"El problema en tener una OTP, es que no puedes ver ningún doujinshi donde salga uno o el otro con alguien más. Por eso hay que ser multishipping, ¡pero no puedo! Es como tener un perro de mascota, pero comprar un gato."

Como dije; Soy como Osomatsu en el Pachinko, no consigo nada con hacer esto, salvo utilizar algo que no es mío..., sería "Prestado". Menos la trama, creo, esa me la ideé yo.

Anteriormente olvide mencionarlo, relación establecida. Pero ello es obvio.


El boleto que reposa dentro de su bolsillo marca la hora máxima en la que pueda abordar el metro. Sus manos sudan por tenerlas fuertemente apretadas y abrigadas en lo que es el interior de los bolsillos de su sudadero, hay también un poco de sudor resbalando de su frente pero es una cantidad indistinguible ocultándose en su cabello bien peinado, prefiere verlo como un reloj de arena matando esos molestos minutos de más. Cuando salió de casa no consideró que la hora era aún temprana, fueron el estrés y decepción los que lo hicieron ponerse nervioso ante todo y salir rápido tomando su mochila y las prendas más rápidas que encontró.

Ambos puntos desesperados en sus cuencas oculares viajan atareadas e intrigados de su compañero de la izquierda al de la derecha, y viceversa, uno lo voltea a ver pero él lo elude, un gran gentío de personas cada vez se aglomera más en su posterior y tapan su visión los que se saltan la fila. Jura haber visto una pequeña niña albina junto a un tipo muy alto de cabello azabache, traía una serpiente parecida a la mamba negra colgando de su hombro y un atuendo emo con toques amarillo chillón. Le sorprendería la vasta diversidad, al igual que esa loli que afortunadamente tuvo el gusto de encontrar, si no estuviese con los nervios a flor de piel. Si Todomatsu estuviera justo a su lado, seguramente le diría algo como "¡cuidado!, tu olor a virgen se está intensificando" mientras retrocede varios pasos.

Hace rato vio una rata correr por las vías vacías con lo que parecía ser un pedazo echado a perder de una barra de fibra musgosa en la punta de su hocico. Se preguntó en qué estaría pensando ese bello animal infeccioso, tal vez Todomatsu sepa hablar su idioma. ¡Porque ambos son unas malditas ratas!

Espera, que al menos la persona con un desequilibrio extraño, que siempre entra a esos sitios y se sienta en la esquina para posar su sombrero -, de quién sabrá dónde lo sacó - en el polvoroso suelo lleno de bacterias y algunas envolturas de botanas con la esperanza en que alguien se apiade y deposite algo, - la fe en la humanidad, - a veces trae consigo un instrumento simple pero entretenido para aumentar los yenes cayendo al fondo del terciopelo desgarrado, y la mayor parte del tiempo hay quienes traen una guitarra para exhibir su gran talento porque no cuentan con el medio para darlo a conocer, no comience a empujar a todas las personas mientras grita incoherencias. Él está a escasos metros de la línea amarilla, si un metro a la velocidad de la luz roza su nariz para él contaría como ver su vida ante sus ojos, no le gusta tener que saber que si cae en las vías las palabras 'amarillo', 'locuaz' e 'hiperactivo' darán con la imagen de Jyushi arrojándolo inconscientemente.

Inevitablemente salta a su mente la imagen de Karamatsu tocando su guitarra, pero es difícil considerarlo entonando aquí la suya propia con la desarmonía de su canto. Primero que nada ya que, al menos debe tener talento para hacerlo.

Aunque, si debía ser sincero por lo menos en su propia cabeza y con la pequeña diosa del rió flotando en su hombro como su lado pensativo, el único que tiene y, lo único que le pediría cambiar serían esas exageradas poses y notas. El hecho que Jyushi cante también junto a él ayuda bastante, en especial al cubrir esa aguda voz con la que termina la canción -, pero esto tal vez se deba por caer del tejado -. Curiosamente para los tres restantes, incluyéndose, parece como si Ichimatsu también desease unirse a ellos, siempre que coincidentemente lo encuentra está espiando por la ventana, espiando, esa sería la palabra más correcta, o por el corredor sus lecciones privadas con lo que bien se aprecian son celos y anhelo. ¿Podría ser que esté interesado? Realmente no lo sabe, es mejor para su salud y él mismo no adentrarse a ese tema.

El altoparlante en un lugar sin ubicación exacta comienza a dar los horarios y estaciones del metro, no cree que alguien en su sano juicio haya entendido esa mezcla de letras en un idioma tal vez inventado, pero una de las latas ya ha pasado y depositado su cargamento. El olor a pastel recién salido del horno pero chamuscado inunda el ambiente, así como el vagabundo que estaba sentado en una esquina por las escaleras tiene el sombrero milagrosamente lleno de yenes y unos cuantos billetes que desconoce ser de este país, lo toma y se va con una carrera admirable subiendo cada peldaño, el recinto se llena igualmente con más personas y se antoja con desagrado de unas chocando contra él, es educado y se disculpa, desearía que la gran mayoría de esas personas contesten lo mismo. Un desagradable tipo pasó mientras se hurgaba la nariz. Otro casi se echa un eructo en su rostro, afortunadamente se le salió frente a un chico de yérsey rojo y unos pequeños auriculares blancos, esos ojos tan muertos como los de Ichimatsu reaccionaron con más melodrama que Karamatsu.

Un toqueteo leve pero ciscado en su trasero fruncen su entrecejo y boca en ve chica se invierte, se sacude un poco en su lugar y un espasmo como un calambre de medianoche en época fría recorre todo su ser. La desagradable imagen de un viejo miope, una nariz tan ancha como larga y escurriendo moco, mayormente calvo con una rueda de canas entorno a lo que le queda de cabello, es lo primero que ruega no aparezca detrás suyo en cuanto se voltee. Un retortijón envolviendo su estómago porque el toqueteo apareció nuevamente, y ahora presiente una forma sobresaliente tratar de clavarse en él con esfuerzo, se agranda, como si fuese una nalgada justo en su nalga izquierda virgen con una intromisión indeseada.

- Lo lamento, señor. - Pronuncia muy débilmente un niño pequeño, es lo que algunas personas en los foros y páginas de internet denominan como shota, trae entre las manos una caja café medianamente grande, con hoyos en los costados, y que parece croar desde el interior. Las esquinas siendo lo suficientemente puntiagudas para simular... Esa cosa. Se emocionaría, pero solo si fuese una loli como la que vio hacía ya un rato.

- No importa. - Sobrepone quedo, casi tragándose unas bien merecidas palabras, los ojos de la madre lo miran fijamente, es una expresión peor que la de Todo y prefiere evitarse el problema. Porque aparentemente quién le estuvo golpeando el trasero era la caja donde se halla una rana y lo que intentó propasarse una esquina muy picuda.

Choromatsu vuelve a girarse, claramente abochornado y con sus orejas pareciendo ser iluminadas con un fuerte foco de luz, quedando de espaldas contra ambos, y de forma irrespetuosa contra uno que gustaba su emparedado de atún a escasos metros de la escena, avanza unos pasos hacia adelante para no tener que repetir el incidente, y recae por el sonido engañosamente ruidoso del metro que, traqueteando como la columna de un esqueleto siendo tocado bruscamente por otro tal cual xilófono, el suyo al fin está por llegar. La emoción renovada nuevamente, y como al principio de la noticia, ganando le da el valor por asomar unos centímetros la cabeza y contemplar los focos de luz delanteros cegarle levemente unos segundos, que echa la cabeza para atrás con tal de no perderla antes del concierto; ahí mismo va a perder el conocimiento como se debe. Las luces deslumbrantes que lo cegarán levemente deben ser la de los reflectores y las luces de neón que las varias varas luminosas desprenderán, no de un metro rayado e incivilizado por malhechores.

¡No puede creerlo! ¡Son las nueve y cuarto, y dentro de quince minutos más conocerá a su ídolo en persona! ¡Nyān chan, quien además presentará a su nueva contraparte durante el espectáculo! Es una nota especial que se filtró desde las profundidades de la web, divulgada por un tipo fanatizado con la vida de una persona desconocida que ni aunque use uñas y dientes por conseguir entrar a su vida conseguirá volverse algo más que un amigo; ¡justo como él! Aquel seguramente no tenía nada mejor qué hacer, pero fue esa vagues la que le dio pie a esta suertuda situación.

Las puertas del metro se abren ante sus esmeraldas ojos, le ha costado un jalón de greñas tanto suyo como de otros llegar hasta ahí, que se expanden lagrimosos de al fin lograr lo que tanto ansía desde que se enteró el día de anteayer. El, en principio, desalentador día con la sensación de una patada en la entrepierna terminará aún mejor de lo que se prometió lo terminaría él mismo antes de cerrar en un azore la puerta principal. Y todo gracias a que no esperó al imbécil de Osomatsu nī san para que lo acompañase.

...

No consiguió el empleo.

Karamatsu sirvió enfrente de él un platón lleno con carne preparada y empanizada de los muchos modos distintos en los que el mayor de ambos se pasó la mayor parte de la tarde leyendo recetarios y practicando sazones. Por la tarde de la historia el tercero de los seis volvió con su traje de presentación para el trabajo desigual a como se lo llevó por la mañana, desarreglado y en el vórtice de su peinado del despeinado se alzaban los dos inconfundibles cabellos Matsu. Quien lo recibió fue un Kara con la mejilla roja, un incandescente tintineo carmín como un foco policial, y latiendo con el corazón en la mano, tremendo golpe le dieron, por la expresión cabizbaja que arrastraba su hermano; la novedad, sin embargo, venía meciéndose en sus manos dentro de un empaque ocre y sofisticado con una estampa del lugar destinatario.

Cada una de las manos del Matsu segundo teniendo en la palma el dolor de imperceptibles ampollas por las incontables quemaduras, eran disfrazadas con un guante notablemente lindo y de apariencia primaveral en un detallista vistazo, una mariposa era el exacto enfatizado de ambas piezas de tela bordadas a pesar de que el intenso crecimiento de mosquitos y moscas molestaban notoriamente, una que otra parándose en su mejilla, un mosquito en los baños se paró en la pierna de Totty y ahora el justo destino delataba con burla una gran marca rojiza, que hinchada aparentaba un bulto en sus pantalones con dobladillo.

Fue verdaderamente humillante, pero hilarante.

Una mosca movía sus patas en equis, sacando filo a un inexistente cuchillo, como si tocara el violín más pequeño del mundo, mientras sorbía por su boca de popote una gangosa sustancia verde limón, abanicó él su diestra entonces donde estuvo la mosca posando y ella voló, pensó en qué estaría un mes mínimo fastidiándole tanto a él como a los otros. ¿Qué más daba? Al menos no compraron queso recientemente añejo. Las milanesas, una de las cosas que colmaban el enorme platón, unas adornadas con lechuga, arroz a un lado y una que otra ternera, asimismo unas muy vastas cantidades de carne que reemplazarían chicles en una dulcería. Un chasquido con olor a cigarrillo caló en su memoria, aunque intentó determinar haciéndose una idea borrosa del por qué terminó sin entender el ardor del segundo más importante que el corazón, la tráquea le consumía un rasposo sentimiento, tosió un par de desvíos mientras Karamatsu no lo veía golpeando su pecho como si golpeara la espalda de un bebé.

Lo peor no fue el haber perdida la oportunidad.

Un vaso con un tercio de leche sin sucumbir, bebió de él sin demorarse y saciándose lo requerido, y otros seis más de plástico en diferentes colores al frente de los platos bien acomodados por la mano de su hermano mayor. Giró cuidadosamente el vaso verde entre sus dedos, la zurda procurando sujetarlo sin regar nada, unos delgados pliegos de venda adornando la fina mano de pianista, que aquella sustancia era para poder despejar el gañote una vez terminada la merienda. Masticaba como si no hubiese pasado una semana en prisión, tragaba lo triturado alzando la cabeza, y bebía para deslizarlo mucho mejor en un placentero orden, a penas iba un mordisco del restante premio y se sentía lleno. La sensación de renovación rodeando en un vapor decaído y pesado al portador del sudadero azul delataban el ánimo de quién trajo la carne, Karamatsu vestía sobre este un mandil ya no blanco con las manchas que se jugarían como una decepcionante derrota fácil en un juego de paintball con una estrategia de cinco contra uno. Del único bolsillo delantero del mandil, con una enorme mancha morada a lo largo de todo el pecho cuyo olor recordaba equívocamente al esmalte en aerosol, sacó una botella con ketchup y la colocó al lado del tercer Matsuno, el extremo contrario de la leche.

Fue la impotencia por ser sacado en brazos del recinto.

Choromatsu vio con detenimiento la botella con un familiar color añorado; estaba por la mitad, así que aquí no podría decirse que el envase estaba medio lleno, sería "la botella estaba medio vacía", la barata piratería en el tíquet del precio se leían como cuarenta y cuatro yenes, con un escalofrío resentido y disgustado alejó despacio la botella entonces de sí, echándola a su izquierda por si acaso. Una planta comprada hacía poco soltó unas cuantas hojas, botándolas al piso, sacada del refrigerador por lo cual unas gotas de agua se deslizaban con lentitud por todo el entorno abollado del mismo envase, algo que él entiende porque Todomatsu lo tiró al suelo cuando revisó el precio en la tienda de conveniencia, que caían simplemente con un pachorrudo movimiento, y los pequeños humos que expedía la carne de los lugares marinados mientras se enfriaba eran un irritante recordatorio temporal, mientras Karamatsu sostenía una mirada expectante de felicidad, no pudo evitar preguntar unos instantes por qué era que tenía ese desagradable olor a vaca.

La carne, no Karamatsu. Él apestaba al impostor de un Jean-Frog.

- ¿Es una broma verdad? - Sostuvo la mirada inadvertidamente. Karamatsu, haciéndose el desentendido, volteó su mirada al control de la televisión y presionó el gran botón rojo que reluce de entre los grises, ambos fuertes olores permaneciendo vigentes en su mandil daban un atosigador mareo a vertedero, así lo presentía al menos Choromatsu.

- ¿Qué? No te aceptaron, pero aún podemos comer la carne, - Con el palillo tomó un pedazo, que ya había cortado antes como todos los otros pliegos de la carne que le sirvió a un fruncido en ve mayúscula Choromatsu para que no se detuviera a cortar la carne y así la comiera de una vez. - ¡Chibita dice que son muy baratas y, además, saben bien!

- Pero su olor es... Raro.

- ¿Raro? - La mancha verde arrugó la nariz en una pronunciada mueca de desagrado en cuanto Karamatsu le acercó la carne atravesada por el palillo, negó fervientemente inclinándose para atrás con una inhóspita desesperación, alejándose.

Kara amenizó sus hombros desnudos alzándolos y, con su par de ojos ojos curiosos se preguntó si debía sacar la maceta al pórtico junto a las demás, continuó comiendo unos cuantos bocados del pedazo chico que escogió para sí. Sus labios se movían intentando contener la expresión de satisfacción e inigualable gozo, y las caras dolorosas que ponía delataban toda sensación menos asco, decepcionando a Choromatsu tanto como la extensión del océano que devora al sol en sus profundidades hasta el mañana. Interiormente se repetía el constante mantra "actúas como un idiota" hablado por un chico peli verde y miope, que parecía tener un tic al acomodar sus anteojos constantemente, porque en el corto plazo del que temió en principio, al pedir como un favor a Doloroso-maestro-culinariomatsu prepararle esas carnes de compensación, que le obsequió la secretaria de la fábrica, el olor a comida atrapó como hienas arrebatando la gacela de la leona y de risas altaneras que se abalanza con inexplicable orgullo a un algo ajeno, los pasos de sus tres hermanos menores predijeron por él sus llegadas y prefirió quedarse sin cenar.

Ese olor a una vaca agonizando se desprendía incluso de aquel cuerpo inmóvil lo suficientemente frío como para ser probado al gusto de quién sea, pensó en que tal vez él debía esperar, pero así sólo quedarían menos que unos trozos fríos y rancios. Debatiéndose ello, Todomatsu deslizó la puerta del baño por el pestillo y la volvió a cerrar, ninguna tira del papel higiénico se pegó a la suela de su zapato aunque hubiese sido lo mejor, pero el brillo que se puso en la mañana cayó en picada al remolino de agua que la llave traía hasta terminar en las cloacas, Jyushi bajó en una carrera las escaleras gritando "¡Muscle, muscle! ¡Hustle, hustle!", perdió una pantufla en el camino y su pie izquierdo se notaba más largo y amplio ya que media comenzaba a sobresalir con amenaza por abandonar la pierna ajena.

Ichimatsu pasó en un frío empujón junto a Choromatsu, que entró por la puerta principal, una notoria marca de pérdida en un tono llorón adornando la mejilla derecha, él intuyo que quizá su momentáneo alegre humor era a causa de un pleito con un gato muy arisco, y este se sentó donde siempre, antes de hacerlo dio un mal paso y se golpeó el rostro contra el suelo, su perfecto efecto ensoñador se descompuso en frente del par de ojos que menos deseaba lo vieran, el clavado fue un poco estruendoso y casi volcó su vaso con leche de la mesa, solo se meció pero no llegó a más, afortunadamente para Choro. La leche está muy cara, y ellos no la pagan... Aunque él tampoco. Karamatsu se acercó intencionado a ayudarle, pero gruñó tan fuerte contra él que Jyushi tuvo que pedirle al segundo sentarse a su lado.

Un contusionado Ichimatsu prefirió estar junto al más afeminado, quien en lo que todo esto pasó ya iba por su tercer milanesa, haciendo a un lado de su plato, que casi caían, las papas fritas que Karamatsu les preparó quemándose el pulgar y anular también para darle una presentación, porque le daba repelús comerse una, por lo menos, y subir cinco tallas como si fuese la arena de un reloj cayendo rápidamente.

- Las papas se te van a las caderas. - Alegó, regalándole la mitad a Jyushimatsu.

- ¿No es eso lo que te hace falta? - Ichimatsu masajeó su imponente chichón en la frente, habló con todo el respeto del mundo llevándose a la boca un gran pedazo de papa frita entre sus palillos, Todomatsu pensó que lo mejor sería ayudarle en su comprensible labor, pero en su lugar presionó con su mano fuertemente el voluptuoso bulto rojizo hasta que Ichimatsu lazó un hilo ido más estruendoso y agudo, una cabra agonizando fue pensado en el subsuelo por un alguien.

Algunos perros del vecindario comenzaron a ladrar y aullar ruidosamente, un territorio nuevo parecía estar en peligro según la lógica que en ellos predominaba, un gran pastor alemán hizo a su dueño soltar la correa amenazando con abalanzarse y morderlo en una ida fugas de entendimiento, alejándose. Llegó hasta un callejón sin salida en el que al final en una caja de alguna nevera descansaban varios gatos en toda su extensión, adentro y afuera cubriéndose como mantas, que reposaban sobre sus estómagos y ronroneaban adormilados, hasta que el aún confundido perro comenzó a ladrarles y lanzarse sobre los mininos que alcanzaba, con sus espaldas y pelos alzándose junto a sus orejas paradas amenazantes. Comenzaron a gruñirle a todo aquel que interfería en su camino al huir del gran can, una gran manada se había formado entre sí para protegerse de que el estruendo inhumano se repitiera y cubrieron sus espaldas, huyeron entonces a un nuevo hogar en el que refugiarse.

Chibita movía su escoba frente a su local ya cerrado, el olor a comida todavía impregnado en el ambiente del alrededor que se desprendió de sus cacerolas durante la jornada, barrió en un último desliz mientras chiflaba en un tono alto y se le antojó muy curiosa la rara forma en que su chiflido terminó. Como si un gato estuviera maullando en una aterrada melodía. La poca luz de la noche no le permitió descifrar el más allá de la calle, parecía verse una especie de remolino y polvo cual tormenta de arena avecinándose desde la lejanía en disimulo, fueron una, dos, tres, diez extrañas cabezas las que pudo contar apretando los párpados y acercándose hasta donde el foco encendido le introducía ver con la baja calidad barata. Se sintió tieso cuando una manada de gatos lo llevó cargando consigo hasta dejarlo rasguñado, gritó como en vida lloró, y el perro volvió a pensar que estaba en guerra.

Al acabar todos la cena, él se dirigió medio acalambrado con un paso flojo hasta el computador, Todomatsu le dijo que no la utilizaría en esos momentos y que le daba permiso de usarla todo el rato que quisiera. Estaba tan exhausto que cerró sus ojos por unos segundos viendo pasar garabatos con dibujos intangibles en varias hojas tamaño oficio, respiró profundamente en un inadvertido desahogo del cóctel mental que le daba vueltas, las figurillas se dieron su propia visión tornándose en los dibujos desagradables que estuvieron impuestos con burla en su currículum, aquel ángel con cabeza de champiñón caducado y con la única cosa dándole forma angelical siendo sus alas. Se dio media vuelta dejando atrás a sus dos hermanos, Ichimatsu y Karamatsu se retiraron mientras el de sudadero azul llevaba los platos a la cocina con la intención de lavarlos, e hizo él la seña dedo medio, al que agregó un dedo más ya que no lo sentía preparado, dando la espalda a Todomatsu mientras avanzaba a la habitación.

Una hora y en punto terminó de deslizar la flecha por todas las direcciones de la pantalla, el ratón con una capa muy ligera de sudor y su transpiración renovando un pequeño charco goteando desde sus dedos hasta la almohadilla colorida del interfaz. Ni una mosca retumbó por sus oídos en toda la hora, pero sentía un cosquilleo ardiente formándose en la boca de su estómago. Apretó con fuerza una tecla, el sonido seco que hizo esta pareció ser el chillido suplicando clemencia por el trato, golpeando el kana "Ba" se agachó y lo recibió, volviéndose a alzar cuando se sintió a salvo nuevamente. Recordó con ello a la secretaria que atendió su pedido por ver al jefe, le sonrió enormemente hablando un "¡Nos encantará tenerle en la compañía!", se confió de su currículum y los pocos trabajos con los que destacó laboralmente para debutar con las suelas de los zapatos relucientes y calzándose como su sudadero, las pobladas cejas del arisco hombre deformando un fruncido ceño despabilado. Las palabras sin conexión y conformando una infinita oración repetían algo que él se retenía por decir.

"Idiota."

A las ocho y cincuenta y cuatro traspaso en un manco ritmo de inconsciencia ebria la persona por la que estuvo toda la tarde desesperado y ansiando ver; Osomatsu entró a la casa alegremente y gritando a toda la ahogada raíz de su pulmón que llegó, que no tenían por qué continuar preocupándose. Choromatsu tensó sus oídos, añorando el calmar la desesperación de sus indiscretas piernas temblando con nerviosismo, y bajó hasta donde el mayor se encontraba quitándose sus zapatos, los dedos de su mano derecha se enroscaron furiosamente en un raro objeto pegándose repetidamente en un track contra la madera que retumbó como una piedra cayendo. Los colores pintaban mucho mejor.

- ¡PajaslocasChoro, tu sexi onī chan está aquí, dale un besito!

Recuerda haber sacado en el almacén de la licorera una de las más finas y añejas botellas extravagantes, las más caras que el dueño le prohibió sacar cientos de veces porque él nunca tría el dinero prometido para pagarle las deudas, de esas que solían poner en la cristalera de exhibición los vendedores para atraer más clientes y vender mucho más. Ahí estuvo la botella de cristalería roja transparente descansando en su mano derecha la mitad del contenido, que le fue arrebatada por el mismo dueño al caer en consideración de sus bolsillos vacíos, que no logró acabarse. La sensación placentera de tener el cuerpo entrando en calor paró de golpe por la misma acción que hizo Choromatsu contra su helada mejilla.

- ¡Eres un maldito irresponsable! ¡No te quiero volver a ver!

El rojo teñido del portador de sudadero igualmente en su mejilla derecha se perdía en el tono carmín por el cual el rostro se bañaba a partir de la cuarta ronda de las más antigua botella importada en aquel bar del barrio más inadvertido. Tal vez era porque entre tanto trago su cuerpo se fue adormeciendo hasta llegar al punto de sentirse cálido por sí sólo, pero fue con esa lentitud por la que en menos de cinco minutos, el tiempo en que Choromatsu salió por la puerta principal y la cerró culpando los soportes de aquellos deslices en un feo grito de las bisagras, Osomatsu cayó en la consideración que el objeto siendo arrastrando por esa hinchada mano derecha aclama ser una maleta café.

...

Tal vez no debí haber hecho eso, piensa cabizbajo moviendo sus pies dentro de aquellas zapatillas con una sensación pesada fuera del metro en la última estación de la noche. Medita entre pequeños pasos mientras retrasa su llegada a la dirección que corresponde la nota de un usuario amigo, que fue quién le envió las coordenadas, y resiente un pulso de culpabilidad sino emoción haciendo palpitar la palma de su mano derecha, es un tanto molesto ello porque presiente que podría tirar la maleta con ruedas en algún sobresalto. Ensimismado en su propio parcial conciencia personal alza el rostro despegando sus moderadores batientes ojos esmeralda solo unos centímetros del suelo con la intención de golpear gravemente a alguien, no queriendo repetir el bochornoso problema subido de tono anterior, y el desierto sitio ferroviario sin gente ni vagabundos andando en él como la última estación y su parada por una de las mejores cosas que le han pasado en la vida, aunque esta ocasión podría ser la cúspide de las cosas buenas que le pasan, ahora realmente se pregunta ¿qué importa si su relación con Osomatsu queda en segundo lugar? Su idiota hermano mayor se lo buscó.

En las escaleras ascendiendo a la superficie pasa él junto a un bote de basura con una bolsa negra sofocada por los cuyos papeles le saben una curiosa sensación de irritación, tienen una avanzada apariencia deteriorada, amarillenta y consumida, algunos están tan amontonados sobre los otros que ya han caído fuera de la forma cilíndrica de aquel bote. Temblando en la orilla, al avanzar en picada cayendo por la borda. No desea enfocarse tanto en la perspectiva del recinto, con esas luces de los largos focos verticales titilando con la baja de energía y las gruesas polillas agitando sus caóticas alas sin compararse al efecto de sus bellas contrarias, que ellos desploman polvo de esas alas estrechas, ha visto unas cuantas películas de terror para conocer el desagradable ambiente increíble que los directores le dan a las tomas como para reconocer que así empiezan.

Recuerda, entonces, el rodaje más llamativo en su años gloriosos del clásico extranjero como lo es Itto, pero la verdadera sensación de desagrado baja en reemplazo a la preocupación por su pecho al recordar que aquella la vio con Osomatsu, siendo forzado por este y por culpa de él terminando abrazándolo en varias ocaciones al asomar la cabeza por mórbida curiosidad, ya que al final llegó al punto de retorno que el miedo fue tan grave que temió bañarse sólo, sin ninguna persona que cuidara su espalda mientras se limpiaba el cuerpo y al cegarse minutos con el enjabonado de la cabeza en casa la luz del gran foco apagándose sin haber bajado el interruptor, y su estado débil para ser jalado fácilmente por una mano de sus piernas a las cloacas bajo la obra de aquel ser nítido y risueño; durante varios días tuvo que adueñarse de valor, respirar hondo, imaginar que solo eran sus supersticiones y para pedirle a su estúpido hermano mayor que se bañase con él.

Una palomilla gris cae muerta sobre los papeles que conforman una cama, que comienza a incendiarse frente a sus confundidos puntos esmeralda, el aleteo de sus alas nocturnas cesando se escucha como un cigarrillo apagándose en la oscuridad humeante proveniente de las escaleras mohosas y ahora el bote tornándose negro. Respira profundamente ese tóxico olor eufórico, da un paso adelante en los niveles cayendo la suela de su zapato derecho en el primero y ahogando su respiración en un grito contenido por un puñetazo desgarrando el interior de su mejilla, que chocan contra sus dientes formando un hoyuelo de sangre que recorre dolorosamente su lengua, atontado, con una bolsa haciéndolo entrar en pánico.

Mueve las manos en todas las formas que su corto movimiento le dé, araña inútilmente con sus pocas uñas carcomidas, el estrés anteriormente presente, contra aquello que se aferra fuertemente a su cuello sin ser una corbata o bufanda cortándole el paso de aire. Una fuerza que desconoce lo alza tomándolo de su cadera, el pico de la caja restregándose en su trasero justo ahora sería una divina comedia que desea alborde de la histeria, un repentino ardor enrojeciendo sus mejillas y picando sus ojos es el olor del dióxido de carbono que emana el recipiente con una pequeña fogata intensificándose como el acelerado ritmo de sus latidos, en su interior quién le advierte de caer inconsciente en un suspiro oscuro pronto es sus piernas siendo detenidos por una enorme mano. Desconoce si es el tronar del platico o los papeles en sí volviéndose chispeantes cenizas, pero en su oído una voz susurra tan lúgubre y gruesa que se antoja en un adormilado par de parpadeos haberla oído antes.

- Me resultaste muy barato, "Waifu". - Escuchó las comisuras de una boca sonreir, y se desmayó.


N/T: Siguen saliendo doujinshis y videos, es luz verde para mí :D. ¿Alguien está leyendo aún esto? Ah, qué pregunta, claro que no. Sin embargo, quiero decir que después de esto, se viene algo que yo llamó "lemon" (, entre comillas, pue' ;-;), y va ser de todo el capítulo 7w7. ¡Cómo último!, ¿alguién conoce el mind break?

Pa' quién no sepa:

Milanesa- Es un platillo que comemos acá en México, y no sé si otros lados, la verdad, que es mi platillo favorito. La carne en sí puede ser de pollo o res, y se empaniza. Pero eso ya lo saben.

Itto- Se supone, responde a la lectura kana イット como It, que es la película de Stephen King.