DISCLAIMER: Rowling es la dueña, ama y señora de todo lo conocido aquí. Literalmente hablando.
Aviso: Este fic participa en la «Dramione Week 2016» del foro «El mapa del mortífago»
Prompt: Fotografía
Capítulo VII.
Espacios en blanco
Hermione caminaba solitaria por las inmediaciones del lago negro, sosteniendo en sus manos el tomo de historia de la magia que había retirado de la biblioteca días antes y el cual pretendía leer bajo un árbol en su hora libre.
Harry y Ron se habían ido a su práctica de quidditch y Ginny estaba reunida con Parvati y Lavender para organizar la celebración del cumpleaños de Luna que sería en dos semanas. La habían invitado a unirse al asunto pero ella, alegando su falta de tiempo para estudiar para sus exámenes, les había hecho saber que estaría de acuerdo con todo lo que ellas eligieran y que en el momento en el que fuera necesario, estaría cien por ciento disponible para apoyarlas.
Luego de llegar al lugar indicado se sentó y acomodando sus piernas posición de flor de loto, se dispuso a abrir el libro en la página donde lo había dejado la última vez.
El día estaba despejado y tranquilo y el sitio que había elegido era por demás propicio. Hermione amaba los lugares solitarios porque eran los que le proporcionaban la tranquilidad suficiente para concentrarse en su lectura. Había tenido que empezar a pasar de la biblioteca pues la presencia de algunas personas se había vuelto recurrente y a la vez bastante inquietante.
Draco Malfoy parecía tener la manía de estar en el mismo lugar y al mismo tiempo que ella y aunque había dejado de insultarla y de meterse en sus asuntos en general, el que estuviera cerca de ella, observándola todo el tiempo —porque no se molestaba en disimularlo—, le causaba una emoción que le revolvía el estómago.
Las aguas del lago estaban quietas, igual que las ramas de los árboles que no emitían ni siquiera un leve soplido de viento y el único sonido cercano era el que ella misma causaba al pasar la página. Un suspiro largo se escapó sin previo aviso de su boca y por un momento, levantó su mirada de la lectura y se recostó al tronco grueso del árbol para descansar la espalda. Había dormido mal la noche anterior y tenía una pequeña molestia en su espalda, por lo que por un instante cerró sus ojos y se permitió relajarse hasta que tuvo la sensación de que alguien la observaba.
Cuando abrió los ojos de nuevo se encontró con la mirada gris de Malfoy fija sobre ella. De inmediato se sobresaltó y levantándose de golpe de su sitio, dejó que el libro en su regazo cayera estrepitosamente al suelo.
—¡Malfoy! ¿Qué diablos haces aquí?
Draco observó el libro en el piso y luego posó sus ojos de nuevo en el rostro de Hermione.
—¿No es evidente? Estaba buscándote —le dijo acercándose y haciendo que ella se pegara al tronco del árbol—. No sé por qué te empeñas en desaparecer.
—¿Qué dijiste? —preguntó contrariada.
—¿Exactamente qué? ¿Que he notado que últimamente te escondes de mí? ¿O qué te estaba buscando?
—¿Por qué habrías de hacer algo como eso? —volvió a preguntar, esta vez sobresaltada.
—No sé —contestó él con gesto despreocupado—, quizás porque quería verte.
Hermione sintió que el corazón le palpitaba en los oídos.
¿Malfoy estaba hablando en serio?
Tenía que estar bajo el poder de un imperio para decir cosas como esas. Lo observó sigilosamente y se movió de su lugar, evitando estar tan cerca de él, mientras el rubio la miró con expresión divertida en el rostro.
—¿Estás ebrio? —lanzó de pronto y Draco levantó una ceja, curioso.
—¿Qué?
—Entonces, estás bajo el efecto de algún encantamiento.
—¿De qué mierda estás hablando, Granger?
—Creo que te volviste loco.
—No —replicó.
La chica podía ser una testaruda cuando se lo proponía.
—¿Entonces qué te pasa? —le gritó.
—Me gustas —contestó él con tranquilidad, mientras observaba la posición descolocada de Hermione frente a él—. Y a decir verdad, ya no me molestaré en negarlo
¿Qué acababa de decir?
La boca de la castaña se formó en una O mientras lo miró sin emitir sonido alguno. Definitivamente el rubio había enloquecido.
—¿Y me lo dices así, sin más?
—¿Cómo esperabas que te lo dijera entonces?
—Pues no sé, pero no así.
—¿Tal vez con una nota en tu buzón? ¿O quizás, un mensaje en uno de tus libros? —ironizó—, por favor Granger, ya estamos demasiado grandes para eso y de cualquier manera, pensé que ya lo habías notado. Para ser la bruja más brillante de bla bla bla, no eres nada perspicaz.
Hermione se sintió un poco tonta y tan avergonzada que estaba convencida de que su rostro inevitablemente se había coloreado de rojo.
—Pues no te creo —soltó al fin y el rubio esbozó una leve sonrisa.
—No esperaba que lo hicieras.
—¿Qué? ¿Entonces, cuál era el fin de todo esto?
Draco esbozó una sonrisa aún más grande, antes de dar la vuelta para marcharse.
—Asegurarme que desde ahora no vas a sacarme de tu cabeza.
Hermione llevaba días sin poder pensar en algo diferente de las palabras de Draco Malfoy.
Maldito hurón.
¿Cómo diablos se las arreglaba para jugar con su mente de esa manera?
Aunque no había intentado hablar con ella de nuevo, Hermione se había visto a si misma pendiente de los movimientos del rubio en más de una ocasión. Draco Malfoy era una detestable cucaracha que continuaba tan campante por su vida, mientras ella había perdido por completo su tranquilidad.
Era tonto y vergonzoso admitirlo porque la castaña tenía cosas más importantes en las cuales centrar su mente, pero también era estúpido no reconocer que ese «me gustas», le había generado bastantes inquietudes.
¿Acaso no pensaba decir nada más al respecto?
¿Estaría esperando a que ella tomara la iniciativa?
Hermione estaba confundida y sin embargo, lo único que tenía claro era que no movería un dedo para resolver el asunto. No obstante, también estaba convencida de que la extraña declaración de Malfoy le había hecho replantearse demasiadas circunstancias y eso de cierta manera la hacía sentirse incómoda consigo misma.
Tal vez Malfoy le aclarara las cosas en el futuro pero por ahora, al parecer habría que esperar.
Era la hora del correo y el Gran Comedor estaba envuelto en un gran barullo.
Hermione leía concentradamente su ejemplar de El Profeta cuando una lechuza blanca se acercó a ella y le entregó un paquete grande, envuelto en un papel de color marrón que además traía consigo un sobre marcado con su nombre.
¿Quién podría haberle enviado algo?
Sus padres normalmente le hacían llegar presentes, pero casi siempre estaban envueltos en papeles coloridos y tenían tamaños mucho más pequeños. Por su mente cruzó la idea de que tal vez el paquete hacía parte de una broma que alguien quería gastarle y de inmediato dirigió su mirada a los gemelos Weasley, quienes estaban molestando a Ron por un vociferador que le había enviado su madre.
Por lo menos ellos no tenían nada que ver al respecto pues Hermione había notado que cuando estaban involucrados, tenían su mirada fija en la posible víctima. No obstante, el paquete seguía ahí frente a ella y picada por la curiosidad, abrió el sobre para encontrar una sencilla frase escrita a mano y en una caligrafía bastante pulcra.
«Como no creíste una sola de mis palabras y al parecer, necesitas pruebas de que no te miento, aquí traigo una serie de evidencias que supongo podrán aclararte las dudas».
Hermione levantó la mirada para buscar al remitente del paquete en la mesa de Slytherin y al observar que no se hallaba ahí, se dispuso a tomarlo para irse a su habitación y poder abrirlo sin que nadie la molestara. La ansiedad la carcomía poniéndola en evidencia por lo cual tuvo que acelerar el paso y al llegar por fin, asegurarse de que estaba sola antes de rasgar el papel con urgencia.
Los trozos de marrón grueso cayeron al piso, totalmente destruidos para dejar ver que dentro del mismo había una especie de libro grande de tapa dura color marrón y con bordes dorados que no tenía ninguna inscripción pero que la sorprendió al entender de lo que se trataba.
Era un álbum fotográfico con imágenes y mensajes acerca de ella, al parecer.
La primera hoja estaba marcada con la misma fina caligrafía de la nota y en ella podría leerse una pequeña frase que decía: «cuando conocí a Hermione Granger», seguida de una fotografía que mostraba a una Hermione de 11 años que se levantaba luego de que el sombrero seleccionador la hubiera designado a Gryffindor.
¿Quién demonios había tomado esa foto y cómo era que Malfoy había tenido acceso a ella?
Sin embargo, aquello era sólo el comienzo.
La castaña siguió ojeando el álbum y se topó con muchas más imágenes que señalaban momentos específicos de su vida. Allí pudo ver una fotografía de ella dormida en la enfermería cuando estuvo resfriada por dos días y otra donde aparecía del brazo de Viktor Krum durante el baile de navidad en cuarto año. Había otras tantas tomadas en la biblioteca cuando estaba estudiando sin compañía y muchas más viendo —aburridos— partidos de quidditch, o paseando por Hogsmeade e incluso una de ella jugando con Crookshanks en su regazo.
Las fotografías de vez en cuando iban acompañadas de mensajes, algunos sencillos como: «vaya que estabas concentrada», «¿No pudiste elegir una mascota menos fea?» o «todos sabíamos que ibas a ser prefecta», y otros más inspiradores y complejos como: «esa noche no pude dejar de mirarte. Te veías hermosa» o «me hubiera gustado haber sido yo el causante de esa sonrisa», a partir de los cuales la cabeza le empezó a dar vueltas.
¿Cuándo había pasado todo eso y cómo es que Draco Malfoy tenía acceso a momentos que ni ella parecía haber notado?
Aquello era como sacado de una película muggle en la cual, Malfoy era una especie de acosador y Hermione en lugar de sentirse asustada por eso, experimentó una sensación en el estómago que se acentuó aún más al llegar a la última página marcada con una frase en el centro, a partir de la cual había espacios vacíos y listos para colocar muchas más fotografías.
«Seguro piensas que ya lo has visto todo, pero te aseguro que nuestra historia recién comienza y hay bastantes espacios en blanco para escribirla».
Fue inevitable que una sonrisa se escapara de sus labios, igual que el sentimiento de euforia que la inundó completamente. Había pensado que algo como eso era imposible pero al parecer nada en la vida lo era y aquel álbum en su regazo era la prueba fehaciente de eso.
Y de esa manera, tan ridículamente alegre como se sentía, se levantó de su cama y salió de su habitación con rumbo incierto pues pretendía encontrarlo, con tan buena suerte que al salir del territorio de su casa notó estaba de pie, recostado a la pared y muy cerca de donde finalizaban las escaleras que conducían a la torre de Gryffindor.
¿Cómo era que estaba ahí esperando por ella y cómo había hecho para saber qué…?
Pero al parecer él sabía muchas más cosas de las que ella pensaba y cuando vio en su semblante, un con toque de coquetería arrogante, comprendió lo que estaba sucediendo.
Aquel era un inicio. Un poco extraño pero aun así, muy claro.
Draco sonrió ladinamente, mientras ella en respuesta, caminó hacia él con la misma expresión en su rostro.
Al parecer, iban a ser bastantes los momentos que tendrían que ser fotografiados.
Lo sé, esto ha sido raro pero creo que tenía que reivindicarme —o por lo menos, intentarlo— por tanto dolor que les causé. Gracias a todos los que estuvieron conmigo hasta este momento y rieron y lloraron con todo lo que se me pudo ocurrir para este reto por triste, cliché o soso que terminara siendo.
Un saludo especialísimo a Bella Malfoy Mellark, Doristarazona, AreRojasDH, adrylizz, Yaro Alex y a la grandiosa MrsDarfoy y un millón de graciaspor sus hermosos comentarios en el último prompt.
Y sin más que decir, este es el fin de «siete vidas».
Kisses.
Gizz.
