Pese a sus múltiples dudas y confusiones, a Vasiliki le resultaba agradable estar allí sentada, rodeada de nuevas personas cuyo júbilo se leía en las pupilas, haciéndola sentirse parte de algo más allá de sí misma. Le gustaba advertir la variedad de comida a su alcance, tomarla como un signo de bienvenida, el poder degustar algo que, para variar, ella no había tenido que cocinar.
Sentada junto a Theodore, quien parecía silencioso y concentrado, oía los diferentes matices de las voces a su alrededor y se preguntaba qué clase de gente serían, cómo se llevaría con ellos, si le gustarían las clases, si ella le gustaría a los profesores.
Todo parecía rodeado de la luz de las velas y el cielo nocturno, y con el pasar de los minutos, las preocupaciones quedaron ancladas a un punto de su mente, lejanas y secundarias.
En ese momento, al lado de magos y brujas como ella, Victoria no se sentía especialmente dotada ni extraordinaria, simplemente era una espectadora de cosas maravillosas, cosas de las que había deseado tener a su alcance toda su vida.
¿Era esa hambre, esa ambición por conocerlo y dominarlo todo lo que la había hecho merecedora de un puesto en la Casa Verde? ¿Estaba a la altura de sus compañeros siendo todos ellos arrogantes y altivos, aunque dispares físicamente?
La chica escuchó sus conversaciones mientras comía, todavía no siendo objeto de atención de nadie. Descubrió que no era la única, de todos aquellos que habían sido seleccionados en aquella noche sólo Draco Malfoy trataba de destacar y lo hizo hasta que el Barón Sanguinario se posicionó a su lado, entonces se quedó callado e incómodo.
Aunque al principio la conversación versó sobre el linaje de los recién llegados y su estatus de sangre, Gemma Farley, la prefecta de Slytherin, atrajo pronto su atención con información que, consideraba, los novatos debían conocer.
Les informó que había una clara diferencia entre los magos y brujas que constituían la casa de Slytherin y aquellos que pertenecían a las demás casas. Mientras las otras casas fomentaban el trabajo en equipo y la equidad, siempre llevando tolerancia y respeto a cada integrante, sin importarles el talento innato, sólo el esfuerzo, los Slytherin eran marcadamente más competitivos, exigentes y autoconscientes de sus fortalezas y debilidades.
En consecuencia, eso generaba que trabajaran con el claro incentivo de prestigio y privilegios ganados por los logros obtenidos a lo largo de su desempeño en la escuela. Entre más arriba se llegara en el escalafón, más posibilidades tenía de conseguir más sabiduría, recursos y un lugar prominente en la Sociedad Mágica.
Las jerarquías existían incluso entre estudiantes del mismo curso y cada quien ganaba un puesto más elevado según sus logros. A los estudiantes de primer año se les consideraba en el último puesto debido a que no habían probado su talento y, por tanto, vulnerables a que sus otros compañeros, de mayor rango, pidieran favores o les probaran para ver cuál resultaba ser su alcance. Si bien era cierto que los Slytherin se protegían los unos a los otros y había entre ellos una lealtad que no compartían con las demás Casas, si alguno de sus miembros les hacía perder puntos o los desacreditaba, ningún Slytherin lo delataría a un profesor pero su castigo se decidiría en privado.
Cierto es que ser parte del grupo Slytherin era ya un privilegio pero aquel era sólo el comienzo. Los recién llegados estaban tan obligados o más que todos los demás a conseguir fama, puntaje y prestigio a su casa y recibirían orientación en caso de que hiciese falta pero lo que consiguieran se debería sólo a sus propios méritos. Este sistema, según les explicó Gemma, les había hecho ganar la Copa de las Casas ya por seis años seguidos y ella quería que siguieran manteniendo ese nivel.
Victoria miró las caras de sus compañeros de curso y vio reflejadas sus propias emociones: emoción, preocupación, determinación, confusión, alegría…
Sólo Theodore tenía una pregunta.
- Y en el caso de que se haya incurrido en alguna falta – repuso en voz baja- ¿Quiénes son los que deciden el castigo o si la acción lo amerita?-
Gemma le sonrió al chico por su perspicacia. Sus ojos azules chispeaban mientras respondía con cierta petulancia:
-Ah, suele ser un consenso general, pero la decisión final es tomada por aquellos que están en la punta de la pirámide jerárquica. Se irán enterando poco a poco de quiénes ocupan qué lugar, en realidad, no es difícil discernirlo… es decir, si perteneces a nuestra casa. -
-Por cierto- En ese momento la prefecta endureció su expresión- Esta información es estrictamente confidencial. A cualquiera que sorprenda hablando sobre esto a las otras Casas… bueno, digamos que caerá en desgracia ante los otros y perderá la protección de Slytherin.-
La muchacha sonrió con suficiencia, y volvió su atención al Gran Comedor, dejando claro que la sesión informativa había acabado.
Tras esta realidad, llegaron los postres y la charla partió por otros derroteros. La mayoría comió con apetito, concentrados en eso ya que la información esencial parecía haberse dado ya.
Habiendo comido su postre favorito, Vasiliki trasladó su mirada a la Mesa Alta, la de los profesores. Todos estaban inmiscuidos en su propia cena y en sus propias conversaciones y le hubiera gustado saber qué discutía cada uno. Su abuelo estaba charlando animadamente con la profesora que los había recibido en la entrada, el hombre que los condujo en el lago se dedicaba a beber, un hombre con un turbante hablaba con otro mago de cabello largo y negro y nariz ganchuda, una mujer regordeta gesticulaba entusiasta a otra alta y delgada…
-He oído que nuestro Jefe de Casa nos favorece a todos, ¿Es eso cierto o es sólo un rumor?- preguntó una voz que arrastraba las palabras y que conocía bien. Victoria volvió la vista a su mesa para descubrir que Draco Malfoy desplegaba sus encantos con Gemma Farley, que parecía divertida y entretenida.
-En eso tienes razón. -reconoció- El profesor Snape se muestra generoso con los alumnos de su casa, pero no te equivoques Malfoy, si haces las cosas mal en su clase de Pociones, no será blando contigo, aunque puede que sí con tu puntaje.-
En ese momento Victoria se sintió desconcertada, Albus Dumbledore nunca había mencionado ese nombre en su presencia. Se inclinó hacía Theo, que parecía más avispado que nunca y le preguntó que quién era el que enseñaba Pociones.
Theodore la miró como si no creyera en lo que estaba preguntando pero de todas formas le señaló al hombre de cabello negro que hablaba con el del turbante.
Ella lo observó por un rato. Bajo la luminosidad del Gran Comedor, parecía fuera de su elemento, el elemento oscuro entre tanto colorido.
-No me gustaría hacerlo enojar ¿Y a ti?-le dijo a Nott.-
-A mí me gustaría intentarlo, si pudiera echarle la culpa a un Gryffindor o a un sangre sucia- intervino un chico de piel tono chocolate y ojos negros que si mal no recordaba, se llamaba Blaise Zabini- ¿O quizá algún Hufflepuff?-
Los otros dos se le quedaron mirando, como si lo estuvieran pensando. Victoria no dijo nada. No sabía qué pensar. En cambio, Nott sonrió enigmáticamente y dijo "Quizá" volviendo a su tarta de manzana.
Blaise miró a Victoria. Victoria observó a Blaise.
-¿Tú qué opinas, Dumbledore?-preguntó el chico- ¿Estás con los sangre sucia o contra ellos? ¿Preferirías tener un escudo rojo y dorado en lugar de verde y plateado?-
Por esa clase de comentarios había sido que Victoria había preferido mantener su lazo familiar con su abuelo en secreto. Si bien mientras cenaba tuvo tiempo de asimilarlo y entendió que que su abuelo permitió que se la reconociera con su apellido para demostrarle que se sentía orgulloso de ella y que de ese modo podía protegerla mejor de otros asuntos, aquel linaje también traía inconvenientes, y una reputación con la que ella hubiese preferido no tener que lidiar. Respiró profundamente.
"Tengo que hacer frente a este apellido en algún momento. Que sea ahora, entonces."
-Es Blackmoon, Zabini. Mi nombre es Vasiliki Blackmoon. Y ya que me lo preguntas, ambas cosas me dan exactamente igual. Por mí puedes hundir a cualquiera… mientras no sea de Slytherin.-
Para su sorpresa, Blaise se echó a reír. Victoria parpadeó al darse cuenta que el chico tenía una risa preciosa, con los dientes tan blancos contrastando con su piel oscura y aquel sonido armonioso, igual que la melodía de un violonchelo.
-Muy bien, Lune Noire-respondió- Puedes llamarme Blaise, entonces.-
Victoria sonrió a su vez, vacilante. Podía ver como los otros chicos hablaban entre ellos, sobre todo las chicas con los chicos y se preguntó si eso era algo relevante. Una chica de cabello oscuro, ¿Se llamaba Parkinson, no? Se estaba riendo de algo que decía Malfoy. Al otro lado de él había sentada otra chica, que creía que se apellidaba Greengrass que le estaba contando algo a un muchacho de curso mayor de anchas espaldas mientras Crabbe y Millicent Bullstrode parecían estar haciendo competencias de quién comía dulces más rápido al lado de otro chico alto y robusto cuyo nombre no conocía o no recordaba.
Theodore era el único silencioso, junto con ella y ahora que había acabado de comer parecía estar aburriéndose rápidamente. Menos mal para él, Albus Dumbledore se levantó entonces y el Colegio entero se quedó callado para escucharle.
-Ejem… sólo unas palabras más, ahora que todos hemos comido y bebido. Tengo unos pocos anuncios que hacerles para el comienzo del año. Los de primer año deben tener en cuenta que los bosques del área del castillo están prohibidos a todos los alumnos. Y unos pocos de nuestros antiguos alumnos también deberían recordarlo. El señor Filch, el celador, me ha pedido que les recuerde que no deben hacer magia en los recreos ni en los pasillos.
Las pruebas de Quidditch tendrán lugar en la segunda semana del curso. Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la señora Hooch. Y por último, quiero decirles que este año el pasillo del tercer piso, del lado derecho, está fuera de los límites permitidos para todos los que no deseen una muerte muy dolorosa.
Blaise se dirigió a Gemma Farley.
-¿Alguna idea de por qué se nos prohíbe el pasillo del tercer piso?
La prefecta frunció el ceño.
-No mencionó nada a los prefectos, que yo sepa. Pero, por si acaso, esa regla si la respetaremos. Ahora, callado.-
Cantaron entonces la melodía de Hogwarts y Victoria recordó por un momento su casa y el aparato de música que su abuelo -hacía sonar por las noches y que la había despertado más de una vez. Sintió, aunque le extrañó, una nostalgia desesperada por casa a pesar de toda su alegría por estar allí y por un minuto o dos deseó estar de nuevo en su casa en penumbra, rodeada de las pocas cosas que amaba y viendo por la ventana las cosas que anhelaba.
Fue la última vez que recordó algo de su infancia cuya calidez la embargó repentinamente.
