TÍTULO: Dicotomía (Parte III: Opciones)
DOMINGO 5 DE MARZO DE 2000
COSTERA DE VIRGINIA BEACH, VIRGINIA
11:21 HRS.
El olor a sal de mar nos satura en un hermoso día en la Costa Este. El graznido de las gaviotas se escucha tenue en comparación al rugido de las olas romperse en la playa. El invierno, que no se distinguió por ser tan intenso este año, se encuentra en su recta final. Tenemos un clima ideal que invita a disfrutarlo al aire libre. Algunos cuantos osados tratan de desafiar las frías aguas del Atlántico, buscando las mejores olas para surfear o simplemente nadar. Están también los que prefieren patinar por todo el recorrido de la costera, o los que ejercitan las piernas en bicicleta. Alguno que otro corredor que no perdona el día de descanso para mantenerse en forma; y también los que como nosotros prefirieron caminar calmadamente apreciando las lindas playas de Virginia. Miro a todos los que forman este paisaje lleno de diversión y ocio, sabiendo perfectamente que nosotros de alguna manera no encajamos en este cuadro. La mano izquierda de la bella mujer pelirroja que viene a mi lado caminando, lleva varios minutos en una especie de batalla con mi mano derecha rozándose en cada paso, teniendo ganas de entrelazarse pero no del todo convencidas si es correcto que deban estar así, a plena luz del día. A pesar de lo que ella ha vivido últimamente luce muy hermosa con su delgado suéter blanco de algodón, los dos únicos botones del cuello de la prenda están desabrochados dando paso a que luzca el crucifijo que ella siempre porta brillando ante un tímido sol que logra colarse por las nubes. Un pesquero de lino blanco y unos zapatos sin tacones y cerrados completan su atuendo de domingo. Debería ser feliz, estoy con la mujer que amo, en un día esplendido. Sin embargo la triste realidad es que estoy muriendo. Cada minuto que pasa, mi muerte se acerca.
Él está conmigo. Me siento muy afortunada por todo el cariño y la comprensión que me ha bridado para dar alivio a mis penas, luego de lo que ha pasado esta semana. Incluso me ha acompañado a Misa. No sé porque decidí ir esta mañana de domingo. Tal vez los viejos hábitos de una crianza católica no pueden ser extinguidos. O solo tal vez necesito ver a Dios a la cara. Por un lado, siento que debo agradecerle porque estoy viva y por tenerlo a él a mi lado. También siento la necesidad de pedir perdón por asesinar a sangre fría. Aunque haya sido a un monstruo de la peor calaña, que casi hace conmigo los peores horrores que uno pudiera imaginar. Pero en la otra cara de la moneda, quisiera reclamarle. No puedo quitarme la idea de la cabeza que se ha vuelto ensañar conmigo y esto me corroe el alma. El procedimiento de fertilización no dio resultado. Parenti lo confirmó, unos días antes de que nos avisaran de la fuga de Pfaster. Me dejó un gran vacío. Sin embargo él no se ha entregado a la derrota como yo. Luego de decirle que el procedimiento fracasó, con sus palabras me ha reconfortado y sembró en mí corazón dolido, la semilla de la esperanza. Solo él podía ayudarme a salir de ese abismo en el que quede. Ahora, estamos aquí en este bello lugar al cual sugirió venir para pasar unos días, después de lo de Pfaster, para olvidar todo lo acontecido. Reconozco que su compañía ha sido importante para que el proceso de cicatrización se vaya dando. Pero a pesar de todo su amor y comprensión, hoy en especial, noto su gesto oscuro y distante.
¿Quisiera saber qué es lo que tengo que hacer? Estar ahí para ella, luego de su derrota en la lucha por ser madre; o ayudándola a que se perdone a sí misma por la muerte de Pfaster; es relativamente fácil comparado con lo que realmente debería decirle. Simplemente no puedo, no ahora, y tal vez nunca sea capaz de hacerlo. No quiero aumentar su cuota de tragedias personales diciéndole que la persona que la ama está muriendo. Me prometí a mi mismo cuando inicie mi relación con ella que no la volvería hacerla sufrir. Debí saberlo, cuando pensé que realmente podría alcanzar la felicidad, una vez más tuve que arruinarlo todo. ¡Maldito iluso que soy! Me quedan alrededor de seis meses, de acuerdo a lo que estima la doctora MacLaren, la neuróloga que revisó mi caso. Mis conexiones sinápticas se sobrecargan a tal punto que dejan de funcionar. El daño es gradual pero irreparable eventualmente llegaran a zonas que regulan procesos vitales y moriré. No quiero que esté a mi lado mientras estoy muriendo lentamente. Para mí fue una agonía observar cómo se consumía por el cáncer. No quiero hacerla pasar por lo mismo que me toco vivir. Sin embargo no considero que dejarla sea lo correcto, ya que en estos momentos quedaría devastada, por todo lo que ha pasado. Sería una canallada. Así que ¿qué opciones tengo? Cualquiera que elija ella va a sufrir. Solo puedo guardarme esto para mí, y esperar ahora más que nunca por un milagro.
Fue por mi padre que llegue a apreciar la belleza del mar. Desde niña, pude sentir la devoción y el respeto que le guardaba. Nos lo enseñó tan bien que mis hermanos escogieron seguir sus mismos pasos en la Naval; Missy nunca pudo estar mucho tiempo alejada de él y yo cada vez que requiero pensar vengo al mar. Siempre he podido encontrar respuestas cuando me siento perdida contemplando la magnificencia del océano. Él me conoce tan bien que aquí estamos, dándome la oportunidad de sentir la brisa del mar, de observar sus olas, de llenarme de su sonido y de oler la sal; y con todo esto mi voluntad se va fortaleciendo. Hay algo que no permite que esto sea perfecto. Físicamente estamos cerca el uno del otro en este momento, sin embargo siento que la mente de él bien podría estar en otro continente. No tengo derecho a reclamarle, ya que en este par de días ha sido muy atento, a todo lo que he necesitado tratando de aliviar mi pena. Pero pareciera que este breve paseo por la costera ha hecho que sus preocupaciones vuelvan. Quisiera hacer lo mismo que él ha hecho por mí. Si tan siquiera fuera capaz de abrirse, pero me dije que el debe encontrar ese camino por sí mismo. Detengo mis pasos, y él se detiene sin necesidad de que se lo pida, me acerco a la barda que separa la carretera de la playa para poder apreciar la orilla y el vaivén de las olas. Apoyo mis brazos cruzados en el concreto del pequeño muro, él simplemente se recarga de espaldas mirando hacia la carretera, perfectos opuestos siempre. Nunca me he sentido pequeña a su lado, incluso cuando ha sido demasiado sobreprotector. Más bien me he sentido retada por sus actitudes, para demostrarle lo capaz que puedo ser. Lo volteo a ver de reojo, siempre rebelde de las normas, definitivamente no lo iba a dejar que fuera de simple camiseta gris a Misa, así que se puso una camisa blanca arrugada que sacó de su bolso de viaje, la trae por fuera del pantalón vaquero y las mangas están arremangadas, sus gafas oscuras para el sol le dan en este momento un aire muy melancólico. Creo que sintió que lo estoy observando ya que voltea discretamente hacia mí. Yo continúo mirando hacia el horizonte esperando por él.
A pesar de todo, de lo que si estoy seguro es que la amo. La luz del sol le da un un brillo muy especial, aunque parezca serena y en calma, se ve radiante. De lejos están esos momentos en dónde se quebró por la angustia y la culpa. No podría alejarme de ella, la necesito; su sola presencia me da paz y confort. Nos quedamos en silencio sumidos cada uno en sus propios pensamientos, no sé qué decir pero tampoco me siento incomodo con el silencio. Noto que delante de mí al otro lado de la calle, opuesta a la playa, hay una tienda de tatuajes. Es imposible que no piense en "la serpiente", así que vuelvo mis ojos hacia su baja espalda. Su suéter es muy suelto y corto, por lo que inclinada hacia delante recargada en el muro, puedo apreciar la delicada piel de porcelana de su cintura, donde contrasta una parábola oscura. En realidad debajo de sus prendas se forma un círculo; es una serpiente que devora su propia cola. Son pocas las veces que lo he visto al detalle, a pesar de la intimidad que tenemos. Ella dejo muy claro una vez que era su vida personal, dando entender que no era de mi incumbencia. Nunca volví a tocar el tema. Resoplo por aburrimiento, no debería hacerlo, pero estoy por preguntarlo. –Sabes. ¿Nunca supe a ciencia cierta porque te hiciste el tatuaje de la serpiente? –listo, lo dije. Se voltea lentamente a verme, su gesto es de extrañeza y confusión, es posible que no me haya escuchado a causa del ruido provocado por el oleaje. Por algún motivo gira por completo y se da cuenta de la tienda de tatuajes frente a nosotros. Esboza una muy tenue sonrisa en sus labios o lo que bien podría ser un gesto de resignación.
Toda la mañana he esperado que se abra ante mí y quedo muy sorprendida ante lo que me pregunta. Debería molestarme con él, pero está podría ser una oportunidad para que vea que podemos sincerarnos el uno con el otro. Realmente hacía tiempo que ni yo misma me acordaba del tatuaje, ni del porque lo hice. Me acomodo bien recargándome de costado en el muro quedando él al frente de mí para que comience a hablar. –Hace tres años, llegué a un momento en mi vida que me sentí frustrada por algunas cosas –se retira las gafas de sol, es una buena señal, me da a entender que escuchará atento a lo que tengo que decir. – No me importaba que fuéramos considerados parias por nuestros iguales y superiores de la Oficina –, asiente indicando comprensión –pero sí era muy frustrante para mí que cada vez que encontrábamos una evidencia que validara nuestro trabajo nos las quitaran tan impunemente, impidiendo revelar la verdad –, frunce sus labios. –O más bien tengo que decir para validar TU TRABAJO, porque también en esos días me sentía frustrada por ti –su cara de pánico, ¿querías saber? Pues prepárate.
Sé que algo había hecho mal en ese tiempo, pero nunca me imagine. –¿Yo? –pregunto incrédulamente.
–Tranquilo –le digo para calmarlo y le sonrío. –Eso era lo que sentía en ese tiempo… –hago una pausa para preparar lo que tengo que decir –…me fastidiaba esa postura tuya de que los Expedientes X solo eran importantes para ti, y por consiguiente eran tu responsabilidad pero no la mía. Teníamos casi cinco años juntos como compañeros pero a veces tal parecía que no confiabas en mí. Sentía que no valoraras mi compromiso y mi trabajo. Dictabas en todo momento lo que teníamos que hacer sin tomar en cuenta mi opinión, por lo que yo solo me veía a mí misma corriendo tras de pistas sin sentido, y en muchas ocasiones tus "contactos" carecían de sustento, ya no digamos credibilidad –. Pone los ojos en blanco y dirige su mirada al cielo, para luego colocarse la mano izquierda en la frente como gesto de molestia.
–Fui un verdadero asno, ¿verdad? –Asiente con la cabeza apretando los labios y conteniendo una sonrisa.
–Más bien un tonto –recuerdo haberlo llamarlo así, alguna vez hace mucho tiempo. –Ya que quieres saber… –hago una pausa, para considerar lo que voy a decir –… había otra cosa que me molestaba. Una parte de mí quería que te fijaras en algo más que luces en el cielo, en hombrecillos grises, o mutantes come hígados –. Sus ojos quedan muy abiertos ante mi revelador comentario. –Por supuesto que respetaba tus motivos, la fuerza de tus convicciones, lo que ha hecho que busques a tu hermana después de casi veinticinco años desaparecida. Es una de las cosas por las que te amo –. Su cabeza baja tanto que su barbilla está en el pecho. –Pero sinceramente no sabía que esperar de ti, tus juegos e indirectas me tenían frustrada. Simplemente me canse de esperar a que tomaras la iniciativa –. Se gira hacia el muro colocando ambas manos sobre este para sostenerse.
Inclinado sobre el muro busco su mirada. –Y… yo… de veras lo siento, asumí que era imposible para mí una vida en pareja. Aunque sí, llegue a pensar, algunas veces que podía darse algo entre nosotros. Sentía que te merecías alguien mejor –. Tanto tiempo perdido entre nosotros, yo pensando que ella era inalcanzable y parece que siempre estuvo tan cerca de mí.
Sonrió por la ironía. No quiero desviarme del tema. –Pero estamos hablando del tatuaje. En esa ocasión, yo me sentía en un círculo vicioso por toda la rutina en la que se enfrascaba mi vida. Y tú no lo hiciste más fácil. Cuando en esa ocasión te mandaron de vacaciones forzadas, descargaste en mí tu frustración y sentí que me ordenabas ir a Philadelphia, ni siquiera una petición o un "¿qué opinas?" fue una simple y llana orden –. Se voltea hacía mí, cierra fuertemente los ojos y ensancha los labios apretándolos, en lo que interpreto es una señal de disculpa. –Está por demás decirte que es lo que quería hacer con tu orden. ¿Pero sabes que fue lo realmente patético? Es que fui y lo hice por ti. Así que cuando te burlaste por teléfono sobre si tenía una cita, lo único que provocaste es que sintiera mucha ira contra ti, por el trabajo y por lo vacía e insulsa que era mi vida en ese momento. Necesitaba olvidarme de todo, de todo; porque no estaba obteniendo reconocimiento por mi esfuerzo y… –me detengo antes de que diga algo que realmente le duela o incluso pueda perderlo. Nunca le diré que necesitaba también sentirme deseada por un hombre.
–¿Y… qué más? –la miro para que continúe.
–…Y nada, en la primera oportunidad salí con Ed Jerse –su mueca de disgusto me indica que tampoco será buena idea decirle que me acosté con él. –Los hechos lo leíste en el reporte de la policía y en mi declaración –. Trato de que con esto no quiera saber más sobre el asunto. Es cierto que quiero que sea capaz de ser más abierto y que pueda sincerarse conmigo, pero hay ciertas cosas entre hombre y mujer, que deben permanecer ignoradas para que una relación funcione.
Así que yo fui el responsable de que casi la matara ese loco. Otra más a la cuenta de cosas malas que le han pasado por mi causa. –Lo siento…
–Hey, ya pasó... –lo interrumpo, antes de que empiece a torturarse con sus sentimientos de culpa. –Cuando vi el diseño del "ouroboros", me sentí identificada. No podía dejar de vincularlo con el sentimiento de monotonía y hastío en el que me encontraba. Así que para demostrarme a mí misma que podía salirme de esa rutina, como una declaración de que era más que la siempre eficiente y profesional agente en la que creía que todos me etiquetaban fue que decidí tatuarme ese símbolo, el cual a veces representa el esfuerzo inútil, ya que los ciclos comienzan una y otra vez. Ya sabes… como un círculo vicioso –. Nos quedamos en silencio. Él simplemente se deja caer pero sostenido de la pared para quedar sentado en el suelo de la banqueta. Me siento a lado de él y tomo su mano, que a lado de la mía se ve tan pequeña. –Hace mucho tiempo que ya no me siento de la manera que te acabo de contar. Hubo un verano casi dos años atrás, en un pasillo casi oscuro que alguien me dijo que todas mis acciones lo habían salvado, que yo lo hacía una persona completa y que me debía todo. Entonces sentí que bien valía la pena arriesgarse por esa persona y estar a su lado. Esa misma persona fue tras de mí hasta los confines helados de la Antártida para salvarme, ha estado a mi lado tratando de protegerme cuando lo he necesitado y me dio una oportunidad para poder alcanzar uno de mis más grandes anhelos; y aunque no pudimos conseguirlo, él no se ha dado por vencido. Él tiene la convicción de que llegará un milagro –. Llevo su mano a mi rostro para besársela, y el tiempo se detiene. No sé cuánto tiempo estamos así. Mis ojos y los de él están húmedos. –Tu cruzada se ha convertido en la mía –, digo mirándolo a los ojos –me has dado motivos por los cuales creer, metas por los cuales luchar, ya no existen sensaciones de vacío, solo sé que lo nuestro es algo real y tangible. Nunca me rendiré en busca de ese milagro –. Nuestras cabezas convergen suavemente y se sostienen la una a la otra por la frente. –Encontré hace algún tiempo un libro de Missy en casa, era sobre budismo y tenían algunas palabras en sanscrito –él me mira extrañado y le sonrío. Me levanto y le tiendo la mano para que me acompañe. Cruzamos con cuidado la carretera para ir directamente a la tienda de tatuajes. Se llama Morgan's, por fuera no es muy distinta a la otra, en donde me hice el "ouroboros".
Me ha desarmado con lo que acaba de decirme, mientras que me siento miserable porque estoy muriendo, ella me abre su corazón y se encuentra lleno de esperanza, sobre el futuro y lo que podemos alcanzar luchando juntos. Y yo he sido el que le ha brindado ese sentimiento. Me desgarra por dentro pensar que dentro de poco le añadiré una tragedia más en su vida. Llegamos al frente del local, dos grandes ventanales a cada lado de la puerta de vidrio y aluminio permiten apreciar una galería de diseños muy variados, al mismo tiempo, estos ventanales sirven para permitir la entrada de luz del día al interior del estudio. Al abrir, unas campanas colocadas en la parte superior de la puerta indican la llegada de visitantes. El establecimiento tiene un espacio considerable, alberga dos camillas y una especie de silla de odontólogo que se encuentran en la parte central del lugar. A lado de los muebles una silla y varias mesas colocadas a lado de las paredes con pequeñas cajoneras de plástico encima; al fondo, un mostrador con una caja registradora y un televisor; que se encuentra al frente de otra puerta que está abierta. Las paredes del lugar están adornadas por dibujos al estilo grafiti, varias lámparas de neón pueblan el techo pero en estos momentos están apagadas, la luz natural ilumina suficientemente la estancia. Unos certificados cuelgan en la pared indicando sus licencias y permisos sanitarios. Me siento abrumado todavía por todo lo que dijo. La observo y ella sonreía expectante.
–¡Darin, alguien llegó, atiende a la clientela! –una voz femenina se escuchó del interior de la puerta del fondo. A los pocos segundos surge del mismo lugar un hombre calvo y muy robusto portando solo un chaleco de cuero abotonado, el cual permite ver un entramado de tatuajes en ambos brazos; de su ceja derecha se distingue un piercing cromado. Lo miro y el nombre del sujeto y su apariencia me saca de mis pensamientos oscuros, de hecho me dan ganas de sonreír pero trato de no hacerlo. Nunca imagine el nombre de Darin asociado a un tatuador.
Ella toma mi brazo gentilmente para acercarnos al mostrador donde se encuentra el sujeto que salió a atendernos –¿Darin? –pregunto de manera que confirme si de verdad un hombre de su aspecto pueda llamarse así. Resopla molesto, se ve que no es la primera vez que alguien lo fastidia con lo de su nombre. Aunque sinceramente, el menos indicado para criticar soy yo.
–Si soy Darin, en que les puedo ayudar –responde de mala gana.
–Verá… –me adelanto a hablar tratando de disminuir la tensión generada por la reacción de mi acompañante –quisiera hacerme un tatuaje –. El hombre cambia su semblante ante mi sonrisa. Me siento como una adolescente a punto de hacer una locura.
–Usted dirá bonita, tenemos muchos diseños –.
Él se sorprende ante mi petición al encargado de la tienda y me observa atónito, llevo mi mano a su brazo con la finalidad de tranquilizarlo. Me adelanto al mostrador para aclararle al tatuador lo que quiero. –Quisiera que me prestara papel y algo con que escribir. Hay un diseño especial que quiero que realice para que lo tatué en la muñeca de mi mano derecha. El hombre asiente y saca del mostrador papel y toma un lápiz de un bote con varios bolígrafos, marcadores y lápices a lado de la caja registradora.
Tomo el lápiz. El dependiente se excusa diciendo que regresará en un momento y da media vuelta, regresando del lugar de donde vino. Me apoyó en el cristal del mostrador, comienzo a esbozar los símbolos en sanscrito que están bien grabados en mi memoria. –En el libro de Missy encontré unas algunas frases y palabras en sanscrito, pero una en especial pude memorizar sus trazos; tiene que ver con lo que me dijiste esa noche y es la que quiero llevar toda la vida –. Termino y le enseño el papel. Él solo mira fascinado los glifos del idioma antiguo, se ha conmovido por lo que significa para mí, en sus ojos pudo ver su curiosidad sobre el significado del trazo शक्तिः –Significa "fortaleza". Esa fortaleza con la que me pasaste tus convicciones, esa fortaleza con la que me exhortaste a que nunca me rindiera.
En todo momento ella no se ha dado por vencida, ante todas las desgracias que ha vivido. Su fe se mantiene inquebrantable al igual que su espíritu, mientras que yo me he resignado a mi destino sin dar batalla. Darin regresa –¿ya lo tiene bonita? –pregunta y le entrega el papel. –Muy bien. ¿Ese es el tamaño en que lo desea? –Ella le indica el tamaño y que no sea muy llamativo, más bien le pide que sea algo muy sutil. –Ok. Siéntese en el sillón, voy a preparar las cosas –. Ella toma asiento, mientras Darin realiza varias cosas en una de las mesas grandes, supongo que es lo que necesita para hacer el tatuaje. Le sonrío mientras ella espera en el lugar que le indicó. Me muevo a su lado y solo vemos lo que hace el corpulento tatuador. Después de varios minutos Darin trae una pequeña mesa de dos niveles, con ruedas, tiene una lámpara flexible de escritorio, con varias cosas en el nivel inferior. Coloca una silla a lado derecho de ella para sentarse y le pide que se arremangue el suéter, se coloca unos guates de látex, solicita que extienda su brazo. Prende la lámpara y la coloca para iluminar donde va a trabajar. Saca una pequeña navaja para afeitar desechable, y con una toalla húmeda limpia el área de la muñeca. Ella me mira expectante con una sonrisa. Darin limpia de cualquier diminuta vellosidad existente para poder realizar su trabajo. En un pequeño papel trae una versión más diminuta del diseño que hizo ella previamente y lo pone encima de la muñeca, lo acomoda hasta que ella se siente convencida de en donde debe de ir colocado; toma una especie de bolígrafo y marca encima del papel siguiendo las líneas del trazo. Ya acabado, retira el pequeño papel dando la apariencia que retirará una calcomanía. –¿Así está bien? –pregunta el hombre y ella asiente al ver la marca tenue que ha quedado en su muñeca, voltea a verme, está encantada. Darin toma de la parte de abajo un artefacto que está pegado a un cable muy largo conectado a otro aparato en el mismo nivel de donde tomo el primero, además de un pequeño frasco de plástico con un líquido que se nota entre gris y verde; mete la punta del artefacto y enciende la máquina apareciendo un zumbido, con lo que parece está empezando a absorber la tinta. Apaga la máquina cuando cree que ya es suficiente, deja lo que podría decir es la "aguja" que hará el tatuaje sobre la mesita, para nuevamente tomar del segundo nivel un frasco, explicando que es lidocaína que servirá como anestésico, abre el frasco y se encuentra en forma de gel, introduce sus dedos para tomar un poco y deja en el antebrazo de ella una pequeña porción de la sustancia. Toma un poco con el dedo y lo aplica sobre el diseño, vuelve a tomar el artefacto, lo enciende, y comienza a perforar la tersa piel de Scully. Un ligero gemido se escapa de sus labios, al escucharlo, comienzo a sentir una corriente eléctrica por toda mi espalda, tensándome. Le ofrezco mi mano que ella aprieta con más fuerza cada vez que la aguja muerde su carne para ir dejando la tinta en su piel de leche. Darin va dejando la marca indeleble por intervalos, retira la aguja, limpia el exceso de tinta que no se impregnó y aplica otro poco del gel anestésico. Su rostro gesticula ante las sensaciones que recibe pero no es dolor, es cómo si lo estuviera disfrutando. Otro ligero gemido, otro apretón. ¿Sería muy perverso de mi parte si le hiciera el amor en este sofá? Si Darin no acaba rápido no responderé por mis actos. Poco a poco el trazado se fue completando hasta quedar terminado. Darin limpia por completo el área y le da instrucciones de cómo debe de cuidar el tatuaje para que no se presenten complicaciones o infecciones. Scully se levanta del sillón y queda frente a mí.
Veo en mi muñeca el resultado final, es un pequeño y sutil trazo. Busco la mirada de Mulder y se lo muestro. –Esto es el símbolo de mi promesa hacia ti, de que nunca te dejaré ya que fue la opción que tome hace muchos años. También significa que nunca me rendiré, que seguiré luchando hombro a hombro contigo, para alcanzar la verdad y encontrar nuestro milagro –. Sus ojos se humedecen, toma con gentileza mi mano para poder apreciar mejor el tatuaje. Lo mira mientras acaricia mi mano y antebrazo, hasta que vuelve sus dulces ojos hacia mí.
–He sido afortunado en tenerte todos estos años a mi lado como compañera y amiga –. Scully baja la mirada, pero reacciono levantando su barbilla con mi mano –Ahora estamos juntos, y aunque nunca me quitare de la mente que no te merezco, yo también quiero corresponder a la opción que has tomado de seguir a mi lado. Así que si me lo permites tomaré este mismo símbolo para grabarlo en mi piel como señal del compromiso que estamos haciendo de estar juntos –. Scully queda sorprendida ante lo que acabo de decir. Llamo a Darin para pedirle que prepare todo para hacerme el mismo tatuaje. Me siento en el sillón, arremango la camisa. Ahora es ella la que está a mi lado y toma mi mano. Este contacto desde siempre ha sido tan importante para nosotros; nuestras manos tocándose, aferrándose la una con la otra, estableciendo que al estar entrelazadas, declaramos que nos pertenecemos. Incluso antes de que nos besáramos por primera vez esta simple caricia era lo que más deseaba en el mundo al estar con ella. Darin ya tiene listo las cosas y comienza. Al sentir la aguja lacerando mi piel, miro a Scully, siento vergüenza pero no bajare mi mirada nunca más, había asumido la derrota ante la muerte pero lo que ha pasado aquí me ha ayudado a ver que tengo porque luchar. Aunque mi cerebro se esté apagando, mientras esté vivo haré todo lo posible para revertir esto. No puedo permitir dejarla sola. Tomo su mano y mientras Darin continúa con su labor beso su mano. Ella sabe lo que siento, nunca hemos necesitado mucho las palabras. Nuevamente ella me ha salvado, ha sido esa Estrella Polar, como cariñosamente la llamo su padre, que me ha dado luz, en la oscuridad que me encontraba. Con este símbolo hago mi promesa de encontrar una cura y ahora más que nunca la tengo que encontrar por mi y por ella.
17:23 HRS.
TRAVELODGE BAY BEACH
HABITACIÓN 12
VIRGINIA BEACH, VIRGINIA
Despierto, enseguida me percato que la tarde de este domingo comienza a mostrar sus colores dorados en la iluminación del cuarto. Las cortinas danzan con la brisa que entra por el gran ventanal del balcón. El sonido de las olas es tan relajante que no pude evitar quedar dormida. Después de hacernos los tatuajes almorzamos en un pequeño restaurant de mariscos, donde degustamos una ligera comida de frutos del mar y vino blanco, lo sentí como una celebración por esta especie de votos que nos hemos hecho. Regresamos al cuarto de hotel. Teníamos que preparar las maletas, para alistar nuestra partida; sin embargo todas las emociones que surgieron horas atrás se convirtieron en combustible para una tarde apasionada. Fue tal el desborde de energía en cada caricia, beso y dentellada que después de alcanzar el cenit de nuestro éxtasis quede tan relajada que me dormí enredada en sus brazos. Pero, algo me ha despertado, parece que alguien no me acompañó en mis sueños. Mulder se quedo despierto, aún cuando sigue acostado en la cama, está con la lap top. El que este pegado a la computadora no es ninguna novedad. Por su rostro interpreto que tiene rato buscando algo.
–Hey
–Hey –me responde mi saludo mientras me desperezo.
–¿Por qué no me sorprende que no te hayas dormido? –le pregunto a manera de protesta, mientras hago un mohín.
–Lo siento, han pasado cuatro días alejado de la oficina, solo estoy revisando si ha habido algún reporte –comenta, pero sigue concentrado en su búsqueda. Me acercó para apretarme a él, y ver que hay en la pantalla. Pero la cierra de inmediato, deja la lap top en el suelo y se vuelve hacía mí para darme un beso. –agente Scully, por mucho que estos días hayan sido maravillosos, debemos presentarnos a la oficina pasado mañana. Solo estoy haciendo lo acostumbrado; buscando un caso que sea un reto para nuestras habilidades. ¿Cómo crees que he conseguido los casos todo este tiempo, en estos ocho años? –Enseguida se coloca encima de mí, sujeta mis manos por encima de la cabeza, para comenzar a besar mi cuello y hombro.
–Usted siempre tan responsable agente Mulder –busca mis labios, pero yo le muerdo su labio inferior, se sorprende tanto que logro zafarme de su agarre para colocarme encima de él. El me toma de la cintura con sus grandes manos, muy complacido con la nueva posición.
beep-beep-beep-beep-beep*
Suena su celular que está sobre la mesita de noche. –Justo cuando las cosas se ponían interesantes –se lamenta, y lo toma. Se fija en el identificador de llamada. –¡Es Skinner! –contesta enseguida, me bajo hacia la cama, además de cubrir mi cuerpo con la sábana tratando de hacer el menor ruido posible. No quisiera que el Director Adjunto se haga una mala idea de lo que hacemos en nuestro tiempo libre. Él autorizo la licencia hasta el martes y sabe que estamos juntos en este viaje, pero no creo que sepa que tan juntos estamos en realidad. Algún día será pertinente decírselo, pero ha arriesgado mucho por nosotros, como para aumentar más sus preocupaciones tratando de encubrir nuestra relación. –Muy bien Señor, se lo comunicare a la agente Scully tan pronto la vea y saldremos de inmediato –. Skinner sabe muy bien como arruinar el final de unos días de asueto.
–OK Scully –deja el celular otra vez en la mesita. –¿Te apetece seguir tomando más días de sol en la playa? –Lo miro extrañada por su pregunta. –Un hombre fue encontrado muerto decapitado, y la policía no tiene ni idea de cómo pudo ser o de algún sospechoso que pudiera hacerlo.
–¿Y qué tiene que ver con pasar más días en la playa? –Pregunto ante la cara de gran satisfacción que tiene Mulder.
–El caso es en Santa Mónica, en California –. Dice con su mejor sonrisa, yo simplemente levantó mi ceja a manera de reprimenda.
–¡No pienso volar hasta California, solo por un caso de decapitación! –. Se acerca a mí para besar mi hombro, comenzando un camino de húmedos besos hasta mi cuello.
Se detiene cerca de mi oído y susurra, –vamos Scully tratemos de resolverlo rápido y podremos quedarnos hasta un par de días. Además hablé con el conserje de tu edificio mientras dormías; todavía no han terminado de arreglar tu departamento. Por favor. Creo que será algo mágico –. Muerde el lóbulo de mi oreja, ¿por qué será que no puede negarle nada cuando muerde mi oreja. Creo que me seguiré negándome un poco más para que use todas sus técnicas de convencimiento. Eso sí que será mágico.
MARTES 21 DE MARZO DE 2000
CARRETERA 53, 3170 OESTE, DEPARTAMENTO 35
GEORGETOWN, WASHINGTON D.C.
RESIDENCIA DE DANA SCULLY
18:52 HRS.
Estoy tan harta de las actitudes de Mulder. Solo provoca que llegue a mi casa azotando la puerta y arrojando los zapatos a cualquier lado. Fue otro día frustrante en la oficina. ¿Qué demonios le pasa? Simplemente está tan hermético, ensimismado en lo que sea que ahora le obsesiona, haciéndome sentir que no existo. Hace tan solo dos semanas que todo era muy distinto, realmente pensé que después de lo vivido en Virginia Beach estaríamos con una unión más fortalecida. A tal grado sentí que nada nos separaría que al regresar de Santa Mónica, luego del caso Maleeni, busque un especialista para la remoción con laser del tatuaje en mi espalda. Pero todo ha ido en detrimento desde que regresamos de California. Mulder cada vez está más distante, se pasa todo el tiempo revisando expedientes antiguos, aunque claro es muy cuidadoso de no hacerlo frente a mí, pero he logrado darme cuenta. Llega más temprano que nunca a la oficina y se queda hasta mucho después de la hora de salida. Hoy simplemente me dijo que me fuera a casa que tenía que terminar de limpiar un archivero. ¡Nunca lo hace! En estos días han sido pocas las veces que llego a convencerlo para que almuerce, por lo menos un poco y solo porque le llevo algo, ya que ni siquiera quiere acompañarme a la hora de la comida. Ni que decir de los fines de semana, donde no se ha quedado a dormir. La semana pasada me avisó que iba a salir fuera de la ciudad por ayudar a los Pistoleros, y este fin de semana que estaba atrasado con el informe del caso O'Connor. ¡Demonios! Si yo hice el informe debido a que estaba convaleciente por las mordidas de serpiente. ¿Por quién me ha tomado? No estoy dispuesta a tolerar más su comportamiento. Tenemos que hablar claro o simplemente esto se terminará.
20:37
CARRETERA 53, 3170 OESTE
GEORGETOWN, WASHINGTON D.C.
Me he portado como un imbécil con Scully. Si me quiere mandar al demonio, lo tendré bien merecido. No fue sino hasta que Scully azoto la puerta de la oficina al irse esta tarde, que reaccioné y me di cuenta de lo que estaba haciendo. Tanto es mi afán de encontrar una cura y que ella no se entere que estoy muriendo que la he apartado de mi lado con mis acciones. Ese día en Virginia Beach no solo le prometí a Scully que estaríamos juntos luchando para alcanzar la verdad, también me juré a mí mismo que hallaría los medios para salvar mi vida. Desde ese mismo momento comencé a buscar una solución. He tratando de encontrar en varias partes casos similares y los especialistas que atendieron dichos casos, procedimientos tanto convencionales como experimentales, y eso se me dificulta sin la ayuda en el área médica de Scully; Incluso he empezado a buscar casos de curaciones de enfermedades terminales en los Expedientes, revisando uno a uno cada archivo, a pesar de mi memoria fotográfica, para que no se me escape nada y pueda tener una opción que logre salvarme. Sin embargo al no decirle nada, he creado un abismo entre los dos. He estado tan absorto en mi búsqueda que me he aislado. Lo peor, es que no me daba cuenta del daño que le he estado haciendo con mi actitud; hasta el día de hoy. Ella trato de estar conmigo, con su mirada sabía que me estaba incitando a que le dijera lo que está pasando. Pero estúpidamente le conteste con monosílabos, evado sus miradas y trato de estar todo el tiempo alejado de ella. A la hora de la salida tomó mi mano de manera tan tierna invitándome sin decir palabra que la siguiera para ir a casa, y solo le dije que tenía que terminar de limpiar. Ni siquiera fui capaz de mirarla a los ojos, simplemente seguí leyendo y la deje partir. El sonido seco de la puerta azotándose me saco de mi ensimismamiento y fue cuando comprendí que si sigo así la perderé. Tome mi saco e hice lo más difícil; dejar que se fuera, rogando que tomara rumbo hacía su casa solamente. Decidí ir a la mía para darme un baño y cambiarme el traje por algo más cómodo, esperando que con el trascurrir del tiempo ella se calme. Ahora he llegado aquí, hasta donde vive, dispuesto a decirle todo. Todavía tengo mis dudas si es lo correcto. No quiero hacerla sufrir, pero estúpidamente en estos días igual lo estoy haciendo, aunque no por la misma situación. No quiero perderla, ya no puedo seguirle ocultando esto. Sé que está en casa porque antes de entrar al edificio me di cuenta de que las luces de la ventana están muy iluminadas. Por la hora debe de estar preparando la cena. Parado frente a su puerta pienso que ya no hay vuelta atrás, esto no se debe postergar más… toco la puerta.
20:42 HRS.
CARRETERA 53, 3170 OESTE, DEPARTAMENTO 35
GEORGETOWN, WASHINGTON D.C.
RESIDENCIA DE DANA SCULLY
La puerta de la entrada es tocada con insistencia. Dana Scully sinceramente no espera a nadie está noche, aunque en su corazón quisiera creer que alguien en especial ha podido salir de su caparazón lleno de obsesiones y este frente a su puerta. En este momento le cuesta trabajo creer que ese milagro en particular se dé. Se retira de la estufa dónde está preparando su cena y deja en el fuego de las hornillas una cacerola con vegetales y otra con pasta. Se encamina a la sala toma el control de la TV, baja un poco el volumen, finalmente se acerca a la puerta y se fija en la mirilla para ver quién es. Su corazón da un vuelco al reconocer el rostro de la persona que sinceramente no creía que vendría. Quita el cerrojo y abre por fin la puerta. Quedan uno frente al otro en silencio, los segundos parecen siglos.
–Hola –dice tímidamente Fox Mulder.
Scully solo asiente con la cabeza, todas las emociones que siente provocan que ni siquiera pueda abrir la boca para emitir sonido.
–Pasaba por el vecindario y sé que aquí se come bien, muy saludable –. Mulder trata de poner su mejor rostro. –¿Puedo pasar?
–¿Por qué? –Pregunta ella con la ceja levantada taladrándolo con la mirada.
–Necesito hablar contigo. Sé que fui un imbécil en estos días, y tal vez no merezca tu perdón, pero por favor te pido, no, ¡te suplico que me escuches! –dice Mulder con mucha convicción.
Un nudo en la garganta provoca en Scully que su corazón se acelere y que sus ojos comiencen a humedecerse; por lo que baja la mirada para evitar que lo note. Abre por completo la puerta y se hace a un lado, invitándolo con un ademán ligero y rápido a pasar. –Por favor ve a la sala –, dice ella tratando de imprimirle seguridad a su voz y no la delaten sus emociones. –Tengo algo calentando en la estufa, permíteme un momento voy a apagarlo
Mulder se adentra al departamento, y aunque físicamente es alto, se siente pequeño ante lo que vendrá. El conoce los muebles de la sala perfectamente, se acomoda en el sofá rayado de tres piezas, casi por instinto frente al televisor. Está sintonizado en CNN, Sabe que ella prefiere ver las noticias cuando cena sola en la mesita del café. Sigue repasando en su mente como se lo dirá una y otra vez, pero cada frase que se le ocurre no lo convence. De repente en la pantalla una nota llama su atención.
Scully en la cocina se está dando tiempo para controlar sus emociones; ira, duda, alegría, amor; están agolpadas en su pecho. Él está aquí y parece que tiene la intención de arreglar las cosas, pero tampoco tiene que hacérselo tan fácil. Este es el momento de Mulder para que por fin derribe esos muros que lo aíslan. Todas las hornillas están apagadas y las cacerolas libres del peligro de que se queme su contenido. Da una última inspiración para enfrentarse a Mulder. Voltea y se dirige a la sala. Queda totalmente sorprendida al darse cuenta que no está. ¡Se ha ido!
–¡MULDER! –lo llama imperiosamente pero simplemente no contesta. Sabe simplemente que no está en el baño. ¿Qué demonios ha pasado? ¿Qué significa todo esto? Cualquier rastro de una emoción cálida en ella se ha desvanecido. Solo queda una muy amarga ira. Se derrumba en el asiento lleva sus manos al rostro para masajearse las sienes. Cree que Mulder se ha arrepentido. Se siente dolida y abatida por esta nueva decepción de él. Hasta que repara en el televisor. Una nota terrible está anunciándose en la cadena de noticias. El secuestro de una niña de cinco años en Sacramento, California. Es entonces que se da cuenta que no ha huido. Una vieja cicatriz que nunca cerró ha vuelto a supurar. Lo más probable es que le este provocando a Mulder un nuevo tormento. Está cien por ciento segura que está dirigiéndose a la oficina para pedir ser asignado al caso, para poder usar toda su capacidad y encontrar a esa niña. A Scully solo le queda rezar por que la encuentre con bien. Posiblemente esa cicatriz lo deje vivir en paz, algún día.
Gilberto González González
Miércoles, 26 de junio de 2013
Minatitlán, Veracruz
