Lo siento, normalmente no tardo tanto en actualizar. Es sólo que he estado viajando un poco y no tuve tiempo para escribirlo. Además que tuve algunos problemas en la universidad sin mencionar que mi computadora se arruinó y tuve que comprarme otra. En fin el capítulo está algo largo y espero que les guste.

Disclaimer: Shingeki no Kyojin le pertenece a Hajime Isayama.


Capítulo 2: Lluvia

Ymir cerró la puerta y se prometió a sí misma no presionarla por más que quisiera saber la respuesta. Cerca de la puerta se encontraba una pequeña mesa donde ella solía poner sus llaves para no olvidarlas. Del cajón de la misma saco una pequeña bolsa y se dirigió hacia Sasha. Vio que ella aún estaba con la mirada baja.

No la presiones y se amable.

–Ayer compré chocolates, puedes comerlos – le dijo a Sasha, pero ella aún no la veía. Dejo la bolsa sobre la mesa y se sentó lentamente ya que aún le dolía todo el cuerpo. Al ver que aún no la miraba, continuó: –Así que tienes una tarea de geometría analítica– empezó a decir, pero no obtuvo respuesta– Por lo que me dijiste antes, hoy nos tocaría repasar la elipse. La elipse está compuesta por focos que son equidistantes entre…

–Lo siento Ymir–la interrumpió y por primera vez desde que había entrado la miró a los ojos, y se mantuvieron ahí.

–¿Estoy yendo demasiado rápido? Sólo quería decirte las partes de…

–Lo siento, acerca del mediodía–dijo lentamente mientras apoyaba los codos en la mesa y reposaba la cabeza en las manos– Por favor deja de ser tan amable, puedo sentir la presión.

–¿Qué? Yo no quería presionarte–le respondió. Tal vez actuar como si nada hubiera pasado había sido la peor opción.

No debo hacer lo mismo con Reiner.

–¿Sí? Bueno, no está funcionando. De todas maneras, lo siento, en serio. –Por la manera que había actuado desde que entró, Ymir sabía que ella en verdad se lamentada.

–¿Qué fue lo que pasó? –al verla supo que ella estaba escogiendo las palabras para decirle la respuesta.

–Fue una apuesta. Quería ganar pero Conny…

–Eso explica porque Conny se encontraba ahí también. – la interrumpió – Lo siento, continua.

Por un momento Sasha desvió la mirada, respiró tranquilamente y la volvió a ver.

–Era una apuesta. Dijimos que yo debía economizar mi dinero por un mes y él me pagaría dinero de esta y las anteriores apuestas que habíamos hecho. –explicó lentamente– Yo no quise ser la única arriesgando algo, así que él me pidió que le diera un reto pero yo no quise dárselo por desconfianza. Fue entonces cuando él recurrió a Christa. Tenía muchas cosas en mente para pedirle pero entonces Conny fue poniendo restricciones y mis ideas se esfumaban con cada una de ellas. Al final decidí que un beso era algo difícil de cumplir. Fue por eso que le dije que te besara.

Ymir se quedó callada un instante mientras pensaba si debía quedarse en silencio o responderle. No estaba enojada, tal vez un poco molesta por haberla involucrado sin haberle advertido. Sin embargo incluso sabiendo lo que había pasado, se sentía tranquila. Sasha había pensado que ganaría por eso lo había hecho, pero fue Christa quién había dejado sorprendidos a todos.

Tal vez debería decirle que no estoy enojada. O tal vez hacerle creer que sí. ¿Pero de qué serviría eso?

Debió quedarse muchos segundos así porque Sasha añadió:

–Debí haber dicho Reiner en vez de tu nombre.

–¿Qué? ¡¿Reiner?! – toda respuesta que estuviera pensado se había ido por la sorpresa.

–Se nota a la distancia que le gusta–respondió dando un resoplido.

–Sabía que se notaba, pero no sabía que era tan notorio–replicó aún sorprendida. Para ellos era notorio, porque parecía que sólo hablaba de ella, pero no se había dado cuenta que para los demás también lo era.

–Lo es, cuando estamos pasando por su lado y me doy la vuelta puedo ver que él aún la está mirando, se sonroja, sonríe y luego voltea. –Ambas rieron pero la felicidad de Sasha se desvaneció rápidamente.

–Ojalá hubieras dicho su nombre, pero puedo entender porque lo dijiste. Al ser una chica le dabas un cierto grado de dificultad. Pero entre todas las chicas que conocías, ¿por qué tuve que ser yo?

–Porque teníamos que reunirnos y fue el primer nombre que se me vino a la mente– a pesar de que Ymir le creía decidió exagerar la situación para comprobar algo. Decidió hacerle creer que estaba enojada.

–¿Y no pudiste decir otro nombre? ¿Cómo Annie?–le preguntó frunciendo el ceño.

–Probablemente ella le hubiera golpeado– respondió rápidamente.

–¿Y yo no? Tuvo suerte de que no me puedo mover. Pero si era ese tu miedo, ¿por qué no dijiste tu nombre?– esto le causaba tanta gracia pero debía seguir con el semblante serio.

–¿Qué? Porque sería demasiado extraño besarnos de la nada–Sasha se estaba poniendo nerviosa.

–¡¿Y crees que no fue extraño para mí?! ¡¿Qué se acerque de la nada y me bese?! –a pesar de que estaba exagerando en el tono de voz, no estaba mintiendo del todo.

–¡Lo siento! –las manos le temblaban.

–¿Y por qué no dijiste Mikasa? –ya había llegado al punto que quería comprobar. A pesar de que se mantenía seria le costaba trabajo no sonreír.

–No quería meterle en problemas– aunque esa respuesta no le decía nada decidió seguir intentando.

–¡¿Y a mí sí?! Ya entiendo. Me estás utilizando.

–¡¿Qué?! No, nada de eso.

–Querías que te enseñe geometría y como ya sabes, decidiste hacerme quedar mal ante mis amigos. Todo tiene sentido.

–No fue así.

–Por eso no dijiste el nombre de Annie, porque yo era la que tenía que quedar mal– debería detenerse pero aun así siguió presionando para que llegado el punto le dijera la verdad.

–¿Por qué crees eso? No fue así.

–Pudiste haber dicho el nombre de Mikasa.

–No podría.

–¿Por qué no? Probablemente ella hubiera entendido. Después de todo es tu gran amiga. Tal vez con el beso ni se hubiera inmutado.

–N-no lo sabes–empezó a titubear y a pesar de que Ymir sabía que Sasha estaba en lo correcto decidió continuar.

–Lo sé y tú lo sabes ¡¿Entonces por qué?! –gritó alzando un poco más la voz.

–No lo sé

–Claro que lo sabes. ¡¿Por qué no dijiste su nombre?!

Sasha estaba más nerviosa que antes, se notaba por la forma en que movía las manos.

–¡Vamos contéstame!

El silencio se hizo presente una vez más.

–¿Por qué? ¡¿POR QUÉ?!

–¡PORQUE ME GUSTA!– Sasha simplemente se tapó la boca con las manos.

–¡Lo sabía! –se levantó del asiento pero rápidamente se volvió a sentar. Estaba claro que no podría moverse normalmente por un tiempo.

–¿Qué? –preguntó Sasha sonrojada y confundida.

–Tenía la sospecha, quería saber si era verdad. Lo siento si creíste que estaba enojada. –le respondió con una sonrisa pero ella aún estaba temblando y las lágrimas amenazaban con salir de sus ojos. –Tal vez un poco molesta pero nada que no se pueda perdonar.

–¿En serio? Gracias. Pensé que me golpearías– contestó aliviada.

–Todavía es una opción.

–¿Qué?

–Estoy jugando, se podría decir que ya te reñí, aunque tal vez no lo hubiera hecho de esa manera. De todas formas me relajó. Lo siento – Sasha respiraba agitadamente y mantenía los ojos cerrados. –¿Sasha?

–Estoy bien, empezaba a tener miedo pero estoy bien. –explicó mientras trataba de normalizar su respiración y bajaba las manos que antes habían estado cubriendo su boca. –Aunque no puedo creer lo que acabo de decir acerca de Mikasa–su expresión ahora tenía una sonrisa.

–¿Por qué? –Ymir abrió la bolsa de chocolates y empezó a comer uno.

–No sé, supongo que nunca lo había aceptado– la sonrisa que había estado presente ahora se estaba desvaneciendo– También supongo que ella nunca se fijaría en mí.

–¿Por qué no? Eres hermosa–le respondió tranquila y sonriente. Sin embargo al ver la expresión de sorpresa de Sasha se pudo dar cuenta del peso de sus palabras.

–No eres hermosa–dijo rápidamente– Bueno, sí lo eres, pero no para los ojos. No. Espera. Me refiero a mis ojos. Lo que quiero decir es…– pero antes de que pudiera continuar Sasha se lanzó a darle un abrazo. Aunque para Ymir aquello era muy doloroso para su cuerpo, decidió corresponder el abrazo.

–Gracias Ymir, sé lo que intentas decir. –se separó lentamente de ella y le sonrió. No obstante la felicidad fue nuevamente reemplazada por seriedad.

–¿Qué pasa? –le preguntó por aquel repentino cambio de humor.

–Me siento terrible, debo pedirle perdón a Christa. –explicó– La hubieras visto. Cuando estábamos por llegar ella se adelantó y al ver la cancha se ocultó tras la pared. Me di cuenta que aún seguías ahí. Lo que me dio miedo fue su rostro. Estaba pálida cómo si se le hubiera drenado la sangre. Estaba por decirle que iba a cambiar mi reto cuando fue caminando directo hacía ti murmurando algo que no logré escuchar. – tomó un respiro y siguió hablando – Cuando regresó nos sonrió y me dijo que no debería gastar el dinero tan rápidamente porque luego lo podía necesitar y a Conny que si hacía las apuestas, al perder lo mínimo que podía hacer era cumplir lo que había prometido. Se despidió y se fue. Nos sentimos terribles. Supongo que era lo que necesitábamos para reflexionar.

–Entiendo lo que dices, apuestas que te hacen reflexionar, mi cuerpo me lo reclama a cada segundo, ahora– ambas rieron por un instante y luego Sasha se levantó del asiento.

–Debo ir a su casa. Lo siento debo irme.

–No te preocupes. Pero antes, ten, toma los chocolates– agarró la pequeña bolsa y se la ofreció.

–Pero son tuyos– la miró negando con la cabeza.

–Aquí entre nos, tú y yo, sabemos quién es la más adicta al chocolate. –agitó la bolsa un poco y se la ofreció nuevamente a Sasha – Además sabemos quién puede gastar su dinero.

Ambas se sonrieron y finalmente ella sujetó la bolsa y le agradeció. Se despidió y salió de su casa.

Ymir se quedó sentada en el mismo lugar por un momento analizando todo lo que Sasha le había dicho. Después subió lentamente las gradas para ir a su cuarto y coger el teléfono.

Respiró unas cuantas veces y llamó a Reiner. Le explico lo de la apuesta entre Sasha y Conny, cómo habían recurrido a Christa, cómo ella había decidido ayudar, que le había impedido detenerla, y cómo al final ella les había dado una lección a los dos con su acción. Hubo un silencio al otro lado de la línea y Ymir ya estaba dispuesta a pelear cuando Reiner dijo:

Eso no cambia el hecho de que no la apartaste– respondió molesto.

–Pensaba hacerlo pero el cuerpo no me respondía–se defendió rápidamente. Por unos segundos escuchó a Reiner suspirar.

¿Ella te gusta?

–¿De qué demonios estás hablando?

¿Debo tomar eso como un no? Mira Ymir, ahora estoy procesando la información y ya deberías saber que estoy molesto, aunque no fue realmente tu culpa. Sólo necesito tiempo– se despidió y colgó el teléfono.

Maldijo al aire y se echó en su cama. Encendió la televisión simplemente para que no estuviera en silencio la habitación. Dejo las horas pasar, pensando en lo sucedido. Antes de apagar el televisor vio que informaban que habría días lluviosos en las siguientes semanas. Llegada la noche decidió dormir, se cambió a su habitual pijama y decidió conciliar el sueño. Tal vez pensó demasiado en la situación porque soñó que veía unos ojos azules. Una persona que le sonreía. Una persona que se le acercaba y la besaba con delicadeza. Esa persona era Christa.

Al día siguiente despertó confundida por el sueño. Fue al colegio, trató de hablar con sus amigos normalmente. Sin embargo Reiner a veces se comportaba de manera extraña. Siempre estaban hablando bien y cuando veían a Christa entonces, como recordando lo sucedido, el ambiente se ponía tenso. A menudo se preguntaba cuanto más estarían así.

Sin embargo a cada día que pasaba, la situación parecía ponerse peor. Cada vez hablaban menos. Incluso parecía que se saludaban por deber más que por amistad. Era increíble como unos pocos días había cambiado su amistad. Apenas eran tres días y ya parecía completos desconocidos. Incluso el ambiente parecía estar afectando a Bertholdt que simplemente no sabía a quién hablar. Annie lo tomaba de la forma más neutral posible y les hablaba equitativamente. Pero era, en esos momentos, que cuando veían a Christa por los pasillos, el silencio se hacía presente. Nadie hablaba con nadie. Y esas situaciones siempre terminaban con ella alejándose de sus amigos, caminando sola. Tomaba esa decisión porque el ambiente era tan molesto que prefería irse.

Finalmente llegó el día viernes y lo mismo había pasado en la mañana, esperó hasta la tarde para volverlo a ver. Seguían estando de mal en peor. Ella no iba a pasar en la incertidumbre durante un fin de semana, pensando en qué había pasado y dejando que se distanciaran. Así que después de su última clase del día ella se acercó a él molesta.

–¿Por qué sigues molesto? –le preguntó enojada.

–No estoy molesto, es sólo que…–se quedó en silencio.

–Es sólo que… ¿qué? –preguntó con el ceño fruncido.

–¿Ella te gusta? – preguntó lentamente desafiándole con la mirada.

–Por enésima vez Reiner. ¡No me gusta!

–No mientas. He visto que a veces la observas– se quedaron callados por un instante. Era cierto que para Ymir, la rubia ya no pasaba desapercibida ante sus ojos. Había algo que le llamaba la atención y no sabía que era. Aun así estaba segura de que no tenía sentimientos por ella.

–¡¿Ahora debo volverme ciega?! –le cuestionó a su amigo–¡¿Qué demonios te pasa?!

–Sólo pienso que deberías pedirle perdón.

–¿Perdón? –se rio ante la respuesta– Yo no hice nada.

–Por la misma razón– Ymir se quedó callada– ¡No hiciste nada! ¿No crees que ella vino esperando que la detuvieras? ¡¿Qué hicieras algo?! Ella les había dicho que les ayudaría. Pero tal vez sólo quería poder tener una excusa para incumplirla, de ese modo no sería totalmente su culpa.

–Pero yo…

–Sí, ya sé que estabas adolorida por nuestra estúpida apuesta. ¡Eso lo sé! –le interrumpió rápidamente– ¡Pero Christa no lo sabía! Hasta dónde yo sé, el que no hubieras hecho nada, poniéndome en su posición, significa que querías el beso.

–Bien, le pediré perdón– le dijo antes de que agregara algo más– Para entonces espero que tu molestia ya haya desparecido.

–Te lo aseguro–su enfado de antes había desaparecido para darle una sonrisa.

Eso no hizo más que enojar a Ymir. Reiner había ganado y sabía cuánto le podía molestar aquello. Ella odiaba no tener la razón. Sin embargo, tenía que admitirlo, nunca lo había pensado de ese modo. Y ahora que lo pensaba, sentía a cada segundo que debía ir ella a pedir perdón.

¡Qué ilógico! ¡No hice nada!

Y no hacer nada la había llevado a esta situación.

En ese instante se despidió de sus amigos y ahora se encontraba en su búsqueda para encontrar a la rubia. El colegio era demasiado grande y pocas las horas, pero aun así decidió hallarla. Recorrió todos los pasillos esperando toparse con ella. Observo cada una de las aulas por si ella se encontraría allí. Repitió el mismo proceso varias veces, pero sin éxito alguno. Cuando pensó volver a buscarla de nuevo, la lluvia empezó a caer a grandes gotas. Cuando alzó la vista para ver el cielo gris, vio que también estaba empezando a ser de noche. ¿Cuánto tiempo la había estado buscando?

Debería irme. No creo que la encuentre.

Suspiró y decidió entrar al baño para ver si se encontraba ahí. A simple vista no había nadie. Había muchos cubículos con la puerta cerrada, pero eso no significaba que iba a ir tocando de puerta en puerta. Mucho menos agacharse y ver si alguien se encontraba ahí. Cuando ya empezaba a irse escuchó unas pequeñas risas. Trató de acercarse para ver si podía reconocer su voz en caso de que fuera ella.

Es cierto lo que te digo se besaron–dijo una voz en un susurro. Pero fue lo suficiente como para saber que no era ella.

¿Crees que Ymir la haya obligado? –ahora eso llamaba su atención. Nunca había sido la clase de persona que entraba a los baños y se ponía a hablar con otra persona para hablar de la vida de alguien más. Decidió irse una vez más. No necesita escuchar lo que la gente pensará de ella.

¿Tú crees? –la voz habló más fuerte–No creo que sean pareja. Ya sabes por lo que me dijiste de Christa.

Ymir se congeló al escuchar el nombre de la rubia. Ya sabía de lo que estaba hablando aquella chica. Todo empezaba a tener más sentido. Ya entendía más porque Reiner estaba enojado.

¿Qué la obligué? ¡Qué estupidez!

Tú teoría es algo bizarra ¿sabes? Pero confió en lo que me dices. La mayoría de las veces no te equivocas. Aunque sinceramente pensar que Christa viene de una familia rica es algo que dudar, ya sabes el por qué. Ella no parece de esa clase de personas. Los tipos ricos hacen alarde de su dinero. Y las chicas son peor. Ella es muy tranquila. Y con lo que casi todos la creen bonita el que sea rica también ya habría hecho furor en este colegio. Tal vez deberíamos hablarle más y averiguarlo por nosotros mismos.

Ymir estaba empezando a enojarse demasiado. Hablarle a una persona por interés… ¡Qué ridiculez! Decidió quedarse ahí pero no para seguir escuchando. Se acercó al cubículo de dónde provenía la voz y toco la puerta.

¡Ocupado! –gritó la voz al otro lado, pero aun así golpeó más fuerte.

¡Ocupado, maldición! Espérame un minuto, hay una idiota golpeando mi puerta. ¡Creo que no conoce el significado de privacidad! –abrió la puerta y soltó el celular que había estado agarrando por la sorpresa.

–Creo que conozco el significado de privacidad más de lo que tú lo haces– cogió el celular y cortó la llamada.

–¡Lo siento! –dijo la chica que ahora se veía aterrorizada.

–No deberías disculparte sólo conmigo–la tomo del cuello de su blusa– Sino con toda la gente de la que hablas a sus espalda–se acercó aún más a ella– Y si fuera tú, saldría corriendo. No quiero darles una razón para que me expulsen– le susurró al oído.

–¿Q-que razón?

–La de golpear a una hipócrita interesada– le devolvió el celular de mala gana y vio a la chica correr despavorida. Cuando salió del baño vio que la chica cruzaba el patio sin importar que la lluvia le moje.

Cuanta gente se comportaba de esta manera. No lo sabía. Tampoco le interesaba saberlo. Respiró muchas veces para tranquilizarse y empezó a caminar. Se dirigió a la puerta principal.

Fue una tarde entera perdida. Ya anocheció y esta lluvia no parará.

Su mirada se dirigía al cielo oscuro que a veces se iluminaban con los rayos que caían a la distancia. El viento soplando fuertemente contra su rostro, enfriándola. Cuando llegó a la puerta el portero la regañó, abrió la puerta y la cerró nuevamente. Sacó su paraguas y lo abrió. Y justo ahí a unos cuantos metros se encontraba Christa. La observo abrazando a su mochila, viendo su reloj y luego el cielo. Tal vez esperaba a alguien, pero quién espera tantas horas. Las clases habían acabado hace tiempo. Lo más lógico parecía que estuviera esperando que pare la lluvia. Y tal como veía el cielo, no pararía. Decidió hablarle.

–No creo que la lluvia pare. Es más, creo que está lloviendo más que nunca pero puedes quedarte bajo mi paraguas y caminar conmigo. Puedo acompañarte a tu casa– le dijo sonriendo.

–¿Qué es esto? ¿La canción de Rihanna, Umbrella? –le dijo divertida.

–¿Qué? No–la miró reírse por un momento– Olvídalo.

Empezó a caminar dejando atrás a la rubia. Aunque se detuvo a unos cuántos metros de ella. Se dio la vuelta y se acercó a ella.

–¿Qué es lo que esperas? –le preguntó esperando que no sonará como si fuera una persona confiada.

Christa la miró por un momento, y Ymir se dio cuenta de que estaba pensando si debía hablar con ella.

–Espero a que pase la lluvia–dijo finalmente abrazando la mochila.

–Pues no quiero desanimarte, pero no parará. Y debido a la lluvia no creo que puedas coger un taxi tampoco.

La vio enojarse por un momento, luego ella misma examinó a su alrededor, que prácticamente se encontraba desierto de vida. Más que ellas dos paradas, congelándose, en la fría noche.

–No creo que vivas muy lejos– añadió sonriente– Te puedo acompañar a tu casa o hasta que consigas taxi y luego me iré.

Vio como miraba a su alrededor una vez más y luego a ella.

–Pero te tomaría alrededor de una media hora hasta llegar a mi casa, y eso que es yendo todo recto.

–Me gusta caminar.

–Gracias, es por aquí.

Empezaron a caminar en completo silencio, con los sonidos de las gotas de lluvia chocando con el asfalto, alguno que otro vehículo pasando a velocidad, levantando como pequeñas olas por las llantas.

Ymir quería romper el silencio, pero simplemente no sabía que decirle. Cualquier cosa que pensará le parecía estúpido.

¿Debería hablar acerca del clima? No lo creo, es más que obvio que está lloviendo. Tal vez decirle dónde vive. Supongo que sonaría como que quiero deshacerme de ella. Quizás preguntarle sobre sus deberes. ¡Eso es!

Se giró para hablarle pero calló inmediatamente. A pesar de que ambas estaban bajo el mismo paraguas las gotas llegaban en gran parte a Christa. Se debía a la diferencia de estaturas. Ymir no se había dado cuenta ya que ella se sentía cómoda mojándose sólo los pies, no se había detenido a pensar en cómo estaba Christa. Trató de agacharse un poco pero todavía le llegaban las gotas. Flexionó ligeramente las rodillas y dobló el cuello de forma que ya no había mucha diferencia. Sin embargo sin querer había soltado un grito por el dolor del cuello. Intentó enderezarse rápidamente pero Christa ya se había dado cuenta.

–¿Qué estás haciendo? –preguntó molesta.

–Te estabas mojando, soy más grande que tú y bueno, pues sólo trataba de cubrirte más.

–¿Sabes? No necesito tú paraguas–se adelantó un poco pero siguió caminado.

Eres un genio Ymir. La hiciste enojar.

La siguió y trató de ponerse a su lado pero Christa rápidamente aceleraba el paso. Si su cometido era protegerla de la lluvia claramente estaba fallando. Finalmente la tomo del hombro y dijo:

–Toma el paraguas no lo necesito. Le alcanzó el paraguas, y nuevamente se agachó un poco. La vio fruncir el ceño.

–Quieres que lo tome, ¿para qué te pongas de mí tamaño otra vez? No gracias– claramente estaba molesta.

–Soy una chica candente, no necesito el paraguas. Las gotas se evaporarán ni bien me toquen– le contestó sonriéndole burlonamente. Se enderezó nuevamente sólo que ahora sin la protección de aquel artefacto. Aunque ella pensara eso de sí misma, la sola idea de caminar así era ridícula. Casi no podía mover los dedos de las manos, y la ropa se le estaba mojando rápidamente. Era una suerte que protegiera con plástico sus útiles porque la lluvia no estaba teniendo respeto por su mochila.

Caminaron así por unos cuantos segundos hasta que vio a Christa cerrar el paraguas.

–Yo también soy una chica candente– le dijo a Ymir devolviendo su paraguas dejandola boquiabierta.

Su plan había fallado.

–¿Qué? ¡No! Tú necesitas el paraguas.

–¿Por qué? ¿Crees que no soy candente?

Ella pensó en observarla un segundo para responderle, pero se limitó a verla a los ojos. Finalmente se rio. ¿Cómo habían llegado a esta situación?

–¿No me crees? Ya verás– se empezó a sacar la sudadera que llevaba puesta– Yo puedo caminar bajo esta torrencial lluvia sin abrigo porque soy más candente que tú.

–¿Qué? Eso no. Yo también puedo hacer eso– le respondió mientras se quitaba la sudadera que llevaba puesta y la guardaba junto con el paraguas en la mochila.

Vio que Christa ya no tenía fruncido el ceño, sino que la miraba divertida.

Sólo habían pasado unos cuántos segundos y ya sentía lo que era estar sin cobijo. La ropa le pesaba más y podía jurar que ya no sentía las manos, sin mencionar el resfriado que agarraría.

Luego sin previo aviso, Christa aceleró el paso, lo que le llevo a Ymir a tratar de ponerse a su lado. Pero nuevamente Christa empezó a caminar más rápido.

¿Qué es lo que estás tramando?

Una vez más se puso a su lado, a diferencia de que estaba vez, ella se adelantó un poco más.

Luego lentamente empezaron una carrera. Christa sujeto la mochila de Ymir y la llevó hacia atrás mientras ella corría.

–¡Eso es trampa! –gritó Ymir riéndose al mismo tiempo que corría.

Corrieron por varios minutos riendo y gritándose una a la otra que eran demasiado lentas. Dándose leves empujones de vez en cuando. Saltando a propósito cerca de los charcos para ensuciar a la otra persona.

–Espera un rato Ymir– Christa la detuvo respirando agitadamente– Mi casa está en la esquina a una cuadra.

–¿Qué hay con ello?

Le lanzó una sonrisa maliciosa mientras añadía: –Lo que pasa es que llegaré primero.

–¡Eso es trampa! –empezó a correr para darle alcance–¡Me distrajiste! – escuchó a Christa reírse. Luego entró por un corto pasillo y se refugió en el porche de, lo que parecía ser, su casa. Antes de llegar observó su casa. Era una amplia casa de dos pisos de un color guindo. En el poche cerca a la puerta principal había un asiento largo en el cual ahora Christa reposaba mientras reía.

–Tú casa no está muy lejos de la mía. Yo vivo a dos cuadras dando la vuelta– le respondió entrecortadamente mientras trataba de recobrar el aliento.

–¿En serio? ¡Qué bien! –le dijo feliz y luego añadió– Te gané Ymir– ambas rieron por un momento.

–¡Eso es trampa!

–No, no lo es. A eso se le llama astucia– respondió ya más relajada. Ambas se sonrieron pero luego se quedaron calladas.

Ya era momento de irse, cualquier de intento de disculpa simplemente arruinaría el momento que habían tenido. Tendría que hacerlo más tarde. Sin embargo le había dicho a Reiner que lo haría. Bajo la mirada pensando que decir cuando dijo asombrada:

–Y pensar que estas zapatillas eran blancas–dijo al verse los zapatos. Ambas rieron.

–Gracias–respondió Christa y nuevamente el silencio.

–¿Por qué? Por dejarte correr prácticamente desnuda bajo la lluvia– instintivamente Christa miró a otro lado y Ymir nuevamente podía sentir el peso de sus palabras.

¿Qué está mal conmigo?

–Lo siento no quise decirlo así.

–Está bien. Gracias por haberme acompañado hasta aquí– le respondió con una sonrisa tímida. Ymir empezó a notar que ella temblaba levente. Y aunque ella misma hacía el esfuerzo para no hacerlo podía sentir el frío recorriendo su cuerpo.

No puedo arruinar esto. La disculpa tendrá que esperar.

–Debo irme–le dijo mientras se daba la vuelta. Cuando de repente una mano le jaló el brazo.

–¿Te gustaría entrar? –la pregunta le sorprendió.

Debería negarse. Apenas se conocían. ¡Con suerte y sabían sus nombres! Se había divertido mucho al venir acompañándola, pero eso no justificaba que podía entrar. ¡Le debía una disculpa! Estaba claro cuál sería su respuesta.

–Claro, me encantaría– tal vez esos ojos azules no le permitían negarse.