Capítulo 2: La desgracia de Drago.
Narra Hipo:
Mi pecho subía y bajaba rápidamente, el ardor en el pecho a causa del cansancio quemaba, pero eso no me impediría cumplir mi objetivo: lucharía. Por mi gente, por mis amigos, por ella.
Drago sonreía maliciosamente, escupió algo de sangre para luego limpiarla bruscamente con la manga, alzó su espada preparando sus siguiente ataque.
— ¿Cansado, pequeño Hipo? — se burló el maldito ese. — ¿Sabes? Toda esta pelea es absurda. Entrégame al Furia nocturna y a esa descarada que tienes como esposa, tal vez así te tenga algo de... — Lo interrumpí al proporcione otro puñetazo, podría hablar de mi lo que fuera pero Astrid estaba fuera de la conversación.
Este, después de recibir el golpe enfureció lanzándose con intenciones de cortarme con la espada, dio un golpe vertical que logró romper un poco de mi ropa pero con algo de suerte no pasó a darme completamente. Siguió intentando, lanzando golpes hacia mi que esquivaba con todo lo que podía. De repente, en una de tantas esquivadas logro herirme en el brazo, mierda, sí que dolía pero esto estaba indicándome que esto ya no podía arreglarse por la paz.
Saque la espada de mi brazo, la sangre brotaba a horrores y dolía como los mil infiernos. se abalanzó sobre mí, posando ambas manos sobre mi cuello, cortándome el aire.
— Oh, pobre Hipo. — se burló. — No eres más que un tonto niño queriendo tomar el rol de jefe. Eres patético, el pelear contigo me aburre. El idiota de tu padre me dio más pelea que tú; pero claro, tú siempre serás su sombra. Algo que nunca podrás llegar a ser por más que lo intentes. — Su risa sonaba como las campanas del infierno para él. ¿En serio esto era todo? ¿Qué pasaría con Chimuelo? ¿Con su madre? ¿Con ella? No podía irme dejando al mal nacido de Drago con todo, no podía.
Traté con todas mis fuerzas alcanzar la espada que estaba a pocos centímetros de mi, pero sus fuerzas se hacían cada vez menos, su alrededor empezaba a ponerse oscuro.
— ¿Ya tan pronto te vas a morir? — Riendo el desgraciado de Drago, aflojó sus manos para que tomara un poco de aire, una vez que se aseguró que seguía respirando volvió a tomarlo de la misma manera con la misma velocidad con la que lo había soltado. — ¿Sabes que es de mala educación morirse cuando uno está hablando? — rió mirándome a los ojos.
Esto era todo, pensé, todo estaba perdido.
— Sabes, Hiccup. Me decepcionas, pensé que lucharías un poco más por tu amado pueblo, pero no te preocupes. — Volteo a mirar a la gente que veía horrorizada como su jefe iba a morir a manos de un ser tan cruel y despiadado. — Puedes morir en paz, tomare tu puesto, el furia nocturna será por fin mío y poder volver a ser mía a la hermosa de tu esposa, algo que apuesto ni hiciste bien.
Apretó más el agarre, todo se empezó a tornarse borroso. Cuando pensé que me dejaría consumir por la inconsciente se oyó el sonido de algo atravesando carne, un grito y aire entrando a mis pulmones.
Tosí varias veces, cuando me recupere lo suficiente para distinguir lo que pasaba me di cuenta que mi enemigo estaba tirado, herido en el hombro con un hacha y a una joven que conocía muy bien encajando más a fondo el arma con su pie con lágrimas en los ojos.
— Astrid...— tosí de nuevo, ella, al notar mi presencia dejó de hundir el arma en el brazo del objetivo y se lanzó a mis brazos, fue un abrazo dulce que transmitía lo que yo hace poco sentí: Miedo. Miedo de no volverla a ver, de perderla. — ¿Estas bien? — Pregunté, traía algunos rasguños, su pelo que antes estaba atado ahora estaba suelto, con algunos mechones quemados. Sus mejillas estaban rojas a causa del susto, pero seguía pensando que era la criatura más hermosa.
— Estoy bien... pero tu... dios, casi te pierdo. — Junto sus labios con los míos, fue un beso casto, dulce... — Eso fue porque casi te mueres, idiota. — Luego me dio un golpe en el hombro que no traía herido. (Había dolido más que todos los golpes juntos). — Y esto por asustarme.
Reí, pero toda la emoción del momento se apagó cuando vi a Drago tratar de ponerse de pie de nuevo. No lo logro, se arrodillo sacando el arma de Astrid del hombro.
— Piensas que has ganado. — Dio una risotada sarcástica. — Quizás no logre quedarme con tu estúpida tierra, pero la destruí lo suficiente, la deje indefensa, estoy seguro que no seré el único que se aproveche de eso, he dejado traumas en tu gente que les serán difíciles de superar pero lo que más me alegra haberte hecho fue hacer mía a tu adorada esposa cuando la secuestre.
No me hice cargo de mis acciones, todo pasó tan rápido, mi espada desenvainada, un grito y Drago cayendo sin vida al suelo.
Me arrodille en el suelo, mirando hipnotizado el cuerpo de Drago, lo primero que observe al levantar la mirada fue a aquella joven con aquellos hermosos ojos azules cristalizados, lo miraban en shock; los aldeanos y sus amigos también lo miraban de esa manera, aún sin creer que su líder hubiera matado por primera vez.
-Narrador 3ra persona-
La primera persona en acercarse a él fue Astrid, lo rodeo nuevamente en sus brazos ahora buscando concederle consuelo a su amado, la sensación qué calidez que sentía cada vez que lo rodeaba cuando tenía cerca a la joven lo rodeó, se permitió derrumbarse con Astrid y las lágrimas de frustración empezaron a aparecer en su rostro.
Había matado una persona.
Ese fue un pensamiento que Hipo todavía no terminaba de procesar.
— Todo estará bien... — Lo arrullo Astrid, aún sin soltarlo. — Lo hiciste para protegerlos a todos, a mí. — Era cierto, todo lo había hecho para proteger al pueblo que su padre le había dejado.
Su madre Valka apareció poco después, observando el cuerpo sin vida de aquel hombre con la misma reacción que todos para luego apresurarse a correr en dirección a su hijo y su nuera.
Abrazo a Hipo con mucha fuerza, deseando expresar ese apoyo, ese cariño que tanto le había arrebatado y esté, inundado las emociones del momento, dejo que lo consolara, dejó sentir esa calidez que solo una madre podía otorgar.
— Tu padre estaría orgulloso de ver en lo que te has convertido, una persona fuerte, valiente; que lo da todo de la misma manera que él lo dio. — Le limpio las lágrimas para luego depositar un beso tierno en su frente, este solo asintió.
Después de esa conmovedora escena, Hipo se acercó al acantilado donde estaban atrapados los dragones de todos, asustados con anguilas en las enormes jaulas que colgaban.
Con ayuda de Astrid, saco a los dragones y su mejor amigo fue el primero en tirarlo, alegre de ver a su jinete.
Los demás dragones corrieron en dirección hacia la aldea, yendo con su respectivo jinete, lo siguiente que seguía en la lista era apagar las llamas de la aldea y empezar su reconstrucción.
Todo estaba en paz de nuevo, el amanecer estaba a punto de extinguirse en el horizonte, lo que hizo a Hipo soltar un suspiro de alivio.
Lo que iba a pasar en el segundo siguiente nadie lo espero, Astrid grito mientras veía como el hombre que había dado por muerto se levantaba, se arrancaba la espada del pecho y corría con las últimas fuerzas que le quedaban hacia ella, no podía moverse aunque sus piernas le ordenaron que lo hicieran.
Hiccup actuó rápido, la empujo hacia el pasto del acantilado y lo último que pudo ver antes de sentir el frío metal entrar por su estómago y caer hacia el vació fueron aquellos hermosos ojos azules.
-Hiccup-
Mientras caía, Hipo sintió el pasar de su vida frente a sus ojos: Recordó su infancia, cómo era visto como el más débil del pueblo, como su padre le había regalado su casco vikingo, la primera vez que empezó a trabajar con Bocón; las risas de los gemelos, la actitud egocéntrica de Patan y podía escuchar a lo lejos como su mejor amigo Patapez le explicaba por décima vez el libro de Dragones; Recordó cómo conoció a Chimuelo, recordó con exactitud cómo habia creado los planos de la prótesis de su ala rota, todas aquellas aventuras que había vivido con su gran amigo dragón; También recordó la tristeza por la muerte de su padre, el sentimiento de alegría al por fin conocer a su madre, la cual creía que nunca conocería por darse por muerta, recordó cómo habían recuperado el tiempo madre a hijo, el cómo por fin por una vez en su vida se sentía completo.
Pero lo que más abarco toda su mente fue Astrid, recordó su sonrisa, lo maravillosa y peligrosa que se había visto aquella noche que le había disparado a Chimuelo, cuando había esparcido una cubeta de agua para apaciguar el fuego para que después un rayo impactara, recordó los golpes que le proporcionaba la rubia, el día que le había propuesto, matrimonio, su cara de emoción al aceptar, cuando no pudo aguantar hasta el día de la boda y la había hecho su mujer un día antes del evento, recordaba lo guerrera que podía llegar a ser, lo hermosa que se había visto vestida de blanco, uniendo su corta vida con la de ella, recordó de lo mal que cocinaba; los atardeceres que pasaban juntos, las aventuras que se habían enfrentado, el como siempre había estado para el.
De cuánto la iba a extrañar.
Miro por última vez el cielo, de repente, un rugido se oyó, él lo reconoció como Chimuelo.
Su dragón sonaba desesperado, antes de perder la conciencia le agradeció por intentar salvarlo, sintiendo el agua invadir sus pulmones y un gran dolor por el impacto de la piedra en la que aterrizó su cabeza, se dejó tragar por la oscuridad.
Lo siguiente que se oyó fue lo más desgarrador que los habitantes de Berk pudieron haber oído:
— ¡HIPO! — Era el grito de aquella persona que volaba junto con el Furia nocturna, acompañado de un rugido de tristeza de parte de este. Astrid sentía que moría de dolor, tenía que encontrarlo, él no podía morir.
No, no debía morir.
Nota de la autora:
Me atrevo a decir que, aunque esta no es la primera historia que escribo, si es la primera disque "escena de acción", lamentó si los decepciona o algo.
El chiste de esto es que vivieran los últimos momentos de la memoria de Hipo, no volveré a hablar desde su perspectiva hasta después, para que sientan todo lo que sintió Astrid.
Se aceptan comentarios o correcciones, al igual que ustedes soy humana y cometo errores así que pido perdón.
Si no les gusta mi historia tampoco la lean, con el simple hecho de tener aunque sea solo una persona que disfrute de esta historia soy más que feliz y me hace feliz que la disfruten conmigo.
Nota 2:
¡Hola!
Gracias por sus comentarios y sus favoritos :3 me hacen tan feliz qwq 3
Quiero decir que no he abandonado la edición, lo juro.
Es que no sabía cómo seguir... Ojala no la esté dejando peor. xD
¡Gracias por su apoyo! ¡A los nuevos bienvenidos! ¡A los que ya la seguían, leanla!
¡DEJEN REVIEWS, SON EL OXÍGENO DE TODO AUTOR! :C
Atte:
Yo. –Desde su escondite anti-bombas.-
¡Los quiero! ❤️
