TÍTULO: Dicotomía (Parte II: Secretos)

JUEVES 24 DE FEBRERO DE 2000

HOTEL CONGRESS PLAZA

HABITACIÓN 311

CHICAGO, ILLINOIS

2:07 HRS.

crack –Estoy aburrido

crack –Estoy aburrido y no puedo dormir.

crack –Estoy aburrido, no puedo dormir y la extraño.

Ayer cumplió años. No pude estar con ella. Lo pasó en casa con Maggie, su madre quien preparó una cena el sábado con todo el clan Scully. Skinner además le dio licencia hasta este jueves por su cumpleaños, por lo que la visita se prolongó. Maggie todavía no sabe lo nuestro, aunque creo que lo sospecha, así que fue muy amable y no del todo extraño que me pidiera asistir a la cena. Incluso Scully trato de convencerme de que tomara esos días también, y me quedara con ella. Quisiera creer que ya está lista para contar lo nuestro, por lo menos a su madre. Sin embargo yo también tenía mis propios planes para esta semana, por lo que use al "querido" Bill como excusa. Ella sabe perfectamente lo tenso que se pone el ambiente cuando estamos en el mismo lugar. Así que con el argumento de que no sería capaz de arruinarle las pocas oportunidades para estar con sus hermanos, logré convencerla para que fuera solo ella. Permitiéndome venir a Chicago para visitar a una mujer que necesitaba ver. Scully no debe saberlo.

crack –La extraño y me doy cuenta que también tengo miedo.

Tomo la última semilla de girasol que queda en la bolsa que sucumbe a la causa de aminorar mi ansiedad. No me gusta tener que ocultarle cosas, es como una traición a nuestro credo y compromiso por la Verdad. Pero por el momento es lo mejor ya que tiene asuntos importantes de que preocuparse con lo del procedimiento de inseminación tan próximo.

crack –Tengo miedo de que se entere de que no estoy en D.C. y de lo que estoy haciendo aquí. Debo de resolver rápidamente este asunto con Michelle, verla en la cita que quedamos mañana por la noche. El problema es que Scully se dará cuenta de mi ausencia y no sé como podré evadir sus cuestionamientos, principalmente si se entera de que me reuní precisamente con ella. Aunque claro ella es la menos indicada para reclamar sobre reuniones con gente del sexo opuesto. ¡Mierda! se me acabaron las semillas.

TRES SEMANAS ANTES

MARTES 1º DE FEBRERO DE 2000

CAFETERÍA SCHOLL'S COLONIAL

14:17 HRS.

Voy llegando tarde. Hace quince minutos que debe de estar esperándome. Quede de verme con Scully para almorzar. Tuvo que salir desde la mañana para realizar una autopsia que Skinner le había encargado ayer. No es que me queje, me brindó la oportunidad para ir al hospital sin que ella se diera cuenta. Los dolores de cabeza son cada vez más frecuentes e insoportables. La semana pasada fui al médico y hoy estaban los resultados de los análisis. Fue una pérdida de tiempo, en esta segunda visita lo que me dijo no fue nada concluyente, según él, no ha podido encontrar nada. No considero que solo con un análisis de sangre y un electroencefalograma puedan encontrar que es lo que pasa con mi maltrecha cabeza. Me canalizarán con Neurología, pero creo que buscaré a otro especialista. Simplemente ya no tengo confianza. La actitud del médico es sospechosa o simplemente es un incompetente.

Tuve dificultades para encontrar espacio para estacionarme. Ya hemos venido a esta cafetería con anterioridad, está cerca del hospital dónde hizo la autopsia; buen café, además de un menú para almuerzos, a Scully le encanta su ensalada y preparan un reuben decente. Abro la puerta del establecimiento solo para ser inundado con un sonido no tan usual para mis oídos: una sonora carcajada de Scully. Imposible que no destaque auditiva y visualmente con su cabello rojo, traje de chaqueta color hueso y blusa verde agua. Su sonrisa ilumina toda el área del comedor, la cual está rebosante, tomando en cuenta que es la hora del almuerzo y todos los trabajadores de oficinas, abarrotan cafeterías o restaurantes como este, para hacer una pausa de sus arduas labores, buscando un bocadillo rápido o incluso una copa para aliviar el estrés de sus responsabilidades. En los últimos años Scully no ha tenido la oportunidad de reír de esta manera. Durante los primeros meses, cuando recién fue asignada para espiarme, era muy habitual que frecuentáramos bares a la hora de la comida o al final de la jornada de trabajo. No podía dejar de sentir mucha satisfacción por la envidia que despertaba en otros hombres cuando la veían a ella acompañándome. Sus atuendos con combinaciones raras y su rostro con el maquillaje suficiente para cubrir sus pecas, buscaban dar una imagen de profesionalidad pero no podían ocultar su apariencia de menor edad sobre los casi treinta años que ya tenía. Era imposible que no se reflejara en su rostro su vitalidad y diversión por la vida en cada sonrisa. Pero al estar conmigo la fui cubriendo con mi oscuridad y se volvió la "Señora de Siniestro", provocando sus desgracias: su abducción, la muerte de su hermana, su cáncer y esterilidad. Aunque estemos juntos y ella insista en que no fue mi culpa, nunca dejaré de sentirme responsable.

Al acercarme a la mesa noto la causa de su hilaridad. Sentado frente a ella está un sujeto de tez blanca bronceada, ojos color acero, cabello negro como la noche y largo perfectamente engominado y amarrado a una "cola de caballo", mandíbula cuadrada, adornada con la sombra de las cinco, traje de chaqueta gris oxford, camisa blanca sin corbata y con los dos primeros botones desabrochados. En una palabra el hijo ilegitimo de Christopher Reeves armado de una sonrisa franca que dirige a mi Scully. Si dije "Mi Scully" ¿algún problema?

–Hola –digo ya frente a ellos, tratando de parecer cordial y reprimiendo la irritación que comienza a surgir en algún lugar de mis entrañas. No tengo idea de lo que está pasando

–Hola –dice Scully tratando de recomponerse de su carcajada, ofreciéndome una sonrisa, y prácticamente invitándome a sentar con su mirada.

–Buenas tardes –se levanta para saludarme este inesperado acompañante, no tanto como un gesto de cortesía, tal parece que quiere demostrarme su estatura de casi 1.90 y de complexión atlética. ¿Y qué?, yo tengo un arma. Extiende su mano para terminar el saludo. Es un apretón fuerte, denota seguridad en sí mismo y tendencia al dominio.

–Mulder, te presento al Doctor Robert Bowman –, Scully hace su presentación mientras me siento a su lado en el asiento de dos piezas empotrado en la pared. –Estudiamos juntos en la Universidad de Maryland –. El también se sienta y me dirige una mirada complaciente, con esa apariencia lo último que paso por mi mente fue que se dedicara a la medicina. No me gusta por donde va esto.

–Bobbie, te presento al Agente Especial Fox Mulder, mi compañero –. "¡¿Bobbie?!" ¿Le dijo "Bobbie?". No sé que me molesta más, como lo llamó o el título que me acaba endilgar. "Mi alma gemela", "mi amante de fin de semana", "el próximo padre de mi hijo" serían descripciones más justas que "mi compañero". Mi próximo movimiento es posar mi mano en la espalda de Scully. Así que mantén tu distancia Bobbie o habrá un médico menos en el mundo. Sonrío a ambos, pero en especial me quedo mirando a Scully; con los ojos sabe que le estoy pidiendo una explicación de lo que pasa aquí.

–Me encontré con Bobbie en el hospital donde hice la autopsia –. Dice ella tratando de aligerar mi tensión, que creo empezó a notar al toque de mi mano. –Teníamos siglos sin vernos –, agregó con notable nostalgia en sus ojos –desde que cada uno eligiera su residencia. Sabes el tomo su residencia en Chicago en la Universidad de Loyola; fue seducido por el lado oscuro de la medicina.

–¡Proctología! –. No puedo evitar decirlo con todo el sarcasmo del mundo. Bobbie lejos de molestarse casi se atraganta con su bebida por la risa de mi comentario.

–Cirugía estética –. Señala con una sonrisa digna de cualquier publicidad de pasta de dientes. Sabía que su apariencia tan cuidada no era casualidad. Pareciera que los cirujanos plásticos tuvieran pacto con el diablo. Si lo sabré yo.

–Kitty me contó sobre su interesante línea de investigación en el F.B.I. Fox. –Scully alza su ceja derecha al infinito acompañada de su mirada asesina, casi como si tuviera en la mira de su arma al Fumador al escuchar como la llamó.

–¡Es Mulder, no le gusta que lo llamen Fox! –Brrrrr la temperatura descendió al cero absoluto por la forma en cómo dijo la aclaración, y creo que Bobbie sabe que tiene sus días contados si vuelve a llamarla "Kitty". Así que no puedo desaprovechar esta oportunidad; mejor que lo mate ella y no yo.

–¿Kitty? –pregunto mirando a Bobbie para que me cuente la historia detrás del apelativo, mira que reducir a la enigmática doctora Scully a una gatita inofensiva, no sé si el desgraciado es temerario o solo es suicida. Pero mi curiosidad tiene costo. Unas uñas, que mi espalda conoce lo bien afiladas que están, se encajan en mi muslo izquierdo por debajo de la mesa como señal de advertencia. El movimiento no pasa desapercibido por su ex compañero de clases. Sus ojos brillan de satisfacción.

–Veras… Dana y yo nos matriculamos en el mismo periodo en la Facultad de Medicina –. Asume una pose como si hubiera estado esperando contar esta historia en particular. Scully trata de acomodarse en el asiento, es obvio que está incomoda, pero sigue observándolo. Me parece que quiere ver hasta dónde llegará. –Pero además de querer ser médico yo tenía otros intereses –. Espero por tu bienestar que esos intereses no involucren pelirrojas bajitas, Superman. –Entre a la universidad, un par de años antes, por una beca deportiva con el equipo de lacrosse, pero luego de un tiempo, las rodillas ya no eran las mismas así que opté por la medicina. Al final de la primavera era costumbre que muchos estudiantes por el calor se quedaran a estudiar o pasar el rato debajo de los arboles de los jardines de la Facultad de Medicina. Muy cerca había un espacio que usábamos el equipo para prácticas informales, aún cuando ya no era del equipo titular, me invitaban a entrenar. Por supuesto, con gente alrededor nunca faltan los accidentes. –Sonríe con satisfacción, mientras le guiña un ojo a Scully. Ella mantiene su ceja bien arriba. –Una pelota perdida fue directamente hasta donde estaba Dana estudiando con otras dos chicas. Claro que aunque no es una pelota dura, la velocidad que puede alcanzar por el lanzamiento con el palo puede lastimar a alguien. Los reflejos de Dana fueron dignos de cualquier felino para esquivar la pelota, aunque una de las chicas no tuvo tanta suerte, fue golpeada en el pómulo derecho –. Scully pone una cara entre lamento y vergüenza me parece, que por anticipado a lo que Bobbie va a contar. –Haciendo gala de su vena irlandesa Dana tuvo a bien… digamos regresar la pelota a quien oso lanzarla; de manera un poco… –mira a Scully como pidiendo permiso –…¿contundente?

–¿Le dolió mucho? –pregunto haciendo un gesto de dolor por empatía al pobre diablo que sufrió la ira de Scully.

–Cinco puntos de sutura sobre la ceja izquierda. Le dio con su propio palo. –completó Bobbie de manera compungida.

–¡Solo fueron dos! –protesta de manera airada Scully.

–Como sea, el punto es que ella y yo ya nos conocíamos, estábamos en el mismo grupo de estudio, su demostración felina, su fiereza y su segundo nombre, Katherine, ayudaron a que la bautizara… así –. Chico listo, se arrepintió, dejo el "Kitty" en la punta de la lengua de manera intencional. Sabe que no debe tentar su suerte dos veces.

–¡Papiiiiiii! –Un grito inesperado nos saca de balance excepto a Bobbie. Él se levanta rápidamente, ubicando de igual manera la fuente de la voz infantil. Una pequeña de aproximadamente seis años de cabello negro liso, coronada con una diadema blanca, tez blanca, ojos verdes, y envuelta en un abrigo rosa. Como un rayo la niña se acerca corriendo hacia nosotros y Bobbie sale a su paso para levantarla y darle dos besos en sus mejillas blancas.

–Mi princesa. ¿Dónde dejaste a Mamá? –Bobbie voltea hacia la puerta de entrada de la cafetería para ubicar a… ¡una visión del cielo!. –ejem –. Tranquilo Mulder. Aún con su abrigo beige se destacan dos piernas largas calzadas con tacones aguja, cabello negro, largo y liso, con dos esmeraldas por ojos enmarcadas con largas pestañas. Me recuerdo a mi mismo que estoy feliz en una relación. Se ve pero no se toca. Se acerca a padre e hija y lo saluda cariñosamente a él con un beso.

–¡Dana! –lo dice casi con alivio pero efusivamente, –espero que Bobbie se haya portado bien contigo, sabes lo terrible que es –. Mantiene su semblante amable mientras me mira un tanto sorprendida. –¿Y tú eres?... –dirigiéndose a mí.

–Él es el compañero de Dana el Agente Fox Mulder –se adelanta Bobbie, ella asiente y me tiende la mano para saludar. –Ella es mi esposa Michelle y esta pequeñita es nuestra Sarah.

–Mucho gusto Fox, soy Michelle MacLaren –. Luego de las presentaciones quedo un poco con el gesto sorprendido, a lo que ella enseguida aclara –conserve mi apellido de soltera, tu sabes, por razones profesionales –. Toma asiento con nosotros a lado de su esposo y la niña. –¿Sarah ya saludaste a Fox y a Dana? –La niña nos mira con una sonrisa tímida

–A Dana ya la salude en el hospital –la mano de Scully busca la mía debajo de la mesa, parece que esta pequeña la ha emocionado. –Tu nombre es chistoso… Hola señor Fox, y esconde una risita bajando su mirada.

Un mesero se acerca para tomarnos la orden. Las damas pidieron ensaladas, Bobbie y Sarah un club sándwich para cada uno, y para mí el especial del día. Bobbie enseguida toma control de la conversación y con una notable ansiedad. –¿Cómo salió todo? –dirigiéndose a Michelle. Ella le responde con una sonrisa de felicidad a Bobbie, para después mirar a Sarah mientras acaricia delicadamente su mejilla.

–Todo salió a la perfección no quedan rastros de la leucemia –. La cara de Bobbie solo es una gran sonrisa después del gran suspiro de alivio que descargó con el aire retenido que mantuvo después que soltó la pregunta. –Regresando a Chicago no hay nada que impida que Sarah sea una niña traviesa corriendo con sus compañeros en el colegio.

–De verdad mami –El rostro de la niña se ilumina y su madre asiente –¡siiiiiiii! – su explosión de alguna manera nos contagia a todos. Siento como la mano de Scully se entrelaza con la mía buscándome mi apoyo. Sé lo que está pensando: Emily. Es una herida que a pesar de los años nunca cicatrizará.

–Disculpen esta pequeña conversación familiar –, nos dice Bobbie casi con lágrimas en los ojos. –Teníamos mucha fe en este especialista, yo no pude con la ansiedad, por eso vine aquí con Dana para no pensar negativamente. Afortunadamente podemos dar vuelta a la página a ese capítulo de la vida de Sarah.

–Es grandioso –digo en verdad conmovido con el retrato de esta bella familia que tengo enfrente. Es lo que quisiera para Scully y `para mí.

–Bueno ¡basta ya! –exclama Michelle, quitándose unas incipientes lágrimas que amenazaban por recorrer su rostro. –Dana de verdad que nos da mucho gusto verte. ¿Ya te comentaron Fox que estudiamos medicina juntos en Maryland?

–Si algo me contaron –asiento.

–Amor, disculpa olvide decirte que no le gusta que le digan Fox, prefiere Mulder –. Bobbie atento aclara.

–Ah no te preocupes llámame como gustes –. Mi mano reciente este último comentario ya que antes de soltarla la pelirroja a mi lado la estruja lo suficiente como para solicitar una radiografía. –¿Y tú también te dedicas a la cirugía plástica? –pregunto tratando de que mi curiosidad no me cueste dormir solo este fin de semana.

–No que va, yo soy neuróloga –. Me quedo con la boca abierta ante su respuesta, cosa que nota Scully, espero que no confunda mi reacción con otra cosa. Está oportunidad que se me presenta no la puedo desaprovechar. ¿Ahora como podré ir a Chicago sin que se entere Scully?

JUEVES 24 DE FEBRERO DE 2000

HOTEL CONGRESS PLAZA

HABITACIÓN 311

CHICAGO, ILLINOIS

3:42 HRS.

Llevo más de una hora en la lap top, buscando en la base de datos de la oficina local del F.B.I., tratando de encontrar algún reporte en la ciudad que sea digno de investigar en los Expedientes X. Si lo encuentro puedo justificar mi presencia en Chicago, y porque no, también lograr que Scully venga para acá. La extraño. Pero está resultando muy difícil encontrar algo remotamente interesante y que acabe de ocurrir en el lapso de las últimas doce horas.

En estos días han sido tensos. Contacte a Michelle hace dos semanas, le mande mi expediente médico por e-mail. Le explique que no era tan fácil que me trasladara a Chicago, ya que nadie, ni mis superiores ni Scully debían saber la situación. Argumenté que por situaciones confidenciales de una misión. Los planes de Maggie para el cumpleaños de Scully me quedaron como anillo al dedo, ya que Michelle necesitaba hacer sus propios estudios luego de analizar los que envié. Varios mapeos cerebrales y TAC's principalmente para hacer el contraste de cuando estoy bien y cuando aparece el dolor de cabeza con el zumbido. Me dará los resultados mañana en la noche, sin embargo el gran problema es que la licencia de Scully acabó ayer, y ya llegó a su casa; le hable en la mañana para felicitarla y me comentó que luego de ir de compras saldría de casa de Maggie directo para Annapolis.

Afortunadamente me llamó al celular para avisar que llegó con bien a casa. En unas cuantas horas se presentará a la oficina, se dará cuenta de que no estoy ahí. No sé como lo vaya a tomar, no estoy listo para decirle lo que está pasando, lo he ocultado por mucho tiempo, temo su reacción. La prioridad para ella es lograr embarazarse y Parenti mencionó que es importante que no esté estresada para lograr óptimos resultados. Solo me resta encontrar un caso, creíble, pero que pueda ella desestimar, con lo que espero no quiera venir. Pero lo dudo. Se me están acabando las opciones el único sitio por revisar es la Sección de Crimen Organizado y sinceramente a menos que los hombrecitos grises quieran su tajada de los "negocios de familia" no encontraré nada, pero es lo último que me queda. ¿Pero qué demonios?, je je je espero que Scully no crea que vamos investigar a Willie E. Coyote.

JUEVES 24 DE FEBRERO DE 2000

HOTEL CONGRESS PLAZA

HABITACIÓN 311

CHICAGO, ILLINOIS

23:19 HRS.

Es por momentos como este, que tengo la gran necesidad de expresarte lo que siento en mi corazón. Estoy acostada junto a ti mientras duermes, en una cama extraña más, en el enésimo hotel que debemos estar para pasar una noche, luego de resolver un caso como agentes de campo. Me siento en verdad muy complacida, has tenido el lindo detalle de arreglar todo lo necesario para una cena con velas y música romántica en tu habitación por motivo de celebrar mi cumpleaños; y a pesar de que tu brazo está herido y tú trasero lastimado por la caída través del piso de esta mañana. Pensé que no había manera de que un regalo tuyo le ganara a unas clases de bateo tan personales. Te has superado a ti mismo una vez más para hacer de esta noche especialmente memorable. Llevo rato acariciando tu cabello, simplemente no he podido dejar de hacerlo desde que te quedaste dormido.

Quisiera despertarte para continuar diciéndote lo mucho que te amo, lo mucho que te extrañé estos días que estuve en casa de mi madre, pero me contengo, porque sé que necesitas descansar. Últimamente he notado tu semblante lleno de fatiga y dolor, tanto en la oficina como en casa; a pesar de que es muy evidente para mí, el esfuerzo que realizas por aparentar que todo está bien. Si prácticamente yo invente esas estrategias en nuestra relación, así que estoy casi segura de que algo no está bien. No he querido comentar nada, a pesar de que me preocupa tu bienestar. Quiero que tú tengas la confianza en mí para contarme que es lo que tienes. Si somos capaces de poner nuestras vidas en las manos del otro para cuidarnos las espaldas en cada caso que afrontamos, ¿qué te impide hablarme de lo que te está pasando? Nuestra relación requiere que seas capaz de mostrar esa apertura, para fortalecerla, si yo te lo pregunto y no te sinceras los secretos nos asfixiaran poco a poco y nunca habrá la confianza que necesitamos como hombre y mujer que viven juntos para alcanzar la felicidad.

La invitación de mi madre para este fin de semana, fue inesperada. Pero más inesperado fue para mí que no quisieras acompañarme. Ni siquiera tus razones para evitar conflictos con Bill me dejaron convencida. Sin embargo me di cuenta que no podía obligarte a venir conmigo. Desde el principio fui yo quien insistió que mantuviéramos oculta la relación, pero no fui clara contigo respecto a mis motivos… simplemente tenía miedo, no del F.B.I o de nuestros enemigos; tenía miedo de que lo nuestro solo hubiese sido cosa de un momento o capricho; tan solo una forma de llenar los vacios que la soledad dejaba en nuestras vidas. Pero después de todo este tiempo tengo perfectamente claro lo que sentimos el uno por el otro. Solo hay algo que nos puede lastimar, las actitudes que cada uno desarrolló para mantener hermético nuestros sentimientos, pues todavía permanecen. Tantos años protegiendo nuestras almas de ser lastimada y no somos capaces de ser totalmente sinceros el uno con el otro. Yo quería dar este paso este fin de semana, estaba lista para decirle a mi familia lo que eres para mí, aún cuando para mi madre pudiera ser solo una confirmación de lo que por tantos años ha creído, pero no se dio. Una oportunidad perdida, que no volverá a darse si no te das cuenta que los secretos entre nosotros nos pueden alejar.

Comienzas a removerte, buscando abrazarme. Quedo frente a ti mirando ese rostro que esta tan acostumbrado a sufrir. Abres tus parpados permitiéndome ver tus ojos que ahora lucen grises por la tenue iluminación de la lámpara de noche a lado de la cama. Me observas con ternura.

–Hola –dices tratando de darme una sonrisa.

–Hola

–Se supone que el del insomnio soy yo –trata de bromear, para indicarme que todo está bien y no debo de preocuparme. Supongo que algo percibe sobre lo que he estado pensado al ver mi rostro. –Para mañana… ¿quieres visitar a Richie para ver como salió del trasplante? Luego de que nos reportemos en Crimen Organizado para terminar el asunto de Cutrona.

–Si, está bien –le contesto dulcemente y acomodo mi cabeza en su brazo.

–Entonces no habrá problema en quedarnos el fin de semana en la Ciudad de los Vientos, y comer la mejor pizza del mundo. –Me aprieto más contra él, reprimo mis ganas de preguntarle si todo está bien.

–Me parece que tenemos un plan entonces. Vuelve a dormir, descansa. –Otra oportunidad perdida. Este juego es peor que el del pasado, pero si buscamos un futuro el debe de abrirse ante mí, por nuestro bien espero que lo haga antes de que sea tarde.

VIERNES 25 DE FEBRERO DE 2000

CONSULTORIO DE MICHELLE MacLAREN

CHICAGO, ILLINOIS

18:53 HRS.

No fue fácil convencer a Scully, para venir solo. Le dije que Crimen Organizado habló para pedirme una firma que olvide dar en el reporte escrito. De hecho así lo hice, contaba con que se dieran cuenta para excusarme y salir, pero creo que no son tan fijados en los protocolos, tuve que hablar yo para hacer que se dieran cuenta.

Michelle hizo una excepción para atenderme a esta hora. Solo trabaja por las mañanas para estar con su familia, agradezco el detalle, pero por las miradas de reojo que me da su asistente al reportarme a la cita parece que no le está gustando trabajar horas extra, una sonrisa de bobo es lo mejor que me sale para tratar de disculparme con ella. Llama por el intercomunicador para informar mi llegada. –Marlene puedes retirarte, yo me encargo de cerrar el consultorio y poner las alarmas –le comunicó Michelle. La asistente me indica que pase. Tranquilo Mulder, piensa positivo.

Entro al despacho, me espera de pie, su gesto no es una buena señal. Me invita a sentarme en un pequeño sofá de dos piezas que se encuentra en la pared opuesta a su escritorio a lado de la puerta para luego ella sentarse en un cómodo sillón frente a mí.

Michelle sobria y muy profesional aclara su garganta –Buenas noches –su saludo es frío. –Fox, debemos de hablar con calma –. ¡Oh Dios! Su actitud me revelado todo… ¿Cuánto tiempo me quedara?

Gilberto González González

Domingo, 2 de junio de 2013

Minatitlán, Veracruz