Las clases se volvieron una disparidad de elementos, unos más refrescantes que otros. Después del penoso incidente de su primera clase con los Slytherin, Lupin parecía querer redimirse, porque trajo criaturas cada vez más interesantes, lo que mitigó un poco el resquemor de la mayoría, aunque no de Draco ni, por tanto, de Crabbe y Goyle, que no perdonaban fácilmente. Contaban, además, con el apoyo del profesor Snape, cuya imagen había salido muy mal parada también ante el profesor de Defensa contra las Artes Oscuras.
Vasiliki, aunque simpatizaba con su Jefe de Casa, ciertamente tenía que reconocer que era el primer profesor decente en la materia que tenían. Herbología, Transformaciones, Pociones, Astronomía y las habituales estaban igual de interesantes que siempre, pero a nadie le gustaba en realidad Cuidado de Criaturas Mágicas, que, tras el escándalo de la primera clase, había degenerado a un aburrimiento bastante fácil de predecir.
Esto hizo que los Slytherin de su curso se plantearan tener la misma estrategia que habían tomado con Lockhart. Pronto, estuvieron asistiendo a niveles irregulares, descansando por lo menos un día a la semana, siendo la excepción Draco y sus compinches, seguro, para fastidiar más a Potter y compañía.
Una mañana en la que estaban cuidando gusarajos, Zabini abordó a una fastidiada Victoria con su impecable sonrisa seductora.
- Lune Noire, tienes una cara que agriaría la leche. ¿No querrías una pequeña distracción?
Vasiliki, suavizando el, en efecto, agrio gesto, lo miró con interés.
- ¿Qué tienes en mente?- preguntó mientras hacía a un lado los guantes y olvidaba su labor. Nada les pasaría a esas innobles criaturas si ella se distraía un poco, de cualquier manera.
- Draco va a tener entrenamiento esta tarde- repuso Zabini- Podrías venir.
El entusiasmo de ella desapareció prontamente.
- Zabini, sabes perfectamente…
- Oye, alguna vez tienes que dejar pasar eso, ¿Sabes? Ya ha pasado más de un año. Además, será divertido… si quieres podemos burlarnos un poco de él desde las gradas. Y, si te portas bien, te llevaré en escoba y volaremos un poco.
Zabini esbozó su más encantadora sonrisa y el sincero gesto hizo que la determinación de Vasiliki cediera un poco.
- Bueno… yo…- repentinamente ella se sintió muy molesta por su actitud y también por lo que Blaise era experto en hacer. Era cierto, había pasado tiempo. Además, tal y como estaban las cosas, ninguno de los dos se atrevería a hacerle más daño y solían ser divertidos cuando querían…
- Está bien- suspiró- Pero sólo porque me lo has pedido, ¿De acuerdo? Y nada de vuelos. Sabes que no puedo.
Esto último lo dijo con un deje de tristeza, pero fue suficiente para que Zabini se diera por satisfecho. Palmeó su hombro con gentileza y abandonó despreocupadamente el campo, sin preocuparle que la clase no hubiera terminado.
De todas maneras, faltaba muy poco para que acabara y la chica recogió sus cosas. Ya sin la magia que Blaise tendía a operar con lo que le interesaban, se preguntaba si su decisión había sido acertada, pero no podía echarse atrás y tampoco quería.
"Hay que superar el pasado" se dijo Vasiliki "Darle una pequeña oportunidad al futuro"
No muy lejos y casi como si supiera lo que ella estaba pensando, Theo la miró y asintió.
…
La tarde era perfecta para un entrenamiento de Quidditch. El sol brillaba lo suficiente para ser acogedor sin deslumbrar la vista y el verde del pasto resultaba maravilloso. Caminando junto a Blaise, Victoria descubrió que estaba disfrutando. Le costaba admitirlo, porque la verdad es que todavía no había perdonado ni olvidado, pero se descubrió cómoda, por una vez olvidando su blanco cabello, su dificultad para hacer esfuerzos físicos de cualquier tipo y sus propias limitaciones, frutos de la maldición que casi había acabado con su vida.
A su lado, Blaise parecía estar pasando por algo parecido. Por primera vez, su distendimiento parecía verdadero y su gentileza, natural, muy diferente de la atención que tenía por ella y que era una mezcla de lástima y sentimiento de pesar por lo que había pasado.
- A pesar de los muchos matrimonios de mi madre, no tengo hermanos- le estaba contando- Y nunca he sabido si una vez los quise. A veces me pregunto para qué. Con uno se basta, ¿No crees? Mi madre es una persona muy fría pero nunca me ha faltado nada. No me peleo con nadie, consigo lo que quiero- rió ante esa realidad sin arrepentirse de ella- ¿Para qué quiero alguien que puede pelearse conmigo y que podemos no llevarnos bien? ¿Para que luego finjamos el afecto y nos peleemos por el dinero igual que dos perros callejeros? Es una tontería, la verdad. Estoy mejor así. ¿Y tú, Lune Noire? ¿Tienes hermanos o algo de qué preciarte?
Aunque solía ser una pregunta difícil, Vasiliki no dudó en decir la verdad.
- No, no los tengo. Ni podría tenerlos, dado que mis padres están muertos. Pero siempre he vivido con mi abuelo y yo también me siento bien así, no veo la necesidad de cambiarlo. Supongo que cuando era más pequeña me preguntaba por mis padres y por qué no estaban conmigo. Ahora es más fácil aceptar por qué no.
La sonrisa de Blaise era de empatía. No la compadecía y eso era algo que, interiormente, Vasiliki agradecía, porque no abundaba mucho esa reacción. Todos ellos, Slytherin, ricos y de familias prominentes, la miraban de una manera extraña cuando sabían que la famosa Victoria Dumbledore vivía sin parientes ni amistades. Cierto es que cada uno de los diez muchachos que se habían reunido ese año carecían de ciertas cosas más valiosas que la fama o la riqueza, pero rara vez entendían lo que era la soledad. De ellos, sólo Theo y Blaise eran hijos únicos además de ella y sólo Theo podía comprender lo que significaba la pérdida de un padre.
Pero no estaba en la naturaleza de Zabini el detenerse en tales temas y cambió la conversación conforme llegaban al campo, hacía donde las figuras vestidas de verde iban ocupando sus posiciones.
- Estoy deseando que llegue Halloween, ¿Tú no? Independientemente de lo que tengan planeado este año, me gustaría darle un susto a alguien, ¿No crees? Alguna broma pesada, aunque sin pasarse de la raya, no estaría mal…
- Sí, ¿Por qué no? Sería estupendo ver el rostro de Millicent, por ejemplo.
Rieron ante la ideal, atrayendo así la atención extrañada del chico rubio y pálido que era el Buscador.
Su expresión, más tensa que de costumbre, demostraba a las claras que Draco no se sentía tan seguro de si mismo como normalmente. Aunque era una persona arrogante y que solía parecer como alguien demasiado seguro de si mismo, en realidad era una persona que temía todo el tiempo fallar a las expectativas que otros tenían de él y a perder la fama que tan cuidadosamente iba elaborándose. Uno de los mayores ejemplos era el Quidditch y si había alguien que lo sabía, era Blaise. Era por eso que había invitado a Vasiliki, pues sabía que la única manera de mantener a Draco con la guardia lo suficientemente baja para aceptar un acercamiento ante una compañera a la que había hecho daño era en una de esas raras ocasiones en las que uno podía advertir que, de verdad, el chico petulante no las tenía todas consigo.
- ¿Qué hacen aquí?- preguntó Draco, con la frente perlada en sudor aunque todavía no había empezado el entrenamiento. Estaba de pie, muy erguido, con su Nimbus 2001 en una mano y ya vestido con su uniforme. Blaise enarcó una ceja y el rubio pareció relajarse un segundo.
- Vinimos a verlos entrenar. ¿Qué, lo prohíbes?- lanzó Blaise con tono irreverente y ligeramente desafiante. Esto pareció desarmar a Malfoy.
- No- dijo sorprendido, mirando alternativamente al chico y a la chica. Victoria, comprendiendo su confusión, acertó a esbozar una tímida sonrisa.
- Venimos a confirmar tu fama – dijo sin dejar de sonreír- ¿Por qué no nos demuestras de lo que eres capaz?
El rubio la miró a los ojos por primera vez en mucho tiempo y a Victoria le sorprendió lo intensas que eran sus emociones. Había desconcierto, recelo, cierto orgullo de sí mismo y, sorprendentemente, una pizca de vergüenza, como si comprendiera lo que le había tomado a Victoria decidirse a mirarlo hacer una de las muchas cosas que él amaba y ella no podía ya hacer.
Draco asintió sin agregar nada y los dos Slytherin se fueron a las gradas, dejándolo tranquilo, aunque confuso, para que pudiera entrenar.
En las gradas, se acomodaron. Vasiliki tenía que reconocer que su frase había sido un farol, pues durante todo aquel tiempo se había negado a saber cualquier cosa de Quidditch, mucho menos a enterarse qué tipo de jugador era Draco Malfoy. Reconocía que había llegado a odiarlo al saber que se había postulado y conseguido el puesto de buscador y que, en cuanto se enteró que Lucius había comprado las escobas para el equipo, lo culpó en silencio de soborno.
Pero, en el silencio que siguió mientras Blaise y ella observaban al equipo en entrenamiento, ella se dio cuenta que Draco no volaba mal y que lo hacía con verdadero entusiasmo, más allá de que, con ello, necesitara demostrar algo.
El equipo de Slytherin tenía una estrategia muy definida. Siguiendo incluso los preceptos y las ideas preconcebidas que los demás tenían de su casa, los jugadores no tenían empacho en aceptar que se apoderaban del campo, eran agresivos en sus movimientos y aprovechaban cada escollo en los otros equipos para colarse. Ellos no jugaban sólo por jugar, deseaban ganar. Todos tenían tamaños descomunales que les permitieran dominar a otros, eran implacables y apostaban al conocimiento del terreno y de sus rivales para conseguir el triunfo.
Blaise y Vasiliki descubrieron que muchas de las fintas que el equipo hacía eran derivados de la información que tenían de los otros equipos. Lejos de hacer su propia estrella azarosa, se acomodaban al "enemigo" que les tocara en el momento, hablando de sus puntos fuertes y débiles y desarrollando sus acciones a partir de allí. Aunque Flint, el capitán del equipo, no era excesivamente inteligente, era astuto y despiadado, cualidades que todos los capitanes Slytherin tenían en mayor o menor medida y que, antes de la llegada de Potter (un virtuoso en el Quidditch, lo aceptaran los otros o no) les había permitido ganar cada año sin excepciones.
Blaise apoyó a su equipo, él aceptando con naturalidad lo que ya sabía pero Vasiliki apenas iba descubriendo que el equipo de su casa era bueno y no sabía cómo sentirse al respecto.
Por un lado, como serpiente, estaba orgullosa, se permitía disfrutar del esfuerzo de los otros para ganar prestigio, pero, por otro, siempre quedaba la dolorosa pregunta, ¿Qué pasaría si ella hubiera tenido la oportunidad de participar en semejante reto?
Por otra parte, también, había que aceptar que había cierta "suciedad" en los movimientos de los Slytherin, los rompedores de reglas. Eran incapaces de jugar limpia y honorablemente, siempre tenían que tener la ventaja. ¿Ese era un buen rasgo? ¿Podía considerarse admisible?
Quizá no, admitió la chica, pero era glorioso verlos y seguramente más estar en el aire, desafiando las leyes de gravedad para encontrar en la magia una satisfacción de cada movimiento…
Al fin Draco atrapó la snitch y el frío de la noche les hizo comprender que era ya tarde. Bajaron todos a cambiarse y los espectadores esperaron a su compañero, quien no tardó en hacerles compañía, perfectamente peinado y satisfecho.
- No estuvo mal, ¿Eh?- dijo con mal disimulado orgullo y una perversa alegría en los ojos grises. Blaise le palmeó la espalda con una camaradería que hubiera sorprendido a cualquiera que lo conociera superficialmente, porque todos los que veían a Blaise opinaban que era demasiado frío y estirado para su propio bien, altivo y cortante en su belleza. Pero el chico era cálido con quienes confiaba y Draco era su amigo.
- Muy bien, compañero- dijo, pues, con soltura- Patearás traseros con mucha gracia, eso puedo asegurarlo.
Draco silbó con alborozo, más luego pareció reparar en la presencia de su compañera y se quedó callado. Era incómodo, celebrar y a la vez algo que él no podía dejar de hacer. ¿Por qué no podía comportarse normalmente en presencia de Vasiliki?
Pero la vieja sombra pesaba sobre ellos, la del que dañó sin querer y la que había sido dañada. Consciente de ello, Vasiliki volvió a sonreír.
- Vuelas muy bien- dijo sinceramente- No había tenido oportunidad de decírtelo, pero ojalá ganemos la copa este año.
Huelga decir que no se lo había dicho porque ella nunca asistía a los partidos. Pero, por la paz, Draco ignoró esta realidad y aceptó el cumplido con una sonrisa muy distinta a su mueca burlona y desdeñosa que más de uno había aborrecido.
Los tres se dirigieron a la Sala Común, haciendo que la charla fluyera con altos y bajos, pero siempre cordial.
