Disclaimer: Todos los personajes y lugares que aparecen en este fic pertenecen a su creadora, J . K. Rowling. Yo únicamente me divierto con su maravillosa creación.

Como recompensa por haber tardado tanto en colgar el anterior aquí les dejo otra viñeta.

Cualquier pregunta o sugerencia dejen un comentario y les responderé encantada.

¡Disfruten!


III. El Gryffindor

—Mis padres me han respondido a la carta que les envié la semana pasada —dijo Sirius una mañana en el gran comedor después de recibir el correo y un ejemplar del Profeta.

James a su lado dejó su correspondencia y se inclino hacía su amigos, observando la carta que Sirius tenía entre las manos.

—¡Vamos, ábrela! —le animó James.

Remus y Peter, sentado en frente de los dos chicos, miraban a Sirius sin comprender el porqué de tanto alboroto. Sirius pasó sus ojos por lo de Remus y abrió la carta. El papel resonó contra los dedos del chicos, cediendo ante la fuerza ejercida y dejando el contenido al margen del exterior. Sirius sacó la carta y la leyó en silencio. Los tres chicos le miraban con ganas de saber de que se trataba.

Sirius volvió a leer la carta una vez acabada y siguió sin gesticular palabra. Supo desde el primer momento a los que se enfrentaba. Supo que se enfrentaría a la cólera de sus padres desde que la palabra Gryffindor resonó en el Gran Comedor siendo él el portador del Sombrero Seleccionador. Lo supo cuando después de aquello miró a sus primas y vio sus expresiones, sentadas en la mesa de la casa a la que él mismo debió haber pertenecido. Y todas sus sospechas recibieron respuesta después de haber leído aquella carta.

Once años de edad y las ideas tan claras. Jamás seria como sus padres y jamás sería un heredero para la Noble y Ancestral Casa de los Black, al menos no uno decente visto desde los ojos de su familia.

—¿Qué pasa, Sirius? Te has quedado pálido —dijo James con media sonrisa dibujada en sus labios y sin entender la reacción de Sirius.

—Soy una vergüenza para mis padres…

—¿Dice eso la carta?

—No directamente, pero lo dice.

El niño de ojos grises tiró la carta encima de la mesa y dirigió su mirada al plato de desayuno que tenía delante, se le había ido el hambre.

—¿Pero que pasa? —preguntó Peter, que aun no había captado la idea principal del asunto.

—Que mi familia siempre ha pertenecido a Slytherin, Peter… Y yo, bueno —decía Sirius—. Yo soy el primer Gryffindor Black. Así que de alguna manera he roto la tradición ancestral que mi familia sigue con tanto ahínco.

—¿Y que más da? —dijo Remus. No podía imaginarse a Sirius en otro lugar que no fuera Gryffindor. Él era el claro ejemplo de lo que casa representaba, un emblema transformado en persona, encarnado en un cuerpo humano. Tanto James como él eran los más claros ejemplos de lo que la casa Gryffindor significa y representa.

—¿Has visto algún Slytherin sangre sucia? —le preguntó Sirius a Remus.

—Nacidos de Muggles o mestizos… —le corrigió James. No soportaba esa palabra y Sirius estaba bastante familiarizado con su utilización.

—Lo siento —se disculpó Sirius. Habían costumbres que costaría erradicar. Convivir con esas ideas te hace olvidar que hay un mundo fuera de las paredes de una casa que se dedica a vivir atascada en un pasado lleno de amargura y oscuridad.

—¿Has visto algún nacido de Muggle en Slytherin? Y si hay alguno son granes excepciones —continuó Sirius—. No hay. Y aquí en Gryffindor o en cualquier otra casa, sí los hay. Mis padres se niegan a aceptar la idea de que en el mundo no solo tenemos derecho a vivir magos con sangre puta.

—Una tremenda estupidez —afirmó James.

—Realmente lo es —confirmó Sirius. Miró a su amigo que le miraba con el ceño fruncido esperando una respuesta por su parte, una respuesta que había sido satisfactoria.

—Estoy orgulloso de estar donde estoy y de los amigos que tengo —dijo Sirius muy seguro de sus palabras. Y esa fue la primera vez que utilizó amigos para referirse a aquellos tres chicos que le miraban con satisfacción.

La primera de muchas.