Magia Curativa.
La primera vez que ella despertó vio una figura de lentes de media luna a su lado. Le sonrió, sintiéndose débil y luego perdió la consciencia de nuevo.
Soñó con bosques y mares infinitos, con criaturas imposibles y voces dulces. Soñó con amaneceres de fuego y sufrió dolor, mucho, constante.
La hacían tragar, cada cierto tiempo, un líquido que sabía a algas y polvo. Ella lo tomaba sin reflexionar, tan cansada que tenían que ayudarla a incorporarse. Después se volvía a dormir.
Estuvo así días, semanas, meses. Se perdió la Ceremonia de la Copa de las Casas, pero como al final ganó Gryffindor, no pudo haberle importado. De todas maneras, esa noche despertó finalmente, con dolores todavía y frío. La figura envuelta en sombras y de lentes de media luna tras las que se escondían dos ojos azul claro la miraron, preocupados.
- ¿Dónde estoy?- preguntó con voz de garganta seca, de soplo casi inexistente. Su abuelo no pareció sorprendido de verla despertar, sólo aliviado, sereno pese a todo.
Le explicó lo que había pasado. Ella había abierto un peligroso libro de magia oscura de la Sección Prohibida que sólo ciertas personas podían abrir sin correr riesgos y la maldición del libro la había alcanzado, casi matándola. Lograron salvarla y restablecerla lo más posible antes de que empezara el segundo año escolar, pero había cosas que cambiarían en su vida a partir de ahora, alcances que no poseería, pociones que tenía que tomar, fuerza que debía restablecer.
Tenía suerte, le dijo su abuelo, pero aún así no era suficiente. El vuelo era cosa prohibida para ella, así como los trasladores, los polvos flu y los aviones muggle. Demasiado ajetreo, al menos en los primeros años, le provocaría un colapso o el detener de los latidos de su corazón.
Tenía suerte, repitió Albus Dumbledore. Porque su cuerpo se había debilitado, había perdido peso, tenía el cabello plateado en lugar de castaño y su tez era tres tonos más pálida pero su magia estaba intacta y no se había vuelto loca ni tendría alucinaciones. Estaba viva, además.
Vasiliki oyó en silencio toda aquella explicación, sin decir nada, sin opinar. Se sentía todavía muy cansada, como si hubiera corrido sin parar y ocupaba esos momentos para acordarse de todo lo que había pasado. Sabía de quién había sido la culpa de su estado actual pero, curiosamente, no experimentaba deseos de justicia, venganza o lo que fuese.
Sólo quería salir de allí, le daba la impresión de que había transcurrido allí largo tiempo de su vida. Su abuelo la ayudó a ponerse en pie y vestirse por primera vez en semanas. También le trajo un espejo y le apretó la mano, como si así le ofreciera apoyo moral. Ella no dijo nada, sólo devolvió el apretón.
Cuando observó su reflejo, lo que vio fue una niña que se parecía a su imagen meses atrás. Medía lo mismo pero estaba más flaca, parecía algo frágil que el viento podía arrancar y disipar. Las facciones infantiles se le habían afilado junto con los pómulos y los ojos verde esmeralda brillaban excesivamente en un rostro demasiado blanco. Una de sus manos tocó su cabello, allí donde una vez hubo ondas castañas veteadas de rojo cereza ahora había nada más que plata y pelo sedoso pero completamente lacio. Las cejas también eran de ese color pero no así las pestañas. Los labios sí que estaban empalidecidos.
Allí, de pie junto al Director de Hogwarts, Victoria se sintió muy lejos de todo. Era como una onda que apenas empezaba a recibir, una realidad que no parecía así.
Regresó a la cama y volvió a dormir. No saldría de la enfermería hasta que empezara el curso, así que su abuelo le dijo que pasarían allí las vacaciones.
En otro momento esto le hubiese deprimido. Ahora, a Vasiliki no le importaba nada.
...
Pasaron días antes de que cambiara su rutina. Se levantaba, hacía el esfuerzo de llegar al baño, se aseaba y volvía para tomar la poción vigorizante que le daba la enfermera. Luego se arreglaba lo mejor que podía y se sentaba en la cama, exhausta, a oír las historias de Madame Pomfrey, con la que terminó llevándose bien. A veces la visitaba el profesor Snape, o su abuelo. Hubo un par de ocasiones que vinieron Mcgonagall y Flitwick. Lo agradeció aunque no les preguntó por sus amigos o por sus exámenes, que no tuvo ocasión de presentar. Su abuelo le dijo después que nadie sabía nada de lo sucedido, excepto Zabini y Malfoy. A ella le sorprendió que ellos no le contaran a nadie. Luego pensó que, teniendo en cuenta que fueron sus acciones las que la llevaron a su situación, no había nada que contar.
Al final acabó acostumbrándose. Le pedía un libro a quien estuviera más cerca y se lo traían de la biblioteca, porque aún estaba demasiado débil para ir por él ella misma. Practicó hechizos en cuanto empezó a recobrar fuerzas y el propio Severus Snape la ayudó a efectuar algunas Pociones.
Para cuando los demás regresaron a Hogwarts en el tren, ella ya estaba preparada. Pero aún así Madame Pomfrey insistió en que descansara un par de días más y corrió las cortinas de su cama, por si venía alguien.
La opción más fácil era descansar sin protestar pero Vasiliki, al cabo de unos minutos, decidió que no quería dormir. Intentó dar un pequeño paseo por la enfermería pero no había dado ni dos pasos cuando oyó voces y, cuidadosamente, se desplazó hacía su origen, a la izquierda de su cama. Escondiéndose detrás de sus propias cortinas, la Slytherin escudriñó y, abriendo mucho los ojos de sorpresa, reconoció al muchacho que, sentado en una silla, tomaba una vaporosa poción haciendo muecas, aunque sin quejarse.
Era Theodore Nott, con el torso desnudo y la frente perlada de sudor y enormes y violáceos moretones en la piel pálida.
Vasiliki observó las heridas de su compañero de casa hasta que, como si reconociera su mirada, los ojos negros de Theodore la taladraron y ella dio un involuntario paso hacía atrás, mordiéndose el labio para no delatar su nerviosismo.
Afortunadamente, Madame Pomfrey regresó en ese momento, cargada de vendas y una especie de pomada verdosa, lo que logró que la chica retrocediera despacio de regreso a su cama, sentándose en el filo y permitiendo que el cabello le cayera en la cara, más preocupada por otras cuestiones.
¿Por qué Theo exhibiría aquellas heridas apenas regresando de vacaciones de verano? ¿Cómo se las habría hecho?
Y, sobre todo, ¿Se atrevería a preguntarle?
Aunque Victoria estaba preocupada, decidió que se mantendría al margen.
Suspirando, ella se dijo que también tenía mucho que esconder
…
Se reanudaron las clases y Victoria se unió al resto de sus compañeros, que contuvieron sus preguntas para momentos más adecuados. Entretanto, ella sólo tenía cabeza para cosas concretas. No era su situación la que la hacía pensar tanto.
Había cosas que la distraían. Una, el primer desayuno que tomó en el Gran Comedor con los demás, se enteró de la precipitada llegada de Harry Potter y Ronald Weasley. Miró con sus grandes ojos a ambos chicos cuando el Howler estalló en la mesa de Gryffindor y alzó las cejas al oír aquella historia. Anne Sally le contó de lo que se había enterado en susurros y, aunque suponía que era poco correcto, ella se río del hecho por primera vez en semanas.
Llegar volando en un auto y ser vistos por muggles. Qué osadía. Bueno, se dijo ella, era algo que no podría hacer nunca así que observó a los leones escondidos detrás de la comida y con la cara roja de vergüenza con algo parecido a una sonrisa. Era el mejor elemento de distracción que había tenido en semanas.
Porque también estaban las inevitables explicaciones de su desaparición en los últimos días del Colegio y el cambio de su apariencia. Incluso aunque los Slytherin contenían sus preguntas, ella podía advertir su curiosidad y todavía no tenía una historia demasiado preparada. Ya suficiente tenía con que los otros observaran que lejos de ella se sentaba Draco Malfoy aunque Blaise le sonrío cuando la vio en el banquete y Victoria le devolvió la sonrisa. Todavía no se decidía a hablar con nadie… con quien realmente quería hablar y no podía, era con Theodore Nott. A ese respecto, temía y anhelaba esa conversación.
Pero pasó una semana y aunque cada uno de esos días, esperó a que Theodore se acercara a decirle, por lo menos, que mantuviera la boca cerrada sobre lo que había visto, Nott no habló sobre ello hasta clase de Herbología del martes que coincidía también con la última clase antes de la hora libre y la comida.
Al salir, el muchacho, silenciosamente, aferró su muñeca y la apartó del resto. Ambos se quedaron callados un instante y luego el chico dijo en voz rápida y baja:
- Gracias por ser discreta. Pero, V, necesito un favor.-
Victoria asintió.
- ¿De qué se trata?- preguntó con esa voz más suave a la que no terminaba de acostumbrarse, observando a su compañero. Él también había cambiado en aquellas vacaciones, parecía más presionado de lo normal, el cabello más largo de lo que recordaba, las líneas de la infancia desapareciendo lentamente.
Antes de responder, Theo miró a su alrededor. Por primera vez, ella notó que se movía cauta y rígidamente.
-Ven conmigo- dijo y echó a andar lentamente hacía los Terrenos del Colegio, deteniéndose en medio de los árboles, donde parecía existir un lugar mullido para descansar. Nott se dejó caer con esfuerzo, apoyándose en un tronco y la chica lo imitó. Una vez acomodados, él se aflojó la corbata, se desabotonó la camisa y los puños de la túnica.
-Necesito que me ayudes a curarme- musitó el muchacho, respirando aliviado ahora que la ropa lo aprisionaba menos. Parecía tan cansado como ella en las últimas etapas de lo peor de la maldición y la pregunta siguió latente en la mente de su compañera. Ella no la pronunció, porque pensó que no recibiría respuesta y en cambio, comenzó a objetar sobre la empresa que, le pedían, llevara a cabo.
- Pero… Yo no sé nada de medimagia. ¿Cómo podría ayudarte? Madame Pomfrey…-
- Si voy a la Enfermería, me harán preguntas de cómo me lastimé- atajó Theo- Y no puedo divulgar esa información, Victoria. ¿Me ayudarás? Es un hechizo sencillo, te lo enseñaré. Sólo no quiero que nadie más lo sepa.-
Vasiliki se quedó contemplando la expresión suplicante de Nott, sopesando las posibilidades. El hecho de que fueran dos veces las que Theodore estaba herido y no pudiera explicar por qué, la inquietaba, pero también el que no pareciera preocuparle y acudiera a ella, la sorprendía. Ahora que sí el hechizo era tan fácil que una alumna de segundo podía realizarlo, quizá las heridas no eran tan graves…
-De acuerdo- contestó- Haré lo que pueda, siempre y cuando prometas que irás a la Enfermería si yo fallo.
Nott se mostró de acuerdo y después se inclinó hacía su oído para murmurarle el hechizo y el movimiento de varita adecuado; el conjuro era como un canto y el toque de la varita uno suave, se necesitaba una aplicación para cada hematoma.
Dichos los pormenores, el Slytherin procedió a despojarse de la parte posterior de la túnica y la visión dejó a Vasiliki conteniendo la respiración, a pesar de por lo que había pasado ella misma no hace tanto.
Toda la espalda del niño estaba cubierta de verdugones, así como los hombros y el pecho. Como añadidos estaban también una serie de cortes más o menos profundos e incluso había una pequeña depresión en la nuca, igual que si alguien la hubiese provocado haciendo uso de presión.
Theo, pensó Victoria, debía estar sufriendo mucho dolor.
Dándose cuenta que la brisa era una molestia en la piel lastimada, la bruja decidió darse prisa, haciendo acopio de toda su determinación., sacó su varita y susurró el hechizo, tocando los hematomas uno por uno. Funcionó. Entre más practicaba y si era mayor la voluntad en la voz de ella, más eficaz resultaba su magia. Así que su varita volcó sus energías hasta que hizo desaparecer la mayor parte de las marcas, cuando Theo le dedicó una débil sonrisa.
-Gracias- suspiró, colocándose el uniforme en su sitio otra vez y poniéndose en pie, extendiendo una mano para ayudar a su compañera a levantarse.
- Será mejor que nos apresuremos- agregó- Todos los demás ya deben estar comiendo.-
- No te preocupes- dijo Victoria en respuesta, guardando la varita. En realidad estaba más satisfecha ella, el saber que su magia seguía siendo tan poderosa como siempre la hacía sentirse aliviada a pesar de que no presentía buenas cosas de lo que sea que le estuviera sucediendo a Theo.
Pero ninguno de los dos dijo nada al respecto ese día y fueron de vuelta al Castillo… después de comer tenían su primera clase de Defensa contra las Artes Oscuras.
