DISCLAIMER: Ningún personaje me pertenece. Todos y cada uno de ellos son propiedad de Rick Riordan. Yo sólo escribo con ánimo de entretener, sin ningún fin de lucro.
ATENCIÓN: Genderbend en algunos casos. ¡Cruce de mundos! ¡OOC, por el mismo motivo!
SHIPS: Percabeth, Jasiper, Solangelo, Caleo, Frazel, Percico(o Nicercy, en realidad), Jaleo (o Lesmin, en realidad), Ultra!Mega!OOC!Frazel, y muchas otras más que ya verán!
Las puertas de Pars
Accidentalmente vaporicé a mi profesora de álgebra
—Entonces… ¿leemos?—sonrió felinamente Hera, acomodándose en su trono. Sentía curiosidad por saber cómo era la Hera de Pars, su homólogo. No podría ser peor que ella, ¿no?
Atenea sostuvo el libro y se aclaró la garganta.
—Comenzaré y pobre de aquel que me interrumpa—aseveró y volvió sus ojos al libro.
Hermes se inclinó hacia Apolo para susurrarle.
—Diosa virgen, patrañas. Cada vez estoy más convencido de que es booksexual.
Apolo comenzó a reírse a carcajadas contagiosas, siendo inevitable. Se sostuvo el vientre e intentó calmarse, pero tardó unos cuantos minutos. Hermes le había dado una imagen mental demasiado extrema.
Atenea les dirigió una mirada envenenada, pero mientras Apolo se calmaba, Hermes sonrió, sin inmutarse.
—Oh, vamos, Nea. Acarícialo. Levanta las letras. Sacude las páginas.
El dios del Sol tuvo otro ataque de risa, comenzando a ponerse colorado.
—Se va a ahogar—se preocupó Hera, viendo cómo Apolo comenzaba a respirar costosamente. Ni siquiera se molestó en averiguar qué estaban diciendo; era mejor no saber.
Zeus suspiró, como si aquello lo viviese todos los días. Algo no muy lejos de la realidad.
—Poseidón, ¿podrías…?
—Será un placer—se mofó el dios del mar, apenas realizando un sutil movimiento de muñeca, sacudiendo su tridente. Una ola apareció de la nada y se estrelló contra el cuerpo del dios del Sol. Apolo gritó y se sacudió, viéndose perfectamente cómo el agua se evaporaba debido al calor y se disolvía en el aire.
Poseidón se respaldó en su trono, luciendo satisfecho y para nada afectado por la apariencia moribunda que había adoptado su sobrino.
Tampoco era para tanto. ¡Exagerado!
El rey de los dioses dejó escapar un suspiro cansino y su mirada se cruzó con la de su hija. Thalía lo observaba de reojo con sus ojos azules, claramente desconcertada con su actitud y su conducta. A Zeus eso no le gustó nada. Podría ser un dios muy irritable pero pese a pelearse con medio mundo divino, amaba mucho a su familia, y era consciente de que muchas veces se comportaba como un soberano idiota y se arrepentía. Y los suyos sabían eso, por lo que su relación no se estropeaba en absoluto.
Pero la sola idea de no querer a sus hijos más que a su propia vida, era indignante. Cada vez, sus ansias de conocer Pars eran menos. Sentía y era consciente de que lo que iba a enterarse no le iba a gustar ni medio. Pero era lo suficientemente orgulloso como para no decir nada y aprender. Por lo menos, aprender para remediar.
¿Era posible cruzar las puertas sólo para darle un puñetazo a su homólogo?
Tendría que ver… De momento, sólo podía prometerse platicar con sus hijos cuando tuviesen la oportunidad.
Encontró otro par de ojos observándolo y le sonrió a su hijo varón más joven. Jason se exaltó, viéndose atrapado, pero le respondió el gesto y miró hacia adelante.
Era demasiado extraño.
Atenea, ya cansada del bullicio, carraspeó con fuerza y los miró con frialdad, retándolos a volver a interrumpirla. Nadie dijo absolutamente nada; los nudillos de la diosa contra el libro estaban blancos. Y su mirada gris no era especialmente dulce.
Hermes se hizo una nota mental de no volver a insinuar en presencia de Apolo la preferencia sexual de Atenea por los libros.
—El capítulo se llama: Accidentalmente vaporicé a mi profesora de álgebra—enarcó una ceja al leer aquello pero una que otra risita la abstuvo de opinar.
Thalía sacudió la cabeza, con una sonrisa exasperada.
—Eso sólo le puede pasar a Sesos de alga—miró al hijo de Poseidón con aire burlón. Percy frunció el ceño y la miró con recelo.
—¿"Sesos de alga"?—preguntó divertido Teseo, viendo a su hermanita—. ¿Por qué no me sorprende?
Persephone arrugó la nariz, apretando los labios mientras se ruborizaba notablemente. Percy la observó con curiosidad.
—¿A ti también te llaman así?
Ella negó y Teseo rió.
—De hecho, le decimos Sesos de… ¡Ouch!—se quejó mientras sobaba su brazo. La hija de Poseidón lo veía como quien quiere que alguien se ahogue. Teseo se calló, por su propio bien.
Orión miró divertido a sus hermanos, con sus inquietantes y luminosos ojos artificiales.
—Te lo merecías—codeó a Teseo y éste le fulminó con la mirada, siendo descaradamente ignorado.
Atenea vociferó una muy sabia blasfemia en griego, retomando la lectura. Nadie la interrumpía mientras leía.
Percy, mientras tanto, observó curioso e intrigado a sus hermanos y a su hermana. Se sentía realmente a gusto allí. Aunque, pensó sonriendo con cariño, faltaba Tyson. Él estaría aporreando el suelo con alegría de tener más hermanos semidioses.
Mira, yo no quería ser un mestizo.
—Como si alguien quisiera—dijo sarcásticamente Nico, más para sí mismo que para el público. Lástima que fue fácilmente escuchado. Hades miró preocupado a sus hijos, al igual que los demás dioses, mientras Démeter fruncía el ceño y murmuraba algo entre dientes sobre homólogos incompetentes y pobres niños que no tienen la culpa.
Si estás leyendo esto es porque piensas que puedo ser uno, mi consejo es:
Un gemido atemorizado surcó la sala. Los dioses miraron a sus hijos con extrañeza y estupor. Ignoraron cuán sonrojado se encontraba Perseus Jackson, a los pies de Poseidón.
—Exagerados—masculló abochornado.
—Para nada—acotó Thalía, mirándolo desde los pies del trono de Zeus. Jason, desde el otro lado, reprimía dificultosamente una sonrisa grande—. No niego que tus planes son en justicia camicazi pero tus consejos…—lo dejó en suspenso, fingiendo estremecerse. Percy le envió una mirada envenenada. Persephone sonrió divertida, viendo a su homólogo.
—¡Oh, tú no sonrías!—culpabilizó Heracles, viendo burlonamente a la fémina—. Tus consejos son en plan: ¡Matémonos todos, seguro hay comida azul en el Inframundo!
Ambos Percys se sonrojaron mientras los demás reían y compartieron una miraba escéptica. Sus consejos no podían ser tan malos, ¿o sí?
cierra este libro ahora mismo.
Hermes abrió la boca, amagando con decir algo, pero la mirada de Atenea lo detuvo. Se hizo hacia atrás en su trono, tiritando. Esa mujer definitivamente era booksexual.
Créete cualquier mentira que tu madre o tu padre te hayan dicho acerca de tu nacimiento y trata de llevar una vida normal.
—Funcionaría si no estuviésemos siendo acechados por monstruos en cada oportunidad—dijo Annabeth, evaluativa.
Varios asintieron, de acuerdo con sus palabras, y los dioses fruncieron el ceño. Francamente, comenzaban a entender la paranoia de Démeter.
Ser un mestizo es peligroso.
"Por supuesto", pensó la diosa de la agricultura, con preocupación y recelo.
Da miedo.
Los semidioses más pequeños asintieron entre ellos. Les encantaba tener padres dioses—especialmente aquellos, ¡que eran tan geniales y parecían emocionados de tener hijos como ellos!—pero no dejaba de ser aterrador.
A Hermes, particularmente, no le agradó para nada ver la cantidad de cabecitas que asentían en su grupo, ni las miradas temerosas.
La mayor parte del tiempo, consigues que casi te maten de diferentes formas dolorosas y desagradables.
—Las formas más desconcertantes y sorpresivas, también—comentó amargamente el hijo de Hades, apoyándose en el trono. Hazel lo miró de reojo, comprendiéndolo. No hablaban mucho del tema, pero no tenía que ser una genio para saber que estaba pensando en Bianca di Angelo.
Persephone miraba a Nico desde su posición, con desconcierto. ¿Acaso…? Negó con la cabeza, descartando la idea.
Si eres un niño normal, leyendo esto porque cree que es ficción, fantasía. Sigue leyendo. Te envidio por ser capaz de creer que nada de esto hubiera ocurrido.
Annabeth sonrió sin poder evitarlo. Reprimía perfectamente la ligera emoción que sentía de leer los pensamientos de su Sesos de alga. No era por entrometida, sino por curiosidad de saber qué había pensado Percy en algunos momentos en particular…
Pero si te reconoces a ti mismo en estas páginas—si tú sientes algo moviéndose dentro –
Afrodita se mordió el labio inferior, imposible de contener una sonrisa divertida. Sus hijas parecieron pensar lo mismo, ya que algunas comenzaron a soltar risitas entre ellas y otras, Piper incluida, se ruborizaron. No dejaba de ser la diosa del amor y sus hijas, después de todo.
Sus pensamientos debieron ser palpables y evidentes, ya que Ares y Hefesto la voltearon a ver. El primero la observó con una ceja levantada y una expresión de curiosidad. El otro, realmente, la miró como si estuviese loca.
La diosa fingió no notarlo y continuó escuchando. ¿Por qué su trono debía estar entre medio de ellos dos?
para de leer inmediatamente. Podría ser que fueras uno de nosotros. Y una vez que lo sabes, es cuestión de tiempo antes de que lo sientas y van a venir por ti.
—Imposible resistirse a leer tus pensamientos, Sesos de alga—se burló Thalía, recostándose inconscientemente en los pies de su padre. Zeus no dijo nada sobre ello, al contrario, sonrió.
Ni digas que no te lo advertí.
—¡No lo hiciste!—corearon los semidioses más pequeños, arrancando sonrisas a los demás.
Mi nombre es Percy Jackson.
—Qué va, el mío también—sonrió divertida Persephone.
Percy gimió.
—¿Tú también vas a tomarme el pelo?—la miró suplicante. Ella no dejó de sonreír.
—Sí, pero con cariño—le aseguró tranquilizadoramente.
Teseo y Orión se acercaron a él para susurrarle.
—Te hará puré de molusco.
Percy se cruzó de brazos y comenzó a refunfuñar, bajo la entretenida mirada de su padre.
Tengo doce años.
—¿Tan joven?—saltó Poseidón de repente, con una clara mueca de preocupación en el rostro. Algunos semidioses no evitaron pensar que el dios de los mares continuaba siendo igual de devoto a sus hijos en cualquier mundo.
Démeter sólo se removió en su trono, angustiada.
Hasta hace unos meses, yo era un estudiante que se alojaba en la Academia Yancy, una escuela privada para niños problemáticos en el centro de Nueva York.
—La Academia Yancy—levantó las cejas Persephone. Perseus la miró y ella le sonrió—. Es a la última que fui, lo mío comenzó mucho antes.
Él cambió rápidamente su mirada curiosa a una preocupada. ¿Más joven aún? No evitó pensar en Thalía, Annabeth y Luke, y todo lo que habían pasado. Se mantuvo temeroso, ¡para él era su hermana! Estaba comenzando a tomarse muy en serio su nuevo papel autoimpuesto.
¿Soy un niño problemático?
—Niño, adolescente y prontamente adulto—cargó Annabeth, sonriéndole a su novio. Percy la miró en reclamo pero aún así le sonrió.
Poseidón y Atenea ojearon el intercambio, en silencio.
Sí. Se podría decir que sí.
—Al menos lo tiene claro—murmuró Thalía a Jason, el cual sonrió.
Yo podría señalar cualquier punto de mi vida corta y miserable para demostrarlo,
—¿Miserable?—volvió a espetar Poseidón. Miró a su hijo, y para su sorpresa, TODOS sus hijos desviaron o agacharon la mirada. Persephone y Percy miraban alucinados el suelo, mientras que Teseo se acomodaba su cinturón y Orión veía entretenido una de sus flechas plateadas.
Fue evidente para todos cuán pálido se estaba poniendo el dios del mar. Atenea creyó más saludable continuar.
pero las cosas realmente empezaron a ir mal cuando nuestra clase de sexto grado hizo un viaje de estudios a Manhattan - veintiocho niños y dos profesores en un autobús escolar amarillo, dirigiéndose al Museo Metropolitano de Arte para mirar la antigüedad de Grecia y Roma.
Olvidando el hecho previo, Poseidón y sus hijos gimieron una queja al unísono.
—Tortura—se expresó verbalmente Teseo por todos. Su familia asintió repetitivamente.
A Atenea le fue imposible ocultar su sonrisa.
Lo sé—suena a tortura.
Zeus se palmeó el rostro sonoramente mientras Hera y Hestia comenzaban a reír.
—¡Oh, sí!—vociferó Leo, desde los pies de su padre, mientras sacaba de vaya-a-saber-dónde un megáfono—. ¡Facepalm mode Zeus Style!—las risas no se hicieron esperar y luego todos los semidioses se sumieron en silencio, como esperando algo. Entonces se escuchó: "LA VACA DICE MUUU" y todos rompieron a reír otra vez.
Leo sonrió, animado de haber causado aquello, y miró a su padre por impulso. Hefesto no se molestaba el contener una gran sonrisa, lo cual era extraño. Su falta de expresión era tal que lo habían calificado como antipático.
El dios, al sentir la mirada de su hijo, se la correspondió e inclinó la cabeza un poco, con ojos secretamente curiosos. Leo apretó los labios y volvió a ver al frente.
—Lo hiciste—escuchó apenas. Sorprendido, se volteó a ver nuevamente a su padre, pero Hefesto miraba atentamente un posible nuevo invento que tenía entre sus manos.
El latino se compuso y se sentó contra los pies del dios, con una expresión satisfecha.
Atenea carraspeó, con impaciencia.
La mayoría de viajes de Yancy lo eran.
Pero el Sr. Brunner, nuestro profesor de latín,
Se escuchó un fuerte golpe y Atenea gritó de impotencia, asustando a los que tenía cerca.
—¿¡AHORA QUÉ!?
Los griegos miraron hacia el centro de la sala y sonrieron ampliamente.
—¡Quirón!
—¿Quirón?—preguntó Zeus, viendo al mareado centauro. Vaya, sí es Quirón, pensó.
El aludido se compuso un poco, levantándose sobre sus cuatro patas. Miró a su alrededor, con sorpresa y desconcierto, pero antes de poder hablar, Apolo se río ligeramente y palmeó sus manos. El entendimiento llegó a él y sólo pudo decir:
—Oh.
Los que lo conocían soltaron risas bajas.
—Juntarte mucho con Percy comienza a afectarte, Quirón—bromeó Grover, desde el trono de Dionisio. Por respuesta, recibió una sonrisa del centauro y una fulminante mirada azul mar de su mejor amigo.
—No sé si sea necesario pero…—miró a los dioses, haciendo una breve reverencia—. Mi nombre es Quirón, director de actividades del Campamento Mestizo y entrenador de héroes—sonrió a los griegos y éstos lo ovacionaron, especialmente los hijos de Hermes y Apolo.
—Están en buenas manos—sonrió Hera, mientras Démeter asentía con ahínco.
—¿Podemos continuar?—siseó Atenea, con ojos fieros. Miró a Quirón—. Es un placer tenerte entre nosotros, no me malinterpretes.
—Para nada—sonrió éste, sintiéndose más fuera de lugar que nunca. Se ubicó cerca de Aquiles y reposó, ganándose una sonrisa de parte del héroe.
—Bien—suspiró aliviada la diosa, retomando la lectura.
Pero el Sr. Brunner, nuestro profesor de latín, organizaba este viaje, tenía esperanzas. El Sr. Brunner era un tipo de mediana edad que iba en una silla de ruedas motorizada. Tenía el pelo cayéndosele, y una barba desaliñada, una chaqueta raída de tweed que siempre olía a café. Tú no pensarías que es guay pero el contaba historias y hacia bromas aparte de dejarnos jugar en clase.
También tenía una colección grande de armaduras romanas y armas, era el único profesor con el que no me dormía en sus clases.
—¿Te dormías en clase?—se interrumpió Atenea, con indignación, casi coreada por todos sus hijos.
Percy se encogió en el lugar.
—Bueno, es un halago—sonrió Quirón, divertido. Los dioses, por otra parte, pensaban graciosamente que el camuflaje de Quirón era algo irónico.
Esperaba que el viaje fuera bien. Al menos, esperaba que por una vez yo no fuera el problema.
—Claro—dijo Grover sarcásticamente. Si algo había aprendido con Percy, era la "suerte" que perseguía a éste.
Chico, estaba equivocado.
Los más cercanos al hijo del mar rodaron los ojos y negaron con la cabeza.
Veras, las cosas malas me ocurren en los viajes de estudio. Como en quinto de primaria, cuando fuimos a Saratoga, tuve ese accidente con un cañón de la guerra de la revolución. Yo no apuntaba al autobús escolar, pero desde luego fui expulsado de todos modos.
Los hermanos Stoll comenzaron a reír, contagiando a sus hermanos y a su padre en el proceso. Pronto le siguieron Apolo y sus primogénitos, a carcajadas.
Los demás eran algo más discretos.
Y antes de esto en mi cuarta escuela primaria, cuando dimos un tour entre bastidores del mundo marítimo del tiburón, yo toque la palanca incorrecta en el pasillo y nuestra clase se dio un baño imprevisto.
Teseo se sumó al barullo de carcajadas, para bochorno de Percy, y Orión miraba exasperado a su hermano.
Y antes de eso... bien, te haces una idea.
—¡No! ¡Sigue!—gritaron los Stoll y Chris, recuperándose de la risa.
Este viaje, estaba determinado a que fuera bien. Todo el camino a la ciudad me puse con Nancy Bobofit, la frecky, pelirroja cleptómana, que golpeaba a mi mejor amigo Grover en la parte de atrás de la cabeza con pedazos de emparedados de mantequilla y crema de cacahuete.
Todos los que tenían aprecio por el sátiro fruncieron el ceño, indignados y molestos. Por su parte, Grover arrugó la nariz, recordando a la niña.
—La pesadilla andante—dijo.
Percy asintió, con la imagen de la pelirroja en la cabeza. Se estremeció.
Grover era un blanco fácil. Era flaco. Lloraba cuando se frustraba. Debió haber repetido varios cursos, porque era el único niño de sexto grado con acné y con principio de un poco de barba en el mentón. Por encima de todo eso, estaba lisiado.
—Es bueno saber que somos amigos, porque sino…—bromeó nerviosamente Grover, sonrojado a las puntas de las orejas. Los demás se reían sanamente a costa suya.
Percy le envió una sonrisa y una mirada de disculpa.
El tenía una nota excusándole de PE del resto de su vida porque tenía algún tipo de enfermedad muscular en las piernas. Caminaba curiosamente, como si le doliera, pero no te dejes engañar. Deberías haberlo visto correr cuando había enchilada en la cafetería.
Annabeth sacudió la cabeza, con una sonrisa ladeada. Grover era realmente muy particular.
De todos modos, Nancy Bobofit estaba lanzando bolas de sándwich que se pegaban en su pelo castaño rizado, y ella sabía que no podía hacerle nada porque estaba en libertad condicional.
—Suena como si hubieses estado en prisión—bromeó Teseo y luego miró mal a Orión cuando éste le sacudió la cabeza. Perseus sonrió, divertido, pensando que eran bastante cercanos. Persephone, por otro lado, miró a sus hermanos y se ruborizó, pensando algo más preciso.
—Que niña tan molesta—frunció el ceño Artemisa. Puede que defendiese mucho al sexo femenino, pero esa niña no entraba en su categoría de agrado.
El director me había amenazado
—¿¡QUÉ!?—saltaron, para sorpresa de todos, los tres grandes.
de muerte
—¿¡CÓMO!?
Percy no dejaba de ver, estupefacto, a su padre y a sus tíos, especialmente a sus tíos.
Atenea se exasperó.
El director me había amenazado de muerte de suspender del colegio si algo malo, vergonzoso, o medianamente entretenido sucedía en este viaje.
—Oh—balbucearon los tres y se compusieron, avergonzados. Sólo Poseidón y Zeus estaban realmente colorados, Hades tenía una imagen que mantener.
—Te voy a matar—murmuré.
Ares sonrió ampliamente, al igual que Clarisse. Frank comenzaba a pensar que la arquitectura del Olimpo era fascinante.
Grover trató de calmarme.
—Está bien. Me gusta la mantequilla de cacahuete.
—¿En la cabeza?—ironizó Thalía, deseando cruzarse con Nancy Bobofit durante la caza.
Eludió otro pedazo de comida de Nancy.
—Eso es todo—empecé a levantarme
—¡Sí! ¡Pelea!—rugió Ares. Hefesto reviró los ojos y continuó entretenido con su nuevo proyecto improvisado, mientras escuchaba atentamente.
pero Grover me puso de vuelta en mi asiento.
El dios de la guerra resopló y se enfurruñó en su trono, bajo la divertida mirada de Afrodita.
—Ya estás en libertad condicional—me recordó—. Sabes que tendrás la culpa si algo pasa.
Pensándolo bien, desearía haberle atizado a Nancy Bobofit ahí mismo. En el colegio la suspensión no hubiera sido nada comparado con el desastre en que iba a meterme.
Poseidón gimió en descontento con anticipación.
El Sr. Brunner nos condujo en la visita al museo.
Puso su silla de ruedas al frente, guiándonos a través de las enormes galerías de estatuas de mármol grandes y vitrinas llenas de cosas viejas y de cerámica de color naranja. En mi mente apareció la idea de que estas cosas habían sobrevivido dos mil o tres mil años.
—Se conserva lo que merece ser preservado—acotó Atenea para sí.
Nos reunió alrededor de un muchacho de trece metros de altura de piedra con una gran esfinge en la parte superior y empezó a contar como era una lapida, una estela, para una chica de nuestra edad. Nos contó acerca de la forma de tallar los lados. Estaba tratando de escuchar lo que decía porque me interesaba de alguna forma, pero todo el mundo a mi alrededor estaba hablando y cada vez que les decía que se callaran, el profesor acompañante, la Sra. Dods, me miraba mal.
—¿Y eso es una profesora?—volvió a interrumpirse la diosa de la sabiduría. Percy sufrió un escalofrío leve, recordando su primer monstruo.
—No… realmente—murmuró dudoso Grover.
La Sra. Dods era profesora de matemáticas, que siempre llevaba una chaqueta de cuero negro, incluso a su edad, a sus cincuenta años. Parecía lo suficiente como para montar en una Harley.
Nico parpadeó apenas, pensando que esa descripción se le hacía conocida de algún lado.
Había llegado a Yancy a mitad del año, cuando nuestro profesor de matemáticas tuvo un ataque de nervios.
Desde el primer día, la Sra. Dods se enamoró de Nancy Bobofit y me imagine que estaba poseída.
—Algo así—sonrió Grover, divertido. Percy bufó, no sabía si tomárselo tan divertido.
Me señalo con su dedo torcido y me dijo:
—Ahora, cariño—realmente dulce, y sabía que iba a caerme una detención después de clases durante un mes.
—"Cariño"—murmuró Nico, contrayendo un poco la expresión, con la nariz ligeramente arrugada. ¿De dónde rayos nacía esa sensación de familiaridad?
Will escuchó el murmullo y miró al hijo de Hades, incapaz de contener la sonrisa que le nació al ver el gesto.
Una vez, después de que me hiciera borrar las respuestas del libro de matemáticas hasta la medianoche, le dije a Grover que no parecía que la Sra. Dods fuera humana. Me miro muy serio y me dijo:
—Tienes toda la razón.
—Grover…—aseveró la voz Quirón, en regaño.
El sátiro se ruborizó, musitando un "perdón".
El Sr. Brunner dejó de hablar de arte funerario Griego.
Por último, Nancy Bobofit rió por el hombre desnudo con la estela, y me di la vuelta y le dije:
—¿Quieres callarte?
Algunos se rieron.
Lo que salió más fuerte de lo que quería.
—Sutil—sonrió Jason.
Todo el grupo se echó a reír. El Sr. Brunner detuvo su historia.
—Señor Jackson—dijo—. ¿Algo que decir?
Mi rostro estaba totalmente rojo.
Una reacción no muy lejana a la que sufría el hijo de Poseidón en la sala.
Le dije: —. No, señor.
El Sr. Brunner señalo una de las imágenes de la estela.
—¿Tal vez podrías decirnos lo que representa la foto?
—Cinco dracmas a que no lo sabe—murmuró Connor a su hermano. Travis abrió la boca para aceptar pero una mirada perteneciente a los pies de Démeter lo calló, disimulando al ver a Katie. El otro Stoll lo miró, escéptico al no obtener la respuesta esperada, y condujo su atención a Chris cuando éste le estrechó la mano.
—Hecho—sonrió éste, divertido con la escena.
Miré la talla y sentí una oleada de alivio, porque en realidad lo reconocía.
Connor abrió la boca de indignación y Chris soltó una risa queda, estirando la mano. El Stoll frunció el ceño y cumplió la apuesta, enfurruñado.
—Es Cronos comiéndose a sus hijos, ¿no?
Los cinco hermanos prioritarios gimieron espantados. Zeus, por su parte, tenía una expresión contrariada en su rostro. Probablemente recordando algo no muy agradable.
—¿Ésa, precisamente?—demandó Hera a Quirón, con disgusto.
—Era la que seguía, me disculpo—finiquitó éste.
—Si—dijo el Sr. Brunner, obviamente no conforme—. Y lo hizo porque…
—Bueno...—sacudí mi cerebro para recordar—. Cronos era el rey de los dioses y…
El dios de los cielos soltó un bufido, mirando hacia arriba con hastío. Percy creyó, por un momento, que le iba a calcinar vivo.
—Ya quisiera, el viejo—sonrió Zeus con sorna. Poseidón sacudió la cabeza con una media sonrisa y Hades se respaldó, con las comisuras de sus labios temblándole al reprimir una.
—¿Dios?—preguntó el Sr. Brunner.
—Titán— me corregí—. Y... no se fiaba de sus hijos, que eran los dioses. Así que, ummm…, Cronos se los comió, ¿verdad? Pero su mujer escondió a Zeus bebé y le dio a Cronos una piedra para comerse en su lugar. Y más tarde cuando Zeus creció, engaño a su padre, Cronos.
—Una piedra, francamente…—sonrió el dios del mar.
—No hay mucha diferencia—le siguió Hades.
Hera tuvo que apretar muy fuerte los labios para no sonreír a costa de su marido.
Zeus frunció el ceño, escuchando una que otra risita, pero se relajó y sonrió ampliamente, con un brillo extraño en sus ojos.
—El caso es…, que a mí no me tragaron.
Los hermanos fruncieron el ceño, indignados, y miraron al menor de ellos, el cual se hacía el desentendido.
Thalía y Jason, más abajo, se mordían los labios para no reírse.
—¡Eeew!—dijo una de las chicas detrás de mí.
Démeter asintió efusivamente, recordando su infancia, con una ligera coloración verdosa en su rostro.
—Y por eso fue la gran lucha entre los dioses y los titanes—continué—. Y los dioses ganaron.
—Los alumnos te amarían de ser profesor, Percy—rió Piper.
—Años de guerra, resumidos pobremente en segundos—murmuró Atenea, afectada.
—Es Percy—dieron por lógica respuesta sus amigos.
El aludido no sabía si ofenderse o sonreír.
Se oyeron algunas risitas en el grupo.
Detrás de mi Nancy Bobofit le murmuró a un amigo.
—Cómo vamos a usar esto en la vida real. Quién nos va a preguntar en una entrevista de trabajo, "¿por qué Cronos se comió a sus hijos?".
Hermes sonrió, súbitamente, con malicia.
—Te sorprendería.
Los ojos de Apolo brillaron de diversión, mientras ambos dioses pensaban la reacción de la niña, ya mujer, viendo la respuesta al karma.
—Y por qué, Señor Jackson—dijo Brunner—, para contestar a la excelente pregunta de la señorita Bobofit, de por qué es importante en la vida real.
—¡Wooh, atrapada!—ovacionaron los Stoll, con grandes sonrisas.
—Atrapada—murmuró Grover.
Los hermanos dejaron de sonreír para contorsionar sus rostros en horror. Los más cercanos a ellos, rieron.
—Cállate—susurró Nancy, con la cara roja, incluso más brillante que su pelo. Al menos Nancy se avergonzaba también. El Sr. Brunner era el único que escuchaba. Tenía las orejas como radares.
—Preferentemente, orejas de caballo—sonrió el sátiro, divertido.
Pensé en su pregunta y me encogí de hombros.
—No sé, señor.
—Ya veo—el Sr. Brunner parecía decepcionado—. Bueno, la mitad bien, el Sr. Jackson tenía razón. Zeus efectivamente le dio una mezcla de mostaza y vino a su padre lo que le hizo vomitar los otros cinco hijos, que, por supuesto, siendo dioses inmortales, habían estado viviendo y creciendo sin digerirse completamente en el estómago del Titán. Los dioses vencieron a su padre, cortándolo en pedazos con su propia guadaña y esparciendo los restos en el Tártaro, la parte más oscura del inframundo. Después de esta nota feliz, es momento de almorzar. Sra. Dods, ¿podríamos salir?
—Me preocupan tus términos de "nota feliz", Quirón—argumentó Poseidón, con una sonrisa graciosa al escuchar el monólogo del centauro sobre lo que había pasado.
La clase se movió, los niños se aguantaban el estómago, los chicos empujándose unos a otros y actuando como burros.
—Lo normal—sentenció Artemisa, con desgana.
Orión observó a la diosa, con una ceja levantada, y optó por no decir nada. No obstante, Thalía sonrió genuinamente.
—Se sorprendería, mi señora—dijo.
Artemisa miró sorprendida a su lugarteniente, de Pars, y permaneció pensativa, en silencio.
Grover y yo estábamos a punto de seguir al Sr. Brunner, cuando dijo: —. Señor Jackson.
Yo sabía que venía.
Le dije a Grover que siguiera adelante. Entonces me volví hacia el Sr. Brunner.
—¿Señor?
El Sr. brunner tenía la mirada que no te dejaba ir—intensos ojos marrones que podrían haber tenido mil años de antigüedad y haberlo visto todo.
—No todo, pero sí demasiado—comentó tristemente, aireado, el centauro.
—Tú debes saber la respuesta a mi pregunta—me dijo el Sr. Brunner.
—¿Acerca de los titanes?
—Acerca de la vida real. Y como tus estudios son aplicables.
—Oh.
—Respuesta universal de Percy—canturrearon los más cercanos al hijo e hija del mar.
Perseus y Persephone volvieron a ruborizarse.
—Lo que has aprendido de mi—dijo—. Es de vital importancia. Espero que lo trates como tal. Voy a aceptar solo lo mejor de ti Percy Jackson.
Quería enojarme, ese chico me empujó fuerte.
Quiero decir, claro, era una especie de día fresco, cuando él vestía alguna clase de traje romano y armadura y gritó: —. ¡Eh!—y nos desafió, con la punta de la espada contra la tiza.
—Genial—sonrió Travis Stoll, a su hermano.
Pero el Sr. Brunner esperaba que yo fuera tan bueno como todos los demás, a pesar de que tengo dislexia y el trastorno por déficit de atención, y nunca había pasado por encima de una C en mi vida.
La ceja de Atenea crispó un momento al leer aquello pero no despegó su rostro del libro.
No, él no esperaba que fuera igual de bueno, el esperaba que yo fuera el mejor.
—Lo eres—sonrió Quirón, sincero.
Poseidón se irguió de orgullo y Heracles observó con interés al muchacho.
Y yo no podía aprender todos los nombres y los hechos y mucho menos con perfecta ortografía.
Murmuré algo acerca de esforzarme más, mientras que el Sr. Brunner echaba una larga y triste mirada a la estela, como si hubiera estado en el funeral de esa niña.
Me dijo que me fuera a comer.
La clase estaba reunida en la escalinata del museo, donde se podía observar el tráfico de gente a lo largo de la quinta avenida.
En el cielo, una gran tormenta se estaba formando, con nubes más negras de lo que nunca había visto en la ciudad. Me imagine que tal vez fuera por el calentamiento global o algo, porque el tiempo en toda la Navidad, había sido extraño. Habíamos tenido grandes tormentas de nieve, inundaciones,
El dios del mar parpadeó, curioso, ignorando las miradas de reprimenda de sus hermanas.
incendios forestales por rayos.
Zeus levantó el mentón, avergonzándose luego al ver el descontento de Hera.
No me habría sorprendido si se tratara de un huracán en formación. Nadie más parecía darse cuenta. Algunos de los chicos le tiraban a las palomas trozos de galletas. Nancy Bobofit estaba tratando de robar algo del bolso de una señora, y por supuesto, la Sra. Dods no veía nada.
De repente, Hermes se vio completamente observado. El dios parpadeó, confundido, hasta que algo hizo ¡clic! en su cabeza y se sacudió del espanto.
—¡No creo que sea hija mía! ¡No! ¡Qué Zeus no lo permita!
Zeus rió levemente.
Grover y yo nos sentamos en el borde de la fuente, lejos de los demás.
Pensamos que tal vez así hacíamos eso, la gente no sabría que éramos de esa escuela—la escuela para los casos problemáticos que no podían estar en otro lugar.
—Oh, descuida—susurró Persephone, por lo bajo, tomando su mano. Se sintió extrañamente agradable, y la idea de la hermanita le estaba gustando—. Yo inundé mi instituto una vez.
Perseus la miró y notó el brillo travieso en sus ojos verdes. Le fue imposible sonreír.
—Yo incendié una.
Ambos se miraron entre simpáticos y culpables. Los problemas los seguían siempre.
—¿Te han castigado?—preguntó Grover.
—No—dije—. No Brunner. Me gustaría que se olvidara de mí a veces. Quiero decir, no soy un genio.
—No tienes que repetirlo dos veces—se burló Thalía.
Grover no dijo nada durante un tiempo. Luego cuando pensé que iba a soltarme un comentario filosófico profundo para hacerme sentir mejor, dijo:
—¿Me das tu manzana?
Todos en la sala comenzaron a reírse, inclusive los dioses, mientras el sátiro se coloreaba de un intenso escarlata.
Yo no tenía mucho apetito, así que se la di.
Observando la quinta avenida y pensé en el apartamento de mi madre,
Poseidón levantó apenas la cabeza, con ojos curiosos. No se había detenido a pensar, hasta ese momento, en cómo sería la madre de su hijo e hija (por lo que podía ver, de ambos mundos). ¿Qué clase de mortal había conocido su homólogo?
en la parte alta de la ciudad. No la había visto desde navidad. Yo quería coger un taxi y volver a casa. Que me abrazara y se alegrara de verme, pero sería decepcionante también. Ella me mandaría de vuelta a Yancy, recordándome que tenía que esforzarme más, incluso si esta era mi sexta escuela en seis años y que probablemente iba a ser expulsado de nuevo. Yo no podía estar ahí de pie mirándome ella con esa cara triste.
Las diosas, al completo, observaron al muchacho con un nuevo reconocimiento pintado en sus ojos.
El Sr. Brunner puso su silla de ruedas en la parte baja de la rampa para minusválidos. Comía apio, mientras leía una novela de bolsillo. Una sombrilla roja sobresalía de la parte posterior de la silla, haciendo que pareciera una mesa de café motorizada.
Los dioses masculinos miraron al centauro con diversión mientras éste se ruborizaba ligeramente. No era de su gusto estar en esa silla, camuflado, pero hacía todo lo posible por estar cómodo.
Estaba a punto de desenvolver mi sándwich cuando Nancy Bobofit apareció delante de mí con sus feas amigas, supongo que se había cansado de robar a los turistas y dejo caer su almuerzo a medio comer sobre el regazo de Grover.
Los griegos volvieron a fruncir el ceño, molestos.
—¡Uy!—ella me sonrió con los dientes torcidos. Sus pecas eran de color naranja, como si alguien se pintara la cara con Cheetos líquido.
Afrodita se sacudió, horrorizada. Sus hijas, por su parte, lucían contrariadas. Incluso Piper torció los labios con disgusto.
Trate de mantener la calma. El consejero de la escuela me había dicho un millón de veces, ' cuenta hasta diez, controla tu temperamento.' Pero yo estaba tan loco con la mente en blanco. Una ola rugió en mis oídos.
—La ola—se lamentó dramáticamente Teseo, llevándose las manos a la cabeza.
—Siempre es la ola—le siguió Orión, viendo a su hermano con diversión.
Persephone observó a su homólogo y le sonrió al ver su confusión.
—Ya sabes, nuestro temperamento es bestial. La ola es signo de que comienzas a enfurecer. Parece un ente viviente, cumpliendo tus amenazas inconscientes—rió ella.
Percy lo pensó con detenimiento. Había muchos momentos en su vida que podrían ser justificados con ese argumento.
No recuerdo tocarla, pero lo siguiente que supe es que Nancy estaba sentada de culo en la fuente, gritando: —¡Percy me empujo!
—Ya ves—murmuró la hija del mar. Percy sonrió.
—Niña tonta—gruñó Annabeth por lo bajo. Vio a su novio y la homólogo con curiosidad. ¿De qué estarían hablando?
La Sra. Dods se materializó junto a nosotros.
Apolo puso su mejor expresión de "WTF?!" mientras Hermes levantaba ambas cejas. Los demás dioses, por su parte, lucían serios. Algunos se esperaban una señal de ese tipo.
Poseidón no podía consigo mismo. A los doce, ¡su hijo había estado tan cerca de un monstruo a los doce!
Algunos de los niños murmuraban:
—¿Has visto-?
—…-El agua.
—…-como la agarró-…
Teseo sonrió con diversión, recordando cómo el agua había causado problemas en sus primeros momentos.
No sabía de qué estaban hablando. Todo lo que sabía era que estaba en problemas de nuevo. Tan pronto como la Sra. Dods estuvo segura de que la pobre Nancy estaba bien, prometiéndole conseguirle una camiseta nueva en la tienda de regalos del museo, etc., etc., la Sra. Dods se volvió contra mí. Hubo un incendio triunfal en sus ojos, como si hubiera hecho algo que había estado esperando todo el semestre.
—Posiblemente lo estuvo—murmuró Hestia, preocupada.
—Ahora, cariño.
—"Cariño"—repitió Nico por inercia, absorto en la lectura.
—Ya lo sé—murmuré—. Un mes borrando libros.
—¡NO!—vociferó Hermes, siendo coreado por sus hijos. Lucía espantado. Percy saltó de la impresión y miró sorprendido al dios—. Jamás intentes adivinar un castigo, es un acto suicida—explicó luego, con voz diplomática.
Apolo sonrió al dios mientras Atenea miraba en su dirección consternada.
Eso no fue correcto decirlo.
Hermes levantó sus brazos y miró hacia el techo, con hastío. Apolo amplió su sonrisa.
—Ven conmigo—dijo la Sra. Dods.
—¡Espere!—gritó Grover—. Fui yo quien la empujó.
Muchos miraron al sátiro con simpatía.
Me quede mirándolo, atónito. No podía creer que estaba tratando de cubrirme.
La Sra. Dods le dio una mirada que mata. Con tanta fuerza que la barbilla de él temblaba.
—No lo creo, Sr. Underwood—dijo ella.
—Pero-…
—Usted-quédese-aquí.
Grover me miró de forma desesperada.
—Está bien, amigo—le dijo—. Gracias por intentarlo.
—Eres un buen amigo—le elogió Hestia, conciliadoramente.
—Cariño—dijo la Sra. Dods gritándome—. Ahora.
—Cariño, cariño…—musitaba el hijo de Hades por lo bajo.
Nancy Bobofit sonrió.
Artemisa bufó.
Le di mi mirada de Nos-veremos-mas-tarde.
Teseo jadeó y los que habían visto esa mirada en Percy se echaron hacia atrás.
Ambos Percys se miraron, sin comprender.
—Es mejor no estar frente a esa mirada, jamás—argumentó Travis, sufriendo malos recuerdos.
Orión miró a Teseo y le palmeó la espalda, conciliador.
—Sep, no hay que enfadar a ningún Percy existente en los mundos.
Persephone miró a sus hermanos, escéptica.
Entonces me volví para hacerle frente a la señora Dods, pero ella no estaba allí. Estaba de pie en la entrada del museo, en la parte superior de la escalera, gesticulando impaciente para que fuera.
¿Cómo había llegado allí tan rápido?
Poseidón emitió sonidos angustiados imposibles de descifrar.
Tengo momentos como ése, cuando mi cerebro parece quedarse dormido y la siguiente cosa que sé es que me he perdido algo, como si una pieza de un puzzle cayera del universo y me dejara mirando un lugar en blanco detrás de ella. El consejero de la escuela me dijo que era parte de la THDA, mi cerebro malinterpretaba las cosas.
Yo no estaba tan seguro.
Aquiles, Heracles, Perseo y Orión miraron al pequeño azabache (en comparación con ellos) con una sonrisa leve, y un brillo especial en sus ojos.
Fui detrás de la Sra. Dods.
A mitad de los escalones, mire a Grover. Estaba pálida, mirando del Sr. Brunner a mí , como si quisiera que el Sr. Brunner notara lo que estaba pasando, pero el Sr. Brunner estaba absorto en su novela.
—Quirón…—regañaron Zeus y Hera en simultáneo, tal cual lo había hecho él antes, para diversión de Grover.
Bueno, pensé. Me va ha hacer comprar una camisa nueva para Nancy en la tienda de regalos.
Hermes se escandalizó, pero antes de emitir sonido Apolo le cubrió la boca, callándolo. El dios de los ladrones miró al dios del sol, indignado. Apolo sólo sonreía.
Pero al parecer, ese no era el plan.
La seguí por el museo. Cuando finalmente la alcance, estábamos de vuelta en Grecia y la sección romana.
Excepto por nosotros, la galería estaba vacía.
Poseidón entornó los ojos, casi diciendo así "Por supuesto".
La Sra. Dods estaba de pie con los brazos cruzados delante de un gran friso de mármol de los dioses griegos. Estaba haciendo un ruido extraño con la garganta, como gruñendo. Incluso sin el ruido ya estaba nervioso. Es raro estar a solas con un profesor, especialmente la Sra. Dods. Algo sobre la forma en que miraba el friso, como si quisiera pulverizarlo...
—Bueno...—sonrió Percy, inconcluso.
—Nos estas dando problemas, cariño—dijo.
—"Cariño"—volvió a musitar Nico, ya desesperado.
Hice lo seguro. Le dije: —sí, señora.
Los semidioses, mayoritariamente, miraron al muchacho con escepticismo.
Ella tiró de las mangas de su chaqueta de cuero.
—De verdad crees que puedes salirte con la tuya, ¿verdad?
La mirada en sus ojos iba más allá de la locura. Era malvada.
—Más que malvada—Grover hizo una mueca.
Ella es maestra, pensé con nerviosismo. No es que vaya a hacerme daño.
—Yo..., Yo…, me esforzaré más, señora.
Un trueno sacudió el edificio.
Las miradas se voltearon hacia Zeus, el cual frunció el ceño.
—Nosotros no somos tontos, Percy Jackson—dijo la Sra. Dods—. Era sólo cuestión de tiempo que te descubrieras. Confiesa y sufrirás menos dolor.
Persephone abrió sus ojos, estupefacta.
—¡Esa es…!—miró automáticamente a Perseo, el cual asintió rápidamente.
No sabía de qué hablaba. Todo lo que podía pensar era que los maestros habían encontrado el alijo ilegal de dulces que había estado en mi dormitorio.
Apolo gimió cuando Hermes le mordió la mano con la que cubría su boca y el dios de los ladrones vociferó una afirmativa, sonriendo al hijo de Poseidón, levantando ambos pulgares.
—No lo alientes—reprimió Poseidón, mirando a sus hijos con reproche. Éstos sonrieron como angelitos.
Hermes volvió a ver a Apolo y su mano.
—¿Te dolió?—murmuró para no irritar más a Atenea y ganarse una maldición.
—No—respondió Apolo, sarcásticamente—. Fue terriblemente excitante—se sobó la mano.
Hermes enarcó ambas cejas, sorprendido. Apolo lo miró, en silencio. Luego se escandalizó.
O tal vez se habían dado cuenta de que mi ensayo sobre Tom Sawyer era de Internet y no por haber leído el libro y me iban a quitar mi nota. O peor, me iban a hacer leer el libro.
Atenea se autointerrumpió para mirar exasperada a quien sería su primo. Percy se encogió ante la mirada de la diosa mientras sus amigos y conocidos reían. Poseidón lucía casi satisfecho con ver el enojo de Atenea gracias a la conducta de su hijo; amaba sacarla de sus casillas.
Artemisa suspiró y sonrió, sintiendo bastante ligero el ambiente. Sus ojos viajaron hacia su mellizo, el cual estaba rojo hasta las orejas y evitaba ver dificultosamente a Hermes. Éste parecía haberse traumado, ya que mantenía sus ojos bien abiertos y lucía algo pálido. "Mejor no saber", pensó cansada.
—¿Y bien?—preguntó ella.
—Señora, yo no…
—Se acabó el tiempo—dijo entre dientes.
Entonces, sucedió la cosa más extraña. Sus ojos empezaron a brillar como brasas de barbacoa. Sus dedos se estiraron convirtiéndose en garras. Su chaqueta se fundió en grandes alas de cuero. Ella no era humana. Era una bruja arrugada con alas de murciélago y garras, y una boca llena de colmillos amarillos, apunto de comerme.
—"Cariño"… ¡ALECTO!—saltó Nico, sobresaltando a Hazel.
Hades, comprendiendo la situación en la que se veía, palideció rápidamente y miró a su hermano.
Poseidón no tardó en reaccionar.
—¿¡UNA FURIA!?—rugió el dios, y el sonido fue tal que se asemejó al sonido en plena tormenta bestial.
—Esa vieja lo maltrataba—escuchó Percy que murmuraba tensamente su homóloga.
Atenea, no deseando presenciar otro disturbio, continuó leyendo.
Los semidioses griegos y romanos que no poseían ese conocimiento, miraban a su amigo y pretor con admiración. No cualquiera sobrevivía a su primer monstruo, especialmente si éste era una furia.
Luego las cosas se pusieron aun más extrañas.
—¿Es eso posible?—musitó Persephone, viendo preocupada el estado casi catatónico de su padre.
El Sr. Brunner, que había estado frente al museo un minuto antes en su silla de ruedas, estaba en la entrada de la galería con una pluma en la mano.
Las miradas curiosas se volvieron al centauro.
—¡Eh , Percy!—gritó, tirando la pluma al aire…
La Sra. Dods, se abalanzo sobre mí.
Con un gritó, la esquive y sentí las garras rozando el aire junto a mi oído. Cogí el bolígrafo en el aire, pero cuando llegó a mi mano, ya no era una pluma. Era una espada—la espada del Sr. Brunner que siempre utilizaba en el torneo.
—Oh—suspiró Poseidón, aunque no del todo calmo.
La Sra. Dods se volvió hacia mí con una mirada asesina en sus ojos. Mis rodillas parecían de gelatina. Me temblaban las manos tanto que casi dejo caer la espada.
Me espetó.
—¡Muere , cariño!
Nico resopló, revirando los ojos.
Y voló directamente hacia mí.
Absoluto terror corrió por mi cuerpo. Hice lo único que llegó de forma natural: blandí la espada.
—¿Así nada más?—silbó Teseo.
Orión ni se inmutó, como si supiese de antemano los dotes de sus hermanos.
Heracles sonrió a Percy.
—No es común, especialmente en las últimas épocas—destacó—. El último natural, antes de Percy, fue Ni…
Su postura vaciló y miró a Perseo. El hijo de Zeus observó a Persephone, al igual que los demás "hermanos mayores". La muchacha se preocupó rápidamente.
—¿Por qué miran así?—indagó ella.
Se miraron unos a otros pero mantuvieron la boca cerrada, para angustia de la chica.
La hoja de metal tocó su hombro y pasó limpia a través de su cuerpo como si fuera de agua.
La Sra. Dods fue un castillo de arena en un momento. Ella estalló en polvo amarillo, se vaporizó en el terreno, sin dejar nada, pero con olor a azufre, y un grito de muerte y un enfriamiento en el aire, como si esos dos ojos brillantes siguieran mirándome.
Algunos semidioses temblaron ligeramente, recordando su primer monstruo.
Estaba solo.
Había un bolígrafo en la mano.
El Sr. brunner no estaba allí. No había nadie más que yo.
—La niebla—dijo Annabeth, apretando los labios luego.
Mis manos estaban temblando. Mi comida debía de haber sido contaminada con hongos o algo así. ¿Y si había imaginado todo eso?
Los mayores lo miraron con simpatía.
Volví a salir.
Había empezado a llover.
Grover estaba sentado junto a la fuente, con un mapa del museo sobre su cabeza. Nancy Bobofit estaba todavía allí de pie, empapada después de su baño en la fuente, refunfuñando con sus feas amigas.
Cuando ella me vio, dijo: —. Espero que el Sr. Kerr te haya azotado el trasero.
—¿Quién?—se extrañó Poseidón.
Le dije: —¿Quién?
Sus hijos rieron mientras Percy y él se ruborizaban. Zeus gesticuló hacia arriba, pidiendo silenciosa clemencia al destino. Hera miraba divertida a su marido.
—Nuestro maestro, tonto.
Parpadeé. No hemos tenido nunca un maestro llamado Sr. Kerr. Le pregunté a Nancy de que estaba hablando.
Ella solo puso los ojos en blanco y se alejó.
Le pregunté a Grover dónde estaba la Sra. Dods.
El dijo: —¿Quién?
Pero se detuvo y no me miró, así que pensé que estaba bromeando.
Hermes miró desaprobatoriamente al sátiro. Era indispensable saber mentir adecuadamente para su trabajo.
—No es gracioso hombre—le dije—. Voy enserio.
Un trueno retumbó.
—Yo no acciono en otros mundos—respondió Zeus levemente irritado al verse observado cada vez que mencionaban algo de ese tipo.
Vi al Sr. Brunner sentado bajo su sombrilla roja, leyendo su libro, como si nunca se hubiera movido.
Me acerqué a él.
Miró hacia arriba, un poco distraído.
—Ah, mi pluma. En el futuro haga el favor de traer su propio utensilio de escritura, Sr. Jackson.
—Excelente—sonrió el dios de los mensajeros.
Le entregué al Sr. Brunner su pluma. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba todavía con ella.
—Señor—le dije—. ¿Dónde está la Sra. Dods?"
Me miró sin comprender.
—¿Quién?
Hermes sonrió más ampliamente, sus ojos brillando. Era divertido para él ver el desconcierto y la confusión que creaban las buenas mentiras.
—El otro acompañante. La Sra. Dods. La maestra de álgebra.
El frunció el ceño, inclinándose hacia adelante, viéndose ligeramente afectado.
—Percy no hay una Sra. Dods en este viaje. Por lo que yo sé, nunca ha habido una Sra. Dods en la academia Yancy. ¿Te encuentras bien?
—¡Está hecho!—gritó Hermes, complacido—. ¡Excelente!
—Milenios de práctica—dijo divertido Quirón.
Percy arrugó la nariz. No era divertido ni gratificante el que te mintiesen. ¡En muchos problemas se había metido por no haber obtenido una respuesta concreta y bien directa!
Atenea observó el libro y cambió de página.
—Se ha acabado—anunció, viendo reprobatoriamente a Hermes—. ¿Continúo o prefiere seguir alguien más?
Los semidioses se miraron entre ellos pero Hera sonrió.
—Seguiré yo.
Atenea asintió e hizo levitar el libro hacia las manos abiertas de la diosa. Hera miró curiosa el título del capítulo y tuvo una sensación amarga en la boca del estómago.
Poseidón se lamentó para sí.
—No llegaré compuesto a la mitad del libro.
—Y eso que apenas comenzamos—le susurró Percy a su homóloga, la cual rió.
Hera se aclaró la garganta, llamando la atención.
—Comenzaré…
¡Primer capítulo, al fin!
Un favor: sé que es confuso en cuanto a Perseus y Persephone, ya que ambos se apodan Percy. Así que, pensaba sería más cómodo inventarle un mote similar a ella, para no confundirlos. ¿Alguna idea?
Lamento la demora, espero poder establecer un patrón de actualización más equilibrada pronto.
RebDell'O.-
