La clase de Defensa contra las Artes Oscuras, al menos la primera, iba a ser en la Sala de los Profesores. Aquello desconcertó e hizo sentir desconfianza entre los Slytherin, pero ninguno faltó a la cita. Draco, quien había regresado el viernes a la clase de Pociones con el brazo en cabestrillo, se quejó en voz alta del trato pero, por una vez, ninguno lo secundó.

Cinco minutos después de que todos se apiñaran en la puerta de aquel lugar, apareció el profesor, desaliñado, sonriente pero a paso lento. Llevaba en sus manos un portafolio raído y la varita enfundada. Pansy susurró algo al oído de Anne, sin duda una burla o algún chisme y ella se río, los demás se dispusieron a entrar a la habitación designada para su clase.

Ninguno había estado allí antes, a excepción de Draco, quien solía tener conversaciones con el profesor Snape de cuando en cuando y ponía su expresión petulante cada vez que lo contaba. Los demás miraron a su alrededor, aunque realmente no había mucho qué ver. Había una mesa larga, sillas dispares, paneles de madera en las paredes.

Ah, y un armario que tembló. Esto fue lo único que les llamó la atención y todos se situaron frente a la mesa, con la misma disposición inconsciente que, tal como Vasiliki había notado, adoptaban cuando estaban juntos.

Draco y Blaise siempre estaban en medio, cercados por las más voluminosas y altas figuras de Vincent y Gregory, que no sólo parecían guardaespaldas de los chicos, sino también de Pansy, que estaba a la derecha de Draco, seguida por Daphne y la propia Victoria. Del lado de Blaise, Gregory parecía estar todo el tiempo detrás de él y Anne, cercano a Millicent.

Tan sólo Theodore parecía tener un poco de autonomía en aquel asunto y se le podía ver tanto al lado de Vasiliki como acompañando a Draco y Blaise. La nieta de Dumbledore no estaba muy segura de entenderlo, aunque Theo siempre se caracterizó por ir libre y sin ataduras por la escuela, casi siempre solitario, le "gustaba" ser visto en compañía de Draco y Blaise y parecía que se llevaba bien con ellos o todo lo bien que se lleva alguien que no le interesa demasiado hablar con nadie.

A su vez, llevaba una amistad soterrada con la propia Vasiliki pero casi no le hablaba cuando otros los veían. Eso era lo que extrañaba a la chica junto a su actitud cautelosa aquella tarde, en la que se limitó a posicionarse a su lado, lo más lejos posible del profesor, pero sin mirarla a ella.

Mientras la chica suspiraba para sus adentros, Lupin les sonreía a la clase, de una forma cansada que sugería que hasta eso le costaba trabajo. Victoria se preguntaba también por qué pero no tuvo tiempo de analizarlo.

-Lo que tiembla dentro del armario es un boggart. ¿Alguien podría decirme qué es un boggart?-

Daphne y Blaise levantaron la mano. Como lo hizo primero ella, el profesor le dio la palabra.

-Es una especie de criatura cambiaformas-dijo la chica- Se torna en lo que más miedo nos da.-

Lupin asintió tranquilamente.

-5 Puntos para Slytherin-dijo y los miró uno a uno, como intentando emular a su abuelo, se dijo Victoria, tratando de ver más allá de lo aparente.

-Dado que es lo que les enseñaré en esta clase, cómo combatir a uno de estos seres, nos enfrentaremos a este boggart de uno por uno. ¿Podría decirme alguien por qué no podemos hacerlo en grupo?

-Porque dudo mucho que el boggart pueda adquirir más de una forma a la vez y entonces no sabría en qué convertirse si lo encaramos todos-repuso Victoria, entre afirmando y preguntando. Lupin la miró un segundo, como registrándola sin duda por su identidad y su parentesco con Dumbledore y asintió de nuevo.

-Correcto- señaló- Cinco puntos más para Slytherin. Ahora lo único que queda por destacar es quién se enfrentará primero al boggart, para que pueda darle las instrucciones en las cuales basarse para defenderse.

Todos se miraron entre sí, con duda. ¿Alguno querría exponer sus miedos a los demás? ¿Y, les quedaba otra opción sin reprobar? Anne se mordió un labio, medio burlona, medio desafiante y dio un paso al frente.

-Yo seré la primera-dijo, aunque no sonreía. Blaise la miró con admiración, pero Theo retrocedió un paso, como queriendo -pasar desapercibido.

-Muy bien, señorita… Sally, ¿Verdad? Dime, ¿Qué es lo que más miedo te da?-

-Envejecer-dijo Anne con el mismo deje de desafío, como si retara a los demás a reírse. Ninguno lo hizo. El profesor tampoco-mutó su expresión, sólo parecía estar reflexionando.

-Lo que detiene a un boggart es la risa- dijo- Cuando abra la puerta del armario, nos retiraremos para que puedas enfrentarte a él y lo más seguro es que salga el boggart convertido en una Sally muy mayor. En ese momento levantarás tu varita y dirás Riddikulo.

-Riddikulo-repitió Anne con la varita ya desenfundada.

-Esa es la parte fácil- advirtió el profesor- Lo que es un poco más complicado es imaginarse una imagen que te haga reír, una que transforme lo que te da miedo. ¿Puedes pensar eso un momento, Anne? – ella asintió- ¿Preparada?

El profesor hizo que la clase se hiciera hacía atrás. Victoria pensó que era una curiosa manera de enfrentar las cosas, como, incluso con compañía, todo mundo se encuentra en solitario ante sus peores temores. Frunció el entrecejo, enfadada por su lobreguez y esperó, igual que los demás.

El armario fue abierto por un hechizo. De él salió una Anne apenas reconocible, llena de canas, arrugas y manchas feas en el rostro. La niña tembló ligeramente pero alzó la varita con decisión.

-¡Riddikulo!-exclamó y la anciana se convirtió en un payaso. Nadie se río pero el profesor Lupin hizo un gesto para que todos se pusieran en fila. Draco, con una mueca, resultó ser el siguiente.

-¿A qué le temes?- preguntó el profesor Lupin y Draco se quedó callado, con las mangas subidas y la varita preparada. El payaso, que pareció desinflarse, se hizo más grande, hasta que dos personas, que debían ser los padres de Draco, ambos rubios y pálidos, aparecieron muertos, frente a él.

Un silencio que podría haber sido roto con un cuchillo se instaló en todos los presentes, que no se atrevieron a moverse. -Pasaron tres segundos, cuatro…

-¡Riddikulo!- dijo Draco con voz apagada y las heridas de sus padres se curaron y ambas personas comenzaron a bailar. Él se movió de su sitio con lentitud y sus compañeros lo miraron sin decir nada. Pasó entonces Vincent y al fin pudieron reírse las serpientes al saber que su miedo mayor era tener poco qué comer. Su risa sonó nerviosa cuando un Vincent desnutrido empezó a comer rápidamente una golosina y pasó Gregory, cuyo miedo era parecido.

-Están hechos del mismo molde- comentó Blaise con desdén, situándose elegantemente frente al boggart. El miedo de Zabini era ser pobre y todos contemplaron su persona vestida con harapos y sucio hasta que una sonrisa fría apareció en el semblante del chico, pronunció la palabra adecuada y al Blaise pobre le salieron galeones de los bolsillos a montones y le cambió la vestimenta.

Detrás de él estaba Pansy. Su mayor temor era ser ridiculizada y lo combatió silenciando a la chica que la estaba humillando con una mirada petulante. Millicent tembló cuando descubrieron que su mayor temor era el que descubrieran que era lesbiana y todos hicieron como si no miraran la escena de ella sobre un libro mágico de fotografías de chicas.

Ninguno reía. Vasiliki, quien iba detrás de Daphne en la fila, advirtió como Theodore iba moviéndose disimuladamente hacía la puerta hasta que, con un sonido, el chico desapareció detrás de ella, saliendo de la habitación. Se sorprendió, pero no tuvo tiempo de hacer eco de su sorpresa, ya que su amiga estaba enfrentándose al boggart, que era un zombie y se tropezaba y le tocaba a ella…

Sonó la campana que anunciaba el final de la clase y todos se quedaron quietos, fríos, mirando al profesor Lupin con algo que se asemejaba a la acusación y al rechazo. Draco, por una vez, no decía nada, pero su pálido rostro delataba sus pensamientos.

-Bien-concluyó el profesor Lupin- Cinco puntos por todos los que se han enfrentado al boggart. Pueden retirarse.-

Lo hicieron en silencio, sin su acostumbrada seguridad. Había sido una clase ejemplar, más ninguno de ellos lo había disfrutado. Se habían visto expuestos frente a sus demás compañeros y no se miraron mientras caminaban por los pasillos. Al llegar a un recodo, Draco, como si fuera el portavoz, se detuvo. Cuando habló, en su voz temblaba la rabia.

-No me gusta Lupin.

Eso y nada más. Nadie lo apoyó ni se manifestó en contra, más era obvio que todos pensaban igual.

Y a partir de entonces, Draco y su pandilla hicieron lo posible por ridiculizar o mostrarse en contra de su profesor de las Artes Oscuras.