazo a sus hermanas con todas sus fuerzas, al soltarlas tomo a Kimera por los hombros envolviéndola o mejor dicho atrapándola.
-!¿Qué carajos?¡-
-Johan aprovecha este regalo.-
En menos de un segundo el nombrado tomo de la mano a su Judai corriendo en dirección al instituto corriendo a toda velocidad, Judia reía de todo, la música más bella jamás escuchada por su pareja, ambos corrieron hasta llegar a la azotea. Johan cerró la puerta tras de sí.
-jajajaja parecemos Romeo y Julieta.-
Johan sonrió, esa comparación era tan dulce, tan propia de la persona que le robo el corazón. Johan se acerco a su linda Judai, abrazándola por la cintra pegando más sus cuerpo, por su parte la castaña lo rodeo con sus brazos detrás del cuello.
-pero con un final feliz mi amor.-
Cerrando esas palabras con hechos juntaron sus labios en un dulce beso, después de tanto tiempo estaban juntos.
Próxima actualización Siempre te he amado 10/01/16
