Pequeños Incidentes.
Un día después del incidente en Cuidado de Criaturas Mágicas, mientras Victoria iba caminando sola por un pasillo después de una clase, se encontró con un muy serio abuelo mirándola al final del corredor, llamándola con un gesto de la mano derecha.
Asombrada pero disimulando, caminó hacía el mago de barba plateada y ojos azules, aguantando esa mirada sin pestañear.
-¿Qué sucede?-preguntó ella mimetizándose con la seriedad.
-Hemos estado interrogando a todos los alumnos en relación al incidente con el profesor Hagrid- le explicó el anciano mientras volvía a ponerse en movimiento.- Queremos ser lo más imparciales posibles, por lo que pedimos su opinión o su versión de la situación para saber cómo manejarla mejor.
-¿Y vas a interrogarme a mí?-preguntó ella caminando también, dirigiéndole una mirada aguda con los ojos verdes.
-El Consejo Escolar lo hará- corrigió Albus Dumbledore- Aunque es verdad que estaré presente.-
Ella asintió. Sabía muy poco de aquel órgano de la escuela, más allá de que estaba constituido por los padres de los estudiantes más prominentes o con más influencia en el Colegio. Cada año se renovaba el grupo y sabía también que el padre de Malfoy formaba parte de él. Aquello no le gustaba, pues el señor Malfoy no le caía bien. Cuando ella fue atacada por la maldición del libro, Lucius Malfoy había aceptado acudir, muy enojado, a responder por las acciones de su hijo, pero no le dirigió más que una mirada fría y ninguna disculpa. Ese comportamiento arrogante, junto con las dudas de aquel hombre de que Draco tuviera algo que ver en el incidente (intentando zafarlo del asunto) la hizo enfadarse. Afortunadamente, su abuelo le había recomendado tranquilidad con una mirada y la había apoyado. Pero desde entonces, igual que su hijo, Lucius Malfoy no era precisamente una persona que le gustara…
Decidió de pronto que ella también sería imparcial. Podría haber sido una suerte testificar contra el guardabosques y a favor de Draco pero, ¿Por qué tenía que hacerlo? En efecto, que ella recordara, él había hecho algo estúpido y por eso se ocasionó la lesión. Con todo, hablándolo con Nott, había llegado a la conclusión de que el profesor Hagrid también había tenido responsabilidad en los eventos acaecidos… así que se dispuso a decir lo que ya había analizado con anterioridad.
Su abuelo la guió hacía un aula desocupada, donde trece magos y brujas estaban sentados con un pergamino en los pupitres, aunque con una actitud marcadamente diferente a la de un estudiante.
La hicieron sentarse y ella miró fría pero serena los ojos plateados de Lucius, que en efecto se encontraba allí de pie y con una actitud cuya hostilidad no podía ser más patente.
-Bueno-dijo la bruja que parecía ser la Jefa del Consejo Escolar- Tu nombre es Victoria Dumbledore, ¿Correcto? ¿De la casa de Slytherin?-
-Vasiliki Blackmoon, por favor-replicó la chica, consciente de que sería mejor mantener al margen su parentesco con el director por el momento.
-De acuerdo- aceptó la bruja. - ¿Pero admites haber asistido a la clase del profesor Rubeus Hagrid de Cuidado de Criaturas Mágicas en el evento en el que el hijo de Lucius Malfoy, Draco, tuvo una lesión?
-Sí-respondió la chica y nada más.
-Muy bien. ¿Qué nos puedes contar al respecto? Por favor, dínos cualquier detalle que consideres importante.
Victoria no miró al hombre rubio platino ni a su abuelo mientras hablaba.
-La intención del profesor Hagrid era enseñarnos los hipogrifos-repuso- Nos trajo una docena a un prado cerca del Bosque Prohibido. Nos describió cómo acercarnos y qué hacer y qué no. Se supone que uno debe mirar al hipogrifo sin parpadear hasta que él se arrodille… pero que se debe tener cuidado porque son criaturas muy orgullosas.
Ok… ¿Consideraste a estas criaturas peligrosas? ¿Y cómo es que Draco acabó lastimado?
Victoria se dijo que tenía que tener cuidado. Era cierto que pensaba ser más neutral, pero si tomaba mucho partido por el guardabosques, podía meterse en problemas con los Malfoy. Además, también era cierto que no había visto con claridad lo que había ocurrido, solamente se lo imaginaba por lo mucho que conocía a Malfoy. Sí oyó su frase arrogante, pero no le prestó atención. Así pues… debía cuidar lo que dijera.
-En ese momento yo estaba concentrada en el hipogrifo que me tocaba-contestó sinceramente- Pero recuerdo que Draco dijo algo y luego gritó cuando el hipogrifo quiso atacarlo. Personalmente… creo que Draco no escuchó bien las instrucciones del profesor. Pero también creo que el profesor fue descuidado, ya que manejar una docena de esa clase de criaturas con personas que acabamos de conocerlas no es lo mejor ni lo más prudente. De allí que mi compañero se lesionara.
-¿Crees que el profesor Hagrid fue negligente en el cumplimiento de sus funciones?
-Yo no dije eso-apuntaló ella prudentemente- Solamente creo que no calculó bien sus posibilidades.-
-Muy bien, señorita Blackmoon, puede retirarse. Gracias por su cooperación.
Ella asintió y abandonó la sala, esperando a que su abuelo saliera. Cuando éste lo hizo, al cabo de unos instantes, ambos, abuelo y nieta, caminaron juntos.
-¿Lo van a despedir?-preguntó en voz baja y suave.
-No- dijo el director- Pero es evidente que habrá consecuencias y probablemente serán graves, me temo.
-Lo comprendo-dijo Vasiliki y sintió la mano del mago en su hombro.
-Lo hiciste bien. Me alegro que hayas sido honesta.
-¿Por qué no habría de serlo?
El anciano agitó sus cabellos plateados.
Eso es lo que yo digo.
Y con esto, se separó de su nieta, perdiéndose en otro pasillo. Ella se detuvo, mirando la túnica de su abuelo ondear.
¿Por qué siempre tan enigmático?
Encogiéndose de hombros, se dirigió hacía su Sala Común.
…
Casi llegando a su Sala Común, se encuentra con una extraña escena. Dos chicos altos e idénticos, pelirrojos, ven pasar a la gente como en busca de alguien.
En sus manos traen a un gato hinchado y de todos los colores y ella ahoga una exclamación cuando el animal maúlla al verla. ¡Es Iris! Está muy distinta pero su mirada es la misma.
De inmediato desenfunda la varita. Sabe que los pelirrojos son Weasley, gemelos y Gryffindor y se teme lo peor.
¿¡Qué diablos le han hecho a mi gata?!-en su tono vibra el enfado. Uno de los chicos, el que no sostiene a Iris, se adelanta y alza las manos en ademán de paz.
Tranquila- le dice- ¿Blackmoon, verdad? Nos dijeron que era tu mascota… discúlpanos, venía tras nosotros mientras hacíamos esto… algo un poco contra las reglas y pensamos que era la Señora Norris o alguna de sus aliadas. Venimos a devolvértela, disculparnos y hacer lo posible por arreglar el daño.
Victoria respiró una y otra vez para calmarse y alargó las manos hacía Iris.
Ven preciosa, tranquila-la gatita, ahora gatota, se refugió en sus brazos, temblando- Más vale que lo arreglen- dijo ella muy seriamente con una mirada fría- O los acusaré de agresión, a los dos.
Vale, no pasa nada-adujo el mismo gemelo que la había abordado- Llevémosla a la enfermería… como compensación te diremos donde quedan las cocinas, ¿De acuerdo? Perdónanos. No pretendíamos atacarla.
Ella no se dignó a responder. Los tres se encaminaron a la Enfermería, donde la señora Pomfrey la saludó y regañó a los gemelos, aunque asegurándole que en unos segundos dejaría a Iris tal y como era originalmente.
Pobrecita-se condolió el otro chico, que no había hablado hasta aquel momento- Lamento que nos hayamos conocido en estas circunstancias. Somos los gemelos Weasley… él es Fred y yo soy George.
Le extendió la mano, que ella estrechó con reticencia. No le inspiraban confianza ninguno de los dos, pero cierto que hasta el momento no había tenido problemas con ellos. Suponía que por eso lo habían lamentado, pues aquellos chicos eran muy conocidos por no gustarles los Slytherin.
Victoria Dumbledore-jugó su carta presentándose de la manera que menos le gustaba pero que le serviría para mantener a raya a los gemelos por si querían volver a atacarla a ella o a sus pertenencias.
¿Eres pariente del Director?- inquirió el que parecía ser Fred, observándola con más interés.
Su nieta- respondió Vasiliki, mirando hacía donde la enfermera se había llevado a Iris.
Al cabo de unos momentos regresó, esta vez con la gata con su color y tamaño correctos, ronroneando.
Gracias-sonrió ella y los tres salieron de la Enfermería de nuevo, los gemelos con una amonestación para ir con McGonagall en la mano.
Bueno, tenemos que irnos- se lamentó George- Discúlpanos otra vez, tenemos que ir a cumplir un castigo… más, con la profesora de Transformaciones. Nos veremos por allí y te prometemos enseñarte la entrada a las cocinas.
Sí, adiós, cuídate-dijo Fred y ambos echaron a correr.
Victoria los vio transportarse, estrechando a su gata y pensativa. ¿Así que esos eran los famosos bromistas del Colegio? Tenía que admitir que, de no ser porque era su gata, le hubiera divertido la broma.
Extraño, ¿No crees, Iris?-le dijo a la gatita, tomándola del mentón y dándole un tierno beso en la nariz.
Se encargaría de llevarla a la Sala Común y regresaría a sus clases…
