Dicotomía (Parte IV: Confrontaciones)
JUEVES 30 DE MARZO DE 2000
RESIDENCIA DE LA SEÑORA ARBUSTUS RAY
VICTORVILLE, CALIFORNIA
20:43 HRS.
El frío de la noche cala hasta los huesos en esta zona de las montañas del Norte de California. Para Dana Scully, Agente Especial del F.B.I toda la situación vivida en los últimos días le ha provocado varios nudos en el estomago; primordialmente al ver como su compañero, Fox Mulder, fue afectado por el caso de desaparición de la niña Amber Lynn LaPierre. Por la manera tan desesperada que solicitó hacerse cargo de la investigación. Por cómo se desmoronaba emocionalmente al afrontar la pérdida de su madre. Por las heridas que se volvían a abrir, y que iban magnificando ese dolor que nunca se fue del todo, al comenzar a buscar las pistas de su hermana por décadas desaparecida. Cuando lo escucho, con la voz ahogada por las lágrimas reprimidas, leer las palabras del diario que encontraron. Y todo el esfuerzo realizado para que quedara en una incógnita nuevamente el destino final de Samantha Mulder. Sin embargo verlo emerger de la espesura de esa arboleda, le parece que toda esa tensión que había acumulado y que había estado dominando su rostro ha desaparecido. Pero no se confía.
–Mulder, ¿qué ocurrió? ¿Estás seguro que te encuentras bien? –Pregunta Scully tratando de encontrar su mirada, para permitirse el volver a conectarse con él, pues ya tienen varios días de distanciamiento debido a lo que ha pasado en semanas anteriores.
–¡Estoy bien! –responde Mulder. Reacciona ante la ironía con una ligera mueca, imaginando si todo lo que habrá sentido él cada vez que escucho estas dos palabras de sus propios labios, se asemeja en algo a la angustia que está sintiendo ella. Mulder levanta la vista al firmamento estrellado y suspira –¡Soy libre!
Queda absorto observando las estrellas. Scully se acerca con cuidado. Lo que le relató la Señora Ray confirma que en verdad Samantha desapareció de la misma forma que lo hizo la pequeña Amber Lynn y eso significaría, de acuerdo a lo que concluyeron del caso, que a pesar de que de todo ellas murieron; por más energía en que se hayan convertido. Por ello la angustia que crece en su pecho, pues teme la reacción de Mulder. Está a un paso y es notorio que Mulder empieza a temblar ligeramente. No puede ver su rostro por completo. Un sollozo de él la pone en alerta y sin más cae de rodillas abatido. Llevándose las manos al rostro, un ligero llanto ahogado surge de su garganta. Scully se pone de rodillas junto a él para confortarlo.
–¡Se fue! ¡Se fue! ¡Samantha se ha ido para siempre! –Repite una y otra vez como un niño desesperado.
Ella lo abraza en silencio, para brindarle su apoyo, hacerle sentir su cariño y comprensión. Considera que no es el momento para pronunciar palabras, solo cobijarlo con su calor, permitiendo que él desahogue todo ese dolor acumulado por años.
–¡Está muerta! ¡Está muerta! ¡Está muerta! ¡Está muerta! –repite una y otra vez como lamento.
Scully se aprieta más a él, apoyando su barbilla en su cabeza para consolarlo como a un pequeño desamparado.
Mulder se entrega a su abrazo mientras salen sus lágrimas. Se siente destrozado. Desde que tuvo claro de que su hermana fue abducida, ha hecho de todo para buscarla utilizando cualquier tipo de medio, oficiales y extra-oficiales. ¿Ahora que le queda? Sus padres están muertos, su hermana está muerta; y dentro de poco él estará muerto.
Este último pensamiento provoca que salga de su ensimismamiento, recordando la trágica realidad que debe afrontar; consciente de que tiene una promesa no dicha, y si grabada en su piel, para con esta mujer que está tratando de darle consuelo y que sabe hará hasta lo imposible para mitigar su sufrimiento.
Poco a poco se va tranquilizando. Scully le da un beso largo en la frente como si con esa caricia pudiera absorber su pena. Quiere subirlo al auto para llevarlo de regreso al motel para que descanse, lo necesita. Pero también piensa en Harold Piller que entró en desesperación al escuchar las palabras de Mulder. Siente la responsabilidad de buscarlo para regresar los tres juntos, debido a que es una zona apartada como para encontrar trasporte de regreso. Pero su dilema es que no quiere dejar solo a Mulder, él es su prioridad.
Cuidando sus palabras rompe el silencio, –Mulder, debo buscar a Harold para regresar, necesito saber que estarás bien. Puedo pedirle a la Señora Ray que te haga pasar a su casa…
Mulder reacciona, se aparta un poco de ella, para mirarla con los ojos enrojecidos por su llanto, y sin dejarla terminar su sugerencia dice… –Ya paso. Estoy bien, Scully! –, la toma por lo hombros para apartarse de su abrazo con actitud fatigada.– Vamos a buscarlo, para irnos a casa.
Scully duda un momento de sus palabras. Quiere creer en él, pero teme demasiado que puede derrumbarse en cualquier momento. –Está bien, lo buscaremos juntos –. Toma con su mano una de las suyas para apretarla y recibe un apretón de vuelta. Se levantan del suelo emprendiendo el camino a la arboleda por donde se dirigió Harold.
Lo ubican casi de inmediato, reclinado sobre un árbol en el mismo lugar en donde Mulder se despidió de Samantha. A pesar de la oscuridad de la noche pueden apreciar la mirada perdida de Harold. Scully considera que ha entrado en un estado de shock; sin embargo Mulder se acerca a él, mostrando una cara distinta a la que mostró cuando se estaba desmoronando hace unos minutos por el dolor. Ya cerca de Harold, éste lo mira.
–Está en paz Harold, pero él siempre estará con usted –. El hombre cierra los ojos con aire resignado, dejando caer la cabeza. Mulder se inclina para levantarlo. A Scully le sorprende que no oponga resistencia. Esta noche estos dos hombres han encontrado un amargo fin a su búsqueda de años. Sabe perfectamente que muchas cosas cambiaran en la vida de ambos. Por obvias razones el que le preocupa es Mulder, y que es lo que hará a partir de ahora.
–Se despidió de su hermana ¿no es así? –Pregunta Harold en un murmullo a Mulder. Este asiente solo con un gesto.
–Fue su hijo quien me guió a ella –Harold suspira con desanimo y se encoge de hombros. Mulder coloca su mano en la espalda y lo dirige de camino de regreso al auto. Scully los sigue a prudente distancia, considera que Mulder al verse reflejado en la aflicción de Harold lo está ayudando a que saliera rápidamente de su propio pozo de angustia. Realmente desea que Mulder pueda recuperarse, por él y también por ella. Aún cuando las cosas entre ellos se han complicado, lo ama demasiado. Tiene que arreglar las cosas con él si van continuar juntos. Pero en estos momentos entiende que debe darle tiempo para que asimile lo que sucedió. Se recrimina por pensar egoístamente en querer componer su situación, pues en este momento de lejos no es una prioridad.
Comprende que a partir de ahora, Mulder se encuentra ante un escenario distinto. Todos estos años, encontrar a Samantha fue su directriz principal. Ahora finalmente pudo saber que ocurrió. Así que ¿cuáles serán sus nuevas motivaciones? ¿Cuál es la verdad que él buscará? ¿Querrá continuar con su trabajo en los Expedientes? ¿Querrá continuar con ella? Nuevamente ahí surge un pensamiento sobre su relación que la mortifica. La deshecha enseguida, se está adelantando demasiado a lo que puede pasar, cuando en este momento lo importante es ayudarlo a que supere la muerte de su madre y la de Samantha. Un paso a la vez. Un día a la vez.
No tiene que esforzarse mucho para convencer a Mulder de que ella debe manejar de regreso al motel, cree que de esta manera podrá comenzar a descansar. Incluso nota con satisfacción durante el trayecto que ha logrado mantener un semblante tranquilo y relajado; hasta le parece ver durante lapsos del viaje que ha logrado cerrar los ojos posiblemente este dormitando. Que lo haga, ella estará velando por él, siempre que haga falta.
23:57 HRS.
HABITACIÓN 121
RED CARRIAGE MOTEL
SACRAMENTO, CALIFORNIA
He logrado por fin que Mulder concilie el sueño, tarea nada sencilla debido a su insomnio crónico. Cuando llegamos al motel, Harold se despidió brevemente y se dirigió a su cuarto. Mulder se mantuvo en silencio todo el viaje hasta llegar a su habitación. Opté por quedarme en su cuarto; sin importarme que se den cuenta los de la administración o el mismo Harold. No quise dejarlo solo, además Mulder no hizo ninguna objeción. Siguió mi consejo en silencio de tomar un baño, y con un escueto "no gracias" indicó que no quería cenar. Aunque yo sí mande pedir algo ligero para mí. Pude probar bocado mientras se estaba bañando. Se metió a la cama una vez que salió de la ducha; solo me descalce y me quite la chaqueta para recostarme con él. Deje la luz encendida de la lámpara de la mesita de noche y me acomodé para tener su cabeza en mi regazo, estuve acariciando su cabello hasta que logro dormirse.
Me siento algo cansada, pero tranquila y extrañamente sin mucho sueño. Deseo tanto reconfortarlo; hacerle sentir que no está solo, que sepa que estoy a su lado a pesar de todo. Pero de alguna manera las palabras sobraron mientras lo reconfortaba con mis caricias. Así que me limite al papel de una guardiana silenciosa; cuidándolo, brindándole mí cariño; así cómo sucedió hace unos días cuando falleció su madre. En muy poco tiempo ha tenido que afrontar terribles acontecimientos. Ni siquiera pudo asimilar adecuadamente la revelación del cáncer de su madre y la decisión de ella de terminar con su vida, sin despedirse de él, dejándolo con más dudas que respuestas por la desaparición de Samantha. Ahora afronta la verdad sobre el destino final de su pequeña hermana. Sé que es fuerte pero es demasiado dolor para lidiar en tan poco tiempo.
Lo contemplo y delineo el perímetro de su rostro con las yemas de mis dedos de manera suave. No quiero que nada perturbe su descanso, pero no puedo evitar acariciarlo. Daría lo que fuera si con tan simple gesto pudiera quitarle su dolor. Hace casi más de una semana la idea de terminar con él rondo por mi cabeza a causa de su hermetismo; pero soy una ilusa al creer que podría estar sin él. Se ha vuelto parte de mi vida, la cual ya no concibo si no está conmigo a mi lado. Él es simplemente así, obsesivo, inseguro; con dificultad muestra apertura a la gente por temor a ser lastimado. Y con mucha pero mucha culpa en su interior. Responsabilizándose siempre de los demás, sin importarle su propio bienestar o seguridad. Un rebelde que irá en contra de todos por la causa justa; un loco paranoico que no le importa lo que piensen de él si sabe que tiene la razón. Qué más puedo decir, ya que así me enamore de él. Lo beso en el cabello de su sien. Siento como se aprieta más a mí. Tranquilo, yo cuidaré de ti siempre.
Tengo un último pensamiento para Teena Mulder, ella y su padre Bill le hicieron mucho daño, pero no tanto para que los sentimientos de su corazón no surgieran de manera correcta. Eso fue gracias a Samantha, el compás que le dio dirección a toda esa necesidad de ser aceptado, por quienes solo se convirtieron en cáscaras llenas de resentimiento y amargura por la pérdida de su hija. No soy quien para maldecirla, Dios ha de juzgarla por sus acciones y espero que sepa perdonarla por lo que le hizo a su hijo.
02:33 HRS.
¡Dolor!
Un punzante dolor, que amenaza con partirme la cabeza desde lo más profundo de mi cráneo. Provocando que despierte. Reacciono movido por el intenso dolor. Trato de no despertar a Scully que al parecer está profundamente dormida. Lo sé por el hilillo de saliva que se escurre de la comisura de sus labios. Me aparto con éxito de su lado para no perturbarla de su sueño. La luz de la lámpara me taladra provocando que no pueda enfocar debido a pequeños destellos de colores que se hacen presentes en mi campo visual. Entrecierro los ojos y casi a tientas busco la puerta del baño para buscar mi neceser de viaje. Debido al dolor los malos olores del baño me causan una nausea terrible. Encuentro la pequeña bolsa negra y del cierre vertical saco un frasco de fenobarbital que la neuróloga prescribió para cuando tuviera mucho dolor. Saco una pequeña pastilla de cien miligramos que parto por la mitad. Aunque la doctora indicó que me tomara la pastilla completa, no me gustan los efectos cuando lo he hecho. Demasiado desorientado al otro día y me cuesta mucho trabajo levantarme en la mañana, con media pastilla tengo para aliviar el dolor y conciliar el sueño sin noquearme demasiado. Trago la mitad y devuelvo la otra al frasco. Guardo muy bien las pastillas en el neceser para evitar que Scully las descubra y así evitar explicaciones. Al salir del baño veo en la mesa más grande una botella de agua comenzada, la que supongo uso Scully para cenar y bebo de ella para ayudar a que baje mejor el medicamento.
Apago la luz de la lámpara de noche, para envolverme en la oscuridad. Regreso a la mesa, tomo asiento en la silla más cercana a está. Masajeo mis sienes, tratando de aliviar el dolor. Un esfuerzo inútil ya que nunca ayuda, pero es lo que hago mientras espero haga efecto el medicamento. Trato de mantener cerrados los ojos pero sin mucho éxito. Frente a mi está acostada Scully en la cama tenuemente iluminada por la luz que se llega a filtrar por las cortinas. Todo ha pasado tan rápido. Soy un maldito con suerte. No hemos arreglado nuestro distanciamiento pero aquí está ella haciendo su mejor esfuerzo para consolarme. Bueno, lo correcto sería decir que todavía no he arreglado nuestra situación. Antes de todo esto, ya había decidido revelarle a Scully, lo que me está pasando, que estoy muriendo, pero que no me he rendido que sigo buscando opciones. Se merece que sea sincero con ella. Más ahora que es lo único que me queda que valga la pena.
Otra punzada en el interior de mi cráneo y reprimo el quejido para que Scully no se despierte. Scully se remueve en las sábanas de la cama. Sería muy fácil dejarla despertar para entrar a su cálido cuidado. Sin embargo ella no ha descansado en estos días debido a que se ha estado preocupando por mí. Incluso no fui para nada accesible con ella, confrontándola cada vez que trató de ayudarme. Así que mejor la dejo descansar y si sigo sentado aquí se despertará en cualquier momento y se dará cuenta de que no estoy en la cama. Recorro el espacio entre la silla y la cama de manera muy pausada, ya que cada movimiento que realizo es agonía pura. Me recuesto a su lado rogando porque no se despierte. No podría fingir que me siento bien. Le doy la espalda y no es que no quiera estar en sus brazos pero una maniobra así la sacaría de su sueño.
¡Una punzada más! El dolor es tan insoportable en intenso que no puedo evitar moverme. Scully ahora sí, parece que ha notado mi inquietud porque comienzo a sentir que se mueve detrás de mío. Opto por lo más sencillo quedándome quieto, esperando que solo sea un leve cambio de posición. Sin embargo la mano de ella parece que comienza a palpar por el colchón. Así que se dará cuenta enseguida que estoy al otro lado de la cama.
–¿Mulder, estás despierto? –Dice en un susurro haciendo notar su somnolencia, incluso escucho un leve bostezo. No contesto ya que querrá saber como estoy; y por el insoportable dolor notaría enseguida que mi estado va mal. Sé que solo debo esperar a que haga efecto la pastilla. ¡Vamos Scully regresa a dormir!
Mis esperanzas se van desvaneciendo al sentir que se acerca a donde estoy, y sentir su mano en mi espalda –¿Mulder? –mantiene el volumen bajo, creo que piensa en la posibilidad de que siga dormido. Su mano sin embargo recorre el largo de mi espalda y llega a mi cabello donde sus dedos se enredan. A pesar de todo la la sensación es agradable.
–Sigue durmiendo, yo cuidare de ti –Eso lo sentí en la base de mi espalda, una corriente eléctrica generada por emoción que se ha disparado desde allí y rebota en mi garganta provocando un ligero gemido de mi parte. –Shh shh tranquilo, estoy aquí –busca confortarme y ya siento el calor de su aliento en mi rostro, y sus labios en mi mejilla.
–Mulder, Mulder, Mulder. ¿Qué voy a hacer contigo? –Las puntas de su cabello cosquillean mi cara, su terso rostro está pegado por completo al mío, pero sin que este se recargue por completo. A pesar del dolor no puedo evitar sentirme un miserable debido a su comentario. Sé que a veces puedo llegar a ser un grandísimo bastardo; que la ha colocado en situaciones que violan el protocolo o su metodología. Que todas sus desgracias han sido porque ella quiso quedarse a trabajar conmigo. Comienzo a sentir algo tibio y húmedo recorriendo tenuemente entre su mejilla y la mía, tal parece que es una lágrima. ¿Por qué tiene que sufrir por mi causa? Se merece una vida mejor que perseguir luces en el cielo o monstruos que quieren devorarla. –Te quiero y te necesito tanto Mulder. No sabría qué hacer si no te tuviera en mi vida.
Siento que mi corazón es aplastado por millones de toneladas ante lo que acabo de escuchar. Debajo de mis parpados cerrados varias lágrimas son contenidas. Me resisto al impulso que surge en cada fibra de mí ser de abrazarla y confortarla. Pero también una parte de mi quiere apartarla lo más posible, la parte que sabe todo el daño que le ha causado el estar a mi lado. ¿Qué pasará cuando sepa que estoy muriendo? Siento mi cráneo reventar y no puedo evitar moverme ante otro latigazo de dolor. La mano de Scully se esmera en acariciar mi cabello, y como si sus manos fueran mágicas aminora mi agonía, la física claro está; la emocional dista mucho por sentir alivio.
–Como quisiera que me dijeras siempre lo que sientes y piensas. Me duele mucho tu hermetismo. A veces siento que no confías en mí. –Claro que confío en ti Scully, a veces te aparto por temor a que salgas lastimada. Yo tampoco podría vivir mucho si algo te pasara. Lo lamentable es que de todos modos estoy muriendo. Temo como te afecte. ¿Más sufrimiento por culpa mía? Ya había contemplado que solo acarrearía más pena a tu vida si supieras que me está pasando. Igual te enteraras el día que simplemente mi cerebro se apague. Puede ser que una mañana simplemente no despierte, o en medio de un caso, o en la oficina caiga desplomado y no podrás hacer nada para evitarlo. Me prometí encontrar una solución a esto, por ti, solo por ti no me he rendido a morir. El motivo principal para continuar con los Expedientes era encontrar a mi hermana, pero ya está resuelto. Samantha simplemente se fue en la luz de estos seres que le permitieron irse para que no sufriera más. Yo no tengo esa suerte, me ha tocado una lenta degradación de mis funciones mentales. Tengo que hacer un último intento en encontrar una solución en los Expedientes, por ti Scully para no ser una aflicción más en tu corazón. ¡Tengo que encontrarla!
Las caricias de Scully van perdiendo su fuerza. Se ha quedado dormida. Ya sea el efecto de la pastilla o su toque el dolor va disminuyendo. Debo de cambiar mi actitud para con ella, no puedo ser fuente de más preocupación. Tampoco puedo decirle lo que me está pasando. Tengo que mostrarle que sigo interesado en el trabajo y en general en las cosas que me agradan, aunque cada día se agoten las opciones; debo hacerlo por ella; por Dana.
VIERNES 31 DE MARZO
HABITACIÓN 121
RED CARRIAGE MOTEL
8:27 HRS.
Poco a poco voy saliendo de la inconsciencia de un sueño profundo. Enseguida noto que no estoy sola en la cama, y que estoy vestida con la ropa de ayer. Debí haberme quedado dormida profundamente ya que me siento muy desorientada por no recordar en primera instancia que decidí pasar la noche con Mulder para cuidarlo, esto es una señal que debí caer rendida por los días que no descanse bien. Veo mi reloj, y es pasada las ocho y media. Supongo que de la mañana pues el cuarto tiene cortinas gruesas y oscuras, que impiden una adecuada luminosidad. Mulder sigue dormido, por lo que decido no despertarlo, que siga descansando que buena falta le hace. Comienzo a recordar lo último que hice anoche y eso fue solo recostarme con Mulder para confortarlo, ni me di cuenta en qué momento me quede dormida. La botella de agua que pedí con los bocadillos de anoche está casi vacía, ¿la habrá tomado Mulder durante la noche? No recuerdo que se haya levantado. Mi estomago protesta, diciéndome que tengo hambre de nuevo. Pasaré a mi cuarto ya que mi cepillo de dientes lo deje allá. Me lavaré y bajare a desayunar. También le pediré un emparedado a Mulder. Él tiene que comer algo, estoy segura que no ha probado alimento como corresponde en estos días.
Ya en mi habitación decido mejor ducharme y así cambiarme con ropa limpia. Llamo a recepción para que me comuniquen con Harold Piller para saber cómo está. Tristemente me informan que dejo su cuarto y pago su cuenta al amanecer. De verdad espero que pueda encontrar la paz ahora que sabe que nunca podrá encontrar a su hijo. Lo que me recuerda que debo estar lista por como reaccione Mulder y afronte su duelo, el de su madre y el de su hermana. Mulder pidió hace unos días vacaciones, pero lo que encontramos en la villa de Santa hizo que Mulder se involucrará de nuevo en la investigación. De todos modos le recordaré a Skinner esa solicitud para que Mulder descanse, aunque estoy muy consciente de que a mí no me dará vacaciones. Por más que le diga que estoy preocupada por él como podría justificar que necesito esos días sin implicar que es para cuidarlo.
Por fin logro comunicarme con Skinner, después de un par de minutos. Regresó a Washington luego de consignar al asesino de niños.
–Skinner.
–¿Señor? Soy la Agente Scully
–¿Cómo se encuentra el Agente Mulder? –Sé que su interés es sincero, lo mantuve al tanto de mis indagaciones cuando regresé a D.C.
–Para eso le hablaba Señor. ¿Recuerda que él pidió vacaciones?
–¿Se encuentra bien?
–Hasta ahora lo ha tomado bien, pero anoche…. es confuso hasta para mí explicarlo. Basta decir que Mulder pudo por fin saber que paso con su hermana. –Skinner guarda silencio por varios segundos, hasta que por fin decide responder.
–No tengo inconveniente que se tome un par de semanas. –dice no muy convencido de su propia decisión. –Sin embargo….
*toc toc toc*
Reacciono enseguida al toque de la puerta, abriéndola. Es Mulder. Me hago un lado para que pase, mientras sigo la conversación con Skinner… –Disculpe señor que decía, El Agente Mulder toco a la puerta y me distrajo.
–Decía Agente Scully que cuando estuve en la Oficina de Sacramento, gente de la Oficina de Los Ángeles trato de contactarme, para unos reportes extraños que llevan casi dos meses sucediendo en el área de Willow Park. Obviamente cuento con usted para que pueda ayudar a resolver este caso. ¿Tendría inconveniente para salir de Sacramento para Los Ángeles? –Mi rostro debe reflejar mi asombro porque Mulder, tiene una pequeña sonrisa.
–Ah, sí Señor, eh, reservaré el primer vuelo a L.A. en este momento. –Su pequeña mueca divertida ha desaparecido del rostro de Mulder. Skinner deja unas instrucciones de con quién me debo reportar en la Oficina de L.A. para luego colgar, sin olvidar pedirme que le diga a Mulder que le manda todo su apoyo. Si realmente quisiera apoyarlo no me mandaría lejos de él.
–¿A qué vas a Los Ángeles Scully? –Hace uso de ese rostro de niño perdido que pone cuando quiere algo.
–La Oficina de L.A. quiere el apoyo de nuestro campo de investigación. Iré yo; Skinner te dio vacaciones. –Me le acerco y tomo sus manos.
–Antes de irnos pasemos a desayunar, ¿no? –Su tono es dulce y sin reproches.
–Regresaras directamente a D.C. o iras a…. –me detengo un poco, Mulder no ha visto nada sobre los arreglos funerarios de su madre. Pero no sé cómo decírselo.
–Iré contigo. Estoy libre ¿no? Y Los Ángeles es tan buen lugar como cualquiera. Tal vez el mejor ya que tu estarás ahí.
–¡Mulder! –Protesto un poco – no has visto nada del funeral de tu madre… Y debes descansar…
–Ella dejo arreglado todo. Platiqué con su abogado antes de venir para acá. Casi pareciera que no quería que me involucrara en el asunto –menciona un poco triste –, pasaran unos días para que entreguen su cuerpo debido al procedimiento de autopsia que solicité. Si quieres habló con el abogado y que me llame cuando este todo listo. Tratemos de resolver pronto el caso para ir juntos al funeral. No quiero estar solo.
Se a lo que se refiere. De igual manera tampoco quería dejarlo solo en estos días –. Está bien Mulder. ¿Cómo te sientes?
–Estoy bien. –Sonríe sabe que su respuesta es una ironía por todas las veces que yo lo he dicho –. De verdad Scully estoy bien. Y es gracias a ti. –Sube mis manos a la altura de sus labios para besármelas. Siento que todos los colores incandescentes surgen en mi rostro. Todavía puedo ruborizarme con un acto tan sencillo de su parte. –Gracias Scully por estar conmigo. A veces olvido que somos dos y un equipo.
–¿Me dirás que es lo que te ha tenido tan distante estas últimas semanas? –Entonces él duda, es solo una milésima de segundo, un pequeño desvío de su mirada hacia abajo, que recompone instantáneamente, pero está ahí oculto para mí.
–¿De qué hablas? –Suelta mis manos y se aparta. –Todo está bien. Ven vamos a desayunar; y cuando terminemos reservamos el vuelo en primera clase yo invito.
–Mulder, Mulder, Mulder ¿Qué voy a hacer contigo? –baja la mirada, como si las baldosas del piso le pudieran aconsejar que es lo mejor para responderme. Alza la mirada con un gesto mezcla de angustia e incredulidad. Se mantiene en la misma actitud. –Claro, bien, como quieras… –me doy media vuelta para dirigirme a la cafetería, dejándolo sumido en sus pensamientos y sus secretos.
MARTES 4 DE ABRIL DE 2000
MONTLAWN MEMORIAL PARK
RALEIGH, CAROLINA DEL NORTE
11:32 HRS.
El día es esplendido, con un cielo de un azul intenso, algunas nubes muy blancas haciendo de contraste, y un sol de primavera magnánimo. Demasiado lindo el entorno como para un funeral. Pero estamos aquí para entregar el cuerpo de Teena Mulder a su última morada.
Mulder me comentó que su madre dispuso de todo. Fue un servicio sencillo al aire libre, en el cementerio, sin ritos religiosos. Al parecer la señora se había alejado desde hace mucho de cualquier tipo de religión. Solo unos cuantos parientes lejanos, ya que no tenía hermanos, un par de amigos y vecinos y su abogado que al parecer quiere platicar con Mulder después del servicio. Skinner está aquí, al igual que algunos agentes que aprecian a Mulder desde sus días en Ciencias del Comportamiento, incluso los Pistolero pudieron hacerse un tiempo para estar con su amigo. Mi propia madre también hace acto de presencia y por supuesto yo.
Todo transcurre como debe de ser en una ceremonia normal, sin palabras de algún pariente, o vecino. Muchos hubieran esperado que Mulder dijera algo pero tampoco se sorprenden por mantener su dolor en silencio. Al final cada uno de los presentes pasa con Mulder para dar las últimas condolencias y de esta manera retirarse para dar por concluida la ceremonia. Me mantengo a una distancia prudente, me he dado cuenta que Mulder ha salido fortalecido de esto, su actitud en esa bizarra cacería de monstruos en Los Ángeles, así me lo indicó. Mi madre pasa a darle un fuerte abrazo a Mulder y él le corresponde. Siempre me ha agradado lo especial de su buena relación. Se aparta y se dirige a mí dejando que los que faltan terminen de darle sus condolencias a Mulder.
–¿Me imagino que nos vamos juntos al aeropuerto de regreso a D.C. con Fox? –Asiento mientras tomo la mano de mi madre que me ofrece en una extraña actitud de consuelo. ¿Cómo ha estado él? No había tenido la oportunidad de preguntártelo.
–Parece que lo ha tomado bien, no me dice mucho pero creo que mejor de lo que hubiera previsto.
–¿Y tú como te sientes? –la miro sorprendida por su pregunta
–Estoy bien. ¿Por qué lo preguntas? –Esboza una muy tenue sonrisa. Me pasa el brazo por la espalda.
–Lo pregunto, porque sé lo importante que es él para ti, y a partir de ahora tal vez tú seas la persona más cercana a él.
–Mamá… yo… –trato de contestar pero las palabras se atoran en mi garganta, por lo que mi madre está implicando y lo que cree saber.
–No me hagas caso Dana. No fue mi intención incomodarte. Sé muy bien que Fox te quiere y te va a necesitar.
Una sonrisa amarga se dibuja en mi rostro, mientras bajo la mirada al suelo. –Realmente quisiera creerlo. A veces es tan obstinado, tan cerrado, no me permite entrar y decirme que es lo que le pasa o lo que está sintiendo… a veces eso lo dificulta es… es… como si fuera…
–¿Cómo tú? –Solo sonríe y termina por darme un abrazo completo, al cual correspondo llena de sentimientos encontrados. –Dana aunque es muy notoria sus diferencias tienen muchos puntos en común. Los dos son muy independientes, y les cuesta trabajo decirse lo que sienten, así que no dudes de él, pero principalmente no dudes de ti misma y de tu corazón –. La miro intuyendo no se está refiriendo a él como mi mejor amigo. Me da bastante curiosidad conocer qué es lo que cree saber mi madre sobre Mulder y yo, pero Skinner y los chicos se reúnen con nosotras, lo que convierte esto en una plática para otro día.
Nos quedamos observando como Mulder termina de saludar a la última persona que resulta ser el abogado de su madre. Un cincuentón robusto de estatura media con una calva que rivaliza con la de Skinner. Ambos se acercan a donde estamos mientras continúan platicando. Escucho del abogado algo sobre un testamento, pero guarda silencio una vez que se integran a nosotros.
–Yo me despido aquí – interrumpe Skinner con voz grave. –Mulder, espero verlo pronto en la oficina, luego de que termine sus arreglos. Siempre es valioso alguien de sus capacidades. –Los chicos y Mulder sonríen; creo que es su manera de darle a Mulder su apoyo.
–Nosotros también nos retiramos –, se adelanta Byers a comentar –debemos tomar un vuelo a San Francisco; invertimos en un proyecto que asesoramos y dentro de poco harán unas pruebas. Estamos muy ansiosos de ver los resultados.
–Te mantendremos al tanto Mulder, tal vez quieras participar ahora que serás rico… ¡ouff! –el leve codazo de Frohike a Langly en la boca del estómago le impide terminar su comentario inapropiado. Pero Mulder solo emite una sonrisa forzada a los chicos ante la mirada reprobatoria del abogado, mi madre y yo misma.
–Nos estamos viendo viejo –se despide Frohike y los chicos junto con Skinner se encaminan hacia la salida del cementerio ante la mirada de Mulder.
El silencio se cierne sobre nosotros, la tumba de Teena nos contempla. Los ojos de Mulder reflejan su pesadumbre y tengo que reprimir las ganas de confortarlo en mis brazos. Poco a poco el momento comienza a ser incomodo, pero se rompe debido al carraspeo del abogado, provocando la reacción de Mulder. –Oh si. Discúlpenme, les presento a Robert Goodwin abogado y notario de mi madre. La Señora Margaret Scully madre de mi compañera –mi madre extiende la mano atenta, la cual es correspondida de manera respetuosa. –La Agente Dana Scully –yo solo asiento y el robusto hombre esboza un gesto de amabilidad.
–Fox… –inicia el abogado un tanto dubitativo– …sé que tal vez no sea el momento pertinente, pero me gustaría aprovechar su presencia. Un colega muy amigo mío, me ha permitido hacer uso de la sala de juntas de su despacho, aquí en Raleigh, para dar lectura al testamento de su madre, para que firme los papeles correspondientes para que oficialmente tome posesión de su legado, y me indique sus opciones de lo que desea hacer con él.
Mulder reacciona mirando a mi madre, pues ella vino con nosotros. –No quisiera retrasar a la Señora Scully…
–Es Maggie, Fox. No te preocupes por nosotras, creo que no tendremos inconveniente en quedarnos en alguna cafetería, si hay una cercana al despacho, en lo que terminas tus trámites con el Señor Goodwin. –Mulder voltea de inmediato a ver al abogado buscando su aprobación.
–Yo no tengo inconveniente de que las señoras lo acompañen al despacho –, su madre no dispuso de ninguna clausula de secrecía, depende de usted Fox –. Mulder regresa su mirada alternando hacia nosotras, con un gesto trato de indicarle que lo que decida está bien, mientras que mi madre levanta su mano para darle una caricia al brazo derecho de Mulder indicando su aprobación.
–De acuerdo, entonces –, dijo Mulder– vaya por delante en su auto, para que nos indique el camino. Nosotros lo seguiremos en el nuestro –.
Llegamos al camino que atraviesa el cementerio, mamá se adelanta al Ford Mondeo rentado, y yo detengo a Mulder un momento. –Si deseas déjanos a mi madre y a mí en el centro comercial que vimos de camino al cementerio. ¿Sí?
Baja su mirada un tanto decepcionado por mi sugerencia, y casi como un suspiro, dice. –De verdad no tengo problema, pero como tú quieras –. Entiendo el mensaje y da la vuelta para seguir su paso al auto.
Tomo su mano, con la intención de que voltee a verme, quedo atrapada en sus ojos tristes y apagados. No quiere estar solo, pero tampoco me lo va a pedir. Asumí que querría privacidad en este asunto, pero entiendo que le duele mucho todavía. –Oye, está bien, solo era una sugerencia, pero te acompañamos, es posible que tardemos más si tenemos que pasar al centro comercial –. Asiente con la cabeza, tuerce la comisura de sus labios hacia arriba y puedo ver un ligero brillo en sus ojos. Con su mano en mi espalda me guía al auto donde mamá ya nos está esperando, su tacto en mi espalda siempre provoca chispazos eléctricos por todo mi cuerpo. Pude dejarlo solo por no pedirme que me quede con él, pero cuando realmente se lo propone manda las señales apropiadas para entenderlo, así que no es difícil que adivine lo que quiere, ojala fuera así de fácil sobre otras cosas. Me siento harta del juego del orgullo y la fortaleza, y como dijo mamá hace unos momentos debo hacer caso a lo que dice mi corazón y lo que siento es que debo estar con él. Ya en nuestro vehículo veo que al abogado abordo, con su auto encendido, aguarda a que emprendamos rumbo. Espero que sea para bien.
MIERCOLES 5 DE ABRIL DE 2000
VUELO 6200 DE UNITED AIRLINES
RUMBO A WASHINGTON D.C.
18:41 HRS.
Scully duerme plácidamente a once kilómetros de altura sobre el nivel del mar, envuelta en la manta que le pidió a la azafata al abordar. Siempre he envidiado su capacidad para poder conciliar el sueño en cualquier lado, casi de inmediato. Maggie está un asiento atrás de nosotros entretenida con una revista. Me siento satisfecho con las decisiones que he tomado. Mamá era la albacea de Papá luego de su muerte, como yo estaba desaparecido cuando eso ocurrió no me preocupe mucho del asunto. En verdad nunca quise su dinero, aunque sirvió para que tuviera una vida cómoda antes de salir de casa, y mi educación en Oxford. Mi padre dejó una cuenta de inversión con seis dígitos que Mamá no toco en los cuatro años desde su muerte; dos casas en Martha's Vineyard, una casa de veraneo en Quonochontaug. Mamá después del divorcio se sostenía de un fideicomiso que le dejaron mis abuelos a pesar de la generosa pensión que le dejo mi padre, pero casi no lo utilizaba a menos que fuera una emergencia de mantenimiento de la casa o de enfermedad mía cuando adolescente, sin embargo lo depositaba en una cuenta de ahorros. En esos días se me hacía raro, ahora entiendo mucho de su actitud para con él y todo lo que viniera de su persona. Nunca le perdonó sus decisiones y ni toda la riqueza de mundo compensaría lo que hizo. Su casa de Greenwich no es de las más lujosas del lugar, pero cualquiera le gustaría tenerla para formar a una familia. No puedo evitar mirar a Scully al tener ese pensamiento. Si la inseminación hubiese resultado, si las cosas hubiesen salido de manera distinta respecto a lo que me está matando, podríamos mandar al demonio al FBI, detener el maldito auto, tener una vida lo más parecida a un ideal de normalidad como ella misma lo dijo hace tiempo. Establecernos, ella dedicarse a la medicina y yo… realmente nunca vi otras opciones para mí. Buscar a Samantha, encontrar la verdad detrás de todo siempre fue lo único que me movió al principio. Después vino Scully, poco a poco se me fue metiendo en el corazón. Sonrío cuando recuerdo que al principio hice de todo para que saliera corriendo, y me dejara trabajar en paz, pero se mantuvo firme desafiando con su racionalidad cada loca teoría que proponía; con cada debate me fui haciendo adicto a ella, al punto de que ya no puedo investigar si no escucho su vocecita quejándose o recibo un alzamiento de ceja cuestionando mis actos. Con todo lo que le hicieron, abducirla, enfermarla, asesinar a Melissa, dejarla sin la capacidad de ser madre, lo convirtió en personal para ella, y le debía ayudarla a hacerle justicia, pero el año pasado esos desgraciados encontraron su justo castigo. Solo queda uno pero después de lo que me hizo a mí, parece que no le va muy bien. Según lo que me dijo Scully. Espero que pronto pague todo el sufrimiento que hizo pasar a todos los que tuvieron la desgracia de toparse con él, y ya no volvamos a saber de ese hijo de puta.
No le veo el caso a tener tantas casas, le dije al abogado que las ponga en venta, excepto la de Greenwich, pero si di instrucciones para que revisen, y lo que quede de las pertenencias de Sam lo conserve y lo lleve a la casa de mi madre, pero que lo demás también lo venda. También dispuse que con el dinero de las cuentas, se haga un fideicomiso que pondré a nombre de Scully. Tuve la precaución de que ni ella ni su madre escucharan. Sé que al principio lo rechazará, espero logre entender que con esto quiero darle una vida holgada y sin preocupaciones cuando ya no esté. Ella más que nadie se lo merece.
Acomodo bien la manta sobre ella, sé que puedo pasar horas viéndola dormir. –Siempre fue una dormilona. –La voz de Maggie casi me mata de la sorpresa, volteo enseguida y ahí está de pie a lado de mi asiento. Una sonrisa ilumina su rostro. –Disculpa, no quería asustarte, así que tranquilo Fox, ni que estuvieras haciendo algo malo.
–No, claro –le devuelvo la sonrisa. –Solo que no la esperaba. Espero no haberla hecho perder su tiempo ayer con el trámite y todo eso.
–Fox hijo, no te preocupes –, posa su mano izquierda sobre mi hombro más cercano a ella, – yo pase por eso con mi esposo. Bill y Charlie fueron de gran ayuda, así que no es algo por lo que uno deba pasar solo –. Retira su mano para colocarse y recargar su peso en el costado del respaldo del asiento que está delante de mí, cruza sus brazos y observa a Scully con ojos tiernos. –Son lugares ideales en donde están ubicadas esas casas. En cualquiera se podría tener un lindo hogar, con una familia –. Mi cara debe de estar para premio ante la audacia del comentario de Maggie, sin embargo recuerdos amargos pasan instantáneamente por mi mente. Desgraciadamente la gente que habito en esas casas nunca pudo encontrar la felicidad en sus cuatro paredes –. Perdón Fox, no quise ser entrometida –dirigiéndose a mí con el rostro apenado.
–No se preocupe, tiene razón Maggie –le sonrió un poco y tomo nota mental de su indirecta. Yo también deseo eso para su hija.
–Sé que harás lo correcto Fox. Con tu permiso hijo, voy al sanitario.
La veo alejarse por el pasillo. Como quisiera que las esperanzas que Maggie se hicieran realidad. Un hogar, una familia, pequeños niños pelirrojos corriendo por un jardín verde. Solo sueños de una vida que nunca será.
JUEVES 20 DE ABRIL DE 2000
CUARTEL GENERAL DEL F.B.I.
SÓTANO DEL EDIFICIO J. EDGAR HOOVER
WASHIGTON D.C.
7:47 HRS.
¿En qué demonios estaba ella pensando? ¿Cómo se le pudo ocurrir hacer tamaña estupidez? Podría estar muerta en estos momentos, y sin saber en dónde está. Podría ser parte de los experimentos de ese maldito hijo de puta. Pudo morir, y yo no hubiese podido hacer nada para salvarla.
Eran los pensamientos que una y otra vez aparecían en su mente como un mantra tormentoso. Sentado en su escritorio totalmente quieto, cualquiera que hubiese llegado en ese momento irremediablemente concluiría que es parte del mobiliario de la oficina. Con el ceño endurecido por la furia, las peores imágenes de ella siendo encerrada, torturada o simplemente asesinada carcomen su cordura, dejándolo en un pozo de angustia e impotencia ya que no puede imaginarse un mundo si ella. Por otro lado no podía concebir cómo fue posible que se subiera a un vehículo con el responsable de muchas de sus desgracias, así sin más. El solo concepto lo deja frío, kilómetros y kilómetros de carretera. ¿Cómo pudo soportar el incomodo silencio estando con esa pútrida hez de la humanidad? Porque no hablaron, ¿o sí? ¿O de que hablarían? ¿De las propiedades curativas del tan ponderado chip? ¿De sus aplicaciones? ¿O simplemente hablaron de cosas triviales y sin importancia? Nuevamente la idea de que pudieran hablar sobre él resuena en los intrincados recónditos de su mente paranoica; en algún rincón ha estado latente, desde que supo que estaba con el Fumador de mierda, y esporádicamente asoma a su imaginación como víbora a esparcir su ponzoña dentro de sus pensamientos.
Siempre ha creído que a fin de cuentas él fue el responsable de asignarla en los Expedientes X en primer lugar; y desde luego cada uno de los informes que ella redactaba meticulosamente, al principio, debían terminar siendo revisados por él… la pequeña espía pelirroja. De un impulso se levanta y tira de un manotazo todo lo que hay en su escritorio al recordar esa vieja noción de ella, como parte de la conspiración. Queda apoyado todo su peso sobre sus puños cerrados en el escritorio despejado. Enseguida llega el arrepentimiento por siquiera llegar a considerarla una traidora. Ni siquiera el descubrimiento de esos correos electrónicos en su disco duro lo perturbó, sabía que no era ella, cosa que confirmo luego de leerlos, no eran sus palabras. Pero que ella estuviera con el maldito Fumador. Eso le dolía y le daba al mismo tiempo mucho temor por lo que pudo pasarle. Esto era realmente lo que lo tenía de un humor de los mil diablos, la posibilidad de perderla. Comienza a levantar primero el teléfono de las cosas que tiro y por ser lo menos complicado de ordenar, cuando nota el sonido familiar de unos tacones altos contra el frío suelo del pasillo que accede a su oficina, es un golpeteo que conoce muy bien, pero particularmente hoy no se alegra de escucharlo; y menos cuando extrañamente ha llegado tan temprano y vea el desastre que su arrebato ha causado. La puerta se abre, mientras continua recogiendo las cosas del suelo, lo que sea con tal de no mirarla.
Ella entra y contrario a su costumbre no trata de ubicarlo dentro de la oficina, cuando sabe de antemano que está ahí. Se dio cuenta de su presencia antes de abrir la puerta porque escuchó ruidos dentro. Así que con un gesto adusto se encamina directamente al escritorio del fondo, donde están los proyectores de diapositivas, para dejar su portafolio. Se suponía que llegar más temprano que él, le daría cierta ventaja para afrontarlo después de lo que paso el día anterior; luego de ir a ese edificio dónde estaba segura encontrarían el despacho del viejo Spender. Pero no fue así. Solo fue un tinglado que utilizó para sus fines. El regreso a casa en el auto fue el silencio más tenso que ha vivido con él en todos los años que llevan juntos. De por si en el departamento de Mulder, cuando trataron de descifrar el disco, no sabía qué hacer ni que decir al verlo en esa postura tan tensa y esa mirada con la que hubiese podido congelar el infierno. Y claro, con la presencia de los Pistoleros no podía tener un acercamiento más significativo. Cuando descubrieron que solo era un disco vacio, quería que la tierra se la tragara y la mirada fiera de él la congelo. Percibió en él, la idea de que lo había traicionado. Es por eso que lo llevó a ese lugar, para que viera con sus propios ojos que no era un engaño. Pero fue un vano intento. Entonces consideró ideal llegar a su propia casa dónde podrían hablar más tranquilos de todo lo sucedido, pero nunca imaginó lo que paso a continuación. Mulder estacionó el auto frente a su edificio, apretando el volante con ambas manos tan fuerte que sus nudillos estaban blancos, solo miraba al frente sin apagar el auto y con un semblante que gritaba ¡bájate!, y así lo hizo. Ni bien cerró la puerta del vehículo, el chirriar de los neumáticos la sorprendió dejándola estática.
Entiende hasta cierto punto su enojo, por como pasaron las cosas, pero encuentra exagerada su reacción y no está dispuesta a tolerarlo más. Por eso vino temprano para esperarlo en la oficina y confrontarlo de una vez; para decirle un par de cosas respecto a su actitud. Pero no contó con que él ya estuviera ahí. Había ensayado en casa una o dos formas de abordarlo, pero todo el plan se vino abajo. Así que mejor ir al punto más distante respecto a él dentro de la oficina, mientras planea y reformula la estrategia. Se tardó lo suficiente, respirando profundo y contando hasta diez para tranquilizarse. Gira para encaminarse al escritorio de Mulder, solo para percatarse que no está sentado en su silla. Está agachado justo debajo del poster del ovni, recogiendo papeles.
–¿Qué estas haciendo? –fue lo primero que salió de su boca más como un reflejo que por necesitar una explicación. Enseguida se percata que es lo que ha pasado; el escritorio está casi despejado salvo por el teléfono, la placa con su nombre fuera de lugar y unas cuantas carpetas, el resto estaba en el suelo y lo estaba recogiendo. Así que sigue con sus demostraciones pueriles, fue la conclusión. –Acá, de este lado cayeron unos de tus lápices. –Definitivamente ella no recogería nada de lo que su berrinche está provocando. El ni siquiera se digno a contestarle para indicarle que había escuchado su comentario. –¿Acaso no estaba el bote de basura para que te desquitaras con él? –su comentario sonó como si se regodeara de la situación y casi de inmediato lamentó lo dicho, solo quería pretender aligerar el ambiente.
–Los botes de basura los pateo para aplastarlos cuando yo cometo estupideces… – se levantó de su posición para poner lo que tenía en la mano sobre el escritorio, para después dejarse caer en su silla reclinable –…cuando mi compañera las comete, es que tiro al suelo lo que haya en el escritorio –. Ahí estaba su respuesta, un ataque directo, seco y de frente a sus decisiones.
–¿Mis acciones fueron estúpidas? –lo dijo en voz alta, con ambas cejas levantadas, en un tono incrédulo, como tratando de comprender lo dicho por él y que punto quiere llegar, mientras lo miraba fijamente. Mojo su labio superior con su lengua, su tic cuando el estrés surgía en ella. Al no responder su cuestionamiento, mientras él le sostenía la mirada, fue la gota que derramo el vaso, no le iba a permitir que descalificara sus decisiones. –¿Exactamente qué demonios quisiste decir con eso? –su tono fue pausado pero contenía la furia que acompaña a la indignación.
Mulder apretó la mandíbula oscurecida por el vello de varios días si afeitar, sus ojos indefinidos ardían con furia, las palabras se atoraban en la garganta con las ganas que tenía de gritar y decir todo el coraje en forma de insultos transformando de esta manera sus peores temores. Pero no ahí, no en la oficina, para que todo mundo se enterase, dando más de que hablar sobre ellos. –¡Fue una estupidez irte con él! –, sus dientes apretados mientras sus labios escupían las palabras en un tono bajo pero lo suficientemente fuerte para que pudieran herirla –…ya no digamos el hecho de que desapareciste sin decirme exactamente lo que planeabas, pero con lo que no puedo, es que me hayas mentido deliberada y llanamente ¡Tú de entre todos…! –, un dedo acusador se alzó señalándola mientras que la otra mano se apretaba en un puño trabado sobre la superficie de la mesa –¡…no lo hubiese esperado de ti! ¡Y menos cuando sabes más que cualquier otro, todo lo que ese malnacido nos ha hecho! ¡Pero por encima de cualquier cosa, todo lo que te ha hecho a ti! ¡A ti! –. Se levantó de la silla enérgicamente, ella permanecía inmóvil escuchando su reclamo cada una de sus palabras, las cuales le dolían no porque tuviera razón sino porque no podía creer el reclamo airado que le hacía. Él puso las manos en las caderas, mientras meneaba negativamente la cabeza ya sin mirarla a ella, sino a un punto indefinido en la habitación. –Me hiciste a un lado y…
–¡No tienes ninguna autoridad moral, para reclamarme sobre hacerte a un lado! –lo interrumpió bruscamente, con la voz temblando –¿o tu tan loada memoria fotográfica no logra retener todas las veces que me hiciste a un lado, dejándome atrás y arriesgando tu vida y carrera todo por tus malditas razones? –Se quedo impávido ante la reacción de Scully y sus ojos inyectados en furia. –¿Ya empiezas a entender cómo me sentí en cada una de las ocasiones en las que simplemente desapareciste, temiendo lo peor que te pudiera pasar? –. Dio media vuelta para no tener que mirarlo, estaba dolida por las palabras que él le espetó.
–¡En todas esas ocasiones te deje atrás por tu bien, para que estuvieras a salvo…! –respondió rápidamente, con la actitud fastidiada con la que se explica a alguien que tiene poca capacidad de comprensión. Ella volteo enseguida clavando sus ojos en él, parecía que lo pudiera golpear con la mirada.
–¡No soy una muñeca de cristal que debe de ser resguardada y protegida por ti! ¡Estoy igual de capacitada que tu para realizar mi labor como agente de campo! –, arremetía contra él –¡Y lo sabes perfectamente por todas las ocasiones, de las que ya perdí la cuenta, salve tu trasero! –enfatizó con vehemencia.
Se quedo sin palabras. Un minuto o tal vez un siglo, ¿quien contaba el tiempo? El silencio entre ellos parecía una especie de tregua, ante la batalla de reclamos. Tal vez era el momento de reflexionar lo dicho, antes de que se dijeran algo de lo que no pudieran retractarse, pero Mulder seguía furioso, no quería dejar pasar que en esta ocasión; según él, fue la acción más riesgosa que ella decidió llevar a cabo, por lo que realmente quería que lo reconociera. –Es cierto que salvaste mi trasero. Siempre lo haces, siempre estás ahí ayudándome… – Scully escuchaba, pero su indignación por la actitud de él, la había dejado en un tren desbocado de ira, y sus palabras reconociéndola como su salvadora no serían aceptadas para iniciar un intento de reconciliación. Ya se había abierto la cloaca y ella no iba a ser quien la cerrara. –¡De todos modos, me mentiste! ¡Nunca lo hubiese esperado de ti! –la mueca de disgusto que acompañó su última frase, era lo que más enojaba a Scully, ese rostro que le gritaba: "¡me has decepcionado!".
–Tienes el descaro de reclamarme tu indignación por algo que no es muy diferente a lo que tú hiciste –, dirigió sus pasos hacia él rodeando el escritorio, con los puños apretados clavando sus uñas en las palmas, –Si quieres hablar de decepción solo te recuerdo, que tú no estás exentó –, se acercaba a él amenazante –…aunque tal vez tu egoísmo no te permite recordar la vez que te mostré pruebas contundentes sobre quien tenía una agenda oculta, y te estaba viendo la cara. Pero en lugar de creerme, simplemente me descalificaste haciéndome parecer que solo estaba denostándola solo por antipatía, cuando lo único que he querido es encontrar la verdad igual que tu –. Justo frente a él a unos centímetros, tan cerca que su perfume lo inundaba. Se alejó, no por temor a ella, sino por lo que pudiera hacer él. –¡Dime si estaba equivocada esa vez! ¡Dímelo!
–¡¿Que quieres que te diga?! –exclamó encogiéndose de hombros mientras que sus brazos se flexionaban al unísono levantando las manos a la altura del pecho con las palmas hacia arriba como para recibir algo en ellas, en un gesto que indicaba "pues sí, tienes razón". Te lo dije esa vez. Diana si estaba confabulada con él… –hizo una pausa para reiniciar su contraataque, mientras se parapetaba poniendo el escritorio entre ellos–… así que, ¿qué crees que fue lo que pensé cuando me enteré que estabas con ese mismo desgraciado? ¿Dime como quieres que lo tome? Sobre todo cuando el conserje me dijo que no era la primera vez que estaba en tu edificio. Crees que en mi mente no ha pasado la idea de…
–No te atrevas siquiera a decirlo… ¡por qué no te lo perdonare jamás! –. Ahí estaba de nuevo, su falta de confianza hacia ella, después de tantos años. Eso la hería profundamente. Cruzó los brazos sobre su pecho. –¡El vino a verme hace casi un mes, después de que tu madre murió! Fue para decirme que dejara de investigar los reportes sobre la búsqueda de Samantha ¡Y te lo dije en su momento! –Giro bruscamente su cara a la izquierda sobre el poster. Mojaba de nuevo su labio superior con la punta de la lengua, lágrimas de furia eran contenidas para que no salieran. Aclaro su garganta antes de continuar–Él no me dejo muchas opciones en esta ocasión, si sabía que te involucrabas se iría. Por eso fue que me puse un micrófono para grabar todo –. Buscaba encontrar el tono adecuado para que no sonara a una justificación – Dijo que saldríamos por varios días. Visitamos a esa señora, pero ahí no pude, fue hasta que recargamos combustible, que se presentó la oportunidad para enviártelo por correo. ¿No sé qué paso? Supongo que alguien lo interceptó –. Lo miro a los ojos de manera franca.
Puso las manos sobre el respaldo de la silla frente él. –¿Y de ahí viajaron toda la noche? ¿A dónde?
–Ya te lo dije ayer, llegamos a Milford, Pennsylvania. –Su quijada se proyectaba hacia adelante, dejando abierta su boca en un gesto de molestia.
Previamente Mulder ya había ubicado en el mapa el lugar. –Eso sigo sin entenderlo… – seguía tratando de encontrarle sentido –… ¿Dos días solo para llegar a Milford? – me estas tomando el pelo, está a medio día de aquí.
–¡Al principio no me dijo a donde iríamos! –. Su mano iba al rostro en señal de tensión, con las yemas de los dedos frotaba su frente. –En la estación de servicio, dónde te envié la primera grabación, él se hizo cargo de manejar y no supe en qué momento cayó la noche... – no tenía porque decírselo pero ya no había vuelta atrás –…quede inconsciente.
–¡¿Qué?!
–¡No sé qué demonios paso! ¡Solo puedo pensar que de alguna manera el muy bastardo me narcotizó! ¡El muy maldito se ofendió cuando le reclame al otro día! –Mulder tomo el respaldo de la silla con sus manos levantándola levemente para azotarla contra el piso. Ahí estaba, el temor de que pudo hacerle algo que la dañara, lo fustigaba y salía en forma de furia explosiva.
–¡Te tuvo a su merced! – era una declaración, más para el que para ella, horrorizado en lo pudo hacerle mientras ella estaba inconsciente –¿Entonces llegaron al lugar el primer día al punto de reunión con el contacto, el tal Cobra?
Sus ojos azules apuntaban al piso, pero su mente pasaba las imágenes de los últimos días, apretaba más sus brazos a su cuerpo y ponía rígida su postura. Mulder tomó nota enseguida de su lenguaje corporal. Se estaba protegiendo. Era obvio que había pasado algo que la dejó vulnerable y expuesta –Cuando desperté esa mañana; estaba… –la prudencia dictó ahorrar los detalles –…en la habitación de una mansión a las afueras de la ciudad. –Mulder también tenía las manos en las caderas mientras iba de un lado para otro como un gran felino enjaulado. –Según, teníamos que reunirnos en un restaurant…
–¡Por supuesto!, en un restaurant elegante –. Dijo Mulder entendiendo rápidamente.
Scully asintió aún cuando seguía molesta, en qué momento había pasado de los reclamos a una recapitulación de los hechos. Sabía de la capacidad deductiva de Mulder, pero le sorprendió la seguridad de su afirmación. Recordaba la incomodidad de la situación esa noche; la cena con el Fumador, el vestido escotado y elegante, el tiempo que transcurría sin saber quién era ese contacto misterioso. –¿Qué más da que tipo de restaurante era? –soltó con actitud cansada –De todos modos no se presentó, pero sí hizo llegar una nota para verlo temprano en la mañana a la mitad de un lago, para verlo a solas.
–¡Muy romántico! –dijo irónicamente Mulder.
–¿De qué demonios estás hablando? – preguntó con gesto de incredulidad y repulsión al último comentario de Mulder. –No conocía al sujeto, Aún cuando él parecía que si… le sorprendió que lo cuestionara sobre el origen de la información, pero todo pasó a segundo plano cuando lo mataron.
–El viejo Spender manipuló tu computadora y cuenta de correo, para mantener el contacto con Cobra –. Una ligera punzada conocida empezó a molestarlo en su cabeza. –El contenido de las conversaciones no era del todo sobre aspectos profesionales, la intensión era establecer una cierta intimidad con él.
Todo empezó a tener algo de sentido entonces para Scully, incluso hasta cierto punto la actitud de Mulder. –¿Creíste que había sido yo? –¿sería posible que Mulder estuviera… celoso?
–No. –dijo él de manera seca y sin titubeos. –Al ver los mensajes me di cuenta enseguida que no eras tú. Por la forma de la redacción, demasiado abierta, brindado mucha confianza e incluso mostrándose muy emocional y el uso de ciertas palabras–. No era algo que quisiera escuchar, pero saber que Mulder pudiera identificarla por la forma que redacta le indicaba lo bien que la conocía. –Y tampoco puede ser tú, la que tomo la decisión de irse con él sin saber dónde. Eso sigo sin entenderlo… ¿qué demonios te motivo a ir con ese maldito?
–Era una magnífica oportunidad para tener evidencia material de esa tecnología…
–¡Por favor! No me vengas con eso –, el dolor punzante de su cabeza iba en crescendo. ¡Tienes un chip en tu nuca!, Podemos contactar a la gente que queda de la MUFON para tener acceso a los chips que le quitaron a las abducidas. Incluso de ser necesario, si tú me lo pides, puedo volver a entrar a las instalaciones del DARPA para darte los que quieras…
–¡Por supuesto que no! ¿Crees que te pediría algo que te pusiera en riesgo? –soltó inmediatamente y casi sin pensar.
–Ese no es el punto, sino de que no era necesario irte con él… ¡PUDISTE HABER MUERTO! –gritó. Ahí estaba, no eran celos, Scully comprendió porque estaba tan furioso, era la frustración generada por la impotencia lo que tenía así a Mulder. Él busco una silla para casi desplomarse en ella, cabizbajo y casi sin aliento continúo, además el dolor comenzó a disminuir al revelar los verdaderos motivos de su furia. –Pudiste haber muerto, y no hubiese podido hacer nada para evitarlo –. Las lágrimas de furia de Scully que estaban contenidas humedecieron sus ojos al escuchar, pero estaban acompañadas de un leve dolor en el pecho, ese dolor que surge cuando la aflicción empieza a acompañarte. –Por eso no lo entiendo Scully… ¿por qué te fuiste con él?
–Lo que dijo Spender me hizo pensar en algo y me aferre a esa idea olvidándome de casi todo… –si él fue capaz de sincerarse, ella debía corresponderle con toda honestidad–…si el chip puede curar todas las enfermedades, si entendía el funcionamiento de su tecnología, tal vez y solo un gran "tal vez"… podría hacer que una mujer estéril… pudiera ser fértil de nuevo –. Las lágrimas comenzaban a derramarse por su rostro. Mulder fue golpeado anímicamente con las palabras que dijo haciéndolo sentir de manera insignificante por su actitud ante la esperanza de Scully. –Tú me lo dijiste, que no me rindiera por un milagro, y no lo haré… –Mulder se levantó inmediatamente para acercarse a ella, la cual lo miro con ojos apesadumbrados por la tristeza, para luego cubrir su rostro con su mano derecha; ganas no le faltaban para abrazarla pero temía que lo dicho hoy los hubiese alejado. Ella tenía un brazo cruzando su pecho, que hacía de sostén para el brazo derecho que iba a su cara. El tomo su mano de manera cariñosa, para apartarla de su rostro y conectarse con su mirada.
–Yo… lo siento, perdón… –sin dudarlo ella se refugió en su pecho, sorprendiéndolo y haciendo que Mulder la envolviera en un abrazo. No era muy común esa clase de gestos entre ellos en la oficina, cuidando siempre la imagen profesional como agentes del F.B.I., dejando lo de su relación fuera de las paredes del cuartel, lejos de cualquier mirada que los pudiera cuestionar o reprender, sin embargo ella a pesar de todo lo necesitaba, por supuesto que estaba enojada con él, ya que no eran las actitudes que mostró no era muy correctas, sin embargo surgieron debido al no saber manejar los sentimientos de impotencia al saberla en peligro, por lo que fue indulgente permitiéndose sentir su calor debido también a los propios deseos frustrados de ella y su motivos para acompañar al Fumador. –…me comporté como un imbécil, tenía tanto miedo… yo…
–Shhh no tienes que explicarme, entiendo por lo que has pasado, yo misma lo he vivido cuando te embarcas en una misión riesgosa, pero tengo fe que regresaras a mí, siempre –. Mulder no pudo evitar estrecharla más y sentirse más miserable sabiendo que en cualquier día la tendría que dejar sola.
–De todos modos, no vuelvas a hacerlo, irte sin decirme nada –ella se separo para lanzarle una mirada con una ceja perfectamente arqueada cuestionando su comentario.
–¿Disculpa? –Mulder esbozo una sonrisa ante la mirada contundente de Scully y su pregunta.
–No podrás hacer que deje de preocuparme por ti, y no es porque seas la más hermosa pero letal muñeca de cristal, la cual nunca dejaré de proteger. –Mulder la tenía sostenida de su cintura ante el gesto de resignación de ella.
–Lo haré si tu también prometes hacer lo mismo –Mulder no tenía opción, más que mover la cabeza afirmativamente, mintiéndole. Sabía que estaba siendo un bastardo al hacerlo, pero recordaba las palabras de ella, varias semanas atrás en ese motel de Sacramento. Aunque ha encontrado en los expedientes; reportes vinculados a una extraña leyenda india que bien valdría la pena investigar, pero no quiere todavía ser optimista al respecto.
El momento íntimo se cerró con un abrazo con el cuál trataban de subsanar cualquier grieta que pudiera haber hecho mella en su relación, difícil pero su relación al fin y al cabo. Pero su demostración no podía durar toda la vida aunque quisieran. El teléfono sonó y ella se separo por completo añadiendo que regresaba en un momento, entendiendo que iba al sanitario a arreglarse la cara debido a que sus lágrimas habían dejado huella en su maquillaje.
–Mulder. –contestó
–Agente Mulder –expresaba un Skinner rebosante de alegría, –me gustaría que la Agente Scully y usted, pasaran un momento por aquí.
–¿Señor? –preguntó Mulder extrañado ante el inusual tono de su superior inmediato.
–Tengo magnificas noticias. ¿Recuerda la asesoría para mi amigo Wayne Federman, el guionista de Hollywood? –cómo olvidarlo a él y el caso del tazón de Lázaro –pues acabo de recibir invitaciones para la premier de la película con el guión que escribió casi año y medio, inspirado en el caso en el que los acompañó, y quiero hacerles entrega de sus invitaciones; es para dentro de un par semanas. Pasen por mi despacho en cuento llegué la Agente Scully –. Y sin más colgó dejando al Agente con ideas encontradas por la idea de ir a Hollywood a ver una película.
Sonrió para sí mismo con todo lo que estaba viviendo con Scully y su relación con altibajos; su enfermedad y tratar de curarse; sus creencias para muchos excéntrica y la naturaleza de su trabajo, era posible que se escribiera un buen guión para una película, al fin y al cabo ¿Qué tan malo podría ser?... A estas alturas no tenía nada que perder.
Gilberto González González
Sábado, 14 de diciembre de 2013
Minatitlán, Veracruz
