Disclaimer: Todos los personajes y lugares que aparecen en este fic pertenecen a su creadora, J . K. Rowling. Yo únicamente me divierto con su maravillosa creación.
¡Hola! Me alegra estar por aquí de nuevo, ¿no tardo demasiado en actualizar, verdad? Y como hoy estoy de muy buen humor os dejo por aquí otra viñeta... Hoy es día de actualizar, así que actualizaré otro fic que he empezado sobre la tercera generación, si tienen curiosidad siéntanse libres de pasarse (se titula Libres).
¡Disfruten!
VI. Castigados
—Acéptalo, Remus… Estamos castigados y punto.
Remus suspiró con resignación mientras seguía caminando a través de la oscuridad. La linea de los arboles era infinita a sus ojos, la espesa niebla hacía que perdieran de vista sus propios pies. La oscuridad les había envuelto por completo desde que habían entrado en el Bosque Prohibido.
—Odio este maldito bosque —gruño Remus.
—¿Por qué? —Sirius caminaba detrás suyo. Sabía que Remus estaba enfado con él y no quería atravesar esa barrera de espacio personal que el chico creaba cuando algo le irritaba demasiado. En este caso, Sirius.
—¡Porqué si! Todo a sido por tu culpa…
—También fue idea de James.
—Pero James corre más rápido que nosotros dos y se ha salvado el culo —objetó Remus con un tono burlón—. Y el cabrón de Peter se ha quedado la capa y se ha librado también.
—¿Cómo has dicho?
Remus se giró y le miró sin intender.
—¿Has dicho ''el cabrón de Peter''? —preguntó Sirius.
—Sí —respondió seco—. ¿Qué pasa?
—Has dicho cabrón…
—Ya…
—¿Remus Lupin diciendo palabrotas?
Remus suspiró y continuó andando con una marcha más acelerada que la de Sirius.
—¡Oye, no te alejes! —Sirius pegó un salto y se colocó al lado de Remus—. No me dejes solo —Se cogió al brazo de Remus, rodeándolo con el suyo.
Remus sintió como todo su cuerpo sufría una instantánea reacción con aquel contacto. Con el simple tacto del brazo de Sirius contra el suyo, Remus había notado un ardiente cosquilleo por todo su cuerpo. Dejó pasar aquel revelador hecho y siguieron andando, ahora mucho más cerca el uno del otro.
—No te alejes, Remus… —dijo Sirius a notar que Remus se tensaba, intentado buscar un poco de distancia—. Por favor.
—¿Tienes miedo?
—No.
—¿Entonces?
—Tu no te alejes y ya está.
