Halloween.
Aunque Octubre era el mes de su doceavo cumpleaños, Victoria lo pasó bastante mal. El frío de la estación la hizo enfermarse y aparte de sus pociones vigorizantes, tuvo que tomar dos de las aplicaciones de Madame Pomfrey, así como aguantar su mirada compasiva.
Si había algo que odiaba más que la compasión de la enfermera, era un misterio. Y Misterio con M mayúscula era aquella escalofriante voz que escuchó la noche de la Torre de Astronomía. Theodore, como siempre, no le hizo preguntas pero no parecía ni de lejos tan inquieto como ella, lo que significaba que era una voz que sólo ella pudo oír. Aquello la preocupó durante un tiempo, pues la maldición del libro a veces incluía alucinaciones pero cuando Madame Pomfrey la revisó al darle la gripa, le dijo que la maldición seguía igual de congelada. Controlada, aunque no desvanecida en lo absoluto.
Aún así tuvo que asistir a clases con la mitad de su energía habitual, lo que le hizo tener un poco más de deberes que los demás. Las plantas del invernadero estaban frías y resbaladizas, el único calor de las mazmorras era el de su caldero cuando preparaba las pociones, tenía que llevar guantes en Transformaciones cuando realizaba sus hechizos y la única diversión se la proporcionaba Encantamientos, donde siempre había tanto revuelo que una se llevaba una o dos risas. Defensa contra las Artes Oscuras se volvía cada vez más absurda y aburrida mientras transcurría el curso, así que aprovechaba para dormir al final de la fila en las clases a las que le tocaba asistir, donde nadie la molestaba. Astronomía seguía siendo igual de interesante que siempre pero el frío aire nocturno la hacía tener que llevar un par de calcetas gruesas extra y la Torre le recordaba el incidente de la voz escalofriante. Sí, las clases se estaban volviendo un poco más pesadas de lo normal, por mucho que le gustara el frío.
Lo único que se anunciaba mejor es que aquel Halloween sonaba como algo memorable; su abuelo le confesó que había contratado una compañía de esqueletos bailarines para el baile. Ella siempre quiso ver algo así además de que era un placer recorrer las salas del Castillo, observando cómo aumentaba la decoración, por lo que su estado de ánimo se niveló lo suficiente para recuperarse a tiempo para disfrutar el banquete como todos los demás y no con la nariz obstruida, como Millicent Bullstrode.
Ese año la Casa Verde decidió hacer un concurso de disfraces y cada quien se ocupó del propio, habiendo una serie de premios para aquel que resultara el ganador. Al tener el cabello tan claro, Daphne y Anne le sugirieron disfrazarse de veela, una sugerencia que ella acogió con agrado. Semanas antes de la festividad se vio a los estudiantes de Slytherin con los arreglos de sus disfraces y ella encargó por un catálogo de una tienda mágica una túnica azul claro a la que estudiantes de cursos mayores le enseñaron como mejorar con lentejuelas y adornos brillantes.
El día esperado se puso su disfraz, calzó zapatillas de cristal, se guió por la revista Corazón de Bruja para lograr un buen maquillaje y peinó su larga cabellera nívea, llegando a la Sala Común para admirar los disfraces de los demás estudiantes, quienes fueron igual de creativos y elaborados que ella.
Daphne y su hermana Astoria se habían vestido de vampiresas, al igual que Anne, sólo que ésta,en un alarde de picardía, se había vestido de bebedor de sangre masculino y llevaba un traje de hombre, así como una capa negra de terciopelo con forro escarlata, así como un sombrero de copa alta. Pansy simulaba ser una sirena de larga cola y elaborados diseños marinos, los cabellos oscuros flotando en el viento y se veía bastante bien, excepto por la expresión dura de su rostro, incapaz de disimular ni siquiera en esos momentos.
Blaise se río cuando miró a Anne, diciendo que ella le había ganado el disfraz. En su lugar, él simulaba ser un arlequín siniestro y la manera en la que daba volteretas por la habitación daba todo un nuevo nivel de estilo al disfraz. Theo se había limitado a un traje de gala de corbata negra y camisa impoluta blanca y su única concesión al disfraz había sido un antifaz discreto.
Los únicos que se habían negado en redondo a disfrazarse fueron Malfoy, Crabbe y Goyle. Su negativa de última hora a disfrazarse había desconcertado a Victoria, ya que sabía mejor que nadie cuanto le gustaba presumir a Draco. Pero quizá el hecho de no disfrazarse en lo absoluto los hacía diferenciarse del resto así que los demás se limitaron a encogerse de hombros y partir al gran Comedor donde los otros estudiantes de cursos mayores cargaban sus propios disfraces.
Gemma Farley los saludó desde un rincón de la mesa, aprobatoria. Destacaba entre los demás por su atuendo de Madame Bathory, con el hermoso vestido "manchado de sangre" y un cuchillo en la mano con la que simuló matar a su compañero prefecto. Los Slytherin se rieron ante la actuación y disfrutaron del Banquete y del Gran Comedor espléndidamente decorado.
Al final, el número de los esqueletos bailarines se impuso y Albus Dumbledore pidió que se improvisara una canción, en la que todos participaron de buena gana. Los esqueletos saltaban de mesa en mesa y de regreso al suelo en su espectáculo y, al final, todos terminaron saciados y bailando una giga, ahítos de felicidad e incluso algunos admirando los disfraces de las serpientes engalanadas.
Llegó el momento en que todo terminó y los profesores llamaron al orden para que todos volvieran a la cama. El festejo había terminado.
Los alumnos de primero de Slytherin salieron todavía cantando una canción, Draco Malfoy por delante de todos ellos. La gente los seguía cada uno a su propia Sala Común, intercambiando sus propias ideas y anécdotas sobre lo vivido.
Pero entonces el silencio reinó en el corredor.
Victoria, al ver que Draco se detenía, se detuvo junto con sus otros compañeros. La sonrisa de la niña, resplandeciente en su rostro maquillado, se desvaneció ante las tres figuras en mitad de ese corredor, como un preámbulo del horroroso espectáculo que ascendía ante sus ojos.
Era la gata de Argus Filch, la Señora Norris. Colgaba rígidamente de la argolla de una antorcha debajo de dos ventanales, como un aviso de algo impronunciable.
La niña se sintió incrédula. Seguro era una ilusión, seguro era una broma mala de Halloween de alguno de los estudiantes…
Pero había una inscripción arriba de la gata.
Decía:
LA CÁMARA DE LOS SECRETOS HA SIDO ABIERTA. TEMAN, ENEMIGOS DEL HEREDERO.
Sintió un escalofrío descender por su espalda y también la presión de los otros estudiantes, que querían ver lo que había sucedido. Ella siguió viendo hacía adelante, sin poder creer que fueran Potter, Weasley y Granger los que estaban allí de pie. Pero mayor fue su sorpresa cuando Draco Malfoy rompió el silencio con los ojos brillantes de malicia y la cara enrojecida de excitación:
- ¡Teman, enemigos del heredero! ¡Los próximos serán los sangre sucia!
"Cállate, Malfoy" pensó ella y quiso decirlo. "¿Cómo se te ocurre decir eso? ¿Y si alguno de los profesores te toma la palabra?"
Advirtió como el celador se abría paso entre la multitud, queriendo saber qué había sucedido. Lo oyó acusar a Potter de algo pero antes de que nadie más pudiera moverse, su abuelo la hizo a un lado con suavidad y firmeza y llegó a encargarse del asunto. Se dispersó entonces la multitud, Potter, Weasley y Granger acompañaron a los profesores.
Ella deseó quedarse. Pero no, se dijo, lo que realmente quería, era estamparle a Malfoy un puñetazo en la cara. Eso o preguntarle si había sido él quien había arruinado la fiesta y su ánimo actual.
Regresó despacio a su Sala Común. Ya en la entrada, con los zapatos de cristal en la mano y la mente imbuida en muchas ideas, la interpeló Theodore Nott:
- Oye, Blackmoon, ¿Tienes una copia de Historia de Hogwarts?
- Sí, Theo, pero no recuerdo si la traigo conmigo. ¿Por qué?
- Nada, olvídalo. Sólo quería… revisar algo.
Eso la dejó pensando durante gran parte de la noche. Y justo cuando, después de cambiarse e inquieta, se cubrió con las sábanas para quedarse dormida, se acordó.
"Oh mierda" se dijo "Ya sé dónde he leído sobre la Cámara de los Secretos"
Quiso pararse a buscar en su baúl el libro que Nott le había pedido pero estaba demasiado cansada y perdió el conocimiento antes de que articulara bien sus pensamientos.
