Vuelo y Pequeños Secretos.

Cuando los Slytherin se enteraron que tendrían que compartir la clase de Vuelo con los Gryffindor, hubo una general reacción de disgusto. Aunque solía ser cotidiano ya que la casa verde fuera favorecida en Pociones, la única otra clase que compartían con la casa roja y dorada, lo cierto es que había mucha rivalidad entre ambos grupos de estudiantes y a ninguno de ellos le agradaba la sola idea de ser ridiculizado en frente de un grupo de leones.

El único que no parecía inquieto era Draco Malfoy, quien pasó las tardes anteriores a la primera clase charlando sobre sus muchas aventuras aéreas. No fue hasta que Blaise lo mando a callarse que los chicos de primer año tuvieron un poco de paz al respecto. Lo cierto es que, todos excepto Victoria, conocían una escoba y se habían subido acompañados a una cuando eran niños, por proceder de familias de magos. Sin embargo, eso no quería decir que fueran expertos en el tema práctico, así como ninguno sabía transformar un cerillo en una aguja cuando llegaron a Hogwarts.

Así que reinaba una clase de expectación entre los diez estudiantes de Slytherin de primero y fueron los primeros en llegar aquel jueves al Terreno del Colegio donde la señora Hooch, su profesora, ya los esperaba con las veinte escobas alineadas en dos hileras, escoba frente a escoba.

Ella era estricta de un modo distinto a Mcgonagall y sus ojos amarillos eran más feroces que penetrantes. Las canas de su cabello muy corto la hacían parecer vieja pero su cuerpo delgado era delgado y fuerte.

En cuanto llegaron los Gryffindor los apresuró a sitiarse a un lado de las escobas y les dijo que situaran una mano encima de ella, para luego decir "Arriba".

Victoria se sintió algo tonta y bastante nerviosa mientras lo decía pero trató de infundirle voluntad a su voz. Nunca antes había visto una escoba lo bastante cerca, ya que su abuelo no jugaba quidditch ni le pareció seguro que ella aprendiera a volar a tan temprana edad, así que sentía que estaba en desventaja con los demás. Theodore Nott, que fue al único al que le confesó su debilidad, le sugirió que hablara con Draco pero ella se había negado a comentarlo, sabiendo de antemano que el petulante chico se reiría de ella.

Así que ahí estaba, intentando que su escoba ascendiera hacía ella. No muy lejos de ella, advirtió que el único que mostraba menos entusiasmo que ella era el propio Theodore, a quien no parecía interesarle demasiado la clase. Aún así captó su mirada e hizo un movimiento de cabeza con lo que ella volvió a intentarlo hasta que consiguió que la condenada escoba llegara a sus dedos.

La profesora Hooch estuvo enseñándoles entonces la manera de montar la escoba y corrigiéndoles sobre el modo en que tomaban el mango o se posicionaban. Les dijo también que dejaran de temer y simplemente se dejaran llevar cuando ella contara tres, sonara su silbato, dejándolos ascender un poco antes de volver a descender. Practicarían de ese modo hasta que ella lo considerara conveniente.

Sin embargo, estos planes estuvieron lejos de plantearse reales cuando un chico Gryfffindor, Neville Longbottom si había oído bien entre cuchilleos, desoyó todo consejo y dio un espectáculo antes de quebrarse una muñeca.

La profesora lo llevó entonces a la Enfermería. A pesar de que ello alivió a la nieta de Dumbledore, lo cierto es que no había contado con que la animadversión de sus compañeros por los leones les crearía otra clase de problemas.

-¿Han visto la cara de ese gran zoquete?-río Malfoy a los otros, que se rieron también a excepción de Daphne, Theo y ella misma.

-¡Cierra la boca, Malfoy!-exclamó una de las Gryffindor, Victoria no sabía su nombre. Pansy, que la niña siempre había pensado estaba demasiado de parte de Draco, respondió por él.

-Oh, ¿Estás enamorada de Longbottom? Nunca pensé que te podían gustar los gorditos llorones, Parvati.

-¡Miren!-dijo Draco, recogiendo una pequeña esfera de la hierba- Es esa cosa estúpida que le mandó la abuela a Longbottom.-

Sin que nadie más se diera cuenta, Vasiliki suspiró. Estaba segura que aquello provocaría un alboroto, reconocía esa clase de mirada en su compañero de casa y hasta ahora siempre había significado problemas.

Lo siguiente que ocurrió fue una especie de enfrentamiento entre Potter y Malfoy. La verdad era que, Malfoy podía ponerse tan pesado que sólo fue por los puntos a su casa que Victoria deseó que ganara él y no Potter pero ya que la profesora Mcgonagall atrapó al muchacho, ella lamentó el incidente, aunque no se metió.

"Chicos" fue todo lo que pensó. "Siempre teniendo que demostrar que son mejores que los demás"

Después de la clase fallida, decidió ir a la Biblioteca. Le gustaba aquel lugar, era acogedor y tranquilo y siempre encontraba cosas interesantes. Después de clase de Vuelo fue allí únicamente para escapar de los comentarios de sus compañeros quienes se burlarían de Potter hasta el cansancio. No era una conversación que le interesase especialmente, y mejor prefería buscar algún instrumento de literatura sobre quidditch que le ayudara a mejorar su desempeño en ese ámbito.

Porque si no, sin duda, ella estaría sufriendo pronto las burlas y desdenes de sus compañeros y su orgullo no podría soportarlo.

Estuvo merodeando por los estantes durante al menos de una hora y justo cuando ya había llevado su atención a otro tema que consideró más importante, una voz penetró en sus oídos y su mente, llevándola de nuevo al momento presente:

-¿Has encontrado algo interesante? Bueno, no importa, sólo cuéntame lo que estés leyendo. Estoy tan harto de oír sobre Potter en la Sala Común que no me vendría bien cualquier otro tema de conversación.

Ella alzó la vista y se topó con Nott quien la miraba con una sonrisa torcida. Se la devolvió y lo observó sentarse frente a ella. Como el chico le caía bien, a pesar de ser tan reservado, dejó el libro a un lado, aparte, para iniciar conversación.

-Supuse que ese sería el clima de los nuestros, por eso vine aquí-explicó Vasiliki por su parte- No me interesó particularmente burlarme de nadie, sobre todo teniendo en cuenta que, como sabes, no tengo mucha idea de vuelo. Yo pensé, ¿creerás? Que encontraría algo más útil por aquí que el fiasco de hace un rato.

La mirada de los ojos negros de Theo resultó comprensiva.

-Lo entiendo-dijo- Te puedo enseñar los rudimentos, si quieres. La verdad es que Draco me obligó a aprender para competir cuando éramos más pequeños pero no me entusiasma. No sé tú, pero yo prefiero mantener los pies en la tierra.

Vasiliki sonrió. Era justo lo opuesto a lo que le pasaba a ella.

-A mí me gusta el horizonte y el aire y la idea de poder surcarlos-admitió, casi soñadora- Pero me da miedo, porque nunca lo he hecho antes. Aún así, me parece injusto burlarme de alguien que no sabe si yo no sé, ¿Se entiende?

Theodore la miró de nuevo, apreciativo. Luego, lentamente, se inclinó hacía ella.

-¿Te digo un pequeño secreto? La verdad, yo preferiría que castigaran a Draco. Al menos así se le bajarían los humos, por una vez. Resulta un tanto deplorable que Potter tenga que pagar los platos rotos de un incidente como ese… pero por otra parte, también debería dejar de meterse donde no lo llaman.

Victoria asintió.

-Describes bastante bien mis propios pensamientos. ¿Tú qué crees que le pase a Potter?

-Espero que nada demasiado malo-contestó Theo- Por lo menos para ver borrada la sonrisa de Draco.

A la niña se le ocurrió de pronto una idea.

-¿No que ustedes dos eran amigos?

-Y lo somos. Blaise, Draco y yo. Pero por Merlín, de los tres, él es el que más presume. Y yo odio a los presumidos.

Ella se río en ese momento y ambos sonrieron también cuando se enteraron que Potter fue nombrado buscador del equipo de Quidditch de su equipo.

Claro que dejaron de sonreír bien pronto cuando por él empezaron a perder la Copa de las Casas.

Al final, quizá tampoco Harry Potter les caería bien después de todo.