-Si te diriges al Bosque Prohibido, cuidado con Peeves en el primer piso.-le llegó la voz suave de una niña a su izquierda. Harry se detuvo, sorprendido. ¿Cómo podría ser que ella viera a través de su capa invisible?

-Gracias- acertó a murmurar, mientras aferraba los bordes de la tela, cerciorándose de que seguía bien cubierto; lo estaba y se le acababa el tiempo, por lo que resistió las ganas de seguir a la niña, que ya desaparecía al final del pasillo y reemprendió el camino en efecto, al Bosque Prohibido (o cerca de él).

Había un extraño silencio en el Castillo, producto sin duda del sano temor del alumnado a Sirius Black, pero Hagrid quería verlo por alguna razón y le interesaba saber qué podía ser tan importante para sacarlo de la cama a medianoche.

Harry bajó las escaleras con mucho cuidado de no hacer ruido, más esto dejó de importar muy pronto, al percibir un estruendo cerca de donde se hallaba, producido, sospechaba, por alguna travesura del poltergeist. Contento, el chico tomó un atajo, seguro de que Peeves sería una buena cubierta a su escapada. No tardó mucho en recorrer la distancia a la casa de Hagrid y, una vez allí, golpeó dos veces la puerta de madera con los nudillos.

Inmediatamente, la puerta se abrió y un alegre ladrido le dio la bienvenida. Harry acarició brevemente el lomo de Fang y se introdujo a la cabaña sin más dilación, doblando y guardando la capa en el bolsillo.

¿Y bien, Hagrid?- preguntó al guardabosques con interés- ¿Qué es eso tan importante que tienes que decirme?-

El hombretón, entretanto, parecía extremadamente nervioso, estrujándose las manazas con angustia y aguardando de pie con una curiosa vacilación.

-Mira Harry-dijo al fin, atropellándose con las palabras- Te voy a decir la verdad pero tienes que prometerme que no harás nada extraño o impulsivo, porque él es muy peligroso y...

El gryffindor comenzó a sospechar de qué trataría la conversación. ¿Así que finalmente Hagrid había decidido contarle la historia de Sirius Black?

Miró su reloj de pulsera, advirtiendo que ya era tardísimo, se puso en pie y esbozó una débil sonrisa.

-No hace falta que me digas nada, Hagrid, ya lo sé. Sirius Black era amigo de mis padres, ¿No? Y luego los traicionó.

La rabia que sentía Harry hacía los eventos no había desaparecido pero había disminuido algo al entender que Hagrid quería contarle lo que realmente había sucedido.

-No, yo…. ¿Cómo lo sabes?-preguntó su perturbado interlocutor, temblándole la barba.

-Dispongo de poco tiempo y lo cierto es que no creo que Black sea peor que Voldemort… no te preocupes, Hagrid. Pero ahora, debo regresar.

El chico dejó a un muy abochornado guardabosque y volvió a cubrirse con la capa invisible para regresar a la Sala Común. Lamentaba que su amigo estuviera tan preocupado por él, sin embargo, aquel tema era muy delicado y no se veía con ganas de discutirlo con nadie más. Tampoco creía ser capaz de prometer que no se vengaría del asesino de sus padres si se presentaba la oportunidad y, dado que eso era todo lo que los demás querían de él, no tenía mucho qué decir.

Terminó por hundirse en su cama con expresión resignada y bostezó al quitarse los lentes; aún sin ellos, podía ver la lluvia que caía sobre su ventana y los ojos verdes que le devolvían la mirada. Con un respingo, se dio cuenta que la niña que lo había prevenido del desastre del primer piso tenía su mismo color de ojos o, a juzgar por su reflejo y el contraste del recuerdo, un poco más oscuros.

¿Quién sería ella, que podía ver a través de su capa?

Nunca antes la había visto. Caviló unos instantes acerca de ello pero no llegó a ninguna conclusión y, finalmente, se quedó dormido.

Pasaron dos semanas y el clima se hizo más frío. Diciembre tenía todo el aspecto de volverse deprimente con los siniestros – y absurdos- augurios de Trelawney, Harry estuvo seriamente tentado a abandonar la clase.

Por eso, aquella tarde que Snape ocupó para dejarle lo que parecía una tonelada de trabajo extra por distraerse en clase, no se quejó demasiado.

Al llegar a la Torre de Adivinación, se despidió de Ron y Hermione y se dirigió a la Biblioteca, pensando que sería mejor afrontar el tranquilo silencio de la estancia llena de libros y la mirada de Pince a la voz dramática de la profesora Trelawney prediciendo su muerte por enésima vez. Así pues, arrojó su mochila a una mesa vacía (lo que le valió una severa mirada de la Bibliotecaria) y se dispuso a buscar los libros que necesitaba, sin dejar de maldecir tanto al profesor de Pociones como a la de Adivinación con toda la intensidad mental de la que era capaz.

A medio camino, no obstante, se detuvo. Una estudiante de no más de catorce años estaba atisbando por una ventana y su lacia y larga cabellera plateada, así como su porte, le eran familiares.

Lentamente, se acercó. Estaba seguro de que no hacía ruido, más, no bien se puso en movimiento, la cabellera de la niña ondeó y ella volvió la cabeza.

Un par de ojos verdes se clavaron en los suyos y Harry la reconoció.

¿Qué necesitas?- preguntó la chica sin alterarse. Él se dio cuenta que era muy bonita, de rostro ancho, aunque armonioso, tez muy pálida, cejas gruesas y bien perfiladas, una carnosa boca, facciones con carácter; era, también, alta, unos cuantos centímetros más que el Gryffindor, que siempre había sido algo enclenque.

Ambos muchachos se observaron en silencio un momento más.

-¿Cómo es que lograste descubrirme aún cuando no era visible?-preguntó el chico entonces, sin poder disimular su curiosidad.

-Tu respiración era muy ruidosa- contestó la niña sin apartar la mirada- Además sabía que estarías allí.-

Mientras ella hablaba, Harry redujo la distancia entre los dos. Notó al acercarse que la chica estaba apoyada en una reluciente mesa y su corbata y escudo del uniforme, visibles ahora que se había volteado, eran verdes. El recelo y su curiosidad aumentaron. Por principio, no se llevaba bien con los alumnos de Slytherin.

-¿Quién eres?-optó por decir, guardando sus otras preguntas para luego.

-Mi nombre es Vasiliki- oyó la voz de ella de nuevo- Y el tuyo es Potter. Harry Potter, ¿No?-

El chico asintió. Por alguna razón, le costaba seguir la conversación con fluidez. Quizás se debiese a la profundidad de la mirada de Vasiliki, le hacía pensar que veía muy dentro de él… y no le gustaba.

-¿Por qué me previniste acerca de Peeves, sin acusarme por estar fuera del Castillo a horas inadecuadas?-el gryffindor se cruzó de brazos- Cualquier otro Slytherin me habría delatado.-

-Generalmente-asintió Vasiliki apartándose un mechón de cabello del rostro- Pero no tengo motivos para odiarte, Harry Potter. Incluso si tú no hubieras hecho lo mismo por mí.-

Los labios de la niña se separaron en una leve sonrisa.

Harry se relajó un tanto y miró inquisitivamente las sillas que Vasiliki había apartado para poder ocupar la mesa.

-¿Puedo sentarme?-tanteó, observándola como lo haría con un hipogrifo, sin parpadear y tratando de parecer confiable.

-Adelante- se limitó a decir la chica, bajando grácilmente de la mesa y ocupando la otra silla.

Después miró hacía la mochila que el Gryffindor había dejado olvidada e inquirió:

-No viniste aquí por casualidad, ¿Verdad? ¿De qué son tus deberes?

-Pociones-gruñó Harry, no tan entusiasta al recordar su intención inicial e incorporándose perezosamente para ir por sus cosas. Un movimiento de Vasiliki, empero, lo detuvo.

-No importa, iré yo- Ella unió la acción a la palabra y en menos de lo que se tarda en decir Quidditch, regresó.- ¿Así que no te cae bien el profesor Snape? Bueno, puedo ayudarte con eso, si quieres. – ofreció entonces, dándole la bolsa a Harry. Él la miró, aún más sorprendido que antes. ¿Qué clase de chica era aquella?

Demasiado perspicaces, sus despreocupados comentarios acompañados de una burlona sonrisa llegaban directamente al blanco.

Bueno-empezó a responder el chico, sin tenerlas todas consigo ante el extraño encuentro- Te agradezco pero es un trabajo un poco tedioso, la verdad. A Snape no le parece suficiente con atormentarme en clase, cree que si me deja suficientes deberes, no entrenaré lo suficiente como para ganarle a su casa.

Los ojos de la muchacha se nublaron al oír sus palabras, aunque su tono siguió siendo ligero.

-Así que de veras no te agrada el profesor. Es mutuo, lo sé… ¿Por qué no me dejas ver?

Extendió una mano de dedos largos y Harry no pudo sino darle el pergamino, en el que únicamente figuraba el título del trabajo. Vasiliki le echó una ojeada y desapareció tras unos estantes. Al volver, llevaba dos libros en los brazos, que también entregó al Gryffindor.

-Aquí está todo lo que necesitas… te ayudaría a redactar, pero mi Jefe de Casa reconocería la letra y no me gustaría que se enterara que te ayudo.-

Sonrió ante el pasmo del muchacho y volvió a sentarse, mirando por la ventana de nuevo sin decir nada más.

El silencio reinó por varios minutos, hasta que Harry se hartó de escribir y buscar. Entonces miró a la Slytherin, dubitativo.

-Así que-dijo- ¿Te gusta Pociones?

Vasiliki volvió la atención a él. Al chico volvió a sorprenderle lo incisiva que se volvía su mirada cuando se concentraba así.

-A veces-escuchó su respuesta- Cuando el profesor Snape profundiza en algún tema, lo vuelve interesante. -Generalmente, cuando no está ocupado diseccionando verbalmente a un gryffindor.-

Harry gruñó de nuevo, aunque no enfadado. Estaba más interesado en la manera respetuosa en que la chica hablaba de su archienemigo y la familiaridad y naturalidad con la que se expresaba, carente de rencor o miedo.

-Y… el Quidditch, ¿Te gusta?-Había notado la forma en que cambió su expresión al mencionar él los entrenamientos.

La sonrisa desapareció del rostro femenino. Ahora parecía más… ¿Triste?

-Sí, mucho. Pero hace tiempo que tengo prohibido volar y, por tanto, de tener alguna remota oportunidad de, por ejemplo, unirme al equipo.-

Harry quiso preguntar por qué, empero, intuyó que no recibiría una respuesta. En cambio, agregó:

-Puedo ayudarte con ello, si quieres. Ya sabes, en agradecimiento por lo de Pociones.-

Vasiliki lo miró de soslayo.

-Te lo agradezco. Pero no creo que puedas ayudarme.-

-¿Y por qué no? ¿No soy lo suficientemente bueno?-

La Slytherin desvió la mirada. Había dolor en su expresión.

-No es eso. Es que no soy lo suficientemente fuerte.-

Por la paz, Harry abandonó el tema.

-Bien, ya acabé la redacción. ¿Podrías, por favor, ayudarme con éstas?-

Harry desplegó cinco rollos de pergamino para que ella los viera. Vasiliki enarcó las cejas y luego río.

-Tantos deberes te mandó?-

-Bueno, no exactamente-se sinceró él- Sólo adelanto faena porque Hermione no siempre me deja copiar y no quiero que me vuelvan a castigar…-

Su interlocutora bajó la vista a los pergaminos y frunció el entrecejo.

-Veamos…-Volvió a desaparecer, llevándose los otros libros y regresando con nuevos tomos, que depositó en la mesa, marcando rápidamente las páginas adecuadas- Supongo que eso servirá, ¿No?-

Harry se echó para atrás en su silla, un poco admirado.

-Wow, esto me ahorrará un montón de trabajo. Gracias Vasiliki-Por primera vez sonrió a la muchacha, gesto que ella le devolvió.

-De todas maneras, no tenía nada qué hacer- comentó sin darle importancia la chica, poniendo sus blancas manos sobre el respaldo de la silla.

En ese momento se oyeron pasos detrás de Harry y una voz familiar, que arrastraba las palabras, irrumpió arrogantemente en el rincón:

-Ah, Blackmoon. Aquí estás. ¿Te está molestando el cararajada? Vaya, Potter, parece que la gloria se te ha subido a la cabeza. ¿Qué haces respirando el mismo aire que una Slytherin? Mejor ve a hacerle compañía a la comadreja y la sangre sucia… ese es, después de todo, tu lugar.

Harry se puso en pie con intención de pelear. Era el colmo que no pudiera estar en paz ni allí, en la biblioteca. ¿Qué no podía ir Malfoy molestando a otro lugar?

Se volvió para encarar al rubio, que ya tenía la varita en la mano.

¡Impedimenta!

¡Tarantallegra!

Los dos hechizos salieron disparados pero la voz de Vasiliki se impuso a la de ellos.

¡Protego!-el hechizo escudo era tan fuerte que protegió a ambos de los daños, aunque eso no impidió la intervención de la enfurecida Pince.

¡Duelos en la Biblioteca, no! Cinco puntos menos para Gryffindor y Slytherin. ¡Fuera, fuera!

Lo siento, profesora-dijo Vasiliki y se encaminó hacía la salida del lugar. Malfoy, no obstante, seguía fulminando a Harry con la mirada. Ninguno de los dos había guardado sus varitas.

¡Draco Malfoy!- llamó la muchacha en tono admonitorio- ¡Vamos!

El joven se separó con esfuerzo del enfrentamiento y abandonó el sitio arrogantemente.

Nos veremos,Potter-

Cuando quieras,Malfoy-

Sin moverse, Harry advirtió cómo ambos Slytherin abandonaban el lugar.

Pero, incluso aunque sí lo esperaba, se sintió repentinamente defraudado cuando Vasiliki no volvió la vista para mirarlo.