Vacaciones de Verano.
Fue un alivio para ella regresar a casa una vez que las clases terminaron. Durante los últimos días, se había tenido que concentrar en demostrar su enfado con Albus Dumbledore por la información que le escondía y también por darle la Copa de las Cosas, por segundo año consecutivo, a Gryffindor, pero, cuando ambos llegaron al Valle de Godric y a la familiar y hermosa casa de la familia Dumbledore, se sintió tan en paz consigo misma, como si algo pudiera volver a ser normal en su vida, que se le olvidó muy pronto que seguía enojada con su abuelo.
A decir verdad, poco había cambiado en el Valle o en su hogar mismo. Los libreros seguían atestados de libros y papeles, aunque cuidadosamente ordenados, la chimenea seguía siendo elegante y desvaída al mismo tiempo y toda la estructura en sí desprendía un cálido confort. Las mesillas seguían llenas de periódicos que su abuelo había olvidado o de los artilugios plateados que su abuelo rescataba de su despacho para llevarlos a su casa, las ventanas seguían con los postigos puestos aunque llenaban de luz la profunda casa y los lugares propios de su abuelo, allí donde ella no se molestaba en entrar, debían seguir también en orden, porque el silencio reinó mientras ella subía a su habitación a arreglar sus cosas y a instalar una especie de lecho para Iris, su gata mensajera.
Cuando bajó la primera mañana de vacaciones, su abuelo estaba tomando té en su sillón favorito mientras leía el periódico y una sonrisa irónica se instaló en el rostro de la niña cuando lo vio sin más desayuno que dos tostadas con mermelada. El que ella fuera a cocinar, no iba a cambiar, así como, probablemente, tampoco cambiaría la rutina que ambos mantenían en ese lugar.
Aún en pijama (cuya única novedad eran las varitas plateadas en un fondo verde botella) la niña hizo el desayuno y se hundió en su confortable butaca enfrente de su abuelo con la bandeja repleta de café humeante, el jugo recién hecho y una serie de bocadillos para empezar. Ella tomó su taza, calentándose las manos y su mente se dedicó a vagar hasta que Albus Dumbledore terminó con su ritual de leer el Profeta, que plegó y dejó al lado de la bandeja de desayuno.
- ¿Malas noticias?- aventuró la niña, bebiendo café y juzgando la expresión preocupada y meditabunda de su abuelo. Él la miró cariñosa pero seriamente, como siempre hacía y meditó antes de responder, tomando casi inconscientemente su jugo de calabaza, con lo justo de azúcar.
- Más bien, cosas que deben ser reacomodadas- especificó el mago y comió con calma antes de añadir nada más. Victoria, que lo conocía bien, tampoco agregó palabra, simplemente esperó, dejando tan sólo algo de su propia comida para Iris, que se acurrucó en su regazo un tiempo más tarde.
- Hablando de cosas que se deben reajustar- prosiguió el hombre, ya terminado su desayuno- Este año puedes ir a Hogsmeade, así que ya le he mandado a tu Jefe de Casa la autorización para que vayas… pero te ruego recorras el pueblo acompañada y tengas cuidado. No es sólo por las precauciones de siempre- agregó con firmeza al ver que Victoria iba a protestar- Ya que preguntas sobre lo que he leído y no tardarás en enterarte, es mejor que te lo diga de una vez: un prisionero se ha escapado de Azkaban y es extremadamente peligroso. Dada la situación, me temo que no saldrás mucho estas vacaciones… y yo estaré bastante ocupado, por lo que no estaré vigilando cada uno de tus movimientos. Por eso, no quiero enterarme que te comportas de forma imprudente, Vasiliki Dumbledore.
La niña rodó los ojos. Su abuelo estaba usando ese tono tranquilo pero determinante con el que dejaba zanjada una cuestión sobre lo que no quería discusión. Asintió sin quejarse… realmente no tenía muchas ganas de hacer paseos por allí, no aquel verano. Presentía y no sin razón, que iba a pasar más tiempo leyendo y contestando cartas aquel verano que saliendo de un lado a otro.
- Tampoco irás sola al Callejón Diagon a comprar lo necesario para este año escolar- le avisó su abuelo- Aunque considero que un lugar repleto de magos es lo suficientemente seguro, me temo que no me arriesgaré. Necesitarás ayuda para llegar, de cualquier forma. Viajar con polvos flu todavía te cuesta trabajo.
Ella trató de sonreír, aunque le costó bastante. No era por la compañía de su abuelo – podía estar enojada con él pero disfrutaba mucho de sus breves y agradables momentos juntos- sino por el recordatorio de su impedimento, lo que la molestaba.
Asintió otra vez, sin mencionar nada. Afortunadamente, ir en el tren del Colegio no le resultaría un problema.
- ¿Algo más?- preguntó con voz más o menos tranquila. Ella misma también había acabado de desayunar y se moría de ganas de leer el periódico que hablaba del escape de aquel prisionero que su abuelo mencionaba, pero esperaría a estar sola. Ese tipo de cosas, al menos, no solían debatirlas a menos que la niña las abordara conscientemente.
- Sí- respondió Dumbledore- Voy a estar fuera unos días para ver si localizo a un posible candidato para la vacante de profesor que nos queda. Tienes la oportunidad de quedarte aquí o en casa de Bathilda pero, por favor, Victoria, en ambos casos, te quiero en casa y tranquila. Si vuelvo a saber que te vas al lado muggle del Valle sin mi permiso, te castigaré lo que restan las vacaciones, ¿De acuerdo?
Esta vez, Victoria sonrío abiertamente.
- Te lo prometo- respondió- De todas formas, esa visita al mundo muggle fue hace mucho tiempo.
- No tanto para que olvide lo que hiciste- la regañó el anciano- Y espero que en mi ausencia no se te olvide hacer los deberes.
- Te levantaste gruñón esta mañana, ¿Eh?- respondió, irreverente, la muchacha- No te preocupes, haré todo correctamente. Y ahora, iré a acomodar mis cosas y a leer un poco, como tu nieta obediente, ¿De acuerdo?
Vio a su abuelo sonreír y lo besó en la frente mientras recogía los platos sucios y los llevaba a la cocina, que, al menos, estaba exactamente igual a como la había dejado. Comenzó a lavar los platos a la manera muggle (no le gustaba, pero no podía hacer magia fuera del colegio) y vio como su abuelo se ponía la capa de viaje.
- ¡Suerte!- le deseó la niña desde la cocina y lo vio sonreír antes de desaparecer. Cuando finalmente se quedó sola, miró la espuma y el agua entre sus manos y frunció el entrecejo.
"Es raro" se dijo "Que me haya dicho que un hombre ha escapado de Azkaban pero no me haya explicado quién y por qué. Una vez más, como con el asunto de mis padres". "Me lo deja a mí, como si fuera mi tarea descubrirlo".
Frustrada, terminó de lavar los platos, acomodó todo en su lugar y regresó a la sala, donde su abuelo había dejado el Profeta plegado. Se sentó en la butaca de él – Iris se acomodó a su lado con un ronroneo apagado- y se fijó en la fotografía de la primera página. No reconoció al fotografiado, aunque sin duda se veía bastante estropeado por la cárcel mágica.
Tenía el cabello negro y largo, enmarañado. Sus facciones parecían deterioradas y melancólicas, como si fuera alguien que llevara encima una terrible carga. El hecho de que la fotografía fuera en blanco y negro no ayudaba a amortiguar la sensación. Victoria contempló como la fotografía parpadeaba lenta y dolorosamente y, preguntándose quién sería, volteó la página para leer el reportaje.
¡ALERTA A LA COMUNIDAD MÁGICA!
Recientemente, los corresponsales del Profeta nos hemos enterado de la fuga del prisionero Sirius Black de Azkaban. Acusado y hallado culpable de matar a trece personas con un solo hechizo, este mago es un peligro para toda la Comunidad Mágica, así que se ruega, de tener cualquier tipo de información importante, comunicarse con el Ministerio de Magia, que está haciendo todo lo posible para atrapar al convicto. Se ruega a magos y brujas que se mantengan vigilantes y no permitan a sus hijos y menores exponerse al peligro que este prófugo representa.
Aunque estamos seguros de la eficacia de los funcionarios del Ministerio de Magia, el escape de Black es una amenaza que no se puede tomar a la ligera.
El Ministro, Cornelius Fudge ha declarado que…
(sigue en la página 15)
La niña interrumpió la lectura y, doblando el periódico nuevamente, se quedó mirando al vacío. Era cierto que la fotografía no le sonaba de nada pero el nombre, en cambio, era otra cosa. Sirius Black…
Sirviéndose otra taza de café, ella rebuscó entre los números de periódico que su abuelo tendía a acumular. Era una forma de no olvidar, decía él, algo que a ella solía gustarle cuando era más pequeña y estaba aprendiendo a leer, y una cosa útil en aquella ocasión.
Había habido un número del Profeta, una noticia relevante cercana a la Caída del que No-Debe-Ser-Nombrado…
No supo por qué, pero a Victoria le vino un nombre a la cabeza. Y sí, allí estaba. Un número completo del Profeta dedicado a la familia Potter, que había dado su vida por el bien de la Comunidad Mágica…
Los periodistas del Profeta también habían mencionado a los amigos más cercanos a la familia y no habían podido encontrar al mejor amigo de los Potter para entrevistarlo.
Sirius Black.
Victoria se llevó una mano a la boca, para ahogar su sorpresa, cuando acabó de leer. Y entonces recordó el otro número donde había visto ese nombre, en relación a la muerte de otro mago, Peter Pettigrew.
¿Así que Sirius Black era mejor amigo de la familia que vivía cerca de su casa en el Valle de Godric y cuyo hijo derrotó al mayor mago oscuro de todos los tiempos?
Mientras la niña alzaba las cejas, se dijo que, si no atrapaban pronto a aquel hombre, iba a ser un año muy malo para el protegido de su abuelo.
Recogió y puso en su lugar los periódicos y se fue a su habitación.
…
Los días siguientes fueron gratamente pacíficos para la nieta de Albus Dumbledore pero también un poco aburridos. Aparte de los deberes, que acabó pronto y sus continuas prácticas de los hechizos y pociones que había visto durante el año, lo cierto es que tenía poco más que hacer. No poder salir a pasear mientras su abuelo no estuviera la hacía sentirse aún más encerrada y aunque Bathilda la visitó algunas veces para tomar té y galletas, lo cierto es que, ya acostumbrada al barullo de su vida en la Casa de Slytherin, su acostumbrada soledad se le antojaba mucho menos satisfactoria.
Afortunadamente, había cosas por las cuales interesarse. Sus amigas no la habían olvidado y mandaban correspondencia cada poco tiempo, informándola de cómo estaban pasando sus vacaciones. Incluso le llegó una invitación de Blaise para desayunar con su madre y algunos invitados en su casa, pero como tenía prohibido salir, Victoria tuvo que declinar sin sentirse demasiado mal por ello. Puede que aún le tuviera cierto aprecio a Blaise por cómo era él cuando llegabas a conocerlo pero estaba aún muy reciente lo de la maldición de la biblioteca y ella todavía no podía saber si era por esa razón que él la invitaba a compartir el tiempo.
Daphne le contó muchas cosas interesantes de sus viajes a Grecia y Anne Sally la divirtió con un aparente nuevo romance que había iniciado con un mago sangre pura en su ciudad natal. Pansy era mucho menos criticona e inescrupulosa al escribir pero al menos se comunicaba y eso era más de lo que ella esperaba. De Millicent Bullstrode no recibió más que una breve carta en letras muy pequeñas, cosa que no le sorprendió, ya que esa muchacha no solía hacer dispendio en nada y el silencio de Draco Malfoy y sus dos guardaespaldas no la asombró en lo absoluto, ya que dudaba que Vincent y Gregory supieran cómo escribir una carta y en cuanto a Draco… ¿Tenían algo que decirse, en realidad?
Lo que si la decepcionó y preocupó fue no tener noticias de Theodore durante el verano pero no tardó en hacerse a la idea. Ella le envió un par de misivas con Iris, viaje del que la gata regresó saludable y juguetona (esto la sorprendió, no le cabía en la cabeza que un animal tan pequeño tuviera una resistencia tan grande) pero sin una respuesta. Eso le indicó que algo podía estar sucediendo pero, dado que no podía hacer nada, Vasiliki se lo quitó pronto de la mente.
Entretanto, la fuga de Sirius Black abarcaba todos los titulares del periódico que ella recibía en lugar de su abuelo. Llegó a un punto de aburrimiento en que se enteró de cada detalle posible, ya que no había mucho más en lo cual interesarse pero su abuelo, cuando regresó del viaje para encontrar un nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras y "de arreglar otros menesteres" no quiso discutir el tema con ella.
En cambio, ya que la lista de materiales había llegado a casa, la acompañó al Callejón Diagon donde los dos se divirtieron (el anciano pareciendo más infantil que ella de cuando en cuando, si esto era posible) escogiendo sus artículos para su año escolar. El Director del Colegio accedió a hablarle un poco de su experiencia en Estudio de Runas Antiguas (optativa que también había escogido Victoria, junto con Aritmancia para su tercer curso en Hogwarts), advirtiéndole que sin duda el programa de estudios había cambiado mucho pero era interesante estudiar la materia.
Al final terminaron comiendo en el Caldero Chorreante – junto con una sonrisa desdentada del tabernero- y mientras ella hacía un repaso de lo que le hacía falta, Albus Dumbledore le entregó a su nieta un reloj (una costumbre entre familias de magos muy arraigada) y comentó alegremente que todo le había salido bastante bien.
Ella preguntó por el que sería su nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, identidad que al viejo mago no le plació revelar y escuchó las advertencias de su abuelo sobre los dementores que ocuparían el Castillo aquel año, en vista de que no habían atrapado a Black y luego ambos regresaron vía polvos flu a casa.
La niña se contentó con empezar a arreglar sus cosas, preparar la cena y divertirse con sus nuevos materiales, haciéndose ideas de cómo sería su año.
Pero su abuelo volvió a salir, diciendo que tenía cosas por resolver y cuando Victoria lo vio desaparecer otra vez, se percató que su abuelo no había ido con ella al Caldero Chorreante por nada.
Había esperado algo o a alguien. Pero antes lloverían cerdos que su abuelo le revelara lo que estaba haciendo, por lo que Victoria se encogió de hombros y jugó con su gata mientras esperaba a su pariente para cenar y luego irse a dormir.
