"ROMANCES Y QUIMERAS"
Capítulo 3: El preludio de un nuevo romance
Lo que sé es que me gustas. Sí, me gustas,
como para que tu amor venga a quedarse,
a hacer huellas, a dibujar caminos;
a sembrarse en mi tierra y a florecer bajo mi piel.
Mind of Brando.
-¡De ningún modo! ¡Mi respuesta es no! -exclamó Ben Granger totalmente fuera de sí.
Un brillante caballero frunció el entrecejo y pasó saliva antes de volver a insistir.
-Señor Granger, debería reconsiderar mi propuesta.
-No tengo nada que reconsiderar.
-Mi hijo realmente desea casarse con su hija.
-Bajo ninguna circunstancia le daré su mano -dijo Ben Granger con un gesto lleno de indignación.
El interlocutor lo miró fijamente, no era de los hombres que se rendían fácilmente y estaba totalmente decidido a persuadir al aristócrata.
-Honestamente, no encuentro mejor pretendiente para su hija. Mi hijo posee un noble apellido y proviene de una familia ilustre. Como usted muy bien sabrá, por nuestras venas corre sangre real y no hay ni una sola mancha de deshonra en nuestro linaje. Y por si eso fuera poco, la fortuna que mi hijo va a heredar es equiparable a la riqueza de algunas provincias de Inglaterra.
Ben Granger no pudo disimular una mueca de fastidio. Tratándose de Hermione, su más preciado tesoro, ningún título, riqueza o posición social lo impresionaban.
-Quizás usted no haya tenido la oportunidad de tratar mucho a mi hijo y estoy seguro de que su negativa se debe principalmente a ese detalle, pero permítame decirle que como padre, ni un sólo minuto he dejado de velar por su educación y sus modales. Lo envíe a estudiar con los mejores maestros de Londres, he vigilado celosamente las amistades que frecuenta, y sé de primera fuente que nadie que no pertenezca a su misma alcurnía se cruza en su camino.
-No dudo de que su hijo sea un puñado de virtudes, pero yo no voy a obligar a mi hija a desposarse con alguien totalmente ajeno a sus sentimientos.
El caballero no pudo evitar soltar una sonora carcajada. Ben Granger sintió que hasta las aletas de su nariz se dilataban a causa del coraje que lo invadió al ver cómo aquel individuo pasaba por alto los deseos de Hermione.
-Buen hombre, estoy seguro de que mi hijo sabrá ganarse el afecto de tan distinguida dama. Es un buen mozo y velará por su bienestar.
-Mi respuesta sigue siendo no.
-¿Por qué no piensa mejor las cosas? -insistió el varón-. Estoy dispuesto a ofrecerle unos días para que medite la propuesta con calma. Piénselo sin agobios y descubrirá que mi hijo es el mejor candidato para la niña de sus ojos.
Ben Granger no lo contradijo para no discutir por más tiempo. Bartemius Crouch podía pedir la mano de su hija cuantas veces quisiera, él no cambiaría de parecer. Mientras tuviera vida, buscaría lo mejor para Hermione, y Barty Crouch distaba mucho de ser lo que él quería para ella.
Hermione vio partir el carruaje del señor Crouch a través de la ventana de su dormitorio... Estaba enojada porque su padre le había pedido entrevistarse a solas con Bartemius Crouch y ella no había podido bajar a expresar su negativa. Si no hubiera sido por Lady McGonagall, quien la vigiló celosamente durante la reunión, a esas horas el señor Crouch ya hubiera escuchado de sus propios labios que ella jamás se desposaría con su patético retoño.
La doncella bajó al salón de su casa. Si su padre se había atrevido a comprometerla con Barty Crouch, ella tomaría el siguiente barco a Francia.
-Padre, ¿se encuentra bien? -dijo Hermione al encontrar a su padre caminando de un lado a otro, intentando calmarse.
Él se giró para verla.
-¿Le traigo su medicina? -ofreció la chica haciendo a un lado su disgusto y mirándolo preocupada.
-¿Medicina? En estos momentos lo único que podría calmarme es un buen brandy.
Ella le lanzó una mirada de reproche, el señor Granger se preparó una copa de brandy y la bebió de un solo trago, haciendo caso omiso de los gestos de Hermione. Si su corazón había resistido semejante discusión con Bartemius Crouch, seguramente también podría resistir un trago.
-Padre, yo no hice nada para atraer a Barty Crouch -dijo Hermione con aire irritado-. Yo jamás le di motivo alguno para que él pensará que podría haber algo entre los dos... Sólo cruce un par de palabras con él mientras bailábamos, pero si acepté bailar con él fue porque no quería parecer descortés.
-Lo sé -dijo Ben Granger dedicándole una sonrisa comprensiva. Seguramente Bartemius Crouch no sería ni el primero ni el último hombre en la faz de la tierra en ir a pedir su mano. Hermione era muy bella y cualquier hombre podría quedar prendado de ella. Además, gracias a la posición social y económica que gozaban, ella se volvía mucho más atractiva, no solamente para los hombres de buenas intenciones, sino también para los ambiciosos.
-Gracias por decirle que no -dijo la muchacha aliviada porque el peligro inmediato había pasado. En cuanto estuviera en su habitación, escribiría a Viktor para pedirle que apresurara su viaje, pues temía que los Crouch insistieran, o que algún otro hidalgo que fuera del agrado de su padre llegará a presentarse.
Ben besó la frente de Hermione con cariño. Los médicos podían decir que sus días estaban contados, pero él no pondría un pie en la tumba hasta no ver a Hermione casada con un hombre digno de ella.
Harry volvió a su casa después de su día de pesca, había tenido muy buena mano y había llenado más de una cubeta de peces para la comida del día siguiente. Abrió la reja de su casa y justo cuando iba a entrar, escuchó el ruido de un carruaje acercándose. El hombre se giró y descubrió a una mujer de cabellos rubios y mirada desdeñosa, conduciendo la calesa.
-Buenas tardes, Harry –dijo la mujer, deteniéndose.
Él se limitó a inclinar la cabeza, Rita Skeeter no era ninguna visita grata, y desde el día que había escuchado de su boca la fuga de Ginny con Draco Malfoy la estimaba menos que nunca.
-Si busca a mis padres, lamento informarle que no están en casa, fueron a cenar con la familia de Remus Lupin –se apresuró a decir Harry antes de que Rita descendiera del carruaje
-Oh, es una lástima. Me apena tanto no poder compartirles la noticia tan importante que traigo entre manos.
Hary se limitó a fingir una mueca de pesar. Quería que esa ave de mal agüero se fuera lo antes posible para poder asearse y sentarse a cenar.
-¿Tú podrías contarles lo que voy a decirte?
Él la miró con cara de pocos amigos, pero eso no hizo callar a Rita Skeeter:
-¡Hermione Jane Granger va a casarse dentro de muy poco tiempo!
Harry sintió como si Rita Skeeter le hubiera enterrado una espada en el corazón. ¿Hermione casada? ¿Con quién?
-¿Qué es lo que ha dicho? –preguntó Harry con la boca seca.
-Que Ben Granger va a casar a su única hija con Barty Crouch.
-¿Barty Crouch? –exclamó Harry totalmente fuera de sí.
-¿Acaso no me has oído? –replicó Rita con impaciencia-. Anoche Bartemius Crouch fue a casa de Ben Granger para pedir la mano de Hermione para su hijo.
Harry apretó los puños con coraje al grado de hacerse daño. De sólo imaginar a la inocente doncella en el lecho de ese infeliz, le hervía la sangre.
-¿Y qué hay de Hermione Granger? ¿Está prendada de ese cretino? –preguntó Harry con rudeza.
-No creo que pueda encontrar mejor pretendiente.
-¿Y Ben Granger aceptó emparentar con esa familia? –gritó Harry.
-No veo por qué no habría de hacerlo –dijo Rita, sacando gustosa toda la información que poseía-. Bartemius Crouch da por hecho ese matrimonio y no deja de congratularse por el mismo… Aunque hay algo que no encaja bien, pues una sirvienta de la casa de los Granger, me ha confiado que el viejo Ben se negó rotundamente a ese enlace.
Esas palabras no hicieron que el pulso de Harry volviera a su ritmo normal.
-Estoy segura de que dentro de muy poco tiempo escucharemos campanas de boda –dijo Rita con su mejor sonrisa-. ¿Puedes creerlo? Será una hermosa boda otoñal.
Harry la fulminó con la mirada.
-Señora Skeeter, me parece de muy mal gusto que usted ande proclamando información que no le concierne. Si Hermione Granger está comprometida con Barty Crouch, no es asunto suyo.
Ella abrió los ojos como platos y sus mejillas se pusieron rojas. Harry le dedicó un gesto insolente, dando por terminada aquella conversación.
-Saluda a tus padres de mi parte –dijo Rita, tomando las riendas del carruaje, dispuesta a marcharse. Harry la miró partir sin esforzarse en ocultar la antipatía que le inspiraba.
Cuando el carruaje se perdió de vista, el aristócrata golpeó la cerca y todo lo que encontró en su camino… Hermione no podía casarse con Barty Crouch. Ella no podía compartir su vida con semejante escoria. Ella no podía ser desposada sin saber que él, Harry James Potter, se sentía totalmente atraído por su belleza e inteligencia. Sin saberlo, Hermione había borrado la imagen de Ginny de su corazón y había plantado la semilla de algo nuevo… Algo tan intenso y tan maravilloso que ni siquiera se atrevía a darle nombre a ese sentimiento.
Hermione tomó su sombrilla, cruzó el jardín de su casa y salió a caminar por los alrededores. Iba totalmente sola, pues gracias a que el médico aún no autorizaba que Lady McGonagall suspendiera el reposo después del accidente, ella podía darse el lujo de salir a caminar sin ninguna supervisión. Además, los terrenos de su padre estaban un poco aislados del resto del condado, y ella podía salir a caminar sin la necesidad de una dama de compañía, pues era raro que algún carruaje pasará por ahí.
No había caminado ni un tercio de milla, cuando Hermione escuchó las herraduras de un caballo acercarse por la espalda. La chica se giró para mirar al jinete y descubrió con cierto sobresalto a Harry Potter, cabalgando a una distancia muy corta.
-Buen día, Hermione –saludó Harry, bajándose del caballo para poder dirigirse a ella.
Hermione sonrió afable, totalmente sorprendida por la presencia del apuesto caballero. Él se inclinó y besó su mano.
-Harry, ¿se puede saber qué haces aquí? –preguntó Hermione, descubriendo que no había ningún otro varón o dama acompañándolos.
Él curvó los labios. No iba a confesarle que su deslumbrante sonrisa le había robado el sueño y que él llevaba tres días rondando su casa, esperando tener alguna noticia suya. Tampoco iba a decirle que ningún asunto de negocios fue pretexto suficiente para presentarse delante de Ben Granger y preguntarle directamente por el matrimonio de su hija. Y mucho menos iba a decirle lo feliz que le hacía volver a verla y compartir ese encuentro a solas con ella, un premio a su perseverancia por todos los días en que se había convertido en centinela.
-Sólo daba un paseo por el condado –contestó Harry de la forma más natural que le fue posible.
En el rostro de Hermione se dibujó una sonrisa que duro un par de segundos, aquel encuentro casual la inquietaba y la entusiasmaba al mismo tiempo.
-¿A dónde vas? -preguntó Harry.
-Salí a caminar, necesitaba un poco de aire fresco.
-¿Te importa si camino a tu lado? -preguntó Harry, atando las riendas de su caballo al primer árbol que vio.
Hermione aceptó su compañía con un simple movimiento de cabeza. No había nada que temer. Él era un caballero y su reputación estaba a salvo puesto que nadie sabía que estaban juntos.
-¿Cómo está tu padre? –preguntó Harry, no sólo para buscar algún tema de conversación, sino porque realmente estaba preocupado por la salud del patriarca.
-Me temo que no lo sé con corteza –dijo Hermione con una mirada de preocupación en el rostro-. A veces lo veo fuerte y sano, pero hay días en que lo encuentro pálido y cansado. No puedo evitar preocuparme por él, tose con frecuencia y aunque no me lo diga, sé que tiene un dolor en el pecho, a la altura del corazón.
Harry le dedicó una mirada comprensiva y ella se preguntó por qué le estaba contando esas cosas a alguien a quien apenas hace unas semanas era un completo extraño.
-Hay un buen médico en el condado vecino, quizás debería consultarlo –sugirió el atractivo varón, realmente deseando hacer algo por el viejo Ben.
-Últimamente mi padre se muestra renuente a ser atendido por cualquier médico e insiste en tomar un medicamento que ha mandado pedir directamente de Suiza.
Él la miró con desasosiego, era increíble que ella no supiera nada de la enfermedad de su padre, pero él no era la persona indicada para decírselo.
-Tienes que ser una buena hija y cuidar de él –atinó a decir Harry sin saber cómo ayudarla.
Ella asintió con una sonrisa y Harry se preguntó cómo le hacía esa niña para gustarle tanto… Y pensar que pronto se casaría con Barty Crouch… De sólo recordarlo, Harry sentía que llevaba una pesada carga sobre su espalda que le impedía respirar como era debido.
-Aunque estés casada nunca abandones a tu padre –agregó Harry con una nota de amargura.
-¿Casada? –preguntó Hermione frunciendo el entrecejo, y por su mente pasó la imagen de Viktor. Se preguntó si Harry conocía su secreto, pero aquello era teóricamente imposible, porque sólo Luna Longbotton y Fleur Delacour lo sabían.
-Me refiero a tu compromiso con Barty Crouch –soltó Harry, mirándola fijamente.
Hermione quiso soltarse a reír y Harry al verla curvar los labios, quiso golpear a Crouch. ¿Cómo podía Hermione sonreír ante su próxima boda cuando él se estaba muriendo de algo muy parecido a los celos?
-Yo no voy a casarme con Barty Crouch –dijo Hermione aun conteniendo el deseo de reírse.
-¿No? –exclamó el aristócrata creyendo haber escuchado mal.
-No –dijo Hermione ya sin poder ocultar la risa-. Yo jamás podría casarme con un hombre tan antipático y egocéntrico como él.
-Pero… ¿y si tu padre te obliga?
-Si mi padre se hubiera atrevido a comprometerme con Barty Crouch a estas horas yo ya estaría muy lejos de su merced, pero afortunadamente, mi padre se negó rotundamente a ese enlace.
Una enorme sonrisa se extendió por el apuesto rostro de Harry, increíblemente el mundo volvía a ser un lugar hermoso.
-Me pregunto cómo te has enterado de ese desagradable suceso –dijo Hermione clavando sus ojos en él.
-Por una mujer que lo único que hace es entrometerse en las vidas ajenas –dijo Harry, lamentando haber prestado oídos a Rita.
-¿De quién se trata?
-Su nombre es Rita Skeeter y se dedica a divulgar noticias por todo el condado y sus alrededores, pero descuida, tu reputación está a salvo de su infame mentira. Casi nadie se detiene a escucharla y los que lo hacen, dudan de todo aquello que les dice.
-¿Por qué le creíste entonces?
-Porque la noticia me impactó y me robó la paz –soltó Harry, mirándola a los ojos. Tenía dos opciones: ser sincero y hablarle de sus sentimientos, o cruzarse de brazos y esperar que alguien más llegará para casarse con ella.
Hermione no pudo evitar un fino rubor en sus mejillas y de repente, sintió que no debía seguir adelante con aquella conversación.
-¿Sabes una cosa? –dijo el caballero acercándose a ella peligrosamente.
Hermione dio un paso atrás, tratando de escapar de la proximidad del aristócrata, pero estaba atrapada entre él y sus intensos ojos verdes, y el tronco robusto de un árbol.
-Cuando te vi por primera vez, pensé que eras una niña consentida y malcriada, muy bonita por cierto, pero con una cabeza tan hueca que el aire podía entrar y salir libremente -confesó Harry.
Ella lo miró indignada y dispuesta a defenderse. Aquellas palabras no eran ningún cumplido. Harry se acercó aún más y siguió hablando con voz serena:
-Sólo fue necesario un minuto bailando contigo, para darme cuenta de lo increíblemente lista y culta que eres. ¡Estoy asombrado! Eres la chica más inteligente y perspicaz que conozco.
-Eso solamente quiere decir que no debes dejarte llevar por la primera impresión -dijo Hermione, tratando de mantenerse ajena a su discurso.
-Eres dulce y obstinada… Y absolutamente hermosa.
Ella parpadeó sin dar crédito a sus palabras e inexplicablemente su corazón comenzó a latir a una velocidad desconocida.
-Hermione Jane Granger, me estoy enamorando de ti como un verdadero loco –dijo Harry, rompiendo por completo la distancia que los separaba.
"Estoy pérdida" -pensó Hermione. Él se acercó a su rostro cauteloso y puso sus manos sobre su cintura, atrayéndola hacia él. Ella trató de escapar de su abrazo, pero él la retuvo y acercó sus labios a los de ella, besándola por primera vez.
Harry sintió como si el tiempo se detuviera en ese instante, apretó sus labios en una tierna caricia sobre la boca de Hermione y disfrutó de su sabor dulce, aspiró el fresco aroma de su piel y se dejó seducir por la inocencia de su compañera. Aquella sensación era tan única y tan placentera que de alguna manera, Harry supo que no podría vivir sin ella nunca más.
Hermione se quedó inmóvil, sintiendo los labios de Harry posarse sobre los suyos en un toque apasionado y suave. Su fuerza de voluntad se redujo a nada al sentir la ternura desplegada en el beso, al grado que en el momento menos esperado, se sorprendió a si misma disfrutando del encuentro con un instinto que desconocía poseer. Todo era tan diferente a lo que había leído que no había palabras para describir ese momento. Su imaginación se había quedado corta al imaginar su primer beso con Viktor Kurm…
Hermione se separó inmediatamente en cuanto el recuerdo de Viktor vino a su mente. ¡Por todos los cielos! ¿Qué pensaría Viktor, su futuro esposo?
-¿Cómo te has atrevido? -exclamó Hermione, apartándolo y tapando su boca con una mano temblorosa.
-Hermione, yo...
-No eres ningún caballero, Harry Potter -exclamó la chica con el rubor cubriéndole la cara.
-Nunca dije que lo fuera, pero no me preocupo por eso. Es obvio que los caballeros no te atraen.
Ella clavó sus ojos en él con los puños apretados. Su pecho ascendía y descendía más rápido de lo normal.
-¡Eres un bárbaro! Jamás debiste besarme.
-¿Por qué? ¿Temes reconocer que te gustó?
-¡Y encima eres un arrogante!
-Hermione, yo simplemente quería saber que se sentía un beso tuyo antes de hablar con tu padre para que me permita hacerte la corte.
-¿Hacerme la corte? –exclamó la castaña palideciendo-. No deseo que hables con mi padre con semejantes intenciones.
-Es que no es correcto que te vea a escondidas -dijo Harry con gesto pícaro.
-¿Y quién dijo que quiero verte?
-Esa es la única conclusión a la que puedo llegar después de nuestro increíble beso.
-¡Déjame tranquila! -dijo Hermione apartándose y dando por terminado aquel encuentro-. ¡No deseo tenerte cerca de mí!
-¡Vaya temperamento que escondes! –dijo Harry sorprendido.
Hermione se fue sosteniendo su falda con los puños para poder caminar más rápidamente, sólo así podía alejarse cuando antes de aquel soberbio, engreído y vanidoso pretendiente.
-¿No te despides con un beso? -exclamó Harry riendo.
-¡No seas grosero!
-Yo no soy el que se va sin despedirse.
Harry la dejo marchar para que se calmara. La casa de los Granger estaba muy cerca y ella no corría ningún peligro volviendo sola. Caso contrario a lo que sucedería si él la escoltaba hasta la puerta y alguien los descubría, en esa situación la reputación de ambos terminaría por los suelos... Y aquello era lo último que él podía desear para la que sería su futura esposa.
Hermione hubiera deseado nunca más volver a encontrarse con Harry Potter, pero la suerte no estuvo de su lado, y una tarde su padre le anunció que había invitado a cenar a la familia Potter y a Sirius Black, para agradecerles de algún modo, toda la ayuda que le habían brindado con aquel fatídico accidente del carruaje.
Hermione abrió la boca para protestar, quiso decirle a su padre que estaba cometiendo un grave error y que Harry Potter no era el caballero que él pensaba, pero Lady McGonagall la reprendió, aquellos no eran los modales dignos de una señorita.
La chica irritada abandonó el salón y se encerró a tocar el piano, buscando en la música un refugio. Viktor Krum tenía días sin escribirle y ella no estaba segura de que él hubiese recibido sus últimas cartas.
¿Qué pasaría si Viktor se demoraba más tiempo en llegar a Inglaterra? ¿Qué sucedería si Harry Potter cumplía su amenaza y hablaba con su padre para pedirle permiso de cortejarla? ¿Qué tal si su padre lo aceptaba de buen agrado?
Dos días después, Hermione se vio a si misma envuelta en uno de sus mejores vestidos, esperando la llegada de sus invitados de honor.
Con puntualidad inglesa, los miembros de la familia Potter y Sirius Black cruzaron la puerta principal, siendo recibidos por el orgulloso anfitrión y su hija.
Al saludarse por cortesía, los ojos de Harry se clavaron fijamente en las pupilas de la chica, provocando en ella un sonrojo. Divertido, Harry la besó en la mano, de una forma tan rápida que desconcertó a la airosa Hermione. Aquel breve contacto no era nada comparado con la intensidad de su primer beso.
El saludo que James y Lily le dirigieron a la muchacha estuvo cargado de emoción y fraternidad, y por algún motivo que Hermione no alcanzaba a entender, ambos progenitores se mostraron sumamente atentos y complacidos con ella durante toda la velada.
Todos pasaron a la mesa del comedor, y Harry nuevamente dio muestras de interés en Hermione, mirándola un poco más de lo debido y muchísimo más de lo permitido, haciendo que Hermione experimentará una extraña mezcla de gloria e infierno con cada encuentro de miradas.
Para sorpresa de Hermione, su padre se mostró muy atento con Harry, y en más de una ocasión, Hermione hubiera jurado que propició uno que otro intercambio de palabras entre ella y el ojiverde.
Sirius resultó ser el alma de la noche y no se guardó ninguno de sus mejores chistes. Lily demostró tocar el arpa con una maestría asombrosa y James hizo gala de sus conocimientos al hablar de varios libros que no tardaron en despertar la curiosidad de Hermione.
Cuando Hermione pensó que todo había terminado y se despidió del matrimonio Potter, Harry se inclinó para despedirse de ella. Tomó su mano y le pasó un pergamino doblado antes de darle el acostumbrado beso.
-Buenas noches, Hermione –dijo Harry, retirándose.
Ella se quedó parada tratando de esconder aquella nota de los ojos de Lady McGonagall y preguntándose qué había escrito Harry en ella. En cuanto le fue posible, se despidió de su padre y de su institutriz, y subió a su recámara deseosa de leer el pergamino que ocultaba entre sus ropas.
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Querida Hermione:
Sé que te ofendí y te ofrezco mis disculpas, pero no me pidas que me arrepienta de lo que hice…
Me siento feliz con el recuerdo de tus labios sobre los míos.
Harry J. Potter
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Hermione se negó a reconocer que sonreía cada vez que pensaba en aquel beso. A pesar de que en su mente trataba de ver aquel encuentro como una situación horrible, su recuerdo estaba mucho muy lejos de parecer tal cosa.
Una semana después, Lady McGonagall llegó diciendo que había una nota para Hermione. Ella sonrió pensando que la tan esperada carta de Viktor finalmente había llegado, pero para sorpresa suya, se trataba de una invitación de parte de la familia Potter para ir a su casa, ella y su padre.
El señor Granger se mostró muy complacido, y esa noche, aquel noble y su hija fueron a cenar a casa de los Potter.
Harry hizo gala de ser un caballero y se desplegó en atenciones con Hermione; sabiendo de su afán por la pintura le mostró los cuadros que adornaban las paredes del salón y le contó la historia de cómo habían adquirido algunas obras de arte.
Ben Granger, James y Lily estaban en el otro extremo del salón platicando alegremente.
¿Hasta cuándo vamos a seguir así? –murmuró Harry, mirando a Hermione a los ojos.
-¿Qué es lo que quieres, Harry? –preguntó Hermione con avidez.
-Que me permitas hablar con tu padre. Estoy enamorado de ti y quiero hacerte la corte –murmuró Harry con voz galante, aunque aquel lugar no era precisamente el sitio más romántico, era la mejor oportunidad que tenía para platicar relativamente a solas con ella.
La doncella entornó los parpados, sintiéndose halagada con su propuesta, y no pudo evitar que sus mejillas adquirieran un encantador color carmín. Si no hubieran estado en medio del salón a la vista de sus padres, Harry la hubiera besado.
-Hermione, si me das una oportunidad, yo te aseguro que…
-No puedes asegurar nada respecto a mí –dijo Hermione evocando a Viktor-. No quieras pretender que me conoces.
-Quizás comienzo a conocerte mucho más de lo que te gustaría, así que te suplico que me hables con la verdad y me digas por qué no quieres que hable con tu padre.
Hermione vio los ojos de Harry clavados en ella, buscando una respuesta, y lo menos que podía hacer ante esa mirada sincera, era ser honesta con él y hablarle de Viktor Krum.
-Harry, mi padre no lo sabe, pero yo estoy enamorada de un hombre al que conocí en París y con quien pienso casarme –susurró Hermione en voz muy baja para que solamente él pudiera escucharla.
Al principio Harry frunció el entrecejo, pero enseguida soltó una sonora carcajada.
-¿Tienes novio?
-Sí.
-Hermione, puedo entender que no me conozcas y que por ese motivo no quieras tenerme cerca de ti, pero no es necesario que inventes un pretendiente con tal de alejarme. Créeme que ya tengo suficiente con un rival como Barty Crouch.
-No estoy inventando –replicó Hermione con aire indignado.
Harry volvió a reír con ganas. Lily, James y Ben suspendieron su plática y voltearon a ver qué estaba pasando con ambos jóvenes.
-¿Ocurre algo? –preguntó James.
-Todo en orden -dijo Harry aún con una sonrisa tonta en los labios.
El ama de llaves salió para anunciar que la cena estaba lista. Harry le ofreció su brazo a Hermione y la escoltó al comedor, ningún pretendiente iba a hacerlo renunciar a ella.
-Mañana iré a tu casa a visitarte y espero que para ese entonces, te hayas dado la oportunidad de pensar en lo que hablamos.
-No tengo nada que pensar.
-Iré de cualquier forma –murmuró Harry antes de abrir una silla del comedor para invitarla a tomar asiento.
Hermione quería brincar de alegría, finalmente la esperaba carta de Viktor había llegado esa mañana bajo una lluvia fresca.
La hermosa sonrisa en su rostro se fue borrando con cada palabra que estaba escrita en esa carta. Viktor le anunciaba que tenía problemas con los negocios de su familia y que no tenía más remedio que partir a su país natal para tratar de salvar a su familia de la bancarrota. Le suplicaba que lo esperara y le juraba que la amaba, pero eran las circunstancias adversas las que lo llevaban a posponer su viaje a Inglaterra.
La castaña sintió las lágrimas correr por sus mejillas, no había contado con esas palabras. Ella soñaba con reencontrarse con Viktor. Temía que Harry Potter, Barty Crouch o cualquier otro candidato pudiera presentarse en su casa el día menos pensado y pedir su mano.
Ella quería seguir fiel a la promesa que le había hecho a Viktor de esperarlo para casarse con él, pero las cosas no eran nada fáciles teniendo un pretendiente tan varonil y galante como Harry. Ese hombre le hacía sentir una corriente de energía con tan solo una mirada proveniente de sus brillantes ojos esmeraldas. Los labios de Hermione se dilataron al recordar el sabor de su beso. ¿Cómo iba a mantenerse fiel a Viktor estando él tan lejos y Harry tan cerca?
-Buenas tardes, Lady McGonagall –saludó Harry a la institutriz de Hermione.
-Buen día, señor Potter.
-Me gustaría ver a la señorita Granger –dijo Harry, fiel a su palabra de visitar a Hermione como lo había prometido la noche anterior.
-Señor Potter, me temo que hoy no podrá verla.
-¿Por qué? –preguntó el aristócrata borrando la sonrisa de su rostro.
-La señorita está indispuesta. No puede recibirlo –dijo McGonagall, y no mentía. No la estaba encubriendo, pues realmente había visto a Hermione llorar sin motivo alguno a lo largo de toda la mañana, y cuando ella se acercó a preguntarle qué estaba pasando, Hermione simplemente le había contestado que se sentía enferma como si hubiera pescado un resfriado.
-¿Qué ha pasado? –preguntó Harry sin poder evitar preocuparse por ella.
-Está un poco resfriada, eso es todo.
Harry asintió. Por su mente pasó la idea de que Hermione se estaba negando a recibirlo, y su corazón se negó a aceptar que ella no quería saber nada de él, y que por esa razón, le había pedido a Lady McGonagall que le dijera que no podría recibirlo.
-¿Cuándo podré verla? -insistió el ojiverde de cualquier forma.
-En un par de días.
-Por favor, hágale llegar mis saludos y dígale que deseo que se recupere pronto –dijo Harry antes de salir por la puerta, desilusionado porque no había podido siquiera cruzar unas palabras con ella.
-Así lo haré –dijo McGonagall, dibujando una sonrisa.
Harry se quedó de pie afuera de la casa de los Granger, deseando que por lo menos la silueta de Hermione apareciera por cualquiera de las ventanas.
La casa era grande, pero había dos ventanas que llamaban la atención porque eran más sofisticadas y elegantes que las otras, seguramente una de esas ventanas pertenecía a la habitación de Ben Granger, pero sin duda alguna, la otra ventana era la de Hermione.
Harry volvió a observar con detenimiento, quizás la ventana de Hermione era la del balcón que tenía las cortinas claras. Estaba ubicada en la tercera planta y no se veía tan difícil trepar a través del muro.
Con gesto decidido, Harry burló los guardias de la enorme casa y subió a través de la pared para ver a Hermione. Si los guardias lo mataban de un plomazo al descubrirlo cual mono colgado del muro, su muerte bien habría valido la pena.
Hermione escuchó un ruido en su ventana y levantó la vista de su libro para ver qué estaba pasando. Casi se muere de la impresión al ver a Harry, abriendo la ventana y entrando a través del hueco para saludarla.
-Dichosos los ojos que te ven, Hermione –murmuró el aristócrata.
-¿Puedes explicarme qué estás haciendo aquí? –preguntó la dama, totalmente impresionada por su hazaña.
-Sólo quería verte
-Si mi padre te encuentra aquí, va a matarte a punta de espada.
-Estaba muy preocupado por ti –dijo Harry acercándose a ella-. Dime qué te ha pasado.
-Vete, no es el lugar ni el momento.
-¿Por qué no?
-Estás en mi habitación, no puedes estar aquí. No es correcto… Si no te vas, grito.
-Hazlo y nos casaran mañana.
-¿Siempre impones tu voluntad? –preguntó Hermione, mirándolo a los ojos.
Él se quedo sin palabras al advertir que ella tenía los ojos húmedos.
-¿Por qué has estado llorando? –exclamó Harry agobiado-. ¿Por qué esa mirada tan triste?
-No es asunto tuyo, Harry.
Él la miró desconcertado.
-Puedes confiar en mí.
Hermione negó con la cabeza, él ni siquiera le había creído cuando le habló de Viktor.
-Ven aquí –dijo Harry, tomándola de la mano e invitándola a sentarse junto a él en el sillón de lectura.
Ella lo siguió y cuando estuvo lo suficientemente cerca del caballero, Harry la recibió en un cálido abrazo, dejándola apoyar la cabeza sobre su hombro, mientras sus manos rodeaban su estrecha cintura.
-¿Por qué estás silenciosa? –murmuró Harry más que cariñoso, haciendo que ella lo mirara a los ojos.
En vez de contestar, Hermione recordó un poema de William Wordsworth cuyas palabras del título eran las mismas que Harry acababa de mencionar. Él la miró con una sonrisa, tenía el mismo pensamiento.
-"¿Por qué estás silenciosa?" –repitió Harry con voz solemne, recitándole algunas líneas del poema
"¿Es una planta tu amor, tan deleznable y pequeñita,
que el aire de la ausencia lo marchita?"
Hermione no pudo evitar esbozar una sonrisa, Harry siguió hablando:
"Mendigo soy que amores solicita...
…Piensa y medita que sin tu amor mi vida se quebranta.
¡Háblame! no hay tormento cual la duda:
Si mi amoroso pecho te ha perdido
¿su desolada imagen no te mueve?"
-¿Por qué eres tan bueno? –preguntó Hermione.
-Porque te quiero, preciosa –murmuró Harry.
Hermione sonrió, Harry se inclinó y la besó en los labios. Era tan tierna y tan dulce, que solamente quería sentirla junto a él, así en sus brazos, disfrutando del exquisito sabor de sus labios.
Ella lo apartó cuando sintió que le faltaba el aire para respirar, por primera vez reconoció para sí, cuánto había deseado volver a sentir un beso de Harry. Deliberadamente rodeó su cuello con sus manos y él volvió a besarla, sintiéndose feliz porque por primera vez no lo rechazaba.
-¿Harry?
-¿Sí?
-Gracias por venir a verme, me siento mucho mejor.
Él le dedicó una de sus raras sonrisas. El peligro y las cosas que se brincaban las rígidas normas sociales eran lo suyo.
-Vete ya –pidió Hermione-. No quiero que Lady McGonagall te encuentre aquí.
-¿Puedo visitarte mañana? –preguntó el aristócrata.
-Sí
-¿La visita será en el jardín bajo la supervisión de tu institutriz, o puede ser aquí?
Ella lo miró sorprendida por su arrebato, él le devolvió una risa traviesa. Le gustaban mucho más las citas en aquella habitación.
-En el jardín –dijo Hermione-, no quiero que mi padre te mate.
Él se inclinó para despedirse y besar su mano, pero al tenerla tan cerca de sí, la atrajo y la besó en los labios nuevamente. Hermione sonrió contrariada y Harry le dirigió una mirada pícara antes de salir por el hueco de la ventana.
-¿Sabes? Si ese novio tuyo de París realmente existiera, me moriría de celos.
Hermione tuvo que morderse los labios para no insistir con la verdad. No quería ver a Harry soltarse de los muros y caer al vacío de la pura impresión.
Tres semanas habían pasado desde que Hermione recibió aquella carta de Viktor Krum y era la fecha en que no había vuelto a tener noticias suyas, sin contar que la carta había llegado con muchos días de retraso.
Hermione intentaba justificar la falta de noticias pensando en las distancias, el correo perdedizo, la falta de complicidad de Fleur y el viaje tan largo de Viktor, pero no por eso dejaba de sentirse inquieta, sin lugar a dudas, algo estaba pasando.
Una tarde, un extraño caballero llegó al condado, era un hombre proveniente del país natal de Viktor, tenía el mismo acento extraño que él y las facciones propias de los habitantes de aquel lugar. Su nombre era Igor Karkarov, y Hermione tuvo la oportunidad de conocerlo en casa de Luna y Neville, una tarde en que fue invitada a tomar el té por su mejor amiga. A veces Luna tenía ideas extravagantes y también algunos amigos poco convencionales.
-Igor Karkarov acaba de llegar de su patria –dijo Luna a Hermione discretamente para que Lady McGonagall no las escuchara-, quizás él sepa algo de Viktor.
Hermione observó al extraño hombre cuya sonrisa no llegaba hasta sus ojos, que eran azules, pero fríos e inexpresivos. No le inspiraba ni pizca de confianza.
-Señor Karkarov –dijo Luna, dispuesta a ayudar a Hermione-. Cuéntenos un poco de la gente de su país, mi esposo y yo tenemos algunas amistades allí, y desafortunadamente no hemos tenido noticias de ellos en últimos años.
Neville le dirigió una mirada inquisitiva a Luna, no conocían a nadie en aquella región.
-Dígame los nombres de sus amistades y si conozco el paradero de alguno de ellos con gusto puedo compartirle lo que sé.
Luna bebió de su té y sonrió alegremente.
- Bistra Svetoslav –inventó Luna-, Donake Zornitza y Viktor Krum
-Me temo que no conozco a las primeras dos –dijo Igor-. Nunca he escuchado esos nombres.
-¿Y qué tal Viktor Krum? -exclamó Luna emocionada-. ¿Lo conoce? ¿Sabe algo de él?
Karkarov asintió.
-Me encontré a Viktor hace unos días en casa de la familia Midgen. Tengo muy buenas nuevas respecto a él. Resulta que el caballero se encuentra haciéndole la corte a la señorita Eloise Midgen. Sus padres han sellado el compromiso y la boda tendrá lugar en los próximos meses.
Hermione sintió un pinchazo en el pecho y tuvo que entonar los párpados para no soltar una lágrima.
-¿Casarse? -exclamó Hermione sin poder disimular su desconcierto.
-Así es, señorita.
-Pero… ¿cómo? –preguntó Luna-. Tengo entendido que la familia Krum se encuentra al borde de la ruina.
Igor Karkarov soltó una risa que era toda una mofa.
-¿En la ruina? Me temo que le han informado mal. Mi estimada señora Longbotton, la familia Krum sigue siendo tan noble y tan ilustre como siempre.
-¿No están en bancarrota? -preguntó Hermione.
-No, afortunadamente no, porque de lo contrario, él no podría aspirar a casarse con una dama tan distinguida como Eloise Midgen.
Hermione rodó los ojos, quería irse de allí cuanto antes. Igor Karkarov la miró preguntándose si había dicho o hecho algo incorrecto.
- Y dígame señor Karkarov, ¿conoce a Krasimir Andonov? -preguntó Neville para distraerlo y evitar suspicacias respecto a Hermione.
-Ustedes realmente me hacen preguntarme si conozco a mis compatriotas, pero mucho me temo que he pasado bastante tiempo lejos de mi país –dijo Igor soltando una risa-. Ya no reconozco a nadie.
Hermione abandonó la casa de Luna y Neville con la moral por los suelos. McGonagall le dedicó una mirada entre severa y comprensiva al grado que Hermione no tuvo dudas de que comenzaba a sospechar algo. En su subconsciente, Hermione quiso creer que todo se trataba de una pesadilla porque su corazón se negaba a creer en las palabras de Igor Karkarov.
Viktor no podía ser capaz de jugar así con sus sentimientos. Viktor no era la clase de hombre que ofrecía matrimonio para después hacerle la corte a alguien más... ¿Y entonces? ¿Dónde estaba él si su familia estaba libre de problemas económicos? ¿Dónde estaban sus cartas? ¿Dónde estaba el hombre que había asegurado estar enamorado de ella?
Hola,
Gracias por leer.
Espero que este nuevo capítulo les haya gustado. Tengo que admitir que lo pensé mucho para agregar o no algunas líneas del poema de William Wordsworth... Al final decidí incluirlas porque no puedo imaginar una historia de época sin el romanticismo de los poemas, espero que no les haya parecido cursi o fuera de lugar. Les dejo aquí el poema completo
¿Por qué estás silenciosa?
¿Por qué estás silenciosa? ¿Es una planta
tu amor, tan deleznable y pequeñita,
que el aire de la ausencia lo marchita?
Oye gemir la voz en mi garganta:
Yo te he servido como a regia Infanta.
Mendigo soy que amores solicita...
¡Oh limosna de amor! Piensa y medita
que sin tu amor mi vida se quebranta.
¡Háblame! no hay tormento cual la duda:
Si mi amoroso pecho te ha perdido
¿su desolada imagen no te mueve?
¡No permanezcas a mis ruegos muda!
que estoy más desolado que, en su nido,
el ave a la que cubre blanca nieve.
William Wordsworth
Les agradezco mucho su apoyo con el fanfic, mil gracias por todos sus reviews, y también por agregar la historia a su lista de favorites y follows.
Por favor, no se olviden de dejar reviews, la indiferencia duele y desanima. Es total y absolutamente frustrante ver que entran cientos de personas a leer la historia, y menos de una décima parte se detiene a dejar un comentario. El fanfic está escrito para ustedes. ¿Qué les cuesta regalar una opinión? Les juro que el botón de "reviews" no muerde.
