DISCLAIMER: Rowling es la dueña, ama y señora de todo lo conocido aquí. Literalmente hablando.
Aviso: Este fic participa en la «Dramione Week 2016» del foro «El mapa del mortífago»
Prompt: Beso
Capítulo VI.
Un último beso
Hermione tomó la rosa tan roja como su propia sangre y depositó sobre ella un beso, antes de arrojarla sobre la gramilla e irse de aquel lugar.
Ese día en particular se sentía cansada y decidió que a diferencia de otros, no caminaría hasta su casa. Había establecido una rutina, pero era demasiado tedioso acostumbrarse a algo como eso, mucho más si sus pensamientos e incluso sus sentidos, seguían traicionándola constantemente.
El viento sopló más fuerte y por la ventana del automóvil se colaron unas cuantas gotas de la llovizna que empezaba a caer. El día era gris igual que sus ojos y Hermione pensó que incluso el estado del tiempo se confabulaba para hacer que no se olvidara de tener muy presente a Draco.
Un suave toque en su mejilla la sobresaltó e hizo que su piel se estremeciera como en tiempos de antaño. El rubio todavía tenía la capacidad de ejercer poder sobre ella y de hacer que su corazón latiera o se detuviera con el recuerdo de sus labios.
Dolía.
Dolía como nada en el mundo y a pesar de que Hermione Granger conocía mucho acerca del dolor, no había algo que se equiparara con aquello.
El chofer hizo girar el automóvil en la esquina y se encaminó hacia la enorme casa que estaba a diez cuadras de aquel punto en Londres muggle. Draco había decidido que su relación era una especie de reconciliación con el mundo y desde entonces, sus creencias y prejuicios habían cambiado hasta el punto de considerar perfecta la idea de vivir con ella entre muggles, aunque con todas las comodidades propias de un Malfoy.
Sin embargo, lo hermoso de aquel plan había durado menos de lo que esperaban y Hermione todavía se lamentaba por ello.
—De verdad quisiera saber cuándo vas a dejarme ser libre —soltó, entrelazando las manos en su regazo.
Era sábado y Hermione había decidido pasar el día en casa.
De vez en cuando disfrutaba de la soledad y la quietud de su sala de estar, donde el aroma de las páginas de alguno de sus libros viejos, el sonido relajante del crepitar de las llamas en la chimenea y el sabor inconfundible del chocolate caliente, terminaban por volverse el único centro de su atención.
Había decidido tomarse un tiempo luego de la escuela de leyes mágicas, en el cual, ella y Draco habían formalizado su relación yéndose a vivir juntos. Habían sido meses maravillosos, pero las circunstancias habían cambiado y en realidad, nadie tenía la culpa de ello. O tal vez sí, pero ya no servía de nada encontrar responsables y mucho menos pretender que pagaran por sus actos.
Los días en invierno se hacían más largos ahora que él no estaba en casa. El lugar se sentía demasiado grande para una sola persona y a pesar de que había logrado acondicionarlo a sus necesidades, ya no poseía el calor de hogar que solía tener al principio.
Parecía que ya nada era como antes.
El pitido de su teléfono celular desvió sus ojos del libro en sus manos y sus pies la llevaron hasta la pequeña mesita cerca de la ventana donde una fotografía de ella y Draco sonriendo, parecía burlarse de ella. La castaña trató de ignorarla y concentrar su atención en la pantalla del móvil, pero la sonrisa resplandeciente y envolvente del rubio parecía ser más atrayente que el texto que le había escrito Ginny.
Hoy es noche de chicas. Luna y Pansy quieren ir a uno de los clubes nocturnos del centro muggle. ¿Vienes? No quiero que esa enorme casa termine por consumirte. Necesitas divertirte de vez en cuando.
Ginny.
Hermione tomó el móvil en su mano y volvió a sentarse en el mullido sillón. Deseaba desechar la invitación y poder hacer planes diferentes, pero sus opciones eran limitadas, salvo por la idea de continuar con su lectura o de ver algún tonto programa de comedia en la televisión.
Se levantó y por un momento observó su reflejo en el espejo. Se veía igual que siempre, tal vez un poco más delgada, pero a penas los suficiente para notarlo. Las bolsas debajo de sus ojos habían desaparecido por fin, pero con ellas también se había ido el brillo que solían tener. El tono chocolate parecía muerto desde hacía bastante tiempo.
Se dirigió a su habitación y de nuevo pudo sentir los ojos grises de Draco observarla. Estaba en todas partes. Era como el aire, invisible, pero indispensable y sin embargo, Hermione se obligó a ignorarlo y a vestirse para salir.
El lugar estaba lleno. Las luces estroboscópicas la cegaron momentáneamente y el aroma dulzón del humo le causó un leve mareo. Había sido buena idea salir con sus amigas, pero parecía que llevaba años sin asomarse a un lugar diferente del rutinario. Se sentía extraña entre tanta gente y a pesar de que la música que llenaba todo el espacio era atrayente, por lo menos de momento, no la convencía de querer bailar.
—¡Este lugar es genial! —dijo Pansy, mientras sonreía descaradamente al chico de cabello oscuro que la miraba desde la barra.
—Lo sé, vine con Blaise en una ocasión —contestó Ginny, acomodándose la melena roja lisa sobre la espalda.
Hermione veía a todos lados sin decir nada. La mayoría de gente contoneaba su cuerpo de manera sensual en grupos y las sonrisas en sus rostros denotaban que se estaban divirtiendo. Era extraño, aquel lugar hubiera sido el último que ella podría escoger para pasar un buen rato, pero increíblemente, empezaba a sentir que allí era donde debía estar.
—¿Estás bien, Hermione? —le preguntó Luna, poniéndole la mano en uno de sus hombros descubiertos. La castaña volteó a verla y le sonrió.
—Sí, no te preocupes.
Ocuparon una mesa cerca de una de las columnas que surcaban el sitio y en menos de quince minutos, todas se movían al ritmo de una canción que al parecer estaba de moda. Hermione se había dejado convencer de Ginny para salir y le parecía injusto aguarle la fiesta quedándose sentada en la mesa toda la noche.
Los movimientos de Ginny eran sueltos, los de Pansy, sensuales y los de Luna, un poco extraños. Hermione lo intentaba levantando los brazos y moviendo su cabeza y su cadera en sincronía, mientras sus pensamientos se balanceaban al ritmo de la música. Era una noche y fría y sin embargo, el tumulto de gente daba una impresión de calidez que ella llevaba algún tiempo sin poder percibir.
El licor era suave, pero a pesar de eso le quemaba la garganta a su paso. La sensación de libertad que proporcionaba era agradable y la castaña se permitió a sí misma abandonarse a ella por algunos instantes, hasta que lo vio.
Ahí entre la multitud de pie, con su sonrisa ladeada y sus ojos grises fijos en ella, resaltaba como un una estrella luminosa en una noche oscura. El corazón de Hermione latió tan fuerte que fue imposible ignorarlo y para cuando fue consciente, sus pies ya se movían hasta donde estaba él.
—¿A dónde vas? —le dijo Ginny, agarrándole una mano.
—Ya regreso —fue todo lo que contestó la chica, soltando el agarre de su amiga.
Y ahí estaban de nuevo.
Frente a frente.
Durante un segundo sólo se miraron y luego de que Hermione lo inspeccionara lo suficiente para convencerse a sí misma de que no soñaba, colocó sus dos manos alrededor del cuello de Draco y estampó sus labios contra los de él.
Había olvidado lo que significaba besarlo y a pesar de que se reprendió por sentir tantas cosas en el estómago, se permitió disfrutar del contacto de sus labios y sus manos sobre su piel. Sentía que habían pasado años desde la última vez que había rozado su boca y a pesar de que sabía que el dolor volvería, decidió hacer caso omiso a su cerebro.
El beso duró menos de lo que ella hubiera querido y aunque luego de separarse continuaron abrazados, el frio que la inundó la devolvió a la realidad.
—¿Alguna vez vas a dejarme libre? —le preguntó, pero él guardando silencio tomó su mano para arrastrarla lejos de la vista de sus amigas.
Hermione no pudo hacer otra cosa que seguirlo, estrechando su mano y grabando cada tacto en su memoria para cuando todo aquello terminara, pues sabía que iba a acabar de la misma manera en que había empezado.
Draco se detuvo y volviendo la mano de Hermione a su propio rostro, la instó a acariciarlo. Su piel estaba fría y aunque era igual de suave que siempre, parecía desconocer sus caricias. Después sin más, atrapó su cintura y la invitó a bailar con él la melodía suave que empezaba a llenar el lugar.
La castaña recostó su cabeza al pecho de Draco y así se movieron durante algunos minutos. De verdad deseaba prolongar el momento mucho más, pero sabía que aquello le haría padecer el mismo dolor insoportable que en el pasado había experimentado el primer dueño de aquella reliquia.
—¿Hermione? —la llamó Pansy, viéndola con cara de preocupación—. ¿Dónde te habías metido? Nos asustaste.
La castaña fijó sus ojos confundidos en ella y luego de un segundo dejó de balancearse al ritmo de la canción romántica que ya casi finalizaba. Su anhelo la había llevado a hacer algo que jamás creyó posible, pero que era el reflejo del deseo recurrente que empezó a perseguirla cada día desde aquel octubre.
—Será mejor volver con las chicas.
Hermione asintió y caminó con ella hasta el lugar donde Ginny y Luna parecían buscarla entre la multitud, mientras la pequeña piedra cayó de su mano al suelo, olvidada. Nunca se había atrevido a utilizarla hasta esa noche y sabía que eso significaba que debía ponerle un alto a la situación. Draco se había ido y aunque el recuerdo de aquel beso aún estaba en sus labios, latente y real como había parecido, había entendido por fin que debía dejarlo partir, igual que el día dejaba que las horas se fueran una tras otra para dar paso a uno nuevo.
El olvido era sinónimo de dolor, pero en su caso, era el camino más acertado. Hermione extrañamente sintió por primera vez en su vida que podía ser capaz de hacerlo.
Allí sentada sobre la gramilla recién cortada, tomó la rosa tan roja como su propia sangre y depositó sobre ella un beso profundo antes de colocarla sobre la loza fría donde podía leerse el «siempre a mi lado» que había hecho grabar en la piedra para él.
El día de nuevo pintaba gris, pero ahora estaba convencida de que podía seguir adelante sin melancolía.
O por lo menos, intentarlo.
Para este fic me inspiré en algo que vi por ahí en un video. Veremos si alguien pudo reconocer similitudes.
Muchas gracias a Yaro Alex, YyessyY, SallyElizabethHR, adrylizz, AreRojasDH, Doristarazona y a Annykzhenn por sus comentarios.
Espero que este nuevo capítulo les haya gustado.
Chocolate kisses.
Gizz.
