Capítulo 4: En el Expreso Rojo.
A las 10:30 am del primero de septiembre, su abuelo la ayudó a aparecerse a las afueras de Bristol y luego en King´s Cross, donde, según lo acordado, Victoria tomaría el tren que la llevaría a Hogwarts.
En cierto modo, ella siempre había sentido curiosidad por saber cómo se las arreglaba su abuelo para llegar a su trabajo cuando sabía que no era posible aparecerse en los Terrenos del Colegio, pero esa curiosidad no era tanta como para querer perderse el ritual de ocupar un compartimiento en el Expreso de Hogwarts. No era sólo que ella desease pasar por la experiencia sino que, además, estaba muy consciente que sería la manera de intentar acercarse a los que serían sus compañeros y posiblemente camaradas por los siguientes siete años, si todo salía bien.
Así pues, no hubiera cedido su lugar ni aunque la hubiesen torturado (o eso decía ella.)
A las once menos diez estaba cruzando el pasaje hacía el andén y observaba desde un carrito recién estrenado a los bulliciosos estudiantes que se movían haciendo toda clase de cosas, desde reír escandalosamente, despedirse de sus padres y hermanos, subir al tren y formar espectáculo para los curiosos.
Los veía a todos en pequeños grupos y de pronto se sintió tímida y solitaria. Nunca antes había tenido amigos y su abuelo no la había acompañado al andén. Se preguntó qué era lo más recomendable en aquellas circunstancias, además de subirse al Expreso.
No tenía una respuesta clara y, de pronto, al mirar atentamente a la máquina, roja y enorme, extendiendo su alcance por debajo y encima del humo que salía de la primera cabina, sintió que se abrumaba. El ruido era considerable y aún así no alcanzaba a ahogar la maraña de voces, gritos y carcajadas. Se paralizó durante breves instantes hasta que el leve toque en una de las mangas de su túnica la hizo reaccionar.
Volvió la cabeza instintivamente, sólo para encontrarse cara a cara con el chico de ojos oscuros que había topado en la librería Florish y Blotts, hace algunos ayeres.
Sus ojos verdes se abrieron ligeramente por la impresión y cuando abrió la boca, en una especie de intento de hablar (o gritar, o pensar que estaba en un sueño extraño) él se le adelantó:
-Disculpa por molestarte, es sólo que estabas obstruyendo el paso.-
Ella juntó los labios, parpadeó con cierta sorpresa y respiró profundamente, volviendo a la realidad y haciéndose a un lado.
Se sentía ligeramente disgustada, pensando que el chico se limitaría a seguir su camino, ignorándola, sin embargo, igual que todo el tiempo desde que lo había visto por primera vez, la sorprendió:
-Faltan cinco minutos para que el tren se marche, ¿Te molestaría acompañarme a buscar un compartimiento? Seguro lo encontraremos más rápido acompañados que yendo cada quien por su lado.-
La voz de él sonaba tranquila, y Victoria fingió considerar sus palabras, impregnándose de su calma al entender –sólo un poco- lo que estaba haciendo.
-De acuerdo- dijo al fin y ambos abordaron el tren, caminando en la media penumbra, asomándose a las ventanillas para ver si había alguien dentro. Ya casi al final del tren, el chico dio con uno desocupado y se lo señaló, dejando que ella abriera la puerta. Se ayudaron entre sí para meter los carritos en el compartimiento, y Victoria, aunque más serena, todavía no quería mirar al niño a los ojos, a pesar de que hubo una o dos oportunidades mientras se acomodaban.
Cuando al fin ocuparon sus asientos, uno enfrente del otro, el chico extendió una mano:
-Por cierto, soy Nott. Theodore Nott.-
Ella no conocía el nombre de esa familia y, por alguna razón, no quiso mencionar el apellido de la parte de su familia que realmente importaba, aún.
-Soy Blackmoon- respondió, estrechando su mano y sonriendo, encontrándose con la mirada de aquel chico desconocido por segunda vez, de común acuerdo.- Vasiliki Blackmoon.-
Theodore esbozó una pequeña, casi burlona sonrisa. Victoria sintió como si fueran dos personas y no una, quien la mirara. Había observado a otras personas antes y aunque no tenía amigos, tenía la impresión de que eran raras las personas que tenían tanta intensidad cuando miraban a alguien.
En su interior, sabía que debía sentir miedo de esa intensidad. Pero, por alguna razón, no pudo sentirlo.
-Tienes un nombre extraño, al menos para mí.- admitió Nott, mirándola todavía- ¿Cómo debo llamarte?-
-Llámame Vic, simplemente, si quieres.- le dijo Vasiliki- Mi segundo nombre es Victoria y creo que podría serte más familiar. Theodore es un nombre bonito, no obstante, ¿A ti te molestaría si te llamo Theo?-
-No- dijo él breve, serenamente. - Llámame así, si te place.-
No dijeron nada más hasta que el tren se puso en marcha, haciendo aquel característico sonido para anunciarlo. En los minutos que esperaron, Theodore Nott miraba por la ventana mientras que, discreta e insistente, Vasiliki lo observaba a él.
Ya había tenido oportunidad de contemplar sus ojos oscuros como estanques de agua de medianoche en Florish y Blotts pero al estar más cerca pudo advertir que Theodore tenía un rostro pálido y de líneas afiladas y limpias que contrastaba con su cabello negro y ligeramente rizado.
Aunque él no la miraba, ella podía advertir que tenía una expresión tormentosa, la de alguien que guarda algo más allá de la calma de un instante sin movimiento y la mano que sostenía su barbilla era de dedos largos y delgados, ligeramente toscos, siendo su único adorno un pesado anillo en el dedo anular, tan opulento que discordaba con su apariencia, discreta y silenciosa. Él era delgado también y llevaba la túnica del Colegio de una manera impecable que sugería que solía quedarse más en los interiores que salir a realizar alguna actividad afuera donde pudiera ensuciarse.
En ese momento él tenía un aspecto distante y lejano, inmóvil, con la única excepción de la mano apoyada en la ventana, que jugaba ausentemente con un mechón de su melena oscura.
Victoria no lo miró por largo rato. Una vez hubo acabado su examen, se limitó a mirar el resto del compartimiento mientras esperaba a que el tren comenzara el viaje.
No fue hasta que el Expreso se puso en marcha, que Theodore volvió su atención a su compañera de compartimiento y dijo, en tono casual, con una voz ronca que contrastaba con su tono uniforme al saludarla en el andén:
-Y bien, ¿De dónde vienes, Vic?-
Victoria, que estaba pensando en su casa en el Valle de Godric y en qué estaría haciendo la señora Bathilda a aquellas horas, volvió sus ojos hacía él.
-Perdona…. ¿Qué quieres decir?-
-Me refiero a qué parte de Inglaterra provienes- aclaró Theo. Él no hablaba mucho pero sus ojos hablaban por él y estaban clavados en ella con la misma intensidad que la primera vez.
-Ah, claro.- respondió Victoria, desviando la vista un momento para esconder su desconcierto ante aquella pregunta.- Vivo en el Valle de Godric. ¿Y tú?-
Theodore ladeó la cabeza y la niña lo miró con ojos inquisitivos. ¿Qué tenía el sitio donde vivía?
-Ese lugar es bastante famoso, a pesar de la afluencia de muggles que llega cada cierto tiempo. Me pregunto si sabes la historia.-
-La conozco. Aunque no es sólo una. Allí vivió el fundador de la casa de Gryffindor y un par de magos famosos y también fue allí donde cayó Quien-Tú-Sabes. Hay gente yendo y viniendo en ciertas fechas al año por la historia del lugar.
Theodore paseó su vista otra vez por la ventana un momento antes de seguir:
- Vivo en West Hill, cerca de Gales. Mi padre tiene su residencia allí.
Ella pensó que era una forma extraña de referirse al hogar. De alguna forma, se sentía bien en aquel lugar pero también sentía que aquel chico frente a ella guardaba muchos secretos.
-¿Y tu mamá?-
-Está muerta- respondió el chico, ensombrecido el semblante de modo casi imperceptible.- ¿Y tus padres? No te vi con nadie en el andén.-
Fue el turno de Vasiliki para desviar la mirada. La pregunta, parecía, era igual de mala para ambos.
- No tengo padres- dijo- Murieron.
Él la miró, su expresión haciéndola ver que le sorprendía su respuesta pero no comentó nada. Ambos se quedaron callados unos minutos.
Victoria sentía la misma leve incomodidad que tenía cuando ella le preguntaba algo a su abuelo, algo que él no quería que supiera y ella se quedaba sin saber qué hacer o cómo romper el hielo formado entre ambos.
Así que, haciendo un esfuerzo, recurrió a la básica pregunta de todo mago que va a entrar al Colegio de Magia y Hechicería:
-¿Ya tienes una idea de en qué casa te quieres quedar?-
Aparentemente, esto no le ayudó a conseguir su objetivo, porque el chico bajó la mirada de un modo en que su interlocutora pudo advertir sus largas pestañas y dijo, a regañadientes:
-Sé en qué casa me gustaría estar pero también sé en la que estaré. De otra forma no conseguiría alegrar a mi padre.-
La niña se impacientó ante esto. ¿Tenía que ser así de difícil? ¿Qué podía decir ahora?
-Oh, de acuerdo. ¿Hay alguna cosa que pueda preguntar que no haga que te pongas como un nubarrón negro?-
Por primera vez pareció que la reserva del chico se evaporaba un momento. Se río ligeramente y ella comprendió que había acertado. No se burlaba de ella, estaba riéndose de sí mismo. De que ella se hubiese dado cuenta que él no resultaba fácil de lidiar.
-Bueno, ya que de veras lo quieres saber, me gustaría estar en Ravenclaw. Pero estoy seguro que el Sombrero Seleccionador me pondrá en Slytherin, es la tradición familiar.-
"¿Y eso es malo?" deseó preguntarle Vasiliki. Pero no lo hizo.
-A mí me pasa al revés. Me atrae la casa de Slytherin pero no creo que me elijan para ello. Y mi abuelo me mataría si supiera que quiero estar allí. El sombrero me pondrá en Gryffindor si tengo muy mala suerte y Ravenclaw si le gusta algo de mi cabeza. Pero realmente espero que no me ponga en Hufflepuff.-
Theodore le lanzó una mirada apreciativa, más cálida, y menos distante.
-No creo que te ponga en Hufflepuff. – Dijo y sonaba a que lo decía por alguna razón en específico.- ¿Por qué te atrae tanto la casa de Slytherin?
Vasiliki iba a responder pero en ese momento se abrió la puerta de su compartimiento. En el umbral apareció un chico de facciones altaneras y cabello rubio platinado acompañado de otro chico alto y fornido.
Ella reconoció al platinado de inmediato. Le había dirigido una mirada acompañado de su madre en la heladería de Florean Fortescue. Pero esta vez, al menos al principio, el rubio tenía otros intereses.
-Este año va a apestar un poco más de lo que yo creía, Nott- dijo arrastrando las palabras y con tono aburrido, dejándose caer a su lado del asiento del compartimiento- Acabo de ir a ver a ese Harry Potter, tenía curiosidad de saber cómo era… y… ¿Con quién crees que lo vi acompañado?-
- Si no lo dices, no esperes que lo adivine.- respondió Theodore con tono frío y mirando al chico aún de pie.- ¿Vas a quedarte con nosotros en este compartimiento?- Al decir "nosotros", él le dirigió una mirada a su compañera de compartimiento para que el otro chico se diera cuenta de que no estaba solo.
-Potter estaba con un Weasley. ¿Puedes creerlo?- respondió el rubio, su tono haciendo ver claramente lo mucho que le desagraba el detalle. Ante el comentario de Theodore, él le dirigió una mirada, muy ligera, a Vasiliki y se acomodó de forma arrogante, enarcando una ceja.- ¿Por qué? ¿Piensas corrernos del compartimiento?-
Él también miró a la persona que lo acompañaba, para hacer énfasis en su intención.
Victoria observó la escena en silencio, sin entrometerse. Honestamente, aunque estaba dispuesta a hacer el esfuerzo de conocer a Theodore, quien le había intrigado desde que lo vió en la librería, no estaba muy segura de querer contar con la compañía de sus amigos en lo que restaba del viaje. No conocía al rubio ni a su acompañante, pero, por lo que decían, tampoco parecían realmente agradables o interesantes.
Admitía también, no obstante, que también le picaba la curiosidad: por supuesto que quería saber más de Harry Potter, si a éste se referían. Después de todo, la que había sido la casa de los padres de aquel niño no quedaba muy lejos de la suya propia. La niña había sido testigo, tal como le había dicho a Nott, de los magos que habían hecho el viaje desde muchas partes de Gran Bretaña sólo para rendir homenaje a la pareja caída y el triunfo de Potter sobre Lord Voldemort.
-Lo digo porque entre si Crabbe y tú se quedan, van a necesitar más espacio y tendremos que reacomodarnos- respondió sereno el moreno, impasible- Y, ¿Qué es eso de que Harry Potter está en el mismo compartimiento que Weasley? ¿Por qué fuiste a visitarlo, de verdad?-
Fue en ese momento que el chico rubio miró realmente a Victoria y ésta intuyó que lo hizo más para hacer una pausa teatral que por verdadero interés.
- Esa es una historia que contar. Hola. Te vi en el local de Fortescue, ¿no? - extendió su mano pálida y sonrió. - Mi nombre es Draco Malfoy y ese de allá- señaló con un movimiento de cabeza a su acompañante, que aún seguía de pie y también silencioso- Es Vincent Crabbe-
-Vasiliki Blackmoon- dijo Victoria, observando sus ojos grises, la gomina en el cabello rubio y el caro aspecto de su túnica mientras estrechaba su mano, percibiendo unos dedos blandos y suaves, muy diferentes del áspero contacto de Nott. Miró a Vincent, esperando que la saludara pero éste siguió sin decir nada, sin ofrecerle la mano y no quiso apartar los ojos de ella, hasta que casi consiguió ponerla nerviosa.
Regresó, pues, a la conversación entre Theo y Draco que se había desarrollado un poco antes.
-… Oh, vamos, no te hagas el que no te interesa, Nott. ¿Quién no querría conocer al que hizo caer al Señor Tenebroso siendo apenas un bebé? No se habla de otra cosa en los pasillos. Y sin embargo cuando fui a verlo al compartimiento… ¡Que desilusión! Es sólo un niño de ropas raídas… es enclenque y además usa gafas. Pero aún así todo mundo habla de él y si es lo único que va a causar admiración, entonces definitivamente me voy a aburrir… casi desearía que mi padre de verdad me hubiera llevado a Durmstrang, ¡Apuesto que sería mucho más interesante!-
-No has ni visto el castillo todavía, Malfoy, y ya estás echando pestes sobre él. Además, para no haberte impresionado en lo absoluto, hablas demasiado de Potter. ¿No tienes nada más que decir?-
Draco se echó hacia atrás en el asiento, arrogante.
- ¿Y sobre qué quieres que hable? ¡No está pasando nada interesante y lo que pasa en casa ya lo conoces! Me reservo mis comentarios para la cena. A decir verdad, lo que si tengo es un poco de hambre. Goyle se quedó con nuestros bocadillos y apuesto a que ya se los habrá acabado. ¿Ustedes no tienen algo que puedan compartir?-
Victoria negó con la cabeza. Traía chocolates… pero no quería compartirlos ni con Draco ni con Vincent. No sabía cómo hacer que se fueran y miró a Theodore.
Tal vez el niño entendía lo que ella sentía, porque dijo:
-El carrito no ha pasado aún- dijo Theodore- ¿Por qué no esperas en tu compartimiento? Seguro que la señora llega antes a ti que a nosotros. Y de paso dile a Goyle que ocupe sus galeones en reponer tus golosinas.-
El rubio lo miró, receloso.
-Hace bastante que la gorda esa del carrito pasó por los vagones, Nott. ¿Tratas de burlarte de mí?-
Victoria y Theo intercambiaron una mirada sorprendida. ¿Cuándo había sucedido eso? Ellos no la habían visto.
- Es una pena- intervino Victoria.- Quería ranas de chocolate. Va a ser un viaje muy largo, entonces, si la señora no pasa por los últimos compartimientos. -
Draco la miró. Ella no le había hablado directamente, pero la actitud de ella no era receptiva. Comprendió que no iba a tener mucha participación de Theodore con ella allí y, haciendo una mueca se levantó para marcharse. Se despidió displicente sin cerrar la puerta del compartimiento y Vincent lo siguió, haciendo que Theodore se parase para mirar por un momento al pasillo. Al parecer, no había nada de su interés, porque volvió a sentarse.
- Draco y yo somos amigos de la infancia- dijo, como si eso explicara todo.- ¿En qué estábamos? Ah sí, una conversación que pudiéramos mantener sin que me pusiera como… ¿Un nubarrón gris?-
-Negro- aclaró Vasiliki sonriendo otra vez. A pesar de su reserva, Theodore le resultaba agradable y añadió.- Si tú no me dices nada interesante, puede que te hechice. ¡Nos metimos en un compartimiento donde no pasa la señora del carrito de dulces!-
Theodore sonrió. A pesar de la solemnidad de su rostro, Victoria descubrió que aquella sonrisa era bonita.
- No sé si podré contarte algo interesante. Lamento decir que no hay muchos pasatiempos que tenga además de leer- dijo Theo - Cosas como volar se las dejo a Draco, a él le encanta presumir que ya tiene una escoba y se la pasa en el aire todo el tiempo que puede, que es bastante últimamente.-
Vasiliki enarcó una ceja.
- Tiene sentido que quieras estar en Ravenclaw, entonces- dijo- A mí también me gusta hacerlo. ¿Qué clase de libros lees, Theo Nott?-
- Me gusta leer libros sobre la Historia de los Magos- dijo Theodore.- Mi familia tiene muchos y me gusta imaginarme lo que pasó en el pasado lejano, que no podemos ver. Y me gusta leer sobre Pociones. He hecho algunas pociones en casa y son útiles. ¿Y tú, Victoria? ¿Qué libros lees?
- Me gustan los libros sobre hechizos. Mi abuelo tiene muchos tomos diferentes y yo soñaba mucho con poder tener mi varita y realizar alguno. Realmente quiero llegar a Hogwarts a aprender y poder librarme de no poder hacer demasiada magia en casa.
Durante los siguientes minutos se dedicaron a hablar de algunos de los tomos que habían leído hasta que la locomotora hizo su peculiar sonido característico otra vez, lo que quería decir que habían llegado a la estación.
Ambos se quedaron en silencio y oyeron como debían dejar sus equipajes en el tren. Vasiliki, cuyos nervios habían desaparecido durante su conversación con Theodore, sintió como si pudiera oír su torrente sanguíneo y guardó la varita en un bolsillo de su capa para salir del tren. Theodore la dejó ir adelante y caminaron detrás de los otros, advirtiendo la luz de una lámpara y a un hombre gigantesco que llamaba a los de primer año.
Ellos acudieron con la misma discreción y caminaron por el estrecho sendero oscuro tratando de ver más allá de sus propios pies.
Aún así, no vieron nada hasta que llegaron a los botes y Theo fue el primero en ocupar uno, seguido por ella y otras dos chicas cuyo nombre no conocía.
Admiraron la vista de Hogwarts, oyendo como todos dejaban escapar exclamaciones de admiración y gusto. Victoria había oído hablar mucho del Castillo, por el libro de Bathilda y lo que le contaba su abuelo, empero, era diferente verlo con los propios ojos. Sintió su entusiasmo ascender y se liberó por un rato del temor.
Theo no le habló hasta que los botes tocaron la otra orilla. Entonces se dirigió a ella, con cierto brillo en sus ojos oscuros:
-Buena suerte-. Vasiliki le sonrió y agregó en voz baja:
-Me gustaría que nos viéramos en Ravenclaw.-
Él le devolvió la sonrisa, asintió en silencio y entonces el hombre grande con la lámpara tocó las Puertas del Castillo.
