DISCLAIMER: Rowling es la dueña, ama y señora de todo lo conocido aquí. Literalmente hablando.
Aviso: Este fic participa en la «Dramione Week 2016» del foro «El mapa del mortífago»
Prompt: Thestral
Capítulo II.
El adiós
—Mi señor, si me lo permite me gustaría sugerir algo —Bellatrix inclinó la cabeza en una profunda reverencia, mientras Voldemort le dirigió una mirada escrutadora.
—Te escucho, mi querida Bella —le contestó y la bruja levantó un poco la cabeza con cuidado de no quedarse viéndolo fijamente. Temía que lo tomara como una falta de respeto.
—Creo que conozco la forma de debilitar a Potter.
Voldemort se introdujo en su cabeza y luego de conocer todos los detalles de su idea, se dirigió a ella, hablando muy cerca de su oído.
—Un plan ambicioso pero muy astuto.
—Gracias, mi señor.
—Creo que tenemos algunas cosas que hacer —agregó y sus labios serpentinos se formaron en una sombría sonrisa.
Un mes después. Octubre de 1997.
Hermione se apresuró a salir del castillo, llevando consigo la capa de invisibilidad de Harry.
Aún era temprano cuando dejó su habitación y por ello estaba preocupada de que alguien la hubiera interceptado en el camino. Ella era una amante de las reglas pero durante los últimos tiempos, se había dedicado a romper tantas de ellas como le había sido posible. Sin embargo, lo había hecho por razones justificadas y eso era algo que sin duda la mantenía firme en sus convicciones.
Caminó por los linderos del bosque prohibido con la capa cubriéndola totalmente y una vez cerca del lugar señalado, procedió a quedar al descubierto una vez más.
—¿A dónde vas tan apurada, Granger? —la voz de Draco la sorprendió, logrando que se sobresaltara un poco.
—¡Idiota! Casi me matas del susto —le contestó ella acercándose a él y tomando las solapas de su túnica para besarlo durante algunos minutos—. Este no era el punto que habíamos acordado.
—Lo sé, pero sabía que tomarías este camino y me pareció más prudente que nos viéramos aquí.
—¿Llevas mucho tiempo esperándome? —le preguntó acariciando su antebrazo, donde palpitaba la marca tenebrosa.
—No. En realidad acabo de llegar —contestó él, viendo el jugueteo del dedo de la chica sobre la parte oscurecida de su piel—. ¿Te aseguraste de que nadie te siguiera?
—¿Acaso temes que puedan vernos juntos? —bromeó ella y el semblante del chico se volvió tan serio que ella dejó de sonreír.
—Me preocupa más que alguien pueda oír lo que tengo para contarte.
—Tranquilízate —le dijo antes de enseñarle la capa de Harry—, todo está bien.
De pronto se escuchó el crujir de algunas ramas muy cerca de ellos, lo cual les sugirió que no estaban solos. Hermione de inmediato se puso en estado de alerta, mientras Draco muy sigilosamente caminó algunos pasos en busca de lo que había podido ocasionar el ruido.
Luego de ubicarse tras el grueso tronco de un enorme árbol, pudo divisar a lo lejos la figura menuda de Luna Lovegood que iba descalza y que aparentemente acariciaba el aire. Hermione lo siguió y luego de que ambos se ubicaran detrás de la capa, se dedicaron a observarla.
—¿Qué diablos se supone que está haciendo Lunática? —preguntó él con evidente curiosidad.
—Supongo que acaricia un thestral.
—¿Un qué?
—Un thestral. Son criaturas muy extrañas que sólo se hacen visibles para aquellos que han visto la muerte —le explicó Hermione— y antes de que preguntes, no, nunca he visto uno. He leído sobre ellos, pero no fue hasta que Harry me contó que podía verlos, cuando empecé a creer que en verdad existían.
Ambos dirigieron nuevamente su mirada a la chica que ahora tomaba un trozo de carne de la mochila que traía y lo arrojaba a algunos metros de distancia de ella, para luego tomar otro más, una vez que el anterior desaparecía. Draco pensaba que aquello era cosa de locos pero de cualquier manera, Luna Lovegood no era precisamente la persona más cuerda que conocía.
—¿Qué era eso que querías contarme? —le preguntó Hermione una vez se alejaron lo suficiente del lugar donde estaba la rubia.
Draco posó sus ojos grises en el rostro de la chica y ella pudo leer en ellos su preocupación.
—Creo que pronto sucederá algo grande. Nadie lo dice en voz alta, pero se escuchan susurros por ahí.
—¿Hablas de Dumbledore y tu misión?
—No, creo que esto es diferente —contestó colocando sus ojos lejos de Hermione—. He visto que dentro de las filas ha habido algunas reuniones clandestinas y a mí personalmente me han dejado de fuera de ello. He tratado de investigar pero ha sido inútil pues Voldemort es demasiado cuidadoso de bloquear las habilidades de todos los que estamos a su alrededor.
—Entonces, en concreto no sabes de lo que se trata —aseguró la castaña y Draco volvió a mirarla.
—No, pero creo que estoy a punto de descubrirlo. Bellatrix es muy habilidosa con las artes de la mente, pero ella no cuenta con el hecho de que yo he perfeccionado las mías.
—Ten cuidado, puede ser muy peligroso. Tu vida misma estaría en riesgo.
—Creo que lo está desde hace mucho tiempo.
31 de octubre de 1997.
La biblioteca se encontraba particularmente sola esa tarde. Esa misma noche se celebraría el banquete de Halloween y todo el mundo estaba bastante emocionado, menos Hermione que había decidido que leería un poco para distraerse.
Luego de lo que Draco le había contado, la intranquilidad se había apoderado de ella y la única vía de escape que encontraba era un buen libro y la paz que únicamente conseguía hallar en su lugar favorito en todo Hogwarts.
Era habitual que asistiera a la biblioteca de vez en cuando, pero ese día parecía imperativo que fuera. Se pasó gran parte de la tarde enterrada en las lecturas y sólo fue hasta que se percató de que ya casi era la hora del gran banquete, cuando tomó los libros de su mesa y se dirigió al retirado pasillo donde los había encontrado.
Unos pasos la siguieron, haciendo que una extraña sensación se posara sobre su cuerpo, no obstante, su paranoia se vio disminuida al ver a la señora Pince cerca de ella.
—Ya voy de salida señora Pince —le dijo a la mujer. Sabía que era una obsesa del control y del silencio y no quería que se molestara con ella por seguir allí a esas horas. No obstante, la señora Pince no le respondió y en cambio, se quedó viéndola de una manera que a Hermione le pareció sospechosa—. ¿Está usted bien?
—¿Qué no te han dicho que no debes andar sola y tan cerca de la sección prohibida? —un escalofrío recorrió la columna vertebral de la castaña cuando escuchó hablar a la bibliotecaria con una voz que en definitiva no era la suya.
—Señora Pince —pronunció tratando de parecer tranquila, a pesar de que estaba aterrada pues había dejado su varita dentro del cuaderno de anotaciones que aún permanecía sobre la mesa—, ya tengo que irme.
—Me temo que eso no va a ser posible —dijo la mujer y Hermione vio que su cabello negro pulcramente recogido, empezaba a volverse castaño al tiempo que su piel se removía como si se estuviera cocinando, transformando su aspecto en uno que recordaba muy bien.
Había usado la poción multijugos, sin duda.
—¿Asustada, sangresucia?
Draco sabía que algo no andaba bien.
La marca había empezado a quemarle la piel y aunque podía reconocer que no era exactamente un llamado de Voldemort lo que estaba recibiendo, estaba seguro de que lo que aquello significaba era aún peor. Había un mortífago dentro del castillo y estaba muy convencido de que no era su padre.
Tan rápido como pudo, salió de su habitación en busca de Hermione. No había nada que le importara dentro del castillo y hallarla se había convertido en su prioridad. Tenía un mal presentimiento y su pecho apretado era prueba de que algo estaba pasando.
De inmediato, se dirigió al Gran Comedor que estaba atestado de gente por el banquete de Halloween y luego de indagar con Ginny Weasley acerca del lugar donde podía encontrarla, decidió que iría a la biblioteca. ¿Cómo no lo había pensado antes? La castaña pasaba algunas horas allí todos los días y era evidente que por eso no lograba encontrarla en ninguna otra parte.
Al cruzar el pasillo que conducía al lugar, un escalofrío recorrió su columna al tiempo que sintió la marca tenebrosa palpitar aún más fuerte. Hermione estaba en peligro y temía que fuera tarde para ella.
—¡Qué bueno que llegaste cariño! Ya empezaba a ponerme impaciente —la voz de Bellatrix Lestrange llenó la estancia y aunque Draco todavía no podía verla, estaba seguro de donde podía hallarla.
Rápidamente dirigió su andar hasta la sección prohibida que estaba abierta y cuando por fin las alcanzó, la imagen de Hermione inmóvil y respirando con dificultad en el piso de la biblioteca, hizo que sus piernas fallaran. Sus ojos llenos de lágrimas lo miraban casi como si no pudieran verlo, mientras su brazo sangraba sin parar.
—No es tan divertido cuando nadie está viendo.
—¿Qué es lo que quieres? —preguntó él, apuntando a la bruja que estaba agachada cerca de Hermione, con su propia varita en el pecho de esta.
—Comprobar algo —contestó Bellatrix— y creo que ya lo tengo claro.
—Déjala en paz —le gritó Draco mientras ella, con cara de diversión se relamió los labios.
—Sabía que eras el traidor —le dijo—, ahora sólo me pregunto, ¿qué pensará tu padre cuando se entere de esto?
—No lo repetiré —la amenazó—, quítate de ahí si no quieres que…
—¿Si no quiero qué? —lo provocó— ¿Qué me mates? No tienes las agallas niñito y como sé que lo que quieres es ganar tiempo para que vengan a ayudarte, creo que terminaré con mi trabajo de una vez por todas.
Después de eso, todo sucedió muy rápido y antes de que Draco fuera consciente de la situación, el Avada Kedavra que emergió de la varita de Bellatrix Lestrange se impactó en el pecho de la castaña, cuyo último quejido se quedó en los oídos del rubio.
Una carcajada triunfal llenó la estancia que se sacudió violentamente, mientras un grito ahogado emergió de la garganta de Draco.
—¡Yo maté a Hermione Granger! ¡Yo maté a Hermione Granger! —canturreó la bruja y siendo consciente de lo que seguía, miró a su sobrino aún con la sonrisa de triunfo en sus labios.
—¡Maldita perra! —gritó él lleno de dolor y tomando su varita firmemente, apuntó hacia su tía. Pagaría por lo que había hecho— ¡Avada Kedavra! —Pronunció y el cuerpo inerte de Bellatrix aterrizó contra uno de los estantes de libros que inevitablemente cayeron sobre ella. Draco no pudo hacer más que correr a abrazar el cuerpo sin vida de Hermione, el cual aún se sentía cálido y mojado por la sangre y las lágrimas.
No había llegado a tiempo para salvarla pero si para presenciar el adiós más cruel de todos y por eso lloró amargamente durante algunos minutos en los que se maldijo a sí mismo por ser quien era. Era su culpa lo que había sucedido y a pesar de que el cuerpo de la asesina de su amada, yacía muerto a sólo algunos metros de ellos, deseó poder revivirla sólo para tener la oportunidad de asesinarla una vez más.
El plan de los mortífagos había sido un éxito y por lo que Draco sabía, Voldemort le había dado a Harry Potter en donde más le dolía, llevándoselo a él en el camino.
Un grito de dolor salió de su garganta, al tiempo que lágrimas saladas se introdujeron en su boca y como si de un chiste se tratara, un estúpido y recurrente pensamiento se apoderó de su cabeza.
Ahora él también podría ver a los thestrals.
Ódienme por piedad, yo se los pido.
Gracias a Abril Bode, Doristarazona, mutemuia y SallyElizabethHR por sus comentarios.
Gizz.
