Ufff, finalmente terminé de editar este capítulo. Ahora ya me siento más satisfecha con él. Como verán, aquí hay un poquito más de detalles. Disfruten.
Clases I
El comedor estaba ya atestado de estudiantes cuando las chicas recién llegadas de la Casa de Slytherin ocuparon sus lugares.
El tiempo que emplearon para arreglarse fue más que el de sus compañeros. La mayoría de los integrantes de la nueva generación provenían de familias sangre-pura prominentes que prestaban la misma atención a la estética que al lujo (porque para ellos eran complementos que presumir), pero no todos querían seguir aquellas reglas fuera de su hogar.
Los chicos se preocupaban menos por su aspecto, ya fuera porque tenían quien se encargara de ello en casa o porque, simplemente, no era su prioridad. En cambio, a la mayoría de las chicas les importaba mucho la primera impresión física que ellas dieran y todas parecían tener consejos (y en ocasiones burlas) para la otra en relación a como les quedaba mejor el cabello o si debían agregarse adornos a la túnica del Colegio.
A Vasiliki nunca se le había pasado por la cabeza tanto embrollo para embellecerse y siempre se limitaba a peinarse cuidadosamente el cabello y era pulcra pero práctica y sin más aspiraciones que el aliño, por lo que fue una sorpresa para ella la cantidad de trucos que tenían sus compañeras para lucir mucho mejor.
Aprendiendo de ellas, no se adelantó a las demás y observó sus hábitos mientras fingía acomodarse mejor la corbata de su uniforme. No puso nada en práctica todavía, pero aprendió muchas cosas.
Debido a esto, fueron todas juntas a ocupar sus asientos en el Gran Comedor y, animosas, se sirvieron café y el desayuno que las esperaba en bandejas plateadas, mientras comentaban sobre las pertenencias que las lechuzas recién llegadas al lugar les iban dejando al lado del plato.
Victoria no iba a recibir ninguna lechuza a aquel día y estaba a la mitad de ponerle mermelada de fresa a una tostada cuando un Slytherin de curso mayor le pasó un pergamino.
-Gracias- dijo ella, mirándolo, inquisitiva. Aquel chico era alto, tenía el cabello oscuro hasta las orejas, bastante despeinado y unos ojos azul pálido que la observaron detenidamente. Ella pudo notar que existía interés en su mirada, pero, también, que esos ojos eran fríos.
-Mi nombre es Pucey. Adrian Pucey, cazador del equipo de Quidditch. - dijo el adolescente.- Y eso que tienes en tus manos es el horario.- Ambos se evaluaron con la mirada y Adrian añadió un minuto después, partiendo:
- Buena suerte.-
Poco a poco, Vasiliki sonrió. Era consciente que aquel chico debía tener cierta jerarquía en su casa, y que quizá pasó su primera evaluación y le alegraba haberse mantenido tranquila ante su escrutinio, pero admitió para sus adentros que esa frialdad en el chico no le gustaba para nada. Sin querer pensar más en ello, volcó su concentración en el horario.
Su primera clase era Transformaciones.
-Hey, un amigo de cuarto curso me ha indicado el camino hacía el salón de la Profesora McGonagall- Una voz a su derecha la sacó de sus reflexiones. Daphne sonreía inclinándose hacía ella con una taza de té en la mano - ¿Quieres venir con nosotras cuando acabemos de desayunar?-
El "nosotras" incluía a Pansy, una chica llamada Anne y Millicent, que otra vez parecía comer como si la estuvieran persiguiendo.
- Claro-respondió la nieta de Albus Dumbledore sonriente tanto por el espectáculo como por la idea- Me apuraré entonces.-
Daphne puso una mano sobre el tenedor que Vasiliki había agarrado.
- Tampoco tanto.- aconsejó, mirándola con ojos que también eran verdes, pero que, en su caso, eran de un verde musgo. Victoria la miró con curiosidad y Daphne le sonrió.- ¡A no ser que quieras cambiar tu apellido a Bullstrode!-
Ambas chicas se echaron a reír y Victoria asintió, dándole la razón.
¿De qué le servía comer rápido si eso sólo le daba una indigestión? Pese a su entusiasmo, decidió tomarse las cosas con más calma.
Después de todo, no preveía que su día empezara fácil si su primera clase era con la Jefa de la Casa de Gryffindor.
En verdad, ¿Sería tan difícil?
…
Al contrario de lo que ellas pensaban, el hecho de saber dónde estaba el salón no hizo que tuvieran que esperar a los otros. Tanto sus compañeros Slytherin como los estudiantes de Ravenclaw, que eran con los que compartían Transformaciones, estaban ya apiñados afuera y no hubo tiempo para charlas.
Minerva McGonagall era extraordinariamente puntual y apresuró a todos a que ocuparan sus asientos. Lucía severa e imponente en una túnica de terciopelo rojo y los miraba a todos bajo el impecable tocado de cabello oscuro.
Primero les hizo una demostración de magia y luego les habló de las dificultades de la materia que impartía. Apenas ocupó tiempo para presentarse a sí misma o a que los otros se presentaran entre sí. Ella, dijo, los conocería muy bien a todos conforme el año transcurriera.
Aquel día les dijo que se sentaran como quisiesen, aunque advirtió que si daban problemas no sólo los cambiaría de lugar, sino que quizá los expulsaría de su clase y no podrían regresar a la misma.
Daphne y Victoria, que ocupaban las dos un pupitre junto a Pansy, se dedicaron una elocuente mirada antes de permanecer quietas y a la expectativa. A Victoria empezaba a caerle muy bien la chica: era espabilada e inteligente y tenía un buen sentido del humor.
Cuando ella volvió la atención a la clase, escuchó a la profesora de Transformaciones terminando su corto discurso entregándoles a cada uno un fósforo de cabeza rojiza. Su tarea, les explicó, era tratar de convertir al fósforo en una aguja de coser. Les mostró el modo de sostener la varita, la manera en que debían hacer el movimiento, la forma correcta de pronunciar el encantamiento transfigurador y paseó por la clase corrigiendo sus intentos.
Pero incluso con estas instrucciones, les costó mucho trabajo lograr progresos. El primero en lograrlo, por supuesto, fue un Ravenclaw, que consiguió 5 puntos para su casa. Eso enfureció a los Slytherin, ser adelantados por alguien más, así que su determinación se duplicó.
O por lo menos, Draco, Blaise, Theodore, Daphne y Vasiliki lo intentaron. Pansy, Anne y Millicent estaban hablando en voz baja cubiertas por las prácticas de los demás y los otros estaban observando el fósforo como si creyeran que éste les daría la respuesta para ser transformado.
De pronto, diez minutos antes de finalizar la clase, Theodore Nott consiguió que su fósforo adoptara la forma plateada y puntiaguda de un alfiler. Lo observó fijamente y sus compañeros lo miraron a él de vuelta.
- ¿Cómo lo hiciste?-le preguntó Blaise en voz baja.
- Practica el hechizo como indicó la profesora.- respondió el niño. Era una respuesta muy simple, pero algo en el tono de Theodore sugería que había algo en las instrucciones que ellos pasaron por alto. Blaise asintió, ya que conocía bien a aquel niño y entendía que era sabio seguir sus instrucciones y se metió en la tarea.
El resto también siguió intentándolo, mientras Theodore seguía mirando el alfiler y perdido en sus pensamientos, probablemente dándole vueltas al descubrimiento que había hecho en su primera clase. La profesora miró su éxito y le concedió cinco puntos y una larga mirada, que el chico no devolvió. Los otros seguían intentando. Una y otra vez. Y otra vez. Y otra.
Cinco minutos antes de la campana…
- ¡Lo logré!-exclamaron sendos Blaise y Vasiliki.
McGonagall chistó para que dejaran de gritar y observó sus alfileres, asintiendo con aprobación. No dijo nada, sonó la campana y les mandó deberes.
Todos recogieron con presteza, cansados la mayoría, satisfechos los que lo habían logrado. De Ravenclaw, aparte del primer chico que lo consiguió, hubo tres más victoriosos.
Y de Slytherin, ninguno más después de Blaise y Victoria. Ambos se miraron con curiosidad y luego Victoria contempló largamente a Theodore.
Ahora ya sabía qué era lo que él trataba de explicar. La profesora les había dicho que movieran su varita con un movimiento limpio y seco y pronunciaran el hechizo pronunciándolo con claridad al mismo tiempo. La razón por la que Vasiliki no lo logró al principio fue porque primero empezaba el movimiento y luego seguía el hechizo. Y en eso consistía la tarea, en hacer las dos cosas para que la magia floreciera y la transfiguración se efectuara.
De tanto que Vasiliki lo observó en sus reflexiones, Theodore se dio cuenta finalmente y la observó a su vez sin decir nada.
Victoria sonrió.
- Eres bueno en esto.- fue todo lo que dijo y salió en pos de Daphne y Pansy.
Theodore la siguió con la mirada y pensó para sí mismo:
"Tú también. Pero eso ya lo sabías."
Blaise, quien simulaba todavía acomodar sus cosas, sonrió para sus adentros y luego palmeó el hombro de su amigo.
- Te veo al rato, Theo.- Theodore asintió y Blaise corrió hacía Draco, que los dejó atrás y caminaba ya lejos por el corredor.
…
El aula de Encantamientos estaba bastante más lejos que la de Transformaciones. Los Slytherin se divirtieron bastante recorriendo pasadizos contradictorios, escaleras cambiantes y pasillos semi-llenos en su busca. Llegaron tarde, como es natural y atrajeron la curiosidad de los Hufflepuff, con quienes compartían la clase.
Ninguna de las serpientes les prestó atención, ya sea porque el profesor, llamado Filius Flitwick, no los regañó ni pareció molesto por la interrupción o, simplemente, porque no había nada en ellos que los hiciera sentirse interesados.
Flitwick, se limitó a seguir pasando lista, encaramado en varios libros en la silla detrás de su escritorio y les habló con una voz chillona sobre lo que iban a hacer aquel día. Fue entretenido practicar movimientos con la varita sin decir nada, ya que Flitwick prefería ir enseñando los hechizos por partes, pero en definitiva, mucho más sencillo que Transformaciones.
La gran mayoría consiguió su primer encantamiento a mitad de la clase y sólo Vincent Crabbe y Gregory Goyle tuvieron más dificultades. Al terminar con su labor, el profesor Flitwick los hizo anotar la teoría del hechizo que estaban practicando y luego les dejó como tarea practicar el hechizo para perfeccionarlo.
Tenían media hora libre antes del almuerzo así que se dividieron en pequeños grupos antes de ir a explorar el Castillo por su lado.
Vasiliki fue con las chicas, sabiendo que muy probablemente sería con quien más socializaría y aunque se le ocurrían muchas cosas por decir, se quedaba callada cuando no se dirigían hacia ella, prefiriendo observar para conocer a sus compañeras.
Simpatizaba con Daphne Greengrass. Tal como había notado ya, la niña era muy bonita, con aquel cabello rubio trigueño cayéndole en ondas alrededor de un rostro ovalado y grandes ojos verde musgo, piel de nata y silueta esbelta, la chica que solía ser considerada una reina de belleza entre los suyos, con todo lo que eso conllevaba, pero Victoria se daba perfecta cuenta que Daphne era más que eso. También era vivaz y orgullosa, perspicaz y divertida.
Y aunque no era una perita en dulce, era amable con Victoria y no la tomaba ni como rival ni como inferior. Para ser justos, la otra niña sabía que no tenía que envidiarla, porque ella misma también era atractiva, pero podría ser posible que Daphne hubiese utilizado su belleza para desdeñarla, a ella y a las demás chicas y no lo hacía, algo que apreciaba.
A Victoria no le gustaban las personas guapas y huecas y Daphne, aunque guapísima, no tenía esas feas características que suelen asociarse con esta cualidad. Daphne era, eso sí, mucho más sociable y parecía haber tenido mucho más contacto con sus otros compañeros que las demás y a la Slytherin le encantaban sus agudas observaciones sobre los otros estudiantes o incluso los profesores, que, también, hacían reír a todas las demás.
Pansy Parkinson, aunque agraciada físicamente, no era tan agradable. La niña a sus once años tenía el cabello castaño oscuro, muy lacio hasta los hombros y ojos castaños, y la tez olivácea. Era pequeña de estatura pero se erguía con toda la fuerza de su arrogancia y seguridad, que era bastante. Su mejor rasgo era su boca, expresiva y determinada, haciendo juego con su barbilla partida en un rostro delgado y ligeramente triangular. Pero esos labios hablaban mucho menos y cuando lo hacían, soltaban palabras duras y, a veces, filosas. Sí, era menos elocuente y exuberante que Daphne, pero poseía el don de hundir sus comentarios justo en donde escocía. Poseía cierta tendencia a desdeñar todo lo que no consideraba digno de ella o de su casa y no parecía interesarle más que lograr una posición ventajosa sobre los demás que le permitiera juzgarlos sin salir perjudicada.
Era, hasta cierto punto, cordial con sus compañeras porque las consideraba sus iguales pero Victoria estaba muy segura que si alguna de ellas fuera Gryffindor, Ravenclaw o Hufflepuff, sería mucho menos considerada con aquella. Por ello, Victoria no respondía mucho a lo que ella decía: tenía la sensación de que si decía algo que la otra considerase incorrecto, la chica se volvería un incordio. Mejor no provocarla.
Anne Sally, una muchacha de sangre limpia que no formaba parte de una familia prominente, poseía un encanto que iba más allá de su apariencia física. No tenía la belleza de Daphne, ni el carácter de Pansy pero su risa era cantarina y sus gestos al hablar eran de lo más llamativos. Su cabello era pajizo y ondulado, sus ojos cafés y tenía la piel clara, sin ser blanca. Su estatura era promedio y si se limitaba a escuchar, lo cierto es que no llamaba mucho la atención. Solamente cuando se expresaba cobraba vida. Era muy buena para contar anécdotas y además de risueña, también sabía cómo darse cuenta de secretos de otras personas que después utilizaba como quería para sus propios fines. Mientras el humor de Daphne era campechano e inteligente, las bromas de Anne eran bulliciosas y descaradas. La situación con ella es que, por su educación, despreciaba inmensamente a los hijos de muggles (llevaba a otro nivel el desprecio con el que los llamaba "Sangre Sucia").
Para ella, todos los magos y brujas eran dignos de interés, no importando su Casa ni su riqueza... siempre y cuando fueran sangre limpia. Hacía algunas excepciones, por supuesto: Sabía, por ejemplo, que la madre de Albus Dumbledore, el abuelo de Victoria, era muggle (no estaba enterada de su nombre o circunstancias, pero en la Sociedad Mágica son cosas que todo mundo sabe cuando se es una celebridad) pero fue de las primeras en aceptar a su compañera: Para Anne, era obvio que si Albus Dumbledore era un mago tan extraordinario y hábil en las artes mágicas, Vasiliki lo sería también.
Quizá tenía que ver con que Anne asociaba la grandeza con el linaje. Victoria no discutió sus ideas al respecto: no necesitaba un debate como ese en la Casa de Slytherin.
Aparte de ese desdén, Sally no era mezquina. Generosa y gregaria, prodigaba tantos sus opiniones como sus posesiones libremente: Cuando recibió una caja de sus golosinas favoritas de parte de sus padres los compartió con cada una de sus nuevas amigas.
Millicent era su completa antítesis. Victoria no sabía si se sentía acomplejada al lado de sus compañeras. Bullstrode no era lo que se dice una belleza, al menos en las opiniones de los demás.
Para empezar, ya a esa edad era más alta que las demás y su corpulencia también iba acompañada de una desgarbada postura. Tenía cierto sobrepeso, un cabello castaño que colgaba sin armonía ni volumen a los lados de un rostro redondo, frío y sombrío y ojos gris oscuro que no reflejaban ninguna luz.
Para ser honestos, Victoria encontraba su mirada muy interesante y pensaba que ella podía llegar a ser atractiva... al menos si cambiara de actitud.
Pero ese era el problema. Millicent se mostraba taciturna y su expresión variaba entre feroz y hosca. Caminaba junto a ellas pero no les hablaba ni parecía interesarle demasiado su charla. Y no le gustaba que la miraran mucho y era hermética con todo lo suyo, incluyendo sus cosas.
En el desayuno, Victoria observó que acaparaba para sí lo más posible y en las clases, no prestaba ni su pluma ni sus pergaminos.
No se le había visto sonreír hasta entonces y nunca dio muestras de nada que se pareciera a un discurso florido. Cuando Daphne le preguntó si quería caminar cerca del Lago se limitó a gruñir un "de acuerdo"... pero Victoria no sabía por qué las acompañaba, si parecía limitarse a ignorarlas.
Estuvieron caminando por los Terrenos del Colegio y entre otras cosas, Daphne les contó sobre el viaje que había hecho a Holanda y las costumbres de los magos de allá. Ella tenía dotes para describir lugares con mucha precisión y Victoria se descubrió interesada en visitar los sitios donde la bruja había estado. Estaba a punto de preguntarle cómo había hecho el viaje, cuando ella señaló un encuentro desafortunado con una pareja anciana de muggles que le preguntaron, a ella y a su madre, por una dirección.
Anne, aunque torció ligeramente el gesto, era curiosa y le preguntó qué pasó exactamente.
Daphne estuvo a punto de contarlo, pero entonces notó la expresión de Victoria. La niña había desviado la mirada y parecía ligeramente incómoda y ligeramente fastidiada.
- ¿Qué tienes, Vic?- El cariñoso apelativo surgió de Daphne espontáneamente. Su amiga sonrió y respondió:
- ¿Podemos dejar de hablar y volver al Castillo? No sé ustedes, pero realmente tengo mucha hambre. -
Anne se rió y empezó a compararla con Millicent que sólo gruñó en respuesta y Victoria actuó como si le divirtieran sus bromas.
La verdad es que no tenía tanta hambre.
Pero tampoco tenía ganas de más comentarios despectivos sobre los muggles.
Ella no los conocía mucho y no diría que le importara mucho el tema, ciertamente.
Sin embargo, precisamente porque no era un tópico de su interés, prefería no mencionarlo. Y no entendía por qué, ellas hablaban tanto de ello.
...
Siendo solidarias con Vasiliki, las chicas regresaron al Castillo, poniendo fin a la interesante conversación. Sin embargo, Pansy admitió de camino que también tenía hambre y cuando ella lo aceptó, fue secundada por Anne, a quien parecía que le caía mejor Parkinson que Greengrass. Victoria empezaba a comprender que dentro de su grupo empezaría a ver "bandos" y eso la desesperó:
Una de las cosas buenas de ser una persona solitaria, es que no tenía por qué pretender que le gustaban cosas que en realidad le desagradaban o de las que prefería prescindir. Así que se dedicó a responder de formas neutrales si le preguntaban sus preferencias y empezó a hablar todavía menos. No le gustaba sentirse presionada para elegir con quién relacionarse más.
En el comedor, Vasiliki se sentó discretamente al lado de Theodore Nott. No quería hablar con las chicas después de lo sucedido y la verdad es que se había aburrido. Y Theodore, aunque parco en palabras, le resultaba agradable, aunque no podría decir una razón en específica. Pensó que comerían en silencio y estaba cómoda con ello, pero había olvidado que Theo siempre la sorprendía.
- Vaya sorpresa que te sientes tan lejos de tus amigas. ¿Te ha cansado ya el veneno de Pansy o temes que Anne empiece a divulgar cosas de ti que tal vez no sean del todo ciertas?-
Victoria parpadeó y miró al chico. Podía notar el modo en que sus ojos azul oscuro reflejaban diversión ante su confusión pero también había en ellos un punto de su habitual intensidad, como si realmente esperara una honesta respuesta.
El silencio de él y su media sonrisa la hicieron entender que él aguardaría hasta que ella elaborara alguna frase. Y de pronto Vasiliki cobró consciencia de cuán cerca estaba él.
"Tienes los ojos como un estanque límpido, Theodore. Me gustan, son bonitos. Pero no sé quién eres en realidad."
Vasiliki esbozó una amplia sonrisa aunque realmente no se dio cuenta que lo estaba haciendo. La perspicacia de él la hizo ser espontánea y sincera.
- No es eso. Apenas las conozco y no puedo hartarme de algo que todavía no es frecuente. La verdad es que me sentí un poco incómoda porque no dejaban de hablar con desagrado de los muggles y yo no sabía qué decir. Además, todas ellas esperaban que estuviera de acuerdo y eso me abrumó.-
Theodore quedó en silencio, tal vez porque no se esperaba esa situación, pero continuó escrutándola. Y Victoria sintió deseos de saber qué secretos guardaba aquella expresión y el brillo suave de sus ojos.
Le hubiera sorprendido el pensamiento de Theodore. Porque Theodore pensaba:
"Jamás había visto ojos tan verdes. Y sin embargo, lo que más me gusta de ella, en realidad, es su sonrisa. No esperaba eso. Ni siquiera Daphne es más bonita que ella cuando sonríe."
El chico cambió de tema por uno que le interesaba más:
- En clase de Transformaciones, me dijiste que soy bueno en ello. Pero sabes, creo que no sé muy bien lo que logré. Tengo una pregunta que no he sabido responderme. Dado que lograste transformar el fósforo en alfiler, ¿Qué parte de la magia interna de cada mago o bruja crees que se usa para transfigurar? -
Vasiliki entornó los ojos, como preguntándoselo también, recordando. Theodore no se movió un ápice: Encontraba cierto placer en observarla. Él era un observador experimentado y le encantaba mirar todo y a todos, pero no solía aceptar, ni siquiera a sí mismo, si algo o alguien le gustaba o no. Desde que su madre había muerto prefería mantenerse a distancia de todo el mundo, pero no suponía que tuviera que hacerlo con esa niña: Ella no parecía querer cambiarlo o incordiarlo; aceptaba lo que él era y se planteaba lo que él quería transmitir.
Y eso él no lo veía preocupante. Al fin y al cabo, él era quién hacía las preguntas. Percibía la curiosidad de ella, pero también observaba que no parecía sentir necesidad de presionarlo para saciarla. Respetaba sus secretos y su silencio, a pesar de que, al responder a sus cuestionamientos ella pudiera quedar en desventaja.
Y aunque Theodore no lo dijera, le complacía que a ella ese detalle no pareciera importarle.
Ella respondió, por fin:
- Cuando pensé en lo que le dijiste a Blaise, y me pregunté qué instrucción estaba siguiendo mal, comprendí que no había conectado el hechizo con el movimiento de la varita. No sé cómo llamar a esa rama de la magia, pero yo le pondría un nombre parecido a "Consciencia". No sé, algo muy cercano a lo más elemental de nuestra magia, como cuando haces magia accidental, con la diferencia de que la magia accidental tiene un propósito pero no una dirección... Eso es todo lo que puedo decir por ahora.-
Theodore asintió.
- Creo que tienes razón. Gracias. Eso ayudará a mi búsqueda de la teoría. Quiero aprender más al respecto.
Victoria ladeó la cabeza.
- Eso suena muy bien.- consideró.- Si lo encuentras, ¿Me podrías pasar el nombre del libro? Yo también quiero mejorar en todo, ¿Vale?-
Theodore se echó a reír. Victoria abrió mucho los ojos: La risa de él era inesperada y no sólo porque él pareciese muy serio. Ella imaginaba que su risa sería ronca o fría. No fue así. A ella le pareció el sonido de la lluvia o de una cascada.
Y tuvo que admitir que le gustó. Pero, para evitar ruborizarse, enarcó una ceja.
- ¿De qué te ríes? ¿Qué es tan gracioso?-
Nott negó con la cabeza, como si le dijera que no se burlaba de ella. Dijo:
- ¿La nieta del famoso Albus Dumbledore está pidiéndome ayuda? Como caen los poderosos.-
Vasiliki bajó la vista y se río, comprendiéndolo ahora y aceptando el chiste lo mejor que su orgullo lo permitía.
- Que no se te suba a la cabeza, Theodore.- contestó.- Que con esa información estamos a mano ... ¡Y pelearé por ese primer lugar en Transformaciones!-
Nott tenía una expresión relajada e iba responderle cuando Blaise Zabini se sentó a la derecha de Victoria.
- Faltan veinte minutos para regresar a clase.- les dijo, como si nada.- ¿Pueden dejar de hacer escándalo y comer? Perdóname por la interrupción, Lune Noire, pero este chico se pone gruñón cuando no come.-
La expresión de Vasiliki cambió ligeramente. Agarró el tenedor y se puso a comer su pastel de carne, sin hacer caso de Zabini, que la miraba con ahínco, como evaluando su reacción ante su presencia.
Y la mirada de Theodore ya no era límpida. Traspasó a Blaise con ella y aquellos ojos, que podían ser tan brillantes, parecían hielo fino.
Pero Zabini no varió su expresión tranquila. Le guiñó un ojo y se puso a comer, sin darle más opción a Theodore de hacer lo mismo.
Draco Malfoy se les unió un momento más tarde, abandonando a un grupo de personas de Slytherin con los que había estado hablando y sentándose con Blaise a comer. Y aunque Draco preguntó a Blaise con un gesto qué había pasado, el otro se limitó a mover los dedos en un ademán quitándole importancia.
Y Draco empezó a hablar con él sobre Quidditch. Victoria, que escuchaba, tuvo ocasión de comprender en ese momento que Theodore Nott tenía razón cuando decía que el pasatiempo favorito del heredero de los Malfoy era el Quidditch.
