Buenas noches a todos. Hay muchas cosas que tengo que reparar en este fic, pero creo que puedo hacerlo con decencia si voy con calma y cuidado. Disfruten.

...

Después del almuerzo, Victoria y sus compañeros tenían la tarde libre porque su última clase era Astronomía, según decía el horario, con una profesora llamada Sinistra. El grupo se dispersó con los demás estudiantes, los chicos saliendo a los Terrenos del Colegio para verificar las condiciones del clima para el Quidditch, un tema que Theodore ya había mencionado que no era de su interés, por lo que ni Draco ni Blaise le pidieron venir con ellos, mientras que él apenas se molestó en despedirlos con un gesto mientras permanecía en su mismo sitio en el Comedor. En cambio, las chicas empezaron a discutir adónde ir pero ya que lo decidieron Victoria no quiso ir con ellas, argumentando que ya las alcanzaría.

No miró a Theodore mientras tanto pero si lo hizo cuando ellas se fueron.

- ¿Qué vas a hacer ahora?- le preguntó a él.- Nos quedan dos horas libres.

Ella le dirigió una mirada en la que se mezclaba una pregunta y quizá un deseo. Él la miró enarcando una ceja oscura y sorprendentemente expresiva.

- ¿Victoria Dumbledore me brinda el placer de su compañía en lugar de dársela a sus compañeras femeninas? Me siento honrado.-

Ella quiso rodar los ojos como si encontrara ridículo el comentario, pero en su lugar soltó una risa pequeña, no tan propia de ella.

- ¿Theodore Nott, sintiéndose honrado por algo tan pequeño? Me siento halagada.- Desvió la mirada un momento, no queriendo enrojecer y añadió.- No te sorprendas si no sigo lo que hacen los demás. Yo no crecí en un lugar donde hubiera guías estrictas de cómo tendría qué comportarme.-

- Bueno saberlo.- comentó el chico y se puso en pie.- En mi caso, lo que sucede es que no suelo estar acostumbrado a que alguien me acompañe. Soy una persona muy solitaria, me han dicho que hasta huraña, así que, para serte honesto, no creí que quisieras quedarte. Ya sabes, por lo de ponerme como un nubarrón negro y eso.-

La sonrisa de Theodore era bonita y serena pero Victoria temió de pronto haber cometido un error.

- ¿Entonces te molesta que yo...?- empezó, inquieta.

- No.- respondió él como si supiera lo que ella estaba tratando de saber.- Al contrario. ¿Quieres ir a la lechucería? Era hacía allí donde planeaba dirigirme mientras Blaise y Draco perdían su tiempo fuera.

Victoria lo pensó durante unos instantes para luego asentir sobradamente. En realidad, si quería darse cuenta de ello en aquel momento, no le preocupaba mucho hacía dónde quisiera ir Theodore, mientras ambos fueran juntos. Ella no sabía por qué quería estar con él en aquel instante, pero tampoco estaba por la labor de analizarlo mucho. Le caía bien y eso era suficiente razón.

Ambos caminaron en amistoso silencio por unos minutos mientras él sostenía el curso de sus pasos, seguramente sabiendo hacía dónde iban. (Ella no sabía dónde estaba la lechucería).

- Entonces- Theodore retomó fácilmente la conversación que Blaise interrumpió antes de la comida.- ¿Qué te parece la profesora de Transformaciones?-

Victoria encontró inusual la pregunta de Theodore, quizá porque sabía que ninguno de sus compañeros la haría. Era extremadamente agradable haber encontrado tan rápido a alguien que pensaba en aquellos detalles, como ella. Hasta ahora, eso no le había ocurrido y entonces entendió algo de sí misma: No es que le costara tanto socializar, simplemente no encontró hasta entonces con quién hacerlo correctamente.

- La encuentro curiosa.- admitió ella.- Es muy buena para describir lo que debemos hacer pero no tan buena en hacernos sentir motivados para transformar cosas. Nos dice qué hacer y cómo hacerlo, pero no para qué y no por qué. Eso hace que me sienta muy inútil... si tú no te hubieras dado cuenta a tu manera de cómo realizar el hechizo y yo no me hubiera puesto a pensar que había algo más allá, no lo habría logrado.-

Los ojos del moreno chisporrotearon, de acuerdo.

- Es la jefa de los Gryffindor.- dijo, un detalle que Victoria conocía.- Me imagino si será así con sus propios alumnos.-

- Creo que sí.- Vasiliki sonrió.- Mi abuelo describe a McGonagall como una profesora muy hábil y conocedora de su arte pero también rígida en el trato y aunque amable, no precisamente bonachona. No es que yo tenga alguna idea de cómo enseñar a nadie, pero algunas personas se sienten intimidadas por su carácter. Me imagino que eso puede no ser lo mejor para algunos de nosotros.-

- ¿Lo es para ti?-

- ¿A qué te refieres?-

- ¿Te intimida nuestra profesora, Victoria?-

- ¿Por qué debería? Yo no siento que mi magia sea débil, a decir verdad, desde que era niña mi magia accidental era poderosa y tenía más problemas escondiéndola o dominándola que haciéndola aparecer. Además, yo no soy una hija de muggles ni crecí alejada del Mundo Mágico. Mi abuelo nunca me llevó a lugares donde convivir con otros niños magos y brujas pero conozco a otros magos y brujas. -

Ya habían subido dos escaleras y se detuvieron a descansar. Theodore limpió con su capa una parte de la escalinata y le indicó a Victoria si quería sentarse, algo a lo que ella accedió, algo cansada. Theodore, en cambio, se sentó junto a ella.

- Ya casi llegamos a la Lechucería.- comentó- Pero mientras podríamos descansar. -

Ambos se miraron. Ahora que no había gente a su alrededor que pudiera molestarlos o hacerlos guardar las apariencias, sentían una afinidad con el otro, y cada uno experimentaba algo especial al observar al otro. Theodore podía percibir el perfume dulce y fresco de Victoria y de pronto deseaba acomodarle un rebelde mechón de cabello castaño a la oreja izquierda. En cambio, Victoria sentía que nadaba en su mirada azul oscuro y había una pequeña sombra debajo de sus labios que ella quería limpiar con un gesto pequeño. Los dos se sonreían, muy pacíficos y la conversación parecía querer archivarse. Sin embargo, los dos eran tímidos y no prolongaron dicho fenómeno: Theodore siguió hablando.

- ¿Has dicho en serio que tu abuelo no te dejaba tener amigos magos y brujas? Entonces, ¿Con quién jugabas o te relacionabas?-

Victoria parpadeó, saliendo del hechizo de aquellos ojos inmensos.

- Eh... No era exactamente una prohibición pero como has señalado, el Valle de Godric tiene características especiales. Desde que terminó la guerra, el lugar ha quedado vacío de muchas familias ya antiguas y con ellos se fueron los niños, así que cuando nací ya no quedaba nadie. De hecho mi única persona cercana familiar era la señora Bathilda, a una casa de la mía y los amigos de mi abuelo, que, como podrás comprender, no eran precisamente niños pequeños. Mi abuelo nunca me llevó a sus andanzas aquí en Hogwarts porque prefería mantenerme tranquila y vigilada así que era la señora Baghshot quien me cuidaba. Por otro lado, conozco a algunos personajes importantes en la Historia de la Magia. La señora Bathilda fue quien escribió "Historia de Hogwarts" y el Alquimista Nicolás Flamel y su esposa Perenelle son viejos amigos de mi abuelo, los conocí cuando tenía como cinco años, pese a que son ya ancianos, son muy agradables. -

Theodore colocó su rostro en sus rodillas encogidas.

- Qué curioso.- manifestó.- Entonces tú eres la más solitaria de los dos. Digo, mi padre me mataría si hablara con alguien "inadecuado" según sus reglas, pero por lo menos tuve a Draco Malfoy y a Blaise cuando era pequeño.- suspiró profundamente.- No es que a veces Draco no me fastidie o que Blaise no me moleste o que aburra yo a los dos a montones, pero somos casi familia, desde que nacimos nuestras madres juntaron sus elfos domésticos y nuestras canastas de nacimiento y hemos sido uña y mugre hasta ahora.-

- Suena fantástico.- suspiró entonces Victoria, que mientras lo escuchaba lo miraba con envidia.- Solía hacer castillos en el aire cuando era más joven, fingiendo que tenía una hermana o algún amigo. Es... duro estar tan solo. Pero también, tiene sus ventajas. Por lo menos no tengo que pretender que me gustan cosas que no como Anne.- surgió espontáneo de su boca un sonido de desagrado.- Me aburren esas cosas, para serte honesta.-

Él se río ligeramente.

- Y vaya que los demás pueden ser molestos.- comentó.- Verás, cuando teníamos 6 años, Draco vio el primer partido de Quidditch al que le llevó su padre, Lucius. En aquel tiempo Blaise no tenía permitido salir a esas cosas y yo ni sabía que existían, así que no nos enteramos de nada hasta que regresó de la Copa del Mundo o lo que fuera. Yo no sé cómo tú eras a los seis años, pero a esa edad él hablaba perfectamente y se conducía, por nuestra educación, como si el resto de todo le perteneciera. Se pasó tres horas completas hablando de lo estupendas que eran las escobas, de lo caros y hermosos que se veían los trajes de los jugadores y dedicando etiquetas de "insulsos" y "tontos" a los que perdieron. Para cuando finalizó su discurso, Blaise y yo estábamos jugando snap explosivo y se enojó tanto y tan rápido porque no le prestábamos atención que nos obligó a pedir escobas y se empeñó todo lo que pudo hasta que voló perfectamente. Como es natural, a mí no me gusta volar y me rompió un brazo en la segunda ocasión que "entrenamos" así que su madre le prohibió los partidos por un buen tiempo.- Rodó los ojos.-

Victoria estaba mirando a Theodore con mucha atención. No se había dado cuenta hasta ahorita, porque el chico era muy callado y discreto, que cobraba vida al narrar cosas, tenía gestos muy definidos, como aquella boca que se curvaba en una sonrisa torcida revelando dientes algo grandes pero muy blancos, la nariz larga y pálida se extendía hacía arriba para unirse a aquellas cejas tan negras, tan elegantes y sus manos de dedos largos se combinaban con la mirada azul, incluso con breves destellos al cabello rizado y el gran anillo oscuro, que quedaba fuera de lugar y a la vez pertenecía íntimamente a su apariencia.

- ¿No te enojó?- le preguntó ella al final, mirándolo todavía con esa casi arrobada atención.-

- ¿Enojarme?-

- Que te haya roto un brazo. Si Daphne, por ejemplo, hiciera eso, me darían ganas de matarla.-

Theodore la miró con curiosidad, como si no esperara ese giro de frase. Luego se río, una risa floja y larga, distendida. La chica parpadeó: ¿Acaso todos los Slytherin reían como la música? Primero Blaise con su violonchelo y ahora Theodore, él parecía más un laúd muy grave.

Tal sonido era verdaderamente agradable, y la propia Victoria sonrió de forma muy distinta, mostrando unos bonitos hoyuelos a cada lado de su boca.

- Eres divertida.- Theodore dijo eso cerrando los ojos un momento y sin dejar de sonreír. Luego, como si recordara algo, se puso en pie y le alargó la mano para ayudarla a levantarse. Ella la tomó e hizo lo propio.

- Ven, vamos a ver a las lechuzas.- dijo él.-

Ambos pasaron un rato viendo a los animales, preguntándose sobre qué especies serían cuáles y admirando la vista desde el lugar donde planeaban las lechuzas hacía sus destinos, charlando de nimiedades, descubriendo que tenían más puntos en común de lo que creían en un principio.

Luego Theo, que era quien llevaba el reloj, comentó que faltaba media hora para la clase y Victoria suspiró.

- Debo irme.- dijo lamentándose.- Les dije a las chicas que las alcanzaría.

La sonrisa de Theodore se hizo más pequeña pero asintió con tranquilidad.

- Nos vemos en Astronomía.- dijo de todas formas.

Y Victoria sonrió.

- Puedes apostar a que sí, Theodore Nott.-

Bajó corriendo de la lechucería, sin saber que dejaba a un chico, que hasta entonces estaba feliz, un poco perdido.

"Me cae bien." pensaba él. "Tengo que tener cuidado con eso."

Pero era difícil y lo sabía; Theodore guardaba muchos secretos y el más guardado de todos le pesaba como una losa: Aunque no lo decía, no era tan solitario del todo por naturaleza, sino por la seguridad de los demás. Él no quería que le pasara a nadie lo que le pasó a su madre sólo por estar cerca de él, sólo por ser esposa de su padre. Pensar en aquella niña, con sus ojos enormes y su graciosa sonrisa, conociendo a su padre y que aquella cara cambiara reflejando un espanto terrible... jamás podría hacerle algo como eso.

Sin embargo, aunque se lo seguía repitiendo, no estaba seguro de poder ser de hielo: Ella era tan hermosa y él la encontraba tan grata en todos los sentidos...

Su risa era de lluvia. Su sonrisa de plata. Sus ojos esmeraldas.

Y lo mejor, decidió cambiando su opinión de un principio, era su mente y su alma.

"Estoy en problemas." se dio cuenta Theodore.

Él debía estar muerto. En su lugar, estaba tan vivo que no quería volver a lo mismo.

Entonces, se dijo con una valentía que no sabía que tenía, debía cambiar de dirección y de camino.

Para que no pudiera dañar a nadie de nuevo con su legado maldito.

...

Victoria no sabía muy bien por qué había huido.

Interiormente estaba muy consciente que podría haber obviado esos quince minutos y llegar a clase acompañada de Theodore: No les habría faltado de qué conversar ni ella se habría sentido incómoda en lo absoluto. La verdad es que no tenía una razón real para unirse a las chicas en aquel momento y podría simplemente no dar explicación alguna a este hecho, pero de pronto, tras mirar una vez más aquellos bonitos ojos azules, por alguna razón se había sentido acalorada y necesitado un poco de distancia.

No era tonta ni se desconocía a sí misma: de sobra entendía lo que le ocurría. Lo había leído en otros lados y siempre pensó que era una tontería y que jamás se dejaría ella llevar por algo tan básico pero allí estaba, batiendo pestañas, riendo de forma boba y añorando cosas que ni siquiera eran racionales. Tampoco creía que fuera malo o que estuviera siendo de forma equivocada, pero necesitaba replanteárselo: Tenía miedo y había que reconocerlo.

Después de todo, acababa de conocer a Theodore Nott y ambos eran realmente jóvenes. Él parecía disfrutar mucho su compañía y era más que inteligente, pero no le parecían razones de peso todavía para su arrobamiento de niña y sabiéndose sensible, prefería mejor disimularlo antes de mayores consecuencias. Sin embargo, tampoco estaba del todo contenta de haberse ido de su lado tan repentinamente; lo ocurrido no lo manifestaba como algo necesario.

¿El enamoramiento era así de complicado todo el tiempo? Preguntárselo en su cabeza la hizo sentir mejor, enfrentando lo sucedido con su habitual determinación y agudeza. No sabía muy bien qué decirse a sí misma, pero resolvió que lo tendría definido en el tiempo preciso. Por ahora, concentrarse en otras cosas importantes.

Theodore Nott era sólo un chico. Y ella acababa de ingresar a Hogwarts. Él podía esperar.

Así que, nuevamente inspirada, volvió a correr a su Sala Común, esquivando traviesa la vista reprobatoria de los profesores y alumnos mayores mientras se dirigía a la Sala Común, viendo a quién encontraba antes de marcharse a Astronomía. Sin poderlo evitar llevaba una sonrisita en los labios que decía mucho de su estado de ánimo actual y arrasó con todo al decir la contraseña del lugar junto a las mazmorras.

Entró con más calma, recuperando el aliento, sólo para descubrir que Daphne y Anne seguían ahí, platicando de todo y de nada, ligeramente aburridas y embutidas en sillones de cuero negro con almohadones verdes.

Daphne, que fue quien primero la divisó, le pidió que se acercara con un ademán.

- ¡Victoria!- saludó, señalando un lugar junto a ella.- Qué bueno que llegas. ¿Dónde estabas?-

- Paseando.- respondió ella, haciéndole caso por una vez.- ¿Qué hacen ustedes?

- Estábamos por jugar a las sesenta preguntas.- dijo Anne.- ¿Quieres unirte?-

La chica de ojos más verdes frunció el entrecejo.

-¿Qué es eso?- preguntó desconcertada. Anne la miró boquiabierta. -

-¿No lo sabes? - Enarcó la ceja. Eso era obvio, ¿Cierto? Daphne le sonrió con picardía y comprendió que la estaba molestando. - Es una costumbre muy usada la de, cuando hay noches de tormenta y si algunos magos están reunidos alrededor de una mesa, se pueden hacer preguntas de lo que sea para pasar el tiempo. La única regla, además de responder, es que no puedes mentir. ¿Jugamos o qué?

La nieta de Dumbledore se preguntó hasta que punto eso representaba un riesgo para ella y su recién adquirido secreto. Pero por otro lado, sentía curiosidad, así que asintió.

-¡Yo empiezo!-exclamó Anne, su voz amortiguada por los tapices de terciopelo verde que rodeaban la sala. Los chicos que hablaban en el otro extremo se volvieron a mirarla pero ellas no les prestaron atención.

-¿Qué chico les gusta por ahora de la casa?- Vasiliki, que ahora ya sabía qué esperar de Sally, rodó los ojos. Antes muerta que contarle, resolvió. Daphne, en cambio, se rió nerviosamente, como si quisiera que le preguntaran pero aún así sintiendo vergüenza de su propia respuesta.

-¿No puedes dejar esa pregunta para más tarde?- pidió, sonriendo dulcemente.

-Pero yo quiero saber ahora- se quejó Sally- Anda, dínoslo. Prometo solemnemente que no le diré a nadie. Eso y que yo también les contaré…-

"No le diré a nadie." Victoria sonrió como si lo creyera. Recordaba lo que Theo le dijo sobre Anne en el Gran Comedor: "¿Temes que diga cosas de ti que no son del todo ciertas?"

Daphne contempló a sus compañeras durante un instante. Luego, inclinándose al oído de cada una, susurró un nombre.

Al principio, Victoria abrió los ojos grandes, sintiendo que el conocimiento le caía inesperado. Luego evalúo a la muchacha enfrente suyo y suspiró.

-En cierto modo si era obvio.-suspiró- Pero está bien.-

-Ohhhh, que chisme tan jugoso sería si pudiera contarlo-dijo en cambio Anne, recibiendo a cambio una patada por debajo de la mesa de Daphne- ¡Hey, sólo era una broma! Pues a mí me gusta Blaise.- declaró recargándose en la silla- Es demasiado guapo para su propio bien… pero bueno ¡No es el único, cada quien tiene lo suyo!-

Su mirada astuta se posó en su compañera, esperando su respuesta. Victoria, que era experta en lidiar con miradas como esa, sonrió de forma inocente.

- No me habría fijado en eso en los primeros días.- alargó la situación acomodándose mejor en su asiento. Pero es algo que tú definitivamente preguntarías, Anne.- Se río, cómplice.

-Pues-los dedos de las otras chicas tamborilearon impacientes en la mesa, Anne mirándola fijamente.- Faltas tú. ¿Quién se te ha venido a la mente cuando he preguntado?-

Victoria meneó la cabeza con fingida pesadumbre, pensando inmediatamente en la clase inminente de Astronomía.

-Siento decepcionarlas, pero no he pensado en nadie. En serio-agregó al ver lo incrédulas y decepcionadas que se mostraban sus nuevas amigas- No se me viene nadie a la mente.-

- ¿En serio?- Anne la seguía mirando con atención.- ¿Con quién estabas cuando no estabas con nosotras?-

Victoria se echó a reír rompiendo la pequeña tensión.

- Anne, cuando empiece a gustarme alguien, serás la primera persona en saberlo, te lo prometo.- Faltar a la verdad se vio muy fácil para ella y Sally suspiró al notar que no podría convencerla. Aparentemente, Dumbledore no era tan fácil de camelar o sorprender como imaginó que sería.

-Oh, está bien-chasqueó la lengua Anne cuando vio que en verdad su compañera no diría nada más- Te toca preguntar, Daph.-

Mmmm…-la chica posicionó un dedo en su barbilla, como pensando- ¿De cuántos está compuesta su familia? Es decir, ¿Tienen hermanos y hermanas y esas cosas?

-Yo vivo con mis padres y mis tíos por vía materna y paterna-aclaró Anne, adelantándose- Tengo un hermano, Bryan y cuatro primos. Jugábamos mucho cuando éramos más pequeños pero ahora no sé. Enviaron a Bryan y a una de mis primas a Beauxbatons, a mis dos primos a Durmstrang y a mí me enviaron a Hogwarts. Divertido, ¿Eh?-la chica suspiró- Estuve bastante enojada cuando me dijeron sobre ello, pero bueno, luego pensé que estaría bien, podríamos contarnos más cosas en el verano.

-Es una lástima-Daphne le palmeó la espalda con suavidad a Anne- Siento que te hayas tenido que separar de tu hermano. Mi hermana Astoria vendrá a Hogwarts el año que viene… estaba bastante triste en el andén pero ya se le pasará-hizo un gesto distraído con la mano- Espero que, eso sí, se quede en Slytherin.-

-Si es en algo parecida a ti, seguro que Astoria se queda con nosotras-le dijo Victoria, apresurándose para tapar el hueco de su propia falta de información.- En cuanto a mí, lo cierto es que sólo vivo con mi abuelo. Sí, ya saben, el Director del Colegio- volvió a poner los ojos en blanco- el muy ilustre y respetado Albus Dumbledore, vencedor del mago oscuro Gellert Grindelwald, Orden de Merlín primera clase, etc…

-Deja de vendernos sus éxitos, sí, sabemos que es un mago con mucha fama-le dijo Daphne con una sonrisa que decía "De ésta no te salvas."- En todo caso, ¿Cómo es vivir con él? ¿No es un poco solitario?-

-No lo sé-reconoció Victoria- No tengo con quién comparar. En realidad es bastante agradable, cuando puede pasar la temporada en casa. Estando en Hogwarts no lo veía mucho, aunque si me mandaba una carta cada día y mi vecina, Bathilda Bagshot lo mantenía informado de todo lo que hacía. Pero me hubiera encantado, ya saben, tener hermanos y hermanas con ustedes y las salidas divertidas y las peleas de las que suelen presumir mis vecinos-sonrió, expresando sus emociones sin la misma expresividad o naturalidad que con Theodore anteriormente- Bueno, pero me hicieron una pregunta de más… me toca a mí. Mmmm… no sé, ¿No han pensado que les gustaría hacer cuando salieran de Hogwarts? ¿Alguna idea del tipo de ocupación que quisieran tener?-

-¿Además de casarme con un hombre rico después de salir con un montón de magos atractivos?-bromeó Anne- Ya en serio no lo sé. Siempre pensé que me gusta tomar una cosa a la vez. Ya sabes, primero entrar en Hogwarts, saber qué clase de casa me tocaría, no tener que convivir con demasiados sangre sucia y presencias indeseables parecidas, luego ir cursando cada año y ¿Quién sabe? Cuando llegue el momento, decidir.-

-No suena mal-admitió Victoria, yendo por el lado diplomático aunque nada de lo que ella decía le sonaba, ni por mucho, cercano a sus propios sueños y deseos. - Sólo que cuando una tiene mucho tiempo para pensar…-

-Pues yo hace mucho que sé que voy a ser medimaga-informó Daphne Greengrass- A mi familia les gusta la idea mientras sea algo renombrable, digno. Creo que en el fondo les gustaría tenerlo todo planeado desde un principio, de vez en cuando hasta hablan de los posibles prospectos para que continué con la línea Greengrass; y no me molesta, pero quiero ser sanadora primero.-

-Bueno, ahora yo quiero saber…-empezó a decir Sally cuando el ruido de la puerta de piedra al abrirse les indicó que alguien más entraba. Era Pansy Parkinson con una mirada de disgusto que hacía verse sus rasgos duros algo temibles.

-Así que aquí están, ¡Las estuve buscando por todos lados! Vengan, tenemos que llegar a Astronomía. La profesora Sinistra adelantó la hora de la clase y teníamos que avisar a los que encontráramos.-

Hubo un revuelo en las chicas al levantarse de la mesa y poner todo en su lugar y posteriormente las chicas salieron apuradas detrás de Pansy, riéndose.