Sobre curaciones y voces que nadie oye.

- Eres una pésima mentirosa, ¿Lo sabías?- le dijo una voz a Vasiliki mientras ella, perfectamente abrigada con guantes, bufanda y gorro verdes, miraba al Campo de Quidditch con atención un sábado muy temprano en la mañana.

- ¿Por qué lo dices?- inquirió ella a un Theo igualmente abrigado mientras se sentaba junto a ella en las gradas. Lejos de ellos, Granger y Weasley parecían observar también a los jugadores de su equipo entrenar.

- Si no fuera porque no me gustaría que me hicieras tus propias preguntas, al menos no todavía, - prosiguió Theodore dejando que el cabello negro le cayera sobre la cara- Te señalaría que tu explicación hacía Greengrass sobre los cambios en tu aspecto fue muy pobre, igual que tu fingido entusiasmo cuando Draco nos contó que lo habían hecho buscador y que todos los del equipo de Slytherin tenían nuevas escobas gracias a ello.

Victoria dejó de mirar al campo para atisbar a su compañero por encima de la bufanda.

- ¿Nadie te ha dicho que deberías dejar de observar tanto a la gente?- le preguntó a él mientras cruzaba los brazos.

- Muchas veces- respondió el chico- ¿Nadie te ha dicho que la hipocresía es una mala cualidad?

- Oh, deja de molestar, Theo- se exasperó la chica ligeramente- No siempre contar la verdad es conveniente y en cuanto a lo de Draco Malfoy, ¿Qué harías tú en mi lugar? Aunque él sea un pedazo de arrogante, él sigue formando parte del equipo de mi casa, ¿Recuerdas? No voy a darle la espalda sólo porque considere que podrían haber escogido a alguien mejor.

- Guarda la calma- recomendó Nott- No pensé que fuera tan fácil hacerte enfadar y no debería serlo. Pensé que entenderías que no hablaba en serio. Bueno, sí eres una pésima mentirosa, pero no te condeno por esconder cosas, ya que también tendría que condenarme.

- En todos los sentidos- opinó Victoria- Comparados con los míos, tus secretos son mucho más jugosos ¿Sabes?

- Sí, ya- aceptó Nott sin comprometerse- Hablando de ello, necesito tu ayuda. ¿Vendrías a la Torre de Astronomía a eso de las once, el sábado?

Victoria lo miró, recelosa.

- No tengo buenos recuerdos de las salidas nocturnas, Theo- le dijo- ¿Qué es lo que me harás hacer esta vez?

- No hay riesgos, te lo prometo- la tranquilizó él- No me preguntes cómo pero tengo una copia de la llave de la torre y no nos molestarán, lo juro por los huesos de mi madre. Además, ya sabes que tienes que hacer.

Victoria suspiró.

- Nott, respecto a eso…

- Victoria, por favor.- los ojos negros de Theodore le pedían las cosas seriamente y no se apartaron hasta que ella cedió.

- De acuerdo- dijo- Te mandaré un pergamino en blanco con Iris y me pondrás las instrucciones como si fueran ingredientes de pociones, ¿Está bien?

- Gracias, Blackmoon- sonrió Theo y en ese instante oyeron el alboroto del altercado entre Slytherin y Gryffindor en el campo.

- ¿Por qué no me sorprende?- dijo ella con aburrimiento y ninguno de los dos se movió hasta que la "tormenta" se hubo disipado. Entonces miraron el entrenamiento del equipo entretenidos y luego cada quien tomó su camino, acordando reunirse en la Torre de Astronomía.

En sus esfuerzos por ocultar la verdad a la gente, pensó Victoria mientras caminaba, uno podía llegar a extremos insospechados.

Como mentir, en su caso. Como buscar un refugio, en el caso de Nott.

La noche del sábado ella se entretuvo con un libro de Pociones muy interesante que había encontrado en la Biblioteca mientras sus amigas charlaban, lejos de Pansy, quien parecía encontrar entretenido seguir a Malfoy por donde pudiese al ser nombrado buscador del equipo de Quidditch. Victoria oyó las cotidianas charlas de su Sala Común, recostada despreocupadamente en un sillón junto a la Chimenea y en cuanto se dio cuenta que los demás habían dejado de prestarle atención y Theodore le echó una mirada clara desde el otro lado de la habitación, se puso en pie.

- Nos vemos al rato, chicas- les dijo a Daphne y Anne- He olvidado que tenía que entregar este libro hoy y es mejor que lo haga antes de que cierren la Biblioteca.

- Claro, Victoria, corre- declaró Anne mientras se balanceaba en una de las sillas y la chica salió por el pasillo de piedra, alargando su camino de ida hacía la Torre de Astronomía con el libro de Pociones bajo el brazo, de tal forma que, al llegar, encontró que Theo estaba allí, con los pies cruzados, esperándola.

- ¿Por qué has tardado tanto?- le preguntó el niño, ligeramente encorvado, lo que, como según ella había aprendido, significaba la intensidad de sus heridas y su manera de aguantar el dolor.

A pesar de su comprensión, ella alzó una ceja, medio desafiante.

- Dijiste a las once- le recordó y sin más palabras, él abrió la Torre y se escabulleron dentro, recorriendo las escaleras sin hacer ruido por extremar precauciones.

Al fin llegaron al observatorio y Victoria se entretuvo admirando la vista mientras Theodore se dejaba caer en una silla, agotado.

- ¿Ya tienes el hechizo?- le preguntó al cabo de unos segundos con voz ahogada.

- Sí- respondió Victoria, en cuanto Iris llegó con el mensaje de su amigo, lo había practicado sin que los otros se percataran- Pero puedo practicarlo una vez más, si quieres.

- No- jadeó Nott- Me temo que no aguantaré mucho más.

- Está bien- aceptó Victoria y, como la misma rutina desde hacía semanas, Theodore se despojó de la parte superior de la túnica. Las heridas ascendían de magnitud aunque no siempre en número o lugar, según había observado Victoria. Pero, a pesar de que ella ya se había acostumbrado a curar aquellos hematomas, seguía sin saber por qué eran producidas. Y por su ignorancia, Theo pagaba el precio de no preguntarle a ella la verdadera razón de sus alteraciones físicas o por qué no hablaba más de Quidditch.

La niña se acercó al exhausto muchacho y empezó a efectuar el hechizo con tanto cuidado como pudo. En algunas ocasiones tenía que repetirlo pero era reconfortante para ambos cuando lo lograba y había una herida menos. Al fin quedaron igual que al principio, pero al revés: era ella la que respiraba entrecortadamente, cansada y era él la persona tranquila que podía ver las cosas desde cierta perspectiva.

- Gracias- le dijo como cada vez y se vistió con distraída pulcritud. En cuanto estuvo listo, se acercó al Observatorio.

- ¿No odias la idea de no volar?- la abordó con su tono habitual, tranquilo y penetrante- Yo pensé que tu miedo no te quitaría la curiosidad y que serías tú y no Malfoy la que se postularía para el cargo.

Ella no le preguntó cómo lo sabía él. Theodore era así, adivinaba y veía cosas que los demás no percibían o no les importaba.

- ¿No odias tú la idea de tener tantas heridas?- le devolvió en cambio la estocada, sin emoción alguna. Sabía que Theodore no preguntaba por lastimarla, así como sabía que no había sido la intención de Blaise que la maldición del libro cayera sobre ella.

- Lo mío es más o menos v oluntario e inevitable- respondió Nott- No mezcles las cosas.

- ¿Algún día me contarás por qué?- habló la muchacha, desde una silla en el Observatorio- ¿Algún día harás algo más que darme las gracias?

- Hoy no- repuso Theo y siguió contemplando las estrellas- Pero te lo contaré cuando llegue el momento, cuando crea que puedes saberlo. Lo prometo.

Victoria rodó los ojos. A veces, él era de una solemnidad asombrosa.

- Como desees. En realidad, sabes que yo te contaría lo que pasó, si me prometieras que no se lo contarías a nadie.

- Otro día- propuso Nott, apartando la vista de la bóveda celeste- Es tarde, vámonos.

Ambos chicos bajaron, cuidadosos, de la Torre de Astronomía y se dirigieron, raudos y sigilosos, a su Sala Común.

Pero hubo un momento, casi a la mitad de camino, en que Victoria se quedó helada.

- Ven…, ven a mí… Deja que te desgarre… Deja que te despedace… Déjame matarte…

Sintió los fuertes latidos de su corazón y la voz apagándose en la distancia. Susurró en la oscuridad:

- ¿Nott?

- ¿Sí?

- ¿Escuchaste eso?

- ¿El qué?

- … Nada, olvídalo. Vamos más rápido o nos atrapará Filch o la señora Norris.