¿Puedes quedarte conmigo para siempre?:

Capitulo 1:

Si bien, el irme había sido la acción más desesperada por no volver a ver a mi ex esposo, también había sido la más emocionante.

Me fui de Berk cuando tenía apenas un mes de embarazo pero yo no lo sabía, en ese momento estaba más ocupada en reparar mi corazón que no había prestado atención a los recurrentes síntomas, pensaba que las náuseas eran a causa del estado emocional en el que me encontraba, en cuanto a la regla, nunca era regular, simplemente me dije que ya llegaría.

Me convencí de que era una persona libre, que el haber sobrevivido a un corazón roto no haría que nada ni nadie me pisoteara de nuevo. Luchaba para conseguir dinero, bebía, me dejaba seducir en brazos de hombres fuertes, guapos, pero siempre era yo la que jugaba con ellos.
Era libre, soltera y no podía negar que era muy guapa; sentía que tenía el mundo bajo mis manos junto con mi mejor amiga Tormenta y éramos invencibles. Nunca nos quedábamos en alguna isla más de una semana; había veces en las que no era necesario buscar isla para refugiarse, solo éramos mi dragona & yo, en el gran basto mundo.
Amaba la sensación de libertad cuando volaba, sentir el aire revoloteando mi cabello, dejarme embriagar de la sensación de libertad, de no saber dónde me encontraba ni estar cerca de las costas de Berk donde quería escapar del recuerdo de ciertos ojos verdes.

Salvaje, Llamativa, Sensual.

Amaba ser vista de esas maneras y quizás nunca me hubiera dado cuenta de mi embarazo hasta que enserio se me notara, si había engordado, pero tampoco tenía espejo alguno para notar los grandes cambios, las náuseas se habían detenido y lo demás seguía sin aparecer.

Cierto día que me puse realmente mal, sangraba y de deberse a una situación normal hubiera pensado que me había bajado hasta que un dolor vino acompañado con ello.

Después salimos en busca de ayuda, poco a poco empezaba a sentirme cansada a causa de los dolores y lo último que recordaba era que me había desmayado; recordaba vagas sensaciones, Aterrizando en alguna aldea desconocida, Tormenta poniéndose en modo defensivo y el cómo unos grandes brazos me cargaban hacia lo desconocido.

Después de eso ya no sentí nada, el dolor había desaparecido y la oscuridad me rodeaba.

Desperté tres días después, mis ropas habían sido cambiadas, el sangrado había desaparecido, me encontraba vendada en la parte del pecho, brazo izquierdo y ambas piernas, pero a pesar de eso me encontraba estable. O eso creía cuando intente levantarme, las piernas me temblaron como gelatina y caí al suelo de rodillas haciendo que el dolor me recorriera ambas piernas sin evitar que un gran grito alarmara al lugar donde me encontraba, genial Astrid, punto para el enemigo. Me levante con el brazo que no estaba vendado y me volví a acostar.

Si bien, había tenido una pelea la noche anterior realmente dura, no había caído en cuenta que al día siguiente pasaría a cobrarme.

La puerta de la habitación se abrió en la noche de ese mismo día, abrí los ojos para encontrarme con una señora mayor. Era de raza asiática, su pelo canoso era largo, lo traía amarrado en una trenza, vestía con ropas largas, la rodeaba cierto olor a plantas, traía consigo un gran plato de sopa haciendo que mi estómago gruñera. ¿Enserio? ¿Hace cuánto que no comía decentemente?

— Oh vaya, despertaste. — Sonrió me tendiéndome un vaso de agua y se lo agradecí, tenía demasiada sed — Has estado inconsciente por mucho tiempo.

— ¿En dónde estoy? ¿Y mi dragona? ¿Ella está bien? — Trataba de levantarme, pero otra vez el dolor me recorrió por todo el cuerpo.

— Tranquilízate muchacha, acabas de salvarte de una amenaza de aborto, necesitas descansar. — Abrí los ojos de la impresión. — ¿Aborto? Pero yo no estoy embarazada. — Reí histéricamente como si de un chiste se tratara, porque... ¿Era un chiste verdad?

— Oh pobre muchacha ciega ¿Cómo que no sabes que estas embarazada? ¡Estás en tu tercer mes! — Me congele

— ¿Tercer mes? Créame, ni siquiera sé cómo sigo viva. — Trate de reír, quizás por fin me estaba volviendo loca — Si recuerdo tener varias nauseas, los pechos me habían crecido y no me llegaban mis lunas, pero nunca pensé que era un embarazo. Si bueno,

el que te crezcan los pechos no es normal, pero... — No paraba de hablar, me sentía nerviosa, asustada... ¿Un hijo? ¿Hace 3 meses? Pero si hace 3 meses todavía estaba con... — Hipo. — Dije en voz alta.

— ¿Hipo? — Repitió la señora confundida. — ¿Quién es Hipo?

— Hipo es el papá... — Dije sin todavía creerlo. Me tape la cara con ambas manos. ¿Que haría ahora? ¿No tenerlo? ¿Dejarlo en alguna aldea? No, no podía hacer algo así, no podía culpar así a alguien inocente.

— ¿Y eso que tiene de malo, niña? — Pregunto la señora.

— El ya no está conmigo. — Dije cerrando los ojos, hace mucho que no permitía que esta sensación me recorriera. — El... — Trague, que difícil me costaba — se va a casar con otra persona, ni siquiera sabe que estoy embarazada.

— Ni siquiera tú lo sabias. — Dijo la señora en modo de broma y reí, porque era lo único que podía hacer, ya no me quedaban lágrimas por ese hombre.

— Si, ni siquiera yo lo sabía. — Toque mi vientre, todavía se veía plano, pero poco a poco podía notarse la hinchazón — ¿Estamos bien? — Pregunte.

— El bebé es toda una guerrera, está en estado de salud perfecto; no parece haber alguna complicación las peleas te han puesto en peligro de aborto así que no deberías de hacer esfuerzo alguno hasta que finalice tu embarazo. — Dijo sirviéndose té — Me sorprende que no haya pasado antes, he conocido embarazadas que apenas las tocan con una flor y ya están perdiendo al bebe.

— ¿Eso es un halago? — Pregunte.

— Sí que lo es, eres fuerte muchacha. Esa niña será igual o más fuerte que tú. — Dijo levantando a dejar la jarra.

— E igual que su padre — Acaricie mi vientre. — ¿Mi dragona, ella está bien? — Cuestione preocupada.

— Si, cuando llego causo un revuelto al llegar, pero todos detuvieron la caza cuando te vieron encima de su lomo, uno de los aldeanos te trajo y su esposa la cuida en su casa.

Suspire de alivio, ella estaba bien.

— Dime chiquilla, ¿Tienes lugar en donde vivir? — Pregunto.

— No, vivía en la isla de Berk hace tres meses, pero Hipo anuncio el fin de nuestro matrimonio y me fui de ahí. — Sujete la taza con fuerza. — Me la he pasado de isla en isla, no me gusta quedarme en un lugar mucho tiempo. — Susurre al mencionar lo último, no quería encariñarme en un lugar.

— Pues que lastima que no puedas viajar en ese estado, cualquier movimiento brusco te pondría en peligro. Además, no creo que puedas llegar muy lejos con ambas piernas lesionadas, tres costillas y tu mano izquierda rota.

— No, creo que no. — Dije reflexionando, no tenía a donde ir.

— Puedes quedarte conmigo, cuando te recuperes puedes ayudarme en la botánica y tu dragona puede quedarse atrás, con las gallinas.

— Muchas gracias. — Le agradecí, ella solo asintió y salió.

Tarde un mes en recuperarme por completo (Y para terminar de convencer a la señora Cho que ya podría ayudarle) cuando fui por Tormenta agradecí a la pareja que me ayudo cuando llegue a Odin e incluso me invitaron a comer.

Me convertí en amiga de Marina, la joven que había cuidado a mi dragón, era agradable tener a alguien con quien hablar, era una joven cuya tez pálida la hacían parecer enferma, pero era todo lo contrario, sana como un roble, era la persona más alegre que había conocido, tenía un físico envidiable y su pelo café la hacen resaltar sus ojos verdes. Ella se casó a los 20 años con su esposo, Emanuel, quien me llevo con la vieja Cho esa noche; ellos se conocieron en la boda del jefe Kiev, fueron novios por 5 años y se casaron hace poco. Al final, aceptaron cuidar a Tormenta para no molestar a las gallinas de la anciana e iba a visitarlos todos los días.

Para mi sexto mes de embarazo ya era una persona conocida en Odín, ayudaba a la anciana en la botánica, Cho me había enseñado cuales eran las plantas medicinales, las venenosas, las comestibles e iba en busca de ellas, también las machacaba y las convertía en medicinas para los aldeanos. La anciana me había brindado un hogar y lo más cercano al cariño una abuela.

La gente ya aceptaba a Tormenta a pesar de que al principio tuvo problemas, ayudaba en la caza e incluso Emanuel, ya sabía montarla. Ayudaba a la construcción, a la pesca, en lo que fuera necesario mientras que eso al jefe de la aldea le parecía perfecto.

Cuando llegue, Kiev me recibió en Odín, en su familia con los brazos abiertos. Su esposa Katherine era una joven dulce que acababa de tener a su primer bebe llamado Dakkar. Al poco tiempo nos habíamos vuelto muy amigas, ella me daba consejos de maternidad lo cual agradecía pues, a pesar de ya haberme preparado mentalmente todavía tenía miedo.

Ella y Marina habían sido mi apoyo emocional, confiaba en ellas y gracias a ellas en poco tiempo había construido en Odín un hogar que creí haber perdido en Berk.

Una noche, habíamos hecho una reunión en casa de Marina, Kiev se había quedado cuidando al pequeño Dakkar y nosotras tres estábamos hablando, riéndonos y tonteando.

— Entonces a Kiev se le cayó el anillo bajo la mesa de lo nervioso que estaba, cuando se levantó lo sorprendí con un beso y le dije: Si, acepto ser tu esposa. — Narraba con una sonrisa Katherine que le daba un sorbo a su bebida. — No podía pedir a alguien más en esta vida. Era una guerrera y ahora soy una esposa con un niño adorable de 2 meses.

— Sí, yo solo asistí a su boda y casi 6 años después estoy casada y embarazada de alguien que conocí ahí. — Dijo mientras bebía su leche de Yak.

Hubo un silencio y luego el grito de Kath me hizo analizar bien las palabras.

— ¿Embarazada? — Pregunto Katherine emocionada.

— ¿Emanuel ya lo sabe? — Cuestione igual con felicidad. Otro niño llegaría a nuestra vida.

— No, no lo sabe. — Dijo. — Pienso contárselo en nuestro aniversario, la próxima semana, tengo 1 mes de embarazo, me lo dijo Cho la semana pasada.

— ¿Y porque yo no supe? ¡Vivo ahí! — Dije con indignación. Había estado ayudando toda la semana y nunca había visto a Marina junto a la señora Cho

— Le dije que no te comentara, quería darles la sorpresa. — Dijo Marina con una sonrisa de oreja a oreja. — Dios, soy tan feliz. Habíamos intentado tener un hijo este año, A Emanuel le encantan los niños, espero que se ponga feliz por saber que por fin tendrá uno propio. — Exclamo Marina con un toque de miedo.

— Estoy segura que se emocionara al saberlo. — Sonreí.

— ¿Y tú Astrid? — Dijo Katherine — ¿Lista para conocer a tu hija?

Me llene de emociones de solo pensarlo, tenía ya 8 meses de embarazo y estaba ansiosa de tener a mi hijo/a en mis brazos. Según Cho iba a ser una niña, pero no me importaba, lo que fuera a ser lo iba a proteger con cada parte de mí.

— Estoy lista. — Puse una mano en mi ahora gran abultado vientre, sentí como se movió al contacto de esta y reí, va a ser muy inquieto. — Solo espero que se parezca a mí.

— Cierto. — Dijo Kath. — Dakkar se parece demasiado a Kiev, lo único que saco de mi fueron los ojos. En todo lo demás hasta parece que él lo hubiera parido.

Todas reímos.

— Quiero que se parezca a mí, porque si se parece a su padre tendré que recordarlo a él todos los días. — Dije con un tono triste. — Y su padre fue la primera cosa que más ame antes de saber que estaba embarazada, el recordarlo a él no cambiaría el amor hacia mi hijo, pero tampoco era de gran ayuda si lo único que quería era olvidarlo.

— Oh, cariño. — Dijo Marina tocándome el brazo. — Si esto te ayuda, ese idiota no sabe lo que perdió.

— Es que, literalmente... no sabe lo que perdió. — Dije. — ¿Nunca les conté que sucedió?

— No, eres muy reservada... — Dijo Katherine.

— Tampoco sabemos ni siquiera de dónde vienes, ni porque traes a Tormenta ni como la domaste. — Concluyo Marina.

— ¿Llevo aquí 5 meses, aún no saben nada de mí? — Cuestione sorprendida, yo sabía todo sobre ellas.

— Estabas mal cuando llegaste, confundida, sin hogar, con un dragón y poco dinero. — Dijo Katherine. — Si no nos querías contar, ya llegaría el momento en el que tú te abrieras a nosotras.

— Además, has hecho muchas cosas en tan poco tiempo. A la Señora Cho le ha venido muy bien tu ayuda, Tormenta nos ha ayudado mucho en el pueblo. — Enumero Marina.

— Has cambiado de aspecto, eres más guapa, más alegre que cuando llegaste y al parecer al hermano de Kiev le gustas. — Sonrió pícaramente.
Me sonroje por eso último, si bien Finn era un chico agradable había sido una dulzura cuando llegue.

— Finn no tiene nada que ver con esto. — Voltee a otro lado, solo sentía las miradas picaras de mis amigas atacándome. — E-el solo ha sido muy bueno conmigo. — Concluí antes de meter mi cara en una de las almohadas del sillón.

— ¿Vez? Ya hasta estás loca por él. — Dijo Marina.

— Eso no es cierto... — Mire a otro lado. — ¿Y si mejor les cuento de dónde vengo? ¿Y qué paso en realidad?

Ambas se colocaron delante de mío, como si les fuera a contar un gran cuento. Solo suspiré y proseguí.

— Mi nombre es Astrid Hofferson, tengo 25 años de edad, vengo de la gran isla de Berk y mi ex esposo es Hipo, el gran domador de dragones. Lo que sucedió antes de que yo estuviera embarazada es una larga historia, pero es la siguiente:

¡Hola! Para los que no sepan, estoy editando mi historia.
Si piensan que esto es mierda, pues bueno... la anterior es peor... creo. ;-;

Igual, gracias por leer 3